A propósito de la novela NEGRA de Wendy Guerra


Por Samantha Silva Makel

La novela Negra, de la escritora cubana Wendy Guerra, intenta presentar desde una mirada femenina las agruras de las raícess históricas del racismo, teniendo como plano de fondo la ciudad de La Habana, Cuba.

El preciosismo retórico con el cual la autora desarrolla la narrativa de su protagonista y heroína, Nirvana del Río, aquí llamada siempre por “negra”, “negrita”, “azúcar negra” o “azuquita”, no construye per se un discurso anti-racista. Por el contrario, se constata aquí una representación peyorativa de la mujer negra. Ese es un tema que no se limita sólo a Cuba sino que a todos los países, donde la mano de obra esclava negra fue la base de su economía, evidenciando, por un lado, el predominio blanco e imperialista en una sociedad patriarcal, y por otro, la condena de las poblaciones africanas e indigenas a la miseria, el ostracismo sociocultural y el racismo.

Quisiera añadir que en Brasil existe, al contrario de la novela de Wendy Guerra, la tendencia a la deconstrucción de la exotización del cuerpo negro, principalmente la imagen de la “mulata exportación” -figura vinculada a las mulatas do samba y hipersexualizadas –, con el objetivo de restituir la humanidad de la mujer negra. Por eso, Lelia Gonzáles, sociologa y escritora afrobrasileña, dijo que la mujer negra se presenta con “nombre y apellido”.

Entre muchas escritoras, académicas, militantes negras y brasileñas como Conceição Evaristo, Ana Maria Gonçalves, Djamila Ribeiro, existe el compromiso de tematizar la falta de representatividad y la soledad de la mujer negra, es decir, aquellas que son preteridas a la hora de ser presentadas como novia o esposa a los padres o a los amigos de sus novios. Aquí podemos destacar, entre otros trabajos de investigación sobre la situación de la mujer afrobrasileña y muchas veces también periférica, el artículo “Branca para casar, mulata para foder, negra para trabalhar”: Relações afetivo-amorosas de mulheres negras no rap e no romance brasileiro contemporáneo”(1) de Andressa Marques Silva.

La propuesta de Wendy Guerra se queda por el camino, para no darle la humanidad necesaria a su “co-protagonista y narradora” negra (su amiga y novia Lu, la china medio-china, medio-francesa-rubia es quién nos cuenta su história), una abogada de formación que se gana la vida como modelo y no se siente preparada para lidiar con las dificultades impuestas a una mujer negra y cubana: sufre discriminación racial en la relación abusiva con Jorge, el cubano blanco y rubio que no quiere tener un hijo con una negra.

“Negra” también es la manera como él se refiere a Nirvana durante las relaciones sexuales. Después de un aborto provocado por su novio, ella decide aventurarse en Francia con su amiga-amante Lu, quien obtiene una beca universitaria para una investigación sobre el racismo en Marsella.

Entre una y otra experiencia sexual Nirvana vuelve a La Habana e intenta adquirir su autonomía a través de un negocio (“Noir”) de productos naturales y belleza, que no existe a causa de la burocracia cubana. Nirvana lo intenta sin un hilo conductor de pensamiento, porque eso no es rol en la trama. Pensar y solucionar sus própios problemas con madurez no es para ella, y por eso se siente tan segura en la compañía de su amiga-novia Lu.

La hipersexualización de Nirvana viene explícita en todo el romance, sea en los cuentos eróticos (a lo estilo Carne Trémula de Pedro Almodóvar) o en los estereotipos de la mujer africana y “negra-caliente” con “cocomordan” (“vagina que muerde”) (2) siempre dispuesta al acto sexual:

“Como en trance lo derribé de golpe, y me encajé moviendo mi sintura en aquella espiral desenfreada. No pude escuchar lo que le dije mi lado tribal gritaba, una negra conga se apuderó de mí y, entumecida en el deseo, vencí reventándonos al mismo tiempo, llenando de leche sus delicados muslos y mis fuertes pierna temblorosas de placer.” (Guerra:247).

Existe una preocupación de la autora por delimitar la sexualidad de la protagonista a lo exótico, y claro, a su ancestralidad africana. La santería, la musicalidad, la revolución y el socialismo también aparecen una que otra vez para legitimar a esa mujer negra, bisexual y cubana que “cavolga como una egua desgubernada” buscando por libertad sin saber al cierto cómo y qué hacer para lograrla. El espíritu de su madre, mujer negra bisexual conocida en la escena artística cubana por su trabajo en el cine, junto a su amante francesa, intenta ayudarle sin suceso.

En su novela Wendy Guerra subraya la mayoría de las cuestiones enfrentadas por mujeres negras latinoamericanas: violencia de genéro, falta de representividad en los medios de comunicación (televisión y cine), imposición del padrón de belleza blanca (vs. pelo malo), la bi- y homosexualidad como una forma de estigmatización social y la soledad enfrentada por mujeres negras.

La impresión general es que a la autora no se le ha olvidado ningún igrediente a la hora de hablar sobre la mujer negra, y es precisamente aquí que sus pretenciones llegan a ningún lugar: falta la impresión subjetiva de la “negra” en el yo-lírico contruido supuestamente por Lu, amiga-novia medio-china y medio-francesa de Nirvana (lo que descubrimos en las dos últimas paginas del romance), porque el “ser negra” no le quita la humanidad a ninguna mujer en el planeta tierra.

Al fin y al cabo, Guerra no ha logrado crear una “heroína negra” y tampoco desconstruir el discurso racista en Cuba o en Francia cuestionado en su obra. Lu, mujer mestiza, historiadora, cientista social ( investiga las raíces del racismo en Cuba), tiene una relación sentimental con una mujer negra, y no es capaz de cuestionar su propio racismo.

(1) Trad.: „Blanca para casar, mulata para follar, negra para trabajar“: Relaciones afetivo-sentimentales de mujeres negras en el rap y en el romance brasileño contemporáneo. Disponible en portugués en: https://www.yumpu.com/pt/document/view/25012568/branca-para-casar-mulata-para-foder-negra-para-trabalhar.

(2) Guerra: 295. Según la autora cocomordan es una palabra del patois o criolla que significa “vagina que muerde”. Eso le explica el diplomata norte-americano y “mulato”(el obamita), Tom, a Nirvana, cuando él subtiende que ella así como su ex-amante haitiana posee ésta habilidad sexual.

Foto de portada: Kaloian

 

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