Negro Soy Yo: hip hop y la ciudadanía racial en Cuba neoliberal


Por Marc D. Perry

Negro Soy Yo: Hip Hop and Raced Citizenship in Neoliberal Cuba (Negro Soy Yo: Hip Hop y la ciudadanía racial en la Cuba Neoliberal) explora el movimiento de hip hop en Cuba como una ventana dentro de las complejidades de las transformaciones raciales y sociales en la Cuba de hoy. Apoyado en dos años y medio de investigación etnográfica en La Habana y en Santiago de Cuba, el libro se centra en cómo los jóvenes afrocubanos usan la música rap y la cultura hip-hop más amplia para construir nuevas manera de entender la identidad negra cubana —y por último, formas de ciudadanía— en respuesta a la marginalización de la nueva economía de mercado de la Isla y a la histórica promesa de Cuba como una nación no racial.

En la intersección entre el Estado cubano, los intelectuales afrocubanos, y activistas culturales y políticos exiliados afroamericanos, el libro explora cómo el hip-hop cubano de finales de la década de los 90 y comienzos del año 2000 se convirtió en un vibrante espacio de praxis racial en una Cuba “sin razas”, emergiendo en este sentido como una importante voz dentro de la evolucionada esfera política negra del cambio de milenio. Negro Soy Yo persigue entender, entonces, el hip hop cubano como un fenómeno social de un momento particular de expansión del capital global en relación con la historia cambiante de raza y nacionalidad de Cuba.

No es coincidencia que el movimiento de hip hop cubano surgió en medio del complicado y desnivelado panorama de la Isla hacia una economía de mercado —un proceso que claramente se ha acelerado en los últimos tiempos. Aunque las raíces tempranas de la música rap en Cuba se remontan a los años 80 no fue hasta la crisis económica del Período Especial de comienzos de los 90 que el hip hop de la Isla comenzó a tomar forma, con una urgencia particular, como movimiento auto-definido.

Es importante denotar que aquellos primeros que tomaron la música y con el tiempo se convirtieron en la vanguardia y núcleo artístico del movimiento fueron, de manera arrolladora, jóvenes cubanos negros y de piel oscura. No obstante, más allá de una simple pregunta demográfica, muchos de los artistas del hip hop —o raperos— evocaron su identidad como negros, como la base también desde la cual su música, letras y mensaje social son vividos y expresados. En este sentido, la negritud sirvió como una identidad política para muchos, proveyendo un lenguaje instrumental de cómo ser y cómo actuar en el mundo.

El libro argumenta que, a través de su arte, los miembros de la reciente  generación de esa juventud racializada fueron finalmente respondiendo a, y críticamente comprometiéndose con, la contradicción vivida entre la visión utópica de un igualitarismo no racial bajo el socialismo revolucionario y el cotidiano desgaste de tal promesa por la economía de mercado en expansión. Desde esta mirada, el uso de la música rap y la cultura del hip hop por estos artistas, puede ser visto como una manera de moldear nuevas formas conscientes de entender globalmente la identidad negra —o ciudadanía— enraizada en un activismo anti-racial que trascienda las fronteras y las limitaciones históricas en torno a la raza y la nacionalidad cubana.

Las incongruencias entre la centralidad de la raza en la formación de la historia cubana, y las afirmaciones oficiales de un nacionalismo no racial que datan desde José Martí y luego continuado por la Revolución, han aumentado, claramente, bajo los recientes cambios del mercado y las retracciones del Estado socialista en la medida que cubanos afrodescendientes han estado desproporcionadamente marginalizados dentro de la nueva economía. Es precisamente en medio de estas incoherencias que el hip hop cubano emergió y avanzó críticamente. En un extremo están las corroídas narrativas nacionales de lucha revolucionaria, sabiduría tradicional y promesa visionaria dentro de las cuales los raperos cubanos viven en medio de una generación de jóvenes negros y de piel oscura que van alcanzando la mayoría de edad en un período de cambio social significativo.

Sin embargo, en la menguante periferia, estos jóvenes permanecen como herederos de la historia revolucionaria de la Isla, y como tal ambos viven con, y personifican, esas mismas tensiones que marcan las continuas condiciones e incertidumbres de Cuba. Ellos son, al mismo tiempo, una “parte de” pero también críticamente “separado de” un momento previo. En esencia, están entre dos Cuba —una donde reside el pasado y la otra en proceso de formación. Tal estado intermedio ofreció a esta generación de artistas un privilegiado punto de ventaja, no solo como cronistas de la decadencia revolucionaria sino como custodios potenciales de su llamado utópico.

A través de los siguientes capítulos se desdobla la narrativa de Negro Soy Yo, la cual se ha apoyado en las vidas, trabajos y arte de artistas del rap, productores y DJs residentes en La Habana, quienes han contribuido a la voz colectiva y la forma de la comunidad del hip hop cubano. El Capítulo 1, “Raced Neoliberalism: Groundings for Hip Hop” (“Neoliberalismo racial: Bases para el Hip Hop”), explora  los recientes cambios de Cuba hacia la economía de mercado —o neoliberalismo en última instancia— y su impacto racial para entender y contextualizar el surgimiento del hip-hop.

El Capítulo 2, “Hip-Hop Cubano: An Emergent Site of Black Life” (“El Hip Hop Cubano: Un Sitio Emergente Para la Vida Negra”), examina la emergencia del movimiento de hip hop cubano en la década del 90 y el rol crítico que la raza desempeñó.

El Capítulo 3, “New Revolutionary Horizons” (“Nuevos Horizontes Revolucionarios”), se centra en el desarrollo de la identidad del rapero así como los espacios de performance desde 1999 en adelante, incluyendo el Festival de Hip Hop Cubano en el 2000 y las participaciones de raperos con colaboradores afroamericanos y puertorriqueños de los Estados Unidos.

El Capítulo 4, “Critical Self-Fashionings and Their Gendering” (“Auto-creación en una forma crítica y los temas de género”), explora la auto-creación entre raperos a través de múltiples nociones de ciudadanía negra (por ejemplo, cubano, afro-diaspórico), las relaciones de raperos con una vieja generación de intelectuales afrocubanos y exiliados políticos afroamericanos, así como el ascenso de un discurso feminista negro guiado por una mayor presencia vocal de las mujeres en el movimiento.

El Capítulo 5, “Racial Challenges and the State” (“Desafíos raciales y el Estado”), se centra en los esfuerzos del Estado cubano por incorporar el hip hop dentro de los marcos institucionales de la cultura nacional revolucionaria y en las varias circulaciones de raperos dentro de estas maniobras estatales. Aquí se sugiere que los raperos negros y de piel oscura, en conversación con otros viejos intelectuales negros, han estado activos en la configuración de una creciente esfera política negra enraizada en la afirmación de una diferencia política negra dentro de un imaginario nacional cubano “no racial”.

El Capítulo 6 y final, “Whither Hip Hop Cubano?” (“Adonde va el Hip Hop Cubano?”), se centra en las más recientes novedades dentro del hip hop cubano hasta el presente, incluyendo la atenuación del soporte estatal, el éxodo de muchos artistas de vanguardia hacia el exterior, la creciente competencia del reggaetón y el final descentramiento de la identidad racial dentro del movimiento. Una breve nota final repasa los principales argumentos y contribuciones del libro, mientras ofrece una anécdota de cierre con una conclusión.

Tomado de Cubaposible

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