CDR

Me dicen Cuba: El CDR que llevamos dentro


Aracelis aún recuerda con estupor cómo sus vecinos se organizaron para decorarle su balcón a huevazos, cuando estos se enteraron que ella y su familia se iban del país. “Muchacha, gusano es poco lo que me dijeron”. En una de esas veladas que hicimos en su casa durante el mal llamado Periodo Especial, so pretexto de entretenernos mientras duraba un apagón, me confesó que aquel estribillo “pim pom fuera abajo la gusanera” aun llega a sus sueños. Cuarenta y tantos años después ella camina las calles de La Habana y se siente una sobreviviente de aquella jauría. Aracelis nunca se fue.

Cuando al presidente del Comité le preguntaron sobre la conducta de la joven, este solo pudo decir que parecía buena, pero -porque siempre hay uno- tenía un tío en Estados Unidos que se había ido como escoria. Resultado: Santica nunca pudo estudiar la carrera de sus sueños. Ese familiar, con el que apenas tuvo contacto, pues se marchó de Cuba en los primeros años de la revolución cuando ella era muy chica aun, se convirtió para siempre en su mancha en el expediente.

Su sistemático trabajo antirracista lo ha situado en más de una oportunidad en el ojo de la tormenta. Además de ser un gestor cultural nato y un pensador de primera línea. Roberto escribiría un día de marzo del 2013 un artículo que revolucionaría para siempre la forma de acercarnos al racismo y la discriminación en Cuba. A mí al menos me quedó aquello de que “la revolución será antirracista o no será”. No obstante, se levantaron algunos cederistas destacados, al mejor estilo setentero, quienes me hicieron recordar lo que por décadas fue una máxima en Cuba: “si no estás conmigo estás contra mí”.

El(l)a es la chica de las tres I: inteligente, incisiva e iniciadora. Lleva más de 10 años blogueando, cuando tener una bitácora en Cuba era un acto suicida. Es además una superdotada, de lo cual su paso por Harvard es una evidencia (oigan bien: la primera cubana periodista en pisar, como estudiante, la prestigiosa universidad gringa). Yo diría además que es una mujer que abre puertas, que inicia caminos y funda escuelas. Para ella los vigilantes digitales tienen guardada su mejor carta: no pueden creer en su vocación como periodista, sin embargo ninguno puede hacer trizas los reportajes que se publican en el medio que dirige. No, esa gente se escuda en que si una foto, en que si una conexión a internet, que si una campaña de financiamiento. Repito: nadie puede encontrar una coma de más y mucho menos gajes del oficio.

Historias del “CDR que llevamos dentro” que nos dictan que hay que salir al paso a todo lo que creas que no debe ser, que no puede ser, que no tiene que ser. Además, implica que la vocación, el amor o el placer no sean razones suficientes. Siempre tienes que buscar una intención “macabra”, ya sea ganar protagonismo, dinero, captar la atención, ganarse un premio, falta de patriotismo, etc.

Y después nos quieren hacer creer que las redes sociales no son la vida misma.

Foto de portada: becsh

Publicado en eltoque.com

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