Xiomara Calderón: una teatrista cubana conectada con los refugiados

La vez anterior, en 2015, Xiomara presentó una versión de Ruandi, la conocida obra del Premio Nacional de Teatro Gerardo Fulleda León, quien también viajó a Alemania para el estreno.

En esta ocasión, la directora teatral cubana impartió un taller de actuación, del cual surgieron las historias que luego contaría Wir sind wir (Nosotros somos nosotros), obra que presentó en Magdeburg los días 22 y 23 de julio. El taller fue el resultado de la cooperación entre la organización comunitaria Kulturanker e.V. y la Universidad Otto-von-Guericke.

El tema escogido por la teatrista es, además de interesante, actual: la vida de las personas refugiadas antes, durante y después de su huida, así como su inserción en los países de acogida, especialmente en Alemania.

La puesta se basó en textos escritos por Thierno Amadou Oumou Bah, David Lott, Hamid Husseini y Herbert Besten, quienes además actúan en la obra, junto a estudiantes de la clase de Jana Richter y otros niños y jóvenes refugiados que viven en Magdeburg, capital de la provincia Sajonia Anhalt, al este de Alemania. En la mayoría de los casos, era la primera vez que estas personas se acercaban a las tablas.

Wir sind wir es una obra contundente, basada en la improvisación y el testimonio, de la que es imposible salir como se entró. Nadie permanece indiferente, por ejemplo, a la vida de Amadou Oumou Bah, que no puede de ninguna manera regresar a su Mali natal pues ni siquiera sabe si su familia está con vida.

Este joven cuenta su propia historia en el francés colonizador, a voz en cuello. Atraviesa altas vallas de alambre de púas, duerme en el bosque al amparo de casuchas de nylon que la policía destruye cada día. Venciendo muchos obstáculos llega a España pero sabe que tiene que abandonar rápido la península, pues si la guardia lo apresa no podrá irse a Alemania, país que teóricamente brinda mejores condiciones de vida a las personas refugiadas. Una buena mano le compra un ticket y pisa suelo alemán. Ahí comienza otra lucha por su subsistencia.

Wir sind wir sobrecoge, emociona. También una obra feliz. Se juega, se danza y se comparte ilusiones, en una Alemania que se les presenta a los refugiados como su tabla de salvación ante la guerra que viven sus países de origen.

Xiomara Calderón y parte del elenco durante el montaje de la obra. Foto: Magdemedien GmbH / Facebook.
Xiomara Calderón y parte del elenco durante el montaje de la obra. Foto: Magdemedien GmbH / Facebook.

Música alemana interpretada en vivo, cubana –de Buena Fe–, y persa, que es bailada por jóvenes de esa procedencia, resulta la guinda del pastel de nacionalidades y culturas que es Wird sind wird.

Y como esta es una puesta de primeras veces, ¿será Xiomara Calderón la primera teatrista cubana en dirigir una obra sobre personas refugiadas interpretada por ellas mismas? Supongo que sí. Se abre entonces un nuevo camino en el que ella resulta pionera. Y como tal debería ser reconocida en Cuba.

Wir sind wir es una obra valiosa, que sitúa a los espectadores frente al drama humano de los refugiados. Su puesta en escena conecta a Xiomara –y con ella al teatro cubano– con uno de los temas más significativos y urgentes del mundo contemporáneo.

Publicado en Oncuba.

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Historias cotidianas de racismo en Alemania

Días atrás anduve por un lindo pueblo que queda a las orillas del lago Steinhuder Meer en Hannover Region. Me fui a allá disfrutar el sábado junto a la compañía de mi amiga y viví un episodio de racismo, que, si no fuera porque ella fue testigo del mismo, algunas personas no demorarían en llamarme «negra acomplejada».

Pues llegamos a un Biergarten (versión alemana de una cervecera al aire libre) que justo delante tenía un restaurante que además tenía una especie de jardín con muchas mesas. Yo, que no como lo que se suele vender donde se expende dicha bebida, preferí mirar la carta del segundo.

Luego de tomarme unos minutos en escudriñar el menú, me dirigí al dependiente, de origen italiano le escuché decir minutos antes, para preguntarle dónde me podía sentar. De manera inmediata y en tono de joda, este hombre me dijo que todas las mesas estaban ocupadas, que viniera mañana; a lo que respondí que HOY era que yo estaba allí y que ni siquiera vivía en ese pueblo. Le dí la espalda y fui a sentarme a la mesa del Biergarten.

Enmudecí por varios minutos. En mi interior nacía la duda sobre el por qué de la negativa del camarero. Ni todas las mesas tenían el cartel de RESERVADO, ni tampoco él me ofreció otra opción para que yo pudiera disfrutar del lugar, teniendo en cuenta que también tenía un área techada, donde presuntamente también hubiera podido sentarme.

Mi amiga notó entonces mi silencio y me preguntó qué pasaba. Con cierta incertidumbre le conté lo sucedido, pero le pedí seguir disfrutando de nuestra tarde sin que aquel incidente nos hiciera cambiar de ánimo. No obstante, ella se mantuvo atenta a una pareja que igual que yo buscaba donde sentarse y me advirtió, que si eran atendidos pues iría a reclamar.

Así fue, la pareja de personas blancas, presuntamente alemanes, se sentaron en el área que desearon, luego de esperar unos minutos porque aquel hombre que parecía el capitán o al menos era quien ubicaba a los clientes.

Entre perpleja y molesta, se levantó y se dirigió al interior del mencionado restaurante, y preguntó por una mesa para dos. Quien la atendió en ese momento le indicó una, muy cerca de la puerta de entrada, y desde la cual se leía un pequeño cartel: «La vida es muy corta. Comienza por el postre».

Así verificamos que, efectivamente, había espacio en aquel lugar para que yo una persona, no importa el color de la piel o el acento que tenga, pudiera acceder a los servicios allí prestados y además pagará por ellos.

Esto sucedió en la Alemania de ahora mismo, esa que algunos llaman la locomotora de Europa. Y si, la vida es muy corta. El racismo no pudo con nosotras. Comimos deliciosamente.

Foto de portada: Lu Yu

Papucho

Cubaniches en Europa: Cuba vive dentro de mí

Papucho es un nombre sonoro, tanto que huele a Cuba. Le viene entonces muy bien al habanero Jorge Lázaro Pérez Fraga, para firmar sus obras, esas que comercializa en la ciudad de Bremen (Alemania) a no-sé-cuántos kilómetros de su natal municipio Playa.

Papucho se dedica a las artes plásticas (acrílico y óleo) y también a su comercialización; porque por “acá arriba, quien no trabaja no mama”. “Pintar ha sido mi pasión”, me espeta cuando intento hacerle pensar en la carrera que habría desarrollado de haberse quedado en Cuba, “pero uno puede vivir su pasión donde sea que esté”. Papucho pinta para despejar su propia existencia.

Es hijo de una formación autodidacta, pues de lo que alcanzó a graduarse fue de contador en un tecnológico (Playa Girón) en La Habana. Hasta de policía trabajó en las calles de esa ciudad; pero estudiar-estudiar, en una academia de arte… al parecer no le hacía falta.

Su carrera inicia al terminar su trabajo como agente del orden público, mientras pasaba el servicio militar en la isla. Allá nunca firmó sus cuadros, puesto que jamás pudo conseguir el permiso correspondiente para ello. No le quedó otro camino que dar sus obras para que fueran vendidas signadas por otros.

Sin embargo, se dedicó a pintar y pintar. Aprendió, además, a ser el principal promotor de su obra, destrezas que le han servido de mucho en Alemania, donde ha tenido que llegarle al público tratando  con él personalmente, sin intermediarios, siendo él mismo su propia publicidad, trabajando duro. Desde que llegó acá reprodujo su obra y la ofreció como copias sobre lienzos. Ha expuesto en lugares muy pobres y también muy ricos, ha llegado a combinar a clientes con amigos hasta lograr multiplicarlos.

Su admiración por Monet, Cezanne y Van Gogh está en la base de su propia obra. Lleva 13 años en Alemania y su carrera artística ha sido ascendente, a pesar de los escollos y la necesidad de trabajar, ya sea limpiando habitaciones de hoteles, recortando salchichas en una fábrica, cargando contenedores con paquetes del correo o como jardinero hasta en el estadio de fútbol de Bremen, porque “acá en Europa, regalao se murió”.

“Trabajen todo lo que puedan y lo mejor posible; participen en todo tipo de exposiciones o muestras dentro de su alcance, y si van a vender su obra, es mejor hacer que valga la pena lo que obtienen por ella”, son los tres tips que elabora rápidamente, para artistas plásticos que piensen en emigrar.

Elenco, acrílico sobre lienzo.Papucho ha exhibido su obra en exposiciones privadas en Cuba, aunque le gustaría presentarse en su tierra natal con todas las de la ley, precisamente ahora, que comienza a tener mayores vínculos profesionales con La Habana. Allá le quedaron, además, artistas no reconocidos pero que son de su “vieja escuela” y gozan de su admiración.

“Cuba está viva dentro de mí”, asegura, y es la explicación que encuentra ante la pregunta de por qué una obra tan colorida en un lugar donde durante siete u ocho meses del año hay un cielo tan gris. Explora con avidez el entorno que le circunda y que disfruta a la vez. “El mundo del arte es demasiado grande y lo importante es poner atención a tus pasos, para ver las oportunidades que te puedes crear con un trabajo constante.”

Publicado en El Caimán Barbudo

Negracubana: «Emigrante aún no soy»

Hace poco Cuba Posible, en la persona de Ailyn Torres Santana, me entrevistó sobre mi condición de migrante para un dossier que ya se encuentra en el sitio web de ese proyecto. Esta sería la primera vez que accedería a poner en blanco y negro lo que creo (y siento) sobre mi vida post-migración, aunque es la segunda vez que me refiero a mi vida en Alemania en esta bitácora. Sin más preámbulos, acá les va.

CP: Las migraciones son procesos complejos en los que intervienen factores de distinto tipo, que van desde lo individual/íntimo a lo público/colectivo. Los escenarios sociales, culturales, políticos y económicos del país de procedencia son relevantes en ese proceso. ¿Cómo piensas que la Cuba que has conocido ha hecho parte de la decisión de migrar?

NC: Emigré por amor y por la imposibilidad de legalizar mi unión con mi pareja en Cuba. De igual modo, ella se podría haber ido a vivir a Cuba, si no existieran las pésimas condiciones económicas que existen el país de manera que hallar un trabajo en el sector en el cual se descepeña hubiera sido un reto. De manera que lo mejor era que yo viniera a Alemania, desde el punto de vista económico y también porque deseábamos unirnos legalmente y, como sabemos, no es posible en Cuba, lamentablemente.

CP: El proceso migratorio no se corresponde necesariamente con las coordenadas espacios-temporales que demarcan la salida de un país de origen hacia otro de destino con el fin de residir en él. El status de migrante está atravesado por otras circunstancias y no solo las legales. ¿En qué momento  sientes te volviste una emigrante? ¿y en cuál una inmigrante?

Pues emigrante aun no soy, vivo en Cuba legalmente, tengo mi residencia permanente allá y además espiritual y emocionalmente vivo en la isla. Mi familia están allá, mis amistades, mis amores, mi pasado y mi presente, pues parte de mi trabajo tiene que ver con Cuba.

Por lo tanto emigrante no soy, a pesar de que la gente allá si siente que ya no soy de ahí y que he perdido mi derecho a hablar por no estar -un fenómeno muy cubano además-, como me preguntó hace poco una comentarista en el blog: “desde cuando no vienes a la isla”, intentando desacreditar un punto de vista que ni siquiera era mío, pero como estaba en mi blog hablaba por mí. Otra me preguntó si era “cubana, cubana”, porque tampoco le convino mi manera de pensar sobre la huida de los Gourriel. No me he ido, Ahí estoy (por muy esquizofrénico que suene).

Sin embargo, inmigrante soy desde el momento en que puse Alemania, por dos condiciones fundamentalmente: una porque soy negra y dos por el idioma. La primera de las condiciones, o sea el hecho de tener negra la piel, convierte incluso a las personas afroalemanas en inmigrantes. Alemania es un país muy duro para inmigrar, donde la palabra de orden es INTEGRACIÓN, la cual es una falacia rotunda porque supone la existencia de barreras o limites entre quienes llegan y quienes ya están, hayan nacido o no aquí. Ser negra me situará siempre en el lado de los inmigrantes. Para colmo en Alemania la nacionalidad se otorga no por nacimiento sino por sangre, aunque bajo determinadas y estrictas condiciones puedes llegar a hacerte alemán, lo cual no me interesa, pero lo menciono como evidencia del estricto control social, legal, y de toda índole, que se tiene sobre este asunto.

La lengua es el otro elemento que, en mi opinión, dificulta la inclusión y que siempre te va a reforzar que no eres de aquí y por tanto una inmigrante. No solo se debe a que es extremadamente difícil (aprendí ruso, francés e inglés y ninguna es como el alemán) sino a que existe una idea socialmente aceptada de que para hablar bien alemán tienes que haber nacido acá. Esa idea muchas veces no es expresada de manera directa sino: “qué bien hablas alemán para llevar solo tres años acá” o a mi esposa, quien es una cubana que llegó acá en 1957 le preguntan: “p¿or qué tu hablas tan bien el alemán si no eres alemana?”

CP: ¿Crees que en los modos en que transcurren las migraciones interviene, también, la condición de género de la persona migra? ¿Cómo has sentido que ser mujer ha influido en el proceso migratorio propio y/o en el de otras mujeres que conozcas? ¿Qué otros elementos, provenientes de la identidad, del status de clase, de las convicciones e ideologías políticas, crees que hacen parte de ese proceso y en qué sentidos?

En mi caso no creo que haya influido, tampoco mi orientación sexual, pero como dije antes el color de la piel sí, y sobre todo el proceder de Cuba. Los y las alemanes tienen muchas ideas preconcebidas sobre la isla y me los he encontrado en una amplia gama, que va desde los que piensan que Cuba es un paraíso -y por tanto no tengo de que quejarme-, como quienes creen que venir de la isla es el peor de las procedencias.

De tal modo que en determinados momentos he usado oportunistamente (creo que no existe la palabra) mi identidad nacional, lo mismo para decirle a los alemanes que su sistema de salud es una porquería (disculpen) y sentirme orgullosa por nuestros médicos y médicas que conversan en consulta una hora con una, como para justificar porque hago bailo de determinada manera.

Decididamente, en el tema de la convicciones políticas e ideológicas me he vuelto más radical desde que vivo fuera, desde todo punto de vista y esto me aleja ahora mismo de la posibilidad de vivir en Cuba nuevamente (aunque lo deseo). Acá puedes militar en lo que decidas, que nadie hará caso a eso y puedes hacerlo conscientemente. Además la posibilidad de asistir a demostraciones, poner mi cara y mi vida en ello, es algo que he aprendido acá y con lo cual me siento muy cómoda.

En Cuba cualquier participación política, y hasta cívica, es harto cuestionada y a la altura de mi vida me da demasiada pereza. Es una pena que este capitalismo feroz me haya permitido sentirme libre en cuanto a mis opiniones y decisiones. Allá tendría que empezar por explicar que tan radical soy o porque veo porno feminista, ¿me explico? El mismo feminismo en Cuba me harta y si vamos al tema racial pues peor, decir en la isla algo como que “por favor personas blancas cállense la boca y déjennos hablar” es considerado racismo, mientras acá supone empoderamiento y conciencia racial.

Reconozco que vivo en una burbuja que comprende a las organizaciones autónomas, esas que no reciben un centavo del estado, que se autofinancian con el trabajo conjunto de sus miembros y que son completamente antisistema (cuando Las Krudas estuvieron acá, en ese contexto fue que se realizó su concierto en Hannover) ,hasta iniciativas de izquierda donde hago radio, por ejemplo, o apoyo cuidando bebes cuando hay un evento de personas refugiadas.

Desde que estoy en Alemania he luchado abiertamente contra el nacionalismo que llevo en mis ideas, cada día derrumbo una piedra de ese sentimiento de mierda que nos dieron en cucharadas. Cuba es una isla, lo sé, que se ha “construido” en contraposición no solo a EU sino, en los últimos 50 años, al mundo (Ya lo dice el noticiero: Cuba y el resto del mundo).

Además en el imaginario social existe, no ya ideas, sino una teoría de lo diferente que somos los cubanos y cubanas. En mi opinión ideas sin sentido alguno, todas desconstruibles y nos hacen un daño tremendo en nuestra aceptación de la diversidad. Un ejemplo a mencionar es la incipiente pero creciente comunidad musulmana cubana, de la cual soy parte indirecta pues mi esposa es musulmana convertida aproximadamente en 1975, y por eso llevamos ambas apellido Abd´Allah. Pues ya he leído el rechazo a la existencia de cubanxs musulmanes, como si la isla fuera de otro planeta o si no hubiésemos tenido un vínculo muy estrecho con poblaciones africanas musulmanes (aquellos niñxs y jóvenes que vinieron a estudiar a Cuba, ¿recuerdan?) Es más, nuestro Malecun Salam, que dicen los Yoruba cuando se encuentran, es musulmán.

¿Estarías de acuerdo con la idea de que la sociedad cubana es una sociedad trasnacional? ¿Por qué?

Cuba tiene más de dos millones de personas que nacidas en la isla o descendientes de quienes allá han nacido, viven fuera del archipiélago. Quizás bastaría con eso para considerar que tenemos una sociedad transnacional. Pero no sé, no estoy segura, porque creo que depende también de las identidades individuales y estas últimas muchas veces dependen de las leyes migratorias de los países en cuestión, hasta del posicionamiento político.

Yo creo que la transnacionalidad es un evento del siglo XXI, si bien nuestra existencia, como seres terrícolas, ha estado siempre marcada por las migraciones. Por otra parte, el concepto de nación no es muy antiguo y en la geopolítica juega un papel impresionante. Sin embargo, cada día se desdibujan las fronteras (Europa, Centroamérica y Sudamérica son ejemplos).

A nivel personal siempre juego con mi esposa y le digo: “hoy estás en tu fase alemana” o “ hoy eres más cubana que el tocororo”. La idea que está de fondo es que la identidad nacional también puede ser un performance y una puede escoger a cual ponerle piel en un determinado momento. Ese también puede llegar a ser un proceso angustioso por lo que en varias ocasiones le he dicho: tu no eres ni cubana, ni alemana, ni británica, tu eres Esmeralda y tienes una identidad transnacional”.

 

CP: ¿Cómo piensas el futuro de la relación de Cuba y los cubanos con sus migrantes —en los planos social y estatal? ¿En qué medida la política migratoria cubana responde, o no, a las necesidades de cubanos, dentro y fuera de Cuba?

¿Cómo pienso o cómo deseo? Complejo tema. Cuando bajas  de internet una planilla de la consulado cubano te das cuenta que ni siquiera ese documento responde a la ley migratoria actual. Yo que no soy migrante pues salí posterior a enero del 2015, tengo que poner una dirección de mi contacto en Cuba, que no es más que mi propia dirección.

Espero que la política migratoria cambie también para los cubanos y las cubanas que están fuera y que tienen (tenemos) que pagar para entrar al país con un pasaporte que no está vencido. Es doloroso, y si es una cuestión solo económica (me imagino que recauden decenas de miles de dólares por esta vía, dinero que quizás usen en hospitales y escuelas) es algo que, dado el impacto que tiene en la psique de las personas, sería muy conveniente analizar. Ellos le dan otro nombre, pero sabemos que funciona como un permiso (visa) para entrar al país que te vi0 nacer, algo a nivel identitario muy desestructurador o desestructurante (me encanta inventar palabras, odio la RAE).

Otro elemento importante sería la posibilidad de votar, cuando sea posible votar en Cuba de manera directa por la presidencia. Hay países del area que si no vas a votar al consulado te ponen una multa. En Cuba estamos en el otro extremo, la gente que recarga los móviles, compra los féferes de los chiquillxs pa inciar el curso escolar y sostiene buena parte de la economía nacional, esa gente no tiene ni voz ni voto. Contradictorio para un país que depende no solo económicamente de sus migrantes sino también emocional y espiritualmente.

Ni blanco ni negro: mulato

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Por: Rolf Otto Niederstrasser*

Después de los comentarios degradantes y racistas de Donald Trump sobre los mexicanos, y su posterior ascenso en el último campo presidencial del Partido Republicano en una nueva encuesta nacional, tenemos que preguntarnos en qué valores todavía creemos en los Estados Unidos.

El mundo se está globalizando en muchos ámbitos, mientras que algunos todavía se aferran en prejuicios superficiales.

La globalización no sólo ha sido un proceso económico, sino que también es una evolución política, social y cultural. Países y civilizaciones han estado marcados por ciertos rasgos físicos y culturales. Algunos han permanecido fácilmente distinguibles, otros se han superpuesto. No obstante, el mundo se ha vuelto más pequeño, más interconectado. El mestizaje parece inevitable. Pero aún así, el multiculturalismo ha crecido en muchas regiones homogéneas sin mucho reconocimiento. Esto ha afectado a personas multirraciales. En muchos países no han sido plenamente reconocidos como parte de la sociedad.

Poco después de que Ariana Miyamoto fuese coronada la mujer más hermosa de Japón a principios de este año, tuvo que luchar con la crítica de que ella «no era lo suficientemente japonesa». Miyamoto tiene una madre japonesa y padre afro-estadounidense. Pero en el país socialmente conservador muchos la ven como medio-japonés, e incapaz de representarlo adecuadamente. Muchos comentarios de odio en Twitter como: «Ella tiene demasiada sangre negra para ser una mujer japonesa,» o «mire como se mire fijamente, su rostro es demasiado negro» son pruebas del aislamiento.

A pesar de que Miyamoto es japonesa, tiene un pasaporte japonés y se siente japonesa, no es definida como «descendencia pura» y por esa razón empujada a una condición de minoría indigna. Esta mentalidad racial ha obstaculizado la plena integración y todavía margina personas multirraciales.

En Brasil contrariamente, por ejemplo, hay muchas categorías raciales. Estas tienden a reconocer y tratar de describir la variación física que existe en su población. Este proceso cultural ayuda a integrar todos los grupos étnicos en una sociedad porque los reconoce como una variación racial.

Como persona biracial, he sentido la presión de la auto-identificación desde una edad temprana. Nacido de una madre afro-cubana y padre alemán, me crié en Alemania como un mulato que no se «ve» pero si se siente alemán. En los años que viví en Alemania me llamaron «el cubano» y en Cuba, «el alemán.» Sentí que no pertenecía por completo a ninguna de las dos sociedades. Pero más tarde, me di cuenta que no estaba solo y mi lucha interna no estaba aislada.

Siempre he apoyado la Selección Nacional de Fútbol de Alemania. Me agradó mucho ver a Jerome Boateng en sus filas como defensa central cuando ganaron el mundial en Brasil. Boateng, nacido de padre ghanés y madre alemana en Berlín, (el mismo año y lugar que nací yo también), ha sido un refuerzo positivo digno de mi admiración.

En los EE.UU. no somos capaces de reconocer que hay algo más que tres o cuatro categorías raciales. Esto ha cegado a los estadounidenses a la variación cultural y la diversidad en nuestra población. El presidente Obama no es el primer presidente negro, él es el primer presidente «mulato». Tenemos que desviarnos de la ideología de aislamiento y sobregeneralización. Hay categorías raciales dentro de las razas. Esto no es un proceso de división, todo lo contrario. Al reconocer que hay descendencia variada, ayudaría a incorporarlas también. Esto pudiera ayudar a parar la división radical que se ha promovido entre blancos y negros específicamente.

Después de vencer a Rafael Nadal en el campeonato de Wimbledon en el 2015, Dustin Brown dio una entrevista al diario alemán Frankfurter Allgemeine. Nacido en Alemania, de padre jamaicano y madre alemana, le preguntaron acerca de su identidad. Él respondió: «Mi mirada es de alemán. Soy lo que soy. Si escuchara lo que la gente piensa acerca de todas las cosas que hago y como soy, probablemente no tendría este peinado (Rastas), no pensaría y ni actuaría la manera en que lo hago.»

Inevitablemente, así como va pasando el tiempo también la humanidad continuará entrelazándose. El multiculturalismo se convertirá en la realidad de muchas naciones homogéneas. Solo sería importante, que este proceso sea también reconocido por los estados y que la protección a las personas excluídas debería ocurrir dentro del marco político, especialmente cuando se trata de asuntos sociales para preservar a todos los ciudadanos. Esto dará lugar a una sociedad más consciente y tolerante.

Versión en castellano del artículo publicado como «Los Nuevos Rostros del Mundo» en el Rio Grande Guardian.

11774554_698147483648612_1880097218_n*Rolf Otto Niederstrasser es un graduado de Ciencias Políticas e Historia de la University of Texas- Pan American con una especialización en América Latina (Cuba). Nacido en Berlin, es hijo de padre aleman y madre cubana. Niederstrasser escribe semanalmente para el periodico Rio Grande Guardian y ha aparecido en programas de radio en vivo «La tarde se Mueve,» y KRGV Channel 5 News para hablar sobre las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Correo electrónico: comicsansjump@gmail.com

Cinco cosas que no sabías sobre Alemania

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Foto “aaaaaaaaaaaarg!” de Laura Ferrer i Vilaseca

Este post ha sido nacido de reconocer mis propias “lagunas” sobre este país, cuando desde La Habana pensaba sobre él. Acá le van algunas de mis ignorancias. Cada día de aprendo algo me doy cuenta de todo lo que no sé.

Las Würstchen no son alemanas

Son austríacas. Y se llaman “Wiener Würstchen”. Date un paseo por la Wikipedia para que te enteres de los detalles de su origen y demás. Sorry está en alemán.


Schnitzel auch nicht

Tampoco son germanos sino suizos, aunque se crea lo contrario. Hace poco intentaba traducir la palabra al castellano (no al formal) sino a ese que hablamos en las calles de mi país y me costó mucho hallar un término adecuado. La palabra decretada por la RAE es “escalope”, cuyo origen es francés, pero al menos en Cuba ninguna persona  se refiere con ese término en la calle, el cual es de uso privativo en restaurantes. Entonces para nosotros es sencillamente un “bistec empanizado” (que no empanado).


Las pommes frites tampoco…

Lo siento pero es la verdad. Todo se complica porque hay varios países que se disputan la maternidad de las papas fritas (que hasta que llegue acá para mi eran cubanos o latinoamericanas, dado que ese tubérculo tiene origen peruano), entre ellos Holanda, Bélgica además de Alemania. Y la verdad es que se alega su existencia aproximadamente desde 1680en territorios que ahora son belgas.


Es el lugar donde las cervezas se toman calientes

Jamás me he tomado una cerveza fríaaaaaaaaaaaaaaaa en un bar en Alemania. Fría, fría me refiero. No templada. De hecho, cuando fui a Madrid en noviembre del 2014 disfruté mucho saber cuantos grados bajo cero tenía el preciado liquido con un indicador que tienen los dispensadores. ¡Ah! En muchas celebraciones caseras (cumples, fiestas, navidad, etc.) la gente saca la cerveza directamente de la cajaaaaaaa. ¡Yo primero muerta que tomarme eso caliente!

Los Döner son turcos

Así es. A  pesar de que sea la fast food más socorrida en este país y que una se puede hallar en el extranjero un lugar donde se dice que se vende “comida alemana” y al entrar te das cuenta que se refieren a los Döner. Los Döner llegaron a este país, específicamente a Berlin, en el año 1970 y diariamente se producen cerca de 300 toneladas. Con un profesor de alemán aprendí que la variante con pan blanco, o sea sin el Fladenbrod, es  genuinamente alemana, así como adicionar algunas salsas cuyos componente no provienen de la cocina turca.

Felicitar antes del cumple trae mala suerte

Y no lo hagas, no vaya a ser que te culpen de una desgracia en la cual no tuviste nada que ver. Eso lo aprendí rapidito al pisar esta tierra. Nada de “feliz cumple adelantado por si no te puedo hablar ese día”. Nada de eso por fa. Anótelo, felicite por Facebook pero solo el día exacto. Y deme las gracias por haberle avisado.

Publicado en Azúcar&Kalt

Pequeños detalles que me recuerdan que vivo en Alemania y no en Cuba

En Alemania los niños no lloran

Y no puede ser genético, pues vivo en una ciudad donde hay muchas personas procedentes de otros países, como Turquía, España o China y todos, absolutamente todos los niños con los que me he cruzado en la calle, no lloran ni lagrimean. Para mí eso es asombroso, pues en Cuba no solo lloran, sino que también se tiran por piso y les dan tremendas perretas.

No se si tenga que ver con la satisfacción de los niños por estos lares, pero solo he visto, en estos 17 meses que llevo acá, a dos mujeres amamantando en la calle. O sea, que tampoco lloran por hambre.

Tampoco sé si está relacionado con el nivel de los ruidos de Alemania, francamente bajos, pues en esta nación el claxon de una bicicleta es percibido como una sirena de un carro de bomberos. Me imagino que el llanto de un bebe sería equiparable a la explosión de un petardo.

Que no se me ocurra tocar a alguien y mucho menos ponerle el rostro para besarlo

Nada de eso en esta tierra en la que la gente se saluda con un apretón de manos, a veces tan fuerte que puede dejarte adolorida.

En una oportunidad en la que viajaba en el metro un hombre aseado, educado y simpático, osó pasarle su mano a un nene por la cabeza, como forma de despedirse, luego de estar cruzando miradas, gestos y rostros con el infante durante todo el viaje. Pues el padre de la criatura fue contundente: batió su cabeza de derecha a izquierda y pronunció la sentencia: “Nicht anfassen”. El hombre, como era de esperar quedó en una pieza. Y yo en otra.

En Cuba no solo te plantan un beso en la mejilla, con la mayor sonoridad del universo, también te amasan y te abrazan. No es acoso, creo que tiene que ver con lo apretado que viajamos en los transportes públicos y la costumbre de mostrar nuestra alegría y hospitalidad con todo el cuerpo.

Los perros en Alemania no ladran ni muerden

Dicen que los perros se parecen a sus dueños. El perro cubano es juguetón y se te acerca para olerte como si tu fueras su plato de comida. Son alegres y también mal portados, lo mismo se hacen pipí en tus zapatos, juegan con tus calcetines, que te quitan de la mano un pedazo de pan.

Un perro alemán, en cambio, es prudente, parece bien educado y aunque sea más grande que tú no te va a atacar. Es más, una le pasa por el lado y ellos hacen como que miran para otro lugar. Hasta diría que te minimizan, te ningunean.

Tampoco ladran y mucho menos se enredan a tus pies como para tumbarte. Decididamente tienen la formalidad y la compostura que a los cubanos nos falta.

Tengo que contenerme para no bailar con los MP3 que llevo en mi móvil.

Normalmente comienzo moviendo la cabeza, hasta que mis caderas y mis pies responden. Eso sucede cuando estoy en Cuba. En Alemania eso es cívicamente incorrecto. Entonces mi danza se restringe a mover afirmativamente la cabeza y aun así la gente me mira como si estuviera en el medio de un ataque de epilepsia.

En Cuba desayunamos, almorzamos, comemos, amamos, estudiamos y disfrutamos con música. La gente baila en la calle, mientras espera el transporte público y para demostrar nuestras aptitudes lo mismo escogemos una samba que un bolero… también una marcha nupcial.

Alemania es el país de la “Ruhe”, de la tranquilidad. De manera que no encuentras música ni en un bar, ni en un restaurante, ni en una plaza pública, a no ser que haya un evento dedicado especialmente a dicha manifestación artística.

Yo siempre he querido saber qué tipo de música se escucha en Alemania, pero me es imposible porque todos llevan audífonos puestos y a nadie se le ocurre poner los altavoces de sus celulares. Tampoco digo que tengan que hacerlo, pues ciertamente a veces en Cuba escuchas tanta música que no ha sido escogida por ti ¡que es un tormento!

Tengo que explicar a cada paso que Cuba no está en Sudamérica.

Los alemanes están convencidos de que Cuba está en Sudamérica. Es más, aseguran además que nuestro extenso continente americano se divide en lo que ellos llaman “América”, en clara referencia a los Estados Unidos de América, y Sudamérica.El Caribe entonces, según los alemanes, pertenece al planeta Marte.

Hay mucha confusión. En una oportunidad, una señora alemana me pregunto mientras viajábamos en un tren, que por qué yo hablaba castellano si en España no habían negros. Huelgan los comentarios.

Publicado en Matador

Viajera: Hamburgo, con quien le fui infiel a La Habana

Fischmarkt en el puerto de Hamburgo, el mas famoso de todo Alemania
Fischmarkt en el puerto de Hamburgo, el más famoso de todo Alemania

Las ciudades que empiezan con H me persiguen. He vivido el La Habana y en Hannover. Sin embargo, dedico estas letras a Hamburgo, lugar que por ahora me enamora, y me ha hecho infiel a La Habana.

Desde que llegué a Alemania quise poner mis pies en la ciudad norteña, pero no fue hasta hace unas semanas que llegué a este puerto. Una mano y una vida me condujeron por aquellos lugares de obligada visita, aquellos que te hacen sentir que esta es una ciudad abierta al mundo, y también un lugar irreverente que burla los límites establecidos entre países.

Contrario a otras ciudades germanas, Hamburgo es políglota, diversa y disfruta de serlo. Mi estancia en ella, de tres días, me permitió vivir esa diversidad propia de las ciudades puertos. Dicen que por estar al norte su clima es lo único molesto pero la naturaleza quiso que yo la conociera soleada y calurosa.

Caminando por Hamburgo me pude sentir nuevamente en mi Habana; y allí descubrí que Alemania también puede ser una tierra extraordinariamente colorida y multirrítmica. Una importante celebración de la comunidad portuguesa asentada en la ciudad me hizo colocarme de nuevo en vínculo con Iberoamérica.

Es sencillo, en Hamburgo lo diferente es la norma.

Esto es lo que mi lente pudo atrapar.

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Hamburgo, ciudad puerto.
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Ayuntamiento de Hamburgo, uno de los edificios más bellos de la ciudad. 

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Músicos en la calle alegran la ciudad. 
La Hamburgo política
La Hamburgo política. Ninguna persona es ilegal.

 

a Hamburgo tambien han llegado los "candador por el amor" lamentablemente
A Hamburgo también han llegado los «candados por el amor» lamentablemente. 

Me dicen Cuba: Vivir la construcción y la caída del Muro

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Muro de Berlín (Febrero 2013). 

Recién había cumplido10 años, cuando el 13 agosto de 1961 se construyó el Muro de Berlín. En solo 24 horas se levantaron cientos de kilómetros de barrera física, con la intención, se decía, de evitar las agresiones occidentales. Hacía un lustro que Esmeralda vivía en Hamburgo junto a su familia. Nació en La Habana, pero un contrato de trabajo de su padre músico les llevaría a Europa.

Las noticias sobre las obras constructivas la hacían permanecer frente a aquel televisor. El éxito de la Orquesta Cuba Chachachá, agrupación dirigida por su padre, les había permitido ser una de las primeras familias en tener televisión en Alemania, cuando quizás eran los únicos cubanos radicados en ese país.

Kuba era la marca de aquel aparato, por supuesto en blanco y negro, que cada día compartía noticias angustiosas acerca de la prohibición, ahora convertida en una pared, que tenían los ciudadanos de Berlín Oriental y de la RDA de cruzar hacia territorio enemigo: la RFA. El contexto de la “guerra fría” suponía siempre una amenaza de una tercera contienda de alcance internacional. Alemania había quedado devastada con la Segunda Guerra Mundial; la recuperación constructiva fue casi inmediata, pero la psicológica y moral tardaría en llegar. Ella lo sabía.

Afuera, en las calles, se vivía una marcada preocupación acerca del inminente distanciamiento de las familias a ambos lados de la frontera. La posibilidad perder el contacto con los seres queridos consumía a la gente.

En el interior de su familia se respiraban tensiones y miedos. La sospecha de ser comunista en la República Federal Alemana les hacía intentar pasar inadvertidos. Por la época, ante la pregunta Woherkommst du? se presentaba como sudamericana y más tardíamente como caribeña, para evitar excesivas interrogantes o represalias. Por los años noventa, luego de caído el muro, se presentaría abiertamente como cubana.

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Esmeralda en la maqueta del Muro de Berlín que se encuentra in situ (Febrero 2013)

Cuenta que en una ocasión estuvo en una aldea cercana a la frontera entre las dos Alemanias, pudo sentir el miedo que inspiraban los soldados socialistas que patrullaban el lugar. La posibilidad de tener un incidente desagradable pesaba sobre la vida de aquella gente.

La única vez que proceder de Cuba se convirtió en una ventaja fue cuando atravesó la RDA en un vehículo. Los militares le apartaron de los otros viajeros, todos alemanes federales, a quienes les interrogaron con alevosía; a ella le otorgaron el beneficio por venir de la Isla.

En otro momento le tocó renovar su pasaporte en la embajada cubana en Berlín oriental, pues en la Alemania Federal no hubo por mucho tiempo consulado cubano. Dicha gestión implicó pasar por el Check Point Charlie, uno de los siete pasos fronterizos entre los dos países. Esa experiencia fue vejatoria, según recuerda.

A finales de septiembre de 1989 comenzaron los incidentes en la frontera de la RDA con Hungría y en la embajada de Alemania en Praga. Cientos de personas llegaron, en condición de asiladas, a la capital húngara. Esmeralda no estaba al tanto, por eso se sorprendió con la noticia de primera plana:Berlin ist wieder Berlin. Die Mauer ist weg(Berlín es nuevamente Berlín. El Muro ya no está). Ese 9 de noviembre de 1989 Esmeralda lloró a mares. Sentimientos encontrados le asfixiaban: la alegría por el reencuentro del pueblo alemán después de 28 años de separación e incertidumbre ante el futuro de los cubanos que se encontraban en el otro lado de la ya no-frontera. ¿Qué iba a pasar con el campo socialista? ¿Y con Cuba? ¿Qué sucedería con los alemanes de la RDA? Eran las interrogantes le que atormentaron cuando vio caer el Muro de Berlín.

Con la reunificación de Alemania, el 3 de octubre de 1990, los cubanos comenzaron entonces a llegar a Frankfurt. Algunos habían ido a trabajar o estudiar a la RDA y decidían ahora pasarse a la RFA.

Fragmentos del Muro de Berlín (Febrero, 2013)

En el contexto de la apertura del turismo en Cuba y de la crisis económica, se incrementó la presencia de gente de la Isla. También llegaron la música, el baile y las fiestas cubanas. Entonces Esmeralda comenzó a estar menos sola, ahora en una Alemania unificada.

Publicado en Oncuba

 

Y tenemos sabor, un programa de radio para la música cubana

 

radiofloraNegracubana produce, dirige y modera el programa de radio Y tenemos sabor el que sale al aire los cuartos sábados de cada mes, en el lugar del programa Buena Onda, de la emisora por internet Radio Flora.
El programa tiene como tema fundamental la música cubana y ha tomado el nombre del documental que Sara Gomez le dedicase a la isla musical.
Para la realización de Y tenemos sabor constamos con el apoyo técnico de Mennie Dortmund.

Si quieres escucharlo en vivo accede a Radio Flora, el cuarto sábado del mes, a las 11:00 am, hora de Alemania.

Este mes de agosto realizaré el programa el 5to sábado, o sea 30 de agosto, pues estaré de vacaciones.

Para escuchar las grabaciones, pinchar los siguientes enlaces:

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