Convocatoria: I Taller Internacional “Diversidad afroamericana: estrategias educativas, culturales y comunicacionales para la lucha anticolonial”

La más trascendente batalla anticolonial de los pueblos de Afroamérica tiene lugar en el terreno de la cultura, porque el sistema de dominación capitalista ha operado durante 500 años para que codifiquemos, de mil maneras, nuestra condición subalterna.

Comprometida con la emancipación definitiva de nuestros pueblos, la Casa de las Américas convoca al I Taller Internacional “Diversidad afroamericana: estrategias educativas, culturales y comunicacionales para la lucha anticolonial”, cuyas sesiones tendrán lugar desde el 16 hasta el 19 de junio de 2020.
Esta actividad participativa convoca a docentes, promotores culturales, líderes barriales, comunicadores sociales y académicos para desarrollar talleres interculturales, muestras y presentaciones de libros, proyección de audiovisuales, exhibición de posters y encuentros profesionales.

El Primer Taller aspira a socializar experiencias prácticas, desarrolladas en diferentes territorios de Afroamérica para combatir los racismos epistémicos y las discriminaciones de todo tipo. En cumplimiento de este objetivo, se examinarán métodos, vías y formas de lucha contra herencias coloniales asociadas a: colores de la piel, géneros, filiaciones culturales, lenguas y origen territorial, entre otros ejes de enfrentamiento al capitalismo y sus estrategias de dominación.
Las actividades formativas de este Taller tendrán en cuenta los siguientes temas:

  • Reescrituras y relecturas de las historias “universal” y afroamericana.
  • La lengua y el lenguaje como territorios de dominio y reproducción de la cultura colonial.
  • La inferiorización e invisibilización de lo negro en los textos escolares y la literatura de ficción en Afroamérica.
  • Literatura y arte frente a los racismos y las discriminaciones.
  • Se prefieren claras… las pieles. Desafiar al endorracismo y el colorismo.
  • ¿Liso, rizado, afro? Conciencia racial y contradicciones de la estética afro.
  • Mujeres a mitad de camino. Conquistas, avances y retos del afrofeminismo americano.
  • El imaginario moderno colonial en la industria del cine.
  • Las y los afrodescendientes en la arquitectura y el arte monumentario de Nuestra América.
  • Activismo, autocuidado y sostenibilidad.
  • Iniciativas ciudadanas y emprendimientos comunitarios.
  • Medios y estrategias para asegurar la sostenibilidad de los discursos contra hegemónicos en el siglo XXI.
  • En la alianza está la fuerza. Buenas prácticas para el establecimiento de redes en la lucha antirracista.

El plazo de inscripción se extenderá hasta el 10 de marzo del propio año. La cuota establecida es de 50.00 CUP (pesos cubanos) para los nacionales y 50.00 USD (dólares) para los extranjeros.

Zuleica Romay Guerra
Directora del Programa de Estudios sobre Afroamérica
Casa de las Américas

3ª y G, El Vedado, La Habana, Cuba. CP. 10 400. Telfs.: (53) 78382699 y (53) 7838-2706/09, extensión 129. Fax: (53) 7834-4554
afroamerica@casa.cult.cu | casa@casa.cult.cu | http://www.casadelasamericas.org | http://laventana.casa.cult.cu

Foto: nappy from Pexels

Afrocubanas

Afrocubanas de cara a la violencia simbólica

Dentro del panorama del activismo en Cuba sobresale la lucha contra la violencia de género[1]. Pero ¿Qué sucede con otras manifestaciones de violencia machista[2], no tan duras como el maltrato físico o la cara más extrema del problema, que es el feminicidio? ¿Qué pasa con la violencia simbólica? ¿Qué otras actitudes discriminatorias tienen en su base también la violencia simbólica contra las mujeres? ¿Qué pasa en el caso de las mujeres negras, las que, como sabemos, viven una doble opresión: como mujeres y como negras?

No por subjetiva, la violencia simbólica deja de ser menos importante. Si bien es cierto que los golpes y el abuso sexual constituyen manifestaciones más visibles, aparatosas, constatables y directas de la violencia de género, aquella que se ejerce de manera indirecta, sutil y subrepticia también debería ocupar nuestra atención.

Desde la estructura se replica la opresión y la marginalización de determinados grupos sociales y sus individuos. Tal pareciera que fuese un proceso natural, sin embargo, no lo es. La sociedad, sus instituciones, el imaginario social, las actitudes, pensamientos, creencias, estereotipos, etc., ofrecen un caldo de cultivo para que la violencia simbólica se exprese y se reproduzca aparentemente de manera natural.

Precisamente, debido al carácter silencioso de la violencia simbólica, a la naturalización que generalmente le acompaña y a la sofisticación con que opera, es que resulta necesario descubrir los mecanismos que la soportan.

La invisibilización de determinados sectores de la sociedad es parte de la violencia simbólica. En este caso se encontrarían, por ejemplo, las mujeres negras. La violencia simbólica y el racismo confluyen en el concepto más actual de la “misoginoir”. Y justo en esa lucha se enfocó el grupo Afrocubanas, que fue pionero en el país hasta su cierre en marzo de 2019.

Violencia simbólica, racismo y misoginoir

La violencia simbólica intenta legitimar, a golpe de estereotipos, creencias, prejuicios, actitudes, etc., que unos individuos son menos humanos que otros.

De esta manera, todo lo que no sea cisheterosexual[3] y blanco es ubicado en la periferia de la escala de valores y por tanto del poder. Imaginémoslo como círculos concéntricos: en el más pequeño de ellos, o sea en el centro, estaría la heteronormatividad blanca masculina, los cisgéneros y el biniarismo, lo que constituye la base del cisheteropatriarcado[4]. Mientras más nos alejamos del centro aparecen otras identidades de géneros: trans, no binarias, no conformes al género, agéneros, etc. Lo anterior se complejiza cuando aparecen otros elementos como pueden ser la identidad racial, la identidad sexual, la edad, la clase social, el acceso a los recursos, la procedencia, la migración, etc. En la práctica esto se traduce la superposición de las opresiones que viven los individuos que son excluidos de la sociedad y del poder.

El cisheteropatriarcado, además de sexista y misógino, es racista. En él se vinculan con frecuencia los cuerpos negros a la hipersexualización, especialmente a las mujeres negras y afrodescendientes. En la base se encuentra la creencia de que negritud y los sujetos negros están más cerca de los primates y, por tanto, de la naturaleza. Siendo concebida la sexualidad como un resultado de los instintos, a pesar su carácter cultural, es usual que se piense que las personas negras tenemos mejor desempeño sexual.

Además, en Cuba la discriminación racial se apoya recurrentemente en la violencia simbólica. Es muy poco probable que a alguien lo linchen en la calle por su color de piel, sin embargo sí se puede ser objeto de bullying o discriminación en el ámbito laboral, por solo citar dos ejemplos.

En la complejidad de la interseccionalidad que supone ser mujer y ser negra en Cuba destaca cómo ellas son representadas y también la invisibilización de la vida y obra de estas mujeres.

La misoginoir[5], término acuñado en 2010 por la académica afrofeminista estadounidense Moya Bailey, se refiere a la misoginia hacia las mujeres negras, o sea, los prejuicios, el rechazo, la violencia hacia ella, una buena parte de la cual es simbólica pues transcurre en el plano de las ideas, las creencias, las representaciones, etc.

En la creación de Afrocubanas participaron intelectuales, artistas y activistas, algunos hombres, con trayectoria en el antirracismo, el feminismo y la equidad de género en Cuba.

Foto: Cortesía de Sandra Abd´Allah-Alvarez Ramírez

Afrocubanas contra la violencia simbólica y por la visibilización de sí mismas.

El Grupo Afrocubanas ha sido la iniciativa activista que trabajó con mayor sistematicidad por la visibilización de la mujer negra y en contra de la violencia simbólica racista y el misoginoir.  Siete años de labor ininterrumpida allanaron el camino para desvelar cómo la violencia simbólica hace parte de nuestras vidas cotidianas.

Afrocubanas fue fundado en el año 2012[6], a partir del impacto de un proyecto digital, el blog homónimo, y en estrecho vínculo con la aparición de un libro, Afrocubanas. Historia pensamiento y prácticas culturales[7], que derivó en la creación del grupo de trabajo de mujeres afrodescendientes cubanas.

El libro Afrocubanas, una idea original de la escritora Daysi Rubiera, quien invitó a Inés María Martiatu a trabajar conjuntamente en la compilación; se propuso sistematizar la producción intelectual y cultural de mujeres afrocubanas, con la intención de darles voz, lo cual constituye una manera de luchar contra la violencia simbólica que implica la invisibilidad.

El volumen fue el primero escrito por mujeres cubanas afrodescendientes y para ellas mismas. En él, se presentan las obras y vidas de notables intelectuales afrocubanas, reunidas en tres partes: historia, pensamiento y prácticas culturales. Son 408 folios que nos acercan a zonas poco tratadas o desconocidas de la historia y cultura nacionales.

En la literatura, en la poesía, la narrativa, los testimonios, se ha estereotipado tanto, y a veces maltratado, la imagen de las mujeres negras en discursos articulados por el “otro”. Aquí tratamos de que estos discursos sean los nuestros. Que se escuche   nuestra propia voz. De este modo, considero que está muy bien justificado que la identidad racial y el género sean motivos para el estudio y la selección para este libro[8].

Por otro lado, en la creación de Afrocubanas participaron las intelectuales, artistas y activistas Inés María MartiatuDaysi Rubiera Castillo, Sandra Abd´Allah-Álvarez Ramírez, Carmen GonzálezPaulina Márquez. Luego se incorporaron otras muchas mujeres. También fueron acompañadas por un par de hombres, en todos los casos personas con trayectoria en el antirracismo, el feminismo y la equidad de género en Cuba.

La primera reunión abierta del Grupo se realizó en casa de Daysi Rubiera en el marco de su 75 cumpleaños, el 15 de junio de 2012.

Cuatro meses antes se habría celebrado el cumpleaños de Inés María Martiatu y la salida del libro Afrocubanas, el cual sería presentado en el Centro Loynaz, el 11 de febrero de 2012. En ese ambiente fue sembrada la semilla de lo que luego sería el grupo.

Queridas amigas:

Estamos organizando un encuentro con las que participamos en la creación del libro, afrocubanas. Eso es por nuestra cuenta en el Vedado en casa de una amiga de Daisy. Será el día 2 de febrero a las 4 de la tarde. Les enviaré la dirección exacta. También es mi cumpleaños 70!!!!!! Cómo se va el tiempo. (…)

El lanzamiento oficial se mantiene el 11.

Espero que estemos juntas ese día.

Un beso.

Lalita[9]

En aquella primera reunión realizada en casa de Daysi Rubiera, que significó la presentación en público del Grupo, estuvieron presentes Irene Esther Ruiz, Magia López Cabrera, Paulina Márquez, Irasema Laferté, Inés María Martiatu, Carmen González, Deyni Terry Abreu, Eusebia Betancourt Pusan, Coralia Hernández y Tomasito Fernández Robaina[10].

Dentro de los objetivos iniciales estuvo continuar visibilizando los aportes de las mujeres negras y mestizas a la historia y cultura nacionales, estudiar a las afro-latinoamericanas y su labor dentro del movimiento de mujeres. Además se propusieron fundar un sello editorial. En palabras de Daysi Rubiera:

Sus objetivos debían fundamentar su creación, entre ellos: sacar a la luz el aporte de las mujeres negras cubanas en la historia de nuestro país, contribuir al desmontaje de los estereotipos negativos, racistas y sexistas que habían venido (y vienen) circulando históricamente sobre ellas y nosotras, aportar a la historiografía cubana nuevas e interesantes investigaciones relacionadas con ellas e, incorporarnos al debate que sobre la problemática racial se estaba llevando a cabo[11].

El Directorio de Afrocubanas nació en el contexto de dicho grupo, ante la necesidad de continuar rompiendo el silencio acerca de la vida y obra de las mujeres afrodescendientes cubanas. En un inicio fue una página de la bitácora Negra cubana tenía que ser hasta que en 2016 logró situarse como una web propia. En el mismo se agrupan, hasta el momento, aproximadamente 400 fichas de afrocubanas (nacidas y no en Cuba) que desempeñan en varias esferas de la vida profesional, social, política, etc.

Primera reunión de Afrocubanas. Anselma Betancourt Pusan, Sandra Abd´Allah-Alvarez Ramírez e Irene Esther Ruiz Narváez en casa de Daysi Rubiera Castillo.

Foto: Sahily Borrero

Sin duda alguna, una parte importante del legado del Grupo Afrocubanas ha sido estimular el debate desde las ciencias sociales de determinados problemas, entre ellos la violencia de género. En este sentido, se realizó trimestralmente y durante aproximadamente seis años la tertulia Reyita, coordinada por la propia Rubiera y por la académica Yulexis Almeida Junco.

Desde el inicio la preocupación por la violencia de género quedó plasmada en la agenda del Grupo. La tertulia realizada en noviembre del 2013 intitulada “La discriminación racial otra forma de violencia de género” es un ejemplo de lo anterior[12]. Del mismo modo, la reproducción de los estereotipos racistas en la familia cubana fue otros de los asuntos sobre los cuales reflexionó este espacio de debate feminista-antirracista.

Una área de trabajo específica de Afrocubanas fue revelar la representación de las mujeres negras en la publicidad y en los medios de comunicación, la cual es estereotipada, cosificada, reduccionista, estigmatizada, etc. La investigadora y activista Irene Esther Ruiz Narváez ha contribuido de manera sobresaliente a que hoy podamos contar con estudios en esa área, sobre las mujeres negras en la televisión y luego sobre el rol de las mujeres en el deporte.

Aprovechamos todos los espacios a nuestro alcance para incorporar temas relacionados con las mujeres negras cubanas en programas de mucha audiencia en la radio y la televisión de alcance provincial y nacional. Transmisiones con un significativo impacto en la radioescucha y teleaudiencia expresado por medio de las múltiples llamadas telefónicas a esos medios, agradeciendo la información brindada y solicitando el mantenimiento de los mismos. Sistematicidad que por causas ajenas a nuestra voluntad no se ha logrado, pero que seguimos insistiendo en ello[13].

La tertulia Reyita también abordó en una oportunidad la violencia simbólica presente en spots televisivos, telenovelas y videos clips cubanos.

Por su parte, la sección Observatorio de Medios de la bitácora Negra cubana tenía que ser publicó de manera regular denuncias y artículos acerca de la representación estereotipada de las mujeres negras.

Emergiendo del silencio: mujeres negras en la historia de Cuba (Editorial Ciencias Sociales, 2016) fue el segundo volumen del grupo Afrocubanas, con el cual se recuperaron figuras que forman parte de la historia y culturas nacionales pero que han sido frecuentemente olvidadas.

Con el mensaje que enviase Daysi Rubiera Castillo en marzo del 2019, donde anunciaba la disolución del grupo Afrocubanas, concluía una de las iniciativas antirracistas y feministas más importante de Cuba, la cual sin duda realizó contribuciones fundamentales al desarrollo del movimiento antirracista cubano, sobre todo relacionado con propiciar la inclusión de las mujeres afrodescendientes. (2019)

Notas:

[1] Violencia ejercida contra las mujeres cis, mujeres trans, cuerpos feminizados o leídos como femeninos, por la única razón de ser personas leídas como “mujeres”.

[2] En esta monografía, violencia de género y violencia machista son usados como sinónimos.

[3] El prefijo “cis” hace mención a todo lo que no es trans, o sea, a la correspondencia entre la identidad sexual y la identidad de género, o para decirlo de otro modo, entre el sexo asignado al nacer a partir de la observación de los genitales y la identidad de género de la persona en cuestión.

[4] El término “cistheteropatriarcado” se refiere al sistema político-social que está regido por la heterosexualidad y la cisnorma; por tanto el género masculino y la heterosexualidad son parte de la supremacía. El cisheteropatriarcado subordina tanto a mujeres como a las personas LGBTA.

[5] Del inglés misogynoir y éste de misogynymisoginia, y el francés noir, negro.

[6] Sandra Abd´Allah-Alvarez Ramírez: “Mujeres afrodescendientes cubanas: Unídas!”, en Negra cubana tenía que ser. Disponible en https://negracubanateniaqueser.com/2012/06/28/mujeres-afrodescendientes-de-cuba-unidas/. Consultado el 17 de noviembre de 2019.

[7] Daysi Rubiera Castillo e Inés Mara martiatu Terry (comp.): Afrocubanas. Historia pensamiento y prácticas culturales (Editorial Ciencias Sociales 2011).

[8] Sandra Abd´Allah-Alvarez Ramírez: Las afrocubanas ya tienen su libro. Entrevista a las autoras en Cubaliteraria. Disponible en http://www.cubaliteraria.cu/articulo.php?idarticulo=13938&idseccion=43. Consultado el 14 de noviembre de 2019.

[9] Inés María Martiatu Terry: Comunicación personal con la autora. 19 de enero de 2012.

[10] Sandra Abd´Allah-Alvarez Ramírez: “Mujeres afrodescendientes cubanas: Unídas!”, en Negra  cubana tenía que ser. Disponible en https://negracubanateniaqueser.com/2012/06/28/mujeres-afrodescendientes-de-cuba-unidas/. Consultado el 17 de noviembre de 2019.

[11] Daysi Rubiera: Daysi Rubiera: “Afrocubanas es una actitud ante la vida”, en Negra cubana tenía que ser. Disponible en https://negracubanateniaqueser.com/2018/10/09/daysi-rubiera-afrocubanas-es-una-actitud-ante-la-vida/. Consultado el 14 de noviembre de 2019.

[12] Grupo Afrocubanas: “Convocatoria: Tertulia Reyita. La discriminación racial otra forma de violencia de género”, en Negra cubana tenía que ser. Disponible en https://negracubanateniaqueser.com/2013/11/27/convocatoria-tertulia-reyita-la-discriminacion-racial-otra-forma-de-violencia-de-genero/. Consultado el 14 de noviembre de 2019.

[13] Daysi Rubiera: Daysi Rubiera: “Afrocubanas es una actitud ante la vida”, en Negra cubana tenía que ser. Disponible en https://negracubanateniaqueser.com/2018/10/09/daysi-rubiera-afrocubanas-es-una-actitud-ante-la-vida/. Consultado el 14 de noviembre de 2019.

Publicado en IPS. La Habana, diciembre 2019.

 

Tomás Fernández Robaina: Permiso para opinar

Por: Tomás Fernández Robaina

Los que desde hace años batallamos y demandamos a nuestro Estado y Gobierno, la conveniencia y beneficiosa implantación de políticas y programas particulares para eliminar la histórica desigualdad educacional, social, económica de la población negra en Cuba, aplaudimos con optimismo, el anuncio oficial hecho por nuestro Presidente, Manuel Díaz Canel. Él dirigirá y velará personalmente las medidas oficiales y sociales para luchar contra la discriminación y el prejuicio racial vigentes, como consecuencia de las limitadas acciones asumidas, desde 1959, por nuestras instituciones para enfrentar al racismo, no siempre solapado, pero no identificado como tal, por parte de los que diseñan las políticas educacionales y culturales en nuestra sociedad.

El texto de Roberto Zurbano, Bienvenido el permiso para ser antirracista es una sana y conveniente invitación para reflexionar, y no olvidar a quienes, durante la república, denunciaron y plantearon la problemática racial en Cuba, mucho antes de 1959. En ese caso estaría, entre otros, Juan Gualberto Gómez (1854-1933), Martin Morúa Delgado (1856-1910), Rafael Serra (1858-1909), Lino D’ou (1871-1939), Evaristo Estenos (1871-1912), Pedro Ivonet (¿-?), estos dos últimos fundadores del Partido Independiente de Color, Gustavo Urrutia (1881-1958), Fernando Ortiz (1881-1969), Ángel Cesar Pinto Albiot (1882-1952), Ramón Vasconcelos (1890-1967), Lidia Cabrera (1899-1991), Nicolás Guillen (1902-1989), Rómulo Lachatañeré(1909-1951), Alberto Arredondo (1912-1968), Gastón Baquero (1914-1997), Serafín Portuondo Linares (¿-?), Teodoro Díaz Fabelo (1914-?); y en particular quienes abordaron el tema en los inicios del proceso revolucionario, cuando no era muy bien visto hablar sobre ello, entre ellos Walterio Carbonell (1924-2008), Juan René Betancourt (1917-1976), Sixto Gastón Agüero (¿-?), y Carlos Moore (1942).

Los que posteriormente continuamos en esa dirección, lo concebimos con la convicción humanista y revolucionaria de hacer lo justo y necesario; combatir los prejuicios y las discriminaciones raciales, machistas, homofóbicas, de género y religiosas, así como visualizar más ampliamente la silenciada historia social, política y cultural de los africanos y de sus descendientes. La recién creada Comisión antirracista debe tener en cuenta nuestro diverso accionar y visualizar la injusta historia que hemos vivido para evitar la repetición de errores entre ellos el no haberse atendido nuestras históricas demandas y ser maltratados como si fuéramos enemigos del proceso por el cual también luchamos.

Por lo tanto, brindamos nuestro total apoyo a la Comisión supervisada por nuestro Presidente Díaz Canel, con la esperanza de que el trabajo a realizarse tenga en cuenta y se enriquezca con la experiencia acumulada por mujeres y hombres integrantes de los grupos Afrocubanas, Color Cubano, programa comunitario de la UNEAC, la Articulación Regional de Afrodescendientes de América y del Caribe (ARAAC). Igualmente debe tener en cuenta, los diferentes grupos actuales como: La Red Barrial de Afrocubanas, la Cofradía de la Negritud, el Club del Espendrú, Alianza de Unidad Racial, entre otros, enfrascados hacia el mismo objetivo.

Se desprende, en primer orden, por lo expresado en el párrafo anterior, la necesidad de reunirnos con el Presidente Díaz Canel, para expresarle nuestros criterios como activistas comunitarios y académicos antirracistas que trabajamos por el mejoramiento de nuestra sociedad. La creación de la Comisión es una señal certera del reconocimiento oficial de la existencia del problema y evidencia la disposición del gobierno de afrontarlo democráticamente con el objetivo de satisfacer nuestras históricas demandas.

Debemos lograr que se admire y se hable de nuestro país por todo lo logrado en la lucha contra el racismo, como se pondera en el presente la ayuda médica y educacional cubanas a nivel internacional.

Tomás Fernández Robaina, cada día más cimarrón.

Príncipe 109, barrio de Atarés, Municipio Cerro

26-11-19

Querida gente blanca: Gracias por entender

Querida gente blanca,

A ti que entiendes,
que intentas comprender aunque aún te cueste,
que pones tus privilegios encima de la mesa y te cuestionas el racismo estructural y la discriminación racial todo el tiempo,
que te es suficiente con que una persona negra te diga que el racismo antinegro existe para creértelo,
que no te crees el ombligo del mundo y, por tanto, no te sientes dolido cada vez que se habla de la hegemonía blanca racista,
que no intentas darle clases de historia a las personas negras,
que no pretendes hablar de racismo más que quienes lo viven en su propia piel,
que puedes discriminar entre racismo y discriminación racial,
que no crees que haya una sola historia, sino que sabes esta depende de quien la cuente y, hasta el momento, la cuentan los poderosos,
que sabes que el racismo es una estructura de opresión consustancial al patriarcado,
que no sale con las #whitetears en cuanto se abre el debate,
que no crees ni en el “racismo inverso”, ni el “racismo al revés” y mucho menos en el “racismo antiblanco”,
que no vienes a darme lecciones a mí, mujer negra que ha vivido el racismo, de cómo tengo que lidiar con él,
que no necesitas que otra persona blanca valide lo que una negra te ha explicado previamente,
que buscas artículos serios para fundamentar y no te vas con lo primero que te apareció en google, especialmente con la Wikipedia,
que tampoco cuentas que te dijeron “pomoeleche” una vez, porque sabes que en una sociedad racista todas las personas reproducen, de alguna manera, el prejuicio racial,
que no crees que hablar de racismo y antirracismo nos divida, sino que pone las cartas sobre la mesa y es la única vía de buscar soluciones,
que sabes que es un tema incómodo pero necesario,
a ti que escuchas, te solidarizas y luchas,

sinceramente MUCHAS GRACIAS.

Foto de portada: Girlan Xm

Tomasito siempre cimarrón

En el marco de la recien concluida Feria del Libro Cuba 2018, el Instituto Provincial del Libro de La Habana homenajeo al reconocido escritor  e investigador cubano Tomás Fernández Robaina.

La actividad se realizó el pasado 2 de febrero, en el Salón de Mayo del Pabellón Cuba. A la misma asistieron otras personalidades de las letras cubanas, así como músicos y activistas antirracistas, entre ellos Roberto Zurbano, Daysi Rubiera y Norma Guillard.

Fernández Robaina tiene en su haber libros muy importantes como El negro en Cuba, Apuntes para la historia de la discriminación racial  y Hablen Paleros y Santeros. Como bibliógrafo de la Biblioteca Nacional José Martí, Fernández Robaina ha sido parte de investigaciones trascendentales así como colaborado con otros investigadores. Al mismo tiempo, ha sido reconocido por su larga trayectoria dentro del activismo antirracista.

Censurado en Cuba video sobre Afrodescendencia

Este video fue censurado. Fue presentado a LUCAS, el programa televisivo más importante de video clips en la isla, y no pasó “el filtro”. Con ello no solo determina que no pueda presentarse en la televisión nacional, sino que también lo excluye de la competencia anual para determinar los mejores obras hechas en Cuba y/o por cubanxs.

El video de El Individuo (de Con100cia) y es una producción Guampara Music para el disco AfroRazones, que pertenece a un proyecto del mismo nombre.

Se me hace difícil encontrar las razones por las cuales una obra como esta, no puede competir en el único certamen de video clips que tiene el país. Me gustaría saber qué piensas tú que lees este post: por qué dirías que “Mi Raza” no puede ser ni televisado y tampoco concursar en los LUCAS.

 

El Movimiento Afrodescendiente Cubano: la reunión de Harvard

Un grupo de activistas del movimiento afrodescendiente cubano se reunió en la Universidad de Harvard el 14 y 15 de abril del 2017 para hacer un balance de la evolución del movimiento antirracista cubano, sus logros, limitaciones y desafíos de cara al futuro. El movimiento afrodescendiente cubano se ha ampliado desde su surgimiento en la década del noventa e incluye activistas que desarrollan su trabajo en diversas esferas. Entre las mismas se encuentran iniciativas comunitarias; proyectos culturales y artísticos; redes de colaboración con la participación de intelectuales y académicos; organizaciones que articulan demandas desde el lenguaje de los derechos ciudadanos y jurídicos; plataformas de diseminación de información sobre la lucha antirracista; así como representantes de organizaciones oficiales vinculadas a estos temas. La reunión acogió, además, a un grupo de empresarios afrocubanos que han logrado promover empresas en el sector privado emergente. Ello da cuenta no solo de la diversidad socioestructural de los/as participantes de este encuentro, sino además de la complejidad temática que pone en tensión cualquier capacidad de convocatoria.

La presencia de los activistas en una casa de altos estudios como la Universidad de Harvard obedece a una lógica muy simple: los movimientos sociales y culturales son productores de conocimientos que deben ser incluidos en los planes de enseñanza y los espacios académicos. Los activistas fueron a Harvard a compartir sus saberes y experiencias. El Instituto de Investigaciones Afrolatinoamericanas de la Universidad de Harvard, que organizó la reunión, ha realizado encuentros similares con otros sectores del movimiento afrodescendiente en América Latina, con idénticos propósitos. Estos encuentros forman parte de una agenda más general para implementar el primer objetivo del Decenio Internacional para los Afrodescendientes (2015- 2024) decretado por la Organización de Naciones Unidas: el reconocimiento. El re-conocimiento está indisolublemente ligado a una agenda educativa que propicia la articulación entre activismo afrodescendiente y las academias.

Los participantes tuvieron la oportunidad de visitar el Archivo y Centro de Investigaciones del Hip Hop y la Galería Cooper de Arte Africano y Afroamericano, donde pudieron ver la exposición Diago: los pasados de este presente afrocubano, del destacado artista cubano Juan Roberto Diago. El evento fue clausurado con un concierto de tambores batá en conmemoración por los ochenta años del memorable concierto de música sacra afrocubana organizado por

Fernando Ortiz en 1937. El concierto de clausura se hizo bajo la dirección musical de Yosvany Terry, director del grupo de jazz de la Universidad de Harvard.

La reunión. La agenda de trabajo de la reunión y su estructura temática fueron consensuadas en un largo proceso de consultas entre académicos y diversos actores del movimiento y estuvo precedida por varios encuentros y discusiones en Cuba. La misma estuvo inspirada en la creencia de que, durante los últimos veinte y cinco años, la sociedad cubana ha experimentado cambios importantes, los cuales tienen una incidencia directa en las luchas por la igualdad y la justicia raciales. Durante este periodo, las autoridades cubanas reconocieron que el racismo constituye un problema social importante y han dado pasos para propiciar su visibilidad y análisis. Los retos que el movimiento, la academia y las instituciones estatales enfrentan de cara a este tema son diferentes hoy a los de hace dos décadas. Por otra parte, la reunión no se propuso articular un plan de acción, una plataforma única, o nuevas estructuras organizativas. Respetamos y celebramos la diversidad de puntos de vista, acciones y contribuciones que enriquecen y definen al movimiento afrodescendiente cubano.

Temas. Sin pretender resumir aquí dos días de intensos intercambios y debates, destacamos algunos de los temas y preocupaciones centrales mencionados durante el encuentro, sin que ello implique unanimidad de criterios sobre los mismos.

Primero, la justicia racial no es una agenda de “negros” o “blancos,” sino una preocupación de todas y todos los cubanos. Muchas/os de los participantes enfatizaron este punto, defendieron el criterio de que Cuba ha de ser una nación racialmente igualitaria e incluyente, y convocaron a todas/os las/os cubanas/os a luchar activamente contra el racismo y contra cualquier forma de discriminación racial o de otro tipo.

Segundo, los participantes tomaron nota de los éxitos y avances logrados en la lucha contra el racismo y la discriminación. Para empezar, lo que en sus inicios fue un reclamo de un reducido grupo de intelectuales, artistas, religiosos y académicos se ha convertido en un movimiento social creciente y diverso, que está además atento a temas de interseccionalidad (género, orientación sexual, creencias religiosas, discapacidades, generación y territorio, entre otras). Los participantes destacaron la contribución fundamental y pionera de la cultura Hip hop en la lucha antirracista y su incidencia en diversos espacios como la academia, el trabajo comunitario, la formación de líderes y lideresas y el activismo cultural. La cuestión racial ya no es un tabú y ha sido discutida por la prensa, la televisión, en eventos nacionales como los congresos de la UNEAC y el Partido Comunista de Cuba y en instituciones estatales como la Asamblea Nacional del Poder Popular. Sin embargo, los participantes también destacaron que no existen espacios públicos, estables y de visibilidad nacional, desde los cuales es posible desarrollar una campaña sistemática contra la discriminación y socializar lecciones importantes sobre este tema, tal y como está ocurriendo con otras discriminaciones. Varios de los participantes también explicaron que la televisión contribuye a reproducir y diseminar estereotipos e imágenes racistas y plantearon la necesidad de realizar un evento centrado en este tema, con la participación de personal técnico y directivo de la televisión.

Tercero, es necesario modificar los planes de estudio e incluir la historia africana, afrocubana y afrolatinoamericana como materias obligatorias no solo en la enseñanza superior, sino también

en la elemental, secundaria y especial. En este sentido, la experiencia brasileña es una referencia importante. La ley 10639/2003 de Brasil institucionalizó la inclusión de elementos de la historia africana y afro-brasileña en el currículo de la educación primaria y secundaria, pero ha encontrado obstáculos en su implementación debido a la falta de preparación de maestras/os.

Esto es algo que Cuba puede resolver. Los participantes destacaron la necesidad de trabajar con los Ministerios de Educación y de Educación Superior para el desarrollo de nuevos planes de estudio donde África y la historia y cultura afrocubanas estén debidamente representados y acogieron con entusiasmo la reciente creación de una Cátedra de Estudios Afrodescendientes afiliada a CLACSO (Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales) en la Habana. Destacaron, además, que el sistema de pruebas de ingreso crea barreras importantes para los estudiantes afrodescendientes y de familias pobres en general, dado que las mismas no pueden pagar los servicios de tutores privados, conocidos popularmente como “repasadores.”

Cuarto, es necesario desarrollar mecanismos de regulación de los espacios privados, que cada vez ganan mayor protagonismo en la economía y sociedad cubanas. Esto implica garantizar que en los mismos no haya discriminación racial en las prácticas laborales y que la composición de la fuerza de trabajo de cualquier unidad o empresa con cierto número de trabajadores refleje la composición racial y de género de la población cubana. Pero se refiere también al hecho de que las entidades privadas de servicios no puedan implementar políticas de admisión basadas en criterios discriminatorios, de matiz racial o de cualquier otra naturaleza. Los espacios privados no pueden ser, como en el pasado republicano, baluartes de racismo y exclusión. Los nuevos negocios privados deben operar desde una ética de responsabilidad social.

Quinto, los vínculos entre las academias y el activismo afrodescendiente, demandan un replanteo en materia de contenido y formas sobe la base de los cambios operados en la sociedad cubana.

Ambos actores sociales, tienen hoy mayores posibilidades de trabajar en común para construir saberes integrados generados desde los barrios con capacidad de impacto en las relaciones raciales.

La canalización e implementación de muchas de estas preocupaciones implica una interlocución activa con una variedad de actores estatales y de entidades gubernamentales. Los participantes destacaron que uno de los obstáculos fundamentales en la lucha antirracista es la ausencia de una institución u oficina gubernamental o de la sociedad civil dedicada expresamente al tema de la justicia racial, similar a las que existen en muchos otros países de la región. Aunque se anunció hace unos años que un vicepresidente del gobierno daría atención prioritaria al racismo y la discriminación, el anuncio no ha sido complementado con pasos institucionales concretos.

El encuentro en Harvard no constituye una excepcionalidad y en modo alguno pretende ser referente, fue solo un intercambio productivo y necesario. Los participantes reflejan una variedad de formas de activismos, saberes y experiencias. No son las únicas figuras comprometidas con la lucha antirracista, sino una importante representación del movimiento. Los participantes actuaron con toda responsabilidad, conciencia y compromiso con el tema, a pesar de algunas resistencias.

Los participantes confirman su entusiasmo y compromiso para seguir definiendo nuevos espacios de diálogo, legalidad, conciencia y compromiso con la lucha antirracista, en Cuba y en otros espacios regionales e internacionales.

Foto tomada de Afrocubaweb.

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Gisela Arandia

¿Por qué el boom de la afrodescendencia?

Por Gisela Arandia Covarrubias

La racialidad ha sido, posiblemente, el tema más vilipendiando en la formación de la nación cubana y el racismo se sigue reproduciendo, de forma consciente o no, desde un modelo de pensamiento que considera como inferior a la población de origen africano.

Tras dos décadas de trabajo, el movimiento afrodescendiente cubano despierta interés y sospechas entre diversas corrientes políticas, mientras crecen propuestas por un nuevo enfoque que permita completar la agenda de equidad social que ha llevado por más medio siglo la revolución cubana.

Escenario del Movimiento Antirracista Cubano

A dos décadas del surgimiento del movimiento antirracista cubano, comienza a advertirse un consenso incipiente de grupos, activistas, intelectuales y académicos, quienes durante los últimos dos años han realizado seminarios y encuentros –algunos internos en la ciudad de Cárdenas– para analizar logros y dificultades, pero sobre todo poner la mirada en el futuro inmediato y el de largo alcance. Se trata de un fenómeno que intenta avanzar en el escenario global de América Latina y el Caribe de la Hispanidad, aunque tropieza con el obstáculo secular según el cual debatir públicamente el racismo pone en riesgo la unidad de naciones que fueron construidas con la exclusión de pueblos originarios y afrodescendientes, donde la dicotomía “raza-nación” constituyó un privilegio para las clases altas, que calificó como ciudadanía solo a personas blancas.

Para el modelo civilizatorio español y portugués, el racismo ha sido considerado un conflicto exclusivo de la sociedad anglosajona porque, de acuerdo a este enfoque, el mestizaje cultural, como política de Estado, garantiza las mismas oportunidades para todos los grupos sociales. Se trata de un paradigma social que invisibiliza las desigualdades racializadas en la población afrodescendiente, calculada por la Comisión Económica para América Latina (Cepal) en más de 200 millones de personas que padecen los mayores niveles de pobreza y falta de oportunidades en este continente.

La discriminación racial a personas de origen africano no ha perdido su pujanza con el paso del tiempo y todavía en el imaginario social sigue vigente la inferiorización impuesta por el modelo colonizador, convertido ahora en proceso de colonialidad, en el cual el fin de la esclavitud africana no significó para todas las personas afrodescendientes una posibilidad real de avanzar en la movilidad ascendente, a pesar de cambios sociales importantes. El fin del colonialismo como proceso de expropiación territorial e intervención política no representó, necesariamente, un cambio de mentalidad heredera de una ilustración latinoamericanista racista. La colonialidad, como variable perversa de exclusión, no ha aceptado todavía que la desconstrucción del racismo no es nunca un proceso espontáneo.

Se trata de un tránsito extremadamente complejo y a su vez doloroso para quienes sufren la humillación de ser excluidos por la filosofía del racismo y, al mismo tiempo, un proceso de evasión para quienes no padecen el impacto de la exclusión por razones identitarias. En el imaginario social de los herederos de las clases privilegiadas y de los nuevos estamentos de poder no es aceptada la presencia sistémica y estructural del racismo como un legado histórico, en el cual la discriminación racial atraviesa el orden social establecido.

Un factor conceptual imprescindible en este contexto es recordar la contribución decisiva de la población de origen africano a la formación del capital originario. En el transcurso del tiempo, para quienes siguen padeciendo desigualdades sociales debido a una característica fenotípica que se expresa, sobre todo, en diferentes gamas del color de la piel, el conflicto continúa como un asunto pendiente. Recientemente, algunos grupos plantean que no somos pueblos africanos, lo cual en cierta manera es una verdad, pero el rechazo a la asunción de la africanidad deja de lado la base epistemológica del racismo que socialmente evidencia la inferiorización para quienes representan una identidad marcada, inexorablemente, por la memoria de la esclavitud africana.

En Harvard afrodescendientes del movimiento antirracista cubano

Auspiciado por el Instituto de Investigaciones Afrolatinoamericanas y el Hutchins Center, tuvo lugar los días 14 y 15 de abril, en la Universidad de Harvard, un encuentro titulado “El movimiento afrocubano: activismo e investigación. Logros y desafíos”, con el propósito de trazar una mirada a dos décadas de trabajo y la participación académica de intelectuales, activistas, grupos comunitarios y emprendedores y también de un reducido grupo de investigadores sobre temas cubanos relacionados con la historia, la sociología y otras especialidades.

La idea fue diseñada con el objetivo de propiciar el diálogo que permitiera hacer un balance de logros y desafíos en el tiempo transcurrido, pero con la mirada en los retos inmediatos y futuros. La mayoría de las personas participantes coincidió en que existen avances, si bien falta mejor organización y articulación. En ese sentido, predominó la idea de fortalecer la construcción de un movimiento antirracista capaz de abandonar el mito de un discurso victimizado detenido en el pasado, en un país que durante más de medio siglo ha obtenido transformaciones notables en materia de equidad social en la región.

El balance pudiera resumirse en cuatro puntos básicos. El primero fue que el movimiento antirracista afrodescendiente cubano no puede esperar apoyo de la sociedad miamense cubana, donde prevalece un pensamiento que se expresa, sobre todo, en medios de comunicación que no solo niegan la existencia del racismo como fenómeno global que se fortalece en el mundo actual, sino que además persisten en ellos expresiones conceptuales de un racismo anti-negro con visos ofensivos que corresponden a una época ya superada, tanto en Cuba como en Estados Unidos.

Un segundo elemento que contribuyó a enriquecer el intercambio fue el papel que han tenido determinados sectores de Estados Unidos en ofrecer financiamiento para tratar de subvertir el orden en la sociedad cubana, utilizando como pretexto el tema de la racialidad. Quedó claro que las intenciones de grupos disidentes afrocubanos ponen énfasis en un cambio de sistema y no en la deconstrucción del racismo como secuela de una historia colonial que ha ganado espacio en la actualidad.

En tercer lugar, fue visibilizado un ingrediente sociológico: la presencia de un grupo de personas afrodescendientes emprendedoras, algunas con más éxito y otras con avances moderados. Ello determina un aporte importante a los desafíos de la actualidad, cuando la mayoría de las familias con más oportunidades proviene de la clase media blanca y recibe apoyo de sus parientes, sobre todo desde Miami.

Igualmente aportó al diálogo la presencia de un acompañamiento institucional del grupo latinoamericano CLACSO, de Ciencias Sociales, para una mayor producción de conocimiento sobre el movimiento antirracista afrodescendiente cubano, con el anuncio de una cátedra de estudios para beneficio no solo del mundo académico, sino también de grupos de activistas.

Aproximaciones al paradigma cubano

En este escenario, un país pequeño, ubicado en el mediterráneo caribeño, mostró que era posible revertir la pobreza extrema y propiciar un modelo social de equidad social y solidaridad. Una nación que ha logrado un proyecto educativo masivo, que ha permitido contar con una alta cifra de médicos por habitantes, quienes además ofrecen sus servicios en latitudes abandonadas, en momentos de desastre o con poco desarrollo social. Una sociedad donde más del 66 por ciento de los profesionales cubanos son mujeres.

Después de más de medio siglo de historia revolucionaria, con logros en materia de equidad educativa, cultural, científica, deportiva y social en general, las propuestas para contribuir a eliminar el racismo y la discriminación se incluyen en una agenda con múltiples expectativas, en medio de paradojas notables. De ahí que cause asombro que solo la discriminación racial no cuente con la atención que el asunto exige en una sociedad donde la composición identitaria, a simple vista, muestra una presencia tal vez de 50 por ciento de personas no blancas, aunque los datos oficiales del censo señalen otras cifras.

Para poder entender la discriminación racial en la sociedad cubana, es necesario colocarse en la dimensión geopolítica de un contexto que trasciende el espacio territorial de la isla y analizar el tema desde una dimensión más abarcadora. Se trata del papel que ha tenido la epistemología de la hispanidad, marcada por la negación del racismo como una constante que tiene sus orígenes en el modelo colonizador de dominación. Cuba, a pesar de éxitos sociales sin precedentes en el área, no ha logrado escapar de la complejidad misma del racismo, un asunto que evidentemente trasciende los sistemas políticos, asociado al impacto del sistema colonial y a la modernidad capitalista.

La realidad es que a las personas de origen africano les resulta más difícil avanzar en los espacios de empoderamiento y toma de decisiones. Este enfoque plantea la urgencia de crear un corpus conceptual que contribuya a desmontar aquellos pensamientos que rechazan asumir el racismo como parte de una cultura secular, sostenida en los tiempos actuales para hurgar en aquellos aspectos decisivos de la cubanidad que fueron estructurando el surgimiento y evolución de las ideas racistas en Cuba.

Desde el punto de vista conceptual, se trata de un conflicto que la historiografía burguesa no ha considerado y la actual tampoco ha logrado incluir: el papel del liderazgo afrodescendiente en la formación de la nación cubana; lo que dificulta una comprensión del tema para una mayoría de la sociedad cubana actual. Resulta difícil justificar la falta de prioridad institucional hacia la discriminación racial en Cuba, mientras que el resto de las discriminaciones han ido encontrando formas organizativas de institucionalidad, investigación y activismo social para revertir su impacto. Sobre todo cuando la revolución misma ha creado un sistema de instituciones con recursos básicos para iniciar la deconstrucción de aquellos arquetipos culturales discriminatorios, de comportamiento, involucrados en la búsqueda de la equidad y la justica social.

Se trata de la posibilidad de completar el paradigma emancipatorio revolucionario, un conflicto que significa, precisamente, fortalecer el sistema dentro de una nación que ha obtenido avances notables. Se trata de un escenario socio político donde las familias blancas están reconformando sus capitales patrimoniales con la ayuda de las remesas que reciben de sus parientes emigrados en Miami y otras ciudades de Estados Unidos, lo que les permite un empoderamiento rápido y seguro, en un contexto donde comparten el rechazo al racismo.

La racialidad ha sido, posiblemente, el tema más vilipendiando en la formación de la nación cubana y marcó un estilo de tratamiento polarizado entre exclusión-inclusión. En los tiempos actuales, esa injusticia histórica se ha seguido reproduciendo, de manera consciente o no, a partir de un modelo de pensamiento cuya esencia epistémica conserva rasgos importantes del ideal primigenio que consideraba a la población de origen africano como de seres humanos inferiores.

Por razones históricas, las familias afrodescendientes han estado más dependientes de los subsidios estatales y, al mismo tiempo, la emigración afrodescendiente no pudo adquirir un estatus económico similar al de las familias blancas, precisamente por la exclusión de la cual ha sido víctima. Por tanto, las familias de origen africano se encuentran ahora más desprotegidas para alcanzar un proceso de empoderamiento. Desde esa misma perspectiva, en el orden estructural se encuentra la carencia de una producción de conocimiento básico que debería estar presente, como parte de un soporte teórico que contribuya a la legitimidad de propuestas antirracistas en la agenda cubana actual. Ello influye en la falta de consenso institucional y de la sociedad civil.

Cuba, junto al resto de América Latina y el Caribe hispano, debe enfrentar la metáfora del mestizaje cultural como política de Estado y promovido por un modelo civilizatorio de dominación, según el cual “todos somos iguales” porque somos el resultado de una fusión cultural. Sin embargo, ese concepto no tiene en cuenta el papel de los estamentos clasistas, donde la pobreza y la desigualdad corresponden a determinados grupos sociales con una identidad específica.

Para el discurso social cubano más generalizado resulta espontáneo o natural que las personas que sufren la discriminación racial acepten su subalternidad, lo que ha influido en modelos de lucha en solitario y en la existencia de proyectos vulnerables, en los cuales es difícil alcanzar una unidad estratégica. Para la población afrodescendiente, el dolor y el miedo instalado en la memoria colectiva, como consecuencia de la exclusión sistémica, ha causado daños espirituales y psicológicos a veces irreparables en la autoestima de quienes sufren la discriminación racial. La historia de la esclavitud africana mostró que solamente cuando las personas esclavizadas pudieron consolidar proyectos de lucha colectiva, vencieron al colonizador.

Un asunto importante en la deconstrucción del racismo es que su existencia determina las relaciones entre racialidad y poder, como consecuencia de la discriminación racial sistémica, que ha impedido que la población afrodescendiente ocupe los espacios que le corresponde en la toma de decisiones, por su contribución histórica en la formación de la nación cubana. Es importante recalcar que la identidad fenotípica no significa, espontáneamente, la asunción de una posición ideológica antirracista, sino que es la evolución de la conciencia social la que determina la posición política de personas y grupos. En ese sentido, queda claro que lograr un programa común antirracista demanda de aprendizaje, tiempo y comprensión. Las acciones sociales antidiscriminatorias a veces son entendidas, desde el discurso de la víctima, como acciones engañosas, como resultado de una fragmentación que tiene sus orígenes en el modelo colonialista, que impide en ocasiones aprovechar las más mínimas oportunidades para saltar la barrera histórica y contemporánea del racismo.

Perspectiva inmediata

Luego de dos décadas de trabajo, el boom del movimiento afrodescendiente cubano despierta interés y sospechas, al mismo tiempo, entre diversas corrientes políticas, en particular para algunas voces racistas de Miami que, de modo furibundo, continúan ancladas en el pensamiento antinegro del siglo XIX. Aunque también en la isla hay quienes sostienen ideas cercanas a ese racismo secular, crecen propuestas que buscan un nuevo enfoque que permita completar la agenda de equidad social que ha llevado por más medio siglo la revolución cubana.

Desde una perspectiva global, se trata de intereses que buscan conocer qué ocurre con el binomio racismo-antirracismo, como resultado del modelo social capitalista, lo que Immanuel Wallerstein definió como el sistema mundo. Es decir, se trata de un escenario global donde la polaridad riqueza-pobreza amenaza con incrementarse. Un fenómeno que está adquiriendo una reconfiguración que parecía inaudita cuando, en el cercano siglo XX, se pensaba en la utopía del “progreso”, que promovía el ideal de una vida próspera y también como resultado de los avances tecnológicos.

El conflicto por la equidad social para diversos grupos –dígase mujeres, jóvenes, gay, lesbianas, personas discapacitadas, nuevas religiosidades no cristianas, pueblos originarios, afrodescendientes y otros– adquiere carácter de vida cotidiana. En diversos lugares del mundo, para personas de identidades étnicas y culturales diferentes, el sueño de un mundo de paz se ha tornado en pesadilla de guerras no declaradas, desplazamientos, discriminaciones masivas en perspectiva creciente, como consecuencia de un modelo social globalizado, donde las élites financieras, muchas de ellas herederas de los sistemas coloniales esclavistas, controlan la economía mundial.

En este nuevo contexto planetario, las antiguas monarquías se han ido transformando en capitales financieros, mucho más sofisticados, sin rostro visible, ni territorios. De modo general, los países que no forman parte de la élite de poder han quedado a expensas del capital financiero y militar industrial mundial, que intenta expropiarse de recursos ubicados fuera de sus territorios. Este nuevo apocalipsis, no descrito en la metáfora bíblica de modo evidente, ha colocado en peligro el equilibrio climático y el medio ambiente en general, incluido el planeta mismo en su conjunto. Se trata de fenómenos interconectados que, a pesar de avances sociales y tecnológicos, comienzan a mostrar, paralelamente, sociedades donde la discriminación, particularmente la racial, adquiere formas más agresivas y visibles, que trascienden incluso a los sistemas políticos, en un escenario donde también los movimientos antirracistas se apoderan de espacios participativos.

Por otra parte, los avances antidiscriminatorios contra el modelo patriarcal, donde está presente el derecho de las mujeres para ocupar nuevos espacios sociales, forman parte de esa búsqueda por la equidad social. Se debilita la polaridad entre los espacios de poder masculino-blanco, históricamente inexpugnables, aunque todavía queda un trecho por andar.

La Tercera Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial y otras formas conexas de Xenofobia, celebrada en Durban, Sudáfrica, en 2001, marcó un punto de partida para los movimientos antirracistas, aunque sus acuerdos –conocidos como Plan de Acción de Durban– han sido poco divulgados por los gobiernos y escasamente conocidos por la sociedad civil. A esa propuesta ha seguido el Decenio Afrodescendiente 2015-2024, un período donde los movimientos antirracistas en las Américas emprenden un nuevo protagonismo, que va abriendo una brecha desde la propuesta de reconocimiento, justicia y desarrollo. (2017).

Tomado de IPS.
Foto: Jorge Luis Baños/IPS

Una muñeca negra para el racismo

Dime una cosa: ¿has pisado alguna vez el aeropuerto José Martí más allá de la sala de espera y recibimiento? ¿Te has fijado en los souvenirs que se venden en las instalaciones de esa instalación? Dentro de esos recuerdos se encuentran las muñecas que pululan en los diferentes puntos de ventas; y que presentan una visión absolutamente deformada de las mujeres negras cubanas. También las encuentras en magnetos para refrigeradores, t-shirts, llaveros, etc.

Pero… ¿por qué deformada? ¿por qué me preocupan esas “inofensivas” muñequitas que personas extranjeras (y también cubanas) se aprestan a comprar y luego te muestran como evidencia de que estuvieron en la isla? Pues dicha representación reproduce parte de los estereotipos racistas y sexistas de los cuales se pueda tener conocimiento en Cuba.

“¿Racismo en una muñeca negra?”, me espetó una amiga en una ocasión, pero claro, ¿ves entre esos objetos alguno que represente a una mujer blanca? Le respondí.

Por supuesto, que las mujeres blancas sean representadas también de modo tan grosero, y solo con la finalidad de vender, no constituye mi intención ni es la solución al problema. Sin embargo, que únicamente sean las negras nos está hablando, nuevamente, del tráfico de los cuerpos negros, absolutamente cosificados.

Si a lo anterior añado que no conozco una negra que sea como las representadas, y en mi familia somos mayoritariamente mujeres: bajitas, delgadas, altas, culonas… y también enfermeras, médicas, periodistas, maestras, cuentapropista, contadora, pero juro que ninguna mujer-negra-pañuelo-en-cabeza-fumando-tabaco-y-con-cara-de-nosequé. Así que además de racista, también son irreales y falsas esas representaciones.

Lo más peligroso de todo este asunto es que esos puestos pertenecen a empresas estatales y se encuentran situados en un lugar estratégico para el país, o sea que se trafica una imagen de la negritud con la anuencia del gobierno.

A mi me encanta viajar. Cada vez que visito una ciudad me llevo un recuerdo, casi siempre un magneto, y hasta ahora no he visto una representación tan estereotipada de una mujer alemana, en su lugar me he encontrado réplicas de edificios, nombre de las ciudades, magnetos con banderas, entre muchos otros souvenirs, pero una mujer no.

En este sentido, como activista antirracista, me siento acompañada. En mi más reciente viaje a la isla descubrí una secuencia en el documental Diálogo con mi abuela (Imágenes del Caribe, 2016), de la cineasta Gloria Rolando, en la cual la autora expone el significado que para ella tienen dichos objetos. Dejarla caer desde la altura tales figuritas de yeso, es la solución que brinda la reconocida documentalista en tan solo unos cuantos segundos. Lástima que la vida no sea un filme y no podamos festejar los destrozos del racismo, luego de ser lanzados con rabia.

No faltarán quienes piensen: siempre se quejan que no están presentes ni en los medios, ni en los puestos de decisión y ahora también les molestan las muñecas. En mi opinión no se trata de representar sino de hacerlo de la manera más digna posible. Si esa muñeca, más que el gran trasero, la bemba y los pechos, mostrara una enfermera, de las tantas que trabajan en nuestros hospitales, pues me sentiría muy afortunada de regalar una.

En su lugar, cuando en las charlas que sobre mujeres negras cubanas ofrezco, siempre concluyo solicitándole al público, mayoritariamente femenino y no cubano: Por favor, no compren una de esas muñecas, con ellas están apoyando el racismo y la discriminación racial en Cuba.

Publicado en eltoque.com

Racismo en Cuba

El Movimiento Antirracista Cubano como punto de partida para el estudio de los nuevos movimientos sociales en Cuba

Por Alberto Abreu Arcia

Deseo retomar en estas páginas el debate que hace algún tiempo suscitó la aparición, en este blog, de mi texto “El Movimiento Antirracista Cubano inicia la batalla por una plataforma común”. El debate, en cuestión, giraba en torno a lo apropiado o no de emplear el rótulo de Movimiento Social (MS) para describir, en términos de procesos sociales, la lucha que activistas, líderes comunitarios, grupos, académicos, intelectuales y artistas libramos en Cuba contra la discriminación racial.

Si bien aquella discusión, en la que participaron entre otros colegas: Víctor Fowler, Roberto Zurbano, tenía como centro el ser y el hacer de la lucha antirracista cubana, no es menos cierto que sus preocupaciones conceptuales y teóricas en torno al concepto de MS rebasan el tópico de la problemática racial para terminar involucrando al campo de las ciencias sociales cubanas de hoy.

A continuación quisiera referirme a dos cuestiones que, en este sentido, estaban detrás de aquella discusión. La primera, está relacionada con la amplia gama de paradigmas y opciones teóricas desde los cuales se conceptualiza de esta categoría (MS) dentro de los estudios sociales latinoamericanos y europeos. La segunda, tiene que ver con el estado actual de la teoría y el pensamiento social cubano: específicamente con la matriz clásica -de un marxismo e historicismo demasiado ortodoxo para estos tiempos- desde la cual se ha venido pensando dicha categoría.

¿Cómo es posible hablar de la existencia de un Movimiento Antirracista, cuyas demandas sociales y su accionar colectivo hacen del mismo un actor político orientado a interpelar el orden social establecido y sus conceptos sobre la libertad, ciudadanía y la democracia plena de un país socialista como Cuba? No me van a negar, que esta interrogante, así formulada, puede retumbar por los recintos ideológicamente amurallados de la Isla como una herejía o disidencia política. De ahí que una zona bastante influyente del Movimiento Antirracista Cubano -aquella que ha sido confinada y/o ha preferido emplazarse en los espacios alternativos, no oficiales- continuamente tenga que transitar por el filo de una navaja, bajo el escrutinio de lo(s) político(s) que continuamente recelan o ven una oveja disfrazada de cordero en cada una de sus acciones, propuestas o demandas.

Quienes así nos recelan, en su afán de concebir al sujeto nacional como un todo homogéneo, restan importancia a otros ejes de dominación, productores de subalternidad o conflictividad social como la raza, el género, la identidad sexual, etc. Al tiempo que impiden re-pensar la noción de sujeto a partir de una realidad aplastante: la emergencia, desde finales del siglo pasado, de nuevos escenarios, actores y sujetos sociales y las tensiones que se derivan de un mundo global del cual, a pesar de nuestra condición insular, no estamos ausentes.

Estas razones, entre otras, pudieran explicar el postergado reconocimiento -por parte del discurso académico-institucional cubano- del Movimiento Antirracista, como un movimiento social. Más que un gesto de tachadura, se trata de una falla al interior de nuestras Ciencias Sociales. Hecho verdaderamente incomprensible cuando han sido disciplinas como la Historia, la Psicología, la Sociología, la Antropologías y las Ciencias Políticas las que en todo el mundo han contribuido a re-leer el concepto de MS atendiendo a sus deslizamientos epocales y contextuales. Más que una paradoja o un destiempo; advierto, detrás de esta problemática, las marcas que delatan una especie de condicionamiento de estas disciplinas al discurso político.

Lo que nos lleva a interrogarnos sobre los límites del pensamiento y la teoría social cubana a la hora de describir los nuevos movimientos sociales emergentes en la escena social cubana desde finales del siglo pasado. No me refiero solo al antirracista; sino también a otros como el LGBTIQ, el feminista, el ecologista, el de las comunidades eclesiales orientadas o no por la teología de la liberación, etc.

¿Qué rol juegan actualmente el Movimiento Antirracista Cubano dentro de la configuración de una nueva sociedad civil en Cuba?, ¿qué condiciones limitan su avance en términos de movilización social?, ¿cuáles son las razones de su emergencia, su liderazgo y seguimiento en la Cuba del siglo XXI?, ¿cómo se estructura?, ¿qué lo hace un movimiento sugestivo y atrayente para los que en el militan, a diferencia de las organizaciones políticas y sociales existentes en Cuba?, ¿qué piensan las personas implicadas en el mismo? Y como si estas interrogantes no fueran lo suficientemente seductora para la voracidad del saber académico podrían añadirse otras: ¿Cuál es el proceso de formación de sus demandas sociales?, ¿cómo investigarlas?, ¿cómo se vinculan éstas a la formación de identidades, sujetos y actores sociales?, ¿cuál es su relación con el orden social socialista?, ¿cómo ubicar al mismo en términos teóricos y epistemológicos, factibles de ser convertidos en un espacio mínimo de investigación académica?, ¿cuánto podría aportar el mismo a la reflexión sobre la constitución sociopolítica de la sociedad cubana y los procesos de conflictos que se están sucediendo al interior de la misma?

Son preguntas solo posibles de responder desde la intervención académica, a partir de la voluntad de considerar al Movimiento Antirracista Cubano, y a otros MS no solo como objeto, sino como sujetos de estudios y el deseo de acompañarlo en su terco bregar.

En medio del aquel debate, conversé sobre el tema con varios colegas. Todos ellos tenían una característica en común, por una parte, estaban vinculados a la academia cubana o habían sido formados por ella, pero al mismo tiempo eran líderes o activistas con un prestigio más que ganado por su participación en proyectos comunitarios, actos de denuncias, reclamos o demandas contra el racismo antinegro en Cuba. Tuve la impresión de que dos personas habitaban un mismo cuerpo (el académico y el activista). Dos sujetos de enunciación a veces antagónicos. Mis interlocutores se demostraban escéptico ante el rótulo. ¿Cómo entender esta fisura? ¿Deber ser el estudio de los MS una tarea académica o militante?

Entonces me remonté a mi etapa como estudiante de preuniversitario y a mis clases de Historia del Movimiento Obrero frente a un profesor que nos obligaba a memorizar fechas, acontecimientos, regularidades históricas en medio del agobio que provocaba el calor y las primeras horas después del almuerzo. La descripción que se hacía de los mismos era tan perfecta. Todo (los triunfos, los fracasos, las veleidades y retrocesos) estaban tan justificadas, tan bien argumentadas por un materialismo histórico que todo lo prevenía y de cuyas leyes nada ni nadie podía escapar.

Para evitar que el profesor me expulsar del aula por haberme quedado dormido, y como todos aquellos MS solo conducían a un fin: la lucha armada. Me imaginaba cabalgando con las tropas de Emiliano Zapata, siendo un guerrillero en la selva de Nicaragua, o un huelguista en las manifestaciones contra el dictador Gerardo Machado: lanzando piedras, botellas, esquivando las golpizas, los chorros de aguas y bombas de humo con que la policía reprimía a los manifestantes.

Solo a principios de los ochentas, en medio del fervor postestructuralista que sedujo a mi generación, conocí del Mayo Francés’68, y el corte que los estudiosos de los MS entre las décadas del 70 y 80 establecían entre nueva y vieja izquierda; entre los “viejos” y “nuevos movimientos sociales”, como una forma de diferenciar la acción rutinaria de la izquierda tradicional y burocrática (con sus formas convencionales de protesta), del creativo accionar del movimiento ambientalista, feminista y pacifista, o de las minorías raciales y étnicas.

Tal vez mis colegas estaban anclados en aquellas narrativas, nacidas en el siglo XIX, que consideraban al Movimiento Obrero como arquetipo de los MS. A pesar de la vasta bibliografía y la multiplicidad de posiciones teóricas que en las últimas décadas han posibilitado su estudio y comprensión (Smelser, Turner, Killan, McCarthy, Zald, Tarrow, Tilly, Touraine, Melucci hasta otros como Ernesto Laclau, Chantal Moufle, Dona Haraway, Arturo Escobar, Mario Doni, pasando por innumerables tesis doctorales, diccionarios, etc.) Eran incapaces de reconocer la existencia de nuevos MS dotados de una forma de acción abierta, descentralizada e inclusiva, cuyas sostenidas demandas o reclamos, en torno a una reivindicación, desbordan y confrontan a las instituciones y los partidos políticos.

A diferencia de los MS tradicionales, los nuevos movimientos sociales poseen una débil estructura orgánica. Obran desde cierta continuidad, con un alto nivel de integración simbólica, un bajo nivel de especificación de roles y con formas de acción y organización viable. No poseen una morfología o estructura estática: tienen un comienzo y un final, pues su inestabilidad constitutiva hace que su continuidad sea problemática, su trayectoria o itinerario de vida oscila entre el peligro de la disolución, la institucionalización o su transformación en otros MS.

Como ven, lo que muchos teóricos han bautizado como los nuevos movimientos sociales (ecologista, el pacifista, el feministas, la lucha por o en contra del aborto, el antirracista, el de las minorías étnicas, el LGBTI, etc.) reniegan de aquellas conceptualizaciones aprendidas en mis tiempos de estudiantes y revelan las insuficiencias explicativas del funcionalismo y el marxismo al estudiar los mismos, y hacen del término, en la actualidad, un concepto muy amplio y verdaderamente conflictivo en el plano teórico. Lo que explica la variedad de enfoques a través desde los cuales se interpreta y conceptualiza. Por estas razones, se siguen viendo con suspicacia todo intento por elaborar una etimología cerrada o definitoria de esta categoría.

Su accionar no solo comprende la movilización social desde los espacios de la vida cotidiana y los escenarios públicos, sino también desde las redes sociales. John Scoot en Los dominados y el arte de la resistencia constata cómo los nuevos movimientos sociales despliegan otras formas y prácticas de luchas típicas del arte de resistencia propio del subalterno como las veladuras lingüísticas, los códigos cerrados, el anonimato, la ambigüedad, etc. Éstas, de algún modo, rescatan las formas tradicionales de hacer política del marginado.

Lo que Paulo Freire en Pedagogía del oprimido denomina “maña de los oprimidos” refiriéndose a esas inmunizaciones o anticuerpos que las clases subalternas van generando en su cuerpo, en su lenguaje, en su cultura. De ahí, que es imprescindible para el educador popular de comprender las formas de resistencia presentes en sus fiestas, sus danzas, sus juegos, sus leyendas, sus devociones, sus miedos, su semántica, su sintaxis, su religiosidad. Según este autor: “No es posible organizar programas de acción político-pedagógica sin tomar seriamente en cuenta las resistencias de las clases populares”.

En el caso de Cuba, no solo el teatro ritual caribeño y la poesía producida por autores afrocubanos, sino también las artes plásticas, y fundamentalmente la cultura hip hop en su más de dos décadas de existencia, el fenómeno social del rastafarismo y el spoken word o poesía hablada pueden dar cuenta de la reactualización o resemantización de estas prácticas de resistencias tradicionales intrínseca al sujeto negro subalterno.

Mario Doni, después de examinar las diferentes definiciones del concepto de MS, formula ésta definición sintética del mismo: es una forma de “acción colectiva” más abierta, descentralizada e inclusiva que las organizaciones burocráticas, los partidos, instituciones, etc. y con una mayor capacidad de actuación en el tiempo en comparación con las campañas sobre una cuestión concreta o las acciones comunitarias en línea. Se trata de un proceso en el que diferentes actores (individuos, grupos informados, y/o organizaciones) por medio de una acción conjunta y/o de comunicación elaboran una definición compartida de sí mismo que los sitúa en el mismo lado de un conflicto social, dando sentido a sus acciones de protestas o prácticas simbólicas que de otro modo permanecerían inconexas, explicitando de esta forma la emergencias de conflictos y temas específicos.

Para Doni estas redes de interacción informal entre una pluralidad de individuos, grupos y organizaciones envueltas en un conflicto político y/o cultural tiene como base una identidad colectiva compartida.

A partir de aquí, quedan por responder varias interrogantes relacionadas con nuestra experiencia local, y lo que el Movimiento Antirracista Cubano podría aportar al estudio actual de los MS en el continente, y lo más importante: cuánto se podría nutrirse de sus experiencias y estudios sobre los mismos.

Se me antoja que las claves metodológicas o marcos interpretativos para el estudio del Movimiento Antirracista Cubano pudieran partir de en la combinación del paradigma de las Identidades Colectivas, emergente en Europa Occidental a finales de los 80s, desde su énfasis en la cultura, las formas de sensibilidad, el nivel emotivo vivencial. Con el paradigma de la Movilización de recursos, oportunidades políticas, estrategias, intereses -predominante en el mundo anglosajón. Claro está: readecuando ambos paradigmas a las especificidades de nuestro contexto y a la trayectoria que describe las acciones de lucha de dicho movimiento.

De la hábil combinación de ambos paradigmas, podría surgir el marco analítico para estudiar otras cuestiones como: el carácter de sus demandas, acciones de movilización, su problemática estructura, el activismo como producción de un saber, etc.

Si bien, el segundo de estos paradigmas o teoría (Movilización de Recursos y Oportunidades Políticas) ha estado en el centro de las constantes demandas y reclamos; así como en el diseño de estrategias y acciones afirmativas que buscan el empoderamiento social y económico de la población afrocubana. El de las Identidades Colectivas, ha impulsado innumerables acciones en el plano de las producciones simbólicas, hasta eventos públicos como el concurso de peinados de mujeres negras que bajo el sugerente título de “Lo llevamos rizo”, se celebró durante la pasada bienal de La Habana en el Pabellón Cuba.

Por otra parte, los talleres ofrecidos por el extinto proyecto “Color Cubano”, las experiencias comunitaria de la Red Barrial Afrodescendiente y su revista Afrobarriando quienes desde la Educación Popular y una óptica transdisciplinaria emplazan su activismo en los barrios de Pogolotti, Buena Vista, Párraga, Jesús María, La Ceiba, CAI Los Ángeles, Balcón Arimao y Alamar Playa, así como la reciente celebración del “Seminario de Emancipación Emocional” con la dirección de la Dra. En Psicología Cheryl Grills ex presidenta de la Asociación Internacional de Psicólogos Negros de Estados Unidos -quien desplegó toda su experiencia en la metodología de trabajo sobre sanación mental y su puesta en práctica para ser aplicada en Cuba en la población afrocubana. Nos permiten explorar el desempeño del Movimiento Antirracista Cubano, como espacio educativo y sujeto pedagógico.

En el ámbito de la comunicación popular como productora de sujetos, tanto al interior como exterior de los MS, en el caso de la experiencia local del Movimiento Antirracista Cubano, el boletín digital Desde La Ceiba, los blogs Negracubateniaqueser y Afromodernidades, constituyen enclaves alternativos que han permitido visibilizar otras voces no oficialistas, problemáticas, denuncias sobre actos racistas en el espacio público o las instituciones, demandas, etc. frente al silencio de los medios oficialistas y hegemónicos quienes han cerrado toda posibilidad de un debate público. Estos últimos invisibilizan y opacan las aristas más álgidas de la problemática racial cubana.

Hasta aquí, estas notas que deseaba compartir con los lectores de Afromodernidades, Advierto que se trata solo de una primera aproximación al Movimiento Antirracista Cubano como MS urgido de transformarse en objeto de investigación académica.

Tomado de Afromodernidades.