Acciones afirmativas: “Preparar la sociedad cubana para la verdadera equidad racial”

Foto: Carlos Abad

Foto: Carlos Abad

Entrevista a Msc. Yanelys Abreu*

¿Crees que las acciones afirmativas podrían ser una alternativa para estimular la inclusión de las personas negras y mestizas en Cuba, como la ha sido por el ejemplo en el tema de la mujer?

Creo que sí, las acciones afirmativas tienen como propósito crear un espacio para que “minorías” que pasaron por siglos de exclusión puedan comenzar a tener el lugar que les fue negado en la sociedad por las ideologías dominantes. Por otro lado, ellas colocarían el foco específicamente en la cuestión racial que, como sabemos, durante siglos estuvo diluída dentro de las luchas por la liberación nacional. Otra ventaja de crear acciones afirmativas en Cuba para el tema racial sería el hecho de colocar abiertamente el tema en discusión y reconocer, también abiertamente, que ese problema existe. Esos son pasos indispensables en el combate de cualquier tipo de opresión y el caso de las políticas en pro de la igualdad de género en Cuba demuestran la efectividad de las acciones afirmativas en ese sentido.

Algunas de las personas que están en contra de las acciones afirmativas en bien de la equidad racial alegan que Cuba no está preparada para eso ¿Qué opinión tienes de lo anterior?

Creo que el papel de las acciones afirmativas es justamente el de preparar la sociedad cubana para la verdadera equidad racial. Creo que las acciones afirmativas tienen que ser temporales, como un período de reparación por tantos siglos de desigualdad que no permiten que negrxs y mestizxs puedan “competir” y aprovechar las oportunidades en igualdad de condiciones con las personas “no negras” en una sociedad racista. Las acciones afirmativas presuponen un período de conscientización sobre lo que significa ser negrx o mestizx en una sociedad que excluye a las personas por eso. Esa conscientización se da a través de la representatividad de esas personas en espacios que le fueron “negados” como la televisión y los altos cargos políticos y a través también del fortalecimiento de sus identidades.

Dentro de los posible beneficiarios de las acciones afirmativas, o sea dentro de las personas negras y mestizas hay quienes rechazan esa posibilidad. ¿Por qué crees que esto suceda?

Bueno un primer factor a considerar sería, en mi opinión, el hecho de que reconocerse negrx o mestizx en una sociedad racista es algo bien difícil. Incluso me gusta decir que unx “se torna” negrx o mestizx dentro de una sociedad racista porque resupone un proceso largo y doloroso de aceptación de nuestra identidad, de nuestras raíces a pesar de que ellas sean constantemente desvalorizadas.

Asumirse beneficiario de ese tipo de acción afirmativa ya sería asumirse negrx o mestizx, enfrentar directamente una identidad que estaba escondida detrás de términos como “mulaticx clarx”, “mulatx blanconazx” y otros que intentan esconder la negritud detrás de patrones eurocéntricos,  dejando el reconocimiento social para quien está estéticamente más cerca del ideal blanco.

Por otro lado, existe la creencia de que las acciones afirmativas no son necesarias para la equidad racial, que ellas son una forma de segregación. Como dije antes, ellas son un período de reparación imprescindible para que en algún momento podamos hablar de real y verdadera igualdad racial.

Si estuvieras a favor de las acciones afirmativas en este ámbito ¿Cuáles podrían ser esas acciones a implementar?

Bueno creo que quedó claro que soy a favor de las acciones afirmativas, incluso porque en Brasil, país donde estudio hace dos años, ellas ya fueron implementadas y son responsables por conquistas importantes del movimiento negro. Claro que todavía queda mucho por hacer, pero algo ya se ha avanzado. Antes dije que las acciones afirmativas tenían que caminar hacia la representatividad y el fortalecimiento de las identidades de las personas negras y mestizas. Para ello, tomando en cuenta el ejemplo brasileño, podría establecerse un porcentaje de plazas para esas personas en los altos cargos políticos y de dirección; podría exigirse mayor presencia de ellas en la televisión fuera de los papeles tradicionales de esclavxs y delincuentes; podría ser obligatoria la enseñanza de cultura e historia africanas en las escuelas, pasando por el papel de negrxs e mestizxs en las luchas por la independencia cubana y también en el combate al racismo en Cuba, podría constituirse abiertamente un movimiento negro cubano. Creo que serían esas algunas de mis sugerencias para comenzar a combatir el racismo en Cuba.

Abril 2015

*Licenciada en Letras (UH 2006), Master en Estudios Hispánicos (Universidad de Cádiz, 2010) y Doctoranda en Estudios Linguísticos (UNESP, desde 2012)

Sobre el racismo al revés y otros demonios

"Aaron y sus dos abuelas"

“Aaron y sus dos abuelas”. Foto: Carlos Abad

Una de las deformaciones más usuales que cuando se habla del racismo antinegro es el llamado “racismo al revés”, el que por lo regular aparece en situaciones en las cuales se intenta denunciar el racismo y la discriminación racial, en forma de anécdota y como evidencia de que las personas blancas también son víctimas atendiendo a su color de piel.

Por muy inocuo que parezca un argumento de esta índole, personalmente valoro harto conflictivo hacer mención de las actitudes y prejuicios que podrían portar las personas negras y mestizas cuando de racismo se hablad Por lo general siempre intento llevar a la reflexión a partir de la siguiente pregunta: ¿por qué si las personas negras han crecido en la misma sociedad racista que las personas blancas, esperamos que ellas no sean portadoras de prejuicios, actitudes y creencias racistas?

Esta pregunta es tan solo el avance de mis consideraciones sobre el asunto, las que conciben al racismo como una teoría de poder y donde lo hegemónico no es negro, sino blanco, heterosexual, citadino y masculino. Entonces, como conclusión, por muchos prejuicios que porte una persona negra o mestiza estos no son definitorios en cuestión de equidad racial a nivel macrosocial, pues ellos no poseen el poder siquiera para inclinar la balanza a su favor. La Dra. Graciela Chailloux Laffita lo plantea de esta manera:

¿Puede haber una expresión más contundente de desconocimiento (ignorancia sería quizás ofensivo) de la esencia del racismo que decir que el negro puede ser racista contra el negro? Racismo es exclusión, explotación, desvalorización para la negación de derechos de ser humano a un individuo y no eso no es una asunto de la subjetividad, es profundamente objetivo: tu imagen, la cultura de tus ancestros no tienen espacio en la representación de la nación a la que legalmente perteneces, a no ser como ciudadano de segunda. Cuando el negro niega su espacio al blanco no lo está despojando del poder que le concede el capital simbólico que es el color de su piel. Prosaicamente, ¿qué poder le resta un negro a un blanco cuando no lo deja entrar en sus desvalorizados espacios? Alguien podría decirme cuándo un blanco ha sido despojado de sus derechos a la representación por un negro en plano de autoridad. 

No obstante, considero que a nivel individual si existen muchos contratiempos, sobre todo para la autoestima y conciencia racial de las personas negras cuando ellas portan dichos estereotipos acerca de su propia identidad racial sin embargo, ese es un asunto que trataré en otro post.

Retomando el tema que nos ocupa, lo que sí llama mi atención es cómo racismo se sofistica de manera que aparecen expresiones como “el racismo de los antirracistas”, que hace un tiempo escuchará en boca de una intelectual cubana. La persona que lo utilizaba intentaba encubrir su malestar, a todas luces evidente, ante las denuncias que activistas antirracistas hacían sobre un cartel que aún está en una de las calles de La Habana.

En mi opinión tanto el “racismo al revés” como el “racismo de los antirracistas” son expresiones del mismo asunto, solo que la última más elaborada y por eso su mayor peligro. En todo caso, se trata de posiciones defensivas ante la posibilidad de ser calificado como racista. Sin embargo, me preocupa sobremanera el intento de descrédito tanto de la lucha antirracista como de la participación de las personas negras en la consecución de la equidad racial. Pero más aun, expresiones como esas nos alertan de la falta de visión de de muchos, quienes, definitivamente, no se pueden poner en el lugar del otro pues gozan del privilegio, en muchos casos, que les otorga la blancura.

Por los 100 años de La Señora de los Cuentos

1935 charlas culturales

Haydée Arteaga en 1935 con su proyecto Charlas culturales.

Haydée Arteaga, “La Señora de los Cuentos”, está a punto de sobrepasar su 1200 mes de vida. Por lo tanto, se avisaro júbilo, cake y muchas: ¡gracias a la Vida que nos la ha dado por tanto tiempo!

Para celebrarlo el grupo Espacio Abierto y la Casa de la Obrapía de la Oficina del Historiador de la Habana convidan al público en general y en especial a quienes conformaron las agrupaciones  por ella fundadas a lo largo de su extensa y productiva vida: “Charlas Culturales Infantiles”, “ECESA” (Estímulo cultural entre selectos amigos) y “Haydée y los niños”.

Haydée Arteaga es reconocida como la fundadora de la escuela cubana de narración oral y en sus proyectos acogió a niños, niñas y adolescentes de varias edades y procedencias sociales; algunos de los cuales ocuparían ya en la adultez un lugar distinguido en la cultura nacional, tal es el caso de la cineasta Sara Gómez.

La cita será el miércoles 29 de abril a las 3:00 pm en la Casa de la Obrapía. La Habana Vieja.

No pierda la oportunidad de celebrar la vida de esta cubana quien aún continúa haciendo sus aportes con el espacio de promoción cultural que desarrolla mensualmente. Si, con 100 años en sus costillas.

 

Me dicen Cuba: Diez diferencias entre un amigo normal y uno cubano

Un amigo normal te pregunta cuándo puede ir a visitarte.
Un amigo cubano se lanza a atravesar la ciudad para llegar a tu casa —con el riesgo de que no estés— y al llegar te dice : “Pasaba por aquí”. Si no estás en casa, tu amigo será recibido con los brazos abiertos por algún miembro de tu familia, quien se alegrará de verle, lo invitará a comer y le preguntará por todos los detalles de su vida.

Tu amigo normal te llama luego de un par de días para saber si ya te has repuesto de una enfermedad.
Tu amigo cubano te hace la sopa y te da la pastilla. Se queda contigo, duerme a tu lado, te compra tu comida preferida y te mima a más no poder. Según la gravedad, te acompañara al médico y hasta le preguntará en privado qué es lo que tienes. Te limpiará la casa, cocinará, atenderá a tus hijas y le dará instrucciones a tu marido.

Un amigo normal es prudente y no pregunta más de lo que le has dicho.
Un amigo cubano siempre -pero siempre- quiere saber más y por ello lo pregunta todo: cómo, cuándo, con quién, a qué hora, por qué, para qué. La curiosidad de tu amigo cubano es, sencillamente, insaciable.

Cuando es tu cumpleaños, un amigo normal te ayuda con los preparativos.
Un amigo cubano organiza tu fiesta de cumpleaños por ti. Hace la lista de invitados, decide qué se va a comer, escoge el lugar, la música y todo lo demás. Tú sólo tienes que sonreír para la foto.

A un amigo normal se le hace un regalo cuando cumple años.
Un amigo cubano no cree en la importancia de dar o recibir un regalo. El regalo perfecto eres tú, así que no importa que llegues con las manos vacías. Llegaste y eso es lo único que cuenta.

Cuando un amigo normal te invita a cenar, siempre existe la posibilidad de que cada uno pague por lo que comió.
Si un amigo cubano te invita a cenar ¡pues él asume todos los gastos, que para eso te invitó!

Un amigo normal hace lo posible por no rechazarte una invitación ni llegar tarde y, si no puede llegar, te llama para avisarte.
Ante una invitación, tu amigo cubano te responde “Está bien, veremos”, lo que quiere decir que podrá llegar dos horas tarde al encuentro. O nunca. Sin embargo, no va a haber reproche alguno de tu parte. Un “Papo, me dejaste embarca” será todo.

Los hijos de tu amiga normal son sus descendientes, a quienes quieres y aprecias.
Los hijos de tu amiga cubana son tus sobris. Los has visto nacer y eso los convierte en parte de tu familia.

Cuando estás discutiendo sobre algún tema con tu amigo normal, él te deja terminar de exponer tu punto de vista.
Tu amigo cubano, jamás. Siempre trata de interrumpirte y no para hasta convencerte de que él sabe mucho más que tú.

Un amigo normal esperará pacientemente y con la boca cerrada a que venga el bus.
Tu amigo cubano aprovechará para contarte los últimos acontecimientos de la política internacional o de la vida familiar: “Viste como los yumas se botaron de salaos, cuando viene a ver los tienes aquí mismito esperando esta misma guagua…”.

Publicado en Matador.

Foto de portada: Kaloian

Cuba: Por qué regresar al nido

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Foto: Pablo Eppelin

Indudablemente, la entrada en vigor de la nueva ley de migración cubana ha abierto las puertas al regreso a la isla de un número considerable, aunque desconocido, de ciudadanos cubanos. Personalmente he conocido de personas que ya lo han llevado a cabo y otros que se lo siguen pensando, pero solo el hecho de tenerlo como una de las posibilidades convierte el retorno en un tema de actualidad en Cuba.

Sabemos que la ciudadanía cubana no se pierde por el hecho de emigrar. Sin embargo, la residencia en el país sí y con ella una buena parte de los derechos y ventajas que hasta el momento de la salida se poseían, algunas tan prácticas como pagar ciertos servicios en pesos cubanos (CUP) o en pesos convertibles (CUC).

Hasta enero del 2013, momento en que se hace efectiva la nueva normativa, la repatriación era un proceso con demasiadas incertidumbres y tropiezos y del cual muy pocas personas podían dar constancia. El permiso de repatriación, o autorización para regresar de manera permanente a la isla y que databa de 1987, se otorgaba con anterioridad por razones humanitarias a personas víctimas de secuestros o mayores de 60 años, obligados a demostrar solvencia económica.

La primera vez que me enfrenté personalmente con el retorno voluntario fue en The Migrar, documental dirigido por la cineasta Mayvis Valls y exhibido en la 8ª Muestra de Jóvenes Realizadores, donde se cuenta la historia de cuatro ciudadanos cubanos que tomaron el riesgo de quedarse en la isla durante un viaje de visita sin haber iniciado el tortuoso proceso que la ley de migración vigente en ese momento concebía.

Entonces son muchas las preguntas que se derivan de la actual posibilidad que ha abierto claramente la nueva normativa, cuando ordena el re-otorgamiento de la residencia a ciudadanos que la perdieron con la emigración: ¿Quiénes son esas personas? ¿En qué condiciones se regresan? ¿Por qué lo hacen?

Alina y Raydel tienen en común el retorno a la isla luego de muchos años viviendo en el extranjero. Ella aún no ha tomado la decisión definitiva, pero cuando viaje a la isla en septiembre próximo comenzará a hacer los trámites. Por su parte Raydel ya tiene su carnet de identidad y entra y sale de la isla como cualquier otro cubano. Acá están sus historias.

Alina, actriz
En diciembre de 1988 salió de Cuba casada con un ciudadano argentino, con la intención de residir en el país de su esposo. Unos  meses después la pareja decidió irse a España ante la difícil crisis económica que vivió Argentina. Desde entonces vive allí. Al principio fue muy difícil pues no tenía papeles, hasta que en 1992 logró regularizar su situación y comenzó a trabajar y a estudiar arte dramático. Actualmente es profesora de teatro.

Alina lleva un tiempo pensando en la posibilidad de regresar a Cuba, con mayor intensidad luego de la salida de la nueva ley de migración, la que sin duda devuelve a los emigrados cubanos la posibilidad de reencontrarse de manera menos traumática con sus orígenes. No es la primera vez que se lo plantea. Cuando se terminó su relación en el año 90 deseó hacerlo, pero las circunstancias la detuvieron. Aún no sabe si hacer el viaje de retorno de manera inmediata o si esperar a un poco más adelante, porque hacerlo también supone pérdidas:

Aún no sé si quiero regresar a Cuba ahora. En el año 90 cuando yo me separo quise volver, porque la razón que me trajo aquí era el amor y, cuando esto se acaba, yo enseguida quiero regresar con mi gente, con mi hogar, con mi familia. Pero justo cae el Muro de Berlin y mi familia empieza a vérselas crudas.

“Así que mi madre me dice: ‘Mira, quédate por el lado de allá porque tú eres la única entrada de dinero en esta casa’. Y yo me quedé. Además que cuando yo me caso no existía el permiso de residencia en el exterior, con lo cual yo había pasado directamente al estatus de emigrada definitiva. Y así pasaron los años. Yo volví por primera vez en el 99. He vuelto varias veces, pero no con la intención de regresar, entre otras cosas porque no podía por el estatus de emigrada definitiva. En cuanto se puede, ya yo me lo empiezo a plantear. Y voy este verano a Cuba a intentarlo, inicio los papeles, tardan en dártelos y yo tengo que mantener a mi hija y los trabajos están muy mal valorados, tanto si trabajas para el estado como si trabajas para un ente independiente. Se trata de llegar y ponerme a currar. La educación y la sanidad no son lo eran, lo que yo recuerdo, están lamentablemente deterioradas, así que no sé. Yo no desisto de la idea de regresar, pero son momentos muy convulsos. Está habiendo ahora una brecha social demasiado grande. Hay diferencias sociales muy grandes y esa no es la Cuba con la que yo conviví, ni la que yo deseo. Entonces, no sé”.

Raydel, estudiante de Derecho
Luego de 15 años fuera de Cuba en la categoría de emigrado, con la entrada en vigor de la nueva ley de migración en enero del 2013, Raydel vio la oportunidad para regresarse formalmente a la isla:

Decido repatriarme por un asunto de conveniencia, sobre todas las cosas, y porque no iba a ser una repatriación en el estricto sentido de la palabra. No se trataba de regresar a Cuba y quedarme en ella sin volver a salir al exterior.

“Más bien tuve la intención de recuperar la residencia en mi país mediante la repatriación, pues creo que nunca debí haberla perdido, obteniendo con ello cierto sentido de seguridad, de que tendría en Cuba un nido, un techo bajo el cual cobijarme si las cosas en algún momento me iban muy mal en EEUU. Tenía, además, el objetivo de volver a estudiar en la Universidad de La Habana para terminar una carrera mediante la enseñanza a distancia que dejé inconclusa al salir de Cuba. Esa meta está casi por cumplirse y, si todo sale bien, seré licenciado en Derecho en este verano”.

El joven había salido de Cuba destino a Bulgaria en el año 1999 y en la escala en Alemania solicitó asilo político. Allí pasó 5 meses y luego llegó a los Estados Unidos. Desde entonces ha vivido en la ciudad de Miami y allí tiene su residencia. Cuando va a Cuba suele alojarse en casa de sus familiares. Sobre cómo fueron los trámites para hacer efectiva su repatriación nos relata:

El proceso fue muy fácil. Yo esperé la entrada en vigor de la nueva ley de migración que permitía que este trámite se hiciera tanto en Cuba, durante una visita, como ante un consulado. Envié la solicitud al consulado en Washington, que a su vez remitió la solicitud a las autoridades migratorias de mi provincia y allá se pusieron en contacto con mis padres. Y en unos cuatro o cinco meses cerraron el caso positivamente.

“Llamaron a mi madre, el 5 de marzo de 2013, de la oficina de Inmigración y Extranjería de Santa Clara y le dijeron que mi repatriación había sido aprobada en La Habana y que el consulado sería notificado para que tramitara la documentación. En realidad fui yo quien envió un correo electrónico al consulado y les dije que ya mi madre había sido informada de la autorización de mi repatriación y ellos lo confirmaron rápidamente. Les envié el pasaporte con el arancel correspondiente y en una semana tenía de vuelta el pasaporte con la habilitación cancelada y una visa de ingreso a Cuba por concepto de repatriación. Al llegar al aeropuerto de La Habana todo fue muy normal. Me dijeron que debía presentarme lo antes posible en la Dirección de Inmigración y Extranjería  (DIE) de Santa Clara. Allá solamente le hicieron una copia al permiso de repatriación y me dieron dos planillas, una para ir a confeccionarme el carné de identidad y otra para darme alta en la Oficoda. En un momento me dieron el carné de identidad y acto seguido me fui para La Habana, saqué pasaje para regresar a USA sin el menor inconveniente o cuestionamiento. Después regresé para tramitar el reingreso a la Universidad de La Habana y terminar la carrera de Derecho, que es lo que he estado haciendo desde el 2013 a la fecha”.

Publicado en El Toque

Foto de portada: Pablo Eppelin

¿Avanzamos o retrocedemos en la lucha contra el racismo hoy en Cuba?

Foto Kaloian

Foto Kaloian

Por Tomás Fernández Robaina

“¿Cuál es el estado actual de la población negra en Cuba?”  Es una de las peguntas más frecuentes que nos hacen periodistas, estudiantes, profesores e investigadores,  extranjeros y cubanos, a los que además de académicos, formamos parte del número cada vez más crecientes de los activistas comunitarios que batallamos en contra de todas las discriminaciones heredadas de los códigos sexuales, machistas, homofóbicos, religiosos, educacionales, culturales, lingüísticos, impuestos por  los colonialismos europeos, que robaron las riquezas y los vastos territorios e islas de los verdaderos pobladores de nuestro continente.

No puede pasarse por alto que durante los años noventa del período especial, la problemática racial alcanzó una visibilidad relevante, debido a que durante décadas, no pocos de nosotros, afirmamos y creímos en el discurso oficial de que la discriminación racial había sido eliminada de nuestro país. Lo anterior fue posible porque comenzaron a verse a afrodescendientes trabajando en sitios donde nunca habían podido laborar de manera significativa como en los bancos, en la gastronomía, por citar solo dos áreas. Además, fueron eliminadas las prohibiciones que impedían a los negros y a las negras deambular por las mismas áreas que los blancos y las blancas. Por lo tanto, la discriminación racial no fue objeto de atención por parte de la academia y mucho menos de nuestra prensa. Cuando de vez en vez alguien hacía referencia a su existencia, ese alguien era tildado de ser un instrumento del enemigo para crear la división entre las filas revolucionarias y no se analizaba qué elementos objetivos podía haber en dicha denuncia, la cual se desestimaba con la completa convicción de que era un ardid de los enemigos de la revolución por destruirla.

Recuérdense títulos como Procesos del etnos cubano (1983), de Jesús Guanche y El problema negro en Cuba y su solución definitiva (1986), de Pedro Serviat. Ambas obras, mostraban una visión muy ficcionada de nuestra realidad, ya que daban a conocer la no existencia de la discriminación racial y la disminución de las creencias religiosas de matrices africanas, como evidencias de que nuestros hombres y mujeres se identificaban mayoritariamente con la ideología, práctica social y política, enseñadas por el poder revolucionario, sin analizarse de manera dialéctica el fenómeno que ya comenzaba a visualizarse.

Obviamente, el acercamiento analítico a nuestra sociedad actual evidencia, de manera irrefutable, que aún nos falta mucho para combatir de manera efectiva y eficiente el racismo y sus históricas  proyecciones discriminatorias y prejuiciosas en contra de la población de origen africano, desde la colonia hasta hoy.

Lo anteriormente dicho puede corroborarse con ejemplos de un ayer cercano, cuando durante el primer taller analítico de la problemática racial en nuestra Isla, convocado por la Fundación Fernando Ortiz en 1998, uno de los participantes relató su experiencia personal al trabajar en una empresa que proveía a las corporaciones y empresas extranjeras los expedientes del personal profesional apto para trabajar en ellas. El detectó que ninguna persona de pigmentación negra o mulata, había sido contratada, a pesar de ser profesionales de muy alto nivel.

Pero no solo ese hecho debe ponernos en un estado de alerta para apreciar cuan profundo, consciente o no, está enraizado el racismo en la mente de muchos de nosotros. La  respuesta ofrecida a quien había hecho tan objetiva observación, nos muestra algo muy terrible: “El que contrata tiene el derecho de elegir con quien trabajar”. Afirmación posiblemente válida para una sociedad que no busca una mayor equidad para todos sus ciudadanos, pero intolerable para los que trabajamos por una en la cual todos y todas tengamos la posibilidad de acceder a puestos laborales acorde con el conocimiento profesional que hayamos alcanzado.

Según se nos dijo en la clausura de dicho taller, esa, entre otras demandas, serían presentadas a las diferentes instituciones generadoras de las críticas debatidas. La finalidad, en su sentido más amplio, era llamar la atención del poder revolucionario, de cada una de las instancias involucradas, para que se buscara soluciones a las problemáticas  denunciadas y debatidas puesto que, a pesar de existir una voluntad política de no permitir tales fenómenos sociales discriminatorios, las acciones discriminatorias, visibles o no, crecen por día.

Si lo anterior se debatió en 1998, tengamos en cuenta lo acontecido en este mes de marzo del 2015, al reconocido poeta y ensayista Víctor Fowler.

Al entrar a la Lonja de Comercio fue interceptado por uno de los guardias de seguridad, quien le preguntó hacia donde se dirigía y no interceptó ni formuló la misma interrogante a las otras dos personas que coincidieron con él en ese momento. Ellas eran personas blancas y Víctor es negro. Y por supuesto, si después de casi 17 años de aquel histórico taller, continuamos denunciando y demandando acciones más efectivas en contra del racismo, ¿qué  ocurrió con las recomendaciones y medidas que se dijo se tomarían en aquella ocasión?

¿Significa lo anterior que no se le prestó la atención requerida? ¿Qué no fuimos capaces de exigir respuestas y medidas más dinámicas por parte de las instituciones oficiales involucradas, debatidas en las denuncias que afloraron en el taller?

Independientemente de las respuestas que se den  -individual, colectiva u oficialmente- a las anteriores interrogantes, puede decirse que la naciente y pequeña sociedad civil de aquella época, dio muestras de su existencia, mediante las voces críticas que se oyeron en el taller. Desde entonces, el coro de esas voces se ha incrementado y podría ser aún mayor, en cantidad y en calidad, si fueran eliminadas las limitaciones que todavía sobreviven y que estiman el abordaje de la problemática racial como algo dañino para la unidad política y cultural del país. No son pocos los que aún creen que hablar del problema es crearlo, sin tener en cuenta que el no enfrentamiento a tal desafío hace que dicha problemática se enraice más y por lo tanto, su malévolo quehacer se expanda de manera más rápida y silenciosa.

Por lo expresado anteriormente creo que no podemos demorar más la realización de un debate en el cual intervengan académicos e intelectuales, independientes o integrantes de organizaciones como la Cofradía de la Negritud, la Comisión de Aponte, el Movimiento de Integración Racial, La Red Barrial de Afrocubanas, El Comité de Integración Racial Ciudadana,  y la Unión Jurista Racial, entre otras.

La relación simple de esas agrupaciones patentiza la existencia cada vez con más peso, de la urgencia de luchar contra el racismo, los prejuicios, las discriminaciones, pero a la vez manifiesta la lamentable fragmentación, que debe superarse, mediante la fusión de algunas de esas organizaciones, con el objetivo de intentar aunar todos esos empeños en uno solo, respetándose las posiciones y políticas particulares de cada uno de esos grupos, así como la postura individual de cada académico y de cada activista social comunitario.

La mesa redonda del pasado 20 de marzo dejó bien clara algunos de los hechos denunciados por todos los que estamos en esta batalla.

La reacción a los criterios vertidos por los que participaron esa noche, han motivado artículos, comentarios de pasillos o expuestos en las redes sociales, desde muy diversos ángulos. Veo con pesar, que un tema tan serio, fundamental, en el proceso de cambio en el cual nuestra sociedad se encuentra sumida, en ocasiones las opiniones que se vierten al final de textos muy bien pensados objetivamente,  son muy superficiales, de un pésimo humor, que contribuyen consciente o no, a restar importancia a los  contenidos.

Por supuesto, independientemente de lo señalado, considero que avanzamos, tal vez no tan rápidamente como desearíamos: ya el aldabonazo se ha dado, la puerta se abrió.

Las acciones generadas por ARAAC, por la Cofradía de la Negritud, por la Unión Legal de Juristas, la Red Barrial de Afrocubanas, por el CIRC,  entre otras, son expresiones fehacientes de que hay un movimiento antirracista, anti-discriminación,  encabezado por líderes y lideresas, activistas comunitarios o académicos, que desde sus ámbitos sociales o docentes, se expresan en sitios como la Biblioteca Nacional de Cuba, la Biblioteca Provincial de la Habana, la Biblioteca Municipal Máximo Gómez, la Casa de África, la UNEAC, Casa de las Américas, Casa del ALBA y en las multiples casas comunitarias de la capital de todos los cubanos.

Por supuesto, en provincias como Matanzas, Cienfuegos, Camagüey, Santiago de Cuba durante la celebración de eventos locales sobre nuestra cultura e historia que se efectúan a lo largo de todo el año, se oyen voces que hacen que el coro reivindicativo sea cada vez mayor, un verdadero coro nacional.

Por lo expresado hasta aquí, no debe haber duda que hacemos lo que pensamos debemos hacer, no siempre con el apoyo de los medios masivos de comunicación u otros que deberíamos tener. Sin pasar por alto que la verdadera lucha no será más amplia, profunda, duradera, hasta que logremos sus objetivos; los cuales no se alcanzaran ni hoy ni mañana, sino después de un largo proceso durante el cual se formen las generaciones actuales y las futuras mediante el estudio de los  programas de la enseñanza primaria, la media y la superior; donde conozcamos y aprendamos la historia olvidada -negada por la historiografía burguesa y también por buena parte de la historiografía revolucionaria-, de la importancia de las primeras generaciones de africanos y sus descendientes, hacedores y sostenedores de nuestra historia y de nuestra cultura, elementos negados con mayor o menor fuerza en algunos de nuestro largo proceso de forjarnos como nación.

Evitemos por todos los medios, que algo similar pueda ocurrir en estos tiempos; ampliemos nuestro debate y nuestros conocimientos para que todos los ciudadanos disfruten realmente de los derechos plasmados en nuestra Carta Magna. Solo cuando ese ciudadano se percate y pueda materializar y reconocer que sus derechos no son violados en la práctica, estaremos pues entonces en la sociedad por la cual actualmente luchamos.

Tomado de Afromodernidades.

Edición: Negracubana