Las cubanas somos herederas de siglos de lucha feminista

La presente entrevista fue ofrecida a la corresponsalía en La Habana de la agencia IPS. Aquí se incluyen las respuestas originales a las preguntas.

¿Se puede hablar de la existencia de un feminismo en Cuba? ¿Cuáles han sido algunos de sus principales hitos y tropiezos? 

En mi opinión, se puede hablar de muchos feminismos en Cuba, desde los más radicales hasta los más light; desde los más inclusivos hasta los hegemónicos; desde los más naifs hasta los más estudiados. Hay de todo, gracias al Universo. Yo estoy construyendo en estos momentos una especie de sistematización o hitos del feminismo y de la lucha de las mujeres por sus derechos en Cuba. 

Las cubanas somos herederas de siglos de lucha feminista y, si bien el feminismo como corriente de pensamiento fue vilipendiado en algún momento posterior a 1959, pues se le identificaba con corrientes burguesas, lo cierto es que cada vez hay más personas interesadas por el mismo, especialmente gente muy joven, no conforme con el mundo que hemos construído para elles. Al mismo tiempo, es probable que desde fuera de Cuba se note que en el archipiélago prevalecen algunos acercamientos al feminismo que siguen disponiendo de las mujeres para lo que el patriarcado decida ​—​recordaremos que hasta hace relativamente poco el logotipo de la Federación de Mujeres Cubanas contenía un bebé en brazos de una mujer sin rostro que en el hombro llevaba (y aún porta) un fusil​—, guardándolas para algunos espacios de “empoderamiento” pero no para todos, manteniéndolas además en relaciones amorosas monogámicas, tóxicas, pensándolas heterosexuales, prescribiéndoles la maternidad. 

Tomado de Granma

En otras palabras, noto muy pocos debates acerca de temas que hoy constituyen prioridades en las agendas de cualquier tendencia feminista, como son la interseccionalidad, la decolonialidad, el antirracismo, el capacitismo, el antiespecismo, el cambio climático, la economía solidaria, el veganismo, etc. Es como que en el archipiélago andamos aún, como para otros tantos temas, treinta años atrás. Un ejemplo sencillo: ya muy poca gente se cuestiona la radicalidad del feminismo, dado que ciertamente querer subvertir las relaciones entre los géneros, entre niñes y adultes, entre las identidades raciales, entre las especies animales, etc, es algo que solo haciéndose de raíz es que podría lograrse. En Cuba, ahora, “feminista radical” ha pasado a ser insulto, cuando hace ya muchos años que las propias activistas de otros países han revindicado el término. 

Otro ejemplo: el ciberfeminismo existe desde finales del siglo pasado. La publicación de Cyborg Manifesto (1985), de la docente universitaria Donna Haraway (Denver, Colorado, 1944), ha sido considerada trascendental en su origen. Personalmente me reconocí ciberfeminista desde el primer día de salida de mi blog ​Negra cubana tenía que ser, en el ya lejano junio de 2006. En ese entonces, ya participaba en colectivos ciberfeministas internacionales, fundamentalmente europeos. En las redes sociales cubanas se ha intentado criminalizar esta vertiente del feminismo, lo cual evidencia el desconocimiento de los movimientos de mujeres/feministas y los usos que ellas han hecho de las tecnologías, que ya dejaron de ser nuevas, para la consecución de su derechos, para su bienestar, para su desarrollo profesional, etc. 

Existe un viejo debate sobre la presencia en Cuba de un movimiento feminista, ¿cuál es su criterio? 

No estoy muy clara acerca de lo que se necesita para que una tendencia, preocupación o modo de sentipensar y actuar se convierta en un movimiento. Claro que se precisa de un grupo de personas más o menos numeroso. Sin embargo, quizás lo trascendental no está en el número sino en los intereses, metas, propósitos comunes, los vasos comunicantes entre unas y otras tendencias o ramas que permiten trabajar con una misma finalidad o al menos establecer puntos de encuentro y trabajo. A partir de ahí, no creo que en Cuba exista, en la actualidad, un movimiento feminista pues, entre otras cuestiones, el activismo, tal cual se le conoce en el siglo XXI, es relativamente nuevo en el país. Razones para ello son, por solo citar algunas: cómo se organiza nuestra sociedad y la centralidad del poder en ella, la estructura vertical que prevalece, una frágil sociedad civil, así como el paternalismo con el que somos vistas las mujeres y el rol salvador que aún se le adjudica a los hombres. Por demás, un “movimiento” no es ni un grupo, ni varios proyectos, ni una comunidad, sino que constituye un “algo” mucho más no solo términos cuantitativos, sino sobre todo en los contenidos, las estructuras, las sinergias entre sus diferentes componentes, las alianzas, las metas, etc. Personalmente, lo que noto, luego de tantos años de activismo y ejercicio intelectual son feministas (no todas son activistas) que trabajan de manera individual, que eventualmente se reúnen para llevar a cabo una iniciativa, un proyecto, un “algo” y entrecomillo porque no se pueden fundar organizaciones de ningún tipo en el país; eso ya lo sabemos. 

Otro asunto es que parte de las inquietudes feministas en Cuba han sido “implantadas” por la cooperación internacional y ya sabemos que donde llega la cooperación llegan las agendas que se entrometen en procesos que deberían ser espontáneos y deciden a cuál de ellos apoyar, qué duración han de tener, etc. Como también conocemos que los circuitos en los que se mueven la información y los recursos económicos constituyen también círculos de poder. Me pregunto entonces: ¿de qué movimiento podríamos hablar en un país donde les activistas no pueden crear asociaciones, tener personalidad jurídica, autogestionarse, unirse a redes internacionales, realizar demostraciones, etc., sin ser vistas como contrarias a lo que el gobierno hace o prefiere? Es un contexto muy complejo donde no se propicia el debate, la argumentación y mucho menos el establecimiento de alianzas. El descrédito y la sospecha imperan. Lamentablemente, en Cuba unas feministas legitiman el patriarcado, como en todos los países, y otras lo quieren deconstruir, derribar. Las primeras son llamadas “revolucionarias”, “verde olivo”, las otras son vendepatrias, mercenarias, radicales, etc. Al final, el debate entre nosotras no tiene lugar porque el patriarcado (que aquí estaría representado por el gobierno) determina cuál feminismo le sirve y cuál no. Es más, se atreve a decir qué es feminismo y qué no lo es, dado que las mujeres en Cuba le servimos, en primer lugar, a la Revolución, no a nosotras mismas ni a nuestra especie, sino a un proyecto masculino y hegemónico. 

Si me permitieran construir una pequeña (reduccionista) clasificación del feminismo cubano, esta sería: “feministas verde olivo” (las que hablan de Fidel como el fundador del feminismo cubano y a Vilma como su seguidora); “feministas de a pulmón” (las negras, las trans, las pobres, las artivistas, que están en los barrios haciendo lo que se puede, sobreviviendo a todo tipo de problemática); “feministas onegistas y académicas” (cuyos proyectos existen porque existen oenegés, las universidades y los fondos de la cooperación), “feministas garrapatillas” (las que se sitúan desde la oposición frontal al gobierno) y las “jíbaras o cimarronas” (quienes trabajan de manera independiente, crean, gestionan sus propios emprendimientos, etc). 

Otra cuestión es que no todo el feminismo cubano se hace en el archipiélago. Por razones harto conocidas, la migración ha supuesto también la residencia fuera del país de activistas, pensadoras y artivistas feministas, lo cual no es una novedad; por ejemplo, Inocencia Valdés, líder de las despalilladoras y quien participara en el Segundo Congreso de Mujeres (La Habana, 1929), realizó una buena parte de su activismo desde Cayo Hueso, Florida, Estados Unidos, en el marco de los clubs de mujeres que se fundaron en el exilio. La artista de la plástica Ana Mendietta (​La Habana​, ​18 de noviembre de ​1948 – ​Nueva York​, ​8 de septiembre de ​1985​), una de las voces más irreverentes de las artes cubano-estadounidenses, vivió la mayor parte de su corta vida en Estados Unidos. Por otra parte, Cuba también se ha enriquecido con mujeres extranjeras, como la dominicana Camila Henriquez Ureña (Santo Domingo, 9 de abril de 1894-La Habana, 12 de septiembre de 1973). 

Cuba vive momentos de cambios económicos y sociales que repercuten de diversas formas sobre la ciudadanía, ¿cuáles serían los impactos que el contexto actual dejaría para el feminismo? 

Ya no estamos en la Cuba (casi) uniforme de los 70 y 80. Ahora existe un país más segmentado que enfrenta problemáticas como la gentrificación, la extrema pobreza, la violencia machista, las clases sociales, la feminización del empleo precario, el establecimiento de una élite del emprendimiento y el negocio privado. En ese contexto, a los feminismos les toca ajustarse a lo que se vive, al menos a aquel que se hace en los barrios o con su gente, y también para quienes toman decisiones. 

El feminismo es una filosofía que reivindica los derechos de las mujeres para insertarse y participar en la vida política, social, económica y laboral. En el caso cubano, ¿considera que esos derechos ya obtenidos se han visto lesionados en los últimos años? ¿Por qué? 

Para mí el feminismo no es una filosofía aunque sí existe filosofía feminista. El feminismo en el cual milito no quiere más derechos: quieren que no nos maten, porque aún teniendo derechos nos matan, y quiere que el patriarcado racista binario misógino capacitista y homotransfóbico no exista. O más bien, quiere el derecho a una vida digna, a la educación, al bienestar. Efectivamente, en el feminismo la reivindicación de los derechos de las mujeres constituyó la principal de las preocupaciones. Con los años se ha complicado, de manera que ya hay muchas otras problemáticas en dependencia del lugar donde se viva, en algunos sitios todavía se pelea el derecho a recibir instrucción, en otros por abortar y en algunos por un parto humanizado. Es conocido que la crisis económica de los 90 hizo retornar a muchas cubanas al hogar, mujeres que luego se reincorporaron o que jamás volvieron al trabajo remunerado. A mí me preocupa el tema del acceso al aborto, porque he sabido de primera mano casos de pacientes a las cuales se les ha intentado convencer de no abortar. Eso es muy peligroso en un país donde no existe una norma jurídica que legalice el aborto, sino que solo describe cómo es que tiene que acontecer. 

Tanto para mujeres como para hombres y personas con otras identidades, declararse feminista ha sido un conflicto. ¿A su juicio, cuáles siguen siendo los estigmas que sufren esas personas y cómo podrían ser cambiados? 

El “objeto de estudio” de los feminismos son las relaciones que establecemos entre nosotres los seres humanos, sin distinción de ningún tipo y también con los otros seres, la naturaleza, las cosas, etc. Si partimos de que declararse vegana o antiespecista también es un conflicto, podremos entender por qué asumir el feminismo como posición política y actitud ante la vida despierta por lo general suspicacias y críticas. Además, el feminismo es tan variado, tan diverso que en muchas ocasiones en su interior se generan contradicciones. Tanto las abolicionistas como las reformistas, como quienes creen que los hombres pueden ser feministas, como quienes creen que pueden ser profeministas, incluso quienes consideran que ellos deben renunciar primero a ser hombres para poder, como quienes creen en la igualdad y quienes no. Todes encuentran su espacio en el feminismo. Poner el “feministómetro”, algo que todes hemos hecho alguna vez, no sirve para nada. No existe una manera de ser feminista. Esa es una realidad. 

Ser feminista en mi opinión es estar en contra de la opresión de todos los seres que han estado subordinados al homo sapiens (fijate que ya homo es masculino), por eso ser feminista también incluye no participar en circuitos de opresión de los animales, por ejemplo, o de les niñes. Rechazar el capacitismo también podría ser un ejemplo de lo anterior. 

Sobre los estigmas, las mujeres feministas son “frígidas”, “están mal folladas”, no han encontrado un tipo que le “dé bien”, son lesbianas. Si un hombre se declara “feminista” es cool, ​progresista, buena gente, en fin, un amor. O sea, hasta en eso las mujeres llevamos las de perder. Por otra parte, los hombres que he conocido en mi vida cerca del activismo, que ya están comprometidos con el feminismo hasta la médula, quienes no luchan al lado de las mujeres, sino detrás, a veces desde el anonimato, ninguno ha declarado ser “feminista”. Precisamente de ellos aprendí aquello de ser “profeminista”, en absoluto respeto con lo que las mujeres hacen cada día, especialmente cómo son tratadas por ello y también porque saben que su rol en la lucha por los derechos y el bienestar de las mujeres no puede ser el tradicional. Una manera fácil de entenderlo es considerarse “pronaturaleza” (como es mi caso) sin ser ecologista. 

Foto: Kristen Reynolds

Artículo tomado de afrocubanas.com

Amor en los tiempos de Coronavirus: Mi 2020 resumido en diez puntos

Desde que en el 2013 me instalé a vivir en una ciudad del norte alemán, jamás había tenido la rotunda sensación de mi aterrizaje en esta tierra. Pues sí aquí decidí vivir hace aproximadamente 3 años y en este 2020 logré sentir en esa decisión.

También para mí este año ha sido singularrrrr (así con varias erres); y eso lo distingue entre los últimos siete de mi vida. En el presente texto les voy a enumerar diez hechos, reflexiones y sentipensares de mi vida que decididamente han convertido el año más importante de los vividos en Alemania:

  1. Me fui a vivir con mi mejor amiga, Mimi. Ella es una joven colombiana muy talentosa con dos carreras: abogada y criminalista, y como mucha gente “recién llegada” Mimi se encuentra en esa fase de aplatanarse a una cultura bien diferente a la nuestra. Cuando hablo de cultura incluyo mentalidad, reglas, sistema de salud, educación, trabajo, etc. El choque puede ser relativamente violento si no tienes una red de apoyo que te sostenga. Nosotras hemos podido construir una convivencia simpática, amorosa y leal. Mimi me tiene y yo la tengo a ella. ¡Qué privilegio!
  2. Cuando ya pensaba que las relaciones amorosas no eran para mí, conocí a mi actual pareja, y aunque los memes dicen que tener mariposas en el estómago es hambre y no amor, llevo ya 9 meses de una relación, en todos los sentidos, de crecimiento. “Amor en tiempos de Coronavirus” le he llamado porque no nos hemos detenido a pesar de la pandemia. Nos conocimos cuando esta comenzaba y hemos estado dos veces en el extranjero (Polonia y Dinamarca) y visitado 14 ciudades, de ellas 12 de la antigua República Democrática Alemana. El viaje fue el regalo de cumple que me dio mi pareja. Rotundamente hermoso.
  3. Me he convertido en una viajera habitual: entre la gran urbe donde trabajo y el pueblito en la ladera de la montaña donde vivo con mi novia; entre los semáforos y los caminos asfaltados con vegetación a ambos lados; entre hacer una cita para visitar a una amiga o tocarle la puerta espontáneamente a la vecina. Se trata de un viaje entre dos Alemanias muy diferentes, de las cuales solo conocía una. Esta otra, más intima, flexible y natural (de Naturaleza) se me parece mucho más a lo que quiero en mi vida.
  4. Aprender a vivir lejos de las redes sociales es lo que ha quedado de episodios donde haters han sido los protagonistas. Claro que una puede despertar y que la primera acción de la mañana sea meditar o tomar una taza de café y no necesariamente revisar las redes. Me he dado el gusto de escoger mis interacciones y otorgarles diferentes niveles de prioridad. Además me he dado placer de bloquear… ¡y el gustico que da!
  5. Me autocuido como me merezco. No me interesa batear todas las bolas. Tampoco quiero estar al tanto de todo, mucho menos si son noticias negativas. Vivo en mi preciosa y preciada burbuja. Mis recursos físicos, espirituales, emocionales son finitos y escojo cuando ponerlos encima de la mesa. Cuando no, paso. A otra cosa, mariposa.
  6. Decidí aprender a conducir lo cual significa independencia y mayor movilidad. Ya voy por la novena clase y según me dicen no lo hago para nada mal. La meta es obtener la licencia en noviembre de 2021.
  7. Escribir, escribir, escribir, no solo porque es terapéutico sino porque en los últimos tres años me había concentrado más en estudiar, crear proyectos, militar, etc. Mi libro todavía está pendiente aunque cada vez está más próxima su salida. Les adelanto que es un libro visualmente insuperable.
  8. Retome la realización de presentaciones en universidades, lo cual ha sido una de las mejores decisiones. Me gustan los debates que tienen lugar en el ámbito académico, especialmente con les estudiantes. Ahora, corona mediante, ni siquiera hay que moverse de la casa sino que se realizan en cualquiera de las plataformas en línea. Ya tengo algunas intervenciones planificadas para el 2021. Les iré contando.
  9. Finalmente salió Afrocubanas, la revista que llevé soñando por varios años. Mis amigas y yo nos estamos divirtiendo haciéndola, al tiempo que aprendemos también muchísimo.
  10. Los valores de azúcar en mi sangre se mantienen en niveles ideales para quien vive con diabetes. Estoy contenta por ello, pues continuo sin tomar medicamento alguno a pesar de que ya no voy al gimnasio como antes, por lo cual he aumentado unas libras (quedará para el año próximo retornar a mi peso).

Como han visto, los acontecimientos más importantes de mi 2020 han tenido como protagonista fundamental al AMOR, en alguna de sus más tradicionales variantes y también en relación con el crecimiento personal, la dependencia, la autonomía, etc.

¿Y a ti cómo te ha ido el 2020?

De cualquier manera, te deseo lo mejor que el Universo pueda tener reservado para ti. Cuídate mucho y nos vemos en el 2021.

Roberto Zurbano: Desde mi balcón. Doce párrafos de memoria contra la pandemia del olvido (Quinto round)

Por Roberto Zurbano

El confinamiento hogareño nos incomunica un poco, pero no anula la memoria en tiempos donde los contenidos son tratados con tal velocidad y simpleza que olvidamos de donde llegaron y adónde irán a parar. Cuando se habla de discriminación racial suele ocultarse la afro-religiosidad, tan cercana que obviamos su significado social; que va mas allá del universo ritual y configura maneras de pensar y vivir muy caras a la sobrevivencia y a la experiencia negras en la Historia y en la vida diaria de la nación.

En pleno siglo XXI sobra explicar que las religiones de matrices africanas sintetizan avatares históricos, diálogos y transgresiones sin los cuales no se puede explicar la resistencia y espiritualidad de nuestro pueblo. Pero antes, fue difícil y solitaria tarea. Si hablar de racismo era someterse a burlas de amigos o familiares, exclusiones institucionales y castigos políticos; practicar estas religiones también fue mal visto por organizaciones políticas, instituciones, medios de difusión y la mentalidad social.

Durante décadas, las iniciaciones religiosas se realizaban secretamente en casa-templos, patios y otras plazas ocultas, donde nacían orgullosos de su fé y adquirían conciencia racial, no solo para los de piel negra, pues también la blanca es una “raza” que busca y encuentra su ancestralidad y tareas en este mundo.

En ese proceso África no era sólo noticia de desastres, sino la base del mundo espiritual que trajeron abuelos ancestros, cuyos nombres aún se moyubban.

África en Cuba somos quienes la llevamos en la piel, en la cultura y en sus religiosidades; sus variantes y renovaciones verifican una identidad afrocubana, o sea, afrodiaspórica en su versión local. Lo controversial del término afrocubano tiene larga data y no se agota en las fuerzas que se le resisten. África es el mundo de crianza y educación comunitaria que no distingue entre hijos, primos, sobrinos y ahijados, es familia interracial junto a la extendida familia religiosa, sus códigos solidarios, sus bailes, comidas, músicas y una amplia tradición ética y filosófica que se resumen en un patakín, una firma palera o abakuá o un canto conocido desde andilanga. Vive en medio de celebraciones que mezclan lo ritual y lo pagano, lo útil con lo bello, lo privado y lo colectivo, el consejo con el regaño, lo de aquí con lo de allá, lo íntimo y lo político, el patio, la patria y el universo.

Recién llegada la Revolución, en el momento en que las Sociedades de Color se esfuman de la vida cubana, estas religiones profundizaron su rol en medio de las transformaciones y afianzan complicidad y ayuda mutua allí donde las leyes revolucionarias nunca llegaron.

Es cierto que en 1960 se crea el Departamento de Folklore del Teatro Nacional de Cuba, con el brillante etnógrafo y musicólogo Argeliers León a la cabeza y más tarde, en 1962, el Conjunto Folklórico Nacional, integrado por mujeres y hombres en su mayoría religiosos practicantes que, a partir de ese momento, suben al escenario para ofrecer sus cantos y bailes como Arte, ganando aplausos dentro y fuera de Cuba. Muchos de ellos alcanzan el estrellato como Nieves Fresneda, Jesús Pérez (Obbá Illú), Lázaro Ross, Zenaida Armenteros o El Goyo Hernández.

Fue un gran paso, pero si contemplamos sólo las ganancias escénicas, quedan fuera de foco conflictos y contradicciones que, en la vida cotidiana, sufrían tales prácticas religiosas, tornándose en impedimentas para el acceso a universidades y militancias políticas.

Más allá de los éxitos internacionales de bailes y cantos afros, al correspondiente universo religioso real se le cierran libertades, devaluándole como expresión de atraso e ignorancia.

En la novela más popular del momento, Cuando la sangre se parece al fuego, su autor, Manuel Cofiño, uno de los pocos escritores cubanos identificados con el realismo socialista, refleja el proceso de disolución de las religiones negras arrastrada por las aguas claras del futuro socialista. Estas afroreligiones sufrieron el mismo dogma y represión que aquellas que guardaron armas y conspiraban contra la revolución, aun así, sus practicantes, inmersos en el cambio revolucionario, por no abandonar su religiosidad fueron marginados de importantes responsabilidades políticas y administrativas. Gracias a su horizontalidad, espiritualidad acreditada por siglos y estrategia cimarrona, conservaron los saberes transmitidos oralmente, rituales secretos y viejas prácticas de solidaridad y resistencia. Las afroreligiones fueron espacio creciente para un conflicto ideológico sustancial que aún marca la subjetividad de un amplio sector social dentro de Cuba: conciencia religiosa versus conciencia política, expresado en libros y discursos como una pelea dicotómica que suele resolverse a favor de lo político, ocultando la complejidad del universo religioso.

Aunque este no fuera el debate esencial entre quienes practican afroreligiones, donde hay sujetos de todas las “razas” , dicho conflicto no ha dejado de estar latente en el campo religioso cubano de las últimas seis décadas.

Las religiones negras en Cuba siempre han vivido el peligro de fragmentación y cooptación. Su jerarquía, autoridad, popularidad, exitosas practicas rituales y comerciales, cohesión grupal, diversidad de su membresía, más el alcance de sus valores intra y extraordinarios, constituyen un modelo social, cuya relativa autonomía debe ser objeto de políticas más comprensivas. Por eso me resultó curioso que en el libro de entrevistas que en 1985 hizo el dominico brasileño Frei Beto a Fidel Castro, no aparecen las afroreligiones, siendo ambos interlocutores de países marcados por la esclavitud, el colonialismo y el cimarronaje. Esta curiosidad la comenté a Frei Beto hace unos años y su evasiva me dejó más curioso aun.

Lo cierto es que ese mismo año, aunque no con el cuidado que son tratadas las religiones antes colonizadoras, las afroreligiones también comienzan a ser reconocidas políticamente al crearse la Oficina de Asuntos Religiosos del PCC en 1985.

Escuché a Filiberto O’Farrill, en su casita de Poey, hablar de una soñada Asociación de Babalawos, a cuyos organizadores, que ofrecieron palomas y un tambor en los jardines del Movimiento Cubano por la Paz, no se las aprobaron. Supe de la preparación del I Encuentro de Estudios Afrocubanos, preparado por la Sociedad homónima que intentaron restaurar Fernández Robaina, Tato Quiñones y Lázaro Buría, con apoyo de Natalia de Bolívar y grandes figuras religiosas, abortado por la UNEAC. Conversé con nigerianos residentes en Nueva York que durante años soñaron abrir una Academia de Lengua Yoruba en Cuba que también fuera negada.

Estos y otros empeños son parte de una historia no escrita ¿Cuántos fuimos testigos o cómplices de sucesos subterráneos que fueron el magma de la explosión de los temas raciales en la próxima década? ¿Cómo fue que los temas de la religiosidad fueron dando mayor margen a la problemática socio-racial? Y por qué ambos temas tomaron tanta distancia el uno del otro, al punto que las religiones afro apenas se involucran en el debate racial y, por otro lado, la mayoría de los analistas y análisis sobre las problemáticas raciales en la nación, suelen desentenderse de los temas religiosos, de los creyentes y de las viejas estrategias de solidaridad y resiliencia de estas afroreligiones?

Ambas miradas adolecen de la necesaria articulación e intercambios sistemáticos, donde enriquezcan y renueven prácticas propias. Aunque vale mencionar el valor que alcanzan las obras y espacios donde ambas visiones convergen como lo han hecho Tato Quiñones, Jesús Fuentes, Lázara Menéndez, Víctor Betancourt, Jesús Hernández El Goyo, Gloria Rolando, Tomas Fernández Robaina, Manuel Mendive y otros pocos que intentan sostener tan difícil diálogo en Cuba.

Luego, los noventa irrumpen con varios sucesos editoriales. Justo en 1990 aparece la primera reedición de El Monte de Lidia Cabrera después de 1959, cinco mil ejemplares agotados durante la primera semana en la Feria del Libro, celebrada en PABEXPO, Los orishas en Cuba de Natalia de Bolívar, se convierte velozmente en un best-seller, El negro en Cuba, de Tomas Fernández Robaina, aparece tras un forzado sueño editorial de diez años y los tres tomos de Estudios afrocubanos, de Lázara Menéndez, extraordinario libro de texto para la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de la Habana, removió los anaqueles del elitismo eurocéntrico de tan rancioso –para no decir racista y blanqueado- lugar. Así comienza el boom de temas afroreligiosos en Cuba, a las puertas del Periodo Especial.

El Congreso del Partido se pospone para 1991 y entre los temas centrales está la promoción de negros, jóvenes y mujeres, junto a la noticia de que los religiosos podrán ser miembros de Partido Comunista. Es fácil pensarlo hoy; pero entonces fue una noticia escandalosa que generó grandes discusiones, resistencias e incomprensiones dentro y fuera del partido; tanto pesaban los dogmas y prejuicios.

El discurso de los estudiosos es una cosa y el discurso de autoridades religiosas, reconocidas por su jerarquía y sabiduría es otro. Estos últimos no tienen presencia en la esfera pública, no poseen revistas o boletines que sean órganos difusores de doctrinas, reflexiones y modos de conocer su alcance social. Nunca he podido leer aquella queja porque no fueron invitados a saludar al primer Papa de visita en Cuba, ni la poca presencia de los jerarcas de otras religiones durante la recepción ofrecida al Oní de Ifé de visita en Cuba. No hay entrevistas sobre figuras ni artículos sobre eventos importantes o sobre el trabajo que hacen en comunidades y cárceles, ni convocatorias a cursos y conferencias. Ni siquiera promueven los encuentros entre médicos, científicos y Babalawos, muy provechosos para las tres partes según estas confiesan a los pocos curiosos que llega la noticia. Difícil saber cómo estas religiones establecen alianzas con musulmanes o iglesias cristianas donde la presencia negra crece. Ni sabemos cómo se dirimen sus debates epistemológicos, de género, de asimilación de nuevas prácticas o de sus propias ortodoxias. Ergo, difícil es saber su opinión en el debate antirracista cubano y las causas del repliegue de su potencial fuerza emancipatoria en esta lucha.

También hay batallas exitosas y logros sociales a lo largo de seis décadas, que no por menos publicadas han dejado de celebrarse.

Es un resultado de esas batallas que un babalawo de 34 años en Ifá como Lázaro F. Cuesta (Iwori Bofun) haya sido el Gran Soberano del Supremo Consejo del grado 33 para la República de Cuba, Gran Maestro de la Gran logia de Cuba y Presidente del Patronato del Asilo Nacional Masónico Llanso entre 2011 y 2018, que Ramón (Mongui) Torres Zayas, haya alcanzado su doctorado con una tesis sobre los Abakuá, sociedad a la cual pertenece y estudia su renovado campo; que los libros de Lázara Menéndez, Jesús Fuentes y Natalia de Bolívar sean cada vez más aclamados y leídos por masas lectoras, que lideresas de varias casa-templos hayan logrado reivindicar sus prácticas de género dentro de la religión, que se legitimen en laboratorios farmacéuticos y repertorios clínicos las formulas de brebajes, emplastos y cocimientos con que nuestras ancestros hicieron de la naturaleza la mejor medicina a los males del cuerpo y el alma, que una pastora cristiana como Isset Samá haya hecho tan hermosa declaración antirracista ante su iglesia en días recientes…

Aunque sean lamentables las recientes declaraciones sexistas de la Sociedad Cultural Yoruba sobre las Iyanifá, un conflicto que parecía resuelto a finales de siglo pasado y ahora resucita en un contexto poco saludable para el feminismo en la región. Insulta saber que grandes marcas de la moda internacional se apropian del diseño de las sayas multicolores de nuestras santeras, en una otra forma de extorsión de nuestras identidades. Y que siguen las acusaciones reales e infundadas sobre el comercialismo dentro de estas religiones: no debe resultar raro que en este rincón de la sociedad también proliferen conductas mercantilistas, corruptas y criminales; otra cosa es la acusación de comercialistas a las religiones negras de la región (santería, candomblé, vudú), lo cual parece una trampa nacida de la competencia con otras religiones, justo en un proceso de internacionalización de estas religiones negras, que les permite instaurar legalmente sus instituciones, profesionalizar sus figuras jerárquicas y aumentar el reconocimiento de sus valores de solidaridad, resistencia cultural y saberes, no solo para afrodescendientes. No olvidemos que todo ello era, hasta hace poco, marginalizado, a pesar de ser practicadas por todas las clases sociales.

Dichas acusaciones, curiosamente, no suelen compararlas con otras religiones financieramente poderosas, de jerarquía mundial, dueñas de diversas propiedades e instituciones bancarias, mediáticas, educativas, etc.

¿Cómo, entre las miles de fotografías de Fidel Castro, se olvida aquella, en medio de una larga gira que hizo por varios países africanos en los años setenta, donde aparece vestido de blanco, con ciertos atributos rituales? Jamás la he vuelto a ver, ni siquiera en asociaciones afroreligiosas que constantemente renuevan su compromiso revolucionario.

Se han promovido poco excelentes biografías y testimonios de personalidades como Nisia Agüero, Freddy Ilanga (traductor de swahili del Che en el Congo) y Natalia de Bolívar por solo mencionar tres, que incluyen reveladores pasajes del universo religioso negro en sus vidas o las conversiones religiosas y en la conciencia racial de altos oficiales y diplomáticos cubanos en África como Omar Izquierdo, Heriberto Feraudy o Juan F. Benemelis, entre otros, cuya capacidad más o menos crítica articula puentes entre las visiones africanas y cubanas de conciencia racial, religiosa o afrodiaspórica, revelando políticas africanistas, diásporicas y raciales apenas abordadas con profundidad por estudiosos cubanos de la religiosidad, la afrodiáspora y la geopolítica.

Lamento mi poquita fe, mi modo intermitente y, a veces irrespetuoso de acercarme a estas religiones, pues tendría algunas respuestas, desde sus códigos, a preguntas que no necesitaría escribir.

Lo cierto es que apenas se conocen sus figuras jerárquicas, algunas legendarias, otras de más reconocimiento fuera que dentro de la isla, otros dejando su impronta en el mundo de la internet, otros recuperando sus contactos con tierras y autoridades religiosas de África, otras más vinculadas a la farándula, otras al boyante mercado afroreligioso, algunos veteranos reconocidos por su sabiduría ancestral, otros por su memoria descarnada de cuando hacían religión en el underground socialista. Apenas se conoce el espacio de ritualidad, pedagogía, goce y hermandad comunitaria que signa los encuentros del Cabildo Ifá Iranlówo, liderados por Víctor Betancourt Omolóafaoró Estrada, uno de los sacerdotes y autores más osados y controversiales del campo afroreligioso cubano. Tampoco son públicos los debates epistemológicos, de género, de asimilación de nuevas prácticas o de sus propias ortodoxias que están teniendo lugar y que la transmisión oral a veces distorsiona o confunde. Así, parece ser un mundo que no se mira al espejo, ni a la televisión ni al futuro, sino que se repliega o calla sus propuestas ante los seguidores que, dentro y fuera de Cuba, siguen apostando por el camino de los orishas.

Viernes 19 de Junio del 2020, en Cayo Hueso, Centro Habana.

Roberto Zurbano: ¡No vamos a parar!

Las organizaciones antirracistas, en contextos de pandemia, limitan su alcance público, pero siguen generando conciencia, activando saberes antirracistas y aguzando, en un contexto más hostil, la capacidad de identificar y denunciar cualquier discrimen. Si normalmente trabajamos en contextos y con recursos precarios, ahora no queda otra opción que reducir la movilidad, sin desmovilizar la agenda crítica, olvidar la base social ni a quienes despliegan las acciones concretas que definen nuestra misión social. Es paradójico que un núcleo de activismo evite incidir en espacios comunitarios; allí donde esa labor no tiene un impacto mediático, pero sí una incidencia en la vida de tres o diez personas o familias necesitadas.

Si alguna de esta gente se enferma en Cuba, serán tratados sin menoscabo de su condición racial, quizás por hábiles profesionales de su mismo color de piel, merecedores de aplausos y honores. Antes y después del hospital está la vida difícil en solares, barrios insalubres y albergues temporales donde se hacina la esperanza, quinquenio tras quinquenio. Y allí se debe ofrecer alivio, respuestas y políticas públicas que completen la ingente labor de la medicina preventiva o el empeño intensivista. En Brasil, Estados Unidos y Colombia habrían muerto y llenado estadísticas menos descuidadas, pero inmerecidas. Es aquí y ahora donde el activismo antirracista debe sumarse: la post-pandemia no augura mejoras materiales y hay que trabajar por una equidad social más puntual que la igualdad conocida y conquistada. Algunas organizaciones nuestras tienen ese camino adelantado, solo bastaría unir esfuerzos y conocimientos, asumir nuevas y buenas prácticas en labores comunitarias donde es insuficiente el trabajo de una sola institución. Las pocas excepciones que lo hacen, indican su factibilidad y éxito comunitario.

Activismo es también responsabilidad asumida a tiempo, solidaridad compartida y ejercicio de preocupación consciente por gente que conocemos o debemos conocer mejor. Es momento de mirar hacia adentro y hacia otros colectivos antidiscriminatorios que quizás, comparten la misma preocupación dentro de la isla. Es romper los límites impuestos a nuestra labor e insertar nuestro trabajo donde más se necesite. Ahora solo pensamos en aquello que depende de nosotros y en lo poco que podemos ayudar, evitando desgastarnos inútilmente, siendo discretos en un contexto de emergencia, identificando cualquier ruido que lleve a confrontarnos, confundir o desmovilizar por algún tiempo nuestra agenda social.

Sobre otros colegas activistas, preguntarnos: ¿Dónde están, cuáles son sus condiciones, cómo ayudarles, cuáles son nuestros recursos, y estos, cuánto pueden durar? Preocuparnos por las condiciones de salud de nuestros colaboradores y su familia: niños, ancianos y discapacitados ¿Cuán distantes vivimos unos de otros? ¿Por cuáles razones nos moveríamos ahora, sin transporte público? ¿Somos capaces de cuidarnos entre nosotros mismos? ¿Quiénes son los más frágiles, temerarios o descuidados que debemos proteger? ¿Cómo nos comunicamos, qué tipo de mensajes y acciones priorizamos? ¿Cuales iniciativas de autocuidado diseñamos ante la pandemia? Ignorar estas preguntas es un modo de abandonar nuestros sueños y a nuestra gente.

Hoy es clave saber adónde pertenecemos y con quien podemos contar. Las organizaciones antirracistas surgen de una urgencia, crecen en la insurgencia y reivindican necesidades legítimas. Su cohesión nace del ejercicio colectivo, de propuestas transformadoras que se prueban en el camino, de prácticas exitosas o sonados fracasos, y del respeto común entre compañeros de viaje. No somos, ni pensamos como institución caritativa, empresa o partido político, sino desde un potencial justiciero que nos junta y empina sin cuotas obligatorias de fe, moneda o consigna. Sin idealizar nuestro itinerario y asumiendo la necesaria autocrítica, este activismo genera reflexiones profundas y produce un conocimiento que luego compartimos y convertimos en acciones puntuales. Nuestra libre pertenencia es orgánica en la medida que movemos un ideal emancipatorio, desde la historia de opresión común que, una vez reconocida, decidimos deconstruir juntos. Así convertimos experiencia e historias de vida en herramientas de trabajo, superación y sanación, para alcanzar una condición humana consciente y digna, gestionada por nosotros mismos.

La gestión más urgente del activismo hoy es la equidad en todas sus emergencias posibles, ante la creciente desigualdad social. Ya sabemos por qué el “Quédate en tu casa” no sirve a tanta gente impactada, otra vez, en su difícil cotidianidad y vemos cómo pierden paciencia, modales y esperanzas en la cola para comprar alimentos. Ese proceso de devaluación es anterior a la pandemia y la trascenderá, si perdemos la perspectiva crítica y ponemos nuestra misión en cuarentena. El mejor activismo nace en el diálogo cotidiano y responsable con la gente de a pie y enseña que no se deben aplazar las necesidades ni se puede bajar la guardia nunca, ni siquiera ante la pandemia. Y que las formas de lucha cambian según el contexto, pero no desaparecen porque las opresiones funcionan en permanente lógica de reproducción y no se detienen. Los sexistas, neo-racistas, elitistas, censores, depredadores y otros discriminadores son peores que los virus, mutan y reciclan viejas tácticas. Urge replantear la batalla, unir fuerzas, crear espacios, alianzas y estrategias sin perder el horizonte; sin parar nuestras luchas. No vamos a parar. Mañana será tarde.

Roberto Zurbano Torres, el Primero de mayo y 2020, en Cayo Hueso, Centro Habana, Cuba

No hay animalismo sin humanismo

Hace pocos días tuvo lugar en las redes “cubanas” un álgido debate a propósito de un post que, intentando denunciar el sacrificio animal en la Santería o Regla de Osha, condujo a que afloraran, una  vez más, una serie de actitudes, creencias y estereotipos racistas.

Reconozco la validez de la preocupación sobre sacrificio animal en el rito religioso. También las llamadas de atención acerca del impacto de los rituales que se realizan en plena calle a la vista de todes, —los que para mi sorpresa cada día son más frecuentes (yo misma presencié uno en mi la calle donde vivo en La Habana— tanto en el medioambiente como en la exhibición y la consecuente naturalización de la violencia.

Ambas situaciones también me preocupan, y apoyo la alerta en este sentido. No consumo producto animal alguno. Esa es la manera que he encontrado de proteger a los animales. Además, soy practicante de la Osha que no cree necesario el sacrificio animal. Así intento que exista coherencia entre mi actuar y lo que creo.

Yo me siento tan comprometida con el animalismo como con el antirracismo y la justicia social. Por eso me pregunto: ¿Será posible reflexionar sobre estos asuntos sin tener que llegar a irrespetar y calificar negativamente a sus practicantes y a una religión en específico, como sucedió en el debate de marras?

El intercambio de comentarios me dijo que estamos aún lejos de lograrlo. Por demás, no es la primera vez que observo que al tratar de emitir mensajes sobre la responsabilidad para con los animales se recurre al racismo, al clasismo, al elitismo, etc. En casi todas las oportunidades he pasado de largo, he leído los cientos de comentarios vejatorios, discriminatorios y he continuado. Hasta hace muy poco escogí hacer mutis y apoyar la causa ambientalista-animalista per se. Sin embargo, ha comenzado a inquietarme la recurrencia de la mezcla animalismo-racismo.

En varias oportunidades he debatido este asunto, publica y privadamente, con activistas animalistas envueltas en crear redes de adopción y en presionar para que exista una ley de protección animal y por el bienestar animal. En esas conversas hemos llegado a la conclusión de que un animalismo sin humanismo no es posible.

A diferencia de quienes creen que lo anterior es evidencia del odio entre los humanos, yo creo firmemente que es una cuestión de información y de respeto a la dignidad humana. Sobran las pruebas de que se pueden ofrecer mensajes positivos, que logren mover la sensibilidad de cierto número de personas, y son veraces, justos, humanos, lo único que necesitamos para ello es leer, preguntar, conversar, escuchar, dejarnos asesorar.

El animalismo necesita de todas las personas, independientemente de su religión, y de lo que cada una de ellas puede ofrecer. El antirracismo y el humanismo también necesitan de todes. En la búsqueda del bienestar para los animales también el trato digno de los seres humanos ha de ser prioridad, dado la necesidad imperiosa de la sostenibilidad de esta lucha, la cual conlleva la educación en valores como la solidaridad, el altruismo, la horizontalidad, la sensibilidad, etc.

Les toca a las nuevas generaciones continuar trabajando por un mundo mejor para todos los animales, incluido el homo sapiens, con toda su diversidad de identidades posibles. Solo un mejor ser humano podrá ser una mejor compañía para los animales.

Foto: Lum3n.com de Pexels

¿Qué fue del Movimiento Afrocubano en el 2017 luego del Coloquio de Harvard?

Por Alberto Abreu Arcia

Dos eventos pautaron las expectativas, estrategias y accionar de lo que fue el tránsito del Movimiento Afrocubano por el 2017. Me refiero al II Coloquio “La nación que estamos imaginando: nuevas geografías de la racialidad negra en Cuba” efectuado los días 3 y 4 de noviembre del 2016 en el Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo de Cárdenas-Cuba y el Simposio “El Movimiento Afrocubano: activismo e investigación. Logros y desafíos” convocado los días 14 y 15 de abril del 2017 por el Instituto de Investigaciones Afrolatinoamericanas y el Centro Hutchins de Estudios Africanos y Afroamericanos de la Universidad de Harvard.

Esta segunda edición del coloquio “La nación que estamos imaginando…” inicialmente fue concebida como una Asamblea Nacional de Reflexión sobre el Racismo, con participación de observadores y expertos internacionales. Según reza en una de las actas preparatorias, el mismo contaría con “la presencia de representantes de todas las provincias con un trabajo sistemático y consolidado sobre la temática en cuestión”. Además, “se sugirió potenciar las provincias de Camagüey y Santiago de Cuba”. Un hecho sin precedente. Por primera vez el Movimiento rompía la estructura colonial y/o colonialista del habanocentrismo en pos de un alcance nacional.

Sin embargo, a última hora sus patrocinadores realizaron severos recortes en la cuota de participantes. A pesar de esto el II Coloquio devino en un discreto, pero  estimulante encuentro entre académicos, representantes del CENESEX y líderes y liderezas religiosos y de diferentes proyectos-grupos que luchan por la justicia racial.

Según explicaron sus auspiciadores, dicho cambios respondían a razones de presupuesto. (Hecho comprensible si tenemos en cuenta que hablamos de un evento que sesionaría tres días, con cerca de sesenta invitados de todo el país, incluyendo prensa y algunos observadores internacionales). También, sobran motivos para conjeturar que en los mismos influyeron temores, cautelas y suspicacias de todo tipo ante un Movimiento que está redimensionando los modos tradicionales de pensar la justicia social, la historia, las identidades y la movilización social dentro de la Revolución. Al tiempo que ha devenido en un fecundo productor de conocimiento. Lo que nos hace pensar en lo utópico que todavía resulta la celebración de un evento de esta magnitud desde la sociedad civil cubana.

El hecho que el II Coloquio apelara a un alcance nacional y que, de una u otra manera, tuviera su continuidad en Harvard desató perspectivas encontradas. Por un lado, estimuló la competencia de muchos investigadores y activistas -sobre todo de los proyectos grupos emergentes- por asistir. (Es sintomático como algunos invitados fueron declinando su asistencia tras anunciarse los cambios en el mismo o que algunos de los invitados extranjeros ya no asistirían). Por otra parte, la invitación cursada a muchas instituciones y actores posicionados en los espacios oficiales fue recepcionada con excesiva cautela y evasivas.

Los agotadores encuentros y discusiones preparatorios del II Coloquio permitieron: 1) trazar un diagnóstico del estado del activismo antirracista cubano, 2) confeccionar una cartografía de las personalidades del campo intelectual y los proyecto-grupos que, en otras provincias, trabajan contra el racismo y la discriminación racial en condiciones de aislamiento, sin ningún tipo de diálogo o apoyo metodológico. 3) diseñar un grupo de acciones en las que, de una u otra manera, se vería enrolado un segmento bastante influyente del Movimiento Antirracista Afrocubano durante el año 2017.

No por azar, los asistentes a la cita de noviembre en Cárdenas acordaron que el II Coloquio en el cual estaban participando sesionaría de manera permanente (es decir se extendería su trabajo) hasta el primer trimestre del 2017, cuando tuviera lugar esta Asamblea Nacional de Reflexión sobre el Racismo.

Entre los ejes trasversales propuestos para el debate en los espacios de trabajo figuraban tópicos medulares como: 1) Desigualdad económica vs empoderamiento en la lucha contra el racismo. 2) Nuevos actores en la lucha antirracista.3) Activismo: Prácticas y saberes (legitimidad, institucionalidad). 4) Comunicación en la lucha antirracista. 5) Géneros, religiones, geografías y discriminaciones.

Una demanda que se reiteró tanto en los encuentros preparatorios como de las sesiones de trabajo en Cárdenas, a finales de noviembre, fue la de: “Construir una plataforma común, avanzando hacia una unidad de acción; con el propósito de forjar un movimiento contra la discriminación racial.”. Dicho tópico vuelve a reiterarse en la convocatoria final a la tronchada Asamblea Nacional en cuyos párrafos finales se lee: Proponemos la construcción de una plataforma común que genere diálogos, alianzas y soluciones a conflictos no siempre vistos como raciales, a pesar del dolor físico y moral que producen en personas y comunidades, así como en los grupos y organizaciones que le acompañan. Unir voces críticas y propositivas dispuestas a encontrar razones y soluciones más allá del discurso,  nos impulsa acompañar el activismo más responsable y reclamar políticas públicas. Convocamos el Coloquio en el Decenio Internacional Afrodescendiente de la ONU, seguros de que el pensamiento antidiscriminatorio cubano y sus prácticas emancipatorias e inclusivas enriquecerán la nación más allá de sus fronteras.

Tres aspectos se me antojan como significativos de este II Coloquio “La Nación que estamos imaginando…” que estuvo precedido por el I Coloquio celebrado también en el Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo Cárdenas-Cuba (28 y 29 de mayo del 2015), así como de un grupo de conversaciones, reuniones y discusiones previas sostenidas en La Habana con la Comisión Organizadora y con otr@s actores sociales vinculados de una u otra forma al Movimiento tanto dentro como fuera de Cuba.

Primero: La heterogeneidad de tendencias políticas, ideológicas, regionales, religiosas, generacionales, intelectuales, de género e identidades sexuales que en la actualidad confluyen al interior mismo y la multiplicidad de campos hacia los que el activismo antirracista cubano explaya su quehacer. En este sentido llama poderosamente la atención el surgimiento de nuevos grupos-proyectos con una agenda propia y un trabajo sostenido entre los que se encuentran el Proyecto de Creación Colectiva Trance, mirArtedíaDía, Mujeres líderes de religiones de origen africano, Barrio La Marina, de Matanzas y Afroatenas.

Segundo: Los obstáculos que debe vencer el Movimiento Afrocubano para lograr la construcción de una Plataforma Común y Consensuada entre los diversos actores y sujetos que desde diferentes lugares de enunciación y programas luchan contra la discriminación racial en Cuba. Dichos impedimentos van desde la falta de voluntad y anuencia al respecto, pasando por tensiones ideológicas y políticas hasta las luchas por el monopolio y control de quien puede hablar desde y por la problemática racial cubana. Por ejemplo: a la cita en Cárdenas de finales de noviembre del 2016 fueron invitados representantes de muchos de proyectos oficiales como la Comisión Aponte y la Fundación Nicolás Guillén, los cuales por un motivo u otro no asistieron ni enviaron representantes.

Por otra parte, las diferencias ideológicas y políticas entre agendas que politizan la problemática racial cubana es otra problemática que entorpece la elaboración de un programa o de una plataforma común y consensuada. Hasta el punto, que sin ser maniqueos, deben reconocerse dentro del Movimiento Afrocubano la existencia de dos vertientes políticas. Uno a favor y/o que reconoce los avances de la Revolución en política racial, sin dejar de tener una postura crítica frente al lugar problemático y subalterno que todavía negros y negras, mulatas y mulatos siguen teniendo en el  proceso revolucionario. Y otra, que disiente del proyecto revolucionario y de tales avances. A pesar de esto, sería un acto de deshonestidad negar o restarle protagonismo al activismo que, amén de compartir o no sus respectivas agendas políticas, viene realizando una u otra tendencia en pos de empoderar y reivindicar socialmente a este sector tenido como uno de los más vulnerables y marginales de la población cubana, y por buscar una solución al racismo y la discriminación racial en Cuba.

Por eso, en este artículo cuando me refiero al Movimiento Afrocubano y su activismo antirracista, se trata quizás de un rótulo demasiado excesivo o pretensioso para un escrito como este que, por una razón u otra, no contempla la labor de los inscritos en la  segunda de estas vertientes ni a los de la diáspora.

Por otro lado, los intentos por lograr una articulación y alianza hacia afuera del Movimiento con instituciones, proyectos, grupos independientes, líderes y liderezas representantes de aquellos sectores de la sociedad con quienes compartimos la misma vulnerabilidad social y una agenda emancipatoria y de justicia social afín, se ve frenada por la carencia de una sensibilidad y dinámica política que propicie este proceso. Por ejemplo, el CENESEX, que sí participó del conclave en Cárdenas, no tenía incluido el tema racial en su agenda. Lo que demostró que no basta con tener entre nosotr@s la voluntad de establecer alianzas estratégicas con otros Movimientos Sociales, sino que dicha disposición debe ser recíproca.

Estos movimientos sociales en Cuba se han ubicado como grupos aislados buscando desarrollar por su propia agenda, sin tener en cuenta cuáles son los desafíos actuales de la sociedad, ni aspirar a miradas o agendas políticas más transversales y/o globales que los dote de mayor de movilización sociopolítica. Un paradigma a seguir en este sentido lo constituye el Movimiento Social dentro de las iglesias evangélicas cubanas. Ellos han logrado readecuar al contexto cubano un grupo de herramientas y metodologías de trabajos provenientes de la Educación Popular y de la Teología de la Liberación que le han permitido algunos avances en este aspecto.

Tercero: Otros de los correlatos del Coloquio fue establecer un consenso sobre algunas cuestiones relativas a la eficacia de nuestros discursos y a lo que ha sido la razón de ser y nuestro devenir como movimiento social, que debían fortalecerse para no restar prestancia a la cita Harvard.

La reunión de Harvard, como su pormenorizada declaración final reconoce, marcó un hito para el Movimiento Afrocubano. Y significó un reconocimiento internacional y en el plano de la producción de un saber otro:

La presencia de los activistas en una casa de altos estudios como la Universidad de Harvard obedece a una lógica muy simple: los movimientos sociales y culturales son productores de conocimientos que deben ser incluidos en los planes de enseñanza y los espacios académicos[…]Estos encuentros forman parte de una agenda más general para implementar el primer objetivo del Decenio Internacional para los Afrodescendientes (2015-2024) decretado por la Organización de Naciones Unidas: el reconocimiento. El re-conocimiento está indisolublemente ligado a una agenda educativa que propicia la articulación entre activismo afrodescendiente y las academias.

Panel de Afroemprendedores en el encuentro de Harvard. Foto: Alberto Abreu

Dicho documento, más que una declaración final, es todo un programa de trabajo sobre el que deberíamos volver una, y otra vez junto con las relatorías, acuerdos, actas finales y grabaciones del I y II coloquio “La nación que estamos imaginando…” Es imprescindible que estos textos tengan más visibilidad, circulación y sean de consulta pública.

Sin embargo, después del evento en Harvard el escenario de luchas se caracterizó por un silencio del Movimiento Afrocubano y la emergencia de nuevos enclaves dentro la academia, sin quedar claro cuál es su acompañamiento o compromiso con el activismo antirracista cubano, más allá del puro interés por la inserción en un mercado teórico que proporciona becas, participación eventos y fórum internacionales, reconocimiento y legitimidad intelectual. Lo que no me parece mal, sólo que todavía sigue sin respuesta aquella pregunta que muchos les hacíamos en Harvard: “¿cuáles serán los parámetros para que realmente se produzcan acciones colaborativas más puntuales entre académicos y el Movimiento Afrocubano sin que esto implique un canibalismo, manipulación política o secuestro de aquellos temas, problemáticas y saberes que los activistas vienen produciendo y colocando en la esfera pública desde hace décadas?”

Justamente, hace algunos días discutía con un académico sobre los diferentes motivos que subyacen detrás del boom que vive la problemática racial cubana entre los académicos del patio. Al sentirse interpelado me respondió que no es posible hablar de Academia, sino de academia(s). Tal aseveración, desde luego, no pasa de ser un juego de palabras. La Academia es una sola. Ya lo aclaraba Stuart Hall: “Vuelvo sobre la discusión entre trabajo intelectual y trabajo académico: coinciden en parte… pero no son lo mismo”

Lo que sería mejor hablar de diferentes posicionamientos académicos con respecto al tema, pero el lugar de enunciación es el mismo: la academia cubana asediada por pactos y mediaciones políticas, desactualizaciones, amén de los estragos que todavía arrastra del Decenio Gris. Pero ocurre que estamos ante prácticas, imaginarios, epistemologías que crecieron de espaldas o ninguneados por la centralidad académica. Por lo que el encuentro con ellas demanda de dispositivos cognitivos y de teorización de una mayor libertad para entrar y salir de ese mapa académico o moverse en sus bordes.

Lo cierto es que el Movimiento Afrocubano tras su regreso de Harvard, dejó a un lado aquellas empecinadas búsquedas de articulación, alianzas estratégicas y de una plataforma común y consensuada que tantos debates, viajes, horas de trabajos y reuniones dilapidaron a todo lo largo del 2016 y el primer trimestre del 2017. Las cuales consideramos imprescindibles para obtener nuevos consensos y las trasformaciones sociales que estos tiempos están exigiendo. Porque si algo quedó claro en nuestro transitar del II Coloquio a Harvard es que las articulaciones necesitan tener un sentido claro del contexto y su proyecto histórico si de verdad aspiramos a que nuestras agendas logren mayores espacios de visibilidad, dinamismo y sean protagónicas. Se trata de un desafío tanto político como organizativo.

Desde luego, que los problemas estratégicos de la articulación de raza, género e identidades sexuales disidentes resultan centrales para el Movimiento Afrocubano. Pero, no se deben quedar allí. Hay otros temas en las agendas globales que son muy relevantes (la cuestión ambiental, el cambio climático, etc.), frente a los cuales no podemos permanecer indiferentes porque también somos actores de esas mismas problemáticas.

A esto hay que sumarle la urgente necesidad de una re-estructuración del capítulo cubano de la Articulación Regional Afro descendiente de América Latina y el Caribe (ARAC) dilatado, una y otra vez, por quienes contrajeron, tanto a nivel nacional como internacional, la responsabilidad de este proyecto. Cierto que la corta vida de ARAC se ha visto afectada por liderazgos, la inexistencia de fondos y apoyo institucional. Esta situación, entre otras, generó la disolución de algunas de sus principales redes y creó dinámicas negativas.

Pienso que en un futuro ARAC debe apostar por estructuras organizativas y de dirección más creativas, transversales y democráticas, que frenen la voluntad de liderazgo que tanto daño le ha causado. Pienso en modelo organizativo donde los roles de dirección cada cierto tiempo se roten entre los diferentes grupos y líder@s que integran esta organización. Lo cual nos permita explorar nuevas tácticas de fortalecimiento de las capacidades ciudadanas en la población afrocubana, escuchar sus demandas y problemáticas locales. Las cuales no son las mismas ni se manifiestan del mismo modo en Guantánamo, Santiago de Cuba, Matanzas, Santa Clara como en La Habana.

Y es que las atípicas condiciones políticas, sociales, históricas y económicas de Cuba han generado un modelo de activismo antirracista también atípico. De liderazgos y acciones des-localizadas, centradas o visibles solamente en la capital del país. Fundamentalmente en los ámbitos intelectuales, académicos y en esfera pública de la blogosfera donde este ha sido más fuerte y sostenido. Esto último constituye una verdadera ironía en un país que, como se ha reconocido por estudios internacionales, tiene uno de los índices más bajos de conectividad a internet en el mundo.

También dentro de la primera de las vertientes políticas que mencionaba unos párrafos arriba existe un activismo enfocado en una voluntad de un diálogo con el Estado y entidades internacionales. Se trata de una demanda que ha encontrado oídos sordos y consumido muchas energías. Al tiempo que ha suscitado tensiones entre los activistas que todavía aspiran a realizar su labor con el respaldo y reconocimiento oficial del Estado y el Partido (heterónomos) y los que cansando de esperar por ese momento continúan adelante (autónomos). La confluencia de estas dos lugares de enunciación autónomos (sociedad civil) y heterónomos (activismo oficialista) dentro del Movimiento Afrocubano no cesa de  generar tensiones y disensos en un país donde hace apenas quince años el término sociedad civil sonaba a herejía política.

Todas estas problemática se dirimen al interior de organización como ARAC y ha generado una desconexión entre los lider@s  del Movimiento y la gente de a pie.

A pesar de todo esto el Movimiento Antirracista Afrocubano no ha retrocedido: sus principales ganancias entre las que figuran sus narrativas de justica social y sus decisivas contribuciones a los procesos de configuración de identidad racial que han sido la razón de ser  movimiento: están ahí, no se han perdido.

Dos cosas me llaman poderosamente la atención en este Movimiento. Una, la rapidez con que sus integrantes han evolucionado y refinado su discurso emancipatorio. Y su capacidad para reorganizarse y movilizarse. A veces basta un evento, una denuncia para salir a la esfera pública con nuevos bríos.

Cuba en la actualidad vive procesos de cambios sociales, políticos y económicos muy fuertes. (La transición política prevista para el 19 de abril, la emergencia de un neocapitalismo, la anunciada reforma constitucional, etc.). En esta coyuntura la población afrodescendiente continúa relegada a espacios de desventajas y vulnerabilidad. Estamos obligados a un análisis del nuevo contexto (¿cuál es?, ¿cuál será nuestro proyecto?) Lo que precisa de un diagnóstico lucido.

Pero no se debe ser negligente como cuando se nos convoca a la búsqueda de un consenso, la aprobación o firma de un documento, una estrategia que nos extraviamos en discusiones bizantinas, tautologías o esperar el momento oportuno que nunca llega. Esa cautela excesiva (con que disfrazamos nuestro miedo a lo “políticamente incorrecto” o a cualquier torpeza que pueda desatar las furias de los “arriba” y causar la muerte del Movimiento) ha sido uno de los talones de Aquiles en el liderazgo del activismo cubano ejercido desde los espacios de relativa y cuestionada autonomía de la sociedad civil. Tales temores no son infundados. Tienen sus orígenes en nuestra vulnerable investidura, que nos ha obligado siempre a cabalgar sobre el filo de una navaja, asediado por tempestuosas sospechas y suspicacias políticas sobre nuestra labor.

Por último, me pregunto: ¿Cuánto podrían aportar el liderazgo de los jóvenes que desde la cultura hip hop, la poesía hablada y otros ámbitos trabajan por la justicia racial? El revelo generacional es algo que se impone. Y hay que empezar a trabajar con ellos, dotarlo de visibilidad y legitimidad tanto nacional como internacional dentro del Movimiento.

Como dice en mi barrio: hay que darle agua al dominó.

Tomado de Afromodernidades

Foto de portada: Amilcar Ortiz

Negracubana, sin financiamiento pero con la mente clara

Por Siro Cuartel,

Lo peor de hacer filias es compartir la basura. Digamos “basura” por no decir algo peor. Dicho esto, aclaro, que yo en mi sano juicio, por irle en contra a quien nació en mi corazón en contra, no compartiría un post de quien a menudo intenta convencernos de que, en materia de luchas de izquierda, exilio en Miami, nuevo orden en Cuba, y otras ramas parecidas del conocimiento, se las sabe todas. Porque uno debe saber su lugar… digamos: Sandra, jamás intentaría poner su criterio sobre mí en ciertas cosas, como yo tampoco intentaría hacer lo mismo en otras en las cuales ella es una absoluta experta. Llegado a este punto le recuerdo a Yadira Escobar aquello de Ralph Waldo Emerson: “ni yo llevo los bosques a la espalda, ni usted puede, mi señora, cascar nueces” O este otro más “cubano”: Zapatero… ¡a sus zapatos!

Probablemente la Negra Cubana ahora mismo, dicho en castellano, se esté jamando un cable por luchar por lo que cree. Tiene tres trabajos, y tiene además, tiempo para aclarar ciertas cosas haciendo su activismo en las redes sociales.

La primera vez que “tropezamos” – y esta será la primera de las dos anécdotas que voy a contarles – se debatía sobre sexismo en la nueva imagen de la cerveza Bucanero.  Dos fogosas mulatas le flanqueaban los costados a un blanco mancebo que sostenía sobre sus hombros creo que una botella de cerveza, e invitaba a todos – mulatas también – a tener “fiesta”. Sandra, recuerdo, no estaba de acuerdo con el uso de la imagen de la mujer – ¡imagínense si estaría de acuerdo con que fuese mulata! – y yo le argumentaba que ella hacía crisis, que incluso bien pudieran ser dos trigueñas, muy trigueñas… o que el autor del diseño bien pudo haber usado dos rubias, o no usar ninguna mujer. Pero hablábamos de un producto. Y un producto se vende. O no se vende. Y para venderlo todo vale.

Probablemente, la culpa de todo esto no la tenga ninguno de los que actualmente vivimos. Durante años, que yo recuerde, la política de promoción turística en Cuba basó sus estrategias en la mulata, el ron, Varadero, y la música; y por más que promocionamos Varadero, playas bellas hay en todo el mundo. Así que para hacer funcionar la maquinaria se necesitaban – se necesitan – otros códigos; y por supuesto, códigos que funcionen.

Se desgañitaban nuestros más encumbrados políticos en cuanta tarima se encaramasen para defender la idea de que en Cuba no existía prostitución (a pesar del jardín de flores en toda Quinta Avenida) y nuestros diseñadores de productos turísticos no dejaban mulata sin cabeza en cuanto poster tuvieran que diseñar. Mulatas sudorosas, en poses de S, boca semi abierta o riendo, mostrando unos dientes bien blancos… ¿Qué significa? Yo lo digo: SEXO SEGURO. Y garantizado. Con salud además. ¡Y gratis para todos!

De ahí de la costumbre, de verlo a diario, casi que lo vemos como normal. Nuestros ojos. Nuestros ojos.

Sandra, si me equivoco, corrígeme.

Bien, les cuento la segunda anécdota. Y no es que sea una anécdota que explique a rajatabla lo que pudiera ser una variante inglesa del “Negro, ¿tú eres sueco?” No. No lo es, pero nos da una idea de ciertas cosas.

Llegaba yo a la Universidad con mi inglés rudimentario, y sabía perfectamente que cat es gato, dog es perro, y rain es lluvia. Así que la primera ocasión en que vi aquella frase de “It is raining cats and dogs” a mi mente, JAMÁS, llegó la luz. Estaba cayendo delante de mis ojos “tremendo palo de agua” y yo no me daba cuenta. Igual me sucedió con “The gray mare is the better horse” Porque no, Elías, las palabras no funcionan igual donde quiera. Hay frases que no pueden “traducirse”.

Probablemente en Auschwitz, (no lo sé yo, no lo sabes tú) sea una ofensa pedirle a alguien que te acompañe a visitar un campo de concentración. De sobra conoces todo el dolor que trae a la memoria del pueblo polaco la simple mención de esta “palabra”. Y tal vez tú, turista, un día, si algún día la visitas,  se te ocurra decirle a un polaco: “¿Nos vamos de visita a un campo de concentración?” o… “¿Nos vamos a Auschwitz?” o… “¿Me llevas a Auschwitz?” Y el hombre piense que tú, te estás cagando en su madre. Y tú, no lo sepas.

Tomado de Xloclaro

Changó, protege a los activistas

Por Roberto Zurbano

Hoy celebramos a Changó, orisha guerrero, quinto Alafin de Oyó, a quien se recuerda en buena parte del mundo por su valentía y entrega. Tuvo 50 hijos y miles de descendientes y ahijados. Siempre iba delante de su ejército y él mismo iniciaba los combates. Cuerpo y alma de guerrero incendiado por la pasión y el deber, desataba rayos y centellas a su alrededor. Eso somos los activistas, guerreros en un nuevo sentido pues no buscamos la guerra sino la paz, la union, la igualdad y la dignidad de nuestra gente oprimida. Ojalá el sentido de nuestro activismo sea como el fuego de Changó: justiciero e iluminador de conciencias en este camino por la emancipación de la Humanidad.

El activismo es un esfuerzo responsable en bien de una comunidad grande o pequeña, surge de una necesidad colectiva. El activista es un trabajador social con vocación revolucionaria, su claridad ideológica define y defiende un proyecto de dignificación social en cualquier espacio y tiempo difíciles. Es un trabajador de la esperanza, piensa y actúa con y para los demas. Sabe y quiere estar en el lugar del sufrimiento social. Sabe escuchar, dar la mano, aprender, convencer, proponer y avanzar. Conoce el precio de un abrazo, el color del desamparo y el rostro del fracaso y la decepción, no solo sueña el futura sino que trata de arreglar el presente, reconoce el pasado y se ubica en el ahora mismo de la vida de nuestra comunidad y nación. Son oreja, lengua, ojos y cabeza de la comunidad. y también somos un dedo de su mano colectiva. Somos parte útil y consciente de nuestras comunidades. Nos gusta servir.

El activismo produce muchas angustias, miedos, incomprensiones y desgastes; pero también genera solidaridad, saberes nuevos y muchas pequeñas alegrías compartidas. Cuando nos parezca un camino solitario y lleno de obstáculos, el tener conciencia de toda la gente que te acompaña, te merece y te enseña, nos ayuda mucho porque estimula y fortalece. entonces el camino del activismo se vuelve mas profundo y diverso. El activismo es dar para recibir en un mundo de muchos tipos de pobreza. Es abrazar una causa que nos haga crecer juntos, que cure las heridas en colectivo y nos obligue a ejercer la critica y la honestidad cada día. Un camino donde quienes van delante se preocupen por los que quedaron detras y sean capaces de regresar a ayudarlos. Así nos vamos conociendo mejor, respetando mas sabiendo lo que mejor sabe hacer cada cual, asi como el valor de cada uno en la mision colectiva que es el activismo.

Este 4 de diciembre es un buen dia para felicitarnos y para que no nos abandone el fuego de Changó, que es el fuego de la justicia. Changó, protégenos con tu fuego de la incomprensión, del egoísmo, de la envidia, de la traición y de la desunión. déjanos saber todos los días que nuestra batalla es una sola y siempre en colectivo, es luchar por todos los condenados de la Tierra. Kabiosile, Changó. Hermanos y activistas de todos los países: Uníos!!

Roberto Zurbano, desde el norte revuelto y brutal, pero también solidario y sufriente.”

Foto tomada de Cibercuba

Paso al cliente: solo si es rey, solo si es King

Por Norge Espinosa

A propósito del publirreportaje sobre el King Bar que salió publicado en Oncuba, el pasado 14 de septiembre.

La nota con la cual OnCuba, una de las publicaciones virtuales más leídas del país, celebra la existencia del KingBar, es uno de los ejemplos más flagrantes de ese periodismo interesado que nos acosará cada vez con mayor fuerza. Dictada evidentemente desde una tendenciosidad que disimula sus verdaderas intenciones en el elogio desmesurado al restaurante bar que hace unos meses desató polémicas por la homofobia que sus dueños ejercen ante la clientela que se acerca al sitio, planea ocultar parte de ese resquemor, y en ese afán, los párrafos de Cecilia Crespo se empeñan en lavar la imagen sombría que en aquella noche del 27 de junio recibieron, en la entrada misma, los activistas del Proyecto Arcoiris que intentaron esperar en ese recinto el Día del Orgullo Gay. La discusión allí sostenida sacó a flote lo que se sospechaba: sus dueños, haciendo uso de un “derecho de admisión” que en realidad es un acto discriminatorio del modo en que lo ejercen, prohibieron la entrada a los activistas, apelaron a voz en cuello al Cenesex como punto de apoyo de tal actitud, y se convirtieron en barrera infranqueable que solo dejaba pasar a quienes, por su aspecto personal o posibilidades económicas, puedan acceder según sus criterios a tal monárquico negocio.

Un texto que escribí sobre el tema se divulgó en las redes, y pasó de teléfono a teléfono, despertando criterios y anécdotas que confirmaban nuestros reclamos ante los que regentean el KingBar, que se reconocen homosexuales pero niegan a su clientela gay gestos y conductas que les permitan expresar libremente sus afectos. Lo que redacté fue la punta del iceberg, y el repaso a todo lo que afloró tras ese acontecimiento apunta a cuestiones mayores que el KingBar, en sí mismo, deja ver como síntomas de esa otra Cuba donde el dinero y el conservadurismo que tal elemento impone se irán sintiendo como un impulso nada benefactor. Esa Cuba ya está aquí, y hay quienes, desde ese horizonte, ya dictan morales, normas, parámetros, con los cuales juzgan a las personas, valorizándolas apenas en función de lo que les interesa obtener de ellas. El KingBar (cuyo logo nada original, pese a los elogios de la despistada redactora de OnCuba, y que no “acaba de nacer”, pues ya lleva un tiempo considerable abierto) se proclama gay friendly, cuando en realidad es parte de esa maniobra de lavado, de pinkwashing, que aspira a un homosexual que valga lo que pague, y no lo que diga abiertamente en un país donde la memoria de la historia sexuada no puede perder relación con batallas y conflictos que, pese a los avances tímidos en ciertos aspectos, sigue en pie. El turismo gay ya anuncia a Cuba como nuevo escenario. El artículo de OnCuba aspira a que el KingBar ya esté en ese paisaje, sin mencionar otros sitios donde homosexuales, lesbianas, y gente de cualquier condición y gusto, pueda sentirse a gusto sin tener que soportar la mirada reprobatoria del portero.

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Apena que OnCuba, atrevida en otras zonas de análisis crítico sobre la realidad cubana, se haya prestado para tal disimulo. No falta quien sospecha que se trata de un artículo pagado: allá OnCuba y su conciencia al respecto, cosa que no me interesa. No pienso recomendar el sitio, mucho menos ahora, a quienes quieran probar esos platos deliciosos que ella anuncia, aunque no me parece que ninguno sea tan exclusivo de ese menú como quieren vendernos, ni mucho menos celebrar mi cumpleaños a golpe de conga, como en tantos otros sitios de escasa originalidad, de acuerdo a lo que aquí se anuncia. Ni allí, ni en ningún sitio donde lo que vale sea el simple precio del cliente, el dinero con el cual valoramos a quien venga a la puerta, la mercancía que somos bajo esta clase de mascaradas. Da vergüenza. Los homosexuales y lesbianas de la Isla, los transexuales, los queers, blancos, negros, que nos reconocemos como parte del mapa de esta nueva Cuba, deberíamos ser más consecuentes con nuestra tradición, y la verdad de nuestros deseos y nuestros cuerpos, y combatir todo esto. Cecilia Crespo habla del KingBar como quien refiere una visita al Paraíso, y va de un lugar común a otro con la prosapia de quien quiere vendernos una nueva clase de detergente. Porque eso intenta: lavar esa imagen lamentable que el KingBar intenta escamotearnos, en una ciudad donde ya la competencia existe y donde uno puede, a Dios gracias, elegir dónde gastar el dinero que se ha ahorrado para sentirse mejor. Y sobre todo, no discriminado.

El KingBar es un sitio donde el cliente es rey, dice la redactora de este texto, acaso abrumada tras haber comido y bebido tantas maravillas como las que nos enumera en su elogio a tan poca cosa. Le concedo eso: solo el rey es cliente. El príncipe y no el mendigo. La realeza y no las personas. Nos vende un paseo por un Versalles de cartón, con esculturas monumentales y logotipo de escasa sutileza sexual, flamenco y congas cumpleañeras: una carroza del carnaval detenida en una esquina del Vedado. Yo, que elijo la calle y la cacería, ya tenía esa esquina marcada como un punto de La Habana que no necesito. Como no necesito esta página de OnCuba. Tal vez, ni siquiera a OnCuba. Porque en espejos como este, puedo encontrar cualquier cosa menos mi rostro.

Naderías de hoy

Por Laidi Fernández de Juan

Le hizo lo que le hizo y ella se puso como se puso, por lo cual ella tuvo que responder como respondió, y todo acabó como acabó, porque él no se podía quedar como se quedó, ni ella dejar de decir lo que  dijo, y por eso cuando llegó la policía pasó lo que pasó, y los vecinos se escondieron como se escondieron, mientras ella gritaba como gritaba y los niños corrieron como corrieron y el gobierno se hizo como el que hacía, pero todos supieron que no pasaría nada, y que de nuevo él haría lo que haría, y ella iba a quedar como iba a quedar, porque siempre ha sido tan igual como ha sido siempre.

(Gran Premio del Concurso Internacional de Minicuentos “El Dinosaurio”, impulsado por el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso).

Tomado de Asamblea Feminista

Foto de portada: Liborio Noval. Tomada de La Jiribilla