Las contribuciones de las mujeres africanas a la cultura afro-americana (II)


Por: Anabel Mitjans Alayón

En las civilizaciones y sociedades del África Occidental, de donde proviene el grueso de la población que vino a América, las mujeres juegan un rol fundamental, como el poteu mitan, el pilar central donde se estructura la sociedad. En los reinos africanos, la presencia de las mujeres guerreras, como las amazonas del reino de Dahomey, no constituye un caso aislado. La figura femenina ha tenido un protagonismo distinto a los normados por los valores occidentales, en las diversas sociedades africanas y en Afroamérica.
La generación de esta división sexual tuvo grandes repercusiones en la conformación de las relaciones de género entre la población esclava, y en la modelación de la feminidad africana y afrodescendiente; ello provocó la generación de un imaginario acerca de la mujer negra y mestiza lejanas a la feminidad europea.
Según Mathurin, en muchos países del África Occidental poseían y aún poseen, una gran opinión de las mujeres, especialmente de las madres. En estas naciones, el evento más importante en la vida de una mujer es traer al mundo descendiente(s). Sin el preciado regalo de los niños(as), la familia, la tribu, la nación puede dejar de existir progresivamente. Por tanto la madre y el niño son preciosos1.
Las sociedades que tenían tan altos valores sobre las madres tendían a producir mujeres con gran autoridad. La poligamia, habitual en muchos lugares de África, permitía que un hombre tuviera varias mujeres, y generalmente les da a las mujeres que controlaran en gran medida sus vidas y las de sus hijos(as), y otras personas bajo su cargo. Mathurin explica cómo cada mujer con sus hijos(as) ocupaba su propio espacio y habitación en la casa familiar. El esposo visitaba a cada una de las sus esposas, pero no permanecía con ninguna permanentemente. La esposa más antigua poseía más privilegios y mayor influencia que las restantes, sin embargo generalmente cada una era reconocida por ser quien regía en su hogar y en su grupo familiar2.
También esta autora muestra como entre las sociedades del Occidente de África, los Ashanti por ejemplo, ha existido una forma matrilineal de heredar las propiedades.
Los ejemplos de las reinas guerreras como Ann Nzinga, Amina Sarauniya Zazzua, son solo algunos que la historia oficial ha recogido. Sin embargo, en lo cotidiano las mujeres fueron uno de los principales sostenes de estas sociedades y jugaron ese rol en el Nuevo Mundo.
Poco se conoce en Cuba de las estratagemas utilizadas por estas mujeres para sobrevivir en una sociedad tan hostil. La medicina verde con gran influencia africana, que aún perdura, y las Iyalochas son algunos de los referentes, a simple vista, de una gran impronta femenina negra en la cultura cubana. Durante la época colonial, sobre todo a partir de la implementación del sistema plantacionista, las relaciones entre europeos y africanos se polarizaron aún más.
Para aquellas mujeres negras y mestizas, que vivieron durante la sociedad colonial, el sistema social conspiraba en su contra. Los estereotipos sobre estas mujeres están colmados de preconcepciones racistas y sexistas, que las limitan a juguetes sexuales de los colonizadores e instrumentos de trabajo. Según la investigadora Hilary McD. Deckles, desde la época colonial, las mujeres blancas de la élite en la sociedad esclavista pretendieron excluir sobre la base de la raza a mujeres negras y mestizas de la cosmovisión en torno a la feminidad y, por extensión, la restricción el acceso al empoderamiento social proveniente de designaciones como “lady” y “miss”.
La investigadora Janet Henshal Momsen explica como en los cortes de caña, en la hacienda plantacionista y en los pueblos y villas, durante el periodo de esclavitud en las Antillas Anglófonas, las relaciones familiares se condicionaron a los imperativos de la rentabilidad de los capitalistas europeos. En este sentido, mujeres y hombres africanos se convirtieron en instrumentos de trabajo y así fueron construidos como sujetos históricos, más como máquinas que humanos. En el caso de las mujeres, en los momentos finales de la esclavitud, se les consideró como un medio de reproducción de la mano de obra, gracias a su capacidad de parir: “La mujer negra estaba situada en el corazón reproductivo del sistema de la esclavitud con un estado legal único”3.
Intentar sobrevivir en ambientes tan hostiles necesitó de mucha perspicacia y esfuerzo por parte de los más discriminados y sobre todo por parte de las mujeres afro-descendientes. Ellas fueron el principal sujeto histórico más alejado del poder.
Las repercusiones de las distintas vías de discriminación están presentes todavía en los preceptos culturales de nuestra región, lo que impide el mejoramiento de vida de los afrodescendientes en la actualidad. La marginalidad, la pobreza, los altos índices de enfermedades prevenibles, los malos hábitos alimenticios, las drogas, la enajenación presente en gran parte de esta población se debe a la fuerza con la cual ha sido impuesta la cultura del racismo y del odio hacia las personas negras y mestizas.
No obstante, desde la esclavitud han existido formas, estrategias forjadas durante la marcha, respaldadas por un background cultural, para hacerle frente al colonialismo. En el caso de las mujeres, es necesario reconocer como los logros de los estudios sobre el Caribe anglófono, que han puesto en la mira de atención la mujer esclavizada y las cimarronas como figuras positivas de la resistencia esclava.
Como las antiguas reinas africanas, Nany, Queen Kubah, Femina, Carlota, muchas mujeres fueron líderes de alzamientos de esclavos, palenques y guías espirituales de sus comunidades.
Por otra parte, las esclavas domésticas quienes saboteaban sus abortos como forma de sublevación, o los innumerables casos de muertes de infantes, envenenamientos de los mayorales y dueños, fueron otros métodos −menos conocidos pero efectivos− contra el colonialismo, además de ser las principales informantes de lo que ocurría en la casa de los amos.
También aquellas esclavas que comerciaban en los mercados, principalmente los domingos, obtuvieron una inusual movilidad dentro de las plantaciones y en los pueblos, por lo que se convirtieron, en muchas ocasiones, en un eslabón importante dentro de la resistencia organizada de los esclavos y en el desarrollo de la sociedad criolla.
En el año 1800, según Momsen, existían en Jamaica más mujeres que hombres en los asentamientos cimarrones, dedicando ellas, principalmente, al cultivo de productos agrícolas para el sostenimiento de la población4.
Las estrategias tomadas por las africanas y sus descendientes femeninas fueron un asidero de sabiduría y resistencia, luego utilizados por miles de mujeres y hombres ante la presencia de sistemas socio-económicos tan rígidos como los presente en Afroamérica.
Las redes de ayuda desarrolladas entre estas mujeres lograron disminuir la carga de trabajo, al colaborar unas con otras.
Ante la explotación de una élite blanca, las mujeres negras y mestizas encontraron en un pasado cultural el respaldo para sobrevivir en el “Nuevo Mundo”, la enseñanza de oficios para obtener mayores oportunidades de trabajo; el conocimiento del poder curativo de las plantas; los paradigmas religiosos femeninos (como Yemayá en muchos pueblos Afro-americanos como una madre protectora y una mujer de gran fortaleza); el cuidado de los niños(as) por las mujeres de mayor edad de la familia, la generación de redes de ayuda mutua y el logro de altos niveles de autonomía femenina económica, han sido algunos de las estrategias que han heredado las afrodescendientes.
Las experiencias de las personas negras y mestizas en la Diáspora han tenido una base similar y destinos comunes. Lo importante a  destacar sobre dichas estrategias de sobrevivencia es lograr reconocer estos patrones, estudiarlos y devolverlos a las comunidades afrodescendientes como una vía de empoderamiento propio y así contribuir al mejoramiento de sus estándares de vida, perdidos por la falta de memoria histórica patrocinada por la historia oficial y el racismo imperante en la construcción de las naciones.
NOTAS

1 Mathurin, L. (1975). The Rebeld Woman: in the bristish west indies during slavery. Kingston, Jamaica: THE HERALD LIMITED. pág. 3.
2 Ibídem.
3 McD Beckles, Hilary. “Historicizing Slavery in West Indian Feminisms”. En Feminist Review, #59, summer, 1998,  pág. 37.
4 Momsen, Janet Henshall. “Gender Roles in Caribbean Agricultural Labour”. Caribbean Freedom: Society and Economy from Emancipation to the Present. Kingston, Jamaica: Ian Randle Publishers, 1993, pág. 218.

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