40 X 40. Besada sexodiversa en La Habana


La llegada de un mensaje a mi cuenta de Gmail me alertaría de lo que luego protagonizaría como una de las experiencias más inusitadas de mi vida: besarme con gente desconocida, por el hecho de ejercer, en completa armonía y libertad, nuestra preferencia sexual, fuese esta cual fuese.

De modo que participé no solo en el acontecimiento en sí, sino también en los preparativos, a pesar de no tener tiempo para asistir al encuentro planificado para eso concebir los detalles de la besada. En ese sentido, el teléfono fue mi mejor aliado y por este hice algunas sugerencias a mis compañeros de “travesía” Isbel, Yasmín, Luisito y Jimmy.

Sería la primera vez que en La Habana, capital de tod@s los cuban@s, un grupo de personas se besarían en plena calle, sin observar si se conocen de antemano y sus probables orientaciones sexuales, o precisamente por eso, para legitimar que todos las muestras de amor y afecto son válidas más allá de la identidad sexual, de la orientación y otras marcas sexo-genéricas.

El día en cuestión, el pasado 28 de junio,  me levanté muy animada y busqué mi mejor ropa entre mis pocos atuendos luego de haber perdido 61 lbs. de peso. Julita Ardón, mi querida amiga tica, me regaló, cuando estuve en San José, una bella camiseta con la siguiente inscripción: “tengo en mi todos los sueños del mundo”. ¡Mejor ocasión para exhibirla que la besada, no existía!

Aquella tarde de jueves con besos logró que volviera a respirar el ánimo y la esperanza que al mediodía había perdido en una reunión de trabajo, donde pude tocar con mis sentidos la injuria, el prejuicio y la calumnia. Tal parecía que el Universo había planificado tal reunión el mismo día de la besada para que me pudiera recuperar del espanto, si no hubiese sucedido así quizás hoy la historia fuera otra.

Pero bien, salí del “job” corriendo al sitio de encuentro, corriendo no, tomando en un bicitaxi primero y luego un almendrón (taxis muy famosos en La Habana, porque llevan más de medio siglo rodando por las calles) que me dejó en las inmediaciones de la Terminal de Ómnibus.

Llegado al lugar, busqué a la vista gente vestida para la ocasión: camisetas rojas y una que otra banderita del arcoiris gay. Ahí estaban Isbel, su pareja y Luisito, a quien besé por segunda vez porque antes nos había topado en 23 y12 y con quien  a la postre me daría uno de mis besos preferidos. Luego se incorporó Ricardo Olvera, promotor de la campaña cubana vs VIH-sida, junto a par de jóvenes más.

Ya cerca de las 5:00 pm llegó Yasmín quien fungió esta vez como coordinadora de lo que sería la primera actividad pública del proyecto Arcoiris, que fundamos ya hace un tiempo, que también se “desinfló” de inmediato. Con su arribo los periodistas representantes de las agencias extranjeras asentadas en Cuba le cayeron encima, preguntas van y vienen, y yo que lo que quería era besarme le interrumpí la entrevista y le planté un ósculo con la mayor de las sonoridades posible. Es que la prensa extranjera, al querer tener el testimonio en primera persona, en ocasiones no se percata que lo fundamental es el evento en sí mismo, de todas formas con anterioridad, ya habíamos circulado en la convocatoria toda la información que ellos querían saber.

No obstante habría que agradecerle a esos periodistas, si bien se me enciende un bombillo ante lass posible manipulación y tergiversación, su disponibilidad para reportar sobre un suceso atípico en la sociedad cubana. La prensa nacional decidió perdérselo, una vez más. Recuerdo que cuando comenzaron las jornadas vs. homofobia. no recibíamos la atención de esos periodistas quienes trabajan para medios que deciden que el nacimiento de un chivito con dos cabezas en Sancti Spiritus es más “noticiable” que una besada entre gente cubana sexodiversa.

Pues besos pa’rriba y pa’bajo. Estuvimos allí por 40 minutos, unas cuarenta personas, heteros, amigos, lesbianas, hermanas, queers, bisexuales, colegas, trans… Gente de todas las edades. También niños y niñas, como  Sara la pequeña de nuestra aliada Ivet. Además gente mayor, feliz por poder expresarse sin represión interna o externa, algunos recordando lo vivido en esta tierra hace 40 años atrás, cuando la orientación sexual era un motivo para la implementación de las medidas gubernamentales más severas de discriminación.

Hoy la historia es otra, la verdad, muy, muy diferente, sin embargo no todo está ganado, falta mucho por hacer, como dice un amigo “no es que seamos diferentes, sino que somos menos iguales”.

Las normativas cubanas fundamentales, entiéndase la Constitución,  proponen eliminar la discriminación de cualquier índole, sin embargo la orientación sexual e la identidad de género, aún siguen siendo razones que imposibilitan a una cubana que ama a una mujer casarse o adoptar, o algo tan simple como acceder a un local a bailar porque la entrada es “por parejas” heterosexuales. O algo tan complicado como culminar, en tiempo y forma, sus estudios secundarios, en caso de ser una chica travesti. Nuestro imaginario social está plagado de actitudes sexistas, misóginas y homofóbicas que justifican tales actos de injusticia social.

Se que la próxima besada resonará en el corazón de La Habana, también estaré ahí para contarlo.

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