Una muñeca negra para el racismo


Dime una cosa: ¿has pisado alguna vez el aeropuerto José Martí más allá de la sala de espera y recibimiento? ¿Te has fijado en los souvenirs que se venden en las instalaciones de esa instalación? Dentro de esos recuerdos se encuentran las muñecas que pululan en los diferentes puntos de ventas; y que presentan una visión absolutamente deformada de las mujeres negras cubanas. También las encuentras en magnetos para refrigeradores, t-shirts, llaveros, etc.

Pero… ¿por qué deformada? ¿por qué me preocupan esas “inofensivas” muñequitas que personas extranjeras (y también cubanas) se aprestan a comprar y luego te muestran como evidencia de que estuvieron en la isla? Pues dicha representación reproduce parte de los estereotipos racistas y sexistas de los cuales se pueda tener conocimiento en Cuba.

“¿Racismo en una muñeca negra?”, me espetó una amiga en una ocasión, pero claro, ¿ves entre esos objetos alguno que represente a una mujer blanca? Le respondí.

Por supuesto, que las mujeres blancas sean representadas también de modo tan grosero, y solo con la finalidad de vender, no constituye mi intención ni es la solución al problema. Sin embargo, que únicamente sean las negras nos está hablando, nuevamente, del tráfico de los cuerpos negros, absolutamente cosificados.

Si a lo anterior añado que no conozco una negra que sea como las representadas, y en mi familia somos mayoritariamente mujeres: bajitas, delgadas, altas, culonas… y también enfermeras, médicas, periodistas, maestras, cuentapropista, contadora, pero juro que ninguna mujer-negra-pañuelo-en-cabeza-fumando-tabaco-y-con-cara-de-nosequé. Así que además de racista, también son irreales y falsas esas representaciones.

Lo más peligroso de todo este asunto es que esos puestos pertenecen a empresas estatales y se encuentran situados en un lugar estratégico para el país, o sea que se trafica una imagen de la negritud con la anuencia del gobierno.

A mi me encanta viajar. Cada vez que visito una ciudad me llevo un recuerdo, casi siempre un magneto, y hasta ahora no he visto una representación tan estereotipada de una mujer alemana, en su lugar me he encontrado réplicas de edificios, nombre de las ciudades, magnetos con banderas, entre muchos otros souvenirs, pero una mujer no.

En este sentido, como activista antirracista, me siento acompañada. En mi más reciente viaje a la isla descubrí una secuencia en el documental Diálogo con mi abuela (Imágenes del Caribe, 2016), de la cineasta Gloria Rolando, en la cual la autora expone el significado que para ella tienen dichos objetos. Dejarla caer desde la altura tales figuritas de yeso, es la solución que brinda la reconocida documentalista en tan solo unos cuantos segundos. Lástima que la vida no sea un filme y no podamos festejar los destrozos del racismo, luego de ser lanzados con rabia.

No faltarán quienes piensen: siempre se quejan que no están presentes ni en los medios, ni en los puestos de decisión y ahora también les molestan las muñecas. En mi opinión no se trata de representar sino de hacerlo de la manera más digna posible. Si esa muñeca, más que el gran trasero, la bemba y los pechos, mostrara una enfermera, de las tantas que trabajan en nuestros hospitales, pues me sentiría muy afortunada de regalar una.

En su lugar, cuando en las charlas que sobre mujeres negras cubanas ofrezco, siempre concluyo solicitándole al público, mayoritariamente femenino y no cubano: Por favor, no compren una de esas muñecas, con ellas están apoyando el racismo y la discriminación racial en Cuba.

Publicado en eltoque.com

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