Pensar en los matices, no tan rápidos ni tan furiosos


Por Norge Espinosa

A raíz de los últimos acontecimientos que han sacudido o paralizado a La Habana, muchos criterios se han vertido. La aparición, en un rafagazo continuo, de los primeros ecos de la apertura que Cuba intenta experimentar, han demostrado la escasa preparación que nivel estructural aún padecemos para recibir, sin demasiado tropiezo, a todo lo que se nos viene encima. El rodaje de Rápido y Furioso, el desfile de Chanel, la llegada del primer crucero norteamericano a nuestros muelles, son algunos de esos elementos que han suscitado controversias y disgustos. Pero creo se confunde un tanto lo que son esos fenómenos específicos y lo que alrededor de los mismos se ha suscitado.

Un reciente artículo de la doctora Pogolotti, que nuestros principales diarios han reproducido, recoge parte de esa molestia, y emplea como ejemplos de tal efecto esos tres hechos. No son los únicos que pueden argumentarse, pero me preocupa que confundamos ciertos matices y nos falte una visión equilibrada para juzgar o dar por sentado lo positivo o, como ha sido en este caso, casi únicamente lo negativo de lo que traen estas circunstancias a la ya compleja y generalmente incómoda vida del cubano de a pie. Soy de los que sufrió los desvíos de tráfico, la ausencia de explicaciones concretas sobre cómo dar con un transporte para salir de La Habana Vieja hacia otros destinos: comparto esa incomodidad. Tampoco soy un fanático de la saga de Rápido y furioso, pero me preocupa descubrir a quienes no conocen mucho de ella tildándola de pésima sin tener conocimiento directo de su argumento o de lo que propone su guion. Será un filme más de esa franquicia, con actores populares, y el añadido de La Habana en alguna de sus secuencias, según todo parece indicar. Dentro del género de cine de acción, esas películas tienen su público, y suelen mover el mismo nivel de aparataje que han traído a Cuba. Otras vendrán, y de no prepararse efectivamente su rodaje, volveremos a oír las mismas quejas, probablemente. Una producción de este calibre acarrea la presencia de todo lo que vimos acá. Y han de estipularse medidas para que, más allá de lo que será la calidad de lo que se ruede, no se altere en demasía la vida cercana a sus locaciones, sea Rápido y Furioso, Piratas del Caribe o un filme de los Wachowski lo que cubra una zona de la capital. Abrirse al mercado implica también todo ello, y habría que pensar también que gracias a esta oportunidad, mucho talento cubano trabajó con un equipo de profesionales de alto nivel, recibió un pago muy superior al que otras productoras suelen pagarles, y les aportó a sus curriculums una experiencia que puede serles de gran provecho. Recordemos que peores cosas se han rodado en Cuba sin que escuchemos quejas acerca de tales producciones: series, videoclips, comerciales, etc. Lo fundamental ahora sería evitar que esas irrupciones no generen una manera peor de enfrentar las incertidumbres de nuestro día a día.

En cuanto al desfile de Chanel, creo recordar que quienes impidieron el paso de los cubanos al Prado en las horas previas a su presentaciòn, eran los miembros de la policía, no los representantes de la casa de moda francesa. Es lo que me dicen las fotos y los testimonios, en una mezcla contrastada con el desfile en sí mismo, donde se vio la línea que caracteriza a este modisto y sus creaciones, en ropas y aditamentos que en algunos casos, con mayor o menor suerte, quisieron rendir tributo a una idea de lo cubano. Chanel no alteró el Prado que escogió como escenario para su pasarela. Su equipo fue lo suficientemente inteligente como para detectar que ese espacio, por sí solo, ya contenía todo lo que necesitaba el espectáculo. La conga cubana que lo cerró, a la vista del selecto número de invitados, me alertó de otros peligros que también nos acechan, relacionados con la idea de esa Nación solamente festiva y colorida, mientras a unas cuadras, los cubanos que podrían ser parte de esa misma conga, tenían el paso vedado. Ahora bien, para que esa medida se impusiera, hubo que tomar acuerdos y decisiones a muy alto nivel, tal y como sucedió con el rodaje de Rápido y furioso. Quiénes fueron los responsables de esa limitación, quién aprobó tales medidas, es cosa que no sabemos, por no hablar del palenque montado en la Plaza de la Catedral, para la cena posterior. Creo que solo manejando elementos concretos, e informándonos a cabalidad sobre el por qué de estos acontecimientos, podremos delimitar lo provechoso de ello y lo que debería no repetirse, a las puertas de que otros rodajes o desfiles de moda quieran dejarse ver en estas calles. Cuba ha vuelto al mercado, ahora mismo se nos piensa como valor de mercado. Ello desatará otras fascinaciones, otras ingenuidades, también otros intereses y otras corrupciones, y ojalá que otros debates en los que se impongan los matices y la información necesaria para entender en un amplio rango no solo lo que nos irrita o nos seduce, sino su eco inmediato en el vivir de un país que por mucho tiempo tuvo negados esos fenómenos. Por fuerzas externas e internas. La colisión de esa memoria con la idea de una apertura que incluye una visita presidencial, un megaconcierto de una banda rock que por años fue considerada simplemente como una emisaria de mensajes decadentes, se estrella contra eso y más: con la presencia de figuras de poco rango artístico que nos visitan para tomarnos como paisaje fácil de un reality show o como backing para su próximo video clip tropical. Que a esa idea ayuden recibimientos como el del crucero, animado por unas bailarinas embutidas en trajes que parodiaban la bandera cubana, nos dice de responsabilidades muy concretas que a nivel social, cultural y poilítico deberían ser pensadas con mayor cuidado. Y cuyos gestores, más allá del resquemor de algunos, parecen sobrevivir sin mayor problemas tras el disgusto provocado.

La nostalgia hace que algunos se lleven las manos a la cabeza para llorar por una Cuba donde otros valores eran los predominantes. Donde la idea de una utopía social por construir sostenía otros discursos y soliviantaba otras carencias. En la Cuba de hoy un padre graba un video donde su hijo, enfundado en el uniforme pioneril, se contonea como un adulto junto a otras consdícipulas, a ritmo de reguetón violento, frente al aula de su escuela. Y sube esos minutos a Facebook y tal cosa se hace viral. Un grafiiti en un muro nos recuerda que el racismo dista mucho de haber desaparecido, y la foto de esa inscripción corre por la mensajería electrónica provocando indiferencia o indignación. Esta es, definitivamente, otra Cuba. Que no desaparezcan de ella valores identitarios, una noción de la cultura real, una voluntad de cambio hacia nuevos rumbos que no termine convirtiendo en máscara o caricatura lo que somos, pasivamente, es una nueva problemática, a la que hay que llegar con inteligencia, con propuestas atractivas, con un proyecto concreto y no los bandazos que en otras épocas han desatado prohibiciones, posiciones extremistas, y una estrechez que ha generado un distanciamiento y un apoliticismo que deja el campo abierto a peligros aún mayores. Para tal cosa es imprescindible atender a los matices. Huir de las generalizaciones. Poner como prioridad el bien común, así sea mediante las nuevas maniobras que el país tiene que asimilar para imaginarse como otro espacio también habitable. Habría que huir de la ingenuidad y de ciertas visiones que confunden el reto con la paranoia, y el cambio con un nuevo estado en el que se recombine lo que somos, lo que es el mundo que mira a Cuba, y ello nos permita un reflejo más lúcido y provechoso del momento en que estamos. Un momento en el que Cuba es moda, y que también puede esfumarse dentro de un tiempo, y que, por lo tanto, debería ser aprovechado en una escala mayor de garantías para ofrecerle, al inversionista y al que nos visita, algo más que un golpe de efecto, que un paso de baile ya repetido o un discurso soporífero que no incluya la vibración de esta nueva realidad.

Vendrán a rodar a Cuba otros cineastas. Las cámaras de HBO y el Discovery Channel se plantarán en las calles habaneras (y ojala que en las de otras ciudades, pues Cuba existe y es interesante también más allá). Habrá pasarelas de Armani, Versace o Guo Pei, y ojalá los cubanos puedan ver a sus compatriotas, como ahora sucedió, compartiendo la experiencia con modelos extranjeras. Se incrementarán las posibilidades de intercambio económico, comercial, cultural, en otras dimensiones. Todo eso debería suceder, y al mismo tiempo, mantenernos alerta. Para discutir eso y más, para redimensionarnos en la posibilidad de entendernos como una interrogante en hora de cambio. Y para obtener de ello los beneficios que ojalá empiecen a solucionar los muchos problemas que la vida cubana aún tiene ante sí. Deberíamos hablar de todo eso con transparencia, la misma que debería poner en la mesa de diálogo otras cuestiones políticas que la prensa oficial prefiere obviar. Nadie ha dicho que será fácil reorganizar la historia, y para ello es imprescindible no apelar al método rápido y furioso de borrón y cuenta nueva, de esto sí y aquello no, Pienso siempre en los puntos más distantes de nuestra sociedad: los más jóvenes y los más viejos. En nuestros mayores, que pueden sentir que este nuevo momento no es lo que esperaban del proceso al que dieron mucho. En los recién llegados, que utilizan la internet para comunicarse con parientes o amigos que viven en el exilio, o que se preguntan si permanecer en la Isla de este momento, que ahora los Estados Unidos vuelven a mirar intensa e interesadamente, o buscar un destino en otros cardinales. Y en los que permanecerán, de cualquier edad, ante la pregunta abierta que es el mar y la Isla. Lo pienso no como un político, sino como el escritor que soy. Y es desde ese rol que subrayo el valor de los matices, de los claroscuros, de esos puntos de color que nos dicen mucho más que el punto ciego que a veces, al cerrar una puerta, nos niega otras opciones de camino. O de salida hacia la luz.

Foto de portada: Abelo

4 comentarios en “Pensar en los matices, no tan rápidos ni tan furiosos

  1. Querida NegraCubana,

    Vi las fotos de tu boda en El Toque. Felicidades!!!!!!!!!!!!, querida negra. Me da tanta alegria. Todo lo mejor del mundo para ti y tu esposa.

    Las fotos lindisimas, los trajes super elegantes, bellas las dos y todo super lindo. La felicidad se les ve no solamente en las sonrisas, tambien en los ojos.

    Espero que un dia no muy lejanos sea tu esposa en cualquier lugar del planeta Tierra que esten, con todas las garantias legales de los matrimonios heterosexuales .

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  2. Muchas gracias por sus visiones, Abelo. Muy acertadas. Tambi’en podr’iamos sumar que el trabajo tiene que seguir haci’endose en los sectores, amplios sectores pobres de La Habana para que la poblacion le vea sentido y se sienta conectada, incluida y parte del proceso. El dia a dia es lo que nos afecta. Los grandilocuentes planes de toda la vida, hace que se pierda el enfoque a los valores de los que usted habla. La vida material del cubano tiene que ir a la par de la pol’itica y las pol’iticas de intervenci’on de cualquier tipo. Gracias por su informativo art’iculo.

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