Todos contra Zurbano. Por Leonardo Calvo

Pocos días después de que el Dr. Esteban Morales, en el marco de un debate sobre el tema, hiciera un enardecido llamado a convertir la problemática racial en un motivo de discusión política en todos los ámbitos de la sociedad -bajo control del Estado, claro está-, se erige como uno de los críticos contra las valoraciones vertidas en el diario norteamericano The New York Times por el destacado intelectual cubano Roberto Zurbano, acerca de las particularidades y perspectivas de la situación social y económica de los afrodescendientes cubanos.

Cuando se unen la orfandad de argumentos, la ausencia de valor y honestidad para aceptar esa orfandad y además la necesidad imperiosa de impugnar a toda costa la opinión independiente, el ser humano se acerca irremediablemente al ridículo.

Sin tiempo apenas para reflexionar y valorar profundamente los siempre atinados y meridianos planteamientos de Zurbano, varios intelectuales oficialistas salieron al paso del destacado crítico y ensayista, con una serie de desfasados planteamientos que provocan risa y pena al mismo tiempo.

A la andanada de descalificaciones con que varios personeros intelectuales del gobierno bombardearon a Zurbano, se incorporó el profesor Esteban Morales, especialista en economía y política norteamericana, por muchos años funcionario académico oficialista e “invitado” de última hora al debate intelectual sobre la problemática racial, dentro de la cual asume, poco convincentes, poses de crítico radical, dirigidas todas a no admitir que rocen ni con el pétalo de una flor al gobierno cubano, responsable de los retrasos y desigualdades que hoy sufren los afrodescendientes en nuestra Isla.

El Dr. Morales, al parecer presa de la premura y la desesperación que provoca ser apurado a responder lo que no tiene respuesta, dice y se contradice en su texto constantemente, para, después de una cansona perorata, llegar a la conclusión de que: Ese lastre colonial esclavista, no fue posible borrarlo en los años de Revolución, a pesar de lo humanitaria y radical que esta haya podido ser. Es esta la explicación de muchas de las desigualdades y dificultades sociales que aún arrastramos y que la Revolución, iniciada en 1959, trataba de solucionar.”

El Dr. Morales no fue capaz de darse cuenta de que es precisamente de eso de lo que habla Zurbano, pero además tampoco admite en qué medida han perjudicado la calidad de vida e inserción social de los afrodescendientes los diseños y dictados económicos del gobierno, los que, sin aportar soluciones viables a la crisis del modelo, profundizan las desventajas y desigualdades sufridas por este importante sector de la sociedad.

El Dr. Morales y sus compañeros de la urgente cruzada anti Zurbano, insisten en argumentar solo a partir de lo que las autoridades han intentado, logrado o no logrado hacer en materia de igualdad socio-racial, dejando sin remedio a los ciudadanos en condición de objetos pasivos de la hegemonía omnipotente del poder absoluto.

Tal posición refleja con total nitidez cuanta desconexión de la realidad y de las actuales tendencias de interrelación social padecen los gobernantes cubanos y sus voceros. No quieren, no pueden y no les conviene admitir que la modernidad, la prosperidad y la justicia se construyen sobre los cimientos de la independencia y el empoderamiento cívico, económico y cultural de los individuos y las colectividades.

Zurbano hace sus valoraciones sobre el presente y el futuro de Cuba, mientras que sus impugnadores establecen un diálogo justificativo y auto complaciente con un pasado cuya realidad sesgan y manipulan a conveniencia, para sustentar la imagen de los revolucionarios salvadores supremos. Basta con algún otro fragmento del texto del Dr. Morales:

Afirmar que ‘para los negros cubanos la Revolución no ha comenzado, no se sostiene, ni aun dentro de la compleja realidad cubana de hoy. Verdadera encrucijada dentro de la cual el país trata de encontrar un modelo económico propio y sostenible, para no repetir los niveles de dependencia económica  que  soportó  por  tres ocasiones, en menos de un siglo. Durante el periodo final (1960-1991), que resultó ser el más provechoso para la Isla, el tiempo no alcanzó para superar definitivamente las realidades de un país subdesarrollado.”.

Habría que aclararle al Dr. Morales que no es el país sino el gobierno quien trata de encontrar un modelo que garantice su poder y hegemonía absolutista. Ese periodo que él califica de tan provechoso, no fue más que el de la economía parasitaria que dejó al país en total estado de depauperación improductiva, endeudamiento crónico y pobreza generalizada.

La amnesia conveniente del Dr. Morales le impide reconocer que exactamente antes de ese periodo tan “provechoso”, Cuba era un país de inmigrantes, donde la población crecía establemente, al igual que sus renglones económicos tradicionales, con los mejores índices sociales del continente, con balanza comercial favorable cada año –según los anuarios estadísticos publicados por el gobierno revolucionario−, con favorable paridad cambiaria frente al dólar y a punto de convertirse en el más promisorio enclave turístico del hemisferio. ¿Acaso el Dr. Morales es incapaz de ver lo dependiente que es Cuba hoy de la convulsa e impredecible Venezuela?

Me gustaría recomendar al Dr. Morales que revise sus textos antes de publicarlos, así nos evitaría leer rarezas como:.. “por razones de sus diferentes puntos de partida históricos, el negro, además de ser más pobre había sufrido, por su condición de esclavo primero y de negro después…”. ¿Quiere acaso decir que cuando era esclavo no era negro todavía, y que ser negro es de por sí solo una condición social?

El Dr. Morales no desmiente ni rebate una sola de las realidades objetivas que expone Zurbano, sino que dedica mucho espacio a relatar las acciones socioculturales que emprende el gobierno cubano para rectificar el camino errado, acciones cuyo diseño y alcance están muy lejos de conectar con el necesario cambio de mentalidad y condiciones socio estructurales para atenuar las desigualdades y disfunciones sociales que nadie sensato y honesto puede negar.

El gobierno tiene capacidad, pero carece de voluntad para llevar el debate y la verdad histórica a las aulas, las comunidades, los escenarios y las pantallas, y sobre todo para abstenerse de condenar a alguien por expresar pacifica y honestamente su criterio.

En otro alarde de caprichosa manipulación, el Dr. Morales afirma: “Ningún gobierno anterior a 1959 hizo nada por los pobres en general, ni por los negros en particular.” Tal desvarío no merece siquiera respuesta, pero como nuestro especialista vive al parecer en una Cuba virtual, le recuerdo que los afrodescendientes cubanos soportamos todavía los rigores de la desventaja y la desigualdad que el propio presidente Raúl Castro califica como vergonzosa, aunque después no haga nada para remediarlo.

El Dr. Morales concluye afirmando: “Habría que ser poseedor de una ignorancia histórica extraordinaria para pensar que un cambio de liderazgo político en Cuba pudiera beneficiar a los negros”.

Yo le aseguro al confundido y contradictorio académico que ese nuevo liderazgo solo tendría que librarnos del paternalismo paralizante y la represión y devolvernos la potestad de hablar y soñar que nos arrebataron los líderes revolucionarios cuando traicionaron su propia revolución. Sólo eso nos bastaría para demostrarle a él y al mundo qué somos capaces de hacer los cubanos blancos y negros con la libertad que merecemos.

Tomado de http://www.cubanet.org/articulos/todos-contra-zurbano/

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