Quiero conocer a Piedad Córdoba


Ya conocí a Epsy Campbell, cuando estuve en Costa Rica en octubre pasado.

Ahora me he propuesto abrazar a Piedad Córdoba.

Si la conoces, dile que una Negracubana quiere verle.

Mientras, les dejo una entrevista que le hiciera el colega Bladimir Zamora y que fue publicada en El Caimán

La fuerza de Piedad

Por Bladimir Zamora

Piedad Córdoba
Una mañana pude entrevistar, como en familia, a la ex senadora colombiana Piedad Córdoba. Ella estaba de visita en La Habana con el equipo del programa
Causa justa de teleSUR. Aquí tiene el lector parte de sus ricas declaraciones, las cuales demuestran su integridad.

Venía de padres educadores y yo misma fui profesora universitaria durante algún tiempo, y luego pues me metí de lleno en la actividad política. Hace tres años volví a ejercer en la Universidad Nacional, de donde, a pesar de haber sido muy bien calificada por todos los alumnos y las alumnas, tomaron la decisión de no volverme a llamar porque les parecía que era demasiado revolucionaria.

Mi tío Diego Luis Córdoba era negro y era socialista, de él me vienen las primeras influencias. Mis inclinaciones políticas son de muy atrás, pues el solo hecho de ir con mi papá a lo que eran los paros, las huelgas, de alguna manera eso lo va como formando a uno. Fuera de eso, mi abuela materna tenía un kinder para niños muy pobres, a lo cual estaba muy ligada yo. Era una escuela de barrio obrero, donde tenía mucha presencia el Partido Comunista

Crecí en el barrio, en la junta de acción comunal, trabajando para hacerles la iglesia, para hacer la escuela, para hacer las canchas de fútbol. Fue una época de verdad muy bonita, porque además era también la época de Camilo Torres y los curas de esa iglesia eran curas que pertenecían, yo no lo tenía tan claro en aquella época pero ahora sí, a esa línea, y entonces pues hacíamos muchas cosas con ellos y en mi casa, sin que mi papá se diera cuenta porque mi papá era muy conservador, hacíamos las reuniones del Partido Comunista.

Estuve a punto de perder el último año de bachillerato porque me metí en un paro del colegio. Y cuando yo entro a la universidad ya mi papá sabía, pues, de qué lado iba yo… Me presenté a varias universidades pues no quería entrar a la Bolivariana, donde mi papá era el secretario general de Sociología, porque él no me iba a dejar hacer nada. Recuerdo con mucho desagrado la Universidad Pontificia Bolivariana, fue muy difícil; yo quería hacer otras cosas, participaba en las huelgas de estudiantes, formé parte de la organización del único paro de la Bolivariana, y casi me echan, y yo feliz porque no quería seguir ahí. Pero no podía ir para donde quisiera por la presión de mi padre y de mi esposo. Me casé entrando en la Universidad. Querían que estudiara y no jodiera tanto. Entonces hubo un tiempo que me cambió un poquito, que me dediqué a la poesía, a declamar, al teatro…

Con el tiempo, yo me pongo a pensar que esa época tan difícil me sirvió mucho para ser capaz de resistir el futuro, para estar siempre en contra de todo lo que está ya establecido, porque, finalmente, ya en esa época es que entro al Partido Liberal, donde estaba Julio Jaramillo, un dirigente importante de Antioquia. Escuché un discurso suyo y me gustó, pero no lo conocía, hasta que un día veo un cartel suyo en un local y me presenté ingenuamente, no a hacer política sino a trabajar comunalmente con la gente. Me metí por ahí y empecé a hacer mi trabajo de barrio popular, de organización, tomábamos los barrios, hacíamos invasiones y yo fui ascendiendo en el partido, llegué a los espacios más importantes en el departamento de Antioquia…

Llegué a ser secretaria general de la alcaldía de Medellín, la primera mujer negra además, donde hago un trabajo para visualizar la población negra, porque como mi papá era negro y venía del departamento del Chocó, éramos una población negra muy grande, pero totalmente desconocidos, invisibles. Tuve la suerte de que un compañero de la universidad que era de una familia muy rica me llamara a trabajar en el bufete de ellos pues yo no tenía pues posibilidad de montar una oficina, y me fui a trabajar con ellos, ya me había graduado, y estando ahí, la gente iba, me buscaba, “negra tal cosa”, “ven”, y entonces me presenté a la asamblea de Antioquia y saqué una votación que no la he podido sacar nunca como congresista, eh, arrasadora, ahí sí se me empezó a complicar la vida por adentro…

Piedad Córdoba

Me toca una época muy importante, aunque hoy la veo con otros ojos, que fue la revocatoria del Congreso, cuando se hace el acuerdo de paz con el M 19. La cosa estaba muy revuelta, además había mucho descontento porque habían disuelto el Congreso por primera vez y convocado a nuevas elecciones, y ya habían dentro del Partido, dentro del movimiento, divisiones muy fuertes y pues obviamente yo encabezaba una de ellas. Entonces yo dije “quiero ser representante en la Cámara”, y me tocaba renunciar a la Asamblea y apenas llevaba un año, entonces qué no, que por qué, que no sé cuanto, en todo caso yo me impuse, peleando y me tocó una zona muy difícil, donde estaba fundamentalmente toda la guerrilla. Yo no tenía mucha conciencia en ese momento, pero eso fue una trampa pues dejaban volantes donde decían que no votaran por mí porque era negra y era del Chocó, que acá eso era bastante fuerte, pero yo trabajé como una animal y lo que nadie esperaba pasó. Salí elegida para la Cámara de Representantes a finales de 1991…

Llego a la Cámara de verdad muy sola, prácticamente no conocía Bogotá. Tenían muchas reservas conmigo porque en primera no les gustaba y decían que yo era del Partido de la Morcilla, morcillas es una comida que es negra, una tripa negra que sabe muy delicioso y entonces fue muy difícil; pero tuve la ventaja de llegar al Congreso con toda la bancada que llegó del Partido Comunista y ahí conocí a Manuel Cepeda. Era un hombre ya muy mayor, hice muchas cosas de la mano de él, aprendí muchísimo, trabajé mucho con la Unión Patriótica, conocí por medio de él a Fidel Castro. Después mataron a Manuel, que es el papá de Iván Cepeda, desaparecieron otros de mis compañeros que eran del Partido Comunista (yo del Partido Liberal)… Ese año salí elegida la mejor congresista y además tuve unos debates muy fuertes cuando el bombardeo a Casa Verde. Ahí empezaron una serie de sucesos que han marcado mi vida y lo que aparentemente iba a ser muy fácil, se fue convirtiendo con el tiempo en muy difícil, supremamente difícil.

En 1994 estoy en el Senado, y me enfrento con Luis Guillermo Vélez, presidente del Banco del Estado. Era un hombre muy anticuado y muy alineado a la derecha; yo me radicalicé y dije que ni le votaba ni le trabajaba, porque además él hablaba muy mal de los negros y donde podía los insultaba; él fue el del cuento de que yo pertenecía al Partido de la Morcilla… Me dijeron que tenía que renunciar a la dirección del Partido Liberal, que era pues una cosa muy importante donde no llegaba todo el mundo, y cuando llegamos a la reunión yo dije “aquí está la renuncia, yo me voy, no hay ningún problema. Quién dijo que un partido lo puede obligar a uno a que vote por una persona en quién uno no cree, yo quiero ser franca y no voy a votar por él”. Me tocó hacer una campaña como una campaña presidencial, para sacar votos de todo el país y logré salir elegida en contra de un sector del movimiento liberal…

Lo que hice fue dedicarme al trabajo parlamentario y estar en todos los debates más importantes, a hacer muchas de las cosas que yo pensaba que debían hacerse por la gente, por el país, ya yo iba para el lado donde quería estar y me fui abriendo… Fue la época de lo que se conoce como el Proceso Ocho Mil, donde muchos de los parlamentarios del Partido Liberal fueron financiados por el narcotráfico, para mí eso fue muy escandaloso, porque yo era de las pocas que en el departamento me había enfrentado a Pablo Escobar. A mí me tocó expulsar mucha gente del partido, una época horrible… Después de eso me secuestran, a raíz pues de todos los debates contra el paramilitarismo, y me voy del país, pero antes renuncio a la dirección del partido y digo que me voy porque ese es un partido de derecha, de paramilitares, de terratenientes, de delincuentes, y que yo creía que no debería estar en la dirección…

Estuve dos años en Canadá, muy duros, con mis hijos, pasamos muchísimas necesidades. Yo estaba viendo que los muchachos iban a fracasar allá, no tenía como ponerlos en la universidad, entonces me tuve que devolver. Luego me llegaron con el cuento de que me iban a hacer presidenta del Congreso y fue todo mentiras, y ahí ya me enfrenté con Álvaro Uribe que estaba haciendo su campaña para ser presidente. Perdimos esas elecciones con Serpa, pero se había logrado en ese tiempo la reforma de estatutos, que era muy importante, porque era volcar el partido hacia el pueblo, tenían mucho peso las organizaciones sociales, una figura muy novedosa que era la elección directa de la dirección del partido. Luego que pasa todo eso, pues yo regreso al país y me someto a la elección para escoger la dirección del Partido y saqué la votación más aplastante, prácticamente tumbé a uno de los ministros de Uribe, que era intocable…

Piedad Córdoba

Y ahí es donde yo empiezo a darme cuenta que el Partido, más que otra cosa, es un partido de derecha. Los demás miembros de la dirección que salieron elegidos muy lejos de mí, se unieron y no me dejaron ser presidenta, en eso también metió la mano Samper. La única fórmula que lograron era que fuera una copresidencia, y el compañero que fue copresidente conmigo acaba de salir de la cárcel por paramilitarismo, y precisamente tuve muchas dificultades porque yo denunciaba eso en las elecciones. De todas maneras fue importante, porque nunca la izquierda en Colombia había llegado a un cargo de elección popular importante. Yo fui la que hice la alianza con el polo democrático para que, por primera vez, la izquierda llegara a la alcaldía de Bogotá con Lucho Garzo. También yo fui quién salió por todo el país a enfrentar el referendo que había propuesto Álvaro Uribe para acabar con la Constitución del 91, y lo tumbamos. Luego de eso, ya te imaginas lo que yo estaba significando para el establecimiento liberal, que está muy apostado a la derecha por sus intereses. Después pasaron las elecciones, y llegando enero ellos hicieron una alianza, me acuerdo porque me da tanta risa, que en esa época yo estaba tratando de meterme en la santería, y fui a verme con un babalawo y me dice “si hubieras venido más temprano, pero mañana te van a tumbar” y, pues eso, me tumbaron al otro día…

Pensaron que había llegado desde aquí, de Cuba, era la época de la enfermedad de Fidel, y efectivamente me tumbaron, y fue muy penoso para mí. Además, Lucho me dio totalmente la espalda, él mismo se encargó de generar la idea de que yo pertenecí a las FARC y, honestamente, en esa época yo no tenía ninguna relación distinta a haberme reunido públicamente cuando salí del país con el comandante Marulanda, cuando la época de Pastrana y con Alfonso Cano, buscando que se diera la propuesta de paz. Ese proceso fue para mi hasta cierto punto como que descontrolador…

Cuando volvieron las elecciones a los tres años, yo estaba haciendo una oposición a muerte a Pastrana, le hice un debate, dije que su gobierno era un gobierno de negociantes y demostré por qué. Sin embargo, fue una época de muchos atentados, de muchas amenazas, trataron de involucrarme en un atentado al que es hoy Ministro del Interior y yo no tenía nada que ver y bueno, me presenté a las elecciones y volví a salir. Entonces me pongo a pensar cómo le he hecho para llegar otra vez…

Algunas leyes se aprobaron bajo mi autoría, como la ley de negritudes que se conoce con el nombre de Ley 70. No querían que se aprobara, excepto uno de loa artículos transitorios de la Constitución del 91, y yo tuve que amenazar con que me retiraba de la dirección del partido. Luego viene el tema de la discusión de las causales de interrupción voluntaria del embarazo; lo que se escribió de mí en esa época no tiene nombre, a mi hija casi la sacan del colegio. El debate de los más bonitos que yo he hecho en mi vida fue sobre los homosexuales, no solamente porque en mi familia hay personas que son homosexuales sino porque quiénes hemos padecido discriminación por ser mujer o por ser afrodescendientes, sabemos muy hondamente lo que significa el rechazo, la falta de oportunidades, el que lo ninguneen a uno. En esa época, yo me había separado ya de Luis, el que era mi esposo, y comenzaron a decir que yo era la compañera de una amiga mía, cuando era todo lo contrario, no era mujeriega sino hombrera, y yo vivía con ella porque a mí me habían sacado del edificio donde yo estaba porque les daba miedo por los riesgos. Decían que yo, a pesar de tener mis hijos, era lesbiana, bueno, eso fue la cosa más horrible, también hubo un debate extraordinario, y el momento culminante en el Congreso donde todos los expresidentes del partido me apoyaron y Alfonso López fue al Congreso de la República a defender la ley a favor de las parejas del mismo sexo…

Desde que llegué a la Cámara fui la presidenta de la Comisión de Derechos Humanos del Congreso, y eso me permitió acercarme a lo que fue en épocas recientes el fenómeno paramilitar en el país, que fue y sigue siendo terrible. Me tocó conocer de cerca el dolor de la gente, el dolor de los campesinos, los negros, los indígenas, cómo los sacaban de sus territorios. Empecé a vivir una época emocionalmente muy fuerte, porque yo me sentía como atrapada, no sabía qué más podía hacer…

Paso al senado y volví a ser elegida como presidenta de la Comisión de Derechos Humanos, ya la del Congreso. Entonces empecé a hacer una serie de eventos, de foros en las regiones, donde hacía ir a los militares para que la gente les señalara que eran ellos los que hacían parte del paramilitarismo, donde había habido masacres, donde desaparecían gente. Obviamente era mucho más claro que lo que estaba pasando eran esas relaciones de maridaje entre el Estado y el paramilitarismo, nada distinto que la fuerza armada de la derecha. Luego se da un secuestro muy grande del Ejército de Liberación Nacional, tan impresionante, en una zona muy rica, de Cali, y eso me correspondió a mí por ser presidenta de la Comisión…

Ahí empiezo a involucrarme más en el tema, y me voy a la cárcel de Itaguí, que era una cárcel de máxima seguridad donde estaban dos de los grandes comandantes del Ejército de Liberación Nacional. Algo que jamás se había hecho en el país, en el gobierno de Pastrana, fue que yo logré que la audiencia pública que íbamos a hacer en la cárcel de Itaguí, donde estaban los dos voceros del ELN, se transmitiera a nivel nacional, y la gente llamaba a preguntar por sus familiares. Eso fue un escándalo tan violento, que casi tumbó al presidente del Congreso, que me hubiera encantao, pero no lo tumbé… y me entregaron a mí muchos alcaldes que eran secuestrados por el ELN, yo ayudé a facilitar la liberación de estos…

Sigo en la Comisión de Derechos Humanos, y cuando comienza todo el proceso de las liberaciones, le planteo a Chávez en un evento donde estaba reunido el mundo intelectual de América Latina. Cuando Chávez me dice que hable, lo único que se me ocurrió fue hablar de los secuestros. Es a partir de ahí, de esa reunión de intelectuales donde yo participé hablando sobre paz, que arranca pues como la última etapa de mi vida política.

Me he propuesto conocer a Piedad Córdoba. Y cuando me propongo algo…

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4 pensamientos en “Quiero conocer a Piedad Córdoba

  1. FABULOSO!!! SIIIIIIIIIIIIIIIII!!!! EN VERDAD QUE NO SE NECESITA UN CONTRATO DE PUBLICACION DE MILLONES DE DOLARES PARA COMPARTIR NUESTRAS EXPERIENCIAS AFROLATINAS. EN ESO LA GENTE OPROMIDA DEBEMOS ESTAR AGRADECIDOS AL INTERNET Y EL MEDIA SOCIAL TANTO DE HABLA INGLESA COMO DE DE HABLA HISPANA! MUY AGRDECIDO ME SIENTO DE MI HERMANA
    PIEDAD CORDOVA POR SU APOYO A NOSOTROS LOS HOMOSEXUALES ( QUE NO HAY UN APICE DE “GAYNESS” EN SER HOMOSEXUAL Y NEGRO EN ESTE MUNDO. NI SE DIGA EN LATINOAMERICA!) HACHE PARA PIEDAD CORDOVA Y TODA LA NEGRURA COLOMBIANA Y A “NEGRA CUBANA TENIAS QUE SER…”
    TE LA COMISTES VIVA LA COMBATIVIDAD DEL PUEBLO AFRO-LATINO TANTO EN CUBA COMO EN EL RESTO DEL SOLAR LATINOAMERICANO

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