Roberto Zurbano

Roberto Zurbano: Desde mi balcón. Siete párrafos de memoria contra la pandemia del olvido (Segundo round)


Por Roberto Zurbano

Un blackface cubano celebrando el día de África en redes sociales, el incendio provocado en un terreiro de San Salvador de Bahía, el asesinato poco difundido de un joven líder comunitario garífuna en Honduras y otro asesinato racial en Estados Unidos, en la misma semana, confirman que el racismo opera en un amplio espectro de negaciones y violencias presentes indistintamente en cada país. Las gradaciones del racismo comenzaron con la esclavización y crecen en visiones culturales excluyentes, ausencia de historias negras en aulas, difícil acceso a estudios universitarios y puestos laborales y se regodean recortando presupuestos escolares en barrios negros y en la brutalidad policiaca, con sus altas cuotas de impunidad, hasta ofrecer una saga interminable de asesinatos, segregación racial y económica, cárceles y nuevos apartheid. Son muchas las expresiones visibles e invisibles del racismo: culturales, institucionales, públicas, privadas, en países pobres y ricos, en gobiernos demócratas o autoritarios, capitalistas o socialistas…El racismo, como el dinosaurio de Monterroso, siempre ha estado ahí. Pero casi nunca lo vemos hasta que un hecho mediático dispara las alarmas en busca, más que de justicia, de compasión. Así falseamos las agendas antirracistas, corriendo detrás de la crónica roja del mundo negro y no enfrentando las causas del fenómeno, ni a las razones que evaden el compromiso cotidiano en una lucha tan agotadora, como sofisticada y brutal. De estas visiones mediáticas erradas se alimenta el racismo, tranquilizando a quienes se creen afortunados, pues el último crimen ocurrió a mil kilómetros de casa y creen imposible que este dolor les alcance. El racismo es un hecho local que es también global y nos exige asumir la responsabilidad que toca ante lo pequeños racismos que toleramos a diario.

Hace diez años durante el congreso Cultura y Desarrollo, celebrado en La Habana, varios participantes nos trasladábamos en un microbús y algunos académicos e intelectuales blancos, comentando un panel del día anterior dedicado al racismo en Cuba; afirmaban que era un exceso de los panelistas y argumentaron que era resultado de las visitas que estos hacían a Estados Unidos. Una cineasta afrocubana sentada a mi lado me impidió responder y escuchamos en silencio todos los argumentos.

Llegamos al Palacio de Convenciones y todavía discurrían sobre el asunto. Sé que muchos investigadores de la cuestión racial fuimos a Estados Unidos años después de publicar tales textos y otros, aun no han visitado ese país. Recordé el primer viaje de raperos cubanos a Estados Unidos, en 2001; se presentaron en el mítico teatro Apolo, en Harlem y allí confirmaron lo que tan bien hacían antes en el Anfiteatro de Alamar, no fue al revés. Mi compañera de congreso y yo, esa mañana tuvimos una larga conversa para sacarnos tanta idea tóxica, injusta e ignorante. Sin embargo, aquellos argumentos aun me sirven de termómetro para medir la labor antirracista en Cuba, pues comparto una de sus alarmas: No aplicar métodos y soluciones fuera de contexto. Todo lo demás es clásico del proceso de negación del racismo cubano y, curiosamente, quienes hacían una lectura norteamericana de nuestra situación racial eran ellos, esperando encontrar aquí sucesos que no corresponden a esta realidad e invisibilizando eventos discriminatorios que tienen lugar ante sus propias narices, esos que, a veces, ellos mismos protagonizan consciente o inconscientemente, da igual. No dijeron Brasil o Alemania, porque cuando se trata de Estados Unidos el análisis tiende al desborde comparativo, no a la historicidad ni al campo de relaciones que ocultan políticas raciales, muchas veces también ocultas en leyes, estructuras socio-económicas, pactos religiosos, mass media y programas políticos.

Comparar problemáticas raciales entre Cuba y Estados Unidos, no es asumir sólo historia reciente, obviando el tejido de sucesos, figuras e ideas que marcan siglos de interacción, aun subalternizados por una escritura donde nunca aparecen negros de aquí ni de allá. Son los sesenta, cuando suceden hechos claves para los afrodescendientes de ambos países: Los afrocubanos tuvimos la Revolución de 1959 y los negros de Estados Unidos el Civil Right Movement. Ambos sucesos marcan puntos de partida diferentes en nuestras respectivas historias sociales y políticas. ¿Cómo ambas poblaciones llegan a este momento? Los afroamericanos venían de una sociedad legalmente segregada, donde trataron construir un espacio propio, lejos del mundo blanco, para vivir con dignidad. Sus luchas raciales tenían lugar en una sociedad multirracial y multicultural donde distintas razas, etnias y culturas no se mezclaron como en Cuba y configuran un gran mosaico fragmentado por historias e identidades particulares. El Civil Right Movement fue resultado de la lucha de los negros en específico, sus liderazgos, grupos, ideologías y demandas. Con ayuda de algunos aliados, pero fue resultado de una lucha política altamente racializada que, finalmente, les convierte en verdaderos ciudadanos.

El significado político que tuvieron las iglesias negras en Estados Unidos, es similar al de los sindicatos en Cuba. Curiosamente las religiones afrocubanas han sido subestimadas en el trabajo político, a pesar de su nivel de convocatoria, cohesión, horizontalidad y solidaridad, activas desde la colonia hasta nuestros días. Las iglesias negras en USA y los sindicatos en Cuba fueron espacio de aprendizaje más allá de los clubes y sociedades de color, cuyo ejercicio político fue más cercano a la negociación de intereses económicos, aunque desarrollan valiosos proyectos cívicos en la educación, la salud y las artes, apoyados por las fuerzas dominantes de ambos países. Dichos clubes asumieron vías políticamente correctas en busca de una armonía racial, aunque sin mucho éxito en sus respectivos empeños. Para los negros cubanos la Revolución es un innegable acto emancipatorio, resultado de luchas sociales, no raciales. Un hecho que les abre el acceso a todos los derechos ciudadanos. Crea las condiciones objetivas para la dignificación de una población negra inferiorizada y explotada durante siglos que, junto a otros preteridos, disfrutan derechos antes negados. (Aunque no sucedió en igualdad de condiciones, detalle entonces pasado por alto, que convierte igualdad de oportunidades en un ejercicio desigual). No se olvide que la población negra venía de una sociedad que no legalizó la segregación, pero la sufría en algunas ciudades y que la Constitución de 1940 coloca, por primera vez, el racismo como un delito.

Por su parte, el Civil Right Movement emancipó a los afroamericanos, tras manifestaciones y asesinatos. Lograron grandes victorias políticas y fuerte movilidad social apoyada en la Affirmative Action. Ganan el derecho al voto, mejoran las condiciones de trabajo de la clase obrera negra; aumentan las escuelas públicas y cede la resistencia a las escuelas racialmente integradas. Nacen programas educativos que favorecen a millones de niños y adolescentes. Se fortalece el modelo universitario negro, fundado en el siglo XIX, más allá de los Black Historical Colleges. Hay un crecimiento inusitado de clase media, empresariado y elite negras que comienzan a ocupar altos puestos en el stablishment. Fue el resultado más visible de aquel triunfo de los derechos civiles, pero no los únicos. Al mismo tiempo, surgen nuevas organizaciones como el Partido Panteras Negras y su filosofía Black Power, entre otras que estimularon movimientos de artistas, estudiantes, sindicatos y mujeres, a quienes le resulta insuficiente lo logrado y proponen, desde otras visiones críticas, continuar la lucha, intuyendo que las ganancias del Civil Right Movement no llegaron para quedarse, en los años ochenta, tras la ola conservadora que inicia Reagan y continua Bush padre, sobreviven pocas de sus ganancias jurídicas, afirmativas y laborales.

La conciencia racial en la historia afroamericana es un importante factor de cohesión para la lucha y movilidad socio-política. El ejercicio crítico y público de dicha conciencia guió comunidades, instituciones y clases sociales; generó la creación de organizativas propias (religiosas, sociales, políticas, económicas, etc.), desde aspiraciones comunitarias hasta las que incorporan otros intereses (clase, género, ideología, profesión).En Cuba, es baja la estima y conciencia racial entre la población negra, heredera de cimarrones, pero lenta en denunciar y desmontar agresiones racistas. Demasiada resignación en las personas negras que defienden sus derechos y valores en un contexto discriminatorio creciente. Acudir a las leyes, los medios y autoridades ha de ser común; amén de ese activismo antirracista cuyo esfuerzo retórico es mayor que su diálogo en las comunidades y la urgencia crítica de su misión social.

Sí, las respectivas historias de nuestros pueblos negros difieren en cuanto a integración social y racial: en Estados Unidos ha sido una imposibilidad histórica frente a la supremacía blanca, por eso también pensaron en la emigración (África) y en negociar con la hegemonía blanca, a través de las leyes y la democracia, otras sociedad y ciudadanía. Dicha estrategia aun no ha triunfado. En Cuba la integración de negros y blancos es una aspiración martiana que llena páginas enteras del ideario de Antonio Maceo y Juan Gualberto Gómez, aunque también hubo familias negras que regresaron a África. La idea de integración racial alcanza un fuerte consenso social, que se renueva con la Revolución. La aspiración social de cubanos negros no está separada de las demandas de cubanos blancos ni de los presupuestos libertarios del grupo vencedor; (aunque el Movimiento 26 de Julio era un espacio con poca conciencia crítica sobre la cuestión racial, ver la ausencia del tema en La historia me absolverá).

Las demandas de instituciones y líderes cubanos negros siempre desbordaron las exigencias raciales en busca de una ciudadanía plena y ellos aportan esa visión integradora a la lucha sindical, partidista y cultural donde nunca faltó el tema racial, como uno más entre las necesidades de la nación. Así, las luchas antirracistas cubanas no tuvieron una visión tan radical ni solitaria como en Estados Unidos. En la historia del antirracismo cubano concurren personas blancas con una visión antidiscriminatoria más allá del paternalismo y politiquería al uso; y se suman otras implicaciones clasistas y religiosas de peso en la integración de los grupos étnicos y raciales que arman la nación cubana. Eso explica una dinámica diferente a la norteña en nuestra experiencia social y tradición antirracista.

Es difícil constatar el conocimiento de la tradición antirracista cubana entre ciertos académicos y activistas entusiastas, pero desnudos de herramientas histórico-conceptuales para su trabajo de denuncia y propuestas que podrían verificar en el registro de una tradición que les sirva, sobre todo, para no repetir errores ni retrasar su necesaria labor. En esta tradición lo mismo cuenta un ensayo, un patakin o un poema. Cuando la televisión mostraba cómo asesinaron a George Floyd, recordé muchas otras víctimas, en especial a Emmett Till, de catorce años, mutilado y tirado al rio por sus asesinos blancos en 1955. Al recuperar el cuerpo, su madre dispuso que durante el funeral el ataúd quedara abierto, exponiendo el tamaño del ultraje. La imagen impactó al mundo y la tradición antirracista cubana lo fijó en Elegia a Emmett Till de Nicolás Guillen, donde el poeta llora “este mínimo muerto sin venganza”.

¿Eso también será el menos joven George Floyd? ¿Tenemos una conciencia mínima para la solidaridad racial? ¿Miramos atentamente nuestro entorno, donde no vemos crímenes así, pero sufrimos chistes, discriminación y pequeños maltratos que alguien calla, se traga y no sabe qué hacer con tanta humillación? No respondas hoy. ¡Sólo intenta hacer la tarea!”

En Centro Habana, a viernes 29 demayo.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s