Cineasta afrocubana Gloria Rolando incluida en la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de los Estados Unidos

La Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de los Estados Unidos de América, en la categoría de directores ha seleccionado a la cineasta cubana Gloria Rolando Casamayor como miembro de esta, lo cual constituye un reconocimiento a su vida y obra.

Rolando Casamayor, con una vasta obra cinematográfica, se ha dedicado a contar, por casi de treinta años, historias quienes no tienen historia: personas negras, afrodescendientes del Caribe.

Entre sus documentales destaca 1912, Voces para un silencio, serie en 3 capítulos que narra a través de las voces de historiadores, testimoniantes, fotos y documentos originales de la época, la historia y masacre del Partido de los Independiente de Color. El capítulo II de dicho audiovisual obtuvo el premio “Walterio Carbonell” otorgado por la Cofradía de la Negritud. (Organización con sede en la Habana).

La destacada cineasta, merecedora de muchos premios, se encuentra trabajando en estos momentos en  contar la historia de Las Hermanas Oblatas de la Providencia; documental que mostrará las diversas y nutridas conexiones entre las familias afrocubanas y afroestadounidense, según la realizadora.

Los ojos del arcoíris. (1997) fue el documental que la cineasta dedicase a la luchadora afroamericana Assatta Shakur, líder de Las Panteras Negras y del Ejército Negro de Liberación.

¡Celebramos junto a nuestra hermana Gloria Rolando el reconocimiento a su obra y le deseamos todo el éxito posible!

Consultar la ficha de Gloria Rolando en el Directorio de Afrocubanas.

Foto: Tomada de Caribe Film.

Miradas de la Mujer Negra

Por Odette Casamayor Cisnero

Creemos que la estamos viendo a ella; pero es ella, la joven negra, quien nos mira desde la portada. Antes de sentarme a escribir quise conocer su nombre, porque me resisto a prolongar el anonimato en que, por lo general, son mantenidas las mujeres negras en Occidente. No es una muñeca. No es un fetiche. Bellísima, pero tampoco es solo una hermosa mujer negra. No es eso lo que la identifica. La imagino Isabel o Inés. Marta o Julia. En todo caso, un nombre en castellano, si ha nacido en Cuba. Sus apellidos también puede que lancen la imaginación hacia pueblos, praderas y viñedos en España. Sin embargo, en esta muchacha hay mucho más que la herencia hispana. Su mirada, invitando a abrir esta revista, grita esa otra parte de su existencia –esencial, aun si no queda rastro de ella en su nombre o en el apellido que ni siquiera conozco. Es mirada que se deja mirar con agrado, pero en un mismo gesto devuelve el golpe y nos clava, interpelándonos. Quiere que sepamos. La nombremos. Hagámoslo.

Tengo una mirada así como salvapantallas de mi teléfono. Es la de mi tatarabuela, Cecilia Wilson, y fue tomada a fines del siglo XIX o principios del XX, no se sabe bien. La incertidumbre domina la historia de los afrodescendientes en las Américas: ¿En qué preciso lugar de África fueron secuestrados nuestros antepasados? ¿Cuáles eran, entonces, sus nombres? ¿Cómo vivían antes de ser lanzados al barco negrero en que atravesarían el Atlántico para empezar su nueva vida de no-hombres, no-mujeres? A pesar de la incertidumbre, abrigo la certeza de que ese retrato fue tomado para que mi tatarabuela pueda ahora mirarme cada vez que enciendo mi teléfono. Y así vuelve a contarme su historia que conozco a medias: que el último esclavizado en mi familia fue un lucumí muy alto y vestido de blanco que, en algún lugar del oriente de la Isla, un día se marchó manigua adentro, bordeando el río, y no volvió a aparecer. No hay nombres, lugares, fechas. Sin embargo, generación tras generación en la familia hemos creído esta leyenda fundadora porque de todas maneras no podemos ir más allá. Los negros de Cuba, de una forma u otra, procedemos todos de una violencia rotunda: no ser más que objetos de trabajo, piezas de ébano a las que se les marcaba con un fierro candente en una costilla, el hombro, un brazo; y se les endilgaba un nombre castizo. Ni del lucumí fugitivo del que se contaban historias en mi familia, ni de ninguno de nuestros ancestros africanos conservamos la memoria exacta. Nos queda, no obstante, la memoria de la carne; y ahí se nos va hacia el mundo, en el mirar.

Sara Gómez (Havana, 1942-1974).
Sara Gómez (Habana, 1942-1974). Cineasta, guionista y periodista. La primera mujer cubana en dirigir un largometraje, “De cierta manera” (De una manera u otra). Foto: Archivo

Ese lucumí cimarrón, que escapó a su condición de esclavo siguiendo el clamor del río, viaja a mi tiempo a través de la mirada de mi tatarabuela en la pantalla de mi teléfono. Desde el pasado sus ojos me lanzan al futuro. Cada día aportan la fuerza con la que una mujer negra necesita siempre contar. Esta es nuestra historia.

En 1886 fue oficialmente abolida la esclavitud y en 1902 nació la República de Cuba, que en mucho siguió el pensamiento de José Martí, para quien “Hombre es más que blanco, más que mulato, más que negro”. En la realidad, el negro cubano, ya entonces ciudadano, continuó relegado a la misma inexistencia social y a la indigencia económica que sufriera bajo la esclavitud; y tuvo entonces que luchar, desde los primeros días de la República, por sus derechos civiles. En sangre serían acalladas sus demandas: en 1912 el presidente José Miguel Gómez ordenó la matanza de los miembros del Partido Independiente de Color y sus simpatizantes. Se estima que entre 2000 y 6000 negros y mestizos fueron asesinados en apenas dos meses.

Camino a la mitad del siglo, llegaron a consolidarse algunas teorías que examinaban y confirmaban la constitución mestiza de los cubanos: el poeta Nicolás Guillén introdujo la noción del “color cubano” cuando en 1931 presentara su libro Sóngoro cosongo como “versos mulatos”; y en 1940 el abogado y etnólogo Fernando Ortiz desarrollaría el concepto de la transculturación, haciendo del ajiaco el mito por excelencia del mestizaje nacional. Fue asimismo tenaz durante esos años el esfuerzo de los negros cubanos por alcanzar cierta influencia política. Aparecieron importantes líderes sindicalistas, como Lázaro Peña, e intelectuales como Rafael Serra y Gustavo Urrutia. Notable resultó también la labor de las sociedades para negros, como los clubes Aponte y Atenas, en Santiago de Cuba y La Habana, que fomentaron la formación de frentes cívicos y políticos comunes, desde los cuales abogar por sus derechos.

Belkis Ayón (La Habana, 1967-1999), 'Sikán' (1991)
Belkis Ayón (La Habana, 1967-1999), “Sikán” (1991)

Al triunfar en 1959, la revolución implementó políticas que ofrecieron a todos los cubanos, independientemente de su raza, parejo acceso a la salud, la educación y la cultura, la vivienda y la oferta laboral. También a partir de los años sesenta se fundaron instituciones en las que debían agruparse los diversos sectores de la población –pensemos en la Federación de Mujeres Cubanas, los Comités de Defensa de la Revolución y los clubes obreros y profesionales. En consecuencia, fueron declaradas obsoletas las estructuras que hasta entonces organizaran la vida asociativa. Clausurados quedaron los clubes para negros, pues la igualdad de todos los cubanos había sido oficialmente proclamada; prevalecería solamente una identidad, la revolucionaria.

Sin embargo, la desigualdad racial no desapareció del todo.

Proliferaron por aquel entonces escuelas donde los jóvenes serían moldeados como “arcilla maleable”, aspirando a que de ellos emergiese el “hombre nuevo” diseñado por Ernesto Guevara en 1965. En una pequeña isla al sur de La Habana, Isla de Pinos –rebautizada en 1978 como Isla de la Juventud–, se concentraron muchos de estos centros. Y a ellos llegó, cámara en mano, la primera realizadora negra cubana, Sara Gómez, para filmar una trilogía documental que recogiese las experiencias de estos jóvenes. En uno de ellos, titulado Una isla para Miguel (1968), ha sido retenida como escena antológica del cine cubano aquella en que Rafael, un joven negro, denuncia la persistencia de los prejuicios raciales dentro de la sociedad revolucionaria. Enfrentando a la cámara, de cara al público, la mirada de Rafael, como la de la joven modelo de la portada, nos interroga, exige la acción, un verdadero cambio.

Gertrudis Rivalta (La Habana, 1971). 'Quinceañera con Kremlin' (2004)
Gertrudis Rivalta (La Habana, 1971). “Quinceañera con Kremlin” (2004)

Sara Gómez es de las cimarronas que en vida no cesaron de luchar por la justicia social y que, desde la muerte, nos obligan a continuar batallando. Así lo hace también otra gran artista negra cubana, Belkis Ayón, cuya obra con frecuencia recreaba los mitos fundacionales de los abakuá, sociedad secreta de ayuda mutua. De la región del Calabar, en el África occidental, nos llega el mito fundacional de los abakuá, cifrado por el descubrimiento del secreto original –la voz de Tanze, el pez sagrado– por la princesa Sikán, luego sacrificada y convertida en fundamento religioso. Desde entonces permanece esta sociedad cerrada a las mujeres; lo que naturalmente impidió a Belkis Ayón partir de la perspectiva del

A veces, ni siquiera es necesario el mirar. La artista María Magdalena Campos-Pons mantiene cerrados los ojos en la serie de polaroids que componen una de las piezas de When I Am Not Here, estoy allá. El mensaje aparece escrito en su torso: “Identity Could Be a Tragedy”; pero la imagen va progresivamente borrándose bajo una mancha blanca, hasta desaparecer casi del todo en la última foto. Inquietud del espectador: ¿cuál podría ser ese “here” (aquí) y el allá? ¿La Cuba natal, los Estados Unidos donde ha residido la artista, o el África, que es también parte de su historia? La tragedia deriva de la imposibilidad de la identidad, que nunca consigue expresar cabalmente todo lo que somos.

Es imposible asir las experiencias de la mujer negra cubana dentro de una simple imagen, guardarlas todas bajo una etiqueta identitaria. Por eso caemos en un torbellino desde cuyo fondo nos absorbe la torva mirada de la “Quinceañera con Kremlin”, donde la artista Gertrudis Rivalta alude a una realidad más reciente: Cuba tras el colapso del sistema socialista en Europa del Este, en los años 1990. Al desvanecerse el apoyo económico de la comunidad de países socialistas, una aguda crisis se abrió en la Isla, conocida como Período especial en tiempos de paz. Desde entonces, las dificultades económicas y las transformaciones de la sociedad cubana han acrecentado la desigualdad racial, rindiendo visible un fenómeno hasta entonces circunscrito a ámbitos familiares, privados. Hoy, la rara presencia de cubanos negros en los espacios donde suelen reunirse los grupos más privilegiados, atestigua la innegable existencia de estas desigualdades.

Si en la urgente supervivencia cotidiana escasos son los caminos abiertos a la mayoría de los negros; poseemos por otra parte un invaluable capital en nuestra tradición cimarrona. El cimarrón se emancipa solo, no espera a que nadie acuda a liberarlo; en la manigua encuentra el modo de sobrevivir y defender su libertad, valiéndose de cuanta herramienta y conocimiento halla a su paso. Inventa sus propios modos de subsistencia.

Este cimarronaje lo trasmitimos muchas veces las mujeres negras, de madres a hijas, utilizando medios jamás mencionados en los manuales de historia, ni en famosos discursos. Una y otra vez hemos sostenido el hogar entregadas a las tradicionales ocupaciones permitidas a las mujeres negras. A ellas alude, en “Spoken Softly with Mama”, María Magdalena Campos-Pons, cuando reproduce en vidrio viejas planchas de carbón, mientras desde el fondo de la instalación parecen observarnos –siempre esa mirada– las antepasadas de la artista, a través de fotos proyectadas sobre tablas de planchar.

Continúan aún las cimarronas valiéndose de cuanto encuentran a su alcance; no solo para sobrevivir, triunfando también. La artista Susana Pilar Delahante Matienzo crearía así el personaje de Flor Elena como avatar en el juego Second Life, donde es una dominadora financiera (Findom). Incluida en la pieza “Dominio inmaterial”, su imagen fue presentada en la Bienal de Venecia de 2015. Allá pudo viajar la artista gracias a los esclavos virtuales de Flor Elena, quienes proporcionaron el dinero necesario para comprar un billete de avión. La negra Flor Elena, un personaje virtual, impactaría entonces la vida real de su creadora, también negra. Sin duda, métodos de cimarrona. Pero es certera la acción; y su poder, inescapable. Como, desde la portada, esa mirada de una joven negra sin nombre de la que no conseguimos de ninguna manera huir.

Susana Pilar Delahante Matienzo (La Habana, 1984), 'Dominadora inmaterial' / 'Inmaterial Dommes', Second Life (Net Art), 2012-2013
Susana Pilar Delahante Matienzo (La Habana, 1984), “Dominadora inmaterial” / “Inmaterial Dommes”, Second Life (Net Art), 2012-2013.Tomado de Oncuba Travel

Documentales sobre personalidades afrocubanas se exhibirá en Festival “Santiago Alvarez In Memoriam”

Del 15 al 21 de marzo del 2018 tendrá lugar en  Santiago de Cuba el Festival Internacional de Cine Documental “Santiago Alvarez In Memoriam”. El mismo estará dedicado a homenajear la Premio Nacional de Literatura  Nancy Morejón.

En el marco de dicho evento, serán exhibidos cinco documentales de la prolifera realizadora y productora Juanamaría Cordones-Cook, quien además es profesora de Literatura y Lenguas Romances en la Universidad de Missouri.

Las obras a exhibirse se listan a continuación:

El mundo mágico de Mendive (Cuba 2015), ca. 40 minutos con subtítulos en inglés. El documental ofrece una perspectiva única en el mundo personal y artístico de Manuel Mendive, el más celebrado artista plástico cubano. Creador en varios géneros, el dibujo, la pintura, la pintura del cuerpo desnudo, escultura blanda y en metales y maderas, instalaciones y performances, Mendive es un sacerdote de la santería cuya espiritualidad permea toda su obra. Este documental muestra la amplia gama de su creación incluyendo su última performance en La Habana, Las cabezas (mayo 2012). Asimismo Mendive aparece pintando en su estudio y también en medio de su bosque tropical, a la vez que ofreciendo comentarios inéditos sobre su vida, los elementos africanos en su arte, sus estéticas y su profunda subyugación con el proceso creativo. El filme es enriquecido con comentarios de prominentes intelectuales cubanos Adelaida de Juan, Pablo Armando Fernández, Nancy Morejón y  Yolanda Wood, además de música de Ulises Hernández y Argeliers León.

Choco (2014), ca. 29 minutos con subtítulos en inglés. Presentación de Eduardo “Choco” Roca Salazar, artista plástico que encarna el éxito cultural de la Revolución cubana en su promoción de las artes. De origen muy humilde en una aldea de la Provincia de Oriente cubana, Choco se graduó del Instituto Superior de Arte y ha llegado a ser un celebrado grabador en su realización de colagrafías. El documental lo muestra  trabajando en su taller en La Habana Vieja, recorriendo su ciudad y visitando la escuela de arte, a la vez que exhibe una amplia gam a de su creación desde los inicios de su carrera artística. El filme es enriquecido con lecturas de Nancy Morejón y Pablo Milanés, y con la música creada especialmente para Choco por Miguelito Núñez.

Diago, artista apalencado (2013), ca. 28 minutos con subtítulos en inglés. Presentación de un prominente artista, Juan Roberto Diago (1972), que crea empleando materiales desechables. Diago comprende las posibilidades creativas del reciclaje y del bricolage, además enriquece sus imágenes yuxtaponiendo graffiti con sentido racial desafiante. Se ha autodesignado “artista cimarrón” y su arte resulta en un acto de “resistencia cultural”. En este documental, Diago abiertamente comenta sobre temas de raza y pobreza en la Cuba de hoy en día, y en su  representación en sus cuadros, fotografías e instalaciones.

Cimarroneando con G.H. (2011), 30 minutos con subtítulos en inglés. Franca y abierta entrevista con la poeta Georgina Herrera (Jovellanos, Cuba, 1936) comentando memorias personales, temas de género, relaciones raciales y racismo en la Cuba socialista. El film incluye imágenes de la poeta en diferentes mom entos de su vida, con máscaras y objetos de arte  africanos del Museo de Arte y Arqueología y el Museo de Antropología de la Universidad de Missouri. La música fue compuesta y ejecutada para este documental por el Profesor Anthony Glise.

África en la danza moderna cubana: Eduardo Rivero (2017), ca. 42 minutos con subtítulos en inglés. El film documenta la historia de vida y el legado artístico del emblemático bailarín y coreógrafo cubano Eduardo Rivero Walker (1936-2012) contados por él mismo en una entrevista inédita y por quienes lo conocieron: Alberto Lescay, Santiago Alfonso, Nancy Morejón, Isidro Rolando y Natalia Bolívar, entre otros. Representante de la generación fundacional de la danza contemporánea en Cuba, Eduardo Rivero desarrolló una técnica muy singular para bailar y enseñar. Fue un creador de clásicos inolvidables de la danza contemporánea y maestro de generaciones de grandes bailarines a lo largo de toda Cuba y el Caribe. Los testimonios de personalidades de la cultura de la Isla se entremezclan con imágenes de este gran artista bailando y de varias de sus piezas clásicas Súlkary, Okantomí, Duo a Lam, entre otras, configurando un gran fresco que muestra la dimensión única de quien fue -y sigue siendo, a pesar de su muerte- un Maestro de la Danza Cubana.

Con información ofrecida por Juanamaría Cordes-Cook.

Algunos apuntes sobre el cine cubano hecho por afrocubanas: Los casos de Sara Gómez y Gloria Rolando

La Universidad libre de Berlín, en la persona de Ana Nenadovic, me ha invitado a hablar del cine cubano hecho por mujeres afrocubanas. Con alevosía he escogido a Gloria Rolando y Sara Gómez, ambas de reconocida importancia dentro de la cinematografía del país y de la región.

La presentación, que será en español, tendrá lugar el miércoles 7 de junio, a las 10 am en el Lateinamerika-Institut, Rüdesheimer Str. 54-56, en la sala 201. ¡Si estás en Berlín te puedes dar el salto!

 

 

Gloria Rolando: “He seguido mi camino superando barreras y prejuicios”

Por Danae Diéguez

Pero acá está, quizás inacabada, quizás llena, aún, de preguntas, pero creo es ya vital que aparezcan estas palabras, esta conversación que sostuve con Gloria Rolando, la documentalista cubana inquieta, llena de paz en la mirada y, a la vez, inundada de fuerza y seguridad para llegar a donde ha llegado, con los temas que ha abordado con tanta profundidad en su obra.

Deudora del cine de Sara Gómez, acá habla de ello. Deudora de su condición de mujer negra realizadora, acá lo explica. Deudora de lo mejor de la tradición investigativa del documental cubano, acá lo analiza.

Fue un encuentro en su casa mientras cuidaba a su mamá; conversábamos y, sin dejar de responder,  no la perdía de vista. Por eso agradezco más el tiempo, las ganas,  la amabilidad y su sinceridad.

Sigo insistiendo: el cine cubano aún no se repone de los grandes silencios con las mujeres realizadoras. Miremos la historia, miremos qué hicieron y qué no pudieron hacer, miremos qué temas abordaron, por qué y para qué; pero miremos, sobre todo, qué significa ir rompiendo con una estructura de realización que es el correlato perfecto de un sistema patriarcal y verticalista.

Miremos las causas de las cosas: las instituciones son siempre el símbolo de cómo se sostienen las sociedades desde el patriarcado y el ICAIC ha sido, con momentos mejores y otros no tantos, un ejemplo de esa estructura que tiene, por supuesto, muchas aristas.

Pero de eso he escrito mucho y siempre es un tema de investigación, un ensayo a redactar, que he hecho. Ahora queda -como también he mostrado otras veces- visibilizar y dar voz a las mujeres realizadoras y entender que si ha sido el documental el género desde donde mejor han podido expresarse, pues hagamos de ello un ejercicio de lectura que lo reivindique desde una perspectiva que se ancle en los aportes del cine feminista y los estudios de racialidad.

No quiero hablar de cine y estudios de género, necesito hacer la aclaración. Mi posición -y es lo que me llevó a realizar estas entrevistas- están marcadas por mi condición de estudiosa e investigadora feminista. Desde esa posición política me defino, desde ahí hago lo que tantas veces el feminismo ha reclamado: “hacer visible lo invisible…”

gloria-rolando_14

Danae: ¿Cuándo comienzas a trabajar en el ICAIC? ¿Te interesó siempre el cine?

Gloria: Tengo que decir que, a diferencia de otros, no tenía aspiraciones de trabajar en el ICAIC ni de hacer cine, ni hacer una carrera. Cuando triunfó la Revolución y mis padres vieron que había educación gratuita me exhortaron a estudiar mucho, y yo tuve una formación que es bien interesante: primero de música, estuve desde los 11 hasta los 18 años en el conservatorio Amadeo Roldan, y en mi aula estaban Sara González, Lucía Huergo, Beatriz Márquez, José María Vitier y muchos otros genios.

Luego comencé la carrera de Historia del Arte, trabajé en la Biblioteca Nacional, pero durante el tercer y cuarto año me fui a aquella aventura del Grupo Escambray que dirigía Helmo Hernández y la doctora  Graziella Pogolotti;  lo cual modificó mucho mi visión sobre la carrera de Historia del Arte, porque yo estaba al mismo tiempo trabajando en unas vaquerías en el Escambray y descubriendo para qué podía servir el arte. Salía a caballo a entrevistar gente…, y esa era otra manera de hacer mi carrera, muy diferente a quienes solamente se quedaban en las aulas.

gloria-rolando_12Al pasar el tiempo no sabía cuál sería mi ubicación de graduada, no me interesaba la docencia, por ejemplo, lo que me interesaba y me daba curiosidad era la función del arte, indagar, investigar, saber.

Entré al ICAIC en 1976, el mismo año que termino la carrera, y fue un salto hacia algo bien diferente. Califiqué por mi buen expediente, ya sabes, la muchachita estudiosa… y eso no tiene nada que ver con el mundo del cine que después encontré.

Nos hicieron un examen para entrar y yo no me sabía los nombres de los directores cinematográficos -todavía no sé ni uno, ni me preguntes-, pero para mí lo importante de entrar allí era conocer el lenguaje del cine. Así lo manifesté con aquellos 23 años que yo tenía y fue un acto de honestidad. Todos los que querían entrar pretendían demostrar que sabían algo de cine; yo no quería demostrar nada, sencillamente quería entrar para aprender.

En esos tiempos todo en el ICAIC era muy encasillado, muy organizadito, y ellos tenían una visión a largo plazo de las posibilidades de quienes entrábamos a trabajar. No sé qué pasaba conmigo que no me ubicaban en ningún proyecto, ni me solicitaba ningún director. Yo era muy callada y me mantenía observando aquel mundo, muy distinto al de la música, al que yo había experimentado en el Escambray, hasta que un día me ubican con Santiago Villafuerte.

D: ¿Para hacer el guión de “Tumbas Francesas”?

G: ¡Para hacer directamente el guión de “Tumbas Francesas”! Yo me sorprendí, y Santiago me dijo: “Es muy sencillo: una columna de imagen y una columna de sonido”.  Y así, con esa sencillez, lo asumí, y ese trabajo me dio la posibilidad de conocer Cuba, de conocer mejor el interior del país, de conocer otros temas que yo no había dado en la carrera universitaria.

D: ¿Y este trabajo marcaría luego el carácter de tu obra? Me refiero a lo que tiene, digamos, de etnográfico.

G: Pienso que sí,  no tenía conciencia de eso pero es cierto, ese trabajo me marcó muchísimo. La relación con los protagonistas devino casi en una relación familiar, muy amistosa, y es algo que continuó luego en otros trabajos. El segundo documental era diferente: trataba sobre el desarrollo pecuario, ya sabes, pollos y vacas; pero es así, una de cal y otra de arena. Era una época de mucho fogueo y por mi personalidad siempre preferí los equipos pequeños. Yo miraba al campo de la ficción aterrada porque eso implicaba una cantidad de gente enorme.

D: Sin embargo, trabajaste como asistente de dirección en tres películas de ficción.

G: “Maluala”, “No hay sábado sin sol” y “Habanera”.

gloria-rolando_6D: Y tuviste que ver con el vestuario y otras labores. ¿Cómo te sentiste dentro del grupo de trabajo de un largometraje de ficción?

G: Con vestuario en el caso de “Maluala” y en el caso de “No hay sábado sin sol” con utilería. Pero me sentía mucho mejor en los equipos de documentales, pues se hacían más rápido. Hay también una persona que me influyó muchísimo aunque nunca trabajamos juntos, que es Oscar Valdés, gran conocedor del lenguaje documental.

Te confieso que lo que sí desde el principio comencé a ambicionar era estar en el cuarto de edición, yo veía que era allí donde se decidían muchas cosas. Trataba siempre de quedarme a la etapa de edición. Trabajé así con Villafuerte, con Bernabé Hernández…

D: Te iba a preguntar sobre tu trabajo con Bernabé Hernández en “Algo más que el mar de los piratas”. ¿Cómo fue esa experiencia? 

G: Bernabé lo que se proponía era demostrar, a través del documental, la riqueza y la diversidad cultural del Caribe. Esa fue la primera vez que dirigí un equipo de filmación. Yo estaba fascinada con el trabajo, era la primera vez que se celebraba el Festival Carifesta. Bernabé fue quien me llevó a Casa de las Américas y fíjate que toda mi obra se ha presentado allí. En los seminarios de CASA estaban Carpentier, José Luciano Franco y una gran cantidad de intelectuales del Caribe. Era una época tan importante desde el punto de vista cultural.

D: Y te involucraste de lleno. El Caribe es un tema que caracteriza  tu obra.

G: Lo que pasa es que uno no tenía la posibilidad de escoger, te ubicaban aquí o allá. Tres años trabajé con Rogelio París en proyectos como el de la medicina, que ya no recuerdo cómo se llamaban, fue la primera vez que se filmaron a los médicos cubanos fuera del país. Estuvimos trabajando en el desierto de Sahara, en Nicaragua. También trabajé en “Algo más que una medalla”, que pertenece al mundo del deporte.

D: Sé que presentaste dos proyectos, uno sobre Lázaro Ross y otro sobre Sara Gómez. ¿Qué pasó con ellos?

G: Eso fue en la segunda de las pocas convocatorias de guiones que se hicieron en todos esos años, a finales de los 70 y principio de los años 80. Se trataba de guiones para documentales con presupuesto muy reducido, como que no se podían llevar luces. Mira, yo sabía que no iba a ser seleccionada; pero estaba ilusionada por las figuras tan importantes que estaba proponiendo. A lo mejor no dirigiría yo esos guiones, pero podían llevarse a cabo por otro realizador. No fueron aceptados, ninguno de los dos, y eso me llevó a un nivel de frustración muy grande.

Había trabajado antes con Villafuerte en “Haití en la memoria” y “Tan solo con la guitarra”, es decir, tenía varios guiones llevados a la pantalla y ni siquiera poseía la categoría de Director Asistente en las evaluaciones que se hacían. ¡Y yo estaba dirigiendo “Oggún” en ese momento! Cuando venía algún guionista extranjero incluso lo pagaban, considerándolo trabajo artístico. Y dije: “hasta aquí, más nunca un director va a poder contar conmigo”, y lo dije con convicción. Ni siquiera dirigiendo me consideraban como Directora Asistente, solamente como Asistente de Dirección, que es una categoría menor y que no se correspondía al trabajo que yo estaba llevando a cabo.

Estuve como asistente de dirección hasta que llegó Omar González a dirigir el ICAIC. Y yo estaba aún con mi sueldecito de 280 pesos cuando Omar dijo:

“¿Pero cómo es posible? ¡A ti no hay que evaluarte, si tú eres directora!”.

Nunca negué que pertenecía al ICAIC, pero empecé otro camino.

Gloria Rolando

D: ¿Y “Oggún” lo haces fuera del ICAIC? ¿Cómo llegas a ese camino fuera de la industria? 

G: En un encuentro de Casa de las Américas me encuentro con el escritor Eliseo Altunaga, quien me habló que iban a abrir una compañía de video, un proyecto nuevo que se llamaría Videoamérica, y que tal vez les interesaría ese tema. Por eso “Oggún” lo presenté allí.

D: Es decir, que la primera obra que diriges la hiciste fuera de la institución donde trabajabas.

G: Sí, pero para poder hacer ese trabajo fuera del ICAIC tenía Videoamérica que pedir permiso, pues yo pertenecía exclusivamente al ICAIC o al menos era así en esos momentos. Eso fue muy cuestionado. ¿Cómo me iban a dar un tema tan bueno y tan importante? Pero de esos cuestionamientos supe después. Realmente, como estaba trabajando con Raúl Rodríguez, con Pepe Riera, con Demóstenes, con Alba en las luces, entonces me sentía que estaba dentro del ICAIC, pues todo el equipo era del ICAIC.

D: ¿De qué años hablamos?

G: Del 89 al 90, porque “Oggún” se filma en el 1990.

D: Y esa obra obtuvo mucho éxito fuera de Cuba.

G: ¡¡¡Sí!!!

D: Lo interesante es que muchas de ustedes, gracias a la democratización del uso de las nuevas tecnologías, es que han podido hacer su obra.

G: Claro, si no, no hubiésemos podido. Porque fíjate que abre Videoamérica y creo que después es allí que Mayra Segura dirigió un documental.

D: ¿Crees entonces que esto ayudó a que más mujeres tuviesen acceso a la dirección?

G: Sí, fue el uso del video y las nuevas tecnologías lo que permitió que uno se zafara un poco, que uno pudiese decidir. Fue decisivo. Si hubiésemos tenido que seguir esperando por las convocatorias, las decisiones, el celuloide y él no sé qué… entonces, me hubieran agarrado los 60 años sin haber hecho nada.

PREMIER DOCUMENTAL DIALOGO CON MI ABUELA

D: Quisiera preguntarte ahora sobre tu conexión con Sara Gómez, porque veo una línea coherente entre la obra de Sara y la tuya. Hay un proceso de autorrepresentación en Sara que creo que se conecta con el que haces en “Raíces de mi corazón”

G: Yo no pude hacer el documental sobre Sara, pero me ayudó mucho tener contacto con la gente que la conoció, apreciar su obra, analizarla, profundizar en ella, descubrir toda una serie de cosas que me abrieron los ojos. Ese fue el mejor regalo. Me dije que había pensado antes que estaba sola, pero la obra de Sara me demostraba que no se estaban cuestionando allí solamente problemas de raza sino también de género. Y cuando vi “Mi aporte” me dije: ¡claro!

Mi primer encuentro con Sara fue cuando nos pusieron “De cierta Manera” y nunca olvidaré que Jorge Fraga dijo que se trataba de una estética de lo feo, distinta, una cosa muy rara. Yo vi la película y no me pasó nada, la vi como a distancia. Fue después cuando empecé a plantearme lo que yo quería hacer.

Cuando se hizo un número de Cine Cubano en un aniversario de ella, logré que la gente escribiera sobre Sara y, al mismo tiempo, la estaba conociendo. “Guanabacoa, crónica de mi familia” me marcó, porque ella se filmó a sí misma y en relación a esta autorrepresentación yo me dije: “¡Mira esto! Si yo he tenido conversaciones así con mi mamá, con mi abuela”.

D: ¿Y cómo surge  “Raíces de mi corazón”?

G: Hablando con personas que conocieron a Sara y cuya muerte les había dolido demasiado, y por eso empezaron a escribir para que no se perdiera su legado.

gloria-rolando_20Con ellas descubro el tema de la guerrita de  1912, conocida como “El Doce” o también como “Guerrita de Raza”, vinculada al Partido de los Independientes de Color. ¿Qué pasó con las familias negras en ese momento? Me ubico en la masacre de cientos de afrodescendientes y el rompimiento de todas aquellas uniones filiales. Como yo no había hecho nada de ficción, me dije que me lanzaría, pero a la vez, dentro de esa historia de amor, yo introduzco todas aquellas fotos familiares, incluyo el aspecto autobiográfico, los nombres de mis padres, sus fotos…Hasta yo misma aparezco ahí, y las fotos de Sara de niña y todo esto asomándome al 12,  porque mis abuelos desaparecieron, como muchos otros negros.  Mi primer acercamiento al 12 fue por esa ruptura de la familia, y después que nadie hablara, que se mantuviese en silencio… Es el silencio que permanece en la foto.

Para hacer “Raíces de mi corazón” hubo que hacer un seminario para hablar de  1912, porque la gente pensaba que todo era ficción, que eso no había pasado en Cuba. Ese filme fue la base para realizar en 2010 la serie documental “1912: voces para un silencio”.

D: Has tenido mucha suerte como realizadora.

G: Te comento que después del éxito de “Oggún”, yo pensé que se me abrirían más las puertas pero no fue así, me demoré muchísimo en hacer otra dirección. Yo quería abordar el tema de la presencia del Caribe anglófono, pero ya había hecho con Villafuerte “Haití en la memoria” y entonces me decían que sería repetir la misma historia, cuando en realidad no era así, y me dije: “Ya no aguanto más: la solución es hacer un grupo de video independiente que se llamará Imágenes del Caribe”.

gloria-rolando_9D: ¿Y eso lo creas tu misma?

G: Sí, porque había un festival en Martinica que tenía un nombre similar y así le puse al grupo, y ocurrió a contracorriente porque nadie entendía eso. Fue  durante el año 93 o 94, en pleno período especial. Era necesario. Para hacer el documental “Hijos de Baraguá” esperámos eternamente por un permiso mientras todo el equipo se mantenía interrupto. Yo me fui entonces a filmar para Baraguá, con mi mochila, a vivir un mes allí y hacer ese documental.

D: En ese documental, como en otros de tu autoría, sobresale la precisión investigativa.

G: Así es, ese trabajo investigativo lo disfruto mucho, y yo estaba apasionada con el tema de la emigración caribeña. De pronto encuentro a los personajes vivos que son objeto de esta emigración en medio de un pueblo perdido allá en Baraguá.

Yo me acuerdo de las palabras del director del central azucarero agradeciendo nuestra presencia allí. Entre tantas vicisitudes que vivía el país le sorprendía encontrar personas interesadas en ese lugar. Había gente de todas partes, fíjate que a una parte del batey le decían Georgetown, como la capital de Barbados, por la cantidad de barbadenses.

Eso era parte de la historia de Cuba. A veces me sorprendo de que quieran encasillarme en el tema de las razas cuando en realidad se trata de la historia de Cuba.

DEl tema de la raza aparece justo como un tópico poco visible dentro de la historia de Cuba. En tu caso, ¿llegas a él por algo vivencial, quizás por el hecho de ser una mujer negra?

G: ¡Claro! Hay cosas que uno no conversaba nunca en el ámbito social, porque se suponía que estábamos en un proceso en el cual el color de la piel no era importante, todos los comentarios de tipo racial quedaban en el contexto familiar.

Yo me empecé a relacionar mucho con historiadores, etnógrafos, y eso marca.  Tuve un acercamiento al Conjunto Folklórico Nacional donde tenía a un amigo, el jefe de escena, que es quien me acerca a Lázaro Ross. Hubo mucho de relaciones personales en mi acercamiento al tema.

D: Parecías no tener interés en hacer nada de ficción, pero ya habías hecho algo de docudrama.

G: Había pasado ya por “Barrio chino” o “El último mambí”. Tenía alguna experiencia, podía atreverme, pero no sabía de dirección de actores ni nada de eso. Y en cuanto a cargar con toda le producción económica me ayudó mucho Antonio Romero y Pedrito Betancourt, que todavía era jefe de escena en el Folklórico.

D: ¿Y todo eso se hacía en nombre de tu productora Imágenes del Caribe?

G: Totalmente, y el equipo trabajó intensamente con muy poca remuneración.

gloria-rolando_3

D: ¿Qué piensas que ha pasado en Cuba con el acceso de las mujeres a la dirección? ¿Crees que ha habido prejuicios? Incorporados, naturalizados… ¿Cuál ha sido tu experiencia en este sentido?

G: La teoría decía que todos teníamos las mismas posibilidades, que todos estábamos allí bajo las mismas condiciones. Las reglas del camino a transitar estipulaban, para todo el mundo, hombres y mujeres, que primero tenías que ser muy buen director asistente. Pero, primero, tenías que tener la suerte de que un director te llamara para que pudieras demostrar tu calidad como director asistente.

La vida demostró que existieron excelentes directoras asistentes como Alina Reyes, Anita Rodríguez, Mayra Segura, pero yo no sentía que ese era mi camino. Ni mi personalidad ni mis energías daban para eso y los directores no me pedían, yo no existía para ellos en ese camino.

Las cosas cambiaron para mí con la dirección del organismo por Omar González, pero para otras colegas fue diferente, porque fueron apoyadas por otros directores.

gloria-rolando_11Yo no paré, nunca me detuve ante ninguna dificultad. Cuando hay un trabajo realizado la gente respeta eso, puede ser mejor o peor, pero ahí está. Siempre hay todo tipo de dificultades, recuerda que yo estaba viajando mucho a los Estados Unidos y esto creó celos, dudas, todo tipo de malentendidos. Y yo regresé siempre porque tuve muy claro de que lo que yo quise y quiero hacer está aquí. Yo no quiero vivir en ese país ni en ningún otro, mi vida está aquí, aunque viva sencillamente en un cuartico con barbacoa del barrio Colón. Este es mi origen y, al mismo tiempo, mi material de trabajo.

D: ¿Tú crees que existe una mirada femenina en la realización cinematográfica?

G: Sí,  existe, pero no por los temas; los temas pueden ser abordados por cualquiera, sino por la forma en que lo abordas.

Tú ves “Hijos de Baraguá” y ¿quiénes son las dos protagonistas? Son dos abuelas. Una mujer como yo, que se ha criado con el cariño y el ñoñeo de una abuela o de una madre, pues seguramente le da importancia a las madres y a las abuelas, quiere que ellas estén presentes, que cuenten la historia.

Por ejemplo, en el segundo capítulo de “Los independiente del color”, cuando Evaristo muere, identifican su cadáver por el anillo y, a través de ese anillo, que decía la fecha, es que yo introduzco la secuencia del matrimonio de este hombre y Vicenta García.  Dice  Roberto Zurbano que esa es una mirada de mujer, con azul de fondo, en voz de Barbarito Diez, en medio de la tragedia del 12, porque uno es romántico, cree en esas cosas…

D: Quizás creemos más en los rituales…

G: Sí, me muevo en un mundo espiritual muy fuerte, que no me da pena expresar y reflejar. Cuando yo hice “Oggún” aún no estaba iniciada, pero después sí y entonces esta música  yoruba, las músicas del Caribe, las he ido incorporando con elegancia.

Sí existe una mirada femenina, porque aún en procesos históricos como estos tan desgarradores como el del 12 ¿qué fue lo que yo busqué en previsión? Las mujeres que fueron miembros del Partido, aquella mirada.

D: Dime si estas satisfecha con lo que has hecho, con la madurez alcanzada en tu obra.

G: Si tú ves el estilo de “Oggún” y el estilo de los otros documentales, verás que están marcados por la situación económica. Yo he tenido que restringirme mucho con los recursos, y he asumido un estilo que es hijo de la necesidad: fotos, entrevistas, documentos…

Lo que pasa es que he tratado de hacerlo con la mayor riqueza visual posible, porque hay una cosa: yo filmo todo, todo, una flor, la naturaleza es un mundo importante.

gloria-rolando_7D: ¿Y ahora qué tienes pensado hacer?

G: Como el proyecto “Haití en la memoria” se echó a perder, yo voy a retomar el tema, pero como ha transcurrido mucho tiempo indagaré en lo que ha pasado con la descendencia de haitianos aquí. Quiero explorar ese mundo.

D: ¿Cómo te sentirías si te ubicaran y/o catalogaran como una realizadora mujer negra? ¿Sientes que te encasilla? 

G: No, no me molesta en lo absoluto, estoy muy consciente de que he seguido una línea, mi camino, superando barreras y prejuicios. No se trata de hacer una bandera del problema racial, sino de aceptar que existe una línea pero también otra, y otra, y otra diferente… ¿comprendes?

Esto mismo del año 12, ¿por qué tanto silencio? Esto no fue solamente un problema de negros y blancos, esto fue un problema de cubanos. Los mismos senadores negros se desentendieron del asunto y hay incluso personajes históricos muy conocidos que estuvieron presentes en este hecho. Hay que analizar esta página tan bochornosa de nuestra historia.

D: Y sobre la relación entre las realizadoras, ¿existe sororidad entre ustedes? En lenguaje tradicional sería solidaridad, pero para las feministas es sororidad…

G: Yo pienso que eso no existe, y tiene su origen en la propia estructura del ICAIC, en ese carácter de “cada uno por su lado”. No se fomentó un sentimiento de solidaridad. Yo vi el nacimiento de varias realizadoras, no sentíamos sus logros como nuestros, porque los logros eran determinados por la dirección de la institución, esa atomización, esa falta de diálogo entre nosotras, sin organizarnos. Acuérdate de MAGIN, esa hubiera  sido una línea: aglutinarnos, compartir…

gloria-rolando_21

Fotos: GloriaRolandoFilms en Facebook

Tomado de El cine es cortar.

Gloria Rolando

Diálogo con mi abuela

Por Bienvenido Rojas Silva

Salí en compañía de mi esposa. Era miércoles 25 de mayo. No quería perderme la premier de la película Diálogo con mi abuela, de la cineasta Gloria Rolando, en el cine Chaplin.

Mi preocupación era encontrar un mínimo espacio para parquear mi pequeño y añejado automóvil. Transcurrían los minutos, pero en mi mente emergía la inquietud por la concurrencia de autos en la calle 23, en las cercanías del cine. A dos cuadras del lugar no veo ni un solo vehículo en el entorno y dije para mis adentros, suspendieron la función a última hora, o es demasiado temprano y no ha llegado nadie todavía. Al fin me parqueé sin ningún problema en 8 y 23, solo había un auto junto al mío. Después cruzamos la calle y entramos al Chaplin.

Los miembros de la agrupación Vocal Baobab estaban tocando y cantando en el vestíbulo. Las buenas vibras, la alegría y una energía nos penetraba el cuerpo por todos sus poros. Se me acercó Lucila, una amiga y me dijo que me apresurara que apenas había asiento. No le creí ni una sola palabra y fui a corroborarlo con mis propios ojos. No podíamos creer lo que estaba presenciando. Lleno total, el Chaplin estaba, de bote en bote, como solemos decir los cubanos.

El noventa y nueve por ciento de los asistentes eran del color púrpura, como dice Alice Walker. Y yo seguía sin entender cómo era posible que afuera no hubiera ni un solo vehículo parqueado, que las calles estuvieran tan despejadas de automóviles. A Gisela Arandia le pasó algo parecido y llegó a las mismas conclusiones: œNo te asombres, -me dijo- aquí están los de a pie, los que vienen desde las diferentes barriadas, los que están acostumbrados a montar los P repletos de gente, los obreros, los que realizan los oficios más variados, también están los entendidos, los que han estudiado y tienen una profesión pero no han podido obtener un vehículo.

Disculpen la digresión y hablemos de la película: todos estábamos metidos en el monte, sagrado monte, como suele llamarle Gloria Rolando. La música salía de allí, así como los cantos y las danzas del espiritismo cubano. También pudimos disfrutar a pantalla grande los danzones y boleros de la época, que al igual que los cantos y las danzas están llenos de sabor y cubanía. En la música se notaba la mano y el corazón de Magaly Rolando. Mientras tanto, Gloria seguía en su diálogo con su abuela, quien hablaba de las cosas que ya casi nadie habla. De cómo era la vida de los negros en la República, de los trabajos que pasaban para criar a sus hijos, de lo difícil que era la subsistencia y de los prejuicios de aquella sociedad machista, racista y discriminadora; aquellas sociedades de negros, blancos y mulatos que marcaron una época; aquel parque Leoncio Vidal de Villa Clara, que tantas huellas de sufrimiento, dolor y humillación dejó en la población villaclareña; pero no solo salieron esos asuntos a relucir, también el diálogo habla de la familia, del amor con que se criaban y educaban a los hijos y también con rectitud, de las costumbres hogareñas, de los dulces caseros que se hacán como el arroz con leche, de la importancia y la seriedad de las prácticas religiosas ancestrales, que tenían la salud de los seres humanos en el centro de sus preocupaciones y no el dinero para engordar los bolsillos.

Gladys Egüe fue la presentadora de la película e hizo un repaso de la vida y obra de la autora, así como de su madre y abuela que tanto amaba. La premier de la película Diálogo con mi abuela, de la realizadora Gloria Rolando, más allá de los criterios estrictamente cinematográficos, fue una fiesta de afrodescendientes, que asistieron en masa porque se veían representados en la pantalla, estaban allí sus amigos, sus parientes, sus iguales, de a pie también. Esta fue la otra lección que este reportero sacó del evento. Allí se veía, se palpaba la avidez que tienen estas personas de verse reflejadas en los medios audiovisuales, que en su mayoría no muestran la composición étnica de este pueblo. Es muy difícil ver un protagónico hecho por personas de piel oscura o que aparezca aunque sea un diez por ciento de los personajes del color púrpura.

Esa película de Gloria, además de hacernos vivir y vibrar, al compás de aquella historia contada a través de un diálogo, nos hace reflexionar acerca del país que somos y la nación que queremos para el disfrute y el bien de todos, sin distinción de colores. Diálogo con mi abuela fue también una conversación con todos nosotros y nos indica lo que nos falta por hacer y construir en el sentido del ser humano que queremos para nuestra sociedad.

Quiero hacer un aparte con los rostros que vi en la película. Siempre he oído hablar de las dificultades que tienen algunos camarógrafos para obtener buenas imágenes de los rostros de los negros. Muchos nos quieren hacer ver que es muy difícil obtener una buena fotografía con personas de color oscuro. Que si la luz o los lentes, que si no son fotogénicos, que esto o lo otro. Bueno, existe un estereotipo de que todos los negros somos feos por tanto mejor no retratarlos, llegaría alguien a esa conclusión. Y yo me pregunto, cómo se las arregla Gloria Rolando en sus películas para regalarnos esos rostros tan bellos y atractivos, que no solo muestran una piel impecable, sino una expresividad, un mensaje de amor, dulzura, bondad, ternura y dignidad. Esos rostros también los vimos y nos extasiamos con ellos en Voces para un silencio. Niñas y niños preciosos. Jóvenes y adultos bellos. Ahora me viene a la mente aquella frase de Stokely Carmichael: Somos bellos. Lejos de ningún chovinismo es verdad que somos tan bellos como los que más, contraponiéndonos de esta manera al eurocentrismo.

Fue una fiesta bella, en una atmósfera de dulcificación, paz y unión, reafirmando de esa manera el orgullo de la descendencia que tenemos. Y puedo decir, sin temor a equivocarme, que en aquella sala emanaba una energía, pocas veces sentida en eventos como éste. Tal vez hasta los ancestros africanos se pusieron de acuerdo para bendecir aquel acontecimiento trascendental. Festejábamos el Día de África. Allí estaban invitados afroamericanos, estudiantes de la ELAM, sociedades espiritistas, el movimiento danzonero, los bailadores de jazz del barrio de Santa Amalia y grupos de Taichí.

Asistió el presidente del ICAIC, Roberto Smith, quien hizo la observación de que ninguna de las películas de la Semana del Cine Francés llenó la sala como Diálogo con mi abuela. Pero allí ocurrieron otras cosas interesantes: la delicadeza de Gloria de subir al estrado a cada una de las personas que trabajó y contribuyó con la película; el recibimiento con música al público en el vestíbulo del recinto; la entrega de ramos de flores a todos los que trabajaron en el filme. Había allí un ambiente cautivador y emocionante. Allí había mucho amor y cada uno de los asistentes lo sintió y lo disfrutó a su manera.

Ahora, después de haber visto la película, viene el diálogo interno en cada uno de nosotros. La película de Gloria Rolando es también un diálogo con los de a pie.

Tomado de Afrocubaweb.

Foto tomada de Caribe Film

Sergio Vitier…. De cierta manera

Hace casi un año, el 17 de abril de 2015, fue la última vez que conversé con él frente a frente.  Entrevisté a Sergio a propósito de este trabajo encargado por La Gaceta de Cuba. Hoy lo comparto con ustedes, como tributo al extraordinario músico, a su legado a la música y el cine cubanos, y al amigo. 

 

Vivíamos 1974 y una mujer, cubana, negra, joven, dejaría inconclusa su opera prima como directora y guionista del primer largometraje de ficción realizado  en la Isla por una fémina. Sin que Sara Gómez Yera llegara a saberlo, “De cierta manera” pasaría a la historia de la cinematografía cubana como uno sus grandes clásicos y marcaría un momento singular: el abordaje de situaciones conflictuales que, a nivel humano en las capas más desfavorecidas de la sociedad, traían aparejados los cambios políticos y sociales que se producirían tras el triunfo de enero de 1959.

Ese mismo año, otro joven, compositor y guitarrista, por más señas, realizaría su décimo trabajo para el cine cubano. Antes, la música en ocho documentales y un corto de animación había salido de su creatividad. Se inició en 1970 componiendo la música para el dibujo animado F-1, de Hernán Henríquez y el documental Mantenimiento Técnico Planificado, del director Luis M. López, y ya destacaba entonces por su excelente labor como compositor e instrumentista en  los documentales Girón, de Manuel Herrera, y Nosotros en el Cuyaguateje, de Nicolás Guillén Landrián, ambos de 1972.  En los años por venir asistiríamos a una eclosión de creatividad en su labor para el cine de su país y su nombre, como compositor y músico, quedará asociado a piezas memorables de la cinematografía cubana como El Brigadista (Octavio Cortázar, 1977); Una mujer, un hombre, una ciudad (Manuel Octavio Gómez, 1978), Maluala (Sergio Giral, 1979), Guardafronteras (Octavio Cortázar, 1980); Plácido (Sergio Giral, 1986); Caravana(Rogelio París, 1990); Quiéreme y verás (Daniel Díaz Torres, 1995) y Roble de Olor(Rigoberto López, 2000), entre muchos otros. Pero eso sería después, porque desde la gestación misma de la idea de realizar un filme sobre marginalidad y cambios socio-políticos, Sara Gómez había pedido  a este muchacho  que se ocupara de la música de la película que quería dirigir.  Era natural. Ambos conocían sus respectivos atributos creativos.  Eran amigos, y como diría Sergio, más que eso: hermanos que compartían intereses similares  y vibraban ante los retos de aquel presente.

Sergio-Vitier-4-640x549Sergio Vitier (La Habana, 18.1.1948 – 1.5.2016)

Confieso que me sobrecogía la idea de pedir a Sergio Vitier García-Marruz, cuarenta y un años después, que me hablara de De cierta manera, pero decidí afrontar el reto.  Creía saber quién había sido Sara Gómez Yera para Sergio Vitier y esto facilitó las cosas.  Sabía de dónde había partido Sergio a su encuentro con la creación musical.  Tenía ya recorrido un trecho intenso y rico. Venía de un camino de jazz, iniciado en la década anterior cuando, aún adolescente se presentó en una ocasión en un concierto del Club Cubano de Jazz, junto a otros muy jóvenes, casi niños, que luego serían también destacados músicos, como el saxofonista y clarinetista Paquito D’Rivera y el percusionista Amadito Valdés, entre otros; también hubo un momento fugaz, pero notorio con Los Chicos del Jazz, un septeto de jóvenes casi adolescentes algunos, integrado por el propio Sergio en la guitarra, Nicolás Reinoso en el saxo tenor; Fabián García Caturla en el contrabajo, Rembert Egües en el piano, Paquito D’Rivera como saxo alto; Amadito Valdés, en la batería y Carlos Godínez en la tumbadora.[1] Permaneció casi un año en el grupo de su tío Felipe Dulzaides.  Lo experimental lo unió con su guitarra a Miriam Acevedo allá por 1967 cuando parecía imprescindible verles y escucharles en las noches del  Gato Tuerto. Comenzaba a moverse entonces en un medio vanguardista, de búsqueda y experimentación, influído como estaba por las corrientes de mayor vigencia dentro del jazz, la apropiación de los  componentes afrocubanos a partir de lo ritual  y la oralidad, y también por la tradición académica del clasicismo.   Su paso por la Orquesta Cubana de Música Moderna marcó también un hito en la toma de experiencias.  Se le ve guitarra en ristre en los conciertos de la Canción Protesta en Casa de las Américas y sobreviene su  entrada desde el inicio mismo al Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC (GES), llamado por su director Leo Brouwer, habida cuenta de la sólida formación en la guitarra clásica, la experiencia antecedente en el mundo del jazz  y la vasta cultura que ya entonces distinguía al mayor de los hermanos Vitier.  Junto a esto, Sergio  continúa adentrándose en la investigación y asunción de los elementos raigales de nuestra identidad musical, esencialmente su componente afrocubano, en sus expresiones litúrgicas y rítmicas.  En 1968, un año antes de la creación del GES,  funda el grupo Oru, con fuerte presencia de la ritualidad afrocubana,  que en su primera etapa acusa una corta vida, para renacer en 1992 como una formación musical de instrumentistas virtuosos y la obra singular  y coherente de Vitier como compositor, director y guitarrista.

De-cierta-manera-Sara-Gomez

Sarita Gómez en locación de “De cierta manera”

A Sergio, el conflicto argumental  que Sarita se proponía exponer en De cierta manera, no le era ajeno; por el contrario, formaba parte de lo cotidiano y de las contradicciones que se producían en el orden social en  un país convulsionado por una revolución.

“Fue muy fácil la creación de la música para  De cierta manera– diría Sergio.  Era un mundo para mí muy cercano; me movía en Cayo Hueso y otros barrios similares, y cuando aún no estaba de moda la utilización de los elementos yorubas fusionados con otros géneros, yo ya en 1967 comencé a recrear esa música junto a Rogelio Martínez Furé, y gracias a él, que también era muy amigo de Sara. Eran tiempos en que un grupo de intelectuales negros y mulatos de un gran nivel cultural, como la propia Sara, Inés María Martiatu “Lalita”, Martínez Furé, Silvio Castro, Abraham Rodríguez –que era un poco más joven-, tenían  muchas inquietudes y abogaban por reivindicar las raíces africanas, el legado africano incuestionable de nuestra cultura y por desvelar las consecuencias del atraso y la discriminación a que habían estado sometidas las amplias capas de negros y mulatos en nuestro país . Con De cierta manera, Sarita se insertó en un medio que en aquel momento era herético, pues la línea predominante en el cine cubano era apologética de la nueva sociedad que se construía.  Y Sarita hace una película sobre el marginalismo, pero, por supuesto, sobre los cambios que estaba realizando la Revolución con ese marginalismo, pero hizo un análisis muy profundo, que no era solamente socio-económico, sino que era también sicológico.” [2]

En realidad, si Sergio Vitier García-Marruz no se hubiera adueñado de  los días y las noches que transcurrían en calles extrovertidas, salones luminosos, sitios rebosantes de jazz o tugurios de sordidez ejemplar; si no hubiera alcanzado a exprimir literalmente las sonoridades de un entorno que, en su mixtura y multiplicidad, sabía definitivamente suyo; si hubiese desdeñado la poesía y el lirismo de una familia que se nutrió de ellos como algo vital y consiguió recrearlos; si no hubiese sido quien era ya en aquel año de 1974, probablemente nunca hubiera aflorado la empatía que lo ligó en idénticas inquietudes en pos de las raíces de su cultura, en búsquedas sonoras inauditas y en una amistad que todavía permanece intacta en sus sentidos, con Sara Gómez.  “Nos conocíamos muy bien:  Sara conocía mi música y yo conocía perfectamente el cine que venía haciendo Sarita, muy interesante, porque aparte de sus valores estéticos en sí,  ella elegía temas muy polémicos, relacionados con grupos humanos con problemas: los “vikingos” en Isla de Pinos, niños con problemas, atención prenatal –a partir de su propia experiencia de maternidad cuando parió a su hijo Alfredito[3]   Sara podía ser cáustica; era lapidaria, porque era una persona muy culta y con un sentido muy agudo, muy simpática a la vez y un humor fino. Era muy desenfadada para ser mujer en aquella época, sin ser vulgar. Ella podía enfrentar cualquier tipo de tema de un modo refinado y certero. El tema que aborda De cierta manera no formaba parte, en rigor, de la vida personal de Sarita: ella no tenía nada que ver con el marginalismo, pues procedía de una familia intelectual, de alto nivel profesional y cultural, su padre era médico y su madre y su hermana, dos profesionales valoradas… En política, su procedencia era la Juventud Socialista, pero para nada fue rígida en sus concepciones, por el contrario era muy polemista y muy polémica, pero también muy revolucionaria…fui muy cercano a Sara, al punto de que fui el último amigo que la vio viva.”[4]  Sergio no sólo se afirma en ello, sino que al escucharlo, se percibe desde su humildad, una certeza:  debía ser su música quien acompañara las imágenes del primer y único largometraje que Sarita –su gran amiga- concibió, escribió, dirigió, pero que nunca llegó a ver.

Sobre el proceso creativo y los músicos ejecutantes que grabaron la banda sonora, Vitier rememora:  “Me encargué de toda la  música para el filme,  en la que creí conveniente insertar algunos momentos de lirismo, pero en general estuvo inspirada en la música popular cubana. Fueron músicos de orquesta los que grabaron; José María, mi hermano tuvo a su cargo el piano y yo la guitarra, en todos los temas y hasta en muy diversos estilos, incluídos algunos de la música popular, alejados de la guitarra clásica.  Tata Güines asumió las tumbadoras; recuerdo a Anselmo Febles “Chembo” -un personaje singular, artista plástico y músico ejecutante de varios instrumentos de percusión, algunos inventados por él, aunque también tocaba piano-. La banda sonora requería de los músicos exactos que elegí. Está más referida a la música popular urbana que a la música ritual, aunque, por supuesto, en el filme están presente los ritos abacuá y yoruba, la santería como cultura de resistencia popular”.[5]  José María Vitier recuerda la participación de Orlando “Cachaíto” López en el contrabajo, del trompetista Adolfo Pichardo, y de otros músicos que formaban la orquesta acompañante del entonces Conjunto de Danza Moderna (hoy Danza Contemporánea de Cuba), todos bajo la dirección de Manuel Duchesne Cuzán y del propio Sergio Vitier.[6]

Hoy puede apreciarse que la música de Sergio Vitier se integra con extraordinaria organicidad al discurso y a las imágenes que Sara Gómez nos dejara para siempre en su filme. Así lo constata Leonardo Acosta:  “En mi opinión, uno de los largometrajes cubanos mejor logrados desde el punto de vista de  la integración de la música a los demás componentes de una película es De cierta manera, de Sara Gómez. Y es significativo que sea este un caso excepcional en el que el compositor, Sergio Vitier, participó en los trabajos del colectivo creador desde el principio, estuvo presente durante el período de filmación y discutió con la realizadora hasta los mínimos detalles.  Se trataba, además, de una temática nueva en la cinematografía cubana, que requería un tratamiento distinto de la música y de la banda sonora en general.  Vitier utilizó distintos formatos orquestales, temas, ritmos y estructuras de nuestra música popular y desechó los estilos tradicionales y los formatos sinfónicos.  Los efectos deseados para escenas que expresaban dramatismo, nostalgia o violencia –contenida o desatada- se lograron mediante un inteligente desplazamiento de secuencias rítmicas, un cambio de balance entre distintos timbres, una especie de “desfasaje” que en muchas ocasiones alteraba la tradicional “lectura” de una modalidad popular cubana, posibilitando que la música se abriera a nuevas connotaciones”.[7]

Para Sergio, el trabajo en la banda sonora trascendió los rígidos límites de un encargo para convertirse en parte esencial y lógica del empeño de Sara, y del espíritu del filme que quería crear.  Vitier eligió  un género como el guaguancó para  el tema inicial, del que se apropia para devolvérnoslo casi instrumental, entre cuerdas y metales y un lalaleo excepcional, cercano al scat, en la voz entonces juvenil de otra Sara: la  González.   La posibilidad de emplear recursos expresivos con los que pudiera identificarse el espectador, e incluso verse reflejado en ellos, resultó tentador para ambos creadores y tuvo su expresión sonora en ese tema original compuesto por Sergio Vitier, que engarza a la perfección con otro alto momento de la cinta:  la espontánea y sentida interpretación que hace el trovador y cantante empírico Guillermo Díaz de su bolero Véndele, cuya versión orquestal también estuvo a cargo de Vitier. En buena medida, la historia de Guillermo es el leit-motiv del filme; el personaje interpretado por Mario Balmaseda identifica vivencias personales de Díaz, quien había sido boxeador y campeón en su peso, había vivido en “el ambiente” y había luchado consigo mismo y su circunstancia, para salir de él.  La pretendida identificación –en otros tiempos no muy alejados de 1974-  de los géneros y subgéneros afrocubanos en general con la marginalidad social, entra en franca contradicción con la positiva recepción que tuvo el filme tras su estreno y la aceptación como algo culturalmente propio y raigal.  Sergio Vitier tuvo gran responsabilidad en ello, al dotar a la banda sonora de “De cierta manera” de un empaque y una sonoridad de gran atractivo, pero también de un alto valor estético y musical.

Sarita no pudo ver concluida su obra, aunque en opinión de Sergio, la dejó casi terminada. Titón, su maestro, alguien que la quería entrañablemente, y también Julio García Espinosa, se encargaron de terminarla, con el apoyo de su equipo de realización en el que sobresalieron su amigo y asistente de dirección Rigoberto López, hoy destacado cineasta, y quien fuera su esposo, el sonidista Germinal Hernández.

“He hecho la música  de más de sesenta películas y he tratado muchos temas diferentes, pero De cierta manera es una película sui géneris, a la que tengo un especial amor, por el filme en sí, pero sobre todo por Sara, alguien muy querida, de quien me cuesta mucho hablar. Es mentira ese lugar común que se repite una y otra vez: que a la gente que uno quiere se le recuerda con alegría. Eso es mentira.  El tiempo sólo alivia el dolor, no restaura la alegría. Me provoca mucha tristeza su muerte prematura, su ausencia”-  concluyó Sergio, hablando bajo y despacio, como si acariciara con cada palabra la memoria de Sara Gómez Yera, pero con la firmeza de quien sabe que ha dejado un legado útil y perdurable.

DE CIERTA MANERA – FICHA TECNICA

(tomada de http://www.cubacine.cult.cu)

Largometraje de ficción

Año  1974

79 minutos.

Productora: ICAIC

Guión: Sara María Gómez y Tomás González Pérez

Dirección: Sara Gómez

Producción General: Camilo Vives

Dirección de Fotografía: Luis García Mesa

Montaje o Edición: Iván Arocha

Música Original: Sergio Vitier

Asistente de Dirección: Rigoberto López, Daniel Díaz Torres

Sonido: Germinal Hernández

Intérpretes

Mario Balmaseda

Yolanda Cuellar

Mario Limonta

Isaura Mendoza

Bobby Carcassés

Sarita Reyes

Vecinos del barrio Miraflores.

Sinopsis

El conflicto entre los viejos hábitos que genera el marginalismo y una nueva moral, en el contexto de las transformaciones sociales que tienen lugar en Cuba a partir del triunfo de la Revolución en 1959. La construcción del barrio Miraflores en 1962 por sus propios habitantes: sus conflictos, contradicciones y cambios a nivel individual. El filme se basa en hechos reales y combina el documental con la ficción.

Rosa Marquetti Torres

Notas

[1] Leonardo Acosta:  Un siglo de jazz en Cuba. Ediciones Museo de la Música.  La Habana, 2012. Pag. 178

[2] Entrevista de la autora con Sergio Vitier.  La Habana, marzo 2015.

[3] Se refiere a los documentales “Una isla para Miguel” (1968) y  “Atención Pre-Natal”(1972).

[4] Entrevista de la autora con Sergio Vitier.  Marzo 2015.

[5] Ibidem

[6] Conversación de la autora con José María Vitier.  La Habana. 17 de abril de 2015.

[7] Leonardo Acosta: La música, el cine y la experiencia cubana. Publicado originalmente en Cine Cubano, número especial, XX Aniversario del ICAIC. La Habana, 1979.  Tomado de:  “Del tambor al sintetizador”. Editorial Letras Cubanas, 2014.  Pp.144-145

Bibliografía consultada

  • Claudia González Machado: El riesgo de la herejía.  Cartografía de la crítica y el discurso fílmico en la revista Cine Cubano (1960-2010). Ediciones ICAIC. 2013.
  • Rigoberto López: “Hablar de Sara, De cierta manera”. En revista Cine Cubano. No. 93.
  • Gerardo Chijona: “De cierta manera”. En revista Cine Cubano, No. 93.
  • Radamés Giro: Diccionario Enciclopédico de la Música Cubana. Tomo IV. Editorial Letras Cubanas. 2007.
  • Leonardo Acosta: Un siglo de jazz en Cuba.  Ediciones Museo de la Música. La Habana, 2012.
  • Leonardo Acosta: “Los mil sones del moro Abindarráez”, 62. En Revolución y Cultura.  Noviembre 1979.
  • Leonardo Acosta: “Para una visión de la guitarra en Cuba”.  En Revolución y Cultura, 123.  Noviembre de 1982.
  • Leonardo Acosta: “La música, el cine y la experiencia cubana”.   En Cine Cubano, número especial, XX Aniversario del ICAIC. La Habana, 1979.
  • www.cubacine.cu

Publicado en La  Gaceta de Cuba. No. 3. Mayo-Junio de 2015. Tomado de Desmemoriados de la música cubana.

Actrices negras entre el cepo y la cama

Por Juan Antonio Madrazo Luna

Todavía recordamos el estreno habanero, en 1964, de la versión de Romeo y Julieta, bajo la dirección del dramaturgo checo Otomar Kreija. La actriz que interpretó a la joven Capuleto, Bertina Acevedo, por ser negra, incomodó a mucha gente en el ámbito de nuestra cultura. Ha pasado el tiempo, pero la desigualdad racial sigue siendo un mal sin paliativos en los medios audiovisuales cubanos. Y nadie sufre este mal tan drásticamente como las actrices.

Ivana es una habanera descendiente de ruso. Tiene 29 años y trabaja en una oficina de la empresa Cubaexport. Ella testimonia: “No soy racista, pero cuando llego a casa después de una larga jornada de trabajo, mi único entretenimiento es la televisión, y quiero ver algo distinto, que recree mi espacio interior, quiero desconectar, por lo cual las historias de negros no me interesan, bastante tengo con mi realidad”.

Maridalia es una estudiante de teatro en el ISA. Ella comenta: “Ser actriz negra en Cuba implica un sufrimiento constante. Nunca he logrado clasificar para un casting de la televisión o del cine, pues no tengo la piel de melocotón, ni siquiera he tenido la oportunidad de ser una viuda amargada. Como negra, no me siento identificada con la representación que los medios hacen de nosotras, la mulata es siempre la puta y la negra es la bruja o la chancletera. La televisión cubana es muy racista y a la hora de hacer una selección nos toca el cepo o la cama, la humillación o la tabla de planchar”.

En Brasil, las cuotas de color suben a la pasarela. En Estados Unidos, la experta en marketing Cheryl Boone Isaacs es la primera afroamericana en convertirse en jefe de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de Hollywood, que durante muchos años fue un club de hombres blancos peinando canas. Mientras, en Cuba, nos preguntamos: ¿Que han logrado las actrices negras y mestizas?

Elvira Cervera con Alina Rodríguez en la telenovela Cuando el agua regresa a la tierra. Foto tomada de Cubarte.

Las desapariciones físicas de las actrices afrocubanas Asennet Rodríguez y Elvira Cervera, quien supo enfrentarse al racismo, no solo en las instituciones que diseñan políticas de representación en los medios, sino también en el Instituto Superior de Arte (ISA), donde por muchos años ejerció la pedagogía, me hicieron reflexionar sobre cómo la mujer negra no ha dejado de ser una diversidad reprimida y estereotipada en los medios audiovisuales cubanos.

La baja representación de la mujer negra y mestiza en el cine y la televisión de nuestro país es una verdad que aplasta. En los últimos 50 años no han dejado de  ser atravesadas por el delgado equilibrio de la violencia y la subalternidad. Tanto los medios como la publicidad estereotipan su representación. Las lógicas coloniales no han dejado de reproducirse.

Aun cuando les sobrara rigor y talento, ellas no han tenido la oportunidad de ser reclamadas por los directores, ninguna ha sido actriz fetiche, como María de los Ángeles Santana, Verónica Lynn o Adria Santana. Las negras no la han tenido fácil para conseguir hacerse un hueco en una industria tan excluyente como el cine y la televisión. Su nicho está anclado a un “mercado de la alegría” que se traduce en música, baile, sexo y performance. Desde los tiempos del teatro bufo están marcadas por el peso del prejuicio.

El cine aun no dibuja la tensión social por la que atraviesan las actrices negras. Ese mérito solo lo tiene el cineasta Rolando Díaz, con su documental Si me comprendieras  (1998), que apenas se ha visto en Cuba, ni analizado con la atención que merece. Algunas actrices afrocubanas han tenido suerte de la mano del dramaturgo Eugenio Hernández Espinosa, o de la directora Xiomara Calderón, pero sólo interpretando historias de vidas de negras cimarronas, profesionales, rebeldes o insumisas.

Los filtros de selección que se tejen desde instituciones oficiales como el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), y el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), permiten la reproducción de estereotipos racistas que neutralizan e impiden su desarrollo profesional, pues tales instituciones legitiman relaciones de poder y dominación social a partir de sus imágenes. Las actrices negras y mestizas están sujetas a la erótica de poderes, y apenas logran cruzar ese filtro aquellas que intentan “pasar por blancas”.

Actriz Ileana Wilson. Foto cortesía de Ileana Wilson

Cine y televisión no son los únicos espacios de conflictos por prejuicios raciales. Giselle no ha dejado de ser blanca en el Ballet Nacional de Cuba. Y la estética audiovisual y sonora del reggaetón también contribuye a la devaluación social de la mujer negra. Incluso los propios hombres negros estimulan la humillación hacia ella. Basta con asomarse a los videos del intérprete de reggaetón conocido como Chocolate Nestlé.

La mujer negra es constantemente devaluada y relegada a la periferia, su propia belleza es desacreditada, es un cuerpo acosado, un  sujeto reprimido, pues los papeles siempre reservados para ellas justifican el abuso sexual y la violencia física. Sin embargo, esa realidad nunca ha sido motivo de inquietud para la oficialista Federación de Mujeres Cubanas (FMC).

Cuando uno se asoma a los catálogos de las agencias cubanas de representaciones artísticas ACTUAR y CARICATOS,  tropieza con los rostros de las actrices Alina Rodríguez (quien interpretó para el cine María Antonia, de Sergio Giral), Ileana Wilson, Gladys Zurbano, Monse Duany,  Miriam Socarrás, Tamara Castellanos, María Teresa Pina, Luisa María Jiménez, o las más jóvenes, como Camila Arteche, pero ninguna ha sido novia en el cine cubano. El narcisismo de la sociedad tampoco las aceptaría como protagonistas.

Tomado de Cubanet.

Foto de portada tomada de Cubahora.

Directorio de Afrocubanas, un espacio necesario

Por: AMP para TR Movies

Hace algún tiempo trabajaba en la investigación de una obra documental sobre una olvidada figura afrocubana y quede atónita al no encontrar, en la red, ninguna información sobre la misma. Por esta razón al conocer el proyecto “Directorio de Afrocubanas” y ver que este tiene incluida la información que en su día no estaba disponible, me di a la tarea de contactar con Sandra Abd´Allah-Álvarez Ramírez, directora del proyecto, para conocer de primera mano los pormenores de esta titánica pero necesaria idea.

Este es el resultado de la entrevista:

¿En qué consiste el proyecto “Directorio de afrocubanas”?

El “Directorio de Afrocubanas” es una herramienta digital que recopila fichas de mujeres cubanas afrodescendientes, quienes han contribuido de manera significativa a la cultura e historia nacionales.

Más que el color de la piel, el criterio de selección que se ha considerado oportuno es el aporte que han realizado estas mujeres al pensamiento intelectual y a la cultura, ya sea desde su propia obra como desde sus vidas.

¿Cómo nace la iniciativa, por qué este proyecto?

Desde hace cuatro años llevo el proyecto “Directorio de Afrocubanas”, que trata de visibilizar la vida y obra de mujeres cubanas afrodescendientes a partir de la creación de una herramienta digital que todas las personas puedan consultar en internet. Usualmente a estas mujeres se les excluye de las antologías, compilaciones o enciclopedias. De ahí mi interés de concentrar toda la información en un mismo lugar.

Han sido largas sesiones de gestión de información, recopilación, edición, etc, solo con el objetivo de que “mis negras” (como les llamo cariñosamente) estén visibles en la red de redes. Sin embargo si Ud. ahora mismo busca información sobre la escritora Daysi Rubiera o la poetisa Georgina Herrera le van a salir las fichas de mi bitácora o las réplicas que he hecho de estas en la Wikipedia o la Ecured.

Algo importante ha sido la demanda que he recibido en mi blog, de información sobre estas mujeres. Usualmente son personas que necesitan datos o contactar directamente a las afrocubanas porque están haciendo investigaciones sobre ellas, en algunos casos.

¿Qué podemos encontrar en el directorio? 

En cada ficha Ud. podrá encontrar información en varios formatos: texto. vídeos, audios, imágenes, etc. que se podrá descargar la ficha en formato PDF con el uso de la pestaña Print Friendly que se halla al final de cada una.

¿En qué estado está el proyecto?

Está iniciando, pero va con prisa y sin pausa, gracias a las donaciones recogidas en la campaña de financiamiento.

Ahora mismo en http://directoriodeafrocubanas.com/ se puede acceder a 40 fichas las cuales han sido subidas desde hace exactamente un mes, o sea, creo que para hacerse voluntariamente va muy ágil.

¿Qué fechas abarca? 

No tiene fechas, es infinito. No obstante, iré a la isla en junio y para esa fecha quiero llevar una versión offline del Directorio.

¿Está previsto que estén afrocubanas que han vivido y desarrollado su obra fuera de la isla?

Ya están: Paulina Márquez, Alejandra Egido, Yesenia Fernández Selier, entre otras.

Para mi ser afrocubana no depende del lugar donde se viva. He entrado en contacto con figuras que el racismo ocupó un lugar importante en su salida del país, en tanto la discriminación racial les arrebató oportunidades profesionales, y que se encuentran residiendo fuera de Cuba hace muchos años. De alguna manera me interesa visibilizar sobremanera la obra de estas mujeres.

¿Cuántas personas trabajan en el proyecto? 

Trabajamos dos personas: Alejandra Aravena, feminista lesboterrorista sudamericana, nacida en Chile y residente en Brasil, quien es parte del soporte técnico porque se ocupa del hosting (en el servidor de Infobreras) y de resolver asuntos en el área de la programación y yo Negra cubana, feminista decolonial, quien me ocupo de la gestión, edición, webmaster, redes sociales, entre otras cuestiones.

¿Qué impacto esperas que tenga dentro y fuera de Cuba?

Al menos que facilite información fidedigna y actualizada sobre la obra de estas mujeres y que sirva de un puente entre las afrocubanas de la isla que están completamente incomunicadas y quienes estudian su obra.

¿Cuáles son las necesidades más inmediatas para seguir adelante?

Ahora mismo estoy pensando hacer las fichas bilingües, de hecho hay dos que ya están en castellano e inglés porque las dos personas viven en los Estados Unidos. Entonces sería ideal poder recaudar más fondos para poderle pagar a una traductora (también afrocubana) un salario decente por la traducción de la fichas al inglés. No obstante ya se nos han acercan personas que lo quieren hacer de manera voluntaria, como su aporte al proyecto y me parece un bonito gesto porque se le brinda la oportunidad de apoyar de otra manera y no precisamente con plata.

Los fondos recogidos hasta el momento se han usado fundamentalmente en la compra y mantenimiento del dominio, el hosting, así como en la programación del sitio. Además se han comprado varios elementos (no se como llamarlos) entre otros un disco duro, donde se almacena toda la información y un lector de CD para estar a tono con la manera en la cual se reproduce y distribuye la información en la isla desconectada.

Agradecemos de antemano vuestro interés en el Directorio de Afrocubanas y en la campaña de recaudación de fondos, que permitirá conocer la vida y obra de las afrocubanas, esas mismas mujeres que han sido excluidas de la historia y la cultura oficiales en Cuba.

Y antes de que se me olvide acá está el enlace para aportar al Directorio https://www.gofundme.com/afrocubanasdicc

Y muchas gracias por la entrevista.

Publicado en TR Movies

Diez películas que deberías ver antes de viajar a Cuba

Cecilia (1981)

Humberto Solás 

Una historia de amor y tragedia entre Cecilia, una ambiciosa mujer mestiza y Leonardo, un joven aristócrata blanco. La sociedad esclavista decimonónica cubana es el contexto de esta película, que nos ayudara a conocer las particularidades del ese momento Cuba. Es una versión libre de la novela Cecilia Valdés o La loma del Ángeldel escritor cubano Cirilo Villaverde.

 

Conducta (2013)

Ernesto Daranas

Chala es un niño habanero de 11 años. Vive en hogar humilde, en un barrio pobre y su madre es alcohólica. Chala trabaja entrenando y peleando perros para llevar la comida a su casa. Carmela es su maestra y es a la única persona a la que el chico obedece y con quien tiene una relación de respeto y amor. La situación se tensa cuando, ante la enfermedad de ella, el muchacho queda a la merced de las incompresiones de una nueva maestra. La película habla del sistema educacional rígido y deshumanizado de Cuba.

 

De cierta manera (1974)

Sara Gómez

En la Habana postrevolucionaria, Mario, hombre negro de extracción obrera, mantiene una relación con Yolanda, una maestra de origen pequeño-burgués. Los conflictos que afloran entre ellos son los que propone el nuevo escenario social y las viejas formas de pensar los roles de los hombres y las mujeres en la sociedad. La construcción del barrio Miraflores por parte de sus propios vecinos, en 1962, es el contexto de esta obra, en la que se mezclan historias reales con historias de ficción. De cierta manera fue el primer largometraje realizado en Cuba por una mujer luego del triunfo revolucionario. Sara Gomez falleció de un ataque de asma mientras editaba la película.

 

El brigadista (1987)

Octavio Cortázar

En el año 1961, se realizó en Cuba la Campaña de Alfabetización, con la cual se llegó a los rincones mas recónditos del país para enseñar a leer y escribir a la población. En dicha tarea participaron miles de jóvenes y adolescentes que se alistaron voluntariamente. El filme cuenta la historia de uno de estos jóvenes, quien llega a un pequeño pueblo donde tiene que luchar contra los prejuicios de algunos de sus pobladores, dada su juventud, y adaptarse a vivir en el medio rural, que hasta ese momento desconocía.

 

Fresa y Chocolate (1993)

Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío

David es un joven conservador comunista que estudia Ciencias Sociales en la Universidad de La Habana y Diego es un artista, religioso, homosexual, erudito, amante de la cultura universal y la historia no oficial de Cuba. Ambos construirán una relación de tropiezos, aciertos y verdades exponiendo y confrontando sus experiencias vitales. El filme está basado en el cuento El Lobo, el bosque y el hombre nuevo del escritor cubano Senel Paz, autor también del guión cinematográfico.

 

La bella del Alhambra (1989)

Enrique Pinena Barnet

Rachel es una corista que ambiciona llegar a vedette del famoso Teatro Alhambra, en el cual logra triunfar. En el camino pierde al amor de su vida y conoce una pasión que casi destruye su carrera artística.La película está basada en la novela Canción de Racheldel escritor cubano Miguel Barnet y reconstruye la atmósfera y la vida artística de La Habana, en el período de 1920 a 1935. El filme obtuvo el Premio Goya en su cuarta edición en la categoría de “Mejor Película Extranjera de Habla Hispana”.

 

Lucía (1968)

Humberto Solás

Tres filmes en uno, que cuenta la historia de igual número de cubanas en diferentes momentos históricos de la nación: la Guerra de Independencia (1895), la lucha contra el dictador Gerardo Machado (1933), y los primeros tiempos de la Revolución. “Lucía” ha sido considerada por la crítica mundial como una de las diez películas más importantes de la historia del cine iberoamericano.

 

Memorias del Subdesarrollo (1968)

Tomás Gutiérrez Alea

Sergio es un hombre burgués que vive la Cuba de 1962, en la cual decide permanecer a pesar de que su familia se marcha a los Estados Unidos. Se convierte entonces en un simple espectador de los cambios que se producen en la sociedad cubana postrevolucionaria, a la cual no logra incorporarse. Basada en la novela homónima del escritor cubano Edmundo Desnoes, en 2011 fue incluida en la segunda edición de la Guía de The New York Times sobre las 1.000 mejores películas de todos los tiempos.

 

Plaff o Demasiado miedo a la vida (1998)

Juan Carlos Tabío

Comedia que aborda la vida de Concha, una mujer de mediana edad, quien odia a la esposa de su hijo y por tanto quiere terminar con la relación entre los dos jóvenes. Pero Concha le tiene demasiado miedo a la vida y le cuesta aceptar el amor que le propone el padre de la nuera. Misteriosamente, comienzan a lanzar huevos a las paredes de su casa y cada “plaff” significa para ella la evocación de uno de sus temores o prejuicios. El filme tiene como banda sonara un tema del grupo Los Van Van, reconocido por la trascendencia de su música a nivel internacional.

 

Suite Habana (2003)

Fernando Pérez

Panorámica de una ciudad a partir de la gente que la vive y la sufre. Diversidad de vivencias, rostros y lugares evocados en primera persona, por personajes anónimos, seres sumamente peculiares que representan una gama diversa de los grupos sociales que viven y sobreviven en La Habana contemporánea. Es, sencillamente, un ensayo audiovisual de lo que significa vivir en la capital de Cuba.

Publicado en Matador

Foto de portada: Fotograma de De cierta manera, Sara Gómez (1974)