La dignidad de ser afrocubanas por Juan Antonio Madrazo

Afrocubanas: historia, pensamiento y prácticas culturales, es la más reciente compilación de las investigadoras Daisy Rubiera Castillo e Inés María Martiatu Terry. Bajo el sello editorial Ciencias Sociales, fue presentado en la XXI Feria Internacional del Libro de La Habana 2012.

Para las autoras incluidas en el volumen, el racismo y la discriminación en la Cuba contemporánea resultan una realidad. Los ensayos demuestran que ambos elementos son ejercicios de perpetua y obstinada ceguera, acentuados por la narrativa política del poder.

Además de un mapa generacional, Afrocubanas logra hacer visibles a mujeres que han tejido o tejen la historia de la nación, que rechazan los límites impuestos por el sujeto dominante. En su lenguaje habitan el dolor, sus destinos y conflictos, pero también sus modos de verse, sus dudas, y la no aceptación de esa etiqueta de “cubanidad” que distorsiona su realidad e idiosincrasia.

Con voz suave, pero enérgica y firme, autoras y retratadas desmontan estereotipos, la violencia de una sociedad patriarcal. Además de ejercicio de memoria, esta antología es una acción de desobediencia e insubordinación: aquí se enfrentan las interrogantes más amargas, y se demuestra que la mujer negra continúa siendo la más ofendida.

Se trata de una obra que esclarece los vasos comunicantes entre literatura e identidad, género y raza, pues aporta además elementos claves para la comprensión de fenómenos de ayer muy conectados a la realidad actual.

[Dos de las autoras, Yohamna Depestre y Maria Ileana Faguaga.] Dos de las autoras, Yohamna Depestre y Maria Ileana Faguaga.

El libro permite que la memoria viaje a través de los textos de mujeres negras que desde el periodismo ciudadano jugaron un importante papel en la Cuba republicana. Son los casos de Carmen Piedra, Inocencia Silveira, Catalina Pozo Gato y Arabella Oña, junto a Pastora Mena y Vicenta García de Estenoz, todas desconocidas en la más reciente historiografía y textos escolares.

En los textos de Lázara Menéndez, Aymee Rivera, Coralia de las Mercedes Hernández y Lourdes Martínez Echazabal, se resalta el nacionalismo de Belkis Ayón, Gloria Rolando Casamayor, Excilia Saldaña y Nancy Morejón. En la mirada de Carmen González Chacón y María Ileana Faguaga Iglesias, se visualizan los rostros de la violencia y los estereotipos. En el repaso que hacen Yusimí Rodríguez, Yesenia Selier, Sandra del Valle Casals, Yulexis Almeida y Yohamna Depestre Corcho, se traducen los imaginarios de una sociedad en la cual la mujer negra, además de ser víctima de una violencia erótica calculada, continúa anclada en el callejón de la mala fama.

Sandra Álvarez Ramírez (autora del blog Negra Cubana tenía que ser) teje los hilos de una patria secreta, tomando como punto de partida su mirada personal sobre uno de los documentales de la cineasta Sara Gómez, aun no exhibido, Mi aporte. Otras voces estudiadas son la de Teresa Cárdenas Angulo, cuya narrativa se asoma a quienes sufren la estrechez y limitaciones de los guetos marginales.

Importante también es el trabajo de Daisy Rubiera Castillo acerca del patrimonio religioso, oral y ético heredado por las sacerdotisas de Ifá y las santeras de la Regla de Ocha. Mujeres que se destacaron por su sabiduría como Ña Matilde Zayas, Fermina Gómez, Ma Monserrate González Ochabi, Arabia Oviedo, sacerdotisa de Oyá, y otras a las cuales también se les hace justicia.

Cada unas de ellas, desde la diferencia, localiza la voz de la discriminación, desvela el rostro del racismo, intenta desmontar el oportunismo y frenar el doble discurso existente alrededor de la problemática racial cubana.

No hablamos de estatuas de sal, sino de cimarronas. Voces que se protegen, se defienden, cierran filas y apuestan por la construcción de un pensamiento descolonizado. Ellas sienten la urgencia de recuperar nuestra memoria radical, la ahogada, no por la vía del paternalismo, sino por derecho propio. Son mujeres que toman por asalto los espacios negados y cuestionan los modelos impuestos desde la hegemonía del poder. Descifran la realidad y logran una verdadera emancipación desde la palabra.

Una próxima antología hecha por estas afrocubanas, se ocupa de hacer visible los aportes de mujeres confinadas al silencio, las ensayistas Odette Casamayor Cisneros y Guillermina Ramos Cruz, las pedagogas e interpretes musicales Zenaida Manfugás, Rosario Franco, Zoila Gálvez, Yolanda Hernández y Tania León. Incluye los testimonios de verdaderas joyas del ballet que en Cuba no pudieron ser Giselle por ser negras, como las bailarinas Caridad Martínez y Catherine Zuasnabar; los de actrices como nuestra singular Julieta, la muy recordada Betina Acevedo y nuestra única María Antonia, la irrepetible Hilda Oates.

Merecen un espacio también otras que desde las artes visuales se vienen ocupando de comunicar las esencias de la isla, visualizan las heridas de la esclavitud y le dan un merecido lugar a la belleza estética afro, como Gertrudis Rivalta, María Magdalena Campos Pons y Paulina Márquez. Son parte de una generación que aprendió a mirar desde la sospecha.

Esta compilación es un manifiesto que reivindica la belleza negra. Sus autoras intentan construir el poder desde abajo, desde la política de la diferencia; e imponen un ejercicio de libertad: la dignidad de ser afrocubanas.

Afrocubanas: historia, pensamiento y prácticas culturales, es la más reciente compilación de las investigadoras Daisy Rubiera Castillo e Inés María Martiatu Terry. Bajo el sello editorial Ciencias Sociales, fue presentado en la XXI Feria Internacional del Libro de La Habana 2012.

Para las autoras incluidas en el volumen, el racismo y la discriminación en la Cuba contemporánea resultan una realidad. Los ensayos demuestran que ambos elementos son ejercicios de perpetua y obstinada ceguera, acentuados por la narrativa política del poder.

Además de un mapa generacional, Afrocubanas logra hacer visibles a mujeres que han tejido o tejen la historia de la nación, que rechazan los límites impuestos por el sujeto dominante. En su lenguaje habitan el dolor, sus destinos y conflictos, pero también sus modos de verse, sus dudas, y la no aceptación de esa etiqueta de “cubanidad” que distorsiona su realidad e idiosincrasia.

Con voz suave, pero enérgica y firme, autoras y retratadas desmontan estereotipos, la violencia de una sociedad patriarcal. Además de ejercicio de memoria, esta antología es una acción de desobediencia e insubordinación: aquí se enfrentan las interrogantes más amargas, y se demuestra que la mujer negra continúa siendo la más ofendida.

Se trata de una obra que esclarece los vasos comunicantes entre literatura e identidad, género y raza, pues aporta además elementos claves para la comprensión de fenómenos de ayer muy conectados a la realidad actual.

Dos de las autoras, Yohamna Depestre y Maria Ileana Faguaga.

El libro permite que la memoria viaje a través de los textos de mujeres negras que desde el periodismo ciudadano jugaron un importante papel en la Cuba republicana. Son los casos de Carmen Piedra, Inocencia Silveira, Catalina Pozo Gato y Arabella Oña, junto a Pastora Mena y Vicenta García de Estenoz, todas desconocidas en la más reciente historiografía y textos escolares.

En los textos de Lázara Menéndez, Aymee Rivera, Coralia de las Mercedes Hernández y Lourdes Martínez Echazabal, se resalta el nacionalismo de Belkis Ayón, Gloria Rolando Casamayor, Excilia Saldaña y Nancy Morejón. En la mirada de Carmen González Chacón y María Ileana Faguaga Iglesias, se visualizan los rostros de la violencia y los estereotipos. En el repaso que hacen Yusimí Rodríguez, Yesenia Selier, Sandra del Valle Casals, Yulexis Almeida y Yohamna Depestre Corcho, se traducen los imaginarios de una sociedad en la cual la mujer negra, además de ser víctima de una violencia erótica calculada, continúa anclada en el callejón de la mala fama.

Sandra Álvarez Ramírez (autora del blog Negra Cubana tenía que ser) teje los hilos de una patria secreta, tomando como punto de partida su mirada personal sobre uno de los documentales de la cineasta Sara Gómez, aun no exhibido, Mi aporte. Otras voces estudiadas son la de Teresa Cárdenas Angulo, cuya narrativa se asoma a quienes sufren la estrechez y limitaciones de los guetos marginales.

Importante también es el trabajo de Daisy Rubiera Castillo acerca del patrimonio religioso, oral y ético heredado por las sacerdotisas de Ifá y las santeras de la Regla de Ocha. Mujeres que se destacaron por su sabiduría como Ña Matilde Zayas, Fermina Gómez, Ma Monserrate González Ochabi, Arabia Oviedo, sacerdotisa de Oyá, y otras a las cuales también se les hace justicia.

Cada unas de ellas, desde la diferencia, localiza la voz de la discriminación, desvela el rostro del racismo, intenta desmontar el oportunismo y frenar el doble discurso existente alrededor de la problemática racial cubana.

No hablamos de estatuas de sal, sino de cimarronas. Voces que se protegen, se defienden, cierran filas y apuestan por la construcción de un pensamiento descolonizado. Ellas sienten la urgencia de recuperar nuestra memoria radical, la ahogada, no por la vía del paternalismo, sino por derecho propio. Son mujeres que toman por asalto los espacios negados y cuestionan los modelos impuestos desde la hegemonía del poder. Descifran la realidad y logran una verdadera emancipación desde la palabra.

Una próxima antología hecha por estas afrocubanas, se ocupa de hacer visible los aportes de mujeres confinadas al silencio, las ensayistas Odette Casamayor Cisneros y Guillermina Ramos Cruz, las pedagogas e interpretes musicales Zenaida Manfugás, Rosario Franco, Zoila Gálvez, Yolanda Hernández y Tania León. Incluye los testimonios de verdaderas joyas del ballet que en Cuba no pudieron ser Giselle por ser negras, como las bailarinas Caridad Martínez y Catherine Zuasnabar; los de actrices como nuestra singular Julieta, la muy recordada Betina Acevedo y nuestra única María Antonia, la irrepetible Hilda Oates.

Merecen un espacio también otras que desde las artes visuales se vienen ocupando de comunicar las esencias de la isla, visualizan las heridas de la esclavitud y le dan un merecido lugar a la belleza estética afro, como Gertrudis Rivalta, María Magdalena Campos Pons y Paulina Márquez. Son parte de una generación que aprendió a mirar desde la sospecha.

Esta compilación es un manifiesto que reivindica la belleza negra. Sus autoras intentan construir el poder desde abajo, desde la política de la diferencia; e imponen un ejercicio de libertad: la dignidad de ser afrocubanas.

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