Desde Cuba: Solidaridad por el fallecimiento de Muhammad Ali


Por Gisela Arandia

Nacido en 1942, en Louisville, Estados Unidos con nombre de pila Cassius Marcellus Clay, el mundialmente famoso Muhammad Ali, abandonó el espacio terrenal pero no por ello su carisma e impacto social será olvidado. A nombre de la Red de Mujeres Afrodescendientes Cubanas, expresamos nuestra solidaridad con la familia, con la población afroamericana y estadounidense en general por la pérdida de una figura que encarnó los mejores valores humanos y deportivos.

Acerca de su historia personal habría que decir que siendo el mayor de dos hermanos recibió el nombre de su padre Cassius Marcellus Clay, Jr. (1810–1903) quien, había sido una persona destacada por su labor abolicionista y política en el siglo XIX.

Su activismo social a nivel mundial con una prédica sobre los derechos de los negros y minorías en general, marcó su orgullo de ser negro y la necesidad de no involucrarse en guerras entre ellos, evitar el uso de las drogas y los vicios en general.

Se volvió famoso por su estilo poco ortodoxo, con resultados espectaculares y una constante autopromoción. Muchas veces recitaba poemas compuestos por él mismo en los que mencionaba en qué asalto noquearía a su oponente, eran reconocidas sus alabanzas a sí mismo, con frases como “soy el más grande” o “soy joven, hermoso, rápido y nadie me puede vencer”.

Durante su carrera deportiva obtuvo 56 victorias, 27 de ellas por nocaut. Con una técnica peculiar, que él mismo había definido como “vuelo como una mariposa y pico como una abeja”, se destacaba en moverse alrededor del rival e ir golpeándole constantemente de forma que su oponente no podía pensar durante el combate. Alí también utilizó el estilo “rope a dope” una estrategia que consiste básicamente en apoyarse en las cuerdas y dejarse golpear hasta cansar al otro y ahí lanzar un contra-ataque, dejarse golpear con estrategia pues anticipaba los golpes del oponente, hasta minimizar los efectos, que le daría resultado el resultado esperado.

Alcanzar el título de Campeón Mundial de boxeo, representó para él la cima de la fama, en particular su éxito en los Juegos Olímpicos de Roma en 1960, lo que significó un vuelco en su carrera siempre ascendente. Al asumir el Islam, en 1964, cambió su nombre al de Muhammad Ali, para fortalecer una identidad que sentía estaba más acorde con su historia ancestral y al mismo tiempo reconocía de ese modo su legado de africanidad. Fue el encargado de encender el pebetero en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, y fue miembro del Salón de la Fama del Boxeo.

Más tarde la enfermedad de Parkinson, limitó su trayectoria deportiva pero continuó su activismo social. En ese período de fragilidad física, demostró ser más fuerte, no dejando que la enfermedad dominara su ánimo, luchando contra ella. Es un ejemplo para muchas personas víctimas de enfermedades degenerativas. Anunció su retirada oficial en 1980.

Su activismo social principalmente se puso de manifiesto cuando rechazó participar en la guerra de Vietnam, a partir de considerar que su fundamentación religiosa era incompatible con una participación bélica, lo que cual marcó definitivamente su vocación social. Por tal decisión fue arrestado y declarado culpable de evasión del servicio militar, despojado de su título de boxeo y suspendida su licencia de boxeador, fue encarcelado y no pudo volver a pelear durante cuatro años, hasta que su apelación presentada al Tribunal Supremo lo libero de culpabilidad. Por su negativa a participar en el Ejército de Estados Unidos fue condenado a 5 años de prisión y una multa de 10.000 dólares. Como un personaje legendario de la cultura popular estadounidense su trayectoria de vida ha sido fuente de inspiración de una amplia gama de producciones cinematográficas.

Su relación con Cuba, particularmente con Fidel y con su colega Teófilo Stevenson, lo vinculó fuertemente al pueblo cubano que lo recordará como uno de los paradigmas del deporte mundial y un amigo entrañable que siempre lo recordará.

Esta sencilla nota se suma a las condolencias mundiales para rendir homenaje a Muhammad Ali, una figura grande entre las grandes.

Foto de portada Rafael Pérez

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