LA BITÁCORA: Entrevistando a la diversidad


La entrevista que comparto a continuación, ya tiene algunos años de haber sido publicada en Negracubana,  cuando estaba alojada en Nireblog. Me da mucho placer constatar que no ha perdido vigencia alguna, y que la puedo compartir esta nueva bloga, ante la imposiblidad de importar aquella otra.

Entonces, acá está Marianela Tovar, amiga venezolana entrevistada por Negracubana.
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Se hablaba de masculinidad. Ese era el pretexto que nos reunía, de manera formal, aquella mañana en el Instituto Internacional de Periodismo. La emoción por el re-encuentro de colegas, la incertidumbre sobre el evento, más la avidez por el tema en cuestión, hacían de aquella sesión ¨la esperada¨ para todas las personas presentes.

En el programa, un título un poco extenso, que a priori parecía no importarme:. Sin embargo, conociendo que Julio Cesar es historiador, supuse cierta complicidad suya al poner como cierre de aquella tarde, una ponencia de tal índole.

La autora ahora estaba en el estrado. A los pocos instantes del comienzo de su exposición, advertí lo que de interesante tenía la información que nos estaba ofreciendo: los manuales de urbanidad de la ciudad de Caracas, escritos en el siglo XIX pautaban explícitamente normas de comportamiento relativos a los conceptos de masculinidad y feminidad. Icreíble, pero cierto!
En aquel momento preví que me acercaría a ella para agradecerle por el tema que nos proponía abordar.
La concepción de esta entrevista estuvo exactamente en el segundo en el que me le acerque y ella, Marianela Tovar[*], de manera muy solicita escuchó mis breves y temerosas palabras. De ahí en adelante, comenzamos una relación especial de complicidades, aprendizajes y sinceridad. De este vínculo y de mis preguntas a lo largo de tres días, surgieron estas respuestas.

Háblame de tu familia, quienes la forman, desde el punto de vista de roles que lugar tu ocupas en ella.

Mi familia más cercana estaba conformada mi mamá, mi papá, mi hermano, mi hermana y yo, que soy la del medio. También estaban mi abuelo y abuela paterna y mi tío (ya todos han muerto) y se han agregado mis respectivos cuñada y cuñado, mi sobrino y mis sobrinas.

Mi mamá está separada desde hace años de mi papá, así que mi hermana y yo hemos asumido la responsabilidad de proveer y de cuidar a mi mamá. También estoy pendiente de mantener el contacto con mi papá y lo veo con frecuencia. Me imagino que he asumido, inconscientemente, la tarea de cuidar de ellos.

¿Cuáles son los principales legados de tu familia que te hacen reconocerte como miembra de ella?

Los principales legados de mi familia son, en primer lugar, el respeto por la diferencia, por la diversidad. Ellos empezaron por respetarme a mí, sin hacerme preguntas, sin hacer que me sintiera rara (aunque yo sabía que lo era). Creo que más bien trataron de protegerme y, quizá, por eso, sentí que tenían preferencia por mí. No recuerdo haber oído comentarios homofóbicos, racistas o clasistas en la casa, los oía en la calle. Oía comentarios homofóbicos en contra de mi tío, un locutor y actor de televisión conocido. La gente, muy insensible, nos hacía comentarios impertinentes o nos preguntaba acerca de mi tío. En mi casa no se decía nada sobre su vida privada, sólo sé que lo querían mucho. En segundo lugar, en mi casa nos enseñaron a no dejarnos llevar por las apariencias, a no darle importancia excesiva a los bienes materiales. Aunque teníamos una buena situación económica, en mi casa no se hacían gastos innecesarios ni se compraban bienes superfluos. Teníamos las cosas que necesitábamos y no más. Estas y otras cosas hacen que me reconozca como miembra de mi familia, sé que esa parte de mi se la debo a ella. Son legados que valoro mucho y que han nutrido mi formación como persona y como militante.

Cuéntame un poco aquellos elementos memorables de tu infancia que de alguna manera explican quien eres hoy en día.

Está pregunta es un poco difícil para mi porque de mi infancia tengo pocos recuerdos claros, es como una gran nube con pequeños espacios luminosos. De esos espacios luminosos recuerdo especialmente dos, que no me parecen que sean especialmente traumáticos o especiales, pero me imagino que debieron tener una importancia particular para que los recuerde.

Recuerdo que durante mi niñez siempre me sentía y actuaba como un niño. Al igual que todas las marimachas, me gustaban los juegos de niños, tenía juguetes marcados socialmente para niños y las niñas me parecían tontas, frágiles y pendientes de nimiedades. Lo irónico era que el uniforme de la escuela era una falda, así que diariamente tenía que vivir con la contradicción de querer ser niño, pero al mismo tiempo se me recordaba que era una niña.

Recuerdo particularmente los carnavales, que yo veía como una oportunidad única de usar disfraces o trajes de niños. Recuerdo una vez, alrededor del tercer grado, yo quería disfrazarme del zorro o de supermán. Me encantaba el zorro por el asunto de las patillas y el bigote. Sin embargo, algo me decía que no debía pedir esos disfraces, que si los pedía era como ponerme muy en evidencia (¡que ingenua!) y que probablemente esto sí preocuparía a mi papá y mi mamá y que quizá cambiarían conmigo. Pero creo que, por sobre todo, me preocupaba por las consecuencias que esto traería dentro de la escuela. Al final, me disfracé de superniña y no sólo me sentí miserable, sino que además, me sentí como una cobarde y una falsa.

Tengo una foto donde en otro carnaval estoy disfrazada de gitana, cuando lo que quería era disfrazarme como mi hermano, de pirata, en la foto estoy muy sonriente. Las niñas y niños somos muy buenos tratando de complacer a los demás.

Recuerdo estos eventos, porque es uno de los pocos momentos de mi temprana infancia donde tengo consciencia de que lo que siento no es aceptado por la sociedad y donde tomo una decisión (ahora pienso que equivocada) que respondía a un mecanismo de defensa, pero que implicaba la represión de mi yo.

Recuerdo varias experiencias de indiferencia y rechazo por parte de los compañeros de clase, pero recuerdo especialmente un cumpleaños, mis padres me organizaron una fiesta en el edificio, creo que yo tenía once años, no recuerdo como estaba vestida. Todo estaba listo, pero ninguno de mis compañeros de clase vino, sólo llegó una amiga que siempre fue mi aliada. Recuerdo que su preocupación y la de mis padres se acrecentaba cuando pasaban las horas y nadie llegaba, hasta que se hizo evidente que nadie más iba a llegar. Después, nadie se disculpó, ya que no lo consideraron necesario. Esa vez, sentí que no fue un acto aislado, que no fue una casualidad, que no fue por azar, sentí que era ignorada y rechazada por un colectivo.

Ahora soy lo que soy, porque las múltiples experiencias de represión y rechazo -de las que mis padres no me podían protegerme- me han llevado a un difícil proceso de aceptación de mi misma y me han hecho más fuerte, más decidida, pero, sobre todo, hicieron que me formara y me politizara.

¿Quién es la persona que más contribuyó a tu formación política?

No fue una sola persona, fueron varias, empezando por mi padre y mamá, quienes por haber sido comunistas, tenían una gran cantidad de libros de autores comunistas y socialistas en la casa. Además, mi papá tenía muchos libros de Kinsey, Hite, Masters y Jhonson, Freud y Reich. Después, en la universidad, me encontré con compañeros que ya tenían formación política, me dieron mucho que leer y me hicieron entender la necesidad de ingresar al partido comunista. Sin embargo, de todas las personas que influyeron en mi formación, debo destacar a un puertorriqueño que fue durante algún tiempo mi compañero. Él tenía una gran formación política, era independentista, había militado en la Liga Socialista en Puerto Rico y en el Partido Laboral Progresista en Estados Unidos. Tenía posiciones políticas muy firmes y siempre trataba de estudiar y de estar actualizado en historia, economía y política. Gracias a él aprendí mucho sobre Puerto Rico. A pesar de ser, lo que diríamos comunista línea dura (por la experiencia una esperaría una mente cerrada), nunca tuvo nunca ningún problema con mi expresión de género ni mi sexualidad y era intransigente en su postura contra la homofobia. Yo lo conocí en los noventa, que fue una década muy difícil para nosotros los comunistas. Me enseñó la importancia del estudio constante, ser firme con los principios, no ser liberal en la política y en la necesidad de la confrontación con los enemigos.

¿Quién es la personalidad política que de alguna manera guía tus pasos?

Son varias las personalidades quienes guían mis pasos, todas del siglo XX: Carlos Marx, Rosa Luxemburgo, Ernesto Che Guevara, Leslie Feinberg. Sin embargo, es Vladimir Ilich Lenin la personalidad que más ha influido en mi práctica política.

¿Cuándo escuchas la palabra revolución, en qué piensas?

En crisis, en ruptura, en movimiento, en constante transformación. Pienso en cambios en el sistema económico, en cambios sociales, en cambios culturales. Cambios en nuestras concepciones del mundo. Pienso en cuestionamiento de nuestros prejuicios, de nuestras ideas, de lo que damos por sentado y sabido. Cambios en nuestros hábitos, costumbres. Cambios en las cosas que más nos afectan, nuestras relaciones personales, en nuestra percepción de la sexualidad. Esto requiere una gran creatividad y esfuerzo, porque implica cuestionarnos a nosotros mismos y amerita abrazar concepciones, que consideramos no sólo extrañas, sino que entran en contradicción con nuestra propia forma de llevar nuestras vidas.

Cuando escucho la palabra revolución pienso en el pasado y en el futuro. En el pasado porque pienso en la Unión Soviética, en la Revolución China, en Cuba. En el futuro, porque pienso en el fin del capitalismo, del patriarcado, en la supervivencia del planeta, en una sociedad mejor, donde desaparezcan las clases sociales, donde desaparezca el racismo, el sexismo, la homofobia, la lesbofobia, la bifobia y la transfobia. Una sociedad donde no se conozca discriminación de ningún tipo. Pienso una sociedad inclusiva, donde se acepte la diferencia. No pienso en una sociedad perfecta y armónica, pero pienso en una sociedad donde los problemas y las luchas serán de otro tipo.

¿Cómo participas de la revolución que sucede hoy en día en tu país?

De diferentes maneras: estoy investigando y escribiendo. Pero, pienso que en este momento, mi participación y contribución al proceso revolucionario que se está desarrollando en Venezuela es, sobre todo, a través de la lucha contra el sexismo y la discriminación contra todos los que por nuestra sexualidad o identidad no encajamos dentro del sistema patriarcal y heterosexual dominante. Esta lucha es parte de un proceso más amplio cuyo objetivo es incorporar el principio de diversidad y, en específico, de diversidad sexual a la lucha por una sociedad definida por la igualdad y la justicia.

Lamentablemente, en la actualidad no milito en ningún partido (pero no soy anti-partido) u organización política, en parte, porque yo soy comunista y no considero que en Venezuela actualmente exista ningún partido u organización política que tenga la organización, la disciplina, la ideología y el trabajo organizativo que esté a la altura de las exigencias de esta etapa del proceso revolucionario. No digo esto por razones individualistas, ni porque me crea superior, simplemente pienso que los partidos de izquierda en nuestro país están a la saga, esperando las directrices del presidente, en vez de estar, junto con lo líderes y lideresas, a la vanguardia, empujando hacia la izquierda, radicalizando el proceso. Por otra parte, un elemento que inevitablemente me aleja actualmente de los partidos y organizaciones, es el sexismo y la homofobia tan arraigada en estos, no voy a desgastarme peleando dentro de las filas del partido. Si entro en un partido, mis fuerzas se concentrarán en una lucha más amplia y otra vez el asunto de la lucha contra el sistema patriarcal y heterocentrista quedará a un lado. En este momento creo que puedo hacer más desde nuestro grupo, estableciendo lazos con otros movimientos sociales, tratando de construir en el día a día una sociedad inclusiva.

¿Cuáles crees que sean los principales asideros de este proceso revolucionario?

Actualmente, los principales asideros del proceso revolucionario son, con todas sus fallas, primero, el creciente proceso de organización de los sectores más pobres de la población venezolana, a través de los consejos comunales, los sindicatos, las organizaciones de mujeres, las organizaciones campesinas, gremiales, comités de tierras, comités de salud y comités de agua, entre tantos otros. Segundo, otro asidero son los programas creados para garantizar a la mayoría de la población acceso a la alimentación, a la salud, a la vivienda y a la educación; una población con sus necesidades básicas cubiertas y educada es un gran apoyo y a la vez la base del éxito del proceso. Tercero, el surgimiento de nuevos liderazgos colectivos individuales locales y regionales, que eventualmente sustituirán a los oportunistas, a los líderes impuestos por las maquinarias de los partidos y a aquellos que nos están a la altura del proceso. El cuarto asidero es la formación política e ideológica; creo que éste es uno de los puntos más débiles del proceso y al que se le debe dar más importancia, ya que en última instancia es el que va a garantizar que la revolución arraigue y se mantenga en el tiempo por encima de las individualidades.

¿Cómo la revolución bolivariana aborda el tema lésbico?

La revolución bolivariana no aborda el tema lésbico, porque las lesbianas hemos sido y seguimos siendo invisibles para la sociedad. Tampoco aborda el tema de la diversidad sexual. El presidente Hugo Chávez ha tocado explícitamente el tema de la homosexualidad y ha lo ha hecho en términos cuidadosos y respetuosos, pero obviamente no es un punto central en su agenda.

Sabemos que hay altos funcionarios y funcionarias del gobierno que son homosexuales y lesbianas, pero están dentro del clóset y no hacen de su opción sexual una bandera política. Así que para nosotros y para todo el mundo, es como si fueran heterosexuales, o lo que es peor, como si sintieran que es un punto débil que deben ocultar.

Lamentablemente, no existe una política coherente de Estado con respecto al asunto de la diversidad sexual, lo cual afecta especialmente a las lesbianas, transgéneros y transexuales, quienes hemos sido históricamente estigmatizados, discriminados e invisibilizados.

No obstante, tengo que señalar que el Estado y, en este caso, el gobierno bolivariano, sólo asumirá una política explícita y articulada cuando nosotros, los sexo divers@s, de manera organizada, empecemos a hacer una presión constante y efectiva para que se discuta abiertamente el tema de la diversidad sexual y para que se hable constantemente de este tipo de discriminación y su incompatibilidad con la construcción de una sociedad socialista.

Ahora se está dando una coyuntura especial para nosotros en Venezuela, ya que se está desarrollando todo el proceso de reforma constitucional. Algunas organizaciones y activistas estamos trabajando junto con algunas organizaciones feministas para introducir cambios en la constitución. Pensamos que debe incluirse la no discriminación por orientación sexual, por expresión de género y por identidad de género, que debe modificarse el articulado que define el matrimonio sólo entre un hombre y una mujer, que debe incluirse la posibilidad de que nosotr@s podamos adoptar y pensamos, por supuesto, que debe incluirse la legalización del aborto.

Recuerdo que en la presentación de tu ponencia dijiste ante el público que eras una mujer lesbiana, así de manera simple y asertiva, ¿lo hiciste motivada por algo en especial? ¿Esperabas alguna reacción de la gente?

Yo y muchas lesbianas hemos abrazado la consigna lanzada por las feministas de la segunda ola que expresaba “lo personal es político” y es especialmente político en personas que como yo, violentamos las normas del sistema sexual dominante, sustentado en el androcentrismo, el sistema binario de género y en la heterosexualidad obligatoria. Para mí decir públicamente que soy lesbiana es un acto político, es un acto de visibilidad, es una forma de decir hay lesbianas entre ustedes que no se avergüenzan de sí mismas y que hemos decidido dar la cara y, por supuesto, asumir la responsabilidad por adoptar esta postura.

En cuanto a la reacción del público, siempre estoy preparada para el rechazo y para la reacción violenta. Pero en el caso de mi visita a Cuba, yo sabía que no iba a tener este tipo de respuestas, entre otras cosas, porque sabía que de alguna manera estaba entre un grupo de personas que por estar en unas jornadas de masculinidad, tenían ideas de avanzada con respecto a la sexualidad.

En todo caso, siempre que puedo lo hago, para romper con el silencio y para hacernos visibles. Hasta ahora, sólo me he topado con miradas de asco y el rechazo, esto es nada comparado con l oque han experimentado otras lesbianas en el mundo, que la han tenido muchísimo más difícil que yo y aún así no se amedrentan.

En Cuba es bastante infrecuente que las personas reconozcan su homo-bisexualidad en público, ¿sucede lo mismo en tu país? ¿Por qué crees que suceda esto en Cuba?

En Venezuela son pocas las personas que reconocen tener una opción sexual diferente a la heterosexual. Somos pocas las personas que reconocemos públicamente nuestras opciones sexuales. Hay miedo a la discriminación, al rechazo, a perder el trabajo. En el caso de nosotras las lesbianas es aún más grave que el de los homosexuales, ya que una gran mayoría ha optado por mantenerse en el clóset. Pienso que los que menos se reconocen públicamente son los bisexuales, porque ellos son doblemente discriminados: por los heterosexuales por ser infieles, “promiscuos” y por muchos homosexuales y lesbianas que los consideran promiscuos, traidores, indefinidos y oportunistas. Hay una gran incomprensión e intolerancia hacia los bisexuales.

Los militantes sólo logramos reunir a grandes cantidades de personas en la marcha del Orgullo de la Diversidad Sexual, pero fuera de este evento, que no tiene ningún contenido político explícito y se limita al aspecto de la celebración, no logramos que números considerables de personas sexo diversas vayan a las distintas actividades políticas que organizamos.

Lamentablemente, esta situación nos ha afectado mucho, porque parecemos un grupo débil y sin una voz colectiva. Hasta que una gran cantidad de la población sexo divers@ entienda que es necesario salir del clóset y organizarse para luchar contra todo tipo de discriminación, no vamos a lograr cambiar la forma como nos percibe la sociedad y no podemos esperar muchos cambios en la política del Estado.

¿Crees que el reconocimiento de la identidad lésbica-gay en público propicia la visibilización de la homosexualidad en nuestras sociedades patriarcales y por tanto a disminuir la discriminación?

El reconocimiento de nuestra opción sexual, expresión de género e identidad de género, no necesariamente está vinculada con su expresión pública. Muchas personas saben quienes son, pero no salen del clóset por miedo a las consecuencias. La visibilización no es posible sin la exposición pública, que es el primer acto político, entre muchos. Para nosotr@s un punto inicial fundamental es hacernos visibles para contrarrestar los esfuerzos de la sociedad de hacernos invisibles, ya que si no somos visibles, para la sociedad no existimos, y, por ende, se refuerza la supuesta existencia de la heterosexualidad como única opción posible, por ser la única visible. La visibilización es importante, primero, porque le manda un mensaje positivo a otras personas sexo diversas, ya que les hace saber que no están sol@s y que hay personas que no tienen miedo y asumen posiciones de liderazgo. La visibilización puede contribuir a disminuir la discriminación abierta, pero no la elimina, como se ha comprobado en otros países. La visibilización contribuye a sensibilizar al resto de la sociedad y es un importante instrumento de pedagogía política.

De manera similar, dijiste pertenecer a Contranatura, ¿de que se trata?

Contranatura es una organización venezolana, fundada en febrero del 2003, con sede en la Universidad Central de Venezuela, dedicada al estudio, la discusión y la acción vinculados con la diversidad sexual humana. Está integrada por personas cuya unidad como equipo es precisamente la diversidad sexual y de perspectivas que representan.

El propósito específico de Contranatura es contribuir con la ampliación de los espacios de debate, discusión y difusión relacionados con la sexualidad humana en toda su complejidad. Así, nuestros proyectos fundamentales son la investigación, la divulgación (ya sea editorial, educativa o publicitaria) y cualquier tipo de desarrollo y aplicación de programas de mediano o gran impacto social.

Contranatura ha realizado diversas actividades, entre las que se pueden mencionar: sesiones semanales de discusión teórica de lecturas pertinentes al tema del género y la diversidad sexual; la elaboración de una página web con información sobre las actividades del grupo y la publicación de artículos, entrevistas y reseñas de libros sobre el tema (www.contranatura.iespana.es); realizamos las llamadas Tertulias de Diversidad Sexual que se hacen en algunos Cafés de Caracas; organizamos las II Jornadas Universitarias de Diversidad Sexual en la Universidad Central de Venezuela y, además, hemos realizado recitales de poesía, lecturas públicas de cuentos y conferencias, entre otras actividades.

Nuestro equipo de trabajo aborda sus actividades partiendo de los más variados puntos de vista. En efecto, asumimos que la diversidad sexual está siempre relacionada con los aspectos biológicos, psicológicos, sociales, históricos, culturales, económicos, políticos, filosóficos, éticos y hasta estéticos de la condición humana.

De manera general, la sociedad occidental moderna ha asumido que cualquier práctica, orientación, discurso o ideología asociada con la sexualidad alternativa, distinta a la hegemonía heterosexual, representa una amenazante distorsión contra la naturaleza humana. Dentro de esta ideología androcéntrica y heterosexista se define como contranatural cualquier comportamiento o identidad sexual, incluso aquéllas divergentes dentro de la misma heterosexualidad, que supongan un atentado normativo o ético contra lo impuesto en la sociedad. Mas allá de representar simplemente una ideología generalizada, ésta conlleva una posición política y ética que instala y legitima la discriminación y la intolerancia frente a la diversidad sexual. No existe nada contranatural en la diversidad sexual, al menos que la sociedad lo designe o condene como tal.

Contranatura asume precisamente una posición contraria a esta visión. Consideramos que todo hecho sexual humano incorpora elementos tanto culturales como naturales, tanto sociales como culturales, por lo que su referencia de la sociedad y los valores en los que está inserta que de sus propias condiciones intrínsecas y/o biológicas. Invitamos a través de nuestra denominación a reflexionar críticamente sobre los asuntos de la diversidad de género y de la sexualidad dentro de un contexto social e intelectual más amplio e incluyente. Pretendemos pensar desde esta posición, nuestra exclusión o inclusión, nuestra participación desde la diferencia en el mundo en que vivimos.

Hablando de masculinidades: ¿por qué lesbiana masculina? ¿Tal denominación legitimaría o no el modelo patriarcal genérico? ¿Podemos entonces entender que la masculinidad también puede anclar en cuerpos de mujeres?

En realidad se debería de hablar de masculinidades en plural, porque las lesbianas no expresamos nuestra masculinidad de forma única y bajo un solo modelo. Existen varios tipos de masculinidades, que son reconocidas y percibidas por la diversa población de lesbianas de manera diferente, dependiendo de la edad, de la clase social y del grupo etnoracial al que pertenecemos.

Pero es verdad que cuando se habla de masculinidad, se asume automáticamente que se hace mención de los hombres. Se hace una conexión mecánica entre un cuerpo sexuado (hombre) y un género (masculino). Desde esta perspectiva, tal como afirma la teórica estadounidense Judith Halberstam, la masculinidad en el hombre aparece como la verdadera, la real y la masculinidad en la mujer aparece como una mala copia de esa “normal” relación entre sexo y género expresada en la fórmula: hombre/masculino/heterosexual.

La visión generalizada que existe acerca de las lesbianas masculinas, es la de mujeres que reproducimos los roles de género, somos simples reproductoras del estereotipo binario de género. Para la sociedad, somos mujeres frustradas que deseamos ser hombres o a somos una mala imitación de un “original” masculino. Según este enfoque esencialista y estigmatizador, nosotras nos negamos y nos desprendemos de nuestra feminidad original, para asumir una posición de poder (masculina) dentro de una relación de pareja, en donde reproducimos las relaciones de dominio y sometimiento que existen dentro de las parejas heterosexuales.

Yo creo que nosotras las lesbianas masculinas, igual que otras expresiones de género no conformistas, ponemos al descubierto tal como afirma la activista Riki Wilchins al género como un sistema de significados que, a través de complejos mecanismos, hace que nos (re)conozcamos y, a la vez, nos hace socialmente (re)conocibles como hombres/masculinos y mujeres/femeninas. En nosotras se produce una constante fractura entre nuestro cuerpo sexuado socialmente, nuestra propia sensación y expresión de género y las expectativas sociales sobre nuestro género. Las lesbianas masculinas no somos meras reproductoras de estereotipos, exponemos los mecanismos de funcionamiento y las contradicciones del modelo de género dominante.

La persistencia de la masculinidad en la mujer, a pesar de la constante y abierta coerción social –que a veces llega a la violencia–, es una prueba de verdadera resistencia contra la conformidad de género: hombre/masculino y mujer/femenina. Sin embargo, también es cierto que la persistencia de la masculinidad en la lesbiana no es sólo expresión de la inconformidad de género, es la comprobación de la veracidad del estereotipo de la mujer masculina.

A lo largo de todos los años de represión sexual y de género, las lesbianas masculinas hemos dado la cara y hemos pagado las consecuencias, siendo discriminadas, siendo golpeadas y hasta siendo violadas. Pero, ninguna de las formas expresas o sutiles en que se ha manifestado la represión, ha logrado hacer que nos conformemos y performemos el género que se espera socialmente de nosotras.

Las lesbianas masculinas somos cuestionadas por los hombres y mujeres heterosexuales, por las feministas, por los homosexuales y por las propias lesbianas. Todos y todas quieren feminizarnos, todos y todas quieren disciplinarnos, todos y todas exigen que nuestra expresión de género esté acorde con nuestro sexo “biológico”. En fin, todos y todas nos enseñan las buenas maneras del género e intentan completar el trabajo que no pudieron hacer nuestros familiares.

Se nos acusa de sentirnos como hombres, de ser una mera copia de los hombres. Sentirse hombre, es una necesidad y demanda legítima, pero no es nuestro caso, es un tema que compete a los transexuales masculinos. Tampoco entendemos qué se quiere decir cuando se afirma constantemente que somos una copia de un original masculino, no comprendemos que quieren expresar algunas lesbianas cuando nos señalan y dicen, “para eso estoy con un hombre de verdad”. ¿Es que existe un original de cada género? ¿Dónde está? Y, si es verdad que existe uno, entonces, fallamos en nuestro objetivo, ya que ninguna mujer nos considera “verdaderos” hombres y ningún hombre nos considera “verdaderos” hombres. Si es cierto, como nos dicen, que queremos imitar a los hombres para adquirir un poco del poder masculino, entonces nos equivocamos de estrategia, pues sólo hemos conseguido el rechazo generalizado de hombres y mujeres y sólo hemos experimentado la hostilidad en todas sus variantes.

Todas y todos, aún aquellas y aquellos que creen que no tienen problemas con su género, corren constantemente el riesgo de incumplir con las expectativas sociales de género, todas y todos corren el riesgo de no copiar bien el “original”. La mujer de la clase trabajadora, la mujer indígena, la mujer afrodescendiente, la mujer con sobrepeso, en fin, todas las mujeres que no cumplen con el modelo de feminidad hegemónico son invisibilizadas y cuestionadas constantemente.

Pero es interesante percatarse que incluso las feministas y lesbianas feministas que entienden el género como una construcción social, cuando se pone en entredicho el sistema binario, se unen al coro de voces que nos condenan y reprimen, que quieren que entremos en razón y dejemos de odiar nuestro propio cuerpo, que dejemos de copiar el modelo masculino, dejemos de reproducir los roles heterosexuales y nos aceptemos a nosotras misma como mujeres.

Muchas lesbianas nos rechazan porque echamos por el suelo su proyecto asimilacionista, que busca que la sociedad trate a las lesbianas como mujeres normales, indistinguibles de las heterosexuales. En cambio, las lesbianas masculinas somos un constante recuerdo de la forma como todas las lesbianas somos vistas por la sociedad, les recordamos a todas que por mucho que se esfuercen, siempre seremos consideradas como anormales, como raras, inconformes con el destino asignado al género femenino. Las lesbianas masculinas además, somos políticamente incorrectas, porque hacemos que el resto de la sociedad confirme el estereotipo de que todas las marimachas son lesbianas y, lo que es peor, que todas las lesbianas son marimachas.

Lamentablemente muchas feministas, creen que es su deber atacarnos, desenmascararnos, sin darse cuenta que están poniéndose del lado de aquellos que siempre han defendido y justificado los roles naturales de la mujer.

Pero, ¿por qué causamos tanta molestia e incomodidad las lesbianas masculinas? La respuesta es simple: porque todas y todos estamos inmersos en la ideología de género dominante. Todas hemos asumido como algo natural que la mujer debe ser femenina. El problema es que la lesbiana masculina con su sola presencia cuestiona la construcción binaria del género, pone en entredicho la esencialidad del concepto de hombre y de mujer.

Cierta concepción esencialista forma parte el discurso de muchas feministas y estudiosas del género. Conciben la masculinidad y la feminidad como la expresión sociocultural de cada uno de los dos sexos biológicos, adoptando, sin querer, las mismas posturas esencialistas que pretenden desmontar en sus trabajos. El razonamiento es de carácter teleológico, un cuerpo sexuado debe construirse en un género determinado. Toda expresión de género que entre en contradicción con el cuerpo sexuado que le corresponde, es percibido como una anormalidad.

En nuestras sociedades se tiende a invisibilizar, a cuestionar o en el peor de los casos a castigar a aquellas personas cuyos cuerpos son sexualmente ambiguos, cuyo género entra en abierta contradicción con el sexo asignado socialmente o cuyo género no puede ser claramente registrado y calificado. Toda expresión de género confusa o ilegible es automáticamente transformada en una versión desmejorada, caricaturesca y distorsionada del modelo binario: hombre/masculino y la mujer/femenina. Por eso, las masculinidades femeninas producen incomodidad a todas y todos aquellos que no las pueden registrar dentro de las normativas de género.

Las lesbianas masculinas, como todas las personas que violentan las normas de género dominantes, no sólo ponemos en evidencia los coercitivos mecanismos sociales que se ponen en funcionamiento para construir la identidad de género, sino que exteriorizamos la artificialidad y la violencia ejercida para mantener y reproducir la relación “natural” entre un cuerpo sexuado, un género y una sexualidad.

El rechazo generalizado que existe en la sociedad hacia la masculinidad femenina se debe a que cuestiona la naturaleza de la feminidad y el modelo de masculinidad hegemónica: vinculada al poder, fálica, blanca, heterosexual, sustentada en la pareja monogámica y en la familia nuclear.

Las masculinidades lesbianas no pueden ser definidas como una identidad coherente y estática. La sociedad registra nuestro cuerpo como el de una mujer, pero no nos sentimos como tales, nuestra expresión de género es masculina, pero no queremos ser hombres, es sólo que nuestro cuerpo sexuado no se corresponde con nuestra expresión género. En este sentido, se manifiestan varias fisuras que impiden que nos (re) conozcamos y la sociedad nos (re) conozca.

Pero todo régimen, por más estricto que sea, no puede impedir la aparición de pequeñas resistencias y transgresiones. Nosotras somos una manifestación de esas pequeñas transgresiones, cada vez que una persona nos mira de manera desaprobatoria, nos mira con odio, cada vez que nos insultan o se ríen de nosotras, es un reconocimiento público de que estamos resquebrajando su percepción del mundo, que estamos cuestionando su ideología del género. Le estamos recordando que existimos personas que no queremos ser normales, que no nos conformamos, que no nos asimilamos.

Somos la expresión de esas transgresiones y resistencias cotidianas, aún cuando éstas no se hayan materializado en un discurso teórico y político. Esta resistencia tiene un doble carácter, al cuestionar con nuestra sexualidad, la heterosexualidad obligatoria y al cuestionar con nuestra apariencia y comportamiento el sistema de género binario. La lesbiana masculina no sólo representa un golpe en la cara de la masculinidad hegemónica, sin también desmonta la artificialidad de la feminidad.

Sin embargo, nadie se sustrae de la ideología de género, por tanto, no se le puede recriminar a la marimacha porque se comporta de forma masculina, porque reproduce el envés del sistema binario de género. Todas y todos somos un producto social, incluso aquellas que nos resistimos a los esquemas, tenemos que recurrir a los referentes que conocemos. Es importante tener esto en cuenta para no caer en cierto individualismo voluntarista que marca el actual activismo de muchos jóvenes del movimiento genderqueer en Estados Unidos. Según esta concepción y tras una lectura sesgada de Judith Butler, sólo bastaría con que existan suficientes personas que no encajan con las normas de dominantes para desestabilizar el actual régimen binario de género.

Individualmente no vamos a cambiar este sistema fundamentalista de género, por esta razón debemos formarnos, debemos organizarnos, debemos convertir nuestra resistencia individual en una acción coordinada con objetivos políticos claros. Debemos establecer alianzas con otras organizaciones y movimientos que luchan por el cambio social, especialmente con las feministas. Pero sobre todo, debemos entender que nuestra actividad política debe estar vinculada a la producción teórica, al estudio, al constante análisis y cuestionamiento del sistema capitalista y del patriarcado.

Ya es hora de que se deje de ver a las lesbianas masculinas como traidoras de las mujeres y como traidoras del movimiento feminista. Primero, porque no podemos traicionar una construcción de género con el que no nos sentimos identificadas, y segundo, no somos antifeministas, porque nuestro discurso teórico y político viene de la tradición del movimiento feminista. Sólo queremos, al igual que muchas feministas, que deje de manejarse una concepción restringida y apolítica del cuerpo, del sexo y del género.

Es necesario aproximarse al tema de las personas que somos (de)generadas o no entramos en la normas sexuales dominantes con un pensamiento crítico, que tenga como base fundamental el principio de diversidad. Este debe ser un objetivo de todas y todos: heterosexuales, homosexuales, lesbianas, bisexuales, transgéneros, transexuales, intersexuales y otras personas no conformes. Un buen comienzo para construcción de ese pensamiento radical, sería además de debatir sobre la anormalidad de otras y otros, empezar a cuestionar nuestra propia normalidad.

¿Notas o no cierta discriminación en el término?

El término lesbiana masculina, trata de recoger las variadas contradicciones y fracturas que se registran en la percepción personal y social del género, de nosotras las lesbianas que no queremos adoptar el género que la sociedad nos trató de imponer desde antes de nacer. Un lenguaje que conforma y a la vez está integrado por el sistema binario de género dominante, no puede sino recurrir a su vez a la denominación binaria. Si una persona no es femenina, entonces es masculina, no pareciera que existiera la posibilidad de salirse de esa representación binaria, que incluso se extiende a los objetos de la vida cotidiana. En realidad, el desprecio, la discriminación se deja traslucir en el lenguaje de la vida cotidiana en términos como marimacha, machorra y se manifiesta en las propias expresiones escogidas por las mismas lesbianas para denominarnos: camioneras, machitos. Términos que en algunos casos son abiertamente clasistas (camioneras) o que nos las encasillan en un referente masculino negativo (machito).

El término machorra, camioneras y machitos está marcado por un problema de clase, dado que la gran mayoría proviene de la clase trabajadora y la policía del género es mucho más rígida en las capas medias y altas. Notamos que mientras se sube en la escala social la lesbiana masculina va desapareciendo, se va lavando, se va invisibilizando, se va normatizando.

El caso es que el lenguaje es expresión de una cultura, de una visión de mundo, podemos cambiarlo o también podemos usar los términos existentes, darles la vuelta y convertirlos en un arma política. Me gusta usar para denominarme el término lesbiana masculina o marimacha, porque quiero, al igual que otr@s, transformar esta denominación despectiva e insultante, en una cargada políticamente, vindicativa. Una forma de decir, Sí, soy marimacha ¿y qué?, no me insultas, ese nombre no me humilla, al contrario, me enorgullece, porque bastante me ha costado no conformarme. Díganme marimacha porque no voy a cambiar y es mejor que te vayan acostumbrando…

¿Qué crees del uso de la terminología creada desde la heterosexualidad (por ejemplo pasivo-activo) para abordar la homosexualidad, serían pertinentes en tu opinión?

No son pertinentes, pero lamentablemente nosotras no vivimos en una burbuja de aire y fuimos formadas dentro de la ideología sexual dominante, así que es un poco difícil que no la reproduzcamos, sobre todo en el lenguaje. Esa es la terminología con la que se pretendía denominar las relaciones sociales y sexuales entre hombres y mujeres. Desafortunadamente, muchas de nosotras no sólo adoptamos de forma acrítica esta terminología para categorizar a las personas, sino que establecimos relaciones de este tipo, reproduciendo las relaciones de dominio y sumisión propias del patriarcado.

Recuerdo mi sorpresa y molestia cuando me preguntaron por primera vez quién era la activa y la pasiva dentro de mi relación ya que algunas lesbianas no podía registrarnos (siempre me han gustado las mujeres masculinas). Como en esa época no frecuentábamos el ambiente, no conocíamos la terminología. Pensábamos inocentemente que con el sólo hecho de que dos mujeres estuvieran juntas, se estaba cuestionando el sistema patriarcal. La experiencia me ha enseñando que las cosas son tan simples y que nuestra percepción del mundo y de la sexualidad inevitablemente está imbuida dentro de la ideología dominante.

La terminología pasiva-activa, intenta recoger de manera muy esquemática los roles sociales, afectivos y sexuales asumidos por algunas parejas. No uso los ni me manejo en los términos pasiva-activa. No es el tipo de relación que yo he construido o quiero construir, pero tampoco me voy a poner a condenar a aquellas que se sienten representadas en esta terminología, no se puede tener una aproximación de la sexualidad tan mecánica y pensar que la verdad nos pertenece a nosotras (por lo general, las intelectuales) y que debemos meter a las demás en cintura. Nadie está exenta de reproducir las relaciones de poder en la vida privada y mucho menos en la cama. Hay personas que son consideradas socialmente activas y son pasivas en la cama, así como ha personas socialmente pasivas que son activas en la relación de pareja y en la cama. Nadie es completamente pasiva, ni completamente activa. La realidad es más compleja y aquí aplica aquello de que las apariencias engañan.

En tal caso, el cambio radical de nuestras relaciones sociales, no se va producir de la noche a la mañana y mucho menos convirtiéndonos, al igual que muchos heterosexuales, en policías y agentes represores de aquellas personas que no entran dentro de nuestros patrones de lo que es políticamente correcto y aceptable. En esto tenemos que tener mucho cuidado, porque ya existen homosexuales y lesbianas que quieren ser considerados normales y cuestionan y les cierran las puertas a todas las personas sexo divers@s que ponen en entredicho su proyecto y que no entran dentro de esta nueva homonormatividad.
[*] Marianela Tovar, mujer venezolana, comunista, historiadora, escritora, lesbiana, participa del colectivo Contranatura

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