¿Existe gentrificación en Cuba?


Por Adrián Rodríguez Chailloux

Uno de los puntos centrales que todos los especialistas en la materia señalan, es el surgimiento del término “gentrificación” a mediados del siglo pasado, anclado principalmente a la intención de explicar un conjunto de transformaciones del entorno urbano de ciudades industriales provocadas por el modelo keinesiano de producción capitalista. Es por ello, que las primeras investigaciones desarrolladas sobre este tema, estuvieron centradas principalmente en Inglaterra (origen del concepto) y posteriormente en los EE.UU, las cuales tenían como objetivo central dar cuenta de los procesos de “modernización” por los que atravesaban algunas áreas urbanas en franca decadencia y como estos eran “colonizados” o “reconquistados” por el capital (principalmente el sector inmobiliario) con el interés de beneficiar a las clases medias y altas, provocando procesos de modificación socio-urbana y arquitectónica, aumento de las rentas, transformaciones en el uso del suelo y por consiguiente la expulsión de la población originaria que habitaba estos barrios.

Sobre esta primaria definición, al parecer existió un consenso que se comenzó a desdibujar y complejizar a fines del siglo XX, a partir de una serie de estudios empíricos en ciudades de América Latina y España que tuvieron como eje analítico la relación entre los cambios urbanos y los nuevos procesos tecnológicos y productivos asociados principalmente a la globalización neoliberal. Hecho posibilitado además, por el propio proceso de adaptación y traducción1 que tiene que atravesar el término para explicar un conjunto de fenómenos que no se veían en las ciudades de los principales países desarrollados.

Por eso, además de las dimensiones analíticas que mencionaba anteriormente, se suman o se relacionan a este concepto otra serie de variables explicativas como pueden ser la globalización, “boutiquización”2, renovación y revitalización urbanística, arquitectónica y cultural etc., que tiene como objetivo ofrecer una mayor fortaleza explicativa a las transformaciones que atraviesan las ciudades latinoamericanas, siendo el foco de atención principalmente los centros históricos (La Habana, Ciudad de México, Puebla, Quito, Rio de Janeiro, Buenos Aires, Cartagena, Bogotá, entre otras más) y algunas zonas periféricas de algunas capitales de la región (Santiago de Chile).

O sea, en la actualidad la gentrificación es entendida como un concepto polisémico (utilizado principalmente por urbanistas y arquitectos) que intenta explicar un conjunto de transformaciones urbanísticas, arquitectónicas, sociales, culturales y económicas asociadas principalmente a la globalización neoliberal y como este proceso trae aparejado un conjunto de desigualdades socio-territoriales en detrimento del bienestar de las clases populares y en beneficio de grupos sociales de mayor poder adquisitivo. Proceso que puede ser llevado de la mano por el propio Estado, como también por intereses privados, así como por el apoyo de organismos financieros internacionales y por algunas agencias de las Naciones Unidas (UNESCO). Desde este tipo de análisis se desarrollan algunas dimensiones básicas para explicar la gentrificación, siendo las más importantes la patrimonial, turística, inmobiliaria, de revitalización cultural, entre otras no menos importantes.

No me voy a detener mucho en explicar cada una de las dimensiones analíticas del concepto, así como sus usos y abusos o fortalezas y debilidades, porque sobre esto se ha escrito mucho -y no quiero irme de las preguntas que me formulas-, aunque te puedo remitir a un conjunto de investigadores, donde me gustaría destacar al alemán Michael Janoschka y su grupo de trabajo, que trata de adaptar el concepto desde una perspectiva latinoamericana y se aleja de las tradicionales definiciones anglófonas y por otra parte, también te puedo recomendar algunas perspectivas críticas sobre el concepto, donde me gustaría destacar al profesor español de la Universidad Autónoma de Barcelona Miquel Fernández González.

Bajo esta perspectiva considero que el uso del concepto de gentrificación para entender las actuales modificaciones socio-urbanas y arquitectónicas que están ocurriendo en la Cuba es complejo y debemos tener cuidado en su uso, para no incurrir en el error de caracterizar una serie de fenómenos socio-urbanos como procesos gentrificadores, cuando en realidad apuntan a otros tipo de hechos sociales, como pueden ser la “elitización” o “aburguesamiento” de algunos espacios urbanos, a los que se puede sumar temas trabajados por la sociología urbana, principalmente la Escuela de Chicago en las primeras tres décadas del siglo pasado. Es por ello que recalco que para adentrarnos en estos procesos socio-urbanos, no solo se requiere contar con sólidas herramientas teóricas que nos proporcionen una mayor claridad sobre lo que vamos a entender por gentrificación, sino también un conocimiento amplio de la historia de las ciudades. Cualquier punto ciego en este tipo de análisis, nos traerá más confusión que certezas.

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Imagen: “El Capitolio” de halbag

Por otra parte, hablando específicamente sobre el caso cubano, prácticamente no existen estudios que apliquen este término para tratar de explicar las transformaciones urbanas por las cuales atraviesa el país en las últimas décadas. La razón de esto puede estar dada en parte por la reciente novedad del tema, aunque cualquier búsqueda sobre esta temática, automáticamente nos llevará a un estudio pionero realizado por el investigador norteamericano (Scarpacci, 2000) sobre el Casco Histórico de la Habana Vieja y el impacto que ha traído el turismo y algunos actores sociales asociados a este tipo de economía de servicios (turistas e inversores inmobiliarios principalmente) en los barrios que se hayan enmarcados en este lugar, así como los colindantes. Estudio que debe ser tomado con cuidado, porque según las conclusiones a que arriba parecerían que apuntarían a otro tipo de fenómenos socio-urbanos y no a un proceso de gentrificación como tal. Hablo específicamente de los problemas y contradicciones asociadas a los proyectos de desarrollo sustentable o endógeno en regiones determinadas3.

Afirmó esta idea a partir del hecho de que una las características centrales de este concepto es la expulsión o el desplazamiento forzado o no de los habitantes originales y el arribo de nuevos habitantes con mayor poder adquisitivo que modifican el entorno urbano. Bajo este parámetro, es muy difícil afirmar que en la actualidad podamos hablar de un proceso de gentrificación consumado en algunas ciudades de Cuba.
En el caso del Casco Histórico de La Habana, el cual ha sido uno de los espacios urbanos que ha generado mayor número de investigaciones de diversa índole no creo que podamos hablar de la existencia cabal de un proceso gentrificador, porque según datos de algunos investigadores que han trabajado la temática en Cuba (Scarpacci, 2000) (Janoska, 2013) la expulsión de los habitantes originales así como el arribo de grupos sociales con mayor poder adquisitivo no ha sido la característica principal del proceso de renovación de este espacio citadino4. De hecho si analizamos los procesos migratorios al interior del país, podemos notar como uno de los lugares donde más se asientan en La Habana los grupos de menor poder adquisitivo del interior del país es en esta zona, así como también en la periferia de la ciudad.

Esto no quiere decir tampoco que en la Habana Vieja no se hayan dado procesos de desplazamientos de habitantes hacia otras zonas de la ciudad (principalmente el Reparto Alamar al Este de la ciudad) promovidos por el Estado cubano, pero estos se han dado en los casos en que los habitantes residan en espacios de interés histórico y estos han sido los menos, porque el proceso de “recuperación patrimonial” se ha dado en torno a antiguas edificaciones que ni antes ni ahora fueron utilizadas como viviendas y en los casos que el uso del suelo ha sido modificado antiguamente estos primariamente nunca fueron espacios habitacionales.

Por otra parte, el proceso de desplazamiento “por necesidad” de antiguos habitantes, también está dado por el tema de la antigüedad de las construcciones que datan del siglo XIX y principios del XX y el peligro real o latente de derrumbes parciales o totales de estas edificaciones, asunto que se convierte en uno de los temas más preocupantes de esta zona. En una entrevista realizada a la arquitecta cubana Gina Rey en el año 2004, está señalaba que la tasa de derrumbes totales o parciales en la Habana Vieja, Centro Habana y el Cerro, (donde se encuentran los barrios más antiguos de la ciudad) rondaban la cifra de 3 diarios. Catástrofe que en la actualidad me imagino que será mayor, a lo que agregaría que ni el tiempo ni el salitre ni la húmeda perdonan a esta ciudad. Asunto, que por cierto, no es nada nuevo en La Habana. En una investigación desarrollada en el año 1945 sobre el tema de la vivienda de clases populares (vecindades y solares) en La Habana por el jurista y sociólogo cubano Juan Manuel Chailloux (Los Horrores del Solar Habanero), demostraba como el tema de los derrumbes y las demoliciones, hacinamiento y malas condiciones salubres, no es un tema nada nuevo en la capital de la Isla, asunto que no eran tan relevante para la época por el crecimiento de la ciudad hacia otras zonas de la capital.

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Imagen: Topyti

De hecho un análisis somero del emergente mercado inmobiliario de Ciudad de La Habana, nos muestra que los precios en que se puede vender un apartamento o una casa en este espacio urbano, es mucho menor que en otros espacios de la ciudad, como pueden ser el Vedado, Nuevo Vedado, Miramar, Playa, el Naútico, Kholy o en términos territoriales todos los barrios que están desde 23 y Malecón hacia Santa Fe, principalmente cerca de la línea costera5. Una hipótesis que se puede manejar es que la menor cuantía de estos precios inmobiliarios puede estar dado por la obsoleta infraestructura habitacional y la antigüedad de los inmuebles de esta zona, que implicaría una inversión mayor en la reparación y mantenimiento por parte de los posibles compradores (nuevos habitantes), a lo que se suma que se requiere modernizar toda la infraestructura urbana (agua y calles principalmente) asunto que está vedado a particulares. Sin estas mínimas condiciones es imposible que las emergentes clases medias cubanas o los nuevos inversionistas extranjeros tengan en la mira esta zona como posible espacio residencial para habitar. De hecho, en varios estudios realizados entre el año 2004 y 2009 por el grupo de Estructura Social del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas del CITMA sobre el tema de las desigualdades sociales en el país y en la ciudad de La Habana, nos muestran como las emergentes clases medias y altas, priorizan los barrios que te mencionaba anteriormente situados al oeste de la capital siguiendo la franja costera y no tienen entre sus interés mudarse a la zona vieja de la ciudad, por más interés de las instituciones cubanas o el mercado en revitalizar la zona.

Por otro lado, aunque en la mayoría de los estudios de gentrificación en cascos históricos se mencione al turismo y la revitalización cultural como aspectos relevante en estos procesos, el caso habanero complejiza el análisis. Un punto que no debe ser pasado por alto es el hecho que la Habana Vieja y su casco histórico siempre tuvieron una amplia oferta cultural, -solo superada por la oferta del barrio Vedado- que iba más allá del tradicional circuito museístico y se llegaba ampliar hasta galerías de arte, salas de conciertos y exposiciones.

A su vez, la atracción de turismo, así como de posibles inversores extranjeros, tiene la finalidad de captar capitales y reinvertirlos en la propia reconstrucción del Casco histórico y otras obras de carácter social (Hogares Maternos, Casa de Abuelos, escuelas al interior de Museos) según la Oficina del Historiador, principal institución que dirige todas las modificaciones de este espacio. De hecho las principales inmobiliarias extranjeras que se han asociado al Estado cubano y operan en este espacio urbano, han tenido como centro la recuperación de antiguos edificios y plazas (Lonja del Comercio, Muelle Sierra Maestra, Plaza Vieja, entre otros más), pero le es vedado la intención de comprar terrenos o reconstruir edificios con un interés habitacional.

Por otra parte, este interés en la atracción de turismo ha provocado un dinamismo económico en la zona, de la cual se han aprovechado los antiguos residentes para emplearse (legal o ilegalmente) dentro de uno de los sectores más dinámicos de la economía cubana. Asunto que hace más difícil que exista un desplazamiento forzado por el Estado de los antiguos habitantes de los barrios que conforman este espacio hacia otras zonas de la ciudad. Hasta este momento, los más afectados por este proceso, han sido el mercado artesanal y sus artesanos que desde los ochenta hasta la actualidad han sido desplazados en tres ocasiones6. De la Catedral hacia el frente del Colegio de San Alejandro y de ahí hacia la zona de los muelles, y aunque en su momento hubo muchas críticas a esa medida por parte de los afectados, en la actualidad con la recuperación de la Alameda de Paula, la puesta en marcha nuevamente de la terminal de cruceros, así como la construcción de la Cervecería Vieja, existe la esperanza de mayor tránsito de turistas y por tanto aumento de las ventas.

En otras palabras, cuando en otros centros históricos latinoamericanos esta primando el interés privado con el objetivo de modificar del uso del suelo en beneficio del sector inmobiliario para atraer a la clases con mayor poder adquisitivo y por consiguiente la expulsión masivamente a los antiguos residentes; la vieja Habana presenta otras características que no creo que puedan ser definidas como un proceso de gentrificación en todo el sentido de la palabra.

Ahora si tratamos de analizar otras zonas de la ciudad, como pueden ser los barrios cercanos a la línea costera que mencionaba anteriormente, creo que podemos ver una serie de procesos urbanísticos y sociales que no apuntan específicamente a un proceso de gentrificación. En este sentido, si analizamos lo que está ocurriendo en barrios como el Vedado o Miramar, lo que podemos ver es un proceso que apunta más a un “aburguesamiento” o “elitización” de la zona, asunto que desde el surgimiento de estas barriadas en la primera mitad del siglo pasado hasta la actualidad han sido una de las características constitutivas principales de estas barriadas residenciales y esto no ha cambiado ni en la época de la república ni cuando el proceso revolucionario tuvo una vocación más social ni ahora que estamos frente a un Estado que reconoce las desigualdades sociales como parte constitutiva de su funcionamiento y el mercado tiene una mayor relevancia que en décadas pasadas.

Tratando un poco de resumir un poco estas ideas acerca de las trasformaciones socio-urbanas a las que se enfrentan las ciudades cubanas, así como sus habitantes: Considero que nos hayamos frente a una de las contradicciones asociadas a las actuales estrategias de desarrollo económico cubano. Y acá lo importante a destacar es el hecho de como ciertos espacios de la capital se revitalizan en torno a las demandas del mercado, pero con la característica central de que hasta el momento no se expulsa a la población original. Por otra parte, aunque no podamos hablar de la puesta en marcha de un proceso de gentrificación en La Habana en la actualidad, puede que un futuro no muy lejano, a partir de la propia estrategia puesta en marcha de crecimiento económico del país, podamos vernos enfrentados a un proceso de gentrificación. Los planes de construcción de campos de Golf en varias regiones de la Isla cercanos a centros de población, la propia puesta en marcha del puerto del Mariel como principal zona de inversión extranjera en el país, así como el continuado proceso de deterioro de la Habana Vieja y sus alrededores, pueden que se comiencen a desarrollar procesos inmobiliarios en zonas actualmente deprimidas en la ciudad en interés de las emergentes clases medias y altas cubanas y del capital privado extranjero.

NOTAS

1 El término de gentrificación proviene de la palabra gentry, que es la manera en que se caracterizaban a la burguesía rural inglesa.

2 Termino que hace referencia a la creación de tiendas de marcas de ropa y calzado exclusivas en barrios antiguamente pobres.

3 Uno de los aspectos que mayor contradicción ha traído el “rescate” de la Habana Vieja, ha sido la mayor reconstrucción de edificios históricos en detrimento de la “recuperación” de edificios habitacionales, el cual hasta el momento es menor.

4 Según Scarpacci en su estudio citado, nos brindaba el dato que hasta el año 2000 desde la puesta en marcha del plan maestro de recuperación del Casco Histórico se habían desplazado 200 familias desde este lugar hacia otros barrios de la ciudad.

5 De hecho si analizamos el reciente mercado inmobiliario en La Habana realizado en algunas páginas webs creadas para este fin, podemos notar como la oferta y los precios más altos en apartamentos y casas se hayan en barrios como el Vedado, Miramar, Kholy y Siboney. Por poner un ejemplo. Cuando una casa de 10 habitaciones en la Plaza Vieja es ofertada en 280, 000 CUC (fue el precio más alto que me encontré en todo el municipio de la Habana Vieja), una “mansión” en Miramar es ofertada en 400, 000 CUC y pueden llegar hasta el medio millón de CUC.

6 Estos desplazamientos nunca han sido fuera de la zona turística de la zona.

5 comentarios en “¿Existe gentrificación en Cuba?

  1. Este es un tema que desde hace mucho ha sido abordado por investigadores cubanos que el autor desconoce o no cita, apoyándose solo en fuentes de rigor cuestionable al analizar el caso del Centro Histórico (no Casco Histórico). Hace más de tres lustros en el Congreso de la UNEAC se abordó críticamente este proceso y hay investigaciones críticas más recientes, especialmente las desarrolladas por universidades como la de Matanzas (La gentrificación y la cancunización, procesos de origen común de Glez Antuña) disponibles tanto en intranet como en internet.
    Recomiendo al autor mayor rigor al estudiar un fenómeno como ese.

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      1. Por supuesto que no hay que mencionarlo todo, aunque tuviéramos el empeño de revisarlo todo. Pero el análisis, según el título, se restringe al contexto cubano lo que obliga a un manejo más serio de las fuentes cubanas y extranjeras sobre el tema. Temo que la memoria me resulte esquiva con el nombre de algunos autores, pero no así con las revistas donde se han publicado importantes artículos. Son los casos de RETOS (http://retos.umcc.cu), Arquitectura y Urbanismo (rau.cujae.edu.cu), ijurr (International Journal of Urban and Regional Reserach, buscar lo publicado por Feldman, Jolivet y otros investigadores)… Recomendaría también leer lo publicado por las profesoras Gina Rey, Felicia Chatelloin y ángela Rojas en revistas nacionales e internacionales, sin olvidar los aportes de los investigadores de la Universidad de Matanzas.

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