Me dicen Cuba: Señal de alarma


Foto tomada de http://www.viewphotos.org
Manicaragua, Villa Clara. Foto tomada de http://www.viewphotos.org
Manicaragua, Villa Clara. Manicaragua, Villa Clara. Manicaragua, Villa Clara, y así hasta llegar a cien. Ese era nuestro destino y tenía que aprenderlo. Memorizaba además que vivía en Calle 18 no. 419…

No tengo idea de dónde queda, pero desde muy chica sabía que de pasar algo tendría que ir a para ese pueblo con nombre que me invitaba a cruzar el Caribe.

El sonar incesante del golpeo de un metal sobre otro era la señal que iniciaba la desesperación. Recogíamos en un tiempo mínimo lo más importante de nuestras vidas: agua, latas de carne rusa, un abrigo, tarjeta de mejor, algunas medicinas, etc. Nada verdaderamente trascendente.

Eso de teatralizar una situación tan devastadora me dejaba francamente exhausta. Aun cuando sabía que era una simulación, la adrenalina ocupaba mi cuerpecito de preadolescente y hasta que no acababa el simulacro y llegaba a mi casa, por entonces mi refugio natural, no volvía a recuperar la respiración pausada.

Lo he soñado una y otra vez y, en dependencia del momento de mi vida, viene a mi memoria el sufrimiento ante las cosas que se quedarían atrás y no podría llevar conmigo. Así pasé por aquella pionera de piel negra que era mi muñeca preferida, hasta los libros que descansaban en las paredes de mi casita habanera. Pensar en despegarme de esos objetos me producía tanta angustia como la eventual posibilidad de perder la vida.

Fue tanto el miedo que nos inundó que mi abuela Niña cedió una parte de nuestro patio de mangas y mamoncillos para convertirlo en refugio.

A mi hermana Cuqui y a mí nos encantaba el misterio que emanaba de aquella construcción de grandes planchas blancas, pero teníamos la prohibición de acercarnos a su entrada. Para mí era como una gran piscina sin agua. Nunca fue usada. De hecho, varias trepadoras colmaron su entrada de flores.

Muchos años después, a mi hermana Ampy le costaría Dios, burocracia y ayuda recuperar el espacio que siempre fue parte del patrimonio familiar.

Helicópteros, petardos, fuegos artificiales y sirenas todavía me despiertan esa sensación de desasosiego, de peligro inminente. La angustia sigue recorriendo mi cuerpo, no ya tan diminuto como en los años 80, pero igual de sensible a la voz de: ¡Llegaron los americanos!

Publicado en Cuba Contempóranea

Un comentario en “Me dicen Cuba: Señal de alarma

  1. Que tiempos aquellos, para todos los de mi generación. Cuantas movilizaciones para realizar maniobras militares, pues los yanki, nos amenazaban con una iminente invasión !!!. Que tiempos aquellos mi jente!!!.

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