¡Qué desperdicio!


Hace unos días mi amigo Siro Cuartel, uno de los más divertidos y más consciente que tengo, me comentó que  una actriz, al postear una foto con su pareja, otra mujer como ella, había recibido como comentario el tan socorrido “Qué desperdicio”, que se acostumbran a decir a las personas homosexuales.

Quiero indicar, para que no me acusen falsamente, que esta es una frase que no distingue sexo/género. La misma puede ser articulada por cualquier persona para referirse especialmente a las lesbianas “femme” o cis, si bien es cierto que alguno que otro hombre gay la ha escuchado a lo largo de su vida.

Sin duda alguna, “Qué desperdicio” revela las expectativas que se tienen sobre una persona, relativas a su esperada heterosexualidad. También existen expresiones más sutiles; no obstante, todas evidencian cuán presente está homofobia en la sociedad patriarcal.

En cualquiera de los casos, se apela a la creencia lesbofóbica de que mujeres “bellas” – desde lo que comúnmente se considera como bello- y “femeninas” no pueden/deben ser lesbianas; y lo que se pierden los hombres, y ellas también, al no poder conquistarlas.

Además, es muy usual que cuando dos lesbianas están mostrando su relación en público, por muy tímida que dicha expresión sea, reciban comentarios como: “con tantos hombres que hay por ahí sin mujer”, “ahí lo que falta es un buen macho”.

Lo anterior reconoce al pene como el correctivo de las lesbianas y cómo este (o su portador) tiene la capacidad per se para hacernos “arrepentir” de nuestra decisión de vivir la lesbiandad. Por demás, algunos hombres fantasean con tener relaciones sexo-eróticas con nosotras. La disponibilidad de las mujeres es una de las metas del patriarcado.

Lo más peculiar de todo este asunto es creer que la lesbiandad existe y se define a partir de la inexistencia de hombres; entiéndase, un pene que te eduque, que te enseñe a ser heterosexual.

Tanto las lesbianas frecuentemente llamadas “femeninas” como aquellas que somos más andróginas, no ejercemos-vivimos-gozamos nuestra orientación sexual desde el pene que nos “falta” (ya sea el del otro o el propio) sino porque sencillamente deseamos a otras mujeres de manera consciente, y hacia ellas orientamos nuestro erotismo-afecto.

Parecería muy básico aclararlo, pero no está demás decir que no es cierto que en cada lesbiana haya una mujer que no ha sido satisfecha por los hombres, o sea, por un pene y cuya solución sería probar hasta que encuentre uno; o que no les quede más remedio que estar con sus congéneres porque no encuentran “un tipo que las haga feliz”. En su lugar, conozco a decenas de ellas que sencillamente un hombre no les va, no les interesa, ni con pene ni sin él, y otras que han elegido políticamente su lesbiandad.

En otras palabras, no se es lesbiana ante la falta de oferta de un pene que nos haga gozar, se es precisamente porque no nos gustan los hombres, ni sus penes y preferimos disfrutar con/de vulvas, clítoris, vaginas, y hasta de un pene que se guarda en la gaveta.

Foto de portada: Hernán Piñera

5 comentarios en “¡Qué desperdicio!

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