Mucha más negra… cubana


Cuando Maritza me invito a participar en el curso que en “la Casita” se
celebraría, no pude advertir con certeza la significación de estar en frente de
mujeres de a pie, como yo, solo que con el doble de mi edad: “mis queridas
negras viejas” como les llamo yo.

La incansable Maritza dirige la Casa comunitaria del Consejo Popular Balcón
Arimao, en el municipio habanero de La Lisa. Ella y su equipo de trabajo se
propusieron realizar un curso de verano para hablar de las mujeres negras en la
sociedad cubana de todos los tiempos, para lo cual  convidó a varias amigas y
colegas como Gisela Arandia y Daysi Rubiera.

El auditorio era de lujo: un 90% mujeres y de ellas, un 95% afrodescendientes,
quienes se arrojaron a darle un concepto a lo que las hace mujeres sabias: sus
propias vidas. Unas llegaron al lugar por azar, otras por su activismo pero lo
cierto es que me imprimieron toda la buena vibra que gente como una puede
contener. Me sentí dichosa y agradecida de estar en el lugar correcto y, al
mismo tiempo, tan alejado de mi cotidiano e inamovible Lawton.

Hablé muchísimo, más de lo que yo hubiese querido, pero es ellas se mostraron
muy interesadas en el libro que Daysi y Lalita compilaron (Afrocubanas.
Historia, pensamiento y prácticas culturales) que salió a la luz en noviembre
pasado. Hubiese sido una buenísima oportunidad para regalárselo.

Luego pasé a hablarles de Afrocubanas, el blog, intentando describir la web a
quien nunca ha visto la Internet ni ha tocado una computadora. Menudo reto que
asumí con los recursos que pude pero que espero haber sorteado.

Sin embargo, lo que más me impresionó fue la conexión con aquellas mujeres para
quienes las palabras feminismo, empoderamiento, bisexualidad, entre otras
presentes en mi discurso, no constituyeron motivo alguno de rechazo. Muchas de
ellas se me acercaron para saber como podían comunicarse directamente con
Afrocubanas, la colectiva, que acabamos de fundar un grupo de mujeres del ámbito
del arte y la cultura. Estas otras, las que conocí en La Lisa, son maestras,
costureras, artesanas, promotoras, etc., y lo más importante: seres sensibles a
la realidad de las mujeres negras que no es otra que la suya propia.

Como agasajo me regalaron una máscara azul y blanca, realizada con la técnica de
papier maché, ahora colocada a la entrada de mi habitación, en una posición que
recuerda que en esa morada vive una hija de Yemaya Olokkun.

Divino sábado que me devolvió a mis predios mucho más consciente, mucho más
activa, mucho más negra… cubana.

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