Cuba: Los retos de su compleja identidad caribeña


Por Esteban Morales

A MODO DE INTRODUCCION

Las   naciones del Caribe, a pesar de la voluntad  expresa  de integrarse,   presentan un conjunto de retos, que van desde los problemas de la  falta de complementariedad de sus economías,  las dificultades de transportación, un turismo que las empuja más  a la competencia que a la cooperación, idiomas diferentes, las conexiones con sus antiguas metrópolis, control  de sus economías por parte de Estados Unidos, etc.

España  durante el siglo XVI dominaba el Caribe Insular. Pero después lo fue perdiendo,  hasta que le quedaron solo Cuba y Puerto Rico. Estas últimas islas  las mantuvo hasta finales del siglo XIX,  cuando ya Estados Unidos, nación imperial emergente, comenzó a disputárselas. Un continuo batallar entre las intenciones de Estados Unidos por tener a Cuba, las ansias inglesas por poseerla y las intenciones de España por mantenerla,  caracterizaron todo el siglo VXIII y XIX. Pero  la partida no fue decidida hasta finales del siglo XIX (1898)en que  Estados Unidos, valiéndose de los más sutiles ardides,  se apropió de ella, comenzando  la aplicación del modelo  neocolonial que le había  prediseñado.

Estados  Unidos formuló política respecto a Cuba entre 1805 y 1823, su teoría del  “destino manifiesto”  anticipaba lo que ocurriría cuando la Isla se independizara de España. Pero no  estaba dispuesto a esperar  tanto, por lo que en no menos de siete  ocasiones, trató de comprar La Isla a España u obtener la autonomía para ella. La tozudez española lo impidió, aunque Estados Unidos continuó con su plan de apoderarse de Cuba, arrebatándosela a España.  Pero no estaba en condiciones de hacerlo, pues ella misma estaba  consolidándose como nación, cosa que no logró hasta finales del siglo XVIII, por lo que continuó desplegando sus intenciones   por medio de  otras   estrategias.

Cuba estaba  muy cerca geográficamente del nuevo imperio americano emergente y  muy lejos de España,   pero el primero  no disponía de flota marítima para lanzarse a la aventura de apoderarse de Cuba, por lo que asediado también en su empeño por Inglaterra, prefirió ir preparando las condiciones.

Hacia 1826, Bolívar hizo sus intentos de enrolar a Cuba  en los procesos independentistas latinoamericanos,  pero la entonces  fiel y reformista Isla de  Cuba no estaba preparada para ello. Estados Unidos también se había preparado provisoriamente, dotando a su llamada “doctrina de la fruta madura”  con  un corolario que  la complementaba: “mientras Cuba no fuera de Estados Unidos, no podía ser de mas nadie”. Razón por la cual ante la acción bolivariana,   Estados Unidos declaró, alto y fuerte,  “que lo que ocurriera en Cuba era como si ocurriese  en la boca del Mississippi”. No olvidemos que en el pensamiento   geoestratégico  dominante de  la época, la Isla de   Cuba aparecía como el  resultado de la sedimentación de las arenas del Mississippi  en el Golfo de México.

En realidad, Cuba era parte del Caribe,  objetivamente  lo formaba, pero su destino como nación y la formación de su identidad, quedaron  fuertemente  enmarcados  dentro de la potencia colonial española, que deseaba mantenerla eternamente, las fuertes apetencias imperiales de Estados Unidos  y  las ansias de Inglaterra, que ya había logrado ocupar parte del país,  entre 1762 y 1763.

En la historia de Cuba, para esta época, el Caribe solo  aparecía en términos de las cosas que compartía con Cuba histórica y geográficamente: el sistema colonial, la plantación, la trata negrera, la esclavitud, la masiva procedencia de África de su  población  y  ciertos contactos, que la industria azucarera  le  hacía compartir con el Caribe Insular más cercano. Que no son pocas cosas, porque constituyen una plataforma histórica de identidad  común  importante. Sin embargo, políticamente, Cuba quedaba totalmente atada a los designios de las dos potencias imperiales que la dominaban;  España y Estados Unidos.

Pero a partir de que la cultura y la identidad nacional cubana comenzaron a  perfilarse,  hacia mediados del siglo XIX,  todos los rasgos caribeños quedaron subsumidos dentro de  un triangulo de fuerzas  formado por  la identidad blanca española y  la fuerte penetración  norteamericana, sobre todo después de la intervención  entre 1898-1902, diluyéndose  el  aporte de la población de origen africano y con ello, la participación del Caribe en la formación de la identidad cubana. A este grupo poblacional,  prácticamente no les tocó nada en la distribución del poder que Estados Unidos lideró.  .

Estados Unidos había comenzado a penetrar en la vida cubana  mucho  antes de que esta última quedara liberada de la tutela  política española.  Hacia mediados del siglo XIX ya la economía cubana era controlada por Estados Unidos de un modo  que  había convertido a la Isla en su neo colonia. Faltaban nada más que forjar  el éxito de las presiones políticas, que harían saltar definitivamente a Cuba a las manos de Estados Unidos. Esto ocurrió entre 1898 y 1902.

Es por ello  que la  identidad caribeña cubana  resultaba  sumamente compleja. Algo así como el componente que no terminaba  de emerger, porque las dos identidades más poderosas, la española y la norteamericana, la mantuvieron siempre aplastada. Fenómeno  del cual  la identidad cubana también tenía  que ser rescatada. Pues ambos componentes (negros) de la identidad cubana,  resultaron  víctimas del  mismo proceso.

En resumen, son  varios y bastante complejos los procesos   que tienen que producirse   para que la identidad caribeña acabe de  afianzarse   como un  componente  de la identidad cubana.

1-      Entre el régimen colonial  esclavista español  y la intervención norteamericana, que no comenzó en  1898, sino mucho antes, dotaron a Cuba de una identidad donde el Caribe aparece solo en el trasfondo  negro de la identidad cubana. Dotando  a la Isla de una identidad, donde lo caribeño tiende a aparecer  subsumido, aplastado.

2-      El propio cubano,  en particular e los  negros,  consideraron  siempre al negro caribeño como un negro de segunda categoría. Una negra o mestiza cubana raramente formaba familia con un negro haitiano o jamaicano;  mucho menos  una blanca cubana, que apenas lo hacía con un negro cubano. Un blanco cubano no se casaba con una caribeña, en casos raros lo hacía con una negra cubana. Aunque el caribeño fue paulatinamente asimilado  y asimilándose como cubano, se mantenía cierta segmentación. Que no era más  que  parte de la propia segmentación de los negros y mestizos en Cuba, pero que afectaba de manera especial al llamado antillano.

3-      Los gobiernos cubanos neocoloniales discriminaban al antillano, ofreciéndole cierta aceptación por la importancia que tenían como brazos para la industria azucarera. Prácticamente durante los primeros 30 años de la república, los obligaban a regresar  a sus países, una vez  concluidas  las  labores de la zafra azucarera.

4-      Los antillanos,  soportaron  siempre  las más brutales condiciones de explotación, los peores  empleos y salarios,  condiciones de vida, prácticamente equiparables a condiciones de esclavitud. Con ellos las condiciones de trabajo  esclavo, prácticamente se mantuvieron hasta bien entrado el siglo XX. Situaciones perfectamente visibles en las provincias de Camagüey  y Oriente. También en Matanzas.

5-      En términos de identidad caribeña, Cuba es el país menos caribeño de todo el Caribe. Del mismo modo en que resulta el país menos latinoamericano de toda América Latina. Eso obedece  a que el componente indígena  apenas sobrevivió, España mantuvo la esclavitud del negro mas allá de lo concebible  y la intervención norteamericana  aplastó la formación de una identidad   que quedara integrada    de manera  equilibrada por todos sus componentes. Lo que existe en Cuba es la voluntad política de ser latinoamericanos y de ser caribeños,  pero las condiciones bajo las cuales se forjó nuestra identidad  contradicen  nuestra pertenencia  real al Caribe y a América  Latina. Tales identidades tienen que ser forjadas, en realidad  no existen.

6-      La conciencia que tiene hoy  el cubano de ser caribeño,   funciona como un espejismo, que no se identifica directamente con  costumbres, realidades, sentimientos, ni  casi  con expresiones concretas. Sino  más bien  con una   voluntad de serlo. Porque se intuye que lo somos, pero sin mucha capacidad de señalar  hacia nada que nos lo concrete.

7-      En medio de esa situación, el tratamiento dado durante muchos años a la cuestión racial, que llega hasta nuestros días, ha perjudicado mucho  la conciencia de ser caribeños, pues aun no queda claro  ni qué es   la conciencia racial cubana propiamente dicha.  Aun la definición de nuestra propia identidad racial, se debate en medio del racismo y la discriminación racial existente. El  negro  fue siempre y ha sido el ingrediente de nuestra identidad   nacional  precisamente mas negado y excluido

8-      Uno de los  máximos  y más destacados   esfuerzos, durante los años de revolución,  se ha realizado en Santiago de Cuba, que  si  cuenta con un Centro de Estudios del Caribe, una revista  y un festival anual. Pero no resulta  suficiente, pues no se trata de algo que abarca  a todo el país. Bajo  la cobertura  de reconocer  que Santiago  es la ciudad  más caribeña de Cuba, el resto de la Isla vegeta en los marcos de la desatención del tema.

9-      Existe también El Centro de Estudios del Caribe en asa de La Américas. Con una destacada labor en el ámbito latinoamericano y caribeños. Dirigido por la Dra. Yolanda Wood.

10-  Otro esfuerzo importante es el de Rigoberto López, con su Muestra de Cine del Caribe y Africano, junto a los eventos que cada cierto tiempo desarrolla. El resto de los cineastas, a penas aparecen en estas actividades. Como si el interés cultural, cinematográfico,  así como la conexión África-Caribe,  pudiera ser un acto aislado.

11-  Se han producido pocos libros sobre  el  Caribe, pocos  artículos y los eventos científicos sobre el tema escasean. En los Festivales nacionales de Ballet, salvo con la presencia de Cuba, El Caribe  apenas aparece. Los festivales de música caribeña están casi ausentes. La música caribeña, con excepción de la Steel  Band  y cierta música procedente del Caribe continental, apenas se escucha  o comercializa en Cuba.

12-  La cultura del Caribe en Cuba es desconocida y no es promovida. Pero es que la africana tampoco. De qué modo se puede     generar la actitud hacia el Caribe que se necesita para integrarnos, si el Caribe no se conoce en Cuba. Existiendo solo una conciencia elemental,   no fundamentada ni alimentada, de que Cuba es una Isla del Caribe.

13-  Solo Puerto Rico  es identificado  por el cubano común, de manera elemental  como parte del Caribe.

14-  Milagros Martínez   en La  Universidad de La Habana  lidera, junto a la profesora Digna Castañeda,  un Grupo de Estudios del Caribe,   pero   este  tampoco logra abarcar todas las necesidades del tema. Ni parece contar con el apoyo institucional necesario. Pues nunca ha podido cuajar en un Centro de Estudios, que de coherencia a los esfuerzos que se hacen. Cayendo el tema caribeño en el mismo nivel de desatención que sufren los estudios raciales en la Universidad. Tratándose  de  temáticas  que  ambas entroncan  con la cuestión  afrodescendiente. Otros temas, como los estudios europeos, asiáticos, latinoamericanos, incluso africanos, han tenido mejor suerte dentro de nuestra política científica nacional.

 

En realidad, no estamos haciendo nada nuevo o que  simplemente  debamos hacer,  si trabajamos  por  fortalecer nuestra identidad caribeña, por  rescatar  lo que nos une al Caribe, porque se trata de un componente de nuestra propia  identidad  que no está concluida.

Hace falta realizar esfuerzos mayores, más  reconocidos por el gobierno cubano y más institucionales,  para que el Caribe ocupe en Cuba  el lugar que le corresponde. Defender nuestra identidad caribeña  es  acercarnos al vértice histórico que mas inmediatamente nos vincula con África, sobre todo si entendemos los continuos intentos coloniales, ya históricos, tanto de España como de Estados Unidos,  por des africanizarnos y por blanquearnos. Entonces,  fortalecer  ese espíritu dentro del  cuerpo  de la nación, es defender  el componente de nuestra identidad que nos peculiariza y que nos hace fuertes   para compartir, en igualdad de condiciones  en particular,  con la hispanidad, que siempre fue hegemónica y que aun se bate en retirada por serlo, nuestra identidad. De lo contrario podemos continuar siendo la Cuba a que nos empujaron durante siglos: una  cuba  blanca.

En los marcos del Caribe hay que defender su unidad dentro de la diversidad. Tratándolo como uno y diverso  al mismo tiempo, que es donde radica su fortaleza como región económica y cultural del mundo. Lo contrario sería  permitir su balcanización, ofreciendo la oportunidad de que las potencias imperiales, apoyándose en las diferencias que presenta,  lo dividan evitando que se  logre la verdadera integración, que solo sea  real y factible si se logra respetando su diversidad como algo endógeno  y no como un obstáculo a la propia  integración. La región de conjunto  posee todos los recursos naturales, de biodiversidad y humanos, para constituirse en una región, que junto con América Latina, devenga en una potencia mundial.

No hay otro modo de presentarnos ante el mundo,  o ante cualquier parte del, sino como la Cuba que lucha aun por fortalecer su verdadera identidad. No se puede decir que la hayamos ganado aun totalmente,  pero el solo hecho de reclamarla todos los días, en todos los lugares y de todas las formas posibles,  ya nos convierte en lo que verdaderamente  debemos ser: cubanos completos. Mezcla de españoles, africanos, caribeños, asiáticos.

Ahora que Cuba presidirá la  CELAC  hay que tratar de aunar todos los esfuerzos internos  para dotar  a  los estudios caribeños,  de una plataforma  académico-científica;  que permita un avance  mayor en el orden del conocimiento del Caribe. Los acercamientos e intercambios culturales;  fundar un Centro de Estudios del  Caribe en La Habana, que en coordinación con el existente en Santiago de Cuba, produzca libros, promueva más el conocimiento de los países que lo integran.

Si de verdad  queremos hacer un buen trabajo,  no se trata simplemente de cuatro cubanos brillantes  haciendo magníficos  informes   en la CELAC, sino de mucha gente, que las tenemos, generando una amplia producción intelectual y cultural  que apoye  una política sistemática  sobre el tema caribeño y  la  integración.  Pues no se trata de simplemente  de generar política, por muy brillante que esta pueda resultar, porque las   políticas  se agotan  en su propia ejecución, sino de construir una buena plataforma  para generarlas   continuamente.

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