Yesenia Selier: diálogo espiritual de la academia a las artes (+vídeo)

A Yesenia Selier la conocí allá por los noventa y tantos tempraneros, cuando cruzábamos pasillos en la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana.

Luego, supe que estaba trabajando en el Marinello, como investigadora cultural. Más adelante pude valorar su alcance profesional su tesis de grado se convirtió en una de las investigaciones más utilizadas como referencia a la hora de analizar “la historia de la gente sin historia”.

Mientras tanto se hizo muy conocida en espacios como el movimiento cubano de rap donde permaneció aportando al pensamiento emancipador. Y por inscribirse también en la exigua lista de cubanas madre de trillizos.

Desde el 2004, vive en Nueva York, Estados Unidos, y enfrentarse a una nueva vida no ha sido fácil, ni personal ni profesionalmente. Emigrar tiene, sin dudas, muchos costos.

Sin embargo, Selier es una académica muy reconocida desde Cuba y sus textos siguen apareciendo en antologías y compilaciones que sobre género y raza se publican en la Isla y en otros países.

La también, bailarina y actriz y Womens Orishas, que se concentra en diosas del panteón yoruba, a las que pone a dialogar con mujeres contemporáneas.

Sobre esta mujer cubana, que se desenvuelve en tres escenarios profesionales, versa esta entrevista.

Primero te pediría que te presentaras: ¿quién es Yesenia Selier para Yesenia Selier?

Para Yesenia, Yesenia es una Guerrera Espiritual, una criatura siempre contemplando la frontera de lo que no se ha hecho todavía.

Una persona profundamente comprometida con el cambio, dispuesta a tener conversaciones incómodas. He intentado una par de veces de responder a las demandas del contexto pero al fin he comprendido que el único costo que no estoy dispuesta pagar es el de sacrificar mi autenticidad. Desde ella siempre me mantengo ocupada e inspirada y expandiéndome intelectual y espiritualmente.

¿Cuáles son los proyectos que consumen tu tiempo en la actualidad?

Consumir es un verbo definitivo en mi vida, mi mayor enemigo es el agotamiento físico y mental, pues ajustar los ejes de mi trabajo físico —como maestra y bailarina folclórica—, al intelectual y como madre de trillizos, es simplemente sobrehumano.

Yo creo que intelectualmente estoy lidiando con la enorme crisis metodológica de contar la historia social del negro cubano a través de los documentos tradicionales. La historia es una disciplina que depende de documentos y estos son mayormente producidos por las élites.

De ahí que mire en los últimos años más a otras formas de recuperar nuestro pasado a través de nuestras tradiciones. También me ha quedado claro la necesidad de comunicar mas allá del espacio puramente académico.

En los últimos cuatro años se ha consolidado mi vocación como activista cultural, materializando proyectos como Tambo! E Ibiono Project en torno la cuestión social y cultural cubana. En el presente, Global Ryhthms Cuba está centrado en la educación sobre la cultura cubana. Es un proyecto que entiende lo cubano como un vórtice cultural en el Atlántico, mas allá del territorio geográfico ilustra influencias de lo nuestro en la cultura popular americana y latina.

Pero todo cuanto hago y produzco está sometido al gran proyecto de mi vida que son mis hijos Taiwo Salvador, Malcolm Kehinde y Leandro Idowu Selier. Ellos, por suerte, son unos chicos inmensamente talentosos y acaban de hacer su primera exhibición de arte, mostrando su joven obra en pintura, vídeo, web-comics, video-juegos hace dos semanas, así que ¡el experimento no ha salido tan mal!

Háblanos acerca de Woman Orishas, ¿de que va? ¿Cuáles son sus aportes, como obra de arte?

Woman Orishas es una rara avis, una danza-teatro-concierto que homenajea a la condición femenina desde la perspectiva de un sujeto afro-diaspórico.

Los tres monólogos que conforman la obra toman lo religioso como un vehículo para la reflexión existencial de la construcción del sujeto femenino (Oshun), la mitologías de la maternidad (Yemaya) y nuestra condición trascendente, y/o nuestra posibilidad real de ser autoras de propia historia( Oya).

Yo aproveché la invitación del Museo Cubano de Miami, para hacer hacer hablar a las orishas que había bailado tantas veces.

Un orisha es una forma de historia colectiva, Oshun, Yemaya, Oya, no fueron una sino muchas mujeres que hicieron aportaciones trascendentes a sus comunidades en el momento que les tocó vivir. Las historias de un orisha son relevantes en tanto se actualizan siempre desde el presente, para guiar, inspirar y sobre todo para sanar y complementar individual y grupalmente.

Esta obra intenta cerrar una brecha enorme de la ausencia en los escenarios, del cuerpo y de la historias de los afrocubanos y de los afrolatinos en general.

Como artista, tienes una obra consolidada que contribuye a mantener viva la cultura afrocubana. Pero sabemos que por ejemplo la Regla de Osha, está lleno de estereotipos —bellos y atractivos— pero estereotipos al fin. ¿Qué haces con esas imágenes estereotipadas que entran en conflicto con quizás tu arista de activista o de académica?

Creo que hay tantas visiones de la prácticas religiosas como practicantes.

Una de las grandes dichas de mi vida es haber sido iniciada religiosamente por Victor Betancourt que es uno de los intelectuales fundamental del Culto de Ifa. Editando su trabajo capté un mensaje muy importante que subyace en mi obra, de repensar la práctica más allá de las transformaciones que la esclavitud y la sociedad colonial le impusieron.

Oya, Yemaya y Oshun las muchas historias individuales que ellas sintetizan, representan mujeres con una agencia política y económica, que Occidente negó a las mujeres hasta el siglo XX. Creo que el contexto económico y político y la gradación de competencia socio-económico en función del género, fue algo que marcó profundamente a las comunidades negras y produjo formas de exclusión que no existían en África. ¡El Epke del cual emana el Abakua en el Calabar establece allá también agrupaciones femeninas! En Nigeria las mujeres tocan tambores bata. He observado que muchas funciones mágico-religiosas en que la mujer está excluida, están centradas en feminizar al hombre, a hacer que mágicamente adquiera un poder que solo una mujer tiene. Las contradicciones que veo en el plano religioso me estimulan a leer entre lineas, pues en ellas se sedimentan fragmentos de la historia social de los afro-cubanos, no documentadas todavía.

El mundo actual está marcado por la migración, lo que supone también costos a nivel personal y profesional que se asumen cuando se emigra. Según me consta, eres de las pocas profesionales negras que se ha insertado en la academia norteamericana y que sigue siendo referencia en Cuba. Mi pregunta es entonces: ¿Ha sido fácil, difícil? ¿Qué has dejado por el camino? ¿Cuáles han sido las experiencias más transcendentales en este sentido?

Lo más duro fueron los dos años y medio durante los cuales no vi a mis hijos, apenas dormía y empece a tener problemas recurrentes con mi sistema inmunológico. Fue duro vivir sin mis amigos insustituibles en la isla y aprender más que un nuevo idioma, una gramática social distinta. Como la mayoría de los afrocubanos llegue sin contactos, sin padrinos, mi familia no tenia ningún amigo que ayudara. Pero creo que esas experiencias nos ayudan a entender quienes somos y a que no podemos renunciar.

Como decía, eres referencia en Cuba para el tratamiento de la temática racial, transcendencia que iniciaste con tu tesis de grado sobre la “gente sin historia”. De allá a acá, ¿cómo ha evolucionado tu pensamiento antirracista?

Los primeros años que pase en este país mi mente estuvo en un largo re-set, pues la experiencia cultural es completamente distinta. El cambio fundamental es que percibo mi condición afrocubana en un continuo con otras experiencias de la diáspora africana. Comprendo que nuestros desafíos económicos y políticos, así como también nuestra lucha por la visibilidad son una constante de la experiencia afro-latina.

Como siempre, al final de una entrevista: ¿cuáles son tus próximos proyectos, ya sean en el ámbito académico como artístico?

Recientemente se ha materializado uno de mis sueños: hacer mi doctorado en los Estados Unidos. Tomó más tiempo de los que pensaba pero he recibido una generosa beca del programa de Media, Cultura y Comunicación en la Universidad de Nueva York.

Planeo desarrollar más mi trabajo sobre el lugar del performance afrocubano en la genealogía del performance latino y negro. Es un trabajo desde el cual espero redimir la valía de nuestra contribución a la cultura internacional y restaurar una parte de nuestra historia cultural en la medida de lo posible.

Además, este año he logrado abrir espacios para lo afrocubano en instituciones culturales de la diáspora cubana como el Museo Cubano de Miami y el Centro Cultural Cubano de Nueva York. Siento que es un logro importante para nuestra comunidad, por encima de todo, y le da sentido a mi voluntad de seguir haciendo puentes desde la educación y el arte.

Publicado en OnCuba Magazine

Negro, negro criollo, afrocubano, afrodescendiente

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Por Tato Quiñones

El negro fue una invención del colonizador

Franz Fanon

En su Diccionario geográfico-histórico de las Indias occidentales o América –cinco volúmenes publicados entre 1786 y 1789- el militar e ilustrado historiador español Antonio de Alcedo (1736-1812), nos legó una precisa descripción de “los negros de América”, tal cual los percibía la “civilización” occidental al mediar el siglo XVIII. Transcribo a continuación unos fragmentos de la entrada (en los que he respetado la ortografía original) para mejor ubicación del lector en el asunto de que trata esta croniquilla:

NEGROS, Nación de gentes ó por mejor decir Naciones diferentes de varios Reynos y Provincias del África, que aunque no son aborígenes de América, les damos lugar porque forman la principal parte de los habitantes de estas Regiones, que hoy si no exceden, á lo menos igualan á sus naturales, porque estos son los que trabajan las minas, los que cultivan la tierra, y los que se emplean en todos los oficios serviles en la América, en los dominios de España, Portugal, Francia, Inglaterra, Holanda &c., que los compran en las Costas de África, y los llevan por esclavos, donde son tratados con el mayor rigor é inhumanidad, como si no fueran de la especie racional (…) …como si esta parte del género humano debiera carecer de los privilegios de la humanidad por la diferencia del color que les da el nombre, y en unos es mas atezado que en otros según las Provincias de que son, y llaman castas, como Congos, Mandingas, Chalaes, Ararares, y otras muchas (…) …generalmente son bien hechos, membrudos, fuertes, y de mucha resistencia para el trabajo: tienen la nariz chata, los labios abultados, el pelo muy encrespado y la dentadura blanca (…) …el carácter general de los Negros es de malísimas costumbres, porque son embusteros, supersticiosos, dados á hechizerías, vengativos, crueles y ladrones, y sin el castigo y rigor con que son tratados seria imposible avenirse con ellos.(1)

El africano y la africana (y sus descendientes), pues, tras ser forzosamente trasplantados a América, se convertían en “negros” y “negras”; en unas “no personas”; ni más ni menos que en simples bestias de trabajo. Sirva de botón de muestra de lo antes dicho los siguientes anuncios aparecidos, el primero, en El Papel Periódico de La Habana el domingo 18 de enero de 1875:

Noticias particulares de La Habana.

Ventas:

Un mulato como de treinta años, buen cocinero y con todas tachas2 menos ladrón; también se cambia por negro, mula, caballo o volanta. En el almacén de D. Juan Rancón darán razón.

El segundo, en El Faro Industrial, a propósito de los daños y víctimas provocados por el huracán que azotó La Habana los días 9, 10 y 11 de octubre de 1846:

Desgracias Personales:

Cayó la casa de  Habana esquina a Emperrado habiendo matado a cuatro personas y herido a otras dos.

El derrumbe de un barracón mató a cuatro negros en la calle del Consulado.

En la calle de Cienfuegos resultó herida una señora.

En Monte 166 una pared mató una negra

A la desnacionalización del africano y la africana esclavizados, seguía su desnaturalización y, por último, su deshumanización.

Los “negros” y las “negras” –esclavos o libres– nacidos en la Isla no corrieron mejor suerte. Siguieron siendo solo eso: “negros” o “negras” durante más de tres siglos.

“En aquella sociedad integrada por dos etnias” –razonó Manuel Moreno Fraginals—“(blanca/negra) y sus múltiples mezclas y dos clases (amo-esclavo), donde el color de la piel coincidía con status social (…) el trauma esclavista lo permeaba todo: el colegio, el hogar, la oficina, los cuarteles, la universidad, la calle… La cultura, los conceptos jerárquicos, el sentido nacional, estaban llenos de racismo”. (3)

Todavía en 1879, un año después de concluida la Guerra Grande (1868-1878), en la que se batieron con igual denuedo por la independencia y la libertad hombres y mujeres de todos los colores nacidos en Cuba –y no pocos africanos y hasta peninsulares— la ilustre Sociedad Antropológica de Cuba dará la siguiente definición de Cubano: “hombre blanco nacido en Cuba”. El sentimiento de cubanía se construía sobre el origen español migratorio. Aun en plena manigua redentora –fuerza es decirlo- se mantenía vigente la diferencia, como lo demuestran los siguientes versos con los que comienza un poema popular de la Guerra de los Diez Años:

El negro y el cubano
juntamente al cruel español hagamos guerra (4)

Hacia 1886 –año de la abolición de la esclavitud– los cubanos seguían siendo “blancos” o “blancas” nacidos en Cuba; los negros originarios de la Isla seguían sin carta de ciudadanía, pero eran considerados ya “negros criollos”, que era otra “categoría”.

A tenor de la voz “criollo” –valga la añadidura– explica Juan José Arrom que era de uso común y corriente en toda la América española aun antes de terminar el siglo XVI. La calidad de criollo la confería el haber nacido en el Nuevo Mundo, de ascendientes venidos del viejo, sin importar el color de la piel, la filiación política o la condición social.

Esta definición quedó explicada y corroborada por el Inca Garcilaso de la Vega en la Primera Parte de los Comentarios Reales, publicados en 1609, en los que, de “criollo”, dice:

Es nombre que lo inventaron los negros y así lo demuestra la obra. Quiere decir entre ellos negro nacido en Indias; inventáronlo para diferencias los que van de acá, nacidos en Guinea, de los que nacen allá, porque se tienen por más honrados y de más calidad por haber nacido en la patria, que no sus hijos, porque nacieron en la ajena, y los padres se ofenden si los llaman criollos. Los españoles, por la semejanza, han introducido este nombre a los nacidos allá los llaman criollos y criollas.5

Y en Cuba ¿Cuándo y por qué el negro deja de ser solo “negro” y adquiere la “categoría” de criollo? Arrom lo explica de la siguiente manera

Con la prohibición de la trata dejan de llegar nuevos cargamentos de africanos. Como consecuencia, en aquellas regiones donde una parte considerable de la población era negra, a medida que desaparecen los “guineos”, “bozales” o “de nación”, van quedando solo los “criollos”. Y al llegar a ser todos criollos, se hace inútil el uso de un adjetivo que subraye una diferencia ya inexistente.(6)

En 1906, recién inaugurada la primera república cubana (1902-1933), después de otros tres años de sangrienta guerra contra España –en la que participaron masivamente negros y mulatos de todas las regiones del país— y otros tres de intervención militar norteamericana, aparece en el ámbito académico la voz “afrocubano” para calificar a los descendientes de africanos y africanas nacidos en Cuba El término –que fue profusamente utilizado por el joven abogado Fernando Ortiz en su libro: “Los Negros Brujos”, primero de una trilogía dedicada a lo que entonces él calificó como “Hampa Afrocubana”– según lo advirtió el propio Ortiz muchos años después, no fue de su invención, pues la primicia en su empleo correspondió a Antonio Veitía, en 1847, y el objetivo de Ortiz, al revitalizarlo, no habría sido otro que el de “valorar la significación de la presencia africana en la formación de la cultura nacional cubana.”

Habría que añadir –para una más cabal comprensión de la renovada segregación de cubanos y cubanas negros en este período de nuestra historia— el juicio que al respecto formuló el historiador Jorge Ibarra:

Las revoluciones de 1868 y 1895 asestaron un rudo golpe a esa estratificación al proclamar la igualdad, política y jurídica, de todos los cubanos. El negro de nación o el negro criollo de la colonia, pasaba a ser considerado un cubano.

En la sociedad republicana, sin embargo, el cubano de piel oscura vino a ser considerado por la burguesía dependiente como un cubano negro, nunca como un cubano en igualdad de condiciones al blanco. Así, de negro criollo o negro de nación en la colonia, pasó a ser considerado cubano en el campo independendentista para, finalmente, descender al “status” de cubano negro en la República neocolonial.

(…)

El predominio político e ideológico de la burguesía dependiente en la situación neocolonial, reforzará la tendencia a excluir al negro de la nacionalidad.(7)

Al principiar el siglo veinte, ciertamente, la herencia latina de los cubanos frente a los anglosajones (norteamericanos) tuvo serias consecuencias sobre el modo en que ciertos sectores de la población blanca percibieron a los negros y mulatos.(8) Debido a que persistían en considerar a los blancos de origen español como a los “verdaderos cubanos”, los negros y mulatos fueron confinados a los márgenes de la “cubanía” como una subespecie de gente “bastarda”; en parte africanos y en parte cubanos, rezagos de un infortunado pasado destinado a decrecer (o a desaparecer) a largo plazo, con lo que se retomaba la vieja tesis colonialista del “blanqueamiento” de la nación cubana, “caballo de batalla” de la intelectualidad racista cubana del siglo diez y nueve.

En ese sentido –cabe recordar— el sociólogo, historiador y economista bayamés José Antonio Saco (“saquete”, para sus amigos) –sin dudas el más brillante ideólogo de la burguesía esclavista y racista cubana del siglo– expresó claramente que, para él la nacionalidad cubana, la única de que debe ocuparse todo hombre sensato, es la formada por la raza blanca. Deseo ardientemente, no por medios violentos ni revolucionarios, sino templados y pacíficos, la disminución, la extinción, si posible fuera, de la raza negra.(9)

Por su parte, el opulento y controvertido intelectual habanero Domingo del Monte, coincidía con su colega y coetáneo bayamés cuando propuso:

…”limpiar a Cuba de la raza africana: Esto es lo que dicta la razón, el interés bien entendido, la política, la religión, la filosofía, de consuno al patriota cubano.”(10)

En consecuencia, la prensa hegemónica de la república inaugurada en Cuba en 1902 promovió en dibujos y caricaturas el personaje de “Liborio” –un guajiro blanco, delgado, de baja estatura, con patillas, bigotes y sombrero de jipijapa— como el cubano típico, el cual personificaba el sentido común nacional, mientras la nación cubana se representaba siempre como una mujer blanca, con cabellera negra ondulada, usando el gorro frigio de la república francesa. La representación de la identidad nacional cubana como blanca y latina estaba en concordancia con el ideal occidental de supremacía blanca que imperaba en aquel momento, pero contrastaba de forma tajante con la historia de Cuba.(11)

El término “afrocubano”, no obstante, sentó plaza y fue ampliamente utilizado durante la primera mitad del pasado siglo para denominar a los descendientes de africanos y las formas de la creación artística y literaria, o de la cultura popular, que acusaran evidentes raíces africanas. Así, aparecieron en la escena nacional la “música afrocubana”, la “poesía afrocubana”, el “cuento afrocubano”, las “comparsas afrocubanas”, la “comida afrocubana”, los “cultos (nunca religiones) afrocubanos”, etc., etc., etc. El prefijo “afro” marcaba las diferencias, e impedía la integración a la plena cubanía a todo cuanto oliera a “negro”.

Por supuesto, tales prácticas fueron, a su tiempo, impugnadas por intelectuales cubanos negros y mulatos. Tales los casos –pongo por ejemplo—del escritor Alberto Arredondo y el poeta Nicolás Guillén.

El primero, en su libro “El Negro en Cuba” (texto que merece, exige una reedición) aparecido en 1939, le dedica un capítulo al tema que ahora nos ocupa que, creo, vale la pena citar en extenso:

…camina en Cuba la corriente del afrocubanismo. Se hacen “versos negros”, se hace “arte negro”, se escriben artículos negros”, se reeditan las “comparsas de negros”, se formulan tesis y antítesis, se presentan soluciones liberales, conservadoras, apristas, comunistas, se celebran actos y conmemoraciones referentes al negro o a lo negro y a todo eso se pone una etiqueta y se lanza a los mercados de Cuba del mundo con el nombre sugeridor de “afrocubanismo”. Incluso después se fundaría un establecimiento dedicado al giro: la “Sociedad de Estudios Afrocubanos, creada el 1º de junio de 1930.(12) Y nada más absurdo, más confucionista, más desnaturalizador de los problemas de “lo negro en nuestra nación” y “el negro en nuestra realidad social” que esa etiqueta del “afrocubanismo”.

Tan inactual es ese “afrocubanismo” como el hispanoamericanismo (…) En Cuba no se puede hablar de “afrocubanismo”, por la misma razón que en México no se habla de “maya-mexicanismo” o de “maya-aztequismo” (…) Los factores que integran o que concurren en la plasmación nacional, ya dejan de tener el nombre de origen para conformar, de acuerdo con la geografía y la historia una nueva característica que reclama un nuevo hombre.

El afrocubanismo, digámoslo de una vez, no sólo es absurdo e injusto, sino que tiende a desconocer la nación a fraccionar los factores que la han integrado y, lógicamente, a servir de estímulo a las campañas racistas.

El aporte africano después de cien años de ebullición étnica y cuando casi totalmente han desaparecido de Cuba los negro nacidos en África, no puede dar base a una “escuela afro-cubanista”. Nuestra geografía, nuestra historia, nuestra economía y nuestra cultura han forjado un tipo de hombre que no responde África ni a España. Responde a Cuba, a una nueva realidad tiempo-espacial. Al hablar de nacionalidad dejamos bien sentado como al decirse “cubano” se menciona tanto al blanco como al negro. Pretender hablar de “afrocubanos” con lo que se reeditarán viejas y contraproducentes pugnas, precisamente en el momento histórico en que más necesita Cuba de la unión de todos sus hijos. Si Cuba y el cubano no pueden renegar de la influencia negra en todos los aspectos de la nacionalidad, ¿a qué denominar afrocubano al fecundo y admirable intento de estudiar y vigorizar y propagar esa influencia?

(…)

Porque lo “cubano” lleva en sí lo africano y lo negro. En caso contrario, habría que demostrar que lo cubano está integrado de manera particular, propia e inconfundible, sin vinculación a lo negro y a lo africano.(13)

A semejantes conclusiones llegó el poeta Nicolás Guillén cuando, en una charla ofrecida en la Sociedad Femenina “Lyceum-lawn Tennis Club de La Habana, en noviembre de 1945, afirmó:

Nada más falso que el término “afrocubano” para designar cierto arte, cierta música y cierta poesía: lo cubano, así sea en el negro como en el blanco, es lo español más lo afro, el amo más el esclavo.(14)

Hoy, transcurridos 55 años desde el triunfo de la revolución cubana de 1959 –y 53 desde la proclamación su carácter socialista— la voz “afrocubano (na)” continúa siendo profusamente utilizada, sobre todo por los medios de difusión y propaganda. Ofrezco un par de ejemplos: la edición del semanario “Tribuna de La Habana” correspondiente al domingo 22 de mayo de 2011, publicó una breve crónica divulgativa titulada “Guanabacoa de fiesta” firmada por la periodista Ada Oramas, sobre el “Wemilere”, festividad inspirada en los cantos y bailes de la así llamada “Santería” –sin duda la más popular y la que con más adeptos cuenta entre las religiones cubanas– que hasta entonces se celebraba anualmente en la villa de Guanabacoa, próxima a la ciudad de La Habana. La celebración es calificada por la propia periodista como La Fiesta Afrocubana 2011 y en los diez breves párrafos que componen su texto utiliza seis veces el término que nos ocupa.

Y en un cartel de propaganda del centro turístico “El Retiro Josone”, de la playa de Varadero, puede leerse:

Noche de Santeria

A Night With the Saints

En el magnífico ambiente natural de El Retiro Josone, se despliegan los los ritos danzarios de los principales dioses de la religión afrocubana, que se conjugan con una consulta y despojo a cargo de santeros amantes de su religión.

Claro que a nadie se le ocurriría en Cuba, hoy, calificar a los negros y a las negras, a las mulatas y a los mulatos de afrocubanos o afrocubanas.

Así, pongo por ejemplo, no se dice boxeador afrocubano, o cantante afrocubana. Los descendientes de africanos en la Cuba de ahora son ya cubanos para todo, excepciones hechas cuando practican alguna de las religiones populares de origen africano, o tocan un tambor para divertirse. Entonces todavía se convierten (“retroceden”) a la condición de afrocubanos, aunque este tambor sea tañido por un blanco o una blanca para tocar rumba, una de las manifestaciones de la música (“afro”) cubana en las que más nítidamente pueden apreciarse los componentes hispanos y africanos que la integran (“depurada síntesis cubana” –la calificó el musicólogo cubano maestro Odilio Urfé— “que constituye un acabado ejemplo de la íntima fusión afro-española”).

A estas alturas de nuestra historia, el empleo del término afrocubano continua siendo válido para calificar el arte, las artes, las costumbres y las religiosidades cubanas que acusen una perceptible oriundez africana, aunque sean cada día más, y más, los iniciados e iniciadas en la Santería y en las Reglas Congas de Mayombe y de Briyumba, porque blancos ñáñigos, como es bien sabido, existen en Cuba desde 1857.

Con todo, el uso la expresión “afrocubano” –que obviamente no alcanza ya a definir lo que quiere nombrar– continúa siendo objeto de debate y polémica entre intelectuales y académicos cubanos.

Acaso resulte útil recordar aquí lo que al respecto de las terminologías razonaba el antropólogo Borislaw Malinowski: (1884-1942)

Quizá nada haya tan engañoso en las labores científicas –decía el fundador de la Escuela Funcional de Antropología– como el problema de la terminología, del mot juste para cada concepto; el problema de hallar una expresión que se ajuste a los hechos y por tanto sea un instrumento útil para el pensamiento en vez de un obstáculo para la comprensión. Es obvio que reñir por meras palabras sólo significa despilfarrar el tiempo; sin embargo, no es tan obvio que el diablejo de las obsesiones etimológicas con frecuencia juega malas pasadas a nuestro estilo, o sea a nuestros pensamientos, cuando adoptamos un vocablo que contenga en sus elementos integrantes o su significación radical ciertas sugerencias semánticas falsas y desviadoras de las cuales no podemos librarnos, confundiendo así el verdadero sentido de un concepto dado que por interés científico debiera ser siempre preciso e inequívoco.(15)

Así, en cuanto al término que nos ocupa, el investigador Jesús Guanche lo impugna por considerarlo un “vocablo impropio y anacrónico que, lejos de aclarar tergiversa la riqueza, complejidad y diversidad actual de la cultura nacional”.(16)

La investigadora y profesora Lázara Menéndez, por su parte, reconoce que “aunque el término es caduco, anacrónico e impropio, no tenemos otro mejor para calificar lo que queremos definir”.(17)

Obviamente, la vida cambió y, como suele suceder, el verbo queda rezagado.

Así las cosas, irrumpe en el ámbito cubano el término “afrodescendiente” que data, hasta donde mi memoria alcanza, de la reunión en La Habana, entre el 19 y el 22 de septiembre de 2013, de la “Red de Articulación Afrodescendiente de las Américas y el Caribe” (ARAAC)

En este encuentro que –según reza en el documento que lo convocó—se llevó a cabo gracias al respaldo ofrecido por el Ministerio de Cultura de Cuba y su sistema de instituciones, quedó constituido el capítulo cubano de la Articulación. En aquella junta, ocurrida en la sede de la habanera Fundación Ludwig participaron, además de la nutrida representación cubana, representantes de Venezuela, Puerto Rico, Colombia, República Dominicana y Costa Rica. Queda claro que “afrodescendiente” fue término obligado en torno al que agrupar afrocubanos, afrovenezolanos, afropanameños, afrocolombianos, afrouruguayos, etc., articulados en un accionar común contra el racismo en la región y, como advierte su convocatoria, “para desarrollar una conciencia cada vez más amplia contra la discriminación racial”.

Por el momento, el uso de la voz “afrodescendiente” entre nosotros no ha ido más allá del ámbito de la propia Articulación y algunas instituciones afines.

Una colega y amiga –dicho sea al pasar- me recordaba hace unos días que, de acuerdo con la hipótesis de la emigración de África, también conocida como la hipótesis de la sustitución, las primeras poblaciones de hombres modernos procedentes de África migraron a otras regiones y sustituyeron por completo a las poblaciones hasta entonces existentes de homínidos primitivos. De ser esto cierto, todos los habitantes actuales del planeta seríamos “afrodescendientes”.

Propósito central de la agenda del capítulo cubano de ARAAC, es el de dar conocer y promover el inicio del Decenio Afrodescendiente –del 1 de enero de 2015 al 1 de enero de 2025— propuesta de la Organización de Naciones Unidas cuyo objetivo es “revertir las diversas formas de discriminación racial visible y sumergida que han sobrevivido al paso del tiempo e incluso manifestaciones contemporáneas que conservan rasgos de inequidad hacia la población afrodescendiente y pretende, además, visibilizar la declaración mundial que busca reivindicar aquellas injusticias históricas relacionadas con el crimen de la trata y las consecuencias materiales y éticas de la esclavización a la población africana y sus descendientes, quienes fueron estigmatizados bajo la rúbrica de seres humanos inferiores. Una realidad actual muestra que en este continente más de 150 millones de afrodescendientes están ubicados en la parte más profunda de la pirámide social, sufriendo las mayores desigualdades”.

Confiemos –y apliquémonos– para que, en el no tan lejano 2025, tales “reversiones” y “reivindicaciones” si no logradas plenamente, al menos anden bien encaminadas por la senda de su consecución.

Confiemos, digo… pero nada sabemos del porvenir, salvo que será diferente.

NOTAS

1. Antonio de Alcedo, Diccionario geográfico-histórico de las Indias occidentales o América. 5 vols. Imprenta de Benito Cano, Madrid, 1786-1789.

2. (Del fra. tache). f. Falta, nota o defecto que se halla en una cosa y la hace imperfecta.

3. Manuel Moreno Fraginals, Cuba/España, España/Cuba Historia Común. Grijalbo Mondadori s.a., Barcelona, 1995, p. 224.

4. Citado por Manuel Moreno Fraginals. Ob. cit. p. 224.

5. Inca Garcilaso de la Vega, Comentarios Reales de los Incas, 1ra Parte, Libro IX, cap. 31. .Primera Edición, Lisboa, 1609. La cita es de la edición de Madrid, 1773, pp. 339-340. Citado por Arrom “Criollo, definición y matices” en Certidumbre de América, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1980, p. 12

6. Juan José Arrom, ob.cit p. 20

7. Jorge Ibarra, Cuba: 1898-1921 Partidos políticos y clases sociales. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1992, pp. 180-181

8. El de mayo de 1912 ocurrió el alzamiento de Partido Independiente de Color que desató una feroz represión que concluyó la masacre de miles de hombres negros en la antigua provincia de Oriente. El 27 de aquel mes, un editorial del periódico habanero El Día expresó por lo claro el cuestionamiento de la manera en que los blancos se relacionaban con los negros en Cuba. El texto abogaba porque Cuba emulase con Estados Unidos en materia de las raciones entre las razas. “En ese país” –destacó el editorialista—“había 10 000 000 de negros, pero no se rebelaban. ¿Por qué? Porque los blancos norteamericanos, a diferencia de los blanco cubanos, maltrataban a los negros: los quemaban vivos, los linchaban, los mantenían completamente segregados y no les permitían votar”. Y concluía: “son terribles las enseñanzas objetivas: las razas dominadas se someten”. Citado Por Aline Helg en Lo que nos corresponde: la lucha de los negros y mulatos por la igualdad en Cuba, 1886.1912. Editorial Imagen Contemporánea, La Habana, 2000 pp.

9. J.A. Saco, Contra la Anexión, t. I p. 224. Citado por Raúl Cepero Bonilla en “Azúcar y Abolición”, La Habana, 1971, p.133

10. Domingo del Monte, Escritos, t. i, p. 331. Citado por Cepero en ob. Cit. (p. 133)

11. Aline Helg, Lo que nos corresponde: la lucha de los negros y mulatos por la igualdad en Cuba, 1886.1912. Editorial Imagen Contemporánea, La Habana, 2000 pp. 144-145

12. Presidida por Fernando Ortiz e integrada por un grupo de destacados intelectuales negros, blancos y mulatos entre los que se contaban José Luciano Franco, Emilio Roig de Leuchsenring, Salvador García Agüero, Marcelino Arozarena, Juan Marinello y Nicolás Guillén. (N. del A.)

13. Alberto Arredondo El Negro en Cuba, Editorial Alfa, La Habana, 1939 pp. 107-108

14. Nicolás Guillén: “Charla en e Lyceum, en Prosa de Prisa, Editorial de Letras Cubanas, La Habana, 1975, p. 299

15. Borislaw Malinowski, introducción al Contrapunteo cubano del azúcar y el tabaco de Fernando Ortiz, Biblioteca Ayacucho, Caracas, 1987, p. 4

16. Jesús Guanche Pérez y Gertrudis Campos, Artesanía popular en la Santería cubana

17. Conversación con el autor en un evento científico allá por 1995 o 96.

“África Mía”, un restaurante para celebrar nuestras raíces

africaLa Habana ya cuenta con un restaurante que reconoce en su quehacer la impronta de las tradiciones africanas en la comida cubana. Y no solo las reconocen, también se inspiran, las celebran y enaltecen, con un menú intencionado que observa los legítimos referentes culinarios del continente madre.

África Mía, es una especie de restaurante-museo que fue inaugurado el pasado 13 de agosto, con la celebración de un cóctel promocional. En dicha actividad se encontraban presentes activistas por la equidad racial en la Isla, líderes de proyectos comunitarios, investigadores de la temática racial, así como miembros del capítulo cubano de la Articulación Regional Afrodescendiente (ARAAC ) y de la Sección SERES de la Sociedad Cubana de Psicología.

“Detrás de la concepción de este complejo cultural-culinario está la voluntad de una mujer emprendedora cubana: la doctora jubilada Ana Morales quien, apoyada por sus familiares, ha convertido en realidad este sueño”, declaró la reconocida psicóloga e investigadora Norma Guillard Limonta, miembro de la junta directiva de la Red de Mujeres cubanas afrodescendientes, organización a la cual Morales pertenece, y que estuvo presente en la inauguración.

África Mía ha sido concebido como un complejo donde además de ofrecerse comida africana y criolla, también se prevé la realización de actividades, eventos, talleres y reuniones, para lo cual cuenta con varios espacios, entre ellos un salón de protocolo. En el patio interior del recinto se encuentra el emplazamiento donde es posible degustar los atractivos platos que se ofertan.


dueña-del-restauranteAna Morales, propietaria de África Mía.

Según la propia Morales, África Mía es un lugar “para compartir con los estudiantes africanos y también para actividades de ARAAC y otras que se quieran organizar”.

Con música africana y un diseño esmerado que recuerda los ambientes originales del continente, el restaurante abre de 11:00 am a 10:00 pm y ofrece sus servicios en ambas monedas.

Para la confección de los platos típicos cuenta con la asesoría de varias embajadas africanas presentes en la Isla.

La iniciativa viene a suplir la necesidad de una parte de la población cubana de consumir productos vinculados con las tradiciones africanas, las cuales también forman parte de la identidad nacional.

Varios proyectos comunitarios han realizado aportes en este sentido, entre ellos el liderado por la investigadora Sandra María Hernández Moncada, en la localidad de Marianao, autora del libro Sabores de Africa y Cuba (Editorial Arte y Literatura, 2013). Sin embargo, dentro del trabajo por cuenta propia, y, en especial en la gastronomía y la restauración, las experiencias que retoman dichos referentes culinarios son aun pocas.

Cuando llegue a Cojímar, al final de la de la calle central, busque Lindero entre 25 y 26, en el número 313, ahí está África Mía.

Publicado en Oncuba

Contra el dolor

Por Roberto Zurbano

No soy un hombre que ve mucha televisión, pero una sorprendente enfermedad me ha detenido tres semanas ante películas, noticieros y series interminables. El brazo izquierdo sufre uno de los mas intensos dolores de mi vida. Ni siquiera puedo leer, ni enviar correos ni caminar la ciudad día y noche como tanto me gusta. Finalmente, he venido a parar a un hospital ortopédico docente y aquí me tratan, investigan y hacen lo posible porque mi gran dolor desaparezca. Creo que lo van a lograr y que volveré a escribir sobre el dolor de otros. He visto en estos días el inmenso dolor de Palestina y el interminable dolor de una familia negra en Ferguson, Estados Unidos y reconozco lo difícil que es luchar contra el dolor: personal, colectivo, social, mundial… No es que me haya vuelto más sensible durante estos días, pero sí creo que soy más consciente de los estragos que causa el dolor y por qué siempre debemos insistir en sus causas, en sus razones y hasta en sus sin razones.

El dolor va más allá de uno mismo y creo que hasta más allá de la muerte, pues es como la energía que nunca se destruye, sino se transforma y aparece en nuevos rostros. El dolor es una grave manifestación de lo que no es natural, llámese enfermedad, mentira, guerra u otras formas sofisticadas de la violencia. Mi dolor personal durante tres semanas ha sido persistente, perturbador y peligroso. Un primer diagnóstico de tendinitis, y otro, y otro, hasta llegar a un diagnóstico más exacto ha sido el itinerario de mi dolor izquierdo durante estos días. Estar ingresado aquí es como llegar a un remanso. Tambien he conocido más gente buena: médicos excelentes, afanosos laboratoristas y bellas enfermeras -casi todas negras- sosteniendo el Producto Doloroso Nacional día y noche en cada sala de este hospital. No hay salario ni regalos suficientes con que pagar y reconocer a esta gente laboriosa y amable.

La Revolución ha sido un proyecto social que ha tenido en la medicina uno de sus pilares. Todas las crisis que atraviesan al país pasan también por nuestra salud pública y la mayoría de sus trabajadores siguen sosteniendo este edificio con una profesionalidad a toda prueba, luchando contra lo que Heredia llamó “los dolores del físico mundo”. “Los horrores del mundo moral” es la otra parte del verso y esos horrores sociales también producen dolor. Unos y otros enferman la nación. Sigo pensando en el dolor de mi brazo izquierdo y con el otro escribo estas líneas. Mientras me curan el brazo adolorido, intento con el derecho curar otros dolores de mi sociedad. Particularmente el humillante dolor que causa el racismo: una enfermedad sin estadísticas….

He alucinado, quizás demasiado por estos días, todo por culpa del dolor, del mío propio y del ajeno, ese que mas allá de mi brazo izquierdo sigue enfermando a mi sociedad. Pero mis alucinaciones pudieran ser más que eso. Por el momento son interrogantes que quisiera compartir: ¿No hará falta construir un hospital para los que sufren el dolor del racismo? ¿Se pudiera inventar una píldora contra el racismo, o dos, una para el victimario y otra para la víctima? ¿No debíamos tener un antídoto contra el racismo para enviarlo a la televisión, a las escuelas, las agencias empleadoras, a la policía, a los políticos, a los maestros, a los economistas…?

La verdad es que habría que pensar desde el dolor ajeno, ponerse del lado de quienes sobreviven en el sótano y los márgenes de la sociedad, de aquellos que son mirados por encima del hombro por el color de su piel. Seríamos como los médicos -blancos y negros- que he conocido esta semana: intransigentes contra el dolor ajeno, buscando detrás de cada razón o sinrazón del cuerpo en una consagrada tarea humanitaria que ninguna critica me impedirá agradecer. Contra el dolor, toda la resistencia posible, pero también toda la justicia, sensibilidad e intransigencia. Así debe ser contra todas las formas de discriminación, donde quiera que se asome. No olvidar que la lucha contra el racismo es también contra un dolor muy antiguo. Todos debemos saber que en esta lucha haremos del cuerpo de la nación y del mundo un lugar mas sano para todos. Espero ese momento para aplaudir con las dos manos. El dolor persiste. Yo persisto.

Roberto Zurbano
Hospital Fructuoso Rodríguez
En el Vedado, Agosto 28 y 2014

¿Quién le teme a las feministas?

6773_0_pancarta_patriarcadoPor Lisa S.

Hace un par de meses mientras buscaba bibliografía para mi tesis me encontré con un artículo de Valerie Amos y Patribha Parmar títulado “Challenging Imperial Feminism”, un trabajo de los años ochenta con una fuerte crítica al feminismo blanco  occidental.  Revisándolo, en una de sus páginas me encontré con la descripción de una escena que me puso a pensar en la pregunta ¿Quién le debe temer a las feministas? Lo que relatan estas autoras de color británicas es una situación en la que un grupo de mujeres blancas de clase media, activistas pacifistas, en medio de una acción contra la guerra hace una demostración de fuerza y “empoderamiento” gritando y persiguiendo a un soldado afronorteamericano. El soldado estaba solo en la calle y las mujeres que lo seguían le decían “Yankee go home”, la pregunta que dejan en el ambiente las autoras es por qué el elegido fue un varón negro.

En una escena más actual y local un grupo de activistas feministas queer, blancas, de clase media durante el desarrollo de unas jornadas lésbicas confronta en grupo y de manera violenta a un vendedor de cerveza (con quien no se pusieron de acuerdo en términos comerciales) a quien le pretenden dar una lección de la potencia feminista. Pero no es un caso aislado, en un espacio más formal un grupo de feministas institucionales confronta en grupo y con mucho ímpetu, en un panel sobre feminicidios, al panelista/varón con menos peso jerárquico en la mesa, pero no lo hicieron con su jefe también presente, que expresaba ideas semejantes.

Estas tres escenas tienen algo en común, feministas que se ensañan contra el eslabón más débil del patriarcado, varones pobres o racializadas, que parecieran ser, dado los ataques iracundos, los mejores representantes del poder o de la supremacía patriarcal. En serio ¿Se puede considerar a estos varones verdaderos patriarcas? ¿No será que como dice María Lugones, la idea del patriarca está atravesada por el poder simbólico y material de raza y  clase?

Cuando estos grupos de mujeres feministas se enfrentan a los “patriarcas” negros o de clases populares más que hacer valer su “empoderamiento” feminista ¿lo que están enrostrando no serán más bien sus privilegios económicos, sociales y raciales?  ¿Fue un ejercicio de emancipación o de opresión el que hicieron las activistas pacifistas británicas o las lesbianas queer con el varón negro y el varón pobre? Aquí quiero aclarar que no se trata de no actuar frente a sus agresiones porque soy de las que cree en la autodefensa y en la respuesta inmediata. Lo que me preocupa es que al feminismo solo le teman los varones pobres y racializadas, aquellos con menor poder en la escala de privilegios, esos fácilmente estigmatizables.

Como nos recuerdan las teóricas feminista negras y de color, el feminismo (o sea el feminismo blanco occidental hegemónico) a lo largo del tiempo y a través de sus posturas y estrategias ha sostenido y reforzado la idea de los varones blancos de clase media como progresistas, educados y menos violentos, al mismo tiempo que refuerza el estereotipo del varón agresivo, peligroso y machista de los grupos racializados y empobrecidos.

Un feminismo que usa los privilegios de clase y raza para apabullar a varones pobres y racializados a nombre de una supuesta deuda universal de “todos” los varones para con “todas” las mujeres no solo es ignorante y falto de comprensión de cómo opera el entrecruzamiento de sistemas de opresión, sino que no creo que pueda transformar el mundo, simplemente refuerza el racismo, el clasismo y por supuesto la opresión de la mayor parte de las mujeres…

Tomado de Desacato feminista

ARAAC convoca actividad sobre el Decenio Afrodescendiente

Foto: Kaloian Santos

Foto: Kaloian Santos

La Articulación Regional para América Latina y el Caribe, ARAAC, en su capítulo cubano convoca por este medio para el próximo miércoles 20 de Agosto, a las 2:00 pm, en la Casa de la Amistad en (Paseo entre 17 y 19, Vedado) con el propósito de dar a conocer y promover el inicio del Decenio Afrodescendiente.

El Decenio Internacional Afrodescendiente, comenzará el 1 de Enero del 2015 y como otras propuestas de Naciones Unidas tiene como objetivo revertir las diversas formas de discriminación racial visible y sumergida que han sobrevivido al paso del tiempo e incluso manifestaciones contemporáneas que conservan rasgos de inequidad hacia la población afrodescendiente.
La presentación de esta convocatoria pretende visibilizar la declaración mundial que busca reivindicar aquellas injusticias históricas relacionadas con el crimen de la trata y las consecuencias materiales y éticas de la esclavización a la población africana y sus descendientes, quienes fueron estigmatizados bajo la rúbrica de seres humanos inferiores. Una realidad actual muestra que en este continente más de 150 millones de afrodescendientes están ubicados en la parte más profunda baja de la pirámide social, sufriendo las mayores desigualdades.

Se trata de un legado de dominación y hegemonía imperialista, llamado también colonialidad que ha conservado en el imaginario social pensamientos que han contribuido a promover de manera consciente o no, estatus de exclusión y pobreza. En enero pasado en el contexto de la Conferencia de CELAC celebrada en La Habana, ARAAC Cuba, expresó su apoyo a esa cumbre por la inclusión en su agenda del tema afrodescendiente.

En el actual contexto cubano por impulsar un modelo de desarrollo que conserve el paradigma de justicia social proclamado por la revolución cubana, la posibilidad de organizar iniciativas específicas que tengan en cuenta el papel de las identidades de origen africano representa una oportunidad excelente de inclusión en la lucha actual por garantizar la equidad social.