Pensando un Feminismo negro en diálogo con el Estado cubano

Por Lic. Alina Herrera Fuentes (Licenciatura en Derecho, Universidad de La Habana)

Introducción

Para imaginar un diálogo entre un feminismo negro propio y el estado cubano, habría que preguntarse qué tiene para decirle nuestro afrofeminismo a un estado que ha determinado la erradicación del racismo, de la discriminación racial y de la discriminación por género, qué tiene para decirle a un estado que sostiene que las mujeres cubanas no viven la violencia de género como otras mujeres en el mundo, no sufren el machismo y el patriarcado como otras mujeres en el mundo.

Y además del diálogo, qué tendría para proponerle, qué caminos viene diseñando, creando.

A su vez, para hablar de un feminismo negro cubano, se hace necesario abordarlo desde la interseccionalidad de categorías como género, raza e historia, atravesado por el enofque de la epistemología afrofeminista: ¿qué entiendo por feminismo negro en Cuba? ¿desde cuándo podemos hablar del mismo? ¿cómo fueron sus orígenes y cuáles las barreras que enfrentó? Lo anterior con el propósito de entender dónde estamos paradas hoy.

Y además cabe preguntarse cuál es la salud de los programas y políticas públicas vigentes, cuestionarse la suficiencia del respaldo legal, para estos ejes de investigación. En buena medida las respuestas nos darán indicios de cuánto puede proporcionarle al Estado cubano, y a la sociedad misma, una agenda afrofeminista.


Mujeres fundacionales del feminismo negro en Cuba


Minerva

Desde el siglo XIX tuvo lugar un incipiente feminismo negro ilustrado, previo al movimiento de sufragistas cubanas, en tanto las propias mujeres racializadas se colocaron en el centro de sus reflexiones y debates como sujetos de conocimiento. Para entonces, ya estas mujeres negras y mestizas habían identificado que su condición racial, de clase y su condición sexo-genérica las posicionaba jerárquicamente en lo más bajo de la escala económico-social, y a su vez, identificaron la inequidad que sufrían como sujetas de derechos no reconocidas, en comparación tanto con mujeres no racializadas aunque fueran pobres, como con hombres aunque fueran negros y mestizos.

Es decir, nombraron aquello que las oprimía y a partir de ahí lo politizaron mediante “Minerva, Revista quincenal para mujeres de color”, fundada en 1888 y primera evidencia escrita que demuestra la capacidad de agruparse de estas mujeres negras y mestizas, a partir de las identidades y memorias que compartían, y de establecer determinadas demandas en contra del orden racista y patriarcal establecido, a pesar de las desventajas en cuanto a acceso a la educación que sufrían.

Debido a lo descrito anteriormente, y como resultado de mi investigación, Minerva será el hecho fundacional del feminismo negro cubano, entendiendo por este la capacidad de reconocer, nombrar y politizar aquellas opresiones que sufren las mujeres negras y mestizas, dadas por la propia condición interseccional de raza, clase y sexo-genérica, convirtiendo estas acciones en demandas colectivas antecedidas y nucleadas por la identidad y la memoria, con el propósito de su propia reivindicación y la de sus derechos. Este feminismo negro, además de dar cuenta de la opresión diferenciada, enfrenta el patriarcado, el racismo y el clasismo mediante su cuestionamiento y su análisis, pero también mediante la organización de diferentes frentes de lucha por la transformación de ese orden de cosas, como una forma de estar, como una forma de vida.

Este singular cuerpo literario marca un antes y un después en la historia y en la literatura cubanas, pues por primera vez se crea un proyecto donde mujeres negras y mestizas son protagonistas, redactoras y ejecutoras del mismo, superando la doble barrera de discriminación por sexo y raza. Además, sus contenidos iban dirigidos también a mujeres no blancas, lo que implicaba la incipiente generación de una conciencia colectiva de género y racialidad, asimismo de un reforzamiento en la identidad racial. (Barcia 2011, 1725)

Lo confirma claramente la poeta África de Céspedes en las siguientes líneas de su texto Reflexiones en la propia revista:

La mujer negra, sañudamente tratada por sus viles explotadores viene hoy a ser el blanco más saliente a donde dirigen sus saetas envenenadas aquellos mismos que traficaron con su noble sangre en los luctuosos días de la esclavitud. (…) y tal haremos hasta que se nos considere tal como somos y no tal como cada artista pirata le ha parecido o convenido a sus medrosos fines (…) nos invitan a luchar, pues luchemos. (Céspedes 1889, 2-5)

La revista se componía de diferentes secciones: noticias, críticas, poesía y crónicas, ya fueran sociales, artísticas o deportivas. Sin embargo, las demandas sobre la emancipación jurídica y social de las exesclavas y de las mujeres racializadas, el derecho a la educación y a la instrucción cobraron especial atención y reiteración en sus números.

América Font, Lucrecia González Consuegra y Natividad González fueron voces que también se alzaron en pos del derecho a la educación y a la enseñanza. La primera de ellas advirtió que “la instrucción debe ser para la mujer lo que es la sabia para el árbol (…) pues donde no hay instrucción no hay libertad”, y además con temprana lucidez expresó “que las tareas domésticas habían sido encomendadas a la mujer por una costumbre que se había hecho ley” (Font, 1888, 2-3)

Aunque Minerva como revista, y sus redactoras como grupo, no lograron el activismo organizado más allá de la redacción, o simplemente no generaron un movimiento cívico por sus derechos, sí tuvieron el ímpetu y convocatoria de establecer sus luchas en contra del orden y de las instituciones establecidas, ese reconocimiento del color y género de sus demandas, y la desafiante transgresión de una sociedad que no las consideraba personas, ni pensantes. Al decir Lucrecia González Consuegra, otra de sus redactoras, “No podemos vivir en la inacción. Seamos las heroínas de nuestro sexo, libertándole del férreo yugo de la ignorancia y nuestro esfuerzo nos cubrirá de verdadera gloria.”(Colón 2016, 183) podemos asegurar que se germinaba la concepción de un temprano feminismo negro en Cuba

La “suerte” de las sufragistas negras

Relevante importancia, como organizaciones políticas, tomaron los “Clubes femeninos” fundados entorno al Partido Revolucionario Cubano (PRC), órgano político encargado de la preparación de la Guerra de 1895, y donde además se forjó un espontáneo e incipiente movimiento feminista que reclamaba la igualdad de derechos frente al sufragio.

De estos clubes hubo tres en los cuales las juntas directivas las conformaban mayoritariamente mujeres negras y mestizas: Club Céspedes y Martí (Nueva York), Club José Maceo (Nueva York) y Club Mariana Grajales de Maceo (Cayo Hueso). Esta relación sugiere que también las mujeres negras formaron parte del movimiento sufragista inicial por la igualdad de derechos de las mujeres cubanas desde la emigración. (Rubiera 2011, 179)

El advenimiento de la República en 1902 trajo consigo el sufragio universal masculino bajo el principio de la igualdad racial, que más que un postulado, quedó meramente instaurado como enunciado y mito. Frente a este derecho reconocido para los hombres, el movimiento sufragista de mujeres cubanas, con alguna presencia negra entre sus voces, creció en número y ganó en organización, sin embargo, y a pesar de los precedentes descritos, desplazó el conjunto de demandas de las mujeres racializadas dentro de su programa, y levantó una barrera más para las mismas relegando la posibilidad de diálogo.

“El prototipo de mujer cubana feminista o sufragista procedía de la burguesía cubana, había aprobado estudios medios o superiores y era de la “raza” blanca” (Colón 2016, 182) Esto dio al traste con que el movimiento no reclamara por el antirracismo con el mismo fervor que por los derechos ciudadanos.
Mientras el movimiento feminista cubano, dentro del cual se destacó el Partido Nacional Sufragista al cual se afiliaron también las mujeres negras, engrosaba su lista de incuestionables conquistas como la Ley de Patria Potestad de 1917 y la Ley del Divorcio en 1918, también se organizaron y celebraron los llamados Congresos Nacionales de Mujeres en los años 1923, 1925 y 1939. La relación entre estos Congresos y, no solo la presencia de la mujer negra, sino la inclusión en sus debates sobre las problemáticas de las mujeres racializadas, puede resumirse en que tuvieron un reconocimiento paulatino aunque partiendo de una categórica exclusión. (Rubiera 2011, 180)

Para el primero de los Congresos no hubo presencia de ninguna mujer negra. En el segundo se tiene registro de la participación como delegada de una mujer negra: Inocencia Valdés, referente de la lucha feminista y sindical, Secretaria General del Gremio de las Despalilladoras de La Habana, organización de obreros y obreras del sector tabacalero, por lo que se puede afirmar que algunas de las preocupaciones más importantes para las mujeres negras y obreras pudieron, al menos, ser presentadas.

El tercer Congreso Nacional de Mujeres celebrado en 1939, cinco años después de haberse logrado el sufragio universal femenino asumió otros compromisos. Se abrió una mesa de discusión llamada “La mujer y los prejuicios raciales”, por lo que el tratamiento al tema fue más riguroso y profundo. Allí mismo abordaron la desigualdad entre mujeres racializadas y mujeres blancas en la sociedad cubana en general, y en el mercado laboral en específico.

La historia de la llamada interseccionalidad del feminismo negro también se cuenta a través de la génesis de Minerva y de la genealogía del feminismo cubano. La raza y el género como ejes de opresión y la intersección de los movimientos abolicionistas y sufragistas desplazaron a las mujeres negras y mestizas cubanas a pesar de su presencia indiscutible, cuya brecha tuvieron que remontar, como verdadero movimiento contrahegemónico. Estas mujeres fundacionales del feminismo negro en cubano no son ajenas al afrofeminismo antológico, a ese feminismo negro de Soujourner Truth de 1852 en “¿Acaso no soy una mujer?”.

Los claroscuros del proceso revolucionario, Estado cubano vs. Organizaciones civiles

La Revolución cubana de 1959 sin duda alguna determinó un viraje estructural en el sistema de cosas establecido, rompiendo de manera drástica y determinada con el pasado de la sociedad y economía cubanas. Significó para los sectores más vulnerables una vindicación de sus derechos y al mismo tiempo un movimiento de esperanza.

La discriminación por sexo y la racial fueron embestidas constitucionalmente al prescribirse la igualdad de todos frente a la ley sin distinción de raza y sexo, y se eliminaron todas las políticas institucionales de carácter segregacionista. Sin embargo, la idealización positivista de la ley como único recurso para el enfrentamiento del racismo y de la discriminación en el país, provocó el desplazamiento de los debates y del activismo para combatir esta problemática social ante la inminencia de una intervención militar extranjera y la apremiante necesidad de la unidad nacional. (Morales 2017, 123)

En aquellos momentos de ebullición se crea el Movimiento de Orientación e Integración Nacional (MOIN), que en su Declaración de principios exponía como objetivo fundamental “constituir el núcleo central de un nuevo movimiento popular por la derrota de las discriminaciones, por la eliminación de la desigualdad opresiva que padece la población negra en nuestro país” (Romay 2014, 96). Tuvo núcleos de acción en centros de trabajo y docentes, en diferentes provincias y municipios del país.

Además, en su reglamento señalaba los fines como movimiento cívico, por ejemplo, trabajar en todas las etapas necesarias para la puesta en práctica del principio de igualdad frente a la ley, hasta crear un organismo paraestatal que garantizara la aplicación de las disposiciones del artículo 74 de la Ley Fundamental—sobre la prohibición de prácticas discriminatorias en el ámbito laboral—y que el mismo estuviera representado desde el Estado hasta los municipios, fuera en centros de trabajo públicos o privados, y en cualquier frente que se hiciera necesario, también movilizar hasta lograr la verdadera integración nacional.

Apenas un año después, causas y condiciones totalmente diferentes a las que prevalecieron en los primeros meses del triunfo revolucionario, acallaron la prédica antirracista de la dirigencia revolucionaria, y la labor de masas contra el racismo y la discriminación racial comenzó a languidecer. (Romay 2014, 98)

Tan pronto como en 1962 “la partida quedó sellada (…) y el asunto quedó resuelto” (Morales 2017, 121). A fuerza de un idealismo y voluntarismo desmedido se declararon la discriminación racial y el racismo como problemas superados en la nueva sociedad, lo que provocó un fenómeno de doble dimensión: que se convirtieran en un tema tabú y que la idea de que “aquí no hay racismo”, diera lugar al mito de la igualdad.

Para mediados de los años sesenta el rechazo a un activismo antirracial, tanto en el ámbito cultural como político y social se hizo agudo. Mientras que en la década del setenta y principios de los ochenta el puritanismo ideológico consecuente con la manera intolerante y acrítica de interpretar las contradicciones que tenían lugar entre la sociedad y el discurso oficial, configuró la penalización de aquellas manifestaciones que reprodujeran el conflicto social, o sencillamente que mostrara aquellas zonas de la vida social que no alimentaban la consigna de lo logrado por los proyectos revolucionarios, sino que marcaban los sitios donde aún había mucho por hacer. (Romay 2014, 106)

Entrando los años noventa, luego de que el país y su dirección tuvieron como prioridad política lo que se conoció como “proceso de subsanación de errores y tendencias negativas”, se constató cierta apertura a la crítica y reflexión en torno a temas desoídos como la racialidad y la orientación sexual, y sobre sectores marginados como las mujeres.

Sin embargo, el estado cubano se mantiene reticente a reconocer organizaciones o entes afines con la defensa de los derechos de personas negras y mestizas—Cofradía de la Negritud es un ejemplo de ello. Y además, su carácter centralizado y vertical legitiman la apropiación de proyectos germinados por iniciativas ajenas al gobierno y su administración—Proyecto Color Cubano, liderado por Gisela Arandia, es muestra de ello.

Por su parte, aunque fue más notorio que las mujeres encontraran representación mediante la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) como parte del proceso revolucionario, se hace obligatorio analizar la esencia y génesis de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), fundada en agosto de 1960.

Lamentablemente y a partir de entonces, comenzó a abrirse una brecha, cada vez más distante, entre los términos revolución y feminismo. A este último se le impregnó de una significación sine qua non burguesa, es decir, que el feminismo tenía solo razón de ser en sociedades burguesas de bases capitalistas; y es con este presupuesto que nace la FMC como única organización legitimada por el Estado para agrupar a todas las mujeres de manera universal, bajo la sombra de un “feminismo revolucionario” en función de la dirección de la Revolución. Así es que las mujeres encontraron los beneficios paternalistas del estado socialista, y a su vez este, la incondicionalidad de las mujeres cubanas. (Díaz 2016, 422)

Tal es así que en 1993, en medio del llamado “período especial”, nace la Asociación de Mujeres Comunicadoras “Magín”, a raíz del Primer Encuentro Latinoamericano de Mujeres Comunicadoras que tuvo lugar en La Habana en el mismo año, y donde las mujeres cubanas participantes evidenciaron un distanciamiento de su discurso con el feminismo, y con otros retos que sobre género presentaron las representantes de otras naciones.

“Magín” la componían principalmente mujeres profesionales de los medios de comunicación, pero también artistas, escritoras, profesionales de la salud, delegadas y diputadas del Poder Popular, que se avocaron en la profundización, trabajo y difusión de temas de géneros. Crearon aproximadamente 50 talleres de temas como violencia sobre las mujeres, salud, sexismo en el lenguaje, género y derecho entre otros, que sobrepasaron las fronteras habaneras y se llevaron a cabo también en provincias como Santiago de Cuba, Isla de la Juventud y Santi Spíritus.

 

Sin embargo, “de 1993 a 1996 pudo funcionar, este último año fue desactivada la organización, porque según cuentan algunas de sus participantes, la Federación (FMC) envió una orden “aquí solo puede existir una organización de mujeres” (Díaz 2016, 437)

Quedaron sin concretarse varios proyectos como revistas, colecciones, multimedias, investigaciones, entre las que se encontraba estudiar la ruta de la esclava.

Además de ponerse de manifiesto la subordinación de la FMC al gobierno, prácticamente como una extensión del Partido Comunista, también clarifica los procedimientos de control estatales, la necesaria patentización del estado sobre cualquier iniciativa proveniente de la sociedad civil. Lo que delimita de manera muy definida los espacios entre las mujeres y la organización que las representan, la mayoría de las veces como cuerpos separados, ya que la FMC es más un brazo del estado, que la propia garganta de las mujeres cubanas.

El mito de la igualdad (racial y de género) en combinación con el racismo como tema tabú, ambos fenómenos favorecidos por el discurso revolucionario estatal y patriarcal, derivó en un retroceso para el movimiento feminista cubano en general, y en particular para la consolidación de un feminismo negro propio.

Diseñar caminos: Breve agenda afrofeminista.

La nueva Constitución cubana abrió el abanico de derechos reconocidos para todas las personas y fortaleció el principio de igualdad ante la ley, en comparación con la derogada Constitución de 1976. Se ampliaron las modalidades que por actos de discriminación serán castigadas por ley—aunque es más evidente el desarrollo del articulado en cuanto a la discriminación por género que por la racial—, y el Estado se regula como sujeto obligado a implementar políticas públicas y leyes que garanticen el cumplimiento del derecho a la igualdad. Esta remisión a leyes y políticas públicas que aún no están redactadas ni implementadas es un terreno fértil para sembrar demandas provenientes de una agenda afrofeminista.

Actualmente, el único cuerpo legal que sanciona actos por discriminación es el Código Penal en su artículo 295.1 bajo el título de “Delitos contra el derecho de igualdad”. Es decir, la única vía de ejecución pública contra actos por discriminación es la penal, cuando esta rama del derecho se basa en el principio de ultima ratio. En este sentido, la ausencia de disposiciones complementarias para enfrentar la discriminación en general, y el rezago en cuanto a políticas estatales que desfavorezcan la desigualdad racial, son notorios. (Katerí 2016, 297-298)

Los programas sociales y económicos que se han puesto en práctica en los últimos quince años no tienen como centro, ni como arista, de las problemáticas la brecha de género y la discriminación racial, todo lo contrario, en buena medida han incrementado estas diferencias, o al menos las han acentuado.

Simplificando, y solo con propósitos ilustrativos, podría afirmarse que las políticas sociales, equitativa y sistemáticamente aplicadas por el gobierno cubano, han logrado fijar las líneas de color, en los campos educacional y cultural, a distancias desiguales pero socialmente manejables para blancos, negros y mestizos. Pero en el terreno de la economía la distancia real no solo sigue siendo apreciable, sino que se ha ampliado, a la par que diferencias expresadas en la sobrerrepresentación de negros y mestizos en determinados segmentos del espectro sociolaboral evidencian inequidades cuyas consecuencias más importantes afectan la economía familiar y personal, generando una especie de círculo vicioso. (Romay 2016, 272)

Es por ello que el feminismo negro cubano, tiene un gran reto y una oportunidad histórica única dentro del proceso revolucionario iniciado en 1959: visibilizar la feminización de la pobreza en Cuba y que esta, además, presenta color; demostrar la persistencia del racismo, de la discriminación racial y de género y la violencia de género; organizarse como movimiento e interponerle al estado y sus instituciones una agenda con demandas y propuestas atravesadas por la mirada afrofeminista.

Si bien no podemos referir la existencia de un movimiento feminista negro en Cuba, sí encontramos organizaciones, proyectos, pensadoras y literatura que evocan y hacen presente un afrofeminismo propio.

Uno de los proyectos más relevantes es Grupo Afrocubanas—de muy reciente conclusión—, fundado por Daysi Rubiera Castillo e Inés María Martiatu Terry*, cuyo propósito fundamental, al decir de sus propias fundadoras, fue visibilizar los aportes de las mujeres negras y mestizas a la historia y cultura nacionales, abordar la discriminación racial y de género, grupo que también funciona al estilo de círculo político.

Afrocubanas
Afrocubanas en la presentación del libro Afrocubanas.

La afrofeminista cubana Sandra Abd´Allah-Álvarez Ramírez es la creadora de su propio blog “Negra cubana tenía que ser”, de imprescindible visita y lectura, además investigadora y activista incansable por los derechos de las mujeres negras y mestizas. Una de sus obras más loables ha sido el Directorio de Afrocubanas, herramienta digital que recopila fichas de mujeres cubanas afrodescendientes, quienes han contribuido de manera significativa a la cultura e historia nacionales.

A su vez encontramos la Alianza Unidad Racial, creada y dirigida por Deyni Terry Abreu, un proyecto socio-jurídico que desde 2011 defiende a víctimas de discriminación en general, y con más especificidad orienta a las víctimas por discriminación racial, con el propósito de proponer modelos legales que permitan informar y defender personas afrodescendientes portadoras de alguna queja o preocupación.

El Club del Espendrú, fundado por Magia López y Alexei Rodríguez, integrantes del grupo de hip-hop Obsesión, es un proyecto que busca la vindicación social de las personas afrodescendientes mediante eventos, como “Trenzando Identidades” y los Festivales de la Muñeca Negra, espacios para la reflexión y el fortalecimiento de nuestra identidad negra.

Investigadoras que han recuperado la memoria de las mujeres negras y mestizas de nuestra historia, y que también reflexionan, visibilizan e interpelan las problemáticas raciales son muchísimas y solo mencionaré algunas: Leyda Oquendo Barrios, Norma Guillard Limonta, Digna Castañeda Fuentes, Tito Mitjans Alayón, Maydi Bayona, Yulexis Almeida Junco, Oilda Hevia Lanier, Yanelys Abreu Babi, Zuleica Romay Guerra, y las ya mencionadas Daysi Rubiera Castillo, Inés María Martiatu y Sandra Abd´Allah-Álvarez Ramírez.

En la esfera de las artes y la cultura es imprescindible nombrar a la poeta Georgina Herrera, a la dramaturga y directora de teatro Fátima Patterson, a la artista plástica Belkis Ayón, en el cine a Gloria Rolando y la obra de Sara Gómez que a pesar de no ser reciente su contenido es tremendamente actual.

Diseñando caminos, escribiendo una agenda

La pretensión de este epígrafe consiste en hacer el ejercicio de proponer, más que cambios, posibles caminos para lograrlos, no pretendo encapsular una lista de soluciones propias, sino que esta breve agenda responde al estudio colectivo de varias agrupaciones, aunque agrego consideraciones personales.

Entre las primeras propuestas que me figuran, precisamente porque fueron un obstáculo para la presente investigación, se encuentran exigir una adecuada redacción de los patrones de medición en los formularios de censos poblaciones, que los datos demográficos y las estadísticas estén desagregados por raza y género, y que los datos oficiales que arrojen respondan a una ley de transparencia de manera tal que todas las personas podamos acceder a los mismos. Por supuesto, que se tomen en cuenta para dimensionar estas diferencias sociales y, en su base, trazar estrategias, crear programas y articular leyes que respondan agudamente a las mismas.

Consideré la necesidad de una política de cuotas de manera reglada y sistemática, no como acciones afirmativas para determinados espacios de la vida pública y política del país, sino insertada desde el acceso a los estudios superiores hasta en porcentajes de empleados para el sector estatal del turismo y el nuevo sector privado de la economía. Las primeras garantías para los derechos de mujeres negras y mestizas solo podrán verse realizados tras estos primeros pasos.

Por supuesto, la corrección de la injusticia histórica no puede lograrse con la inversión de la pirámide, resultado históricamente imposible, sino “infiltrando” paulatina pero incesantemente, sus secciones media y superior con colores que atenúen los contrastes (Romay 2016, 254)

Asimismo se hace imprescindible la emisión de una Ley contra la Discriminación, a propósito de la nueva Constitución y de la obligatoriedad competente al estado de garantizar el principio de igualdad. Esta Ley deberá obligar a cada Organismo de la Administración Central del Estado, a cada Organismo Superior de Dirección Empresarial, y sus respectivas dependencias, a crear sus propias regulaciones y reglamentos contra la discriminación, incluida la racial y la sexo-genérica. Así como obligarlos a la creación de órganos, ya estos a niveles superiores, donde se puedan denunciar hechos por discriminación. Vinculado indisolublemente a la capacitación y preparación de sus miembros.

Lo anterior no significa el deslinde de la necesaria posibilidad de demandas en los procedimientos judiciales contencioso-administrativos, que al día de hoy no se amparan, y que también de manera puntual agrego a las propuestas.

De esta forma la emisión de normas reguladoras y sancionadoras por actos de discriminación abarcaría varias instancias y desconcentrarían la insuficiente vía penal. Garantizando la protección de estos derechos, no importa el carácter estatal o privado del lugar o la instancia donde se cometan.
Sin embargo ninguna política sancionadora es eficiente por sí sola. No dejo de perder de vista que tendrán que ser leyes aplicables, que contemplen la viabilidad de la denuncia o de la queja, que se tase objetivamente la carga de la prueba pero teniendo en cuenta el impulso subjetivo de cualquier acto de discriminación.

Crear, dentro de la organización de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), una comisión de trabajo permanente contra el racismo y la discriminación racial hacia las mujeres negras y mestizas, que la misma sea receptora de quejas y preocupaciones, que tenga líneas de investigación y encuestas, que proponga y desarrolle programas para el enfrentamiento de estas problemáticas, desde su dirección hasta la base. También que se permita el diálogo con otras organizaciones y proyectos de la sociedad civil afines con estos objetivos.

Considero de suma importancia recuperar la pluralidad y la perspectiva feminista que caracterizaron los Congresos Nacionales de Mujeres de inicios del siglo pasado, que los Congresos de la FMC dejen de serlo exclusivamente para esta institución, y puedan ser partícipes otras organizaciones y entes feministas, o que tengan como líneas de trabajo o investigación a las mujeres cubanas y la violencia de género. A su vez abrir una mesa de debate permanente en estos Congresos sobre antirracismo, mujeres negras y mestizas, prácticas discriminatorias, con el enfoque afrofeminista que requiere.

Rescatar la iniciativa del Movimiento de Orientación e Integración Nacional (MOIN) sobre crear un organismo paraestatal que garantice la aplicación del principio de igualdad y de la proscripción de los actos por discriminación de la nueva Constitución. Este ente político puede coordinar y dialogar entre las distintas organizaciones y proyectos que luchan en contra de la discriminación racial o de género, con el Estado, y que supervise y fiscalice las acciones a acometer por el mismo para la erradicación de estas problemáticas, asimismo que rinda cuentas a las diferentes organizaciones.

El estado debe legitimar el reconocimiento de asociaciones, proyectos u organizaciones que defiendan los derechos de las personas negras y mestizas y de las mujeres, bajo presupuestos que garanticen la integración nacional.

La urgencia de nueva literatura histórica, decolonizada, que rescate la visión nuestra-americana de la historia, alejada del eurocentrismo que caracteriza los libros de textos en las escuelas y los programas de estudios, tiene que incorporar y visibilizar la participación de las personas negras en la conformación de nuestra nación e identidad, y en especial, el indispensable aporte de las mujeres negras y mestizas a lo largo de la historia y hasta la actualidad.

Diseñar y difundir campañas mediante los medios de comunicación que rescaten nuestra memoria, que aborden la discriminación, la violencia de género, y que manifiesten las prácticas más comunes de racismo y sexismo que aún persiste en nuestra sociedad con el propósito de educar y hacer una conciencia respecto a estos fenómenos.

Introducir el enfoque de género y antirracista como práctica, además de la literatura escolar, en todos los niveles de enseñanza.

Que las recientes investigaciones sobre raza, género, feminismo, racialidad, discriminación racial, mujeres negras y mestizas, afrodescendientes en Cuba, que se han editado no se queden en la impresión de unos pocos números dispuestos a la venta en selectas bibliotecas especializadas en el país, de forma tal que salga a la luz en otros espacios y puedan llegar a las manos de cualquier persona.

La investigadora Sandra Abd´Allah-Álvarez Ramírez ha escrito también sobre la creación de Observatorios contra la discriminación, como un sistema que permita el enfrentamiento a prácticas discriminatorias de cualquier índole, que incluya tanto acciones educativas como la canalización de críticas, preocupaciones y demandas.

Tampoco puede lograrse una transformación cualitativa en nuestra cultura y nuestras leyes, sin un cambio cualitativo y cuantitativo de la economía.

Crear programas de fomento para las economías locales, especialmente en aquellos territorios urbanos, suburbanos y rurales discriminados geográficamente frente a las nuevas políticas para el cuentapropismo y las pequeñas empresas, donde existe una sobrerrepresentación de personas negras, y en la misma medida, de mujeres negras y mestizas en total desventaja ante estas nuevas oportunidades. Permitir y estimular la creación de cooperativas en estos espacios, y que a su vez, puedan ser sujetas crediticias por los Bancos nacionales para el comienzo de sus emprendimientos, no sería una idea desbocada. Con ventajas también impositivas y fiscales.

Reestructurar la política de cuidados que ofrece el estado cubano mediante los círculos infantiles se hace urgente. Rediseñar las estrategias de prioridad para la matrícula en las guarderías, y que incluyan también a aquellas madres que han perdido el empleo o que anhelan acceder al mercado laboral. Incentivar las cooperativas de cuidados, donde el estado pueda figurar como aliado, y a su vez establecerles una cuota mínima para madres en desventaja social, según sus ingresos, pudiera ser una propuesta fértil.

Bibliografía:
Barcia, María del C. “Mujeres entorno a Minerva”, en Afrocubanas: historia, pensamiento y prácticas culturales. La Habana: Ciencias Sociales, 2011. En: https://leer.amazon.com.mx/?asin=B07G5KTTVW [11.09.2018].
Céspedes, África de. “Reflexiones”. Minerva, num. 10 (Febrero 1889): 2-5.
Colón, Michel. “Racismo y feminismo en Cuba: ¿Dos mitades y una misma naranja? Claves históricas para su estudio. Boletín Americanista, num. 72 (2016): 179-198. En: https://dialnet.unirioja.es/ejemplar/433999 [20.10.2018].
Constitución de la República de Cuba, Gaceta Oficial de la República, La Habana, 24 de febrero de 1976
Constitución de la República de Cuba, Gaceta Oficial de la República, La Habana, 11 de abril de 2019.
Díaz, Teresa. “Palabras que definen: Cuba y el feminismo nuestroamericano”. Movimientos de mujeres y lucha feminista en América Latina y el Caribe. Buenos Aires: CLACSO, 2016.
Font, América. “Mis opiniones”. Minerva, num. 3 (Noviembre 1888): 2-3.
Hill, Patricia. “Rasgos distintivos del pensamiento feminista negro”, en: Feminismos Negros. Una antología. Madrid: Traficantes de sueños, 2012.
Katerí, Tanya. La subordinación racial en Latinoamérica. El papel del Estado, el derecho consuetudinario y la nueva respuesta de los derechos civiles. La Habana: Fondo Editorial Casa de las Américas, 2016.
Ley Fundamental. Gaceta Oficial de la República, La Habana, 7 de febrero de 1959
Ley 62 “Código Penal Cubano”. Gaceta Oficial de la República, La Habana, 30 de abril de 1988.
Morales, Esteban. “Desafíos de la problemática racial en Cuba”, en Raza y Racismo. La Habana: Editorial Caminos, 2017.
Romay, Zuleica. Elogio de la altea o las paradojas de la racialidad. La Habana: Fondo Editorial Casa de las Américas, 2014.
Rubiera, Daysi. “Apuntes sobre la mujer negra cubana”, Cuban Studies, num. 42 (2011): 176-185. En: https://www.jstor.org/stable/24487509?read-now=1&seq=1#page_scan_tab_contents [10.11.2018]
Truth, Soujourner. “Sufragio femenino”, en: Feminismos Negros. Una antología. Madrid: Traficantes de sueños, 2012.

Publicado en la revista De este lado, edición Número 4, Enero-Junio de 2019.

*El grupo Afrocubanas fue fundado por Paulina Márquez, Carmen González, Sandra Abd´Allah-Alvarez Ramírez, Inés María Martiatu y Daysi Rubiera.

Foto de portada: Sandra Abd´Allah-Alvarez Ramírez

¿Y si viramos la tortilla? Pensares y prácticas del Feminismo Negro Cuir Cubano

Una perspectiva de la cuiridad en el contexto caribeño

Existen formas de resistencia negras no cisheteronormativas al colonialismo, la esclavitud y sus expresiones contemporáneas: genocidio antinegro, brutalidad policial, colorismo, racismo institucional/cultural, gentrificación, misogynoir y transmisogynoir. (King, 2016, Rea, Santos Amancio, 2018). Dichas resistencias disidentes están conectadas con las identidades sexuales y de género de las comunidades originarias, antes de la colonización y de trata humana transatlántica. Anterior a ello, ya existía la diversidad sexogenérica en las comunidades. Ejemplo de lo anterior es la sobrevivencia de las personas Muxhe en México.

La cisheteronorma impuesta y reinante 525 años más tarde constituye una herramienta de opresión, sumisión, supresión y producción dogmáticapitalista. Esto es particularmente relevante para Cuba, país que dejó de ser colonia hace tan sólo 120 años, habiendo abolido la esclavización menos de una decenio antes y se ha visto marcada en las últimas seis décadas por el control social de lo no-cishetoronormativo.

Dentro de este contexto, desde varias profesiones o ámbitos: académicas, intelectuales, artistas han abordado las conexiones entre la formación del capitalismo colonialista en el Caribe con la imposición del sistema de género binario eurocéntrico entre las poblaciones originarias y negras (Tinsley, 2010, King, 2016).

La cuiridad negra incluye y reconoce la existencia de personas no binarias, no conformes al género, bomberitos, tortilleras, tuercas, camioneras, travestis, personas trans, tranis, transexuales, maricones de carroza, lesbianas, bisexuales, pansexuales, entre otras muchas posibilidades de existir fuera de la hegemonía blancocisheteronormativa.

De esta manera, proponemos la cuiridad negra, desde Cuba y su diáspora, como una categoría que nombra identidades y movimientos no heteronormativos negros y muestran formas de resistencia anticolonial en el Caribe y las Américas.

¿Por qué una compilación de pensares feministas negros cuir cubanos?

A pesar de los crecientes esfuerzos por promover los pensares feministas negros cubanos, y sus prácticas, estos continúan siendo marginalizados; permanecen en los márgenes, aún cuando una parte indispensable del activismo antirracista cubano ha sido realizado por activistas, artistas e intelectuales feministas cuir.

Por otro lado, la mayor parte de la discusión sobre lo cuir en el Caribe y las Américas continúa estando en manos del activismo disidente blanco-mestizo y en los espacios académicos, los cuales también son mayoritariamente blancos. Desde estos lugares se invisibilizan frecuentemente las experiencias históricas de las personas con identidades cuir negras y afrodescendientes.

Así nace la intención de realizar una compilación de textos acerca de pensares y prácticas feministas negros cuir cubanos, que den cuenta de sus contribuciones al movimiento negro, feminista cubano, afrodiaspórico y afrocaribeño.

Debido a la importancia del arte y lo erótico para la resistencia dentro de las disidencias sexo-genéricas en las comunidades y poblaciones negras (Saunders, 2009; Abd́Allah-Álvarez Ramírez, 2015; Rojas, Aguirre, 2016, Sierra-Rivera, 2017) se busca visibilizar, principalmente, la obra de personas activistas, artivistas, artistas, poetas, intelectuales y académicas que conforman la cuiridad negra, con el fin de interrumpir el discurso cisheteronormativo.

Igualmente con esta compilación queremos reivindicar las epistemologías de mujeres y sujetos disidentes negros (Tinsley, 2018), las que se encuentran sumergidas en nuestras genealogías de resistencia que han sobrevivido y se han reactualizado al constante borramiento de la academia norteglobal y eurocentrista.

Además se concibe esta compilación como una herramienta de cambio social y resistencia que ayude a llenar el vacío existente al respecto y provea de soluciones para la implementación de políticas públicas.

BASES

Se convoca a participar a todas personas negras/afrodescendientes naturales de Cuba y su diáspora, que se identifiquen con los pensares feministas negros cuir, así como a sus prácticas culturales. Además se considerarán contribuciones de personas no cubanas siempre cuando sean negras/afrodescendientes o caribeñas, cuya obra contribuya de manera especial a la comprensión del ámbito de estudio, y que posean probado recorrido de estos temas.

Se aceptarán textos escritos en idioma español así como traducciones de otras lenguas.

Los textos pueden representar diversos géneros: artículos científicos, ensayos, narrativa, poesía, testimonio, entrevista, fotografía, crónicas, artículos de opinión, entre otros.

Los trabajos pueden ser inéditos o ya publicados, siempre y cuando se tenga la autorización correspondiente para ser reproducidos.

Las contribuciones serán recibidas en titolindodemicorazon@gmail.com con copia a  negronacubaine@gmail.com. Los textos se remitirán en documento Word. Las imágenes se enviarán el formato CMYK, con una resolución mínima de 300dpi. Adjuntamente se enviará una breve biografía o curriculum vitae.

La publicación impresa y digital estará a cargo de una editorial, aún no seleccionada.

Hasta el momento no se tiene fuente de financiamiento o retribución económica alguna ni para quienes coordinan ni para las colaboraciones.

El envío de un texto conlleva la aceptación de estas bases.

La presente convocatoria expirará el día 1 de junio del 2019.

Convocatoria Pensamiento feminista negro cuir cubano

 

Coordinación de la compilación:

Tito Mitjans Alayón (investigador y activista) y Sandra Abd´Allah-Álvarez Ramírez (bloguera y activista).

San Cristóbal de Las Casas, Hannover, marzo 2019.

Descargar la convocatoria ¿Y si viramos la tortilla? Pensares y prácticas del Feminismo Negro Cuir Cubano  

Foto de portada: Mwabonje

 

¿Cuál mestizaje?

Por Ximena Mandinga

Lxs mestizxs en su confusión se creen primerísimxs herederxs de lo mejor y más noble de los proyectos de blanquitud, lxs mestizxs, promueven un proyecto político peligrosamente parecido a la supremacía blanca.

Lxs mestizxs se creen una raza superior y perfecta, de acuerdo a los mitos materializadores de esta falacia como proyecto ideológico «cohesionador» de los estados nación en centro y sur América (léase José Vasconcelos Calderón: La Raza Cósmica, 1925 y Casa-Grande e Senzala de Gilberto Freyre, 1933), no importan cuan solidarios se muestren con las causas de aquellxs que nos consideramos negrxs/afros/indígenas/etc.

Una persona que identifique su ser amarrado a una identidad mestiza en Centro y Sur América no puede resistir la tentación de imponer su mirada colonialista a toda costa y sobre todxs lxs demás.

Quién se cree mestizx siempre creerá la fantasía de ser poseedor de pases entre muchos mundos, heredero de varias culturas y viajero pluridimensional; por ende ellxs se asumen visionarix, lxs mestizxs están convencidos que pueden ver más que aquellxs que no nos sentimos cómodos navegando en la identidad mestiza.

Ellxs usualmente exclaman con voz ferviente que por su sangre corren todas las «razas» mientras su mente obedece estrictamente a la estructura del perezoso patrón de dominación y organización colonial de las sociedades modernas.

Lxs mestizsx usan su apariencia “camaleónica”, su «ambigüedad racial» y su discurso social, -si es que los poseen- para confundirse y confundir.

Entonces, llega un día la persona mestiza y se sienta en la reunión semanal del grupo de lectura de la gente afro.

A la semana siguiente visita el consejo comunitario más cercano.

Viaja una semana por zonas consideradas enclaves de “negros”, se hace autorretratos con lxs niñxs más oscuros que encuentre a su paso, sin pedir permiso a los familiares de estxs y asegurándose que el contraste de su piel contra la piel de los niños resalte en la fotografía, que después comparte en sus redes sociales.

Le grita al mundo que ama los negros, se trenza, baila, se compra un turbante y así sucesivamente.

Simultáneamente este ser navega su privilegio, tiene entrada a espacios que se reservan el derecho de admisión (negados para aquellxs con mucha melanina sobre la piel).

Aunque su pelo jamás fue sometido al rechazo, se siente facultadx para hablar sobre los cabellos de las que padecen persecución a razón de ello.

Este ser se apropia de los discursos de liberación de los cuerpos y las mentes de gente afro, pelea por decir que son suyos también, pero no los siente, no los padece, no les ha creado, no les aporta nada nuevo.

Todo es un asunto de poder, de reafirmación de estatus en la pirámide social.

Tomado del muro de Facebook de Ximena Mandinga.

Foto de portada: Daniel Cortes. Reproducida bajo Licencia Attribution-ShareAlike 2.0 Generic (CC BY-SA 2.0)

Figuras ocultas del feminismo en Cuba

Por Maikel Colón Pichardo

En cuanto a nuestras mujeres, ellas convierten el erial del mundo en vergel,
ellas se ve que luchan por sostener nuestra revista, porque saben que,
premian el esfuerzo, el mérito y por eso tratan de colocar alto nuestro pendón
para que se sepa, que en ningún tiempo ni circunstancia,
dejó de ser la primera en acudir a todas las manifestaciones altas del pensamiento”.

Úrsula Coimbra de Valverde
(Revista Minerva, Sección “Páginas Feministas”, Octubre de 1911)

 

Traer a debate las historias del ayer siempre conlleva un cuestionamiento tácito a muchos aspectos que desde la perspectiva contemporánea son reconocidos y valorados con mayor coherencia y sensatez; o al menos eso esperamos. Algunas de esas historias, confinadas en algunos de nuestros libros de historia de manera recurrente, no siempre han sido reveladas en consecuencia con la relevancia y el aporte de sus protagonistas, desmarcando en ese sentido, una suerte de interpretaciones que desafortunadamente han dejado fuera de escena a personas que, de un modo u otro, han jugado un papel crucial en los episodios y acontecimientos que marcaron el devenir histórico de la sociedad cubana.

Entre estos acontecimientos queremos hacer referencia al movimiento feminista cubano, un fenómeno que comenzó a fraguarse a partir de la segunda mitad del siglo XIX, pero que de manera ostensible su grado de concreción y madurez se consolidó en las cuatro primeras décadas del siglo XX. Dentro de la efervescencia de este movimiento, hubo un número considerable de actores –mayoritariamente mujeres–, que pensaron y diseñaron activamente las plataformas que dieron coherencia a cada uno de los frentes abiertos por este movimiento ideológico. Y aunque por diversas razones el reconocimiento a la labor e impronta de algunas de las mujeres involucradas en esta magna contienda, ha tenido diferentes niveles de visualización –dos importantes aportaciones historiográficas como: De la casa a la calle: el movimiento cubano de la mujer a favor de la reforma legal (1898-1940), de la autora K. Lynn Stoner, y En busca de un espacio. Historia de mujeres en Cuba, de Julio César González Pagés, dan cuenta de ello–, entendemos que aun quedan figuras por revisitar, que no gozan del reconocimiento que merecen.

A partir de entonces, queremos en estas notas, destacar el papel y la relevancia de una figura muy particular, que desde los orígenes del feminismo en Cuba, abordó y dignificó el papel de las mujeres negras y mulatas dentro de este movimiento, como parte de un activismo consecuente y de una actividad periodística representativa.

Nuestra protagonista en cuestión es Úrsula Coimbra de Valverde, una mujer excepcional, una de las representantes de este movimiento, que desde su propia génesis ejemplificó el protagonismo de las mujeres negras y mulatas dentro del mismo, reflexionando a fondo a partir de nociones de participación e igualdad respecto al “progreso racial”, apoyándose fundamentalmente en el papel y la relevancia que jugó la “raza” en cada uno de los procesos que acontecieron en la redefinición de la historia de Cuba.

Nació en Cienfuegos, aunque la mayor parte de su vida como profesional y activista tuvo lugar en Santiago de Cuba. Fue una excelente compositora e intérprete, con una carrera musical destacada. Además, tuvo una distinción meritoria como escritora, apareciendo sus primeros escritos en la década del 80 del siglo XIX. A partir de esta impronta fue una de las asiduas colaboradoras de la revista Minerva (1888-1889), una publicación sui generis de carácter quincenal dedicada a la mujer de color. Existió durante un año y se estructuraba en tres grandes apartados: la poesía, la defensa de la educación y la instrucción, y las notas referidas a la moralidad.

Dentro de esta estela Valverde interaccionó con sus dos profesiones. Desarrolló su carrera musical con bastante regularidad, ocupando un espacio importante su función docente en la enseñanza del piano y fue miembro activa de algunas de las instituciones y círculos sociales más prominentes en la época en la que desplegó su labor. En estas últimas se anunciaban sus conciertos y su participación en otros eventos sociales.

En su otra faceta, publicó un número considerable de artículos que abordaron diferentes tópicos (política, sociedad, feminismo). Y en otro orden de sensibilidad, el tema de la discriminación racial ocupó un espacio importante en su retórica. Desde esa impronta desarrolló un activismo importante en los primeros compases del siglo XX. Fue así como en una publicación como El Nuevo Criollo (1906-1908), un semanario publicado y editado por Rafael Serra, destacado ideólogo del pensamiento antirracista cubano, publicó un conjunto de ensayos acerca de “La Mujer en la Poesía Cubana”.

En esta serie donde escribió con el seudónimo de “Cecilia”, dinamizó un debate transgresor en toda regla que abrió un diapasón considerable a los temas que desde el feminismo comenzaban a tomar cuerpo y forma. Consecuentemente, Coimbra de Valverde interpeló la estructura patriarcal de la superioridad intelectual de los hombres dentro de la sociedad cubana, haciendo hincapié en  las aptitudes y la relevancia de las mujeres dentro del mundo de las artes, salvaguardando el legado de las mujeres poetas del período decimonónico, una iniciativa que reconocía el protagonismo en el amplio espectro cultural y artístico en la tradición académica e intelectual de un amplio sector de mujeres en la historia de Cuba.

Es cierto que la mayoría de las valoraciones en las que enfatizó mantuvieron una perspectiva generalizada, en cuanto a la contribución de las mujeres a nuestro acerbo cultural y artístico. Sin embargo, en su comprensión de la sociedad cubana, era consciente de su papel como representante de un sector social marginado y vilipendiado, con lo cual, los acontecimientos que le otorgaron cierto protagonismo a las mujeres negras y mulatas fueron un punto de referencia que tenía que velar celosamente por el cuestionamiento social y cultural al que podía ser sometido este sector de mujeres, que tenía que lidiar constantemente con su condición racial y de género. De ahí la importancia de hacer hincapié en la infinidad de sus capacidades intelectuales, un derecho que les era negado sistemáticamente.

En ese orden, en la segunda etapa de la revista Minerva (1910-1915) –revista universal ilustrada en la que fungió como una de sus redactoras y más asiduas colaboradoras– elogiaba con bastante constancia los logros y distinciones de mujeres negras y mulatas prominentes, que cambiaron de un modo significativo las nociones estereotipadas que circulaban con bastante constancia en todos los espacios de la sociedad. Cada uno de los alegatos abordados por Coimbra de Valverde en ese sentido sentaron las bases fundamentales para la redefinición del movimiento feminista cubano, dándole una mayor dimensión a las valoraciones sobre el sujeto mujer. Tengamos presente que las reflexiones que propuso acapararon dos frentes de confrontación, atendiendo a las implicaciones de la condición racial y de género, propiciando un mayor entendimiento a las desigualdades sociales que padecía este sector de mujeres.

A partir de entonces, podemos apuntalar un paradigma en el estudio del feminismo cubano que se estableció como punto de referencia a la hora de destacar el papel de los diferentes sectores de mujeres dentro de esta batalla ideológica. Por eso la relevancia de su labor periodística a la hora de destacar el talento de las mujeres negras y mulatas en el conjunto de la actividad intelectual, académica y artística, resaltando de manera muy especial el valor de la educación como vehículo de superación, abriendo oportunidades que permitirían romper el estrecho cerco que se establecía en torno a la participación de las mujeres en el espacio público y privado. De ese modo, nuestra homenajeada perfiló un paradigma de mujer moderna que tenía que hacer valer sus responsabilidades cívicas, desafiando en cualquier caso la normativa patriarcal imperante que declaraba abiertamente algunos supuestos que convertían a las mujeres en seres intelectualmente inferiores.

Úrsula Coimbra Valverde ejemplificó, sin lugar a dudas, una mujer transgresora en toda regla. Representó, además, un modelo de mujer intelectual que abordó en profundidad algunos de los problemas más complejos de su tiempo, proyectando desde una perspectiva feminista nuevos matices a la visión de la mujer moderna. Reconoció también el desarrollo intelectual de las mujeres negras y mulatas, invocando con constancia su papel relevante en los anales de nuestra historia, desafiando desde su postura el modelo patriarcal hegemónico y la supremacía racial imperante; incentivando un nuevo discurso político a favor de un sector de mujeres que tenían que lidiar cotidianamente con las implicaciones sociales y culturales de su condición racial y de género.

Se conoce que, en 1946, varias mujeres afiliadas a la sociedad elitista “Casino Cubano”, en Santiago de Cuba, le rindieron homenaje para realzar y destacar sus contribuciones en el campo de las artes y las letras. Hoy, además de reivindicar esa faceta de su vida, también queremos rendir homenaje a la feminista, un ejemplo representativo de este movimiento ideológico en nuestro país. Aunque aparentemente ha quedado oculta en las sombras del debate historiográfico, su legado y su obra contribuyeron significativamente a redimensionar la visión de la mujer moderna cubana desde una perspectiva racial.

Publicado en Cuba Posible.

Aprendizajes sobre Feminismo Negro: diálogos con cinco negras intelectuales cubanas

Por Pedro Alexander Cubas Hernández

La discusión sobre Feminismo Negro crece cada día. No obstante, es importante aclarar que hay una larga historia que se remonta al siglo XIX y a Estados Unidos como uno de los locus principales desde el punto de vista teórico y práctico. Además, otras perspectivas sobre el feminismo están siendo debatidas hoy a nivel internacional; por ejemplo, el caso de la situación de las mujeres y su lucha dentro del contexto islámico. Para poder entender los significados de esa efervescencia feminista en nuestro planeta, que tiene su continuidad en el nuevo milenio, es importante evitar las alusiones a la palabra modismo. La rebeldía ante una sociedad cada vez más machista, patriarcal, falocéntrica, racista y sexista no puede ser algo pasajero como las modas de cada momento.

El dossier “Actualidad del Feminismo Negro: diálogo con cinco mujeres negras jóvenes cubanas” es una oportunidad de dar a conocer lo que piensa una pequeña representación de mujeres negras intelectuales nacidas en Cuba entre 1973 y 1985. Es decir, en la época de consolidación –y crisis ulterior– del modelo socialista cubano alineado a la Unión Soviética. Todas ellas llegaron por méritos propios a la Universidad de La Habana y allí ratificaron su calidad académica formándose como licenciadas en el período que abarca de 1996 a 2008. Dicha época (y los años siguientes) estuvo llena dificultades de todo tipo, que influyó superlativamente en la sobrevivencia de personas simples como ellas. Es decir, no fue fácil estudiar una carrera universitaria cuando la situación económica golpeaba tanto.

Cada una de ellas asumió el desafío de tornarse profesional, amén de las tantas dificultades cotidianas. Dos se graduaron en Filosofía, una en Filología, la de mayor edad cursó Psicología y la más joven terminó Historia. En fin, ellas son egresadas en carreras de ciencias sociales y humanidades. A partir de ahí, cada quien se preocupó por su superación profesional en distintos postgrados, que van desde cursos simples, pasando por diplomados y maestrías, hasta el doctorado. En este momento, una ya es Doctora, dos andan con paso firme para adjudicarse ese título y otra está a punto de comenzar esa experiencia académica. Socialmente, tres ya saben lo que significa ser madre y una de ellas es abuela.

Además del interés por el tema del Feminismo Negro y la conciencia de asumirse como mujeres negras, observo otros dos aspectos que unen las trayectorias de vida actuales de las cinco jóvenes intelectuales, que honran de compartir conmigo (y también con los lectores de Cuba Posible) sus valiosas reflexiones. En primer lugar, el posicionamiento social como activistas, en unos casos dentro y fuera del mundo académico; y, en otros, totalmente aisladas de dicho espacio por su tendencia elitista que lastra/impide la proliferación de iniciativas de mayor arraigo popular. Y, en segundo lugar, el factor migratorio, porque cuatro de ellas no están viviendo en Cuba en este momento: tres por realizar proyectos personales y profesionales de vida en Alemania, España y Brasil; y una por razones de estudio en México. En este sentido, insistí en la participación de una joven que vive y trabaja en Cuba para lograr un equilibrio teniendo en cuenta que todas comparten el mismo sentido de pertenencia a una época de luchas por la visibilización [de], reconocimiento [de] y respeto [a] las mujeres más que a un territorio nacional que las vio nacer y crecer como seres humanos.

El dossier consta de cinco entrevistas con igual número de preguntas; juntas podrían ayudar a promover una reflexión más profunda sobre la actualidad del Feminismo Negro a nivel nacional e internacional. Cada respuesta, más que una pista a seguir, nos puede ofrecer una oportunidad de detenernos a pensar sobre la vida cotidiana de mujeres negras que no desempeñan trabajos intelectuales y que, además de sus compromisos laborales, llevan el peso de una casa con o sin marido e hijos, nietos, sobrinos. No obstante, el foco del presente diálogo está en las alegaciones de cinco mujeres negras intelectuales que en las dos primeras cuestiones explican sus acercamientos preliminares a temas sobre los estudios de género, de la mujer y de los feminismos, así como el comienzo del interés por el estudio y la investigación del Feminismo Negro. Es interesante la forma que la experiencia en el entorno familiar, los estudios universitarios y las dinámicas de lo cotidiano marcaron sus actitudes y aptitudes para reflexionar, con seriedad, sobre sus devenires como sujetas “subalternizadas” en la sociedad cubana; independientemente de afirmarse heterosexual u homosexual.

La tercera interrogación es una tentativa de hurgar en los conocimientos de las entrevistadas acerca de la historia del Feminismo Negro o de las mujeres negras en Cuba, porque no ha sido debidamente reconocida y divulgada la contribución de varias mujeres negras a la formación de la nación cubana. Por ejemplo, sigue pasando el tiempo y Mariana Grajales Coello (1815-1893) no es considerada oficialmente (ni con la fuerza necesaria) como “Madre de la Patria”, por sus méritos patrióticos y su legado ético. Recuerdo cuando Leyda Oquendo Barrios (1941-2008) habló de ese asunto en Santiago de Cuba durante un evento del Centro de Estudios Maceísta a fines de los años 90. Es verdad que Carlos Manuel de Céspedes tampoco tiene ese título honorífico de manera oficial; pero desde que nacimos estamos oyendo hablar de tal honroso reconocimiento a ese eximio libertador cubano. La historia oficial de Cuba, entendida en un sentido más amplio que trasciende lo político, se escribe con letras patriarcales, sexistas y racistas porque invisibiliza, cosifica y “subalterniza” el papel de la mujer (específicamente si es negra). Es por eso que estamos debatiendo sobre la importancia para la actualidad cubana de los saberes aportados por ellas como sujetas de la historia dentro de un contexto de lucha por los derechos, la visibilización y el empoderamiento de las mujeres negras.

Las dos últimas preguntas del dossier están en sintonía con las interrogantes de Inés María Martiatu Terry (1942-2013) expresadas en la “Introducción” del libro (que organizó junto a Daysi Rubiera Castillo) Afrocubanas: historia, pensamiento y prácticas culturales (2011), en el cual participaron dos de mis entrevistadas. En las respuestas dadas a las interrogantes formuladas no solamente han sido identificadas las contribuciones teóricas y metodológicas cardinales del Feminismo Negro (por ejemplo, la inter-seccionalidad), sino también puede observarse una preocupación sobre la posibilidad de aplicarlas para entender la situación de las mujeres negras en el contexto de vida, específicamente de estudio y trabajo. Y, sobre todo, es resaltada la necesidad de contribuir desde la praxis social al enriquecimiento de varias discusiones teóricas y cotidianas sobre Feminismo Negro

Las entrevistadas nos brindan instantes de lucidez que nos permiten entender la diversidad de visiones y formas de actuar en lo que estamos definiendo como Feminismo Negro. Nombres propios más conocidos en Cuba como las afroestadounidenses Angela Davis, Alice Walker o bell hooks; y otros menos conocidos como la afroestadounidense Sojourner Truth (Ca. 1797-1883) o las afrobrasileñas Léila González (1935-1994) y Sueli Carneiro, aparecen en esta plática junto a nuestras marianas inolvidables “Lalita” y Leyda; y también a quienes siguen entre nosotros como Daysi y Georgina Herrera. Con virtudes y defectos, tales sujetas de la historia (y otras más) han influido en varias generaciones de mujeres negras intelectuales como mis entrevistadas, que me honraron al dirigirme la palabra. ¡Que este material sirva para iluminar nuestras reflexiones!

 

Feminismo Negro visto desde la perspectiva de una Filósofa Intercultural: entrevista a Maydi Bayona

Una mirada al Feminismo Negro desde el oficio de historiadora y activista social: entrevista a Logbona Olukonee

El descubrimiento del Feminismo Negro a través de varias experiencias de vida: entrevista a Antoinette Torres

Una visión del Feminismo Negro desde los saberes culturales de Brasil y Cuba: entrevista a Yanelys Abreu

Una experimentada ciberfeminista nos aporta sus opiniones sobre el Feminismo Negro: entrevista a Sandra Abd’Allah-Álvarez

Tomada de Cubaposible.

Foto: Kaloian

¡Ay mama Inés! Nosotras también queremos tomar café: notas sobre feminismo negro en Cuba

Dentro de ese margen, la historia del movimiento feminista en Cuba mostró, en su momento de crecimiento, cierto abandono y frivolidad a la hora de actuar en los escenarios en donde la “raza” como sistema de clasificación social jugaba un rol esencial. Esta noción interpretativa ha tenido puntos de confrontación fundamentados en la lógica interna del discurso nacionalista cubano de igualdad racial. Sin embargo, hay una diferencia substancial entre abogar a favor de las mujeres y entender las discrepancias engendradas en una sociedad con una estructura socio-racial conflictiva que ha repercutido en el desarrollo de las reivindicaciones que engloban al sujeto “mujer” en toda su dimensión.

Ese punto de inflexión ha sido una de las características comunes del movimiento feminista en Cuba. Cada uno de los logros que fue alcanzando –Ley de Patria Potestad (1917), Ley del Divorcio (1918), Sufragio Femenino Universal (1934)– generó un igualitarismo suspicaz, puesto que de todos ellos disfrutaron todas las mujeres cubanas sin distinción de “raza” o clase.

Esta retórica ha propiciado una aureola de equilibrio al hablar de mujeres en plural, y en su momento aunque el mero hecho de ser una mujer feminista implicaba una cosa difícil de ser por la tónica de desprestigio que la cultura patriarcal quiso impugnarle, los rostros del feminismo en Cuba implicaban cierto color y estatus social, con lo cual llevar a discusión las interioridades de la realidad al blanco y negro, tal y como se vivía, sin demasiado camuflaje, constituyó un vacío de base que implicó una confrontación entre realismo e idealidad. De ahí que quedaran al margen algunas verdades.

 

Café mañanero: historia y memoria.

De una manera u otra, la perspectiva, la imaginación y la experiencia del feminismo cubano tuvo una intervención subjetiva ya que no se destacó con mayor responsabilidad las crónicas de la vida de mujeres cubanas que tenían que lidiar cotidianamente –en cada uno de nuestros momentos históricos trascendentales– con lo que implicaba su condición racial y de género.

La historia del movimiento feminista en Cuba, con un importante registro de lucha y reivindicaciones, ha dejado cierto vacío historiográfico –una realidad que, como comentaremos, ha ido cambiando–, que no ha tenido una mayor consideración al papel y la importancia que representaron un sector relevante de mujeres negras y mulatas que, con mayor o menor protagonismo, jugaron un rol fundamental dentro de este movimiento.

Hagamos un poco de historia. Dos de los pilares fundamentales de la historia del feminismo cubano a finales del siglo XIX, que alimentaron sus cimientos, fueron el desarrollo de un movimiento literario femenino y la creación de los clubes femeninos.

En primer lugar, dentro de este movimiento literario femenino nació la revista Minerva (1888-1889). Una publicación de carácter quincenal dedicada a la mujer “de color” que, durante su año de existencia, abordó tres grandes apartados: la poesía, la defensa de la educación y la instrucción, y las notas referidas a la moralidad. En sus páginas se expresaron un considerable grupo de mujeres afro-descendientes, y también colaboraron algunos de los intelectuales negros y mulatos más prominentes de la época. La singularidad que supone una publicación de estas características motiva el estudio en profundidad de las particularidades de las mujeres valoradas por un doble rasero de discriminación. Dichas mujeres cargaban a sus espaldas el histórico origen social, al que se sumaban el género y el “color de la piel” como puntos de confrontación dentro de las rígidas estructuras socio-raciales de la Cuba colonial decimonónica.

El segundo acontecimiento también representó un hecho significativo. La creación de los clubes femeninos en la emigración, en su mayoría nucleados en torno al Partido Revolucionario Cubano, que representó un punto de inflexión importante en la construcción de las bases del movimiento feminista. Además, también le imprimió cierta singularidad, ya que tres de estos clubes contaron en sus respectivas juntas directivas con mujeres negras y mulatas: el Club “Céspedes y Martí” (Nueva York), el Club “José Maceo” (Nueva York) y el Club “Mariana Grajales de Maceo” (Cayo Hueso). Ello sugiere que estas mujeres estuvieron involucradas activamente dentro de este movimiento organizativo que se convirtió en el primer bastión político en el que se desarrollo la primera acción concreta de sufragio, con la intención de no excluir a ningún sector económico y social.

Cada una de estas dos plataformas sentó los cimientos del feminismo cubano en correspondencia con la diversidad de intereses, motivaciones y peculiaridades que caracterizaron al sujeto “mujer” en las últimas décadas del siglo XIX. Ello propició una colaboración importante con la dinámica sufragista que caracterizó el primer terció del siglo XX. En la lucha social y política que desplegó el movimiento feminista cubano, un sector importante de mujeres negras y mulatas, marcaron pautas en este sentido desde diferentes plataformas. La prensa, por ejemplo, constituyó un referente importante, y en publicaciones que marcaron el desarrollo de la lucha antirracista, plantearon su alineación con el ideal feminista que revolucionaba la sociedad cubana (El Nuevo Criollo (1906-1908), Revista Minerva: Sección Páginas Feministas (1910-1915), Diario de la Marina: Sección Ideales de una Raza (1928-1931).

En las diferentes asociaciones también marcaron impronta. Dentro del Partido de los Independientes de Color (1908-1910), por ejemplo, se crearon los “Comités de Damas”. Un hito importante lo constituyó la presencia como delegada de una mujer negra, Inocencia Valdés, representante del Gremio de las Despalilladoras —una organización que aglutinaba a obreros/as del sector tabacalero, referente tanto en la lucha feminista como en la lucha sindical del movimiento obrero cubano—, en el Segundo Congreso Nacional de Mujeres organizado en el año 1925.

En esa misma sintonía, en el Tercer Congreso Nacional de Mujeres (1939) que antecedió a las reformas legislativas que se perfilaban para la nueva Constitución (1940), resaltó como eje de discusión el tema del papel prácticamente nulo que jugaban las mujeres negras y mulatas en la sociedad cubana, aludiendo al acceso de estas al mercado laboral en igualdad de condiciones respecto a las mujeres blancas. En este sentido, se abriría una mesa de discusión que llevaría por título: “La mujer y los prejuicios raciales”, en la que se plantearon varios puntos de confrontación que intentarían propiciar un diálogo más abierto entre el discurso feminista y los problemas que afrontaba un sector importante de mujeres por su condición racial.

Consecuentemente, aquí hemos mostrado algunos hechos que han marcado el decurso histórico del movimiento feminista en Cuba, y que no han tenido la relevancia pública que merecen. Ello destaca, cómo la plática del movimiento feminista y sufragista acaparó frentes muy concretos. Sin embargo, la temática que hemos hecho visible quedó, en cierto modo, rezagada, puesto que a nivel más general de representatividad en los debates centrales que propició este movimiento, no se manifestó una postura clara y concisa que considerara de manera más comprometida con los problemas que afrontaron las mujeres negras y mulatas.

Este tipo de disyuntiva generó omisiones en los anales de la historia de Cuba. Y a la hora de reivindicar cada uno de los aportes que estas mujeres legaron al feminismo cubano en una dimensión más participativa y plural, es importante que no omitamos los sucesos, los movimientos y los personajes que marcaron la tónica de un abordaje más amplio y solidario en la labor reivindicativa de las feministas cubanas blancas y negras.

Tal envergadura ha dejado al descubierto algunas de las sensibilidades que han caracterizado la historia de nuestro país, en una dinámica compleja y reiterativa. Por esa razón, asumir que el movimiento a favor de los derechos de la mujer, no tuvo en cuenta de manera más activa la confrontación de las taras que había legado el racismo anti-negro en la sociedad cubana, es poner una alerta en este apartado que tiene que ser examinado de manera más profunda, destacando algunos de los puntos de referencias que hemos comentado. Además, es también una manera de destacar el daño que han provocado este tipo de omisiones. En un sentido bastante estricto ha subsumido identidades y formas particulares de reivindicar y aceptar, con mayor fluidez, nuevas formas y herramientas en la transformación de un feminismo que aborde, en una mayor dimensión, los problemas y estructuras fundamentales que han marcado a la sociedad cubana y su historia social y política.

 

La mesa esta servida, así que tomemos el café que nos corresponde.

En base a estos escenarios de confrontación y lucha, la práctica ideológica y activista del feminismo negro, ha entrado a formar parte abiertamente en el contexto académico y cultural cubano contemporáneo. En líneas generales, como hemos hecho referencia, la discusión en torno a este tópico, había quedado relegada; inclusive, aunque la sociedad cubana en conjunto, abrió varios frentes de confrontación con el significado y la repercusión de los procesos de cambio y transformación que desplegó la Revolución cubana de 1959, no hubo una línea interpretativa que pusiera sobre la mesa algunas de las más complejas interrogantes que planteaba el feminismo negro como ideología política y social en las décadas sucesivas en otros escenarios.

De un modo muy particular, la historia de Cuba en la que habían sido protagonistas varios movimientos antirracistas, un legado que definiría a la Revolución del 59 simbólicamente, no se reconoció, al menos en los inicios, una línea teórica que propusiera un acercamiento dinámico y objetivo que planteara un debate abierto con las contrariedades que tenían que enfrentar las mujeres negras y mulatas.

Pero esa tesitura está cambiando, afortunadamente. En las últimas décadas de este tenso y controvertido joven siglo XXI, hay un movimiento académico, cultural y de activismo, que destaca con mayor contundencia el legado histórico y social de un sector importante de mujeres que transgredió barreras y puso en el punto de mira algunas de las problemáticas más trascendentes con las que tuvieron que lidiar por su condición racial y de género. En tal sentido, ¿podemos hablar de un feminismo negro cubano hoy día? Ciertamente hay puntos de referencia que destacan la asunción de esta perspectiva. Por otro lado, su impronta y argumentación ha ido transitando por diferentes zonas en su concreción y desarrollo.

En líneas generales, han destacado varias referencias académicas en el orden historiográfico en el rescate y reivindicación de hechos, movimientos y personajes históricos ­–algunos de los cuales hemos mencionado–, que constituyeron la base empírica para la fundamentación de esta perspectiva en el debate académico contemporáneo. Autoras como Daysi Rubiera Castillo, Oilda Hevia, Inés María Martiatu (Lalita), María Ileana Faguada, María del Carmen Barcia, por solo mencionar algunos nombres, son varias de nuestras académicas que han contribuido notablemente a dinamizar el debate al respecto. Dos volúmenes importantes recogen algunas de sus contribuciones: Afrocubanas: historia, pensamiento y prácticas culturales (2011); Emergiendo del silencio: mujeres negras en la historia de Cuba (2016).

En el ámbito del activismo también hay un frente abierto que intenta resaltar el papel histórico y social de las mujeres negras y mulatas en los anales de la historia de Cuba, haciendo hincapié en el plano de la representatividad y la desestructuración de los estereotipos raciales. El grupo “Afrocubanas”, un colectivo que en su mayoría integran algunas de las académicas antes mencionadas, es un referente al respecto.

En esta línea también destaca el blog Negra cubana tenía que ser, una plataforma digital a la que pone voz Sandra Álvarez Ramírez, y que de un modo trasgresor y notorio, se ponen a discusión algunas de las prerrogativas más complejas y a la vez más comunes que enfrentan las mujeres en la Cuba contemporánea por su condición racial y de género. Resulta también considerable resaltar, que desde esta plataforma se esta promoviendo el Directorio de Afrocubanas, que en palabras de su gestora es: “una herramienta digital que recopila fichas de mujeres cubanas afrodescendientes, quienes han contribuido de manera significativa a la cultura e historia nacionales. Más que el color de la piel, el criterio de selección que se ha considerado oportuno es el aporte que han realizado estas mujeres al pensamiento intelectual, la ciencia, la cultura y la historia nacionales.”

También, en el ámbito de la creación cultural, ha habido plasmaciones de referencia en el tema. La obra audiovisual de realizadoras como Sara Gómez y Gloria Rolando ha sido significativa. En el ámbito literario, los aportes de Nancy Morejón y Georgina Herrera nos han dotado de una experiencia vital a la hora de relatar situaciones, convencionales o no, dentro del discurso literario cubano.

Otro de los movimientos culturales que ha tenido un impacto significativo en el desarrollo y fundamentación del feminismo negro cubano, lo protagonizaron algunas de nuestras raperas (Magia MC del grupo “Obsesión” y las integrantes de “Krudxs Cubensi”), participantes activas de cada una de las plataformas y debates académicos mencionados. El posicionamiento y la contundencia de varias de las canciones que han expuesto estas artistas, ha manifestado una postura clara y concisa a la hora de empoderar la perspectiva del feminismo negro en el contexto cubano; las cuáles son, a modo general, algunas de sus luchas cotidianas más significativas.

Esta diversidad de posicionamientos e interpretaciones contribuyen a que un movimiento de estas características no quede condicionado. Al contrario, algunas de las problemáticas más latentes que aborda llegan a un sector muy amplio, bien en una publicación académica, en el debate dinámico que están produciendo las redes sociales gracias a la bitácora negracubanateniaqueser, en una novela o un poema, en una película o un documental, o en una de las rimas contestatarias de una canción de rap. El feminismo negro en Cuba, de una manera u otra, siempre ha estado con sus luces y sus sombras. Lo que sí está claro que el momento que vivimos actualmente es mucho más fuerte: contamos con un movimiento académico, de activismo y cultural que, sin lugar a dudas, ha convencido a “Mama Inés” que, en esta ocasión, las negras y mulatas cubanas no dejaran de tomar café nunca más.

Foto: Abelo

Tomado de Cubaposible.

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Afrofeminismo: pensamiento y discurso afrofeminista cubano  

Por Daisy Rubiera Castillo

Tratar el tema del afrofeminismo, pensamiento y discurso afrofeminista en Cuba, en el ámbito académico es un reto; por un lado, porque en la atención que se le ha dado al estudio del movimiento feminista en nuestro país, lo más conocido es la historia del  protagonizado por  mujeres blancas, burguesa y de clase alta y media. De ahí que no se le haya dedicado espacio al rol desempeñado por las mujeres negras, en algún momento de la historia del mismo;  por otro lado,  por la carencia de bibliografía, y que gracias a  los estudios de reconstrucción histórica llevados a cabo en los últimos tiempos,   se encuentran obras sobre la experiencia de las mujeres negras cubanas afrodescendientes, que van formando parte de un  material disponible  para el estudio sobre su rol, su forma de pensamiento y el activismo feminista afrodescendiente.

Descargar artículo completo: Afrofeminismo: pensamiento y discurso afrofeminista cubano

Este texto fue leído en el Coloquio “La nación que estamos imaginando (nuevas geografías de la racialidad negra)” celebrado en el Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo, Cárdenas-Cuba, los días 28 y 29 de mayo. Para ver más sobre el coloquio visite: afromodernidades.wordpress.com

Audre Lorde y yo

Audre, Esme y yo
Audre, Esme y yo

Todos los caminos conducen a Roma, sentencia la sabiduría popular cubana. Y en este sentido estoy de beneplácito pues Audre Lorde está más presente en mi vida que lo que pude suponer algún día. Ella es mi destino.

El pasado jueves 8 de mayo, se presentó en la ciudad de Hannover el documental Audre Lorde: The Berlin years, de la realizadora alemana Dagmar Schultz, quien tuvo una especial relación con la intelectual afroestadounidense y que por más de 30 de años se dedicase a recopilar información documental sobre ella.

Es la segunda vez que yo y Esmeralda, mi compañera y co-soñadora de esta empresa, exhibimos esta obra, la primera oportunidad fue en La Habana, el 21 de diciembre del 2013.

Entonces le agradezco al Universo  que haya obrado a favor de nosotras en este sentido. Constar esta vez con la presencia en Hannover de Dagmar Schultz  e Ika Huegel-Marshall durante la exhibición del documental y mantener una relación de amistad con ellas es un hecho trascendental para mi.

Por otra parte, conversando ayer con la reconocida intelectual dominicana Yuderkys Espinosa, esta me compartió el sitio web del Grupo Latinoamericano de Estudio, Formación y Acción Feminista, que ella fundó y donde existe una biblioteca virtual con numerosos artículos sobre la temática.

De allá extraje dos de Audre Lorde para ser compartidos hoy en esta bitácora: La transformación del silencio en lenguaje y en acción y Las herramientas del amo.

 

Entrevista: «Ser queer en Cuba y no morir de hambre en el intento es toda una hazaña»

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Logbona Olukonee

Especial para Pikara Magazine

La conocí siendo Anabel, pero hace unos tres años pasó a ser Logbona Olukonee y desde hace tan solo un mes se hace llamar Tito, a modo de alter ego queer. Es profesora universitaria, nada más y nada menos que de historia de Cuba, pero cree en la horizontalidad y anda todo el tiempo rescatando los acontecimientos que la oficialidad ha escondido. Acá esta mujer cubana joven, incendiaria y lúcida.

Antes eras Anabel, ¿por qué Logbona?

En el año 2011 cambié mi nombre por Logbona Olukonee. Significa “aquella persona que cuando enseña se vuelve sabia”. Hablé con Nehanda Abiodum [activista africanista de origen estadounidense afincada en Cuba] sobre el interés que tenía en acercarme a mis ancestros africanos, a mi pasado afrodescendiente, descolonizando mi nombre. Ella realizó una hermosa ceremonia y me dio este nombre, que me encanta. La ceremonia fue como un renacimiento, también fue una redefinición de mis pensamientos políticos y de mi forma de vida, al afrontar la vida desde una postura política afro-céntrica, que es muy necesaria en este país, donde el racismo es tan sutil en las maneras en que se presenta pero tiene tanto impacto en el futuro de las personas.

Como activista, ¿cuáles son los principales intereses de Logbona?

En nuestra sociedad existen problemas puntuales que son necesarios resolver como el machismo, la homofobia, el racismo, el sexismo, la lesbofobia, también la presencia de estas formas de discriminación en los mismos individuos, principalmente en las personas más pobres.

Como feminista afrocubana, también me siento muy identificada con las políticas queer, ya que ser queer es una disidencia política que desestabiliza no solamente las categorías sexuales, sino también la heteronormativadad y la homonormatividad que existen en las relaciones de género, raza y clase dentro de las sociedades.

La teoría queer proviene de la crítica a la sexualidad heteropatriarcal, clasista y racista que pervive en la comunidad LGTB en los Estados Unidos y que perpetúa la estructura opresora de las sociedades occidentales y el mantenimiento del capitalismo imperialista transnacional.

El movimiento queer critica el binarismo sexual, la existencia rígida sobre la feminidad y la masculinidad y reconoce las múltiples formas de expresiones sexuales que existen fuera de estos estándares.

Recuerdo que en la jornada de teoría y arte radical que hicimos en el Centro Cultural Juan Marinello a fines de enero, la investigadora Rosilyn Bayona expresó como en sus entrevistas salió a la luz que “al cubano de estos tiempos no le preocupa tanto el problema del racismo, sino resolver el problema de la comida”. Esta frase me puso a pensar, porque es una realidad que uno de los principales problemas de los cubanos es la comida. Sin embargo, acceder a la comida está mediado por relaciones sociales que impiden o facilitan ese acceso, por la situación económica y la posición social de un individuo. Todo ello depende de las relaciones que se intersectan mediante prejuicios raciales, homofobia, sexismo, machismo.

Hay una frase que reza: “La revolución comienza sembrando tus propios alimentos” y hay otra que dice que: “Una revolución será feminista o no será”. En mi opinión, la conjunción de estos pensamientos es muy importante para seguir promoviendo el proyecto revolucionario en nuestra sociedad.

Promover el fin de la discriminación por género, raza, sexualidad y clase está muy vinculado a la manera en que tratas tu cuerpo. Hay quien dice: eres lo que comes, la alimentación es nuestra primera forma de adquirir energía y nutrientes y es parte fundamental del cuidado que nos damos nosotros mismos. Nuestra cultura, (me refiero a la cultural heteropatriarcal y racista que heredamos del colonialismo) está minada de ideas y formas de alimentación que encarecen la vida de la gente con menos posibilidades económicas e incrementan los factores de riesgo de enfermedades en estas comunidades. Promover opciones de alimentación saludable es una forma de resistencia a la mentalidad colonizada y de liberarnos de las cadenas del círculo vicioso en que nos encierra esa forma de pensar.

La gran mayoría de la población cubana vive en formas que se alejan de los patrones blancos, media clase y heteronormativos que imperan en el discurso de la cultura cubana oficializada. Muchas personas sufren diversas formas de discriminación por las razones anteriormente expuestas y también viven fuertes contradicciones individuales por ser afrodescendientes, queers, gordas, que se convierten en miedos, inseguridades, baja autoestima, y son armas mentales que han ayudado la permanencia de los diferentes sistemas de opresión. Es urgente deconstruir estos patrones de pensamientos colonizados y que la gente se empodere de una realidad y una cultura desmitificada que nos produce tanto daño.

Trabajas en un organismo (educación superior) que ha demostrado ser de los menos progesistas en cuanto a las temáticas de género, y que reproduce estructuralmente todas las discriminaciones posibles. ¿Qué ha significado ser lesbiana, negra y queer y profesora de historia universitaria?

Mi trabajo como profesora me ha enseñado muchas cosas, positivas y negativas. Me ha demostrado el poder que tiene la educación estatal en la creación de la estructura cognoscitiva de los jóvenes, en la formación de los valores de nuevas generaciones, y en el soporte de los imaginarios populares y por ello pienso que es tan importante re-educar desde la horizontalidad, desde un pensamiento afrofeminista queer, para no reproducir al menos la historia anquilosa y ortodoxa que predomina dentro de la educación cubana.

En varios ocasiones mis estudiantes han hablado con los vicerrectores y coordinadores de carrera porque “la profesora no sigue el programa al pie de la letra”, “cuestiona los motivos por los cuales Carlos Manuel de Céspedes le dio la libertad a sus esclavos”, o “habla mucho de los problemas raciales” que, según ellos, ya no existen en Cuba. Es triste reconocer la profundidad de la mentalidad colonizada y la auto-represión que existe entre la juventud.

Es difícil ser la única lesbiana reconocida en mi universidad, y ser negra y ser muy “rara”. Es difícil con mis compañeros de trabajo, quienes me dan por loca, y con mis estudiantes, que no saben en cuales prototipos encasillarme. Ha sido muy difícil caminar y oír los comentarios de la gente detrás mío, pero es así en cualquier lugar que voy, también es así entre mis amistades. No es sólo la universidad, son los prejuicios que persisten en nuestra cultura.

Pero creo que estoy corriendo con suerte, pues ahora ser racista y homofóbico es ser maleducado, entonces no existe confrontación, al menos en mi trabajo, y en otros lugares institucionales. Pero es cierto que ser negra y tortillera requiere que sea cinco veces más eficientes que otras personas.

Las universidades cubanas tienen el potencial en estos momentos para seguir impulsando las transformaciones necesarias en este país dentro del proceso revolucionario. El reconocimiento del estado de las diferencias sociales que ha traído las discriminaciones de género, raza y sexualidad debe ser utilizado por los más jóvenes para seguir presionando y así mejorar las condiciones de vida de gran parte de la misma población universitaria y del pueblo en general.

Por ello creo en la necesidad de trabajar en una universidad, para contribuir a desestabilizar el poder blanco y heteropatriarcal que pervive en la academia cubana y de muchos lugares del mundo. Como feminista, me interesa provocar sensaciones y pensamientos, pero desde la horizontalidad, desde la actividad diaria. Mediante “los excesos” de mi forma de vestir “masculina”, mis transformaciones con mi pelo afro, mis tatuajes, y mis opiniones siempre diferentes, creo en la importancia de esas acciones diarias que hacen pensar a trabajadores, profesores y principalmente a los estudiantes. Con el simple hecho de yo estar ahí, aprenden a convivir con la diversidad, con la diferencia de opiniones, de formas de vida. Y yo estoy aprendiendo a ser más fuerte, a exigir mis derechos, a pensar bien lo que voy a responder, ya que mi presencia allí para mucha gente representa al resto de la comunidad queer y afrodescendiente, entonces hay que escoger muy bien lo que se dice, como una se proyecta, pero manteniendo mi autonomía.

En cuestiones de género muchas veces las académicas van por una parte y las activistas por otra. ¿Dónde te sitúas?

La verdad es que ser académica me ha enseñado la importancia de hacer militancia feminista y la necesidad tan grande que hay en este país de hacer activismo. Como profesora he podido conocer a otros profesores e intelectuales cubanos y extranjeros que me han enseñado muchísimo y han despertado en mí el deseo de leer y conocer más sobre los movimientos feministas afrodescendientes, ecológicos y queers. No obstante, Las Krudas han influido en mí como nadie. Viven día a día según sus convicciones, y he asistido a muchas transformaciones personales de otras mujeres en torno a su presencia.

La academia me encanta pero siento que a muchos académicos les falta poner su teoría en práctica; llevar sus conocimientos a las poblaciones que estudian, y desgraciadamente la mayor parte de las personas afrodescendientes, pobres y queer no leen y ni tienen acceso, ni la tradición de leer artículos científicos.

El activismo feminista en Cuba es más importante ahora con los nuevos cambios económicos e institucionales. Hay que aprovechar las nuevas aperturas estatales, la presencia del CENESEX, de las nuevas políticas gubernamentales con relación a las relaciones raciales, a los negocios privados y cooperativas, para incidir en el empoderamiento de muchas mujeres y afrodescendientes y queer. Ser activista es parte de mi actividad académica, así siento que lo que voy aprendiendo no se queda solo conmigo y puedo afectar positivamente un poco más allá que a mis mejores amigos.

Hace poco celebrabas en tu perfil en Facebook que ya se te podía llamar Tito. Supongo que fue una forma de reconocer públicamente tu identidad queer.

Tito es otro escalón más en el proceso de descolonización de mi cuerpo y mente. ¿Cuándo terminará ese proceso? No sé, pero me siento supercontenta de lo que está ocurriendo conmigo.

Salir del closet es un proceso muy doloroso. Incluso reconocerse lesbiana no implicó para mí el fin de muchas inseguridades y contradicciones personales. Desde mi adolescencia supe que ser gorda, lesbiana y negra no me hace menos persona, ni menos ciudadana, pero estuve cargando por muchos años un gran dolor por representar la otredad. Ahora me he empoderado de esa otredad y la disfrutó muchísimo.

Viví por largo tiempo en un desorden total porque no sabía cómo me iba a identificar sexualmente. Esa frase “preferencia sexual”, es horrible, “identidad sexual”, también. He oído por ahí que “eres una mujer que simplemente le gusta otra mujer”: en mis oídos esos pensamientos superhomonormativos son muy tristes. Para mí las identidades son una camisa de fuerza, una soga autoimpuesta que te puede ahorcar en un momento determinado. Por desgracia, vivimos en un mundo donde tienes que reconocerte como algo, entonces, me gusta la palabra queer porque es una postura política que crítica y posiciona contra el racismo, contra la construcción binaria de los sexos, contra la homonormatividad y la homofobia interna y contra toda discriminación que reprima a las personas.

Me ha costado mucho vivir entre personas aún muy queridas que buscan todo el tiempo seguir la norma, aplauden la heteronormatividad y el clasismo y todo ello me ha reprimido muchísimo, quizás por ello, soy Tito ahora y no 10 años antes. Para ser queer, disfrutar tu peso, tu ambigüedad sexual y las formas de sobrevivencia económica y espiritual es necesario tener el apoyo de la gente que tú quieres y que te quieren, es muy importante tener una comunidad y una entrada económica que te permita sobrevivir tal cual eres. Me he dado cuenta de que es más fácil “inventar”, económicamente hablando, que encontrar gente que te quiera tal cual eres, y que mucha gente que te quiere tiene muchos prejuicios en su querer.

Tito es el cúmulo de ese goce personal, y vivo feliz de saber cómo funciona el sistema heteropatriarcal racista colonial, y por primera vez no me duele, ni me interesa representar ninguno de sus estereotipos porque he aprendido a que se puede sobrevivir siendo una misma, sin tener que reconocerme como mujer. YO soy Tito, no me gusta responder a las construcciones de feminidad ni masculinidad ninguna. Ser queer en Cuba y no morir de hambre en el intento es toda una hazaña, también porque mucha gente queer, negra tiene mucho miedo de celebrar y vivir como son.

Fuiste quien concibió aquella fiesta que llamaste ‘Motivito LGTBQA‘, celebrada hace poco en La Habana ¿ Por qué la A? ¿Por qué no la H de heterosexuales?

No me gusta la palabra ‘heterosexual’ ni lo que representa. La heterosexualidad es parte de la estructura sistémica en que se expande y se proyecta el patriarcado euroccidental. La existencia de la heterosexualidad implica que la homosexualidad sea una otredad, no normalizada, desviada y negativa. Además la heterosexualidad en el mundo euro-occidental implica que la gente queer que no sea blanca, hetero-normativa ni homo-normativa, es decir, quien no sigue los patrones estandarizados de la cultura gay blanca, media clase de los países desarrollados, es oprimida de muchas maneras. Estas personas no pueden disfrutar de los mismos beneficios de las heterosexuales, porque la construcción de la nación occidental ha sido ideada para las personas blancas y heterosexuales.

La heterosexualidad en sí elimina la posibilidad de opciones sexuales que no sea hombre y mujer, ¿qué pasa entonces con los maricones carroceros que no terminaron la secundaria? ¿Con las personas transgénero que no tienen carnet que represente su “identidad sexual” y por lo tanto no tienen acceso a trabajos estatales, y viven en la economía informal, del invento y de la lucha? ¿Y quienes somos tito? Reconocerse heterosexual es como reconocerse blanco. Es disfrutar de todos los privilegios y estar posicionado en la cima de la escala social en cuanto a las relaciones de la diversidad sexual.

Conozco mucha gente que le gusta el llamado “sexo opuesto” y no se reconoce como heterosexual, y es por ello la A, de Aliados, tengo varios amigos así y agradezco mucho poder tenerlos en mi vida. Entre mis amigos, madres y padres que reconocen la importancia de ser aliados, no les interesa validarse como heterosexuales porque conocen la división y la falta de oportunidades que genera.

También conozco mucha gente que le gusta su propio sexo y sigue diciendo que son heterosexuales porque no quieren dejar de disfrutar los beneficios de la heterosexualidad, y en consecuencia porque tienen mucho miedo de despojarse de esos beneficios convertirse en otra tortillera, o maricón más, porque la homofobia es muy grande pero peor aún es la lesbofobia y la transfobia.

El Motivito, vinculado a Proyecto Arcoiris, busca abrir espacios de socialización para la convivencia feliz de muchos tipos de personas. Nuestro interés es poner fin al binarismo sexual y genérico dentro de la comunidad LGTB, lograr una mayor educación de nosotros mismos, la aceptación de la fluidez sexual, el fin de la trasnfobia y la lesbofobia dentro de nuestras comunidades, la comprensión de la necesidad de cooperación entre nosotros, de celebración por ser como somos, de estar orgullosos de nuestro cuerpo, nuestra sexualidad, nuestros orígenes, y nuestra cultura popular.

Igualmente busca el fin de marginalización de la vida gay en La Habana. En una sociedad como la nuestra se busca la inclusión, no la separación, entonces es necesario visibilizar a la población LGTBQA para que se reconozca nuestra existencia también como ciudadanos y nuestros derechos de disfrutar como el resto de la población a todos los espacios, principalmente a los más sanos que tiene nuestra ciudad

Audre Lorde inspira a feministas cubanas

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Por Helen Hernández Hormilla

Casi cinco décadas después de su visita a La Habana y pasados 20 años de su muerte, la escritora estadounidense Audre Lorde (1934-1992) todavía influye en activistas por la equidad racial y de género que, en la sede de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), compartieron la proyección especial de un documental sobre los últimos años de la afrofeminista.

Shultz en 2012, describe la contribución de la poeta al desarrollo del movimiento afroalemán en los años ochenta, especialmente entre las mujeres.

Sumando testimonios, imágenes de foros públicos y escenas de la vida cotidiana de Lorde y sus amigas en esa ciudad europea, la realizadora capta la compleja personalidad de la activista, que luchaba contra el cáncer al tiempo que exhortaba a las negras y mestizas a defender sus derechos.

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