Hasta que “el pueblo” siga ajeno a estos debates y pugnas entre intelectuales, el cambio seguirá lejano…


Por Sandra del Valle Casals

Se agradece la intervención y el análisis que aporta Víctor Fowler, pues luego de leer los “ires y venires”, una se pregunta: ¿y dónde está el debate sobre discriminación racial en este episodio de pugna política e ideológica?

Aquella sentencia de Fidel (“dentro de la Revolución toda, contra de la Revolución nada”), sigue dominando los márgenes del debate y de la cultura política de la Isla. Las críticas a Roberto Zurbano sólo han desviado el foco de atención sobre los puntos medulares que el tristemente depuesto (“tronado”) ex director del Fondo Editorial de la Casa de las Américas presentaba para la discusión (y la democión de Zurbano es otro tema crítico que se debiera discutir).

La respuesta a lo que Zurbano plantea (el futuro de los desposeídos, en su mayoría negros, en el contexto de liberalización económica en Cuba y encogimiento del estado de bienestar del país) no ha sido dada. Obviamente, esta respuesta no sólo le corresponde a los intelectuales cubanos (quienes son los grandes protagonistas de esta querella), como tampoco únicamente a nuestros representantes en los diferentes niveles de toma de decisiones; pero es una respuesta que tiene que incluir al pueblo, y mucho más a esa parte de la población cuya movilidad social quedará suspendida y empeorada si no se implementan políticas para contrarrestar los efectos “colaterales” de la liberalización económica.

Y como muchos de l@s contendientes han dicho, tener en cuenta el contexto histórico es importante. Por eso, no debemos dejar de preguntarnos, por qué estamos donde estamos en términos de políticas en contra la discriminación racial, la marginalización, la exclusión social, la violencia contra las mujeres, etc. Pero no sólo debemos entender por qué estamos donde estamos, si no también hacia dónde nos dirigimos. Un futuro de justicia social debe ser garantizado para tod@s y por tod@s. Pues la “Revolución” no sólo debe defenderse a sí misma, tiene que ser defendida desde la realización de la libertad plena de cada uno de l@s cuban@s.

Sólo una nota al pie al texto de Rodríguez Rivera: tan internalizados están también los patrones de la sociedad patriarcal en Cuba que, “obviamente”, sólo podemos pensar en el hombre (macho, varón, masculino) que nos gobernará después del 2018?! Mi preocupación es, que como mismo se reproducen estos patrones de exclusión de las mujeres en el discurso, también ocurre sobre el tema de la discriminación racial. ¿O es que aprender que es mejor ser blanc@ o pasar por blanc@ no encierra un proceso cultural e ideológico desde donde se sigue manifestando la discriminación? En este sentido, tanto el macro-debate en términos de “la Revolución” se vuelve peligroso por generalizador; así como también el regodeo en la anécdota cotidiana.

De todos modos, hasta que “el pueblo” siga ajeno a estos debates y pugnas entre intelectuales, el cambio seguirá lejano…

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