Declaración del Colectivo Cuba Liberación Negra

Somos personas Negras cuir cubanas que, desde una perspectiva abolicionista y antiimperialista, militamos dentro y fuera de Cuba, algunas afiliadas a grupos de liberación Negra y al movimiento Black Lives Matter en las ciudades y países donde residen. Con el presente comunicado pretendemos denunciar la invisibilización de las realidades de las personas Negras cubanas, especialmente en el contexto de crisis económica que se vive en Cuba, agravado por la pandemia de COVID-19, y tras las manifestaciones sociales que han tenido lugar desde el 11 de mayo del 2019 hasta las más recientes del 11 de julio de 2021.

Cualquier valoración que se realice sobre la situación de derechos humanos de la población afrocubana debe partir del reconocimiento del racismo estructural y la discriminación racial en todos los ámbitos de la sociedad cubana. Frases como “la revolución hizo a los Negros personas”, por ejemplo, refuerzan el mito de que el proceso revolucionario acabó con la desigualdad y la discriminación raciales y pretenden colocar a las personas Negras en un lugar de subordinación e indefensión y eterno y acrítico agradecimiento. Además, desconoce los logros y luchas de las poblaciones Negras en Cuba anteriores a 1959 y les deshumaniza. Antes de 1959 ya eran personas. Tanto las personas esclavizadas en Cuba como sus descendientes participaron de manera destacada de las gestas libertarias y en el desarrollo económico, cultural, político, científico y social de la nación. Fueron protagonistas de la historia y no simples espectadoras que esperaron a que los poderes blancos reivindicaran sus derechos. La revolución no fue solo ni fundamentalmente blanca.

El uso de expresiones peyorativas como “coleras”, “revolucionarios confundidos”, “vándalos”, “mercenarios”, “delincuentes”, “malandrines”, para intentar estigmatizar a quienes disienten del gobierno, protestan o intentan sobrevivir en un contexto adverso, revela una visión despectiva del propio pueblo cubano y, en particular, de su lado afrodescendiente. Encierran en sí mismas tanto el racismo como el clasismo que refuerzan el gobierno, las instituciones y los medios de comunicación oficiales, al tiempo que sirven para criminalizar a quienes sufren pobreza y desigualdad. No podemos pasar por alto que muchas de las personas en las que recaen esas etiquetas son afrodescendientes de comunidades cada vez más marginalizadas por las últimas reformas económicas y vulnerables a los abusos de poder.

Y esa marginalización tiene que ver con cómo la hegemonía blanca ha delimitado los espacios de relaciones (sociales, económicos, culturales) y los territorios. Fenómenos como la gentrificación en Cuba toman características particulares cuando el Estado desplaza a residentes de barrios neurálgicos -como La Habana Vieja- hacia viviendas en la periferia de la ciudad, con el fin de construir hoteles. Del mismo modo, decenas de miles de personas Negras viven hoy en asentamientos donde no se les satisfacen las necesidades básicas y en condiciones de “ilegalidad”.

Durante y después de los sucesos del 11 de julio hemos visto innumerables fotos y videos en los que personas Negras, especialmente jóvenes, son víctimas de la brutalidad policial, de las fuerzas militares y paramilitares. A pesar de que la policía cubana está formada en un número considerable por personas Negras, que en muchas ocasiones provienen de zonas orientales afectadas por pobreza extrema, en busca de salarios medianamente altos, la hegemonía blanca instrumentaliza las necesidades y aspiraciones de las personas Negras y enfrenta unas contra otras. Este es quizás el ejemplo más rotundo de cómo funciona el racismo estructural en Cuba.

Pero la brutalidad policial no implica únicamente la violencia física sino también otras formas de violencia mucho más solapadas, pero igual de condenables, que se ejercen a través de la vigilancia, el acoso, amenazas, citaciones extrajudiciales, interrogatorios, prohibiciones de salir del país, cercos policiales afuera de las viviendas o en calles aledañas, etcétera. Es importante mencionar que personas activistas antirracistas han sido reprimidas por su lucha contra la discriminación racial. Y sus parejas, familiares y amistades también han vivido situaciones de violencia.

Además, queremos recordar que la policía cubana suele operar con un perfil racial. Muchas veces los jóvenes negros son considerados y tratados como delincuentes en potencia solo por el color de su piel. Y esto nos lleva a preguntarnos sobre la composición racial que predomina en las cárceles cubanas. Una información que probablemente el gobierno posea, pero que hasta ahora no es de acceso público. De hecho, muchos de los datos recogidos en censos y encuestas no son procesados, presentados o publicados teniendo en cuenta el color de la piel.

La existencia de la figura legal conocida como “estado de peligrosidad”, que tiene el fin de contribuir al control social y ha llevado a prisiones a personas consideradas por las autoridades “proclives a cometer delitos” -entre ellas trabajadores sexuales y consumidores de drogas-, nos obliga también a preguntarnos si el color de la piel no estará siendo un elemento que se use, de manera más o menos consciente, para determinar quiénes son “proclives a cometer delitos” y deben sufrir sanción penal. Lamentablemente, nos faltan las estadísticas actualizadas para confirmar que la población negra es mayoría en el sistema judicial-carcelario cubano.

Sin embargo, sí sabemos, por testimonios de personas que han estado encarceladas y sus familiares, que en las prisiones cubanas hay graves problemas de hacinamiento, precariedad alimentaria, falta de condiciones higiénicas adecuadas, restricción de visitas familiares, entre otros. Si la situación de la generalidad de la población y en especial de quienes se encuentran en los centros de aislamiento como parte de los protocolos para enfrentar la COVID-19, es ya extremadamente difícil, podemos suponer que en las cárceles debe serlo aún más.

En el caso de las personas Negras cuirs, no binarias, agénero, trans, etcétera, la criminalización se relaciona con el control y el policiamiento de sus cuerpas, la forma de vestir, las expresiones de género y de la sexualidad. Estas personas son arrestadas y encarceladas con más frecuencia que otros grupos de la sociedad y sufren el binarismo y la violencia de género que el sistema penitenciario refuerza. El hecho de no respetar el nombre según la identidad de género, tan común en las detenciones por parte de la policía, representa una conducta represiva que responde al “cis-tema” sexo-género por el cual vela la hegemonía blanca.

El debate internacional sobre el punitivismo, la criminalidad, la función de las cárceles y la inoperancia del poder judicial aún no llega a Cuba con toda la fuerza que ha llegado a otros países; en gran medida, gracias a movimientos feministas y antirracistas. Dicho debate se centra en el cuestionamiento de la efectividad del castigo, la pertinencia del sistema judicial, la invisibilización de las personas Negras cuirs, no binarias, agénero, trans, etcétera, y la violencia en las prisiones.

Nuestra propuesta es pensar y desarrollar alternativas y estrategias contra los sistemas que nos oprimen y nos impiden tener una vida digna y emancipada. Esto implicaría garantizar los derechos humanos de las personas presas al tiempo que trabajamos para eliminar el uso de la prisión como método de control social.

Considerando todo lo anterior, exigimos a las autoridades cubanas:

  1. Reducir drásticamente la población carcelaria y poner fin al uso de la prisión como método predeterminado de abordar las problemáticas sociales.
  2. Disminuir la inversión en los cuerpos policiales, sectores represivos, armamento, patrullas, indumentaria antimotines, etcétera.
  3. Impulsar políticas y campañas educativas contra el racismo y la discriminación racial.
  4. Detener la criminalización del ejercicio de libertades civiles y políticas.
  5. Garantizar la participación de la ciudadanía en la vida política del país con autonomía del Estado y sus instituciones.
  6. Detener la criminalización de la población afrodescendiente y de las personas en condiciones de vulnerabilidad social o económica.
  7. Eliminar la figura del “estado de peligrosidad” del código penal cubano.
  8. Garantizar el acceso público a información actualizada y verificable sobre la realidad de las cárceles cubanas: número de cárceles, cantidad de personas que cumplen una sanción penal y su distribución por edad, género, lugar de origen, color de la piel, delito que se le imputa, etc. Publicación de dicha información en sitios y medios de prensa
    oficiales.
  9. Adoptar medidas urgentes que permitan responder de manera oportuna a las problemáticas de los sistemas penitenciarios que estarían siendo exacerbadas en el contexto de la pandemia.
  10. Velar por el cumplimiento de las garantías procesales en todos los juicios.
  11. Propiciar el debate sobre punitivismo y sistema carcelario en Cuba a través de los medios de comunicación y el sistema educativo, que incluya abordar la problemática del uso del castigo para resolver problemas sociales.
  12. Garantizar el acceso pleno y sin condiciones de las personas privadas de libertad a servicios de salud, higiene, visitas de sus familiares y amigues, alimentación adecuada, actividades recreativas, etcétera. Dichas medidas no deben tener como fin la creación de un sistema penal más fuerte, sino su abolición.
  13. Invertir en recursos sociales que contribuyan a una verdadera seguridad pública basada en la justicia social y la equidad.
  14. Liberar a las personas encarceladas por motivos políticos en Cuba.

Cuba Liberación Negra

Texto escrito por: Odaymar Cuesta, Sandra Alvarez y Marlihan Lopez

30 de julio del 2021

Testimonio: “muchas putas lo somos porque nos gusta”

 

Por Armienne

Cuando salí de Cuba a los 14 años ya yo era una puta por vocación que tenía relaciones sexuales con unos primos y unos amigos sin cobrar. Más tarde, a los 17, me hice profesional para estudiar y cuando terminé mi carrera seguí de puta y es el oficio que he estado practicando hasta hoy.

La prostitución, no en balde se le llama el “más antiguo oficio”, ha existido, existe y existirá mientras la humanidad se rija por los mismos patrones sociales que, con algunas variantes de acuerdo al desarrollo, hemos tenido en los últimos 5,000 años.

La prostitución existe en todo el mundo tanto en países pobres como en ricos, en religiosos o laicos, comunistas o capitalistas y no hay leyes, castigos, programas sociales o persecuciones que la erradiquen. Es un fenómeno inherente a nuestra condición como seres sexuales y no está determinada la prostitución por sistemas políticos, económicos, ideológicos o sociales.

Mucho se ha hablado sobre las causas de la prostitución y se señala como la principal la necesidad y la pobreza aunque en el mundo hay más mujeres no-putas que putas a pesar de que ambas vivan en un mismo nivel de miseria.

No obstante, no hay dudas de que la pobreza es un factor que induce a muchas mujeres a hacerse putas aunque hay putas que lo son a pesar de venir de familias economicamente solventes, que tienen una esmerada educación y títulos universitarios. Y son muchas las putas instruidas y educadas que caen dentro de esta categoría de “putas de lujo”.

Y hay putas obligadas a ejercer el oficio bajo extorsión y amenazas como está sucediendo de una manera alarmante con jóvenes de la anterior Europa comunista y de países del tercer mundo.

Mencionadas estas causas de la prostitución hay una de la que apenas se habla y es el gusto o preferencia para dedicarse a ese oficio. Es una causa muy válida que nos explica por qué aquella mujer que se hizo puta por necesidad continúa en la profesión y no busca otro trabajo o se instruye para salir de él o la puta ya instruida y educada que proviene de familias acomodadas.

Mi punto de vista es que muchas putas lo somos porque nos gusta. Independientemente de la solvencia, educación e instrucción que tengamos, abrazamos la profesión ya sea por vocación, porque llena nuestras espectativas, nos gusta esa vida conociendo personas y lugares y, claro, las ganancias.

Dice el artículo, que “ninguna niña piensa en ser puta cuando sea grande” y creo que es cierto porque una niña no ha integrado el concepto real de la palabra puta aún cuando la diga, aunque en la sociedad actual puede haber excepciones. ¿Cómo se explicaría a una niña que en la escuela primaria tenía fama de “satica” y se dejaba ver y tocar por los varones a cambio de merienda o de dinero para comprar libros en la librería? No creo que ser puta venga en los genes pero sí que se pueda nacer con ciertas aptitudes o vocación para serlo.

La prostitución no es una lacra sino que la sociedad al prohibirla y perseguirla la lleva a una situación delictiva y hace a las chicas víctimas de proxenetas, autoridades corruptas y traficantes. Por ello la actitud de Holanda, Suiza, Alemania y otros países de Europa ante la prostitución es un ejemplo para el resto del mundo.

Imagen tomada del blog Arte y Desnudo

Jinetera

A mi amiga Nanny quien era jinetera y psiquiátrica, pero que no puteaba por loca
sino porque no tenía que comer, según ella.

Esta es una entrevista difícil porque supone que la persona entrevistada asiente diciéndote: “si, yo podría ser una de ellas” y lo que acá se cuenta no es para nada una situación común. No lo es en Cuba, donde al principio de la etapa revolucionaria las mujeres que ejercían la prostitución fueron convocadas a integrarse de otra manera a la sociedad, y de ahí nacieron “las violeteras”. Mujeres que conducían taxis color lila o violeta en la plena Cuba de los 60.

Casi 30 años después la realidad nos llamó la atención sobre la prostitución, justo durante la grave crisis económica que vivió el país y que también avivó otras problemáticas sociales como la discriminación racial por ejemplo, de profundo cuestionamiento sobre aquello que la Revolución había logrado y lo que no. Sin hablar de que las jóvenes negras y mestizas son quienes sistemáticamente son identificadas con el estereotipo de mujer que se prostituye, pero eso es asunto para otro artículo.

Que en Cuba existe el “sexo comercial” no constituye novedad alguna. Sin embargo, sobre las razones o causas que explican su existencia se esgrimen diversos argumentos, los cuales pueden ir desde culpabilizar a la mujer y tratarla como inmoral, hasta responsabilizar al gobierno y justificar la prostitución con la crisis económica del país.

Como quiera que sea, cada vez el tema de la prostitución esta más presente en la agenda de la Isla; por ejemplo el periodista y bloguero Francisco Rodríguez (PaquitoeldeCuba) lo ha abordado directa o tangencialmente en un par de posts: ¿Manzana de la prostitución en paraíso cubano? y Trata de personas y abuso sexual o No dormirnos en cómodos laureles.

Desde la música, varios han sido las canciones dedicadas a este tema, entre ellas “La llaman puta” del dúo cubano de rap Obsesión, donde se parte de la experiencia de la  mujer implicada y trasciende las valoraciones morales.

Acá está Maritza es una joven cubana que vive en Europa, mujer de 34 años, quien hace alrededor de un año salió de la Isla en busca de “un futuro mejor”.

¿Para tí que es una “jinetera”? ¿Hay diferentes tipos?

Para mí una “jinetera” es una mujer que intercambia su cuerpo y sexo por dinero o cosas materiales.

Todas las jineteras no son iguales, existen diferentes tipos: están las que viven y dependen de eso totalmente, para ellas jinetear es un empleo como otro cualquiera. Esa es su vida y la mayoría de estas tienen su chulo, que las cuida de la policía, les busca los turistas y hasta las llevan al lugar. Por supuesto ellas mantienen a los chulos y le tienen que pagar. Casi siempre los chulos son los maridos.

También están las integradas a la sociedad, trabajan o estudian. Pueden ser maestras, doctoras, enfermeras, licenciadas y hasta universitarias. Estas no viven de eso, pero en un momento determinado también se prostituyen.

Todas buscan lo mismo, dinero, cosas materiales o sea pacotilla, comida, una salida a un restaurante caro, y hasta para salir del país.

¿Cuál es la diferencia fundamental entre las “jineteras por cuenta propia”, aquellas que no tienen chulo, y quienes tienen un hombre para el cual trabajan?

La diferencia de las jineteras por cuenta propia, es que esas luchan para ellas, para su familia, hijos, etc. Eso yo si lo veo muy bien, que luchen por su bienestar, pero las otras no. Estas tienen a los chulos que tienen que mantener, como ya te explique anteriormente.

Según tu opinión: ¿Que es lo más usual que quiere a partir de su vínculo con un extranjero una jinetera: irse del país o vivir en Cuba?

Bueno lo más usual que buscan las jineteras, es el dinero por supuesto que le paguen por sus servicios. Aunque ya a la vez que tiene un vínculo seguido con un extranjero sea “un punto fijo” … las más inteligentes por ahí buscan una forma para poder salir del país, ya sea casada o invitada y hasta por contrato de trabajo, eso sí sería la mejor opción.

En Cuba la prostitución no es delito sin embargo, las muchachas son “recluidas” en Villa Delicias, por ejemplo, un “centro de mujeres aseguradas”. Te pregunto: ¿qué significa para una mujer ir para ese lugar?

En Cuba la prostitución no es un delito, ¿eso dicen? Pues no lo creo. Porque una mujer joven y bonita no puede caminar de la mano de un extranjero por las calles de La Habana sin que la policía la moleste, pidiéndole y exigiéndole identificación y explicaciones. Eso es en el mejor de los casos, si tienes suerte, si no te montan en el carro de la patrulla y te llevan para la unidad más cercana y ahí te hacen pasar un mal rato y corres el riesgo de que te hagan una carta de advertencia, como dicen ellos por “asediar al turista”.

¿Crees que en un lugar como Villa Delicias una mujer pueda ¨aprender¨ a no prostituirse? ¿Crees eso posible?

Yo pienso que caer en Villa Delicias, es lo peor que le pueda pasar a una mujer y más joven. Yo no se nunca he estado ahí por suerte, pero tengo amigas que si pasaron por eso, y no creo que allí una mujer pueda aprender a no prostituirse, además de que una con su cuerpo es libre de hacer lo que quiera.

La policía en Cuba, ha tomado mucho auge con este tema de las jineteras, de ahí que hay tantos policías corruptos y descarados que en las calles de La Habana están haciendo y deshaciendo, viviendo de las putas y de los chulos. Ellos son iguales o peores, solo les diferencian que llevan el uniforme y se aprovechan de eso.

Para finalizar ¿Tienes alguna anécdota que quisieras compartir?

Una anécdota que tengo … ya hace unos años en el 2006… era sábado, y estábamos un grupo de amigos que salimos esa noche a El Vedado. Estábamos exactamente en la entrada del Wakamba, en calle O, y esa noche había en esa zona un operativo especial.

Detienen a mi amiga, quien venía con otra más, y le preguntan por la identificación. Seguidamente, sin explicación alguna, las montaron casi a empujones en una guaguita de policía, de las que son cerradas que no tienen ventilación. Allí las trasladaron para la unidad de Zapata y C, ahí mismo en El Vedado, pero junto con ellas, un grupo de jóvenes más, sin ninguna razón, porque no andaban ni con extranjeros y esa misma madrugada se las llevaron a todas para Villa Delicias …Allí estuvo 2 días, hasta que la madre de mi amiga tuvo que ir a buscarla, porque no la querían soltar y ya le habían dado hasta el uniforme de presa.

A la vez que tu pones un pie en ese lugar, aunque sea “por gusto” o no, como en el caso de esta amiga mía, ya ellos te abren un expediente como que estuviste en ese lugar, y a partir de ahí la policía te mantiene chequeada.