Encuesta sobre acciones afirmativas contra la discriminación racial en Cuba

Me encuentro realizando un pequeño sondeo acerca de qué piensa la gente sobre la implementación (o no) de acciones afirmativas en Cuba contra el racismo anti-negro y la discriminación racial y que propicien una mayor inclusión social de las personas negras y mestizas.

Mi punto de partida es el reconocimiento de la larga tradición del país en el establecimiento de políticas públicas y acciones afirmativas en varios ámbitos sociales, como por ejemplo en la consecución de la equidad de género y la inclusión de las mujeres.

Me interesa saber tu opinión sobre este asunto. Por eso te pido que votes y si te animas dejes un comentario.

Imagen de portada tomada de http://blog.4rev.net/wp-content/uploads/stop-racism_peace-promo.jpg

Victor Fowler: “Ni el más pequeño acto de racismo es pequeño”

El reconocido intelectual cubano Victor Fowler dirige esta misiva a la Comisión Aponte, de la UNEAC

Para Comisión Aponte

Estimados, comienzo narrando un diminuto episodio desagradable, sucedido hace par de semanas: fui a visitar a una amiga (al edificio de la Lonja del Comercio, en el cual ella trabaja), el CVP encargado de vigilar la entrada del lugar me detuvo para preguntarme adonde iba y luego de explicarle que al tercer piso puedo continuar sin dificultad mi camino. Lo particular del caso es que, junto conmigo, llegaron otras dos personas que –sin ser cuestionadas– simplemente entraron; mejor aún, cuando subimos al elevador, sus comentarios denotaban que entraban al lugar por primera vez.

Como mismo mientras conversaba en la oficina de mi amiga, he reconstruído la escena varias veces (al hacer el cuento a otros, por ejemplo) y la única justificación que encuentro para que la pareja de desconocidos pasara sin cuestionamiento –donde yo me vi obligado a dar explicaciones– es el color de la piel: yo, negro; ellos, blancos según apariencia.

Hablo de otra ocasión (de una de ellas escribí, hace meses, en La Jiribilla) en la que disfruto la oportunidad de sentirme humillado y rebajado como persona. El hecho no ocurre en cualquier sitio, sino en un territorio altamente simbólico: un espacio lujoso de la nueva economía. Manifestar inquietud, preocupación o algún tipo de interés distintivo por mi presencia allí (que es lo que hace el encargado de “vigilancia y protección” al interperlarme) es un procedimiento grosero para sugerir que estoy en el lugar equivocado e incluso me avisa, desde la puerta misma, que -ya que he llegado– allí adentro me tendré que esforzar por “portarme bien”.

A fin de cuentas, el gesto del CVP indica que la autoridad me identificó y aisló del resto, vigila y “sabe” que estoy allí, en ese lugar al cual no pertenezco.

Desde la incomodidad inicial, en la oficina de mi amiga, hasta el momento presente, he pensado en lo que sucedió no sólo varias veces, sino también de distinto modo y con diferente intensidad; del estupor a la incomodidad, de la rabia a la impotencia. Al mismo tiempo, las reacciones me han servido para el autoanálisis, para cuestionar mis límites y lo que busco.

Al inicio pensé que debí haber sido enérgico, cortante y, como decimos los cubanos, “plantar”; pero no sólo estaba apurado (por llegar adonde mi amiga), sino que en modo alguno era ese mi ánimo del día. Al paso de los días, cuando la incomodidad se impuso, pensé en ir a la dirección del sitio y presentar una queja formal; sin embargo, para ser honesto, ni siquiera recuerdo el rostro del CVP, sino sólo la pregunta: “¿me hace el favor, adónde va?”. Luego, ya dentro de la rabia, no me resultó suficiente la queja, sino que me complació la imagen-idea de que hubiese alguna sanción ejemplar gracias a la cual no sólo resultara yo reivindicado como persona, sino que se garantizara que nunca más tocase a otro (negro, como
y) humillación semejante.

Semanas más tarde, hay cicatriz y creo que, al fin, tengo más claro lo que pienso acerca de lo sucedido y también lo que deseo que ocurra, aquello a lo cual -como simple ciudadano– puedo aspirar:

Primero: no me importa el CVP de mi historia en cuestión. No presté atención a su rostro y ni siquiera podría identificarlo. A la misma vez, no estoy dispuesto a que lo que sentí sea rebajado en significación:
humillación, soledad, desprotección, rebajamiento de mi dignidad como persona y mucha ira. Si bien el idioma no tiene otras palabras para describirlo, incuso me gusta que haya ocurrido así porque lo que vale
destacar y precisar, más que la persona, es el síntoma.

Segundo: lo sucedido es un ejemplo exacto de práctica del micro-racismo y de cómo este es mucho más abarcador, pernicioso y humillante que el “gran racismo”. Es en el nivel del mico-racismo donde la discriminación se enmascara a sí misma como parte de acciones cotidianas que pretenden ser
parte de lo normal, la norma, normalizarse”.

Tercero: esta discriminación “normalizada” termina por ser parte de la cultura habitual y de la cotidianidad si antes no se le desenmascara de manera continua. Semejante tarea precisa de la participación permanente y extendida de los medios de prensa y cualquiera otro espacio de opinión de los cuales disponga la comunidad.

Cuarto: pido que se incluya, de manera obligatoria, en los procedimientos para contratar al personal que cumple tareas de vigilancia (en todos los tipos y variantes concebibles) la realización de evaluaciones psicológicas que determinen si se trata de individuos con concepciones y prejuicios racistas (además de otros prejuicios como los de género, sexualidad, lugar de nacimiento dentro de la geografía nacional, religión, formas de consumo cultural u otras). Esta debería de ser práctica obligatoria muy especialmente para quienes vayan a cumplir tareas de vigilancia, protección y de corte policial, además de que también debería formar parte de la política de cuadros en los más diversos lugares del país. Como mismo
es un contrasentido lógico dar empleo como encargado de proteger a un individuo con tendencias psicopáticas, igual debe de serlo la promoción al nivel de autoridad de un racista, homófobo, misógino, etc.

Quinto: pido que el proceso anteriormente descrito sea acompañado por la realización de acciones continuas de formación durante las cuales el aparato conceptual para analizar el racismo y otros modos de discriminación, sus manifestaciones evidentes o subrepticias, así como los modos de luchar contra estas sean contenido fundamental dentro de los programas para la superación de agentes del orden y que igualmente se extienda dicho interés hasta el ámbito de las políticas de cuadros.

Sexto: después de tener mecanismos de evaluación previos al otorgamiento de empleo y acciones de formación del personal, el ciclo debe ser completado con la creación y/o revisión de la totalidad del aparato legal necesario para regular las sanciones a quienes insistan en realizar actos racistas como parte de sus prácticas mientras ejercen autoridad.

Séptimo: tal vez soy inexacto al decir que no me importa el VCP de mi historia, pues -aunque no recuerde su rostro– sí me interesa, pero no para que reciba amonestación u otra sanción, derivada de mi protesta, sino para que tenga -en el reverso exacto de su acto discriminatorio– la oportunidad de aprender acerca del error y, en general, acerca de cualquiera otra forma de discriminación. También aprendería acerca de la enorme responsabilidad política que entraña el ejercicio de la autoridad en cualquier sitio o momento, incluso en este caso tan aparentemente menor como es el cuidar una sencilla puerta de entrada a un edificio.

Ni el más pequeño acto de racismo es pequeño, porque lo que siempre se pone en juego es el carácter despótico o la impunidad de la figura que ejerce poder, así como el alcance y/o plenitud de la condición ciudadana en aquel que padece atropello. De esta manera, más allá del carácter puntual de este o aquél episodio o anécdota, hay que leer el racismo en su propensión a tejer tramas, a sobrevivir, crecer, combinarse, establecer combinación y buscar sostén en otras discriminaciones.

En este escenario de interacciones dialécticas puede existir el error, pero las derivaciones y las consecuencias nunca son simples.

Victor Fowler Calzada

La Habana, 25 de marzo 2015

Foto de portada: Kaloian

“Enjuiciar el movimiento de la negritud como un fracaso desconoce su contexto de surgimiento y consiguiente importancia”

Respuesta de la Dra. Graciela Chailloux Laffita al texto de El racismo contra la pared del Dr. Jesús Guanche.

Confieso que lo mejor de la Mesa Redonda sobre el tema de marras es que ha permitido asomarse a la puerta de nuestra sociedad un tema cuyo tratamiento había tenido espacios muy limitados hasta ahora .

Los textos a continuación evidencian una insuficiencia que es imprescindible abordar: establecer una plataforma conceptual para contribuir desde la academia al debate. La confusión conceptual puede ser muy dañina al propósito declarado. La no existencia de un espacio de divulgación popular se constituye en el secuestro de un tema que interesa a todos.

No soy partidaria de no poner por delante todo lo que la Revolución ha hecho por la igualdad social. Pero un análisis científico tiene que abandonar esa postura de ver el asunto desde sus expresiones inmediatas y no  realizar un abordaje en el que el conocimiento sobre el tema sea el de su proceso de instauración, enfrentamiento, desarrollo y perspectivas.

Enjuiciar el movimiento de la negritud como un fracaso desconoce su contexto de surgimiento y consiguiente importancia. Que Marx no hablara del imperialismo no invalida El Capital. La creación de conocimiento es un proceso. Lo  realmente académico y científico es identificar ese proceso  para desde los logros del pasado construir el conocimiento del presente e identificar los derroteros hacia el futuro.

¿Puede haber una expresión más contundente de desconocimiento (ignorancia sería quizás ofensivo) de la esencia del racismo que decir que el negro puede ser racista contra el negro? Racismo es exclusión, explotación, desvalorización para la negación de derechos de ser humano a un individuo y no eso no es una asunto de la subjetividad, es profundamente objetivo: tu imagen, la cultura de tus ancestros no tienen espacio en la representación de la nación a la que legalmente perteneces, a no ser como ciudadano de segunda.  Cuando el negro niega su espacio al blanco no lo está despojando del poder que le concede el capital simbólico que es el color de su piel. Prosaicamente, ¿qué poder le resta un negro a un blanco cuando no lo deja entrar en sus desvalorizados espacios? Alguien podría decirme cuándo un blanco ha sido despojado de sus derechos a la representación por un negro en plano de autoridad. Alguien me puede decir por qué a los negros solo les gustan los empleos de sirvientes en las instalaciones en las que Cuba ofrece su imagen a los extranjeros (mayoritariamente en condición de turistas).

Mientras no se me pueda demostrar no creo en la posibilidad de un blanco ocultando su racismo en una campaña contra el racismo. No es menos cierto que es un peligro que puede correrse, pues el tema es atractivo y útil para la consecución de propósitos no decorosos. Pero necesario es reconocer que no es lo mismo el dolor de muelas para el estomatólogo que para el paciente. No obstante, como antes dije es un asunto que concierne a todos y por eso dodos tenemos el derecho a reclamar nuestra participación. La vida dirá cuáles serán las participaciones que aporten con más eficacia al empeño planteado.

De antemano pido excusas por si introduje más confusiones en el tratamiento conceptual del asunto (esta es una de mis más grandes preocupaciones por el momento). Prometo un esfuerzo para poner en claro y extenso mi perspectiva sobre el asunto desde las habilidades profesionales que poseo (no soy una “experta” en el tema, no pertenezco a alguna de las comisiones creadas) y experiencias personales. En esta ocasión me he animado a esta participación por la trascendencia que le reconozco al asunto, a pesar de que reconozco el limitado efecto de los intercambios de mensajes electrónicos; pero mientras no tengamos otro canal de comunicación…

Pablo Herrera: “es hora de aprender a coser nuestra propia bandera”

Respuesta del intelectual cubano Pablo Herrera al texto El racismo contra la pared del Dr. Jesús Guanche.

Su texto le cae a palo al matorral pero no levanta ni a una avispa. Yo creo que Guanche como mucha más gente está incapacitado de hablar directamente sobre el problema. Lo que hace es volver a levantar los estandartes Martianos y Cubano-socialistas ya conocidos, dicho en otras palabras. Además la inclusión de todos los otros tópicos sobre esclavismo y trata humana, diluye la cuestión en el caldo de la conciencia intelectual cubana, ese caldo en el que el cucharón bate y bate pero que no puede con el peso de la cabeza de puerco. Es obvio que sus compromisos con las organizaciones que menciona son básicamente su mejor aporte. Imagino que eso constata además acciones reales en el día a día. Pero no se, quizás cruelmente, me suena a que eso de poner el racismo contra la pared es de ‘diente pa fuera.’ Que me disculpe. No intento ser craso sino diáfano. Si no se es negro de piel es muy difícil comprender que sentarse a pensar en uno mismo y en aquellos que son semejantes a uno por color no es racismo, sino una necesidad. Nadie lo va a hacer si no lo hacemos nosotros. La reunión a puertas cerradas se impone.

Este párrafo y otros momentos del texto lo demuestran

“La llamada «conciencia racial» es a la larga tan mortífera y autoexcluyente para el debate y su solución plena, que hasta los líderes del movimiento de la «negritud» como el senegalés Léopold Sédar Senghor (1906 -2001), el martiniqués Aimé Césaire (1913-2008) o el haitiano René Depestre (1926) llegaron a reconocer su tufo racista.”

Si, es necesario usar todos discursos que hagan falta para describir la catástrofe de la división cubana. Debemos seguir la rima de aquellos que dentro y fuera de Cuba van al meollo del tema Afrodescendiente. Pues Guanche, con su texto sobre el racismo, como un maestro de esgrima, viene desarmarnos de ver en Senghor, Cesaire, Fanon, etc, un método con el que lidiar con el problema Afrodescendientes en Cuba; viene a desarmarnos del machete con el manejar “el problema cubano.” No, nosotros somos responsables de escoger nuestras armas, y/o crearlas. No vale repetir un discurso de igualdad nacional cuando la realidad histórica demuestra que después del PIC (1912), después de la revolución, y en la perspectiva de una Cuba sin embargo (Dic. 17, 2014), para nosotros la batalla solo ha comenzado. La historia es muy larga.

Como comenta David Scott en Refashioning Futures (Remodelar el futuro), es imperativo cambiar las herramientas que usamos para analizar y criticar “nuestro” problema, porque no esta en la condición de las herramientas de siempre el poder describir o construir algo diferente y nuevo. Nos toca necesariamente fomentar y respetar “nuestro” discurso.

Creo que es hora de aprender a coser nuestra propia bandera.

El racismo contra la pared

Foto Kaloian

Por Dr. Jesús Guanche Pérez [1]

Cuando en el siglo XIX José Martí afirmó que «no hay odio de razas porque no hay razas», no era una disquisición literaria, sino una profunda convicción existencial. Cuando en el siglo XX Fernando Ortiz arremetió contra cualquier dirección y colores del racismo, tampoco lo hizo por simple pulimento intelectual, sino tras un consciente estudio del problema que se adelantó visionariamente a los resultados posteriores de la antropología física y la genética. Cuando el 25 de marzo de 1959 Fidel Castro, señaló que: «El problema de la discriminación racial es, desgraciadamente, uno de los problemas más complejos y más difíciles de los que la Revolución tiene que abordar», fue un llamado de larga data, que luego retomó cada vez que era posible colocar el tema.

La reciente Mesa Redonda de la TV volvió a retomar el viernes 20 de marzo, en cuarta ocasión, El racismo sobre la mesa. Un tema que tiene múltiples aristas e interpretaciones y que, obviamente, no es posible agotarlo en una hora. Por ello centramos el panel en tres aspectos iniciales: educación, familia y medios de comunicación masiva, a partir de resultados de diagnósticos y de propuestas específicas.

Todo esto obedece a un trabajo sostenido de la Comisión Permanente de la UNEAC José Antonio Aponte y a los aspectos principales del estado de la cuestión que podemos resumir del modo siguiente: la desigualdad social acumulada durante medio milenio de dependencia colonial, neocolonial y luego del triunfo revolucionario; la ignorancia acumulada sobre el tema dentro de la sociedad cubana; la insuficiente aceptación de su existencia como problema social con independencia del fenotipo de las personas; la insuficiencia del debate público a todos los niveles; el interés de diversas personas e instituciones por ocultarlo, evadirlo o soslayarlo; la escasa presencia en la educación a todos los niveles; la poca visibilidad en los medios de comunicación masiva; lo limitado en la actividad científica y académica; la infravaloración en las estadísticas nacionales; la insuficiente presencia en el discurso político, lo cual afecta su consideración y prioridad en el trabajo político-ideológico y, consiguientemente, el espacio que debe ocupar en la agenda de las organizaciones políticas y de masas; la presencia de enfoques inadecuados cuando ha sido abordado a nivel internacional; el uso del racismo y la discriminación racial como instrumento de subversión política contra Cuba; y la necesidad de fortalecer el trabajo cultural, como cuestiones iniciales.

También se han establecido alianzas con el Comité Cubano del Proyecto UNESCO La Ruta del Esclavo: resistencia, libertad y patrimonio, con una experiencia de dos decenios, una parte de cuyos miembros también colaboramos con la Comisión Permanente José Antonio Aponte.

En este sentido hay una articulación orgánica entre ambos, pues precisamente, las Propuestas del Comité Cubano del Proyecto UNESCO La Ruta del Esclavo: resistencia, libertad y patrimonio con vistas al Decenio de las personas afrodescendientes (2015-2024) se encaminan a:

1. Continuar la coordinación de actividades con la Comisión Permanente de la UNEAC José Antonio Aponte (Fundación Fernando Ortiz y UNEAC).

2. Continuar las actividades de la red nacional de eventos relacionadas con el legado africano en la cultura cubana, latinoamericana y caribeña.

3. Continuar el trabajo de la red de escuelas asociadas al Proyecto Romper el Silencio y ampliar la capacitación y superación a los profesores y estudiantes de la enseñanza general y superior.

  • 76 escuelas de Secundaria Básica y Preuniversitario (Ministerio de Educación).
  • Universidades vinculadas con el Comité Cubano (Ministerio de Educación Superior).
  • Centro Nacional de Superación para la Cultura (Ministerio de Cultura).
  • Escuela de Altos Estudios de Hotelería y Turismo (Ministerio de Turismo).

4. Ampliar y diversificar la divulgación de los resultados del Comité Cubano y sus Grupos de Trabajo. (Órganos de Prensa, ICRT, Fundación Fernando Ortiz, Centro Nacional de Superación para la Cultura, ORCALC-UNESCO, y Sitio web internacional Esclavitud, la trata de esclavos y recuerdo).

5. Continuar las relaciones de cooperación entre los museos que atesoran objetos y realizan actividades sobre el legado africano en la cultura cubana, latinoamericana y caribeña (Oficina del Historiador de la Ciudad y Consejo Nacional de Patrimonio Cultural).

6. Continuar el trabajo de atención a las agrupaciones tradicionales músico-danzarias, expresiones orales, artesanales y culinarias, raigales de la cultura cubana, cuyas manifestaciones se relacionan con el legado africano (Consejo Nacional de Casas de Cultura y Comisión Nacional para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial).

7. Continuar el adecuado empleo de las fuentes de archivos en la investigación y divulgación del patrimonio documental e histórico para fortalecer la red nacional de archivos (Archivo Nacional de Cuba).

8. Apoyar y facilitar el plan de investigaciones y publicaciones (libros, revistas y otros soportes) dedicados a los objetivos y contenidos del Comité Cubano (Fundación Fernando Ortiz e Instituto Cubano del Libro).

9. Identificar y señalizar los Sitios de Memoria relacionados con la trata de esclavos, esclavitud, cimarronaje, rebeliones, gestas independentistas y el legado africano en la cultura nacional (Consejo Nacional de Patrimonio Cultural y Proyecto Trazos Libres).

10. Ampliar el perfil de trabajo del Proyecto hacia el legado de otros grupos humanos, como aborígenes, europeos y asiáticos, que también sufrieron el impacto de la esclavitud y sus consecuencias, como parte de la proyección humanista del Proyecto en su lucha contra el racismo, la discriminación racial y otras formas conexas de intolerancia; así como por la inclusión y el diálogo intercultural.

Para ello resulta necesario abrir La Ruta del Esclavo o como recientemente propusimos en el seno del Comité Científico Internacional del Proyecto: Las Rutas de los Esclavizados.

A 20 años del Proyecto UNESCO La Ruta del Esclavo: resistencia, libertad y patrimonio resulta necesario redimensionar el alcance de la visión desarrollada, cuyo centro de atención ha estado encaminado a significar la tragedia de la trata de africanos esclavizados, a las secuelas de este tipo de esclavitud moderna y al inmenso legado cultural abonado por millones de seres humanos a nivel mundial.

Sin embargo, si de Ruta del Esclavo o de los Esclavizados de trata, no puede ni debe limitarse a una de sus partes aunque haya sido, sin dudas, la más numerosa y significativa. Hubo otras formas abiertas o solapadas de esclavitud que también generaron rutas migratorias y culturales en diversos espacios del orbe.

Desde el siglo XVI el sistema de encomiendas y sus manifestaciones históricas en América fue una forma específica de esclavitud de las poblaciones aborígenes por lo que implicó de trabajo forzado, torturas aplicadas, homicidios, suicidios y rebeliones. No olvidemos que los primeros palenques de cimarrones en el Caribe insular lo protagonizaron representantes de los pueblos originarios y luego se incorporaron los africanos, sus descendientes y otras personas avasalladas o perseguidas.

En Cuba, por ejemplo, además del propio genocidio que implicó el sistema de encomiendas y el trabajo forzado, hubo un tráfico muy temprano de aborígenes mayas cuyo asentamiento en el área sureste de La Habana, dio origen al barrio de Campeche. Durante el siglo XIX y de modo paralelo a la presencia de la trata clandestina de africanos esclavizados, durante la denominada Guerra de castas en Yucatán (1847-1901) hubo importación de trabajadores mayas en condiciones infrahumanas que se asentaron al sur de la capital, en lo que hoy es el Municipio Madruga, actual provincia Mayabeque.

De manera paralela a la esclavitud de africanos y descendientes, los denominados engager (empeñado) o trabajador no abonado, como fue el caso de la isla Reunión, donde miles de personas provenientes de la India, África, Madagascar, Las Comores, China, Australia, Europa y, de otras colonias, laboraban bajo un contrato renovable por unos 5 años en condiciones onerosas. En otras colonias del Caribe insular este tipo de servidumbre, como en Guadalupe y Martinica, fue conocida como petit blanc.

El tráfico de culíes procedentes de la India, China y otros países asiáticos, contratados en las colonias británicas, españolas, francesas y holandesas fue otra forma altamente cruel de esclavitud por los métodos de captación (engaño, secuestro) de la fuerza de trabajo y el alto grado de explotación que condujo a la renovación forzosa de los contratos, suicidios masivos y rebeliones constantes.

En Cuba, es otro ejemplo, la presencia de unos 150 mil culíes entre 1848 y 1874 influyó en la crisis general del sistema esclavista, pues las formas de explotación de la fuerza de trabajo ya estaban al máximo nivel posible. Era una razón suficiente para justificar la masiva presencia de culíes chinos y descendientes en las guerras por la independencia anticolonial de 1868-1878 y de 1895-1898. Con plena razón histórica este proceso migratorio también ha sido conocido como la trata amarilla.

En el caso de la emigración hispánica de personas en condiciones muy precarias de vida, varios autores hacen referencia a la esclavitud canaria y gallega en Cuba, lo cual abre el perfil histórico-cultural de La Ruta del Esclavo, cuya resistencia, libertad y patrimonio va mucho más allá de la trata esclavista de africanos, sino que envuelve o debería envolver las diversas manifestaciones de la esclavitud, sin excepción.

Todo lo anterior permite ampliar el perfil de trabajo del Proyecto hacia el legado de otros grupos humanos, como aborígenes, europeos y asiáticos, que también sufrieron el impacto de la esclavitud y sus consecuencias, como parte de la proyección humanista de este Proyecto de la UNESCO en su lucha contra el racismo, la discriminación racial y otras formas conexas de intolerancia; así como por la inclusión y el diálogo intercultural.

Para colocar el racismo contra la pared y extirparlo de un modelo socialista de desarrollo, en tanto incompatible con la condición humana y con la justicia social, no es posible constreñir el tema a un color, ni al perverso criterio de «raza». A estas alturas del estado del conocimiento sobre el tema, racializar el problema del racismo y la discriminación racial es un proceder tan racista como el mito fascista de lo «ario». Es tratar de apagar el fuego con combustible, es tratar de fragmentar la nación en un contexto internacional de alianzas e integración.

La llamada «conciencia racial» es a la larga tan mortífera y autoexcluyente para el debate y su solución plena, que hasta los líderes del movimiento de la «negritud» como el senegalés Léopold Sédar Senghor (1906 -2001), el martiniqués Aimé Césaire (1913-2008) o el haitiano René Depestre (1926) llegaron a reconocer su tufo racista. Por ello también en el contexto nacional Nicolás Guillén (1902-1989) esgrimió el color cubano como una cualidad alcanzada por la nación, como una marca de la cultura muy por encima de la natura. Pues no somos afro, ni euro, ni aborigen, ni chinos, ni todo el manojo de grupos humanos inmigrantes, somos todo lo anterior y mucho más: cubanos, cual síntesis novedosa de siglos de historia.
Quienes hemos tenido la ocasión de escuchar o leer una y otra vez los argumentos del supuesto «antirracismo» racista, sabemos demasiado bien hacia dónde va el camino si se inclina la balanza de un solo lado del problema. A exacerbar la situación y no a tratarlo a partir de lo real, sino de lo imaginado, de lo construido cuidadosamente por la subversión. Es un modo de seguir el juego del norte a un discurso acompañado por la doble moral: la asignación de cuotas, cual acción afirmativa, y el impune asesinato de jóvenes identificados como «negros» o «afroamericanos».

Si bien las estadísticas cubanas más recientes a partir del censo del 2012 consideran que: existen diferencias, pero poco significativas; en algunos casos las personas identificadas como negros muestran mejor situación que los individuos blancos; y en general los ciudadanos registrados como mestizos muestran situaciones menos favorables que los individuos blancos y negros, con diversos ejemplos al respecto; el censo es eso, un medio estadístico, que también sirve para contrastar otras situaciones como las remesas internacionales, la fuerza de trabajo activa, la población dependiente, la cooperación, pero muy especialmente el éxodo de fuerza de trabajo calificada joven como resultado de la correlación ingresos-precios.

Toda acción humana pasa por la autoestima y la estima de los demás, y ahí también se insertan los prejuicios y las acciones de discriminación de todo tipo. En una entrevista que le hizo Carlos Gabetta a «José Mujica, a pocos días de dejar el gobierno»,[2] este señalaba:

… no podemos agarrarnos de la educación como una tabla salvadora, porque en América Latina hemos tenido una fábrica de cerebros que se fueron al carajo…. El problema es económico. Si los formo y después no les doy oportunidad; si les pago la cuarta parte de lo que pagan en el mundo, ¡se me van a ir!

Este es un mensaje de extrema actualidad y que cruza todo el tejido social en un país que no sólo necesita colocar el racismo contra la pared, sino que urge extirparlo del modelo por incompatible con un socialismo próspero y sostenible.

[1] Comisión Permanente José Antonio Aponte de la UNEAC y Comité Cubano del Proyecto UNESCO La Ruta del Esclavo: resistencia, libertad y patrimonio.

[2] Gabetta, Carlos. Mujica, sin filtro, 22 de febrero de 2015.

Guampara Music, nueva productora de música urbana en Cuba (+vídeo)

Música Urbana
La efervescencia de la música urbana en Cuba es un hecho constatable por la cantidad de agrupaciones y proyectos que ahora mismo se desarrollan en Cuba.

En ese contexto fue lanzado recientemente el proyecto Guampara Music, productora musical independiente cuyo líder es el reconocido DJ de Santiago de Cuba Isnay Rodríguez aka El Jigüe.

Guampara Music surge como un proyecto independiente y autogestionado comunitariamente, en el difícil contexto de la realidad cubana y la particularidad de la industria musical cubana. Además hay que reconocer la importancia de la música urbana en la Isla por el auge que tiene y específicamente en Santiago de Cuba, territorio por el cual entró una de sus manifestaciones más reconocidas, el Reggae,  y que sin dudas ha aportado al enriquecimiento de la música cubana, sobre todo con sonoridades caribeñas y estadounidenses.

El consumo musical de los jóvenes es el ámbito en el cual se desarrolla Guampara Music, en especial género como el Hip Hop, Reggae, DanceHall, Experimental y R&B.

En palabras de su principal gestor se trata de “una disquera independiente para promover música urbana desde Santiago de Cuba principalmente”, aunque también se pretende trabajar en todas las provincias orientales.

El Jigüe es además un reconocido videosta y productor musical y es un inquieto generador de proyectos culturales. Además tiene en su vida artística el haber participado en agrupaciones de punta del hip hop cubano, como es el caso de Supercrónica Obsesión.

El equipo de trabajo de la nueva productora lo conforman, además, la fotógrafa Ained Martínez, el rapero Kmerun The Akdmic, el cineasta Julio Cesar Llamos, el gestor y promotor Ariel Reyes,

Sobre los planes inmediatos de Guampara Music nos dice: “estamos comenzando a preparar un primer disco compilatorio con los artistas del catálogo… ahora vamos a ir presentando a cada uno de los grupos”.

El proyecto, también promovido como “El filo sonoro del barrio” trabajará con la obra de artistas como la agrupación Golpe Seko, Kmerun The Akdmic y Niño Fonny, Sangre de Reaggae, todos reconocidos exponentes de la música urbana oriental.

El proyecto se propone usar al máximo las posibilidades que ofrecen las redes sociales, a pesar de la poca conectividad en la Isla. De hecho ya cuentan con un página en Facebook, un canal de Youtube.

¿Están “preparados para explorar el sonido auténtico del barrio, el ruido de las calles hecho canción”?