¿Y las lesbianas feministas cubanas donde están?


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Hechos

Hace cinco años atrás, tuve la oportunidad de acompañar a mi colega y amiga Norma Guillard (1) al grupo que, por entonces, ella coordinaba en el Centro Nacional de Educacion Sexual (Cenesex) y estaba dirigido a mujeres lesbianas.

En ese entonces me llamó la atención que, entre aquellas mujeres lesbianas y bisexuales que se reunían de manera sistemática, las ideas del feminismo, siquiera las más básicas, no aparecían ni por asomo. Todas ellas tenían experiencias comunes sobre sus relaciones erótico-amorosas; sin embargo, de manera general, el posicionamiento respecto a la opresión de las mujeres dentro del patriarcado no encontraba lugar en el discurso individual y mucho menos en las reflexiones grupales.

Supuse entonces que se debía al desconocimiento del feminismo o de la categoría género, mucho más legible para la población en general, menos demonizada y políticamente correcta, como movilizadora y gestora de acciones concretas para la consecución de los derechos relacionados con el libre ejercicio de la orientación sexual.

Recuerdo, además, que mientras cursaba la Maestría en Género de la Universidad de La Habana, el tema de las relaciones entre mujeres salió a la palestra en varias oportunidades, casi exclusivamente, porque Norma Guillard lo puso encima de la mesa. Simplemente no era contenido de nuestros módulos pensar o debatir acerca de las relaciones de género en conexión con la identidad y la orientación sexual. Hablamos siempre de “mujeres”, pero estoy casi segura que no incluíamos a las lesbianas. Sin embargo, prefiero pensar que, de haber habido más lesbianas en el auditorio o en el profesorado, nos hubiésemos acercado más a explicar cómo el género no funciona de igual modo para quienes están en el borde de la categoría. Ya lo dijo el marxismo: “el hombre (y la mujer) piensan como viven”.

Otro incidente en relación con las tensiones, tácitas o explícitas entre el lesbianismo y cierto segmento del activismo feminista lo vivencié en un foro en Internet. Aconteció una discusión que llegó hasta la emoción entre quienes defendíamos el aborto y quienes responsabilizaban, exclusivamente, a las mujeres heterosexuales de esos embarazos no deseados. Me sorprendió enterarme –era muy utópica entonces— de la existencia de mujeres lesbianas que condenan a sus iguales por abortar. Quizás mi condición de mujer nacida con el aborto legalizado me sobre expuso.

La maldita circunstancia de…

Como sucede en otras latitudes, existen diversas tensiones entre el feminismo más tradicional (2) y las reivindicaciones de las lesbianas/queers. Quizás en el origen de estas tensiones, en nuestro caso, esté el hecho de que las lesbianas en Cuba aún necesitan reivindicarse como “mujeres reales”, partiendo del hecho de que en el país solo se habla de hombres y mujeres: a los primeros corresponde la masculinidad y a las segundas la feminidad.

En nuestra isla, que además de estar rodeada de agua, vive la maldita circunstancia del machismo y el sexismo por todas partes, existen ideas en el imaginario popular que cuestionan la condición de mujer de las lesbianas, pero no de manera enriquecedora, como plantease Monique Wittig en 1978, durante una conferencia (3), sino convirtiéndolas en un ser raro, negativamente masculinizado, estéril.

En nuestra tierra, el hecho de ser lesbiana puede ser interpretado como un ataque a la moral y las “buenas costumbres”, hasta ser catalogada como una persona enferma o simplemente “ella tiene un problemita”.

Y es que el paradigma de la mujer se ha soportado desde la feminidad más tradicional (4), a pesar de que las cubanas hemos sido históricamente luchadoras y transgresoras (5).

Ejemplos podríamos citar varios que conducirán, inevitablemente, al debate. Sin embargo, solo quiero mencionar que, en mi opinión, la revolución cubana ha sido construida, y aún se construye, sobre los hombros de las mujeres cubanas, pues estas salieron a la vida pública y además continuaron con sus labores domésticas para garantizar la reproducción de la fuerza laboral y la familia.

Por otro lado, hasta 2007 el logotipo de la Federación de Mujeres Cubanas incluyó un bebé en brazos de una mujer miliciana. Sin pretender realizar un análisis profundo de todas las ideas que me provocan dicha imagen, lo cierto es que ese fue el símbolo por más de 40 años, de la organización ,que, en su momento, fue una de las más progresistas del país, y en el logo de marras se legitima la maternidad como fin o parte de la feminidad (6).

La feminista cubana Yasmín Silvia Portales, en una entrevista para IPS, lo expresaba de la siguiente manera: “Sí, el discurso maternal es raigal en Cuba (mirar el logo de la FMC basta) y sigue condicionando nuestros imaginarios, solo que algunas nos permitimos negociar con este modelo maternal, eso lleva al postergamiento [sic], y unas pocas se libran, lo cual lleva a la renuncia”.

Presumo entonces que esos bebes nacerían de cubanas heterosexuales y no lesbianas, pues otra idea recurrente es que estas últimas no están interesadas en tener descendencia, pues quieren ser hombres, y que además no están en capacidad para criar y mucho menos para adoptar, como recientemente leyera en una de las discusiones que en Internet se suscitaron alrededor del 17 de mayo.

La fertilización artificial en Cuba es patrimonio de las parejas heterosexuales. Para las mujeres lesbianas, al igual que para las solteras, eso aún es un sueño. Si este reclamo fuera parte de la agenda del feminismo contemporáneo cubano y de la FMC, quizás lográsemos que las mujeres lesbianas pudieran acceder a la concepción de un embarazo, como mismo accedieron las personas trans a las re-asignaciones de sexo  (7).

Portales Machado propone lo siguiente en este sentido: “Modificación de la legislación sobre la fertilización asistida para que su acceso no sea otro bastión de la ‘familia tradicional’, esa que nadie sabe quién se la inventó ni cuándo fue mayoritaria en Cuba, porque si no parir es un derecho, hacerlo también”(8).

De manera que, al igual que para otros temas –como la racialidad y el sexo comercial por ejemplo–, el pensamiento y activismo feminista cubanos contemporáneos no han dedicado mucho tiempo a hablar de las otras, de aquellas que viven en el margen de la feminidad tradicional y que su lucha supone mucho más que la equidad entre los géneros sino también intra-género.

Nuevas voces

En el panorama del feminismo lésbico-queer en Cuba es posible distinguir en estos momentos tres voces, entre las que me resultan muy novedosas, actualizadas y comprometidas con el feminismo lésbico. En este sentido quiero mencionar al grupo de rap Krudas Cubensi, a la historiadora Logbona Olukone y a la editora Yasmín Silvia Portales Machado, a quien cité previamente.

Como escribía hace poco, la agrupación cubana de rap Krudas Cubensi ha subvertido todos los márgenes posibles dentro del activismo feminista, no solo desde la propuesta musical que defienden, sino también desde sus propias vidas.

Krudas Cubensi está conformado en este momento por Odaymara (Pasa Kruda) Cuesta y Olivia (Pelusa) Prendes, quienes son pareja. Estas mujeres han dedicado temas a la menstruación, a las “mujeres que gustan de papayas” y en general al libre ejercicio de la orientación sexual y la identidad de género. El más reciente disco de esta agrupación muestra cómo el feminismo lésbico les ha permitido acercarse a otras corrientes menos conocidas en Cuba como el feminismo postcolonial.

“Poderosxs porque lo somos, porque nada nos hará sentir disminuidxs o autovictimizadxs, tenemos mucho poder, personal, colectivo, real, espiritual, conceptual, cognitivo, corpóreo, vital. Krudxs Cubensi, Odaymara y Olivia, empoderando a nuestrx gente, a nuestras comunidades queers, de color, clase trabajadora, emigrantes, feministxs haciendo consciente el poder que tenemos todxs, convocando a la fiesta, a salir de esos closets tristes y solitarios, a militar en el activismo LGBTA desde nuestros realizadísimos poderes”(9).

Logbona Olukone es una joven historiadora y profesora universitaria que, ahora mismo, se encuentra posicionada en el afrofeminismo lésbicoqueer y sus preocupaciones son: “Como feminista afrocubana, también me siento muy identificada con las políticas queer, ya que ser queer es una disidencia política que desestabiliza no solamente las categorías sexuales, sino también la heteronormativadad y la homonormatividad que existen en las relaciones de género, raza y clase dentro de las sociedades”(10).

Logbona reconoce también las ventajas del rol que asume como profesora y como, desde esa posición, también subvierte el paradigma:

“Como feminista, me interesa provocar sensaciones y pensamientos, pero desde la horizontalidad, desde la actividad diaria. Mediante “los excesos” de mi forma de vestir “masculina”, mis transformaciones con mi pelo afro, mis tatuajes y mis opiniones siempre diferentes, creo en la importancia de esas acciones diarias que hacen pensar a trabajadores, profesores y principalmente a los estudiantes”.

La editora y bloguera Yasmín Silvia Portales Machado parte de su sexualidad heterodoxa para cuestionarse asuntos como la maternidad, los roles de género, el erotismo, etc.

Portales Machado coordina además el Proyecto Arcoiris, que se dedica al activismo por los derechos de las personas LGTB en Cuba. En calidad de miembro de este proyecto participó en la VI Conferencia Regional de ILGALAC, realizada en Varadero.

Además, fue una de las gestoras y editoras principales de NotiG, un boletín digital, que—a falta de referentes anteriores— consideramos el primero que abordó desde Cuba la homosexualidad y circuló noticias y convocatorias por las redes. Este boletín desapareció debido a que nunca recibió por parte de institución cubana alguna –en este caso sería el Cenesex– una carta que le permitiera inscribirse en el Registro Nacional de Publicaciones Periódicas.

En estos momentos, Portales Machado está también a la cabeza del boletín Ahí te va, perteneciente al Proyecto Arcoiris, y se encarga de actualizar la bitácora.

Del mismo modo es una de las pensadoras más agudas que, partiendo del marxismo, aborda el complejo entramado de relaciones de poder y las exclusiones en el seno de la sociedad cubana. Buena parte de esos cuestionamientos se encuentran en su bitácora, Entre 2310 y 8225.

Quiero entender que no es por casualidad que estas tres mujeres sean negras. Pero ese será motivo de otro texto, ojalá para este espacio.

Notas

(1) Norma Guillard Limonta es psicóloga e investigadora. Quizás sea la feminista lésbica que más ha impulsado el tema. Las más jovenes le debemos a ella buena parte de nuestra toma de conciencia. Por un tiempo considerable, Guillard dirigió el grupo OREMI, de mujeres lesbianas y bisexuales, del Centro Nacional de Educacion Sexual.

(2) Me refiero a aquel feminismo que se apega más al género como categoría fundamental y donde se tiene como meta, casi exclusiva, la equidad de las mujeres—obviando muchas veces las desigualdades que generan la heteronormatividad, el racismo y la desigualdad económica.

(3) Monique Wittig: “La mente hetero“, discurso pronunciado en el Congreso internacional sobre el lenguaje moderno, traducido por Alejandra Sardá, citado por Yuderkys Espinosa en “No ser mujer o la disyuntiva lesbiana“, disponible en https://negracubanateniaqueser.files.wordpress.com/2014/05/no_ser_mujer_o_la_disyuntiva_lesbiana-libre.pdf

(4) Aquella que cada 8 de marzo es celebrada a partir de estereotipos como la sensiblidad, la pasión, etc.

(5) Sugiero consultar el artículo “Revolucionarias pero femeninas: significaciones del 8 de marzo en los medios cubanos“, disponible en http://www.redsemlac-cuba.net/component/k2/revolucionarias-pero-femeninas-significaciones-del-8-de-marzo-en-los-medios-cubanos.html

(6) Un análisis grosso modo de la imagen revelaría cierta tensión entre esa mujer madre que participa, fusil al hombro, en la defensa del país. Por una parte, una mujer valiente, guerrera, transgresora y; por otra, tradicional.

(7) Menciono las reasignaciones de sexo en el caso de las personas trans porque el hecho de que se puedan realizar ahora en Cuba habla de la voluntad política de las instancias decisoras. En este caso, la Comisión Nacional para la Atención de las Personas Transexuales jugó un papel fundamental. No obstante, espero que no haya que establecer en el país una comisión para otorgarles a las lesbianas el derecho a concebir con el uso de las técnicas de reproducción asistida con que cuenta el país.

(8)Yasmín Silvia Portales Machado: “Medidas ante la crisis demográfica en Cuba“, disponible en http://yasminsilvia.blogspot.de/2009/01/porpsito-de-las-medidas-ante-la-crisis.html

(9) Sandra Abd’Allah-Alvarez Ramírez: “Poderosxs un nuevo volumen de rap krudo y vegano“, en Cuba contemporánea, disponible en http://www.cubacontemporanea.com/noticias/poderosxs-nuevo-volumen-de-rap-krudo-y-vegano

(10) Sandra Abd’Allah-Alvarez Ramírez: “Ser queer en Cuba y no morir de hambre en el intento es toda una hazaña“, en Pikara Magazine http://www.pikaramagazine.com/2014/04/ser-queer-en-cuba-y-no-morir-de-hambre-en-el-intento-es-toda-una-hazana/

Publicado en Feminismos de hoy

3 comentarios en “¿Y las lesbianas feministas cubanas donde están?

  1. nunca entenderé al feminismo, una clase de machismo inverso, de quererse igualdad se llamaría “igualitarismo”. de quererse igualdad se dejarían de utilizar términos que etiqueten a los seres por sus preferencias sexuales, ya que he allí la primera agresión, al desligarse del conglomerado de almas. Sobre todo, de quererse igualdad, nunca se tomaría algo tan vano, banal como el pedazo de tierra en que se nació para definirse, o tomarlo como parte de nuestra personalidad.

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