52 años por las mujeres cubanas


Se nota que la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) está por cumplir un año más de existencia. Fundada en 1962, con la participación decisiva de Fidel Castro, la nueva organización se propuso agrupar a las cubanas, hasta ese momento dispersas. La unidad era el mandato prominente.

Quedaron disueltas entonces, las organizaciones de mujeres en la Isla, las que no eran pocas ―una lista pormenorizada de dichas agrupaciones se revela en el libro Historia de mujeres en Cuba, del historiador Julio Cesar González Pagés―, y habían logrado reunirse en dos congresos femeninos. Esas mismas cubanas fueron quienes lograron el sufragio femenino, el divorcio, la no existencia de los hijos ilegítimos, entre otros derechos cívicos con un profundo carácter progresista para la sociedad cubana de los inicios del siglo XX.

La televisión cubana, en especial los espacios informativos, llevan, al menos, una semana recordándonos a las cubanas lo importante que somos para esta sociedad,  y como nuestro disfrute de hoy, como ciudadanas en pleno ejercicio de nuestros derechos, tiene que ver, ineludiblemente, con la existencia de la organización que agrupa a más de 4 millones de nosotras.

Los acercamientos de los medios cubanos al aniversario 52 de la FMC han sido disímiles, desde los abordajes plenos de retóricas esencialistas y sexistas hasta entrevistas con respuestas/preguntas inteligentes y polémicas. Celebro a la funcionaria de Ciego de Ávila que reconoció que, en el año 2000, prácticamente no había mujeres en los puestos de decisión del territorio, y ahorita son más del 40% las cubanas que están al mando en dicha provincia del centro de La Isla.

Se agradecen las alabanzas y los reconocimientos; porque ciertamente “la Federación” (así se le llama comúnmente) ha logrado lo que quizás ninguna organización de mujeres en el planeta. Tal vez, la ley de maternidad/paternidad es la evidencia más palpable de eso; constituye una norma progresista en todo sentido; en mi opinión, su carácter transgresor está en considerar que la paternidad podría ser tan “disfrutable” como la maternidad, y eso es un derecho del hombre.

Quizás el reto principal de la Federación sea lograr cierta coherencia en sus aproximaciones a las diferentes problemáticas de la sociedad cubana, de manera que podamos observar que, sin ser una organización feminista, mantiene su carácter renovadamente revolucionario. Como decía una de las entrevistadas, la organización debería parecerse más a la mujer cubana de hoy.

En mi opinión, la cubana que ahorita pisa las calles de Santiago o La Habana nada tiene que ver con aquella que subió a la Sierra Maestra o alfabetizó en un recóndito pueblo del “interior”; las más jóvenes son (somos, porque me incluyo) sus deudoras pero no son (somos) aquellas otras que fundaron la Revolución.

Quizás llegó el momento de cuestionarse la forma de entrada a la Federación, y que no sea el arribo a los 14 de edad, la variable a tener en cuenta para el ingreso en la organización. Las jóvenes tendrían que desear, como en mi época, pertenecer a la FMC, pero sabemos que los anhelos cambian con la sociedad ―ciertamente Cuba ha cambiado muchísimo―, serían entonces otras las motivaciones de ellas. Además, en muchas delegaciones de base, como en la mía, la actividad fundamental de la Federación es el cobro de la cotización que ayuda a pagar el salario de sus cuadros profesionales, pero que no constituye de ninguna manera, su objetivo primordial.

La sociedad cubana está urgida de planteamientos sagaces para abordar viejas problemáticas con nuevas soluciones —el comercio sexual por ejemplo— o dinámicas incipientes y de reciente aparición — como el trabajo infantil, por mi casa hay chicas que son manicure— de manera tal que lo más importante sea la plena inserción de todas las cubanas a la sociedad que aún está en construcción.

 

 

 

Un comentario en “52 años por las mujeres cubanas

  1. Aplaudo este modo de sacar a la luz nuevas necesidades en viejas soluciones. Es preciso saber quiénes somos, cómo pensamos las mujeres cubanas de hoy, y que necesidades nos urgen, partiendo de la diversidad que nos conforma , de este modo encontraremos mayor compromiso con nuestro legado, con el presente que construimos y con lo que vendrá. María Isabel

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