Sobre la necesidad en Cuba de observatorios contra la discriminación


El caso más reciente de sexismo en medios cubanos ha puesto sobre el tapete, una vez más, la necesidad de que existan mecanismos que permitan enfrentar adecuadamente casos de discriminación de cualquier índole, que impliquen tanto acciones educativas como canalizar críticas, preocupaciones y en los casos más graves, el establecimiento de demandas.

Estos incidentes son recurrentes, aparecen una otra vez y no importa si se trate de una publicación o medio de los tradicionales o de los novísimos.

En muchas ocasiones junto al debate tiene lugar una especie de satanización de quienes critican o denuncian el acto discriminatorio, por lo general mujeres feministas, quienes reciben violencia verbal, descrédito, acoso, etc.; constituyéndose entonces un riesgo para su seguridad en las redes sociales.

En muchos países la propia sociedad civil y las organizaciones que la componen, han establecido observatorios contra la discriminación, el sexismo y el acoso en la redes, etc. Dichas instancias ofrecen soluciones efectivas y sistemáticas, además de educar para la convivencia y el respeto de la dignidad humana. Para ejemplificar, podríamos mencionar el reciente incidente acontecido en Perú, cuando una tienda de muebles hizo público un anuncio publicitario donde se asociaba a la persona negra con lo sucio, lo feo, el desorden, etc.

Recientemente también una amiga me hizo saber de una plataforma que detecta “machitrolles”, o sea, esos hombres que, escondidos detrás de una identidad falsa, acosan en las redes sociales especialmente a mujeres feministas, al punto de volverse un peligro para ellas. La plataforma es un generador de alertas  que identifica y clasifica dichos perfiles, además de ofrecer una serie de recomendaciones para lidiar con ellos.

Volviendo a Cuba y al tema de las discriminación en “sus” redes, recuerdo el caso del periodista Elías Argudín de Tribuna de La Habana, con su desafortunado artículo sobre el Presidente Obama, cuando este uso la frase racista “Negro, ¿tú eres sueco¿”.

Que se sepa, dicho incidente se gestionó por la propia presión que hicieron los activistas e intelectuales antirracistas en La Habana. No obstante, hubiera sido pertinente que dicho medio de prensa hubiese ofrecido disculpas públicas, dado que varios “errores” (no solo el del periodista) permitieron que un artículo con un título tan racista llegara imprimirse.

Otro caso que conocimos fue cuando salió un póster de la cerveza Bucanero, el cual fue denunciado por el intelectual cubano ya fallecido Desiderio Navarro, y cuyo texto acogimos en nuestra bitácora, además de haber escrito también sobre el asunto.

En esta oportunidad, recibimos respuesta por parte del diseñador del cartel, quien escribió un texto pleno de justificaciones y argumentos aun más sexistas que la imagen.

En otra oportunidad la plataforma A la Mesa reprodujo un convocatoria racista publicada originalmente en Revolico.com, sitio que si se desea saber cómo se mueve el imaginario popular acerca de la discriminaciones, su sección de oferta de empleos es de obligatoria visita. En más de una oportunidad me he comunicado directamente con Revolico para denunciar este tipo de anuncios.

Sin embargo, no tenemos conocimiento de que en Cuba exista observatorio contra la discriminación ni que se pueda gestionar de manera adecuada y efectiva una preocupación de esta índole.

Tampoco existe en Cuba una ley que norme lo que sucede en las redes sociales, que permita facilitar la denuncia del racismo, sexismo, misoginia y homotransfobia, como tampoco del ciberacoso, el bullying cibernético, la suplantación de identidades, etc.

La aún vigente Resolución No. 127/2007 regula la relación entre el personal empleado y las tecnologías de la información y las comunicaciones en las entidades estatales. En su artículo 26 plantea:

“Ninguna persona está autorizada a introducir, ejecutar, distribuir o conservar en los medios de cómputo programas que puedan ser utilizados para comprobar, monitorear o transgredir la seguridad, así como información contraria al interés social, la moral y las buenas costumbres, excepto aquellas aplicaciones destinadas a la comprobación del sistema instalado en la organización para uso por especialistas expresamente autorizados por la dirección de la misma. En ningún caso este tipo de programas o información se expondrá mediante las tecnologías para su libre acceso”.

Lo anterior no es suficiente, además de que queda en el terreno de lo impreciso y la valoración personal de las personas implicadas. Por otro lado, el número creciente de aplicaciones, medios, plataformas, etc. y los usos cada vez más crecientes de la internet en Cuba, incrementan la necesidad de que se legisle al respecto.

Al mismo tiempo, se agradecería la existencia de un mayor número de instituciones y organizaciones cuya labor fuese formar, educar, proponer para lograr otras maneras de hacer, dado que en todos los casos, o en la mayoría, se trata de talentosos profesionales de las comunicaciones y profesiones afines, gente joven, creativa pero que, lamentablemente, tienen una falta de perspectiva total en cuestiones relacionadas con el trato digno al ser humano.

Foto de portada: Mariano Gaspar.
Reproducida bajo licencia Attribution-NonCommercial-NoDerivs 2.0 Generic (CC BY-NC-ND 2.0)

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