Brasil y Cuba: algunos matices del racismo contemporáneo


Por Yanelys Abreu Babi

HABLANDO DE RACISMO DESDE UNA PERSPECTIVA COMPARATIVA ENTRE BRASIL Y CUBA: UNA INTRODUCCIÓN DE PEDRO CUBAS

La inicial construcción de la nación en Cuba y Brasil se hizo con la exclusión del negro, apoyándose también en el desarrollo del conocimiento científico que contribuyó a la creación del “otro”, como el objeto de la antropología y no el sujeto que aun forzado a la esclavitud, fue protagonista en el proceso de formación económica, social, política y cultural en ambos países […].

Olga Cabrera (2008) 

Una propuesta de debatir seriamente sobre la persistencia del racismo en esta época es bienvenida siempre. Para eso es preciso aumentar nuestros conocimientos acerca de ese tema polémico. Pensar sobre la operatividad del racismo en tu propio país es importante; pero también puede resultar interesante hacer una observación en otro país, cuya cultura sea, en cierta medida, familiar a la tuya. La perspectiva comparativa entre Brasil y Cuba en el marco de las ciencias sociales y humanas ayuda a enfrentar ese desafío. Yanelys Abreu Babi (filóloga y activista social) ya tiene un conocimiento empírico de las realidades actuales de ambos países y en el siguiente texto nos presenta sus opiniones basadas en meditaciones de corte básicamente académico.

Abreu comenzó aludiendo a tres aspectos que indican porqué tiene sentido establecer una comparación entre ambas naciones de América: los colonizadores ibéricos (portugueses y españoles); la esclavización de aborígenes y africanos; la caña de azúcar como base de la explotación económica. No obstante, cada elemento citado puede ser matizado llevando en consideración la dinámica del proceso histórico vivido por cada país desde el siglo XVI.

Está demostrado científicamente que lusos e hispanos no tenían la misma concepción de administración de los territorios conquistados y eso fue una diferencia sustancial entre ambos reinos, que por seis décadas se fusionaron –bajo la égida española– debido a enlaces matrimoniales (1580-1640). La esclavización de los africanos fue más duradera que la de los aborígenes tanto en Brasil como en Cuba, lo cual es un rasgo clave que puede ser observado de conjunto en América. Y el cultivo de la caña de azúcar fue más prominente como base de la economía y del comercio en Cuba, ya que en Brasil ese rubro productor de riquezas tuvo mayor relevancia principalmente en la región Nordeste. En fin, sobre esos tópicos se puede continuar profundizando yendo de lo general a lo particular y peculiar (y/o viceversa).

Seguidamente, Abreu presenta una segunda idea que ayuda a entender a qué se refiere cuando habla de racismo contemporáneo. No se trata de definir ese término, sino de destacar las cuestiones culturales, políticas, sociales e ideológicas que lo materializan y lo tornan cada día más operativo en ambas naciones. El foco está dirigido a lo que entendemos por racismo anti-negro como resultado de los imaginarios y narrativas negativos producidos desde la época colonial sobre los africanos esclavizados y sus descendientes en la diáspora de América.

Abreu decidió dar una mayor atención al caso brasileño por ser menos conocido en nuestro país. Su punto de partida fue la década de 1930, en la cual fue publicada una de las obras más importantes de América sobre el tema de la esclavitud Casa Grande & Senzala (1933) del cientista social Gilberto Freyre. La tesis de la democracia racial brasileña ha sido atribuida, desde entonces hasta hoy, a esa pieza literaria y a su autor, lo cual denota una lectura poco seria y manipuladora de algunos que se dicen antirracistas en el Brasil actual. No obstante, la autora, además de mencionar como punto de inflexión en el análisis de esa tesis el Proyecto UNESCO de la década de 1950, explicó la operatividad y persistencia de ese racismo a la brasileña que en nuestros días está insertado en un clima de violencia en todas sus expresiones que parece no tener final.

El punto de partida para hablar del caso cubano es el proceso revolucionario iniciado en 1959. Abreu, nacida, criada y formada en ese devenir histórico reconoció la labor gubernamental en pro de la justicia social; pero dejó claro que esa acción liberadora contra las desigualdades no resolvió problemas que emanaban de las mentalidades que continuaban aplicando el racismo “a lo cubano” en todos los estamentos sociales, o sea, la acción represora anti-negra. Luego de tanto tiempo ocultando y evitando la discusión del tema racial, llegó un momento en el cual era imposible negarlo. De todas formas, es preciso continuar, insistir y promover un debate serio y comprometido que refleje la lucha contra el racismo.

Establecer una perspectiva comparativa entre dos países como Brasil y Cuba es complicado (y no hablamos de las dimensiones territoriales, ni de las ubicaciones geográficas); pero es necesario para analizar sus matices comunes que coadyuvan a profundizar la comprensión del papel desempeñado por el racismo en la Historia de América. En ambas naciones puede ser percibida la operatividad de un racismo predominantemente sutil, que rinde culto al hombre blanco heterosexual occidental que pone en funcionamiento la dinámica inclusión-exclusión de las alteridades que no son de su agrado (negros, indios, asiáticos, mujeres, homosexuales, entre otros). Por eso, Abreu propone una continuidad de las acciones de reparación en forma de políticas públicas específicas contra el racismo anti-negro. Eso lo vemos en Brasil con la promulgación de leyes federales destinadas a ese sector poblacional; y en Cuba todavía no se ve de esa manera. ¿Por qué?

Por Pedro Alexander Cubas Hernández

————–

BRASIL Y CUBA: ALGUNOS MATICES DEL RACISMO CONTEMPORÁNEO

Por Yanelys Abreu Babi

Brasil y Cuba son dos países que tuvieron la esclavitud de negros e indios en la base de su constitución. Colonizados por españoles y portugueses, respectivamente, formaron parte del proyecto de expansión europeo, basado en la explotación de tierras y riquezas naturales y en la desvalorización de lo diferente. En ambos países, la caña de azúcar fue el motor impulsor de la economía colonial, que demandó la presencia de abundante mano de obra, esclava, para garantizar el lucro esperado por los europeos.

En esas condiciones, primeramente, fueron explotados y esclavizados los indios y, posteriormente, los negros traídos de diferentes regiones de África. Como parte de la premisa racista europea de considerar “al otro” (negro e indio) inferior, fueron constituyéndose y fijándose en el imaginario popular sentidos negativos sobre la negritud, relacionados, fundamentalmente, con inferioridad, exotismo, sexualidad, pereza, miedo y criminalidad. Esos sentidos sobreviven en ambas sociedades, adaptados a las nuevas circunstancias político-sociales, y son la materialización del racismo contemporáneo.

Para comprender y caracterizar las maneras como eso se da, actualmente, en las sociedades brasileña y cubana, es necesario considerar dos elementos fundamentales de carácter general: la tesis de la democracia racial en Brasil y el proceso revolucionario cubano desde 1959.

EL RACISMO A LA BRASILEÑA: LA PERSISTENCIA DE LA TESIS SOBRE LA DEMOCRACIA RACIAL

La democracia racial fue popularizada en la década de 1930 con el lanzamiento del libro Casa grande y Senzala, del cientista social brasileño Gilberto Freyre. En dicha obra, el autor decía que Brasil era (y siempre sería) un país racialmente mixto, en el cual indios, negros y blancos convivían armoniosamente, como resultado de la interacción de razas[1] durante la colonización (Freyre, 2006). Esta tesis fue aceptada y asumida como parte del discurso oficial y se transformó en la imagen de la sociedad brasileña ante el mundo, contrastando con el modelo segregacionista estadounidense. Ese argumento escondía, deliberadamente, el hecho de que la mezcla de razas en Brasil fue el producto de la violencia que los conquistadores blancos ejercieron sobre negras e indias. O sea, la mezcla de razas constitutiva de la sociedad brasileña es la prueba de cómo la relación entre ellas fue pautada en la desigualdad y en el ejercicio de poder de un grupo sobre los otros.

La aceptación de la democracia racial era provechosa para la élite brasileña por tres motivos fundamentales: neutralizaba cualquier posibilidad de lucha o venganza de los ex-esclavos contra los ex-señores; eximía al gobierno de la época de la responsabilidad de crear políticas compensatorias para posibilitar la inserción social de ese grupo; y, finalmente, liberaba a los ex-señores de cualquier compromiso con sus ex-esclavos (Domingues, 2005).

Así, las principales consecuencias de esta tesis para las relaciones étnico-raciales en Brasil fueron la “culpabilización” del negro por no lograr insertarse exitosamente en la sociedad, después de la abolición en 1888, y la preservación del racismo como enemigo invisible de la población negra (a fin de cuentas, no se puede luchar contra algo que no existe). Con la instauración de la democracia racial como parte de la ideología dominante, el negro, como sujeto libre, no consiguió mejorar en casi nada su condición de otrora: cambiaron las formas de discriminación y exclusión, pero no sus causas ni sus efectos.

Todos los elementos mencionados muestran que la democracia racial es una estrategia de control para esconder la verdadera situación racial de Brasil. El primer intento para la deconstrucción de esta tesis se dio en la década de 1950, cuando la UNESCO formó equipos de investigación en Rio de Janeiro, São Paulo, Bahia y Pernambuco, como parte de un proyecto internacional que pretendía combatir el racismo en el mundo. Las investigaciones evidenciaron altos grados de desigualdad entre las poblaciones blanca, mestiza y negra.

Sin embargo, la democracia racial fue públicamente entendida como mito, falacia, a partir del trabajo investigativo llevado a cabo por Florestan Fernandes y un grupo de sociólogos. Su propuesta fue analizar los cambios producidos en la sociedad en el período posterior a la abolición de la esclavitud. Los resultados revelaron las profundas diferencias que existían entre negros y blancos para el acceso a recursos como la educación y la salud y para su inserción social, pautada por la exclusión del mercado de trabajo. También fue probado que el racismo a la brasileña operaba de formas más sutiles que en Estados Unidos, sin embargo eso no quería decir que no existiese.

La tesis de Fernandes (2007) provocó un cambio en la manera de encarar la situación étnico-racial de la sociedad brasileña, pero no impidió que la democracia racial continuase funcionando, defendida por la élite, algunos intelectuales y algunas capas de la población. Su funcionamiento pasó de ser el de una tesis con base científica para transformarse en un mito. A pesar de eso, continúa contribuyendo para propagar la idea de que no existe racismo en Brasil y neutralizar las demandas de los movimientos negros en sus diferentes campos de actuación.

En un país capitalista en que la ideología dominante niega la existencia del racismo, los negros han tenido pocos avances en el período post-abolición, si tomamos como punto de partida todo lo que les fue negado antes de 1888. Por más que hayan conseguido acceder a la educación, ese acceso se da de manera muy restringida cuando la educación pública es de poca cualidad y la privada está fuera del alcance de quien vive en situación de vulnerabilidad, como resultado de la exclusión histórica y de la falta de políticas públicas de reparación. El negro continúa siendo considerado inferior y eso se expresa, por ejemplo, en la poca representatividad política, en la poca presencia en los medios de difusión, en su “estereotipización” como jugador de fútbol, músico o realizador de trabajos de servidumbre. Por otro lado, la violencia policial contra la población negra ha aumentado significativamente en los últimos años, en virtud de la asociación de sentidos negativos a su imagen. La idea fijada en el imaginario popular de que negro es delincuente, traficante y peligroso hace que jóvenes negros sean asesinados cada vez con más frecuencia en las periferias de las ciudades brasileñas.

Las mujeres negras, por su parte, luchan diariamente contra el machismo y el racismo. Si en el período colonial su papel estuvo ligado, mayoritariamente, a los quehaceres domésticos y a la cuestión sexual, en el post-abolición una de las primeras soluciones para su inserción en el mercado de trabajo fue, justamente, la realización de actividades domésticas en las grandes ciudades. Así, los oficios desempeñados por ellas eran, de manera general, los de cocinera, lavandera, costurera y ama de leche. La mujer negra continuaba siendo la responsable por el cuidado de la familia blanca de clase dominante. Este estereotipo se conserva en la sociedad brasileña actual, donde las mujeres negras son mayoría entre las que realizan tareas domésticas por bajos salarios y con pocos derechos. Ellas entran en el mercado de trabajo, pero son encuadradas apenas en una actividad, como si solo tuvieran capacidad para llevar a cabo tales tipos de labores.

Otro elemento, configurado en la etapa de la esclavitud, que afecta la vida de las mujeres negras en el Brasil contemporáneo es la sexualización de sus cuerpos. El punto más alto de ese fenómeno es el carnaval brasileño, mundialmente famoso, en que mujeres negras aparecen casi desnudas para entretenimiento de nacionales y extranjeros. Sus glúteos son la carta de presentación de ese evento, en el cual son colocadas como objetos en una vitrina. Ellas son el anzuelo para atraer turistas y aumentar el lucro del país, a partir de la explotación del mito de que mujeres negras son exóticas y sexualmente insaciables.

Ellas están en la base la pirámide social, en posición inferior a la de hombres blancos y negros y a la de mujeres blancas. Tienen menos nivel de escolaridad y mayor tasa de analfabetismo, además de que lideran las estadísticas de muertes por violencia doméstica y de trabajo infantil.

EL RACISMO EN CUBA: ENTRE LA JUSTICIA SOCIAL Y LAS CONTINUIDADES DEL RACISMO ANTINEGRO

En el caso de Cuba, el proceso revolucionario de 1959 trajo consecuencias importantísimas y diferenciales para las relaciones étnico-raciales. Las medidas implementadas por el Estado revolucionario para conseguir la igualdad de género, clase y raza hicieron que la condición de los ciudadanos negros sea particular en el contexto latinoamericano. Sin dudas, el acceso a recursos tan caros como la salud, la educación y el empleo marcó en positivo esa condición, junto a una fuerte condena oficial —también amplia en el ámbito de lo social— contra la discriminación racial.

En ello, al mismo tiempo, quedaron invisibilizadas, en los primeros años, las diferencias históricas que existían entre blancos y negros. Esas medidas fueron ejecutadas considerando todos los ciudadanos como iguales e ignorando el hecho de que ellos no tenían el mismo punto de partida, pues los blancos llegaron a la Isla como colonizadores, mientras los negros lo hicieron como esclavos (Morales, 2002). Esas diferencias tuvieron efectos significativos en la construcción de la imagen de ambos y en los lugares a ellos atribuidos. Así, se crearon, o reprodujeron, estereotipos que asociaron lo blanco a la inteligencia, la honradez y la belleza, y lo negro con la marginalidad, la fealdad y otros sentidos negativos. Como parte de esto último, los negros han sido encuadrados mayormente en tareas específicas como el deporte, el baile y la percusión. Todavía hoy, vemos la repetición de esos estereotipos en los medios masivos, en la baja representación en cargos de poder político o administrativo y en las universidades.

El Estado cubano tomó medidas específicas para alcanzar la igualdad de género y de clase. Sin embargo, lo hizo menos en la cuestión étnico-racial, por entender que el cambio de sistema político y social acabaría naturalmente con esa desigualdad, históricamente construida. Partiendo de esa premisa, hubo, por demasiado tiempo en el discurso oficial, una negación del racismo como uno de los males que afecta la sociedad cubana. Ese hecho fue fundamental para la preservación y difusión de esa ideología.

Por más que el racismo no sea culpa del gobierno revolucionario y sí del proceso de colonización que llevó a la esclavitud de los negros y a su consecuente desvalorización, era y es su responsabilidad crear políticas específicas para que ese sector de la población pueda aprovechar, en igualdad de condiciones, los beneficios de nuestro sistema político-social.

Por otro lado, las dificultades económicas del Período Especial, que trajeron carencias materiales y obligaron a los cubanos a buscar alternativas, también contribuyeron para perpetuar los prejuicios y estereotipos sobre la población negra, construidos a lo largo de nuestra historia. Es decir, fueron fundamentales para que se ampliaran las diferencias económicas entre blancos y negros. Con la emigración y la entrada de capital extranjero, que permitió la creación de empleos mejor remunerados, la población negra comenzó a quedarse en peores condiciones financieras. Eran menos contratados en los hoteles y ocupaban los peores puestos de trabajo. También emigraban menos al exterior y, por tanto, sus familiares en la isla recibían menos remesas en comparación con los blancos.

El aumento de la prostitución, a partir del Período Especial, también evidenció las diferencias entre negros y blancos. La mayoría de las personas que se prostituían y se prostituyen son negras y eso no ocurre por casualidad. Por un lado, están en peores condiciones financieras; por otro, durante la esclavitud también se creó en Cuba la idea de que negros son sexualmente exóticos y ese estereotipo atrae el turismo sexual hasta hoy.

De forma general, se puede afirmar que en la sociedad cubana contemporánea, en el ámbito de las relaciones étnico-raciales, se repiten y consolidan sentidos negativos sobre la negritud. Ejemplo de eso son frases comunes como “tenía que ser el negro”, “el negro si no la hace a la entrada, la hace a la salida”, “la culpa es del totí”, “ser negro es atraso, adelanta la raza”; o actitudes como no ver con buenos ojos que alguien de la familia se relacione afectivamente con personas negras o considerar a los negros siempre como inferiores.

MATICES COMUNES PARA CONTINUAR EL DEBATE SOBRE RACISMO EN BRASIL Y CUBA

La cuestión étnico-racial en Brasil y Cuba presenta semejanzas y diferencias. En los dos casos, se puede decir que la discusión y los efectos del racismo fueron introducidos en la etapa colonial y que el racismo fue mascarado por procesos políticos sociales, que acabaron postergando la solución del problema y dificultando la vida de las personas negras.

En ambas sociedades existen fuerzas en conflicto en el campo de las relaciones étnico-raciales, en que los valores dominantes impuestos y representados mayormente por la población blanca se mezclan con la inferiorización de la población negra, trayendo como consecuencia que los sujetos negros no quieran/puedan asumirse como tal.

Diferentemente de Cuba, en Brasil el racismo tiene consecuencias tan nefastas como el llamado genocidio de la población negra. Ese hecho está relacionado con el tráfico de drogas, una de las principales actividades criminales que envuelven a las personas negras. En medio del abandono del Estado, esa actividad se coloca como la salida más evidente para los habitantes de las favelas, especialmente de São Paulo y Río de Janeiro, lo que fortalece los estereotipos negativos existentes. Por otro lado, mientras en Cuba los negros tienen garantizados derechos como la salud y la educación, en Brasil esos recursos son cada vez más negados a ese sector.

A pesar de las diferencias entre los dos países y de las conquistas de la Revolución cubana, el racismo está bien presente en ambos. La reparación, a través de políticas públicas específicas que combatan los estereotipos y prejuicios raciales y contribuyan con la valorización de la negritud, es todavía una asignatura pendiente, que es preciso reivindicar a cada día.

BIBLIOGRAFÍA

Domingues, Petrônio (2005). “O mito da democracia racial e a mestiçagem no Brasil (1889-1930)”. Diálogos Latinoamericanos 10: 116-131.

Fernandes, Florestan (2007). O negro no mundo dos brancos. São Paulo: Global.

Freyre, Gilberto (2006). Casa grande & senzalaformação da família brasileira sob o regime da economia patriarcal. 51ª ed. rev. São Paulo: Global.

Morales Domínguez, Esteban (2002). “Un modelo para el análisis de la problemática racial cubana”. Catauro 6: 52-93.

NOTAS:

[1] La raza se entiende en este texto como una construcción social, no como característica biológica.

Tomado de Cuba Posible.

Un comentario en “Brasil y Cuba: algunos matices del racismo contemporáneo

  1. Ese tema entre los paises es muy interesante. El brasilero George Zarur ha escrito sobre eso, Nation and Multiculturalism in Cuba: A Comparison with the United States and Brazil, http://www.georgezarur.com.br/artigos/124/nation-and-multiculturalism-in-cuba-a-comparison-with-the-united-states-and-brazil
    Todos los paises de America del sur y central y el Caribe tienen su herencia politica de la Republique Francaise donde la ciudadania es lo que cuenta, la identidad etnica es reprimida, con la excepcion de la identidad dominante, “frances” en Francia, etc. Y eso es fundamentalmente diferente de los EEUU, mas abiertamente racista, con mas tolerancia de la identidad etnica, y donde matan mas, cada dia.

    Me gusta

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s