Cuando el tema de la violencia de género pasa a formar parte de la moda


A mi no me crean, pero siento en ocasiones cierto tufillo a oportunismo cuando de ciertos temas se trata, o simplemente es moda y como tal hay que montarse en el carro. Por ejemplo, algunas de las campañas que desarrollan, patrocinan y pagan los organismos internacionales y agencias para el desarrollo sobre la violencia contra las mujeres.

De primera (y pata) noto cierto tratamiento estéril del tema, y eso incluye que artistas que nunca se han preocupado públicamente por la temática de pronto se conviertan en una especie de embajadores, cuando artivistas llevan años poniéndole la piel al asunto. En Cuba se me ocurren al menos dos ejemplos: Supercrónica Obsesión y Krudas Cubensi, ambas agrupaciones con más de 10 años de lucha intensa contra todo tipo de violencia y discriminación y que desarrollan proyectos comunitarios auto-gestionados (o sea con dinerito de sus bolsillos). Pero las agencias parece que no lo saben o nadie se ha ocupado de informales.

También incluye a la gente que pone sus naranjitas el 25 de cada mes en sus perfiles en Facebook, pero en lo cotidiano pasa del tema y siempre le parece que ese un problema del otro. Y otros que hasta llegan a escribir sobre el tema y es donde se equivocan al igualar al victimario con la víctima (de buenas ignorancias están plagados los caminos a la sabiduría).

¿Qué pasaría si el dinero dedicado a las oleadas naranjas, donde a veces me pierdo buscando a las víctimas de la violencia machista, se dedicaran a crear y mantener hogares para las mujeres cubanas golpeadas?

Sobre los carteles y sus consignas, ¿cuándo pasaremos de las serpientes que nos muerden la cola como “el valiente no es violento”?. Como si no supiéramos que esa valentía ha sido también una camisa de fuerza para los propios hombres. Pero ese es sólo un punto. El análisis certero lo hicieron las colegas de Asamblea Feminista cuando analizaron el spot de la Campaña Unete de Naciones Unidas visitando en el marco del pasado Festival de Cine de La Habana.

De manera que, y ahi pido que me crean, las cubanas seguimos siendo violentadas en la prensa, en la publicidad, en las estadísticas (continúo sin saber cuantas cubanas murieron en los últimos 5 años a mano de sus parejas, novios o ex), en nuestras propias vidas…

Hago entonces un llamado para que usemos la plata en las propias cubanas de a pie, en esa que tiene que llevar a su hijo cada día a la escuela, luego de haber pasado una noche con el tipo que, aún siendo su pareja, la viola. Créanle a Yadiana S. Guibert cuando al releer el cuento “Madrugada” de Aida Bahr, muestra audiovisualmente la violencia sexual en el matrimonio.

Yo no quiero criticar el trabajo de alguna persona en particular, bien se que “se hace lo que se puede”, más en Cuba donde no tenemos aún una ley contra la violencia machista. Tampoco quiero decir qué es lo prioritario. Yo seguiré dando Me gusta a los artículos sobre dichas campañas. Sin embargo, tengo una hermana sobreviviente a la cual esos mensajes, talleres y slogan no llegan, como si Lawton estuviera en Madagascar. Lo de ella es la vida dura y cruda de la cotidianidad cubana. Ahí es donde Lucía necesitó sobreponerse para que yo les pueda mencionar hoy su historia.

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