Carta íntima a Michel Mirabal: El fin, los medios y un videoarte


Voy a comenzar por decir que creo saber de qué va el final de tu videoarte Michel Mirabal. Aún así me atrevo a escribir unas líneas sobre este incidente-performance.

Primero quiero decirte que aquí no está en juego ni la calidad de tu obra ni tú como persona. Sé, me consta, que eres un reconocido artista cubano, tus obras están ahí, nadie puede dudarlo. Has sido propositivo y para nada convencional. Como persona, tu trabajo social comunitario habla por tí. Repito: nada de lo anterior está en juego.

No obstante, quiero poder dialogar contigo, más allá del revuelo y los argumentos que soltamos de paso por las redes sociales mientras, en mi caso, me traslado de casa al trabajo, o del sabor amargo que me dejó tu performance.

Como me dijiste ayer, yo no sé nada de arte. En lo absoluto. Soy tan solo una observadora más, tengo mis preferencias claro, como cualquier otra persona que le gusta disfrutar de lo bello. Repito: no sé nada de arte; sin embargo, he estado en los últimos 10 años cerca de lo que se reconoce como “artivismo” político, feminista, antirracista, antiespecista, etc. Tu performance viene a calzar, en mi opinión, en esa conjunción provocadora entre arte y militancia, entre obra artística y mensaje social. En ese sentido mis parabienes.

Por otra parte, quiero decirte que en publicidad y propaganda existe una regla de oro: las creaciones que por alguna razón incluyen mensajes negativos no pueden hacer un uso extremo de ellos. En otras palabras, si el interés es reflexionar, por ejemplo, sobre fumar en el embarazo, el mensaje debe acercarse a la temática de manera propositiva, sin humillar, usar la violencia, graficar en exceso las consecuencias para el bebé —quizás sería más conveniente hablar de responsabilidad en la maternidad. De lo contrario, el material va a ser rechazado, al punto de poner en riesgo las buenas intenciones, en vez de conducir a la reflexión pausada y pertinente va a ser ignorado. Esto lo aprendí mientras cursaba la carrera de psicología en la Universidad de La Habana y luego lo corroboré con las numerosas campañas que se realizaron (y realizan) desde el Centro Nacional de Prevención de las ITS-VIH-sida, las cuales son rigurosamente concebidas.

Sé que eres un artista no un publicista y que el arte tiene sus propias reglas, que a veces consiste en no tenerlas; tú has roto con tu trayectoria artística muchas de ellas. Sin embargo, cuando se tratan temas tan sensibles como la violencia de género, no valen improvisaciones. En este caso entran en juego la vida y la dignidad de las personas. La ignorancia no puede ser entonces la excusa para la equivocación. Me consta que el arte también conlleva una labor investigativa. Por tanto no vale el argumento que expresaste en uno de sus post donde te reconoces como “no experto”. Cuando no se sabe se pregunta, se consulta, una se informa debidamente.

Te digo más, no es la primera vez que sucede algo así con el tema de la violencia de género y las creaciones artísticas. El año pasado la reconocida artivista cubana Damarys Benavides compartió, en su muro de FB, su preocupación acerca de la exposición ¿Qué quiere una? Anarcofeminista en Fábrica de Arte Cubano. El cuestionamiento fundamental que se realizó fue la recreación, una vez más, de la violencia de género; y el impacto que esto puede tener en las mujeres que han sido víctima de abusos, violaciones, golpizas, etc.

Por demás, el fin no justifica los medios. Entiendo tus ganas de provocar y en ese sentido el video cumplió su objetivo. Se formó un gran debate ¿Pero y después qué?

Lo anterior me lleva a confesarte algo: me pregunto hasta dónde olvidamos que el centro de acciones de este tipo son las mujeres de carne y hueso, o sea, nuestras colegas, hermanas, vecinas, jefas, alumnas, etc. No existe violencia de género sin mujeres reales. La mayoría de las víctimas están ahí. Nos faltan las miles que ya han muerto a manos de los hombres. A las que están intentando sobrevivir a la violencia les debemos respeto, no podemos revictimizarlas, no podemos exponerlas nuevamente a lo que vivieron. La dignidad humana es intocable.

Quizás muchas personas no sepan que el debate en tu muro no se inició con el video, sino con la convocatoria que pusiste, cito: “casting, necesito 3 mujeres con nalgas y no solo con ellas, deben estar bonitas, y es serio, será para un video arte”. Aunque me parece obvio, no sé si podrás notar el sexismo en tu petición. Ya me dirás.

Luego nos llegó la obra donde reproduces lo realizado por el músico español Jorge Pérez, tal como me confirmaste ayer.

Te tengo que decir que unas 20 personas me lo hicieron llegar, todas preocupadas por la violencia que implicaba: cuatro mujeres siendo golpeadas en sus traseros como si fueran tambores; mujeres en tanga;  mujeres jóvenes, mujeres presuntamente bonitas; agregando el detalle de que la mujer negra es quien más golpes recibe —esto me lo hizo notar un amigo músico.

Te juro que no fueron solo las activistas feministas quienes me escribieron: una grabadora, un fotógrafo, una historiadora del arte, dos periodistas, un director de un medio, una escritora… Así se llenó mi chat de mensajes hace unos días atrás.

Sinceridad mediante, te digo que no son los culos, ni las tangas lo que motiva mi reflexión-preocupación. La desnudez no es motivo de escándalo para mí. Este cuerpo gordo que tengo ha sido expuesto en cueros, por mí misma, en las redes sociales, como parte de una estrategia que pretende decir NO a la gordofobia. Ha sido además liberador, he ganado en autoreafirmación. Me siento cómoda con quien soy. Así que no es pacatería ni moralismo.

Nos pides esperar a que el videoarte esté finalizado para dar nuestra opinión, que confiemos. Solo la confianza en ti y en el mejoramiento humano me hace escribirte. No sé si la dignidad a las mujeres, y en especial a las víctimas, puedas devolvérsela cuando esté lista tu obra. Ojalá que sí.

Algo más, desde que vi una sección de tu video, una imagen no logra borrarse de mi mente: los bocabajos que recibieron nuestras ancestras, las tuyas y las mías. Dime extremista (como hiciste ayer) pero no logro deshacerme de eso. Se me eriza la piel y la vida.

Sin embargo, lo que me tiene prácticamente paralizada es un mensaje en mi buzón. Una cubana me escribe para decirme que el tipo que la violó la obligaba a estar en esa misma posición, en que las modelos de tu video fueron puestas, mientras ella lloraba y sus piernas temblaban. No he podido darle una respuesta más allá de intentar abrazarla lo cual virtualmente es imposible. Te pregunto: ¿Qué le respondo a ella? ¿Cómo tu petición de esperar hasta que tu video sea completado le va a servir a ella? ¿Qué hacemos con su angustia? ¿Le decimos que ella tampoco sabe de arte como me dijiste a mí? ¿Cómo el final de tu obra resarcirá su sufrimiento?

Hasta aquí mi carta para tí Michel. Créeme que tengo un nudo en mi garganta. Yo también, como muchas otras mujeres, he vivido una agresión sexual.

 

Foto de portada: Rosa Muñoz, Tomás Lay.

6 comentarios en “Carta íntima a Michel Mirabal: El fin, los medios y un videoarte

  1. Creo que no hay nada que él pueda hacer para quitarnos este amargo sabor de humillación generalizada y esta inmensa indignación. Me dió mucha rabia e impotencia y yo no he sufrido agresión sexual ninguna. Tatando de ser empática con las q si lo han sido, este tipo de conductas no se deben permitir ni promover por más erudito del arte que sea. Para mí no es más q un malo y barato truco de publicidad.

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