Roberto Zurbano

Roberto Zurbano: Desde mi balcón. Siete párrafos de memoria contra la pandemia del olvido (Segundo round)

Por Roberto Zurbano

Un blackface cubano celebrando el día de África en redes sociales, el incendio provocado en un terreiro de San Salvador de Bahía, el asesinato poco difundido de un joven líder comunitario garífuna en Honduras y otro asesinato racial en Estados Unidos, en la misma semana, confirman que el racismo opera en un amplio espectro de negaciones y violencias presentes indistintamente en cada país. Las gradaciones del racismo comenzaron con la esclavización y crecen en visiones culturales excluyentes, ausencia de historias negras en aulas, difícil acceso a estudios universitarios y puestos laborales y se regodean recortando presupuestos escolares en barrios negros y en la brutalidad policiaca, con sus altas cuotas de impunidad, hasta ofrecer una saga interminable de asesinatos, segregación racial y económica, cárceles y nuevos apartheid. Son muchas las expresiones visibles e invisibles del racismo: culturales, institucionales, públicas, privadas, en países pobres y ricos, en gobiernos demócratas o autoritarios, capitalistas o socialistas…El racismo, como el dinosaurio de Monterroso, siempre ha estado ahí. Pero casi nunca lo vemos hasta que un hecho mediático dispara las alarmas en busca, más que de justicia, de compasión. Así falseamos las agendas antirracistas, corriendo detrás de la crónica roja del mundo negro y no enfrentando las causas del fenómeno, ni a las razones que evaden el compromiso cotidiano en una lucha tan agotadora, como sofisticada y brutal. De estas visiones mediáticas erradas se alimenta el racismo, tranquilizando a quienes se creen afortunados, pues el último crimen ocurrió a mil kilómetros de casa y creen imposible que este dolor les alcance. El racismo es un hecho local que es también global y nos exige asumir la responsabilidad que toca ante lo pequeños racismos que toleramos a diario.

Hace diez años durante el congreso Cultura y Desarrollo, celebrado en La Habana, varios participantes nos trasladábamos en un microbús y algunos académicos e intelectuales blancos, comentando un panel del día anterior dedicado al racismo en Cuba; afirmaban que era un exceso de los panelistas y argumentaron que era resultado de las visitas que estos hacían a Estados Unidos. Una cineasta afrocubana sentada a mi lado me impidió responder y escuchamos en silencio todos los argumentos.

Llegamos al Palacio de Convenciones y todavía discurrían sobre el asunto. Sé que muchos investigadores de la cuestión racial fuimos a Estados Unidos años después de publicar tales textos y otros, aun no han visitado ese país. Recordé el primer viaje de raperos cubanos a Estados Unidos, en 2001; se presentaron en el mítico teatro Apolo, en Harlem y allí confirmaron lo que tan bien hacían antes en el Anfiteatro de Alamar, no fue al revés. Mi compañera de congreso y yo, esa mañana tuvimos una larga conversa para sacarnos tanta idea tóxica, injusta e ignorante. Sin embargo, aquellos argumentos aun me sirven de termómetro para medir la labor antirracista en Cuba, pues comparto una de sus alarmas: No aplicar métodos y soluciones fuera de contexto. Todo lo demás es clásico del proceso de negación del racismo cubano y, curiosamente, quienes hacían una lectura norteamericana de nuestra situación racial eran ellos, esperando encontrar aquí sucesos que no corresponden a esta realidad e invisibilizando eventos discriminatorios que tienen lugar ante sus propias narices, esos que, a veces, ellos mismos protagonizan consciente o inconscientemente, da igual. No dijeron Brasil o Alemania, porque cuando se trata de Estados Unidos el análisis tiende al desborde comparativo, no a la historicidad ni al campo de relaciones que ocultan políticas raciales, muchas veces también ocultas en leyes, estructuras socio-económicas, pactos religiosos, mass media y programas políticos.

Comparar problemáticas raciales entre Cuba y Estados Unidos, no es asumir sólo historia reciente, obviando el tejido de sucesos, figuras e ideas que marcan siglos de interacción, aun subalternizados por una escritura donde nunca aparecen negros de aquí ni de allá. Son los sesenta, cuando suceden hechos claves para los afrodescendientes de ambos países: Los afrocubanos tuvimos la Revolución de 1959 y los negros de Estados Unidos el Civil Right Movement. Ambos sucesos marcan puntos de partida diferentes en nuestras respectivas historias sociales y políticas. ¿Cómo ambas poblaciones llegan a este momento? Los afroamericanos venían de una sociedad legalmente segregada, donde trataron construir un espacio propio, lejos del mundo blanco, para vivir con dignidad. Sus luchas raciales tenían lugar en una sociedad multirracial y multicultural donde distintas razas, etnias y culturas no se mezclaron como en Cuba y configuran un gran mosaico fragmentado por historias e identidades particulares. El Civil Right Movement fue resultado de la lucha de los negros en específico, sus liderazgos, grupos, ideologías y demandas. Con ayuda de algunos aliados, pero fue resultado de una lucha política altamente racializada que, finalmente, les convierte en verdaderos ciudadanos.

El significado político que tuvieron las iglesias negras en Estados Unidos, es similar al de los sindicatos en Cuba. Curiosamente las religiones afrocubanas han sido subestimadas en el trabajo político, a pesar de su nivel de convocatoria, cohesión, horizontalidad y solidaridad, activas desde la colonia hasta nuestros días. Las iglesias negras en USA y los sindicatos en Cuba fueron espacio de aprendizaje más allá de los clubes y sociedades de color, cuyo ejercicio político fue más cercano a la negociación de intereses económicos, aunque desarrollan valiosos proyectos cívicos en la educación, la salud y las artes, apoyados por las fuerzas dominantes de ambos países. Dichos clubes asumieron vías políticamente correctas en busca de una armonía racial, aunque sin mucho éxito en sus respectivos empeños. Para los negros cubanos la Revolución es un innegable acto emancipatorio, resultado de luchas sociales, no raciales. Un hecho que les abre el acceso a todos los derechos ciudadanos. Crea las condiciones objetivas para la dignificación de una población negra inferiorizada y explotada durante siglos que, junto a otros preteridos, disfrutan derechos antes negados. (Aunque no sucedió en igualdad de condiciones, detalle entonces pasado por alto, que convierte igualdad de oportunidades en un ejercicio desigual). No se olvide que la población negra venía de una sociedad que no legalizó la segregación, pero la sufría en algunas ciudades y que la Constitución de 1940 coloca, por primera vez, el racismo como un delito.

Por su parte, el Civil Right Movement emancipó a los afroamericanos, tras manifestaciones y asesinatos. Lograron grandes victorias políticas y fuerte movilidad social apoyada en la Affirmative Action. Ganan el derecho al voto, mejoran las condiciones de trabajo de la clase obrera negra; aumentan las escuelas públicas y cede la resistencia a las escuelas racialmente integradas. Nacen programas educativos que favorecen a millones de niños y adolescentes. Se fortalece el modelo universitario negro, fundado en el siglo XIX, más allá de los Black Historical Colleges. Hay un crecimiento inusitado de clase media, empresariado y elite negras que comienzan a ocupar altos puestos en el stablishment. Fue el resultado más visible de aquel triunfo de los derechos civiles, pero no los únicos. Al mismo tiempo, surgen nuevas organizaciones como el Partido Panteras Negras y su filosofía Black Power, entre otras que estimularon movimientos de artistas, estudiantes, sindicatos y mujeres, a quienes le resulta insuficiente lo logrado y proponen, desde otras visiones críticas, continuar la lucha, intuyendo que las ganancias del Civil Right Movement no llegaron para quedarse, en los años ochenta, tras la ola conservadora que inicia Reagan y continua Bush padre, sobreviven pocas de sus ganancias jurídicas, afirmativas y laborales.

La conciencia racial en la historia afroamericana es un importante factor de cohesión para la lucha y movilidad socio-política. El ejercicio crítico y público de dicha conciencia guió comunidades, instituciones y clases sociales; generó la creación de organizativas propias (religiosas, sociales, políticas, económicas, etc.), desde aspiraciones comunitarias hasta las que incorporan otros intereses (clase, género, ideología, profesión).En Cuba, es baja la estima y conciencia racial entre la población negra, heredera de cimarrones, pero lenta en denunciar y desmontar agresiones racistas. Demasiada resignación en las personas negras que defienden sus derechos y valores en un contexto discriminatorio creciente. Acudir a las leyes, los medios y autoridades ha de ser común; amén de ese activismo antirracista cuyo esfuerzo retórico es mayor que su diálogo en las comunidades y la urgencia crítica de su misión social.

Sí, las respectivas historias de nuestros pueblos negros difieren en cuanto a integración social y racial: en Estados Unidos ha sido una imposibilidad histórica frente a la supremacía blanca, por eso también pensaron en la emigración (África) y en negociar con la hegemonía blanca, a través de las leyes y la democracia, otras sociedad y ciudadanía. Dicha estrategia aun no ha triunfado. En Cuba la integración de negros y blancos es una aspiración martiana que llena páginas enteras del ideario de Antonio Maceo y Juan Gualberto Gómez, aunque también hubo familias negras que regresaron a África. La idea de integración racial alcanza un fuerte consenso social, que se renueva con la Revolución. La aspiración social de cubanos negros no está separada de las demandas de cubanos blancos ni de los presupuestos libertarios del grupo vencedor; (aunque el Movimiento 26 de Julio era un espacio con poca conciencia crítica sobre la cuestión racial, ver la ausencia del tema en La historia me absolverá).

Las demandas de instituciones y líderes cubanos negros siempre desbordaron las exigencias raciales en busca de una ciudadanía plena y ellos aportan esa visión integradora a la lucha sindical, partidista y cultural donde nunca faltó el tema racial, como uno más entre las necesidades de la nación. Así, las luchas antirracistas cubanas no tuvieron una visión tan radical ni solitaria como en Estados Unidos. En la historia del antirracismo cubano concurren personas blancas con una visión antidiscriminatoria más allá del paternalismo y politiquería al uso; y se suman otras implicaciones clasistas y religiosas de peso en la integración de los grupos étnicos y raciales que arman la nación cubana. Eso explica una dinámica diferente a la norteña en nuestra experiencia social y tradición antirracista.

Es difícil constatar el conocimiento de la tradición antirracista cubana entre ciertos académicos y activistas entusiastas, pero desnudos de herramientas histórico-conceptuales para su trabajo de denuncia y propuestas que podrían verificar en el registro de una tradición que les sirva, sobre todo, para no repetir errores ni retrasar su necesaria labor. En esta tradición lo mismo cuenta un ensayo, un patakin o un poema. Cuando la televisión mostraba cómo asesinaron a George Floyd, recordé muchas otras víctimas, en especial a Emmett Till, de catorce años, mutilado y tirado al rio por sus asesinos blancos en 1955. Al recuperar el cuerpo, su madre dispuso que durante el funeral el ataúd quedara abierto, exponiendo el tamaño del ultraje. La imagen impactó al mundo y la tradición antirracista cubana lo fijó en Elegia a Emmett Till de Nicolás Guillen, donde el poeta llora “este mínimo muerto sin venganza”.

¿Eso también será el menos joven George Floyd? ¿Tenemos una conciencia mínima para la solidaridad racial? ¿Miramos atentamente nuestro entorno, donde no vemos crímenes así, pero sufrimos chistes, discriminación y pequeños maltratos que alguien calla, se traga y no sabe qué hacer con tanta humillación? No respondas hoy. ¡Sólo intenta hacer la tarea!”

En Centro Habana, a viernes 29 demayo.

afrocubanas

Grupo Afrocubanas aporta nuevo libro a la historiografía cubana

Por: Daisy Rubiera Castillo

El libro que estamos presentando hoy, es un afinado concierto de ensayos , con el que las integrantes del Grupo Afrocubanas seguimos dando cumplimiento a unos de nuestros objetivos fundamentales, aportar un nuevo caudal de conocimientos sobre los diferentes matices a que hace referencia esta obra y dar un paso más hacia la reconstrucción de la memoria histórica de las cubanas afrodescendientes, contribuir al enriquecimiento de la historiografía cubana sobre la temática racial, con investigaciones que pongan al descubierto distintos aspectos, que se han conocido hasta hace poco desde una perspectiva institucional patriarcal y que han sido tradicionalmente presentados desde la mirada poder.

Este nuevo libro, se mantiene enunciando un contradiscurso que se opone al que venía circulando históricamente de y sobre las mujeres negras y mestizas. Se mantiene inscrito en nuestros propios referentes, en nuestra historia de lucha, marcada por los entrecruzamientos de la raza, la clase, el género y la batalla, histórica también, contra los estereotipos racistas, sexistas y negativos sobre nuestra imagen.

Otro objetivo de este libro es mantener visible el grupo donde se generó, porque es la unión de mujeres que, desde su quehacer creativo, con un posicionamiento multidisciplinario, multigeneracional y de género, hemos declaramos nuestras pretensiones de visualizar la participación y aporte de las mujeres negras y mestizas en la historia, la política, economía, sociedad y cultura cubanas. Quebrar silencios, deconstruir viejos cánones racistas, sacar historias de los sótanos de la memoria, contribuir a la necesaria construcción y reivindicar tanto a mujeres negras de siglos anteriores como del actual que se hayan destacado por su pensamiento y su accionar.

Esta obra, al igual que Afrocubanas historia, pensamiento y prácticas culturales, forman parte también, de nuestro empeño de que las nuevas generaciones de negras encuentren de que asirse para el desarrollo de una buena conciencia y orgullo racial. Encuentren el paradigma que no encontramos nosotras, y no dejen cerrar la brecha, que, para ellas, abrieron las que no están hoy y las que no estaremos mañana.

 

Racismo en Cuba

El Movimiento Antirracista Cubano como punto de partida para el estudio de los nuevos movimientos sociales en Cuba

Por Alberto Abreu Arcia

Deseo retomar en estas páginas el debate que hace algún tiempo suscitó la aparición, en este blog, de mi texto “El Movimiento Antirracista Cubano inicia la batalla por una plataforma común”. El debate, en cuestión, giraba en torno a lo apropiado o no de emplear el rótulo de Movimiento Social (MS) para describir, en términos de procesos sociales, la lucha que activistas, líderes comunitarios, grupos, académicos, intelectuales y artistas libramos en Cuba contra la discriminación racial.

Si bien aquella discusión, en la que participaron entre otros colegas: Víctor Fowler, Roberto Zurbano, tenía como centro el ser y el hacer de la lucha antirracista cubana, no es menos cierto que sus preocupaciones conceptuales y teóricas en torno al concepto de MS rebasan el tópico de la problemática racial para terminar involucrando al campo de las ciencias sociales cubanas de hoy.

A continuación quisiera referirme a dos cuestiones que, en este sentido, estaban detrás de aquella discusión. La primera, está relacionada con la amplia gama de paradigmas y opciones teóricas desde los cuales se conceptualiza de esta categoría (MS) dentro de los estudios sociales latinoamericanos y europeos. La segunda, tiene que ver con el estado actual de la teoría y el pensamiento social cubano: específicamente con la matriz clásica -de un marxismo e historicismo demasiado ortodoxo para estos tiempos- desde la cual se ha venido pensando dicha categoría.

¿Cómo es posible hablar de la existencia de un Movimiento Antirracista, cuyas demandas sociales y su accionar colectivo hacen del mismo un actor político orientado a interpelar el orden social establecido y sus conceptos sobre la libertad, ciudadanía y la democracia plena de un país socialista como Cuba? No me van a negar, que esta interrogante, así formulada, puede retumbar por los recintos ideológicamente amurallados de la Isla como una herejía o disidencia política. De ahí que una zona bastante influyente del Movimiento Antirracista Cubano -aquella que ha sido confinada y/o ha preferido emplazarse en los espacios alternativos, no oficiales- continuamente tenga que transitar por el filo de una navaja, bajo el escrutinio de lo(s) político(s) que continuamente recelan o ven una oveja disfrazada de cordero en cada una de sus acciones, propuestas o demandas.

Quienes así nos recelan, en su afán de concebir al sujeto nacional como un todo homogéneo, restan importancia a otros ejes de dominación, productores de subalternidad o conflictividad social como la raza, el género, la identidad sexual, etc. Al tiempo que impiden re-pensar la noción de sujeto a partir de una realidad aplastante: la emergencia, desde finales del siglo pasado, de nuevos escenarios, actores y sujetos sociales y las tensiones que se derivan de un mundo global del cual, a pesar de nuestra condición insular, no estamos ausentes.

Estas razones, entre otras, pudieran explicar el postergado reconocimiento -por parte del discurso académico-institucional cubano- del Movimiento Antirracista, como un movimiento social. Más que un gesto de tachadura, se trata de una falla al interior de nuestras Ciencias Sociales. Hecho verdaderamente incomprensible cuando han sido disciplinas como la Historia, la Psicología, la Sociología, la Antropologías y las Ciencias Políticas las que en todo el mundo han contribuido a re-leer el concepto de MS atendiendo a sus deslizamientos epocales y contextuales. Más que una paradoja o un destiempo; advierto, detrás de esta problemática, las marcas que delatan una especie de condicionamiento de estas disciplinas al discurso político.

Lo que nos lleva a interrogarnos sobre los límites del pensamiento y la teoría social cubana a la hora de describir los nuevos movimientos sociales emergentes en la escena social cubana desde finales del siglo pasado. No me refiero solo al antirracista; sino también a otros como el LGBTIQ, el feminista, el ecologista, el de las comunidades eclesiales orientadas o no por la teología de la liberación, etc.

¿Qué rol juegan actualmente el Movimiento Antirracista Cubano dentro de la configuración de una nueva sociedad civil en Cuba?, ¿qué condiciones limitan su avance en términos de movilización social?, ¿cuáles son las razones de su emergencia, su liderazgo y seguimiento en la Cuba del siglo XXI?, ¿cómo se estructura?, ¿qué lo hace un movimiento sugestivo y atrayente para los que en el militan, a diferencia de las organizaciones políticas y sociales existentes en Cuba?, ¿qué piensan las personas implicadas en el mismo? Y como si estas interrogantes no fueran lo suficientemente seductora para la voracidad del saber académico podrían añadirse otras: ¿Cuál es el proceso de formación de sus demandas sociales?, ¿cómo investigarlas?, ¿cómo se vinculan éstas a la formación de identidades, sujetos y actores sociales?, ¿cuál es su relación con el orden social socialista?, ¿cómo ubicar al mismo en términos teóricos y epistemológicos, factibles de ser convertidos en un espacio mínimo de investigación académica?, ¿cuánto podría aportar el mismo a la reflexión sobre la constitución sociopolítica de la sociedad cubana y los procesos de conflictos que se están sucediendo al interior de la misma?

Son preguntas solo posibles de responder desde la intervención académica, a partir de la voluntad de considerar al Movimiento Antirracista Cubano, y a otros MS no solo como objeto, sino como sujetos de estudios y el deseo de acompañarlo en su terco bregar.

En medio del aquel debate, conversé sobre el tema con varios colegas. Todos ellos tenían una característica en común, por una parte, estaban vinculados a la academia cubana o habían sido formados por ella, pero al mismo tiempo eran líderes o activistas con un prestigio más que ganado por su participación en proyectos comunitarios, actos de denuncias, reclamos o demandas contra el racismo antinegro en Cuba. Tuve la impresión de que dos personas habitaban un mismo cuerpo (el académico y el activista). Dos sujetos de enunciación a veces antagónicos. Mis interlocutores se demostraban escéptico ante el rótulo. ¿Cómo entender esta fisura? ¿Deber ser el estudio de los MS una tarea académica o militante?

Entonces me remonté a mi etapa como estudiante de preuniversitario y a mis clases de Historia del Movimiento Obrero frente a un profesor que nos obligaba a memorizar fechas, acontecimientos, regularidades históricas en medio del agobio que provocaba el calor y las primeras horas después del almuerzo. La descripción que se hacía de los mismos era tan perfecta. Todo (los triunfos, los fracasos, las veleidades y retrocesos) estaban tan justificadas, tan bien argumentadas por un materialismo histórico que todo lo prevenía y de cuyas leyes nada ni nadie podía escapar.

Para evitar que el profesor me expulsar del aula por haberme quedado dormido, y como todos aquellos MS solo conducían a un fin: la lucha armada. Me imaginaba cabalgando con las tropas de Emiliano Zapata, siendo un guerrillero en la selva de Nicaragua, o un huelguista en las manifestaciones contra el dictador Gerardo Machado: lanzando piedras, botellas, esquivando las golpizas, los chorros de aguas y bombas de humo con que la policía reprimía a los manifestantes.

Solo a principios de los ochentas, en medio del fervor postestructuralista que sedujo a mi generación, conocí del Mayo Francés’68, y el corte que los estudiosos de los MS entre las décadas del 70 y 80 establecían entre nueva y vieja izquierda; entre los “viejos” y “nuevos movimientos sociales”, como una forma de diferenciar la acción rutinaria de la izquierda tradicional y burocrática (con sus formas convencionales de protesta), del creativo accionar del movimiento ambientalista, feminista y pacifista, o de las minorías raciales y étnicas.

Tal vez mis colegas estaban anclados en aquellas narrativas, nacidas en el siglo XIX, que consideraban al Movimiento Obrero como arquetipo de los MS. A pesar de la vasta bibliografía y la multiplicidad de posiciones teóricas que en las últimas décadas han posibilitado su estudio y comprensión (Smelser, Turner, Killan, McCarthy, Zald, Tarrow, Tilly, Touraine, Melucci hasta otros como Ernesto Laclau, Chantal Moufle, Dona Haraway, Arturo Escobar, Mario Doni, pasando por innumerables tesis doctorales, diccionarios, etc.) Eran incapaces de reconocer la existencia de nuevos MS dotados de una forma de acción abierta, descentralizada e inclusiva, cuyas sostenidas demandas o reclamos, en torno a una reivindicación, desbordan y confrontan a las instituciones y los partidos políticos.

A diferencia de los MS tradicionales, los nuevos movimientos sociales poseen una débil estructura orgánica. Obran desde cierta continuidad, con un alto nivel de integración simbólica, un bajo nivel de especificación de roles y con formas de acción y organización viable. No poseen una morfología o estructura estática: tienen un comienzo y un final, pues su inestabilidad constitutiva hace que su continuidad sea problemática, su trayectoria o itinerario de vida oscila entre el peligro de la disolución, la institucionalización o su transformación en otros MS.

Como ven, lo que muchos teóricos han bautizado como los nuevos movimientos sociales (ecologista, el pacifista, el feministas, la lucha por o en contra del aborto, el antirracista, el de las minorías étnicas, el LGBTI, etc.) reniegan de aquellas conceptualizaciones aprendidas en mis tiempos de estudiantes y revelan las insuficiencias explicativas del funcionalismo y el marxismo al estudiar los mismos, y hacen del término, en la actualidad, un concepto muy amplio y verdaderamente conflictivo en el plano teórico. Lo que explica la variedad de enfoques a través desde los cuales se interpreta y conceptualiza. Por estas razones, se siguen viendo con suspicacia todo intento por elaborar una etimología cerrada o definitoria de esta categoría.

Su accionar no solo comprende la movilización social desde los espacios de la vida cotidiana y los escenarios públicos, sino también desde las redes sociales. John Scoot en Los dominados y el arte de la resistencia constata cómo los nuevos movimientos sociales despliegan otras formas y prácticas de luchas típicas del arte de resistencia propio del subalterno como las veladuras lingüísticas, los códigos cerrados, el anonimato, la ambigüedad, etc. Éstas, de algún modo, rescatan las formas tradicionales de hacer política del marginado.

Lo que Paulo Freire en Pedagogía del oprimido denomina “maña de los oprimidos” refiriéndose a esas inmunizaciones o anticuerpos que las clases subalternas van generando en su cuerpo, en su lenguaje, en su cultura. De ahí, que es imprescindible para el educador popular de comprender las formas de resistencia presentes en sus fiestas, sus danzas, sus juegos, sus leyendas, sus devociones, sus miedos, su semántica, su sintaxis, su religiosidad. Según este autor: “No es posible organizar programas de acción político-pedagógica sin tomar seriamente en cuenta las resistencias de las clases populares”.

En el caso de Cuba, no solo el teatro ritual caribeño y la poesía producida por autores afrocubanos, sino también las artes plásticas, y fundamentalmente la cultura hip hop en su más de dos décadas de existencia, el fenómeno social del rastafarismo y el spoken word o poesía hablada pueden dar cuenta de la reactualización o resemantización de estas prácticas de resistencias tradicionales intrínseca al sujeto negro subalterno.

Mario Doni, después de examinar las diferentes definiciones del concepto de MS, formula ésta definición sintética del mismo: es una forma de “acción colectiva” más abierta, descentralizada e inclusiva que las organizaciones burocráticas, los partidos, instituciones, etc. y con una mayor capacidad de actuación en el tiempo en comparación con las campañas sobre una cuestión concreta o las acciones comunitarias en línea. Se trata de un proceso en el que diferentes actores (individuos, grupos informados, y/o organizaciones) por medio de una acción conjunta y/o de comunicación elaboran una definición compartida de sí mismo que los sitúa en el mismo lado de un conflicto social, dando sentido a sus acciones de protestas o prácticas simbólicas que de otro modo permanecerían inconexas, explicitando de esta forma la emergencias de conflictos y temas específicos.

Para Doni estas redes de interacción informal entre una pluralidad de individuos, grupos y organizaciones envueltas en un conflicto político y/o cultural tiene como base una identidad colectiva compartida.

A partir de aquí, quedan por responder varias interrogantes relacionadas con nuestra experiencia local, y lo que el Movimiento Antirracista Cubano podría aportar al estudio actual de los MS en el continente, y lo más importante: cuánto se podría nutrirse de sus experiencias y estudios sobre los mismos.

Se me antoja que las claves metodológicas o marcos interpretativos para el estudio del Movimiento Antirracista Cubano pudieran partir de en la combinación del paradigma de las Identidades Colectivas, emergente en Europa Occidental a finales de los 80s, desde su énfasis en la cultura, las formas de sensibilidad, el nivel emotivo vivencial. Con el paradigma de la Movilización de recursos, oportunidades políticas, estrategias, intereses -predominante en el mundo anglosajón. Claro está: readecuando ambos paradigmas a las especificidades de nuestro contexto y a la trayectoria que describe las acciones de lucha de dicho movimiento.

De la hábil combinación de ambos paradigmas, podría surgir el marco analítico para estudiar otras cuestiones como: el carácter de sus demandas, acciones de movilización, su problemática estructura, el activismo como producción de un saber, etc.

Si bien, el segundo de estos paradigmas o teoría (Movilización de Recursos y Oportunidades Políticas) ha estado en el centro de las constantes demandas y reclamos; así como en el diseño de estrategias y acciones afirmativas que buscan el empoderamiento social y económico de la población afrocubana. El de las Identidades Colectivas, ha impulsado innumerables acciones en el plano de las producciones simbólicas, hasta eventos públicos como el concurso de peinados de mujeres negras que bajo el sugerente título de “Lo llevamos rizo”, se celebró durante la pasada bienal de La Habana en el Pabellón Cuba.

Por otra parte, los talleres ofrecidos por el extinto proyecto “Color Cubano”, las experiencias comunitaria de la Red Barrial Afrodescendiente y su revista Afrobarriando quienes desde la Educación Popular y una óptica transdisciplinaria emplazan su activismo en los barrios de Pogolotti, Buena Vista, Párraga, Jesús María, La Ceiba, CAI Los Ángeles, Balcón Arimao y Alamar Playa, así como la reciente celebración del “Seminario de Emancipación Emocional” con la dirección de la Dra. En Psicología Cheryl Grills ex presidenta de la Asociación Internacional de Psicólogos Negros de Estados Unidos -quien desplegó toda su experiencia en la metodología de trabajo sobre sanación mental y su puesta en práctica para ser aplicada en Cuba en la población afrocubana. Nos permiten explorar el desempeño del Movimiento Antirracista Cubano, como espacio educativo y sujeto pedagógico.

En el ámbito de la comunicación popular como productora de sujetos, tanto al interior como exterior de los MS, en el caso de la experiencia local del Movimiento Antirracista Cubano, el boletín digital Desde La Ceiba, los blogs Negracubateniaqueser y Afromodernidades, constituyen enclaves alternativos que han permitido visibilizar otras voces no oficialistas, problemáticas, denuncias sobre actos racistas en el espacio público o las instituciones, demandas, etc. frente al silencio de los medios oficialistas y hegemónicos quienes han cerrado toda posibilidad de un debate público. Estos últimos invisibilizan y opacan las aristas más álgidas de la problemática racial cubana.

Hasta aquí, estas notas que deseaba compartir con los lectores de Afromodernidades, Advierto que se trata solo de una primera aproximación al Movimiento Antirracista Cubano como MS urgido de transformarse en objeto de investigación académica.

Tomado de Afromodernidades.

La rumba es atraso (+audio)

Esta mañana compartí en mi perfil en Facebook un fragmento del tema “Tú con tu ballet” de El Disco Negro de Obsesión. Estoy segura que más de una persona debe hacer pensando: “La negra se volvió loca”, porque precisamente compartí la estrofa más racista que tiene el tema:

Yo la verdad no estoy pa esa negrá

Y na’ porque yo no soy racista es ma’ mi mejor amiga es negra.
Esa cosa de esquina no es de gente fina
¿Te imaginas yo ahí metida?
Tantos negros bailando, sudando, cantando cosas que no entiendo yo ando…
Yo ando en otro en otro ambiente, otro mundo, diferente…
No hay tambores ni bulla, es decente, de Europa, Occidente, adelanto.
¿Comprendes?

¡A la rumba yo no voy ma’!
Y te digo, yo, yo no tengo nada en contra de eso
Pero no voy a esconder lo que pienso, la rumba es atraso.
Ve tú, yo paso.

Eso fue tan solo un adelanto, una especie de provocación, como para ir calentando los motores. El tema que salió del ingenio de Magia López Cabrera y Alexey Rodríguez Mola (..el tipo este..) lo comparto acá para que lo disfruten.

Elogio de la Altea, la racialidad en discusión

Cubierta No 79
Portada de Temas No. 79

Feliz porque acaba de salir mi primer texto en la reconocida revista Temas (No. 79, jul-sept 2014). Se trata de una reseña del libro Elogio de la Altea o las paradojas de la racialidad de Zuleica Romay, el cual recibió el Premio Extraordinario de estudio sobre la presencia negra en la América y el Caribe, otorgado por Casa de las Américas en el 2012.

Ahí les va la versión digital de mi texto: “Elogio de la Altea, la racialidad en discusión”

ARAAC 24 meses después

Roberto Zurbano. Foto: Vanessa Greene
Roberto Zurbano. Foto: Vanessa Greene

El próximo mes de septiembre se cumplirán dos años en que fundamos en La Habana el capítulo cubano de la Articulación Regional Afrodescendiente para las Américas y el Caribe (ARAAC), cuyo funcionamiento aun deja mucho que desear si pensamos en que uno de sus objetivos es sumar las personas, proyectos e instituciones cubanas que así lo deseen al ideario y el activismo antirracistas.

Más allá de algunas declaraciones, paneles de trabajo e intercambio, reuniones ejecutivas e intentos organizativos no se ha logrado aun horizontalizar la labor hacia una membresía de personas y organizaciones a través de todo el país ni hacer una propuesta táctica y estratégica que nos permita insertarnos en comunidades reconocidas o no, en algunas instituciones importantes, así como dar una legitimidad publica y sistemática a nuestra labor.

Nuestras posibilidades de articulación son escasas, insertas en los pocos proyectos que funcionan gracias a la verticalidad de sus líderes o al compromiso de algunos activistas con su trabajo comunitario, artístico, intelectual o de promoción sociocultural. La ausencia de convocatorias sistemáticas, un órgano de divulgación y la desconexión con otros capítulos y líderes de la región son grandes tareas pendientes, así como la celebración de actividades masivas que coloquen algún tema antidiscriminatorio en medios de difusión, instituciones sociales o en el debate político de las problemáticas raciales del país o la región.

Estas carencias no solo corresponden a ARAAC, pues son compartidas por otras organizaciones o grupos antirracistas anteriores y actuales, lo cual nos hace pensar que la articulación es una necesidad básica para alcanzar los objetivos más sencillos de la lucha antirracista en Cuba. Por otro lado, las alianzas de trabajo deberán ser una de las estrategias esenciales para articularnos desde dentro y hacia afuera de organizaciones similares u otras que posean al menos un mínimo interés antidiscriminatorio en sus agendas o perfiles institucionales.

Creo que los métodos organizativos y estratégicos no han funcionado con la pertinencia que esperábamos y las formas demasiado horizontales de compartir las responsabilidades personales y colectivas no han sido prácticas. Debemos desformalizar y darle una energía diferente al trabajo público de ARAAC, lanzar, coordinar, divulgar y poner en práctica las decenas de ideas excelentes que se nos han ocurrido no caracteriza aun nuestra labor organizativa, ni hemos potenciado las posibilidades personales y de los equipos de trabajo en una agenda pragmática, consecuente y activa que sistematice –en calidad y quizás, en cantidad– la información, el trabajo orgánico y las acciones públicas, de manera que se impone un reajuste de dichas prácticas ejecutivas en función de las tareas y de las personas, y no solo de una o de la otra. Las personas deben definir mejor su campo de trabajo y de responsabilidades, así como mantener un flujo de información constante para el intercambio y el aporte de todas las personas que quieran colaborar con ARAAC.

Para quién se trabaja debe ser una pregunta a responder en cada momento. Para qué se trabaja debe ser un principio muy claro. Cuándo se trabaja, con quién, dónde, con qué alcance y cuales alianzas deben ser cartas a tener en cuenta en cada acción de ARAAC. Cuándo y para qué son también preguntas muy prácticas. Identificar las estrategias con las respectivas tácticas hace que lo más importante sea la misión a realizar, por encima de quien, como, donde y cuando. Si los principios y la estrategia están claros, entonces las acciones deben definir nuestro trabajo de modo sistemático y puntual.

Un mecanismo de rectificación, revisión o rendición de cuentas debe establecerse, así como un balance periódico del trabajo individual y colectivo. Hemos perdido varios compañeros valiosos del ejecutivo y de los ejes, por incoherencias, protagonismos y una falta de reconocimiento a la capacidad y entrega de todos y cada uno de nosotros en esta gran tarea. Creo que es un lujo que no podemos seguir dándonos, sobre todo cuando no se informa adecuadamente lo sucedido con tales compañeros, ni analizamos cómo evitar repetir los errores y las deserciones.

Estos errores lo sufrieron todas y cada una de las organizaciones antirracistas cubanas dentro y fuera de Cuba. No son nuevas y es posible aprender de errores antiguos y recientes, nuestros y ajenas, en la lucha por enfocarnos en una lucha antirracista coherente. Es una labor difícil, pues es un tema apenas aceptado por personas, grupos sociales, instituciones sociales y políticas, así como es objeto de manipulación política, descontextualización, aplazamiento o disminución de su prioridad social, así como los prejuicios propios del tema. Si en la nueva institucionalidad cubana no ha aparecido una visión oficial, practica y definida, sobre este tipo de problemática social tiene que ver con las razones anteriores, pero también con la falta de un diálogo nacional y con la manera, aun prejuiciada, paternalista o vergonzante, con que se sigue tratando este tema. Parte de esa responsabilidad es nuestra, así como parte de las soluciones también nos competen. Si somos parte del problema, dicen los chinos, somos parte de la solución.

Me gustaría intercambiar, desde la responsabilidad y el respeto y no desde la culpa, sobre nuestras insuficiencias, desacuerdos, acuerdos y perspectivas. Preferiría más allá de excusas, inculpaciones, resistencias y justificaciones, acertadas o no, reflexionar sobre por qué nos siguen faltando propuestas útiles, visibles, participativas y críticas que hagan de nuestra agenda, de nuestra conciencia y de nuestras acciones, no un campo de satisfacciones personales o conflictos de tercera importancia, sino maneras de sumar, intercambiar, explicar y convocar a todos los cubanos, de todos los colores a sumarse a una lucha común, más allá de los intereses personales y de grupos, donde nos reconozcamos en diversas tareas comunes, que desarrollen maneras sencillas de intervenir en la realidad cotidiana y nuevas formas organizativas para hacer cumplir nuestra misión pública. Nos toca abrir un poco más nuestros espacios de divulgación, justicia y legitimación. Le corresponde a ARAAC hacerlo de frente y junto a discriminados y discriminadores, en un diálogo crítico y constructivo de esa identidad ciudadana diversa que aun aspiramos.

Afectuosamente,

Roberto Zurbano

Factores para una solución de la problemática racial en Cuba

Andando por las redes, como quien busca que hacer, además de arreglaser las uñas y tejerse el pelo, encontré este artículo de Esteban Morales, que por lo aterrizada de su propuesta comparto en esta bitácora.

Esteban, con la transparencia que le es usual, nos revela cuales son los factores que ahora mismo hacen que en Cuba el racismo este vivito y tomando Bucanero.

Factores para una solución de la problemática racial en Cuba

Por Esteban Morales

Existe un conjunto de factores, que aparecen como determinantes en la búsqueda de soluciones  para  la problemática racial en Cuba. Tales factores no pueden ser tratados por separado,  sino en una estrategia de trabajo que tome en consideración, aspectos económicos, políticos, culturales, sociales, educacionales, psicológicos, de género,  que deben ser manejados horizontal y verticalmente. Es decir, desde el plano individual al social, pasando por la comunidad; y horizontalmente, buscando la coordinación de todos los elementos que se desenvuelven a un mismo nivel.

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“No existen leyes específicas en Cuba para la protección de las personas negras”

racista2Especial para Pikara Magazine

Cada vez que quería, Mayra me gritaba: “Negra de mierda”. Lo que primero me pasaba por la cabeza era responder a su frase racista con otra de ese corte, pero enmudecía. Y me sienta mierda, no “negra de mierda” sino “cubana de mierda”, por no poder denunciarla y llevar el asunto a las últimas consecuencias. En Cuba no existen leyes específicas contra la discriminación racial, e impera el desconocimiento acerca de los recursos legales para presentar una demanda. En ese contexto complejo y diverso, se ha constatado la necesidad de que la población se implique para eliminar prejuicios, estigmas, creencias y actitudes racistas, pero ese proceso exige conocer cómo se manifiesta el racismo en la Isla, incluida la aplicación ineficiente de las normativas anti-discriminación nacionales y de corte internacional refrendadas por el Gobierno cubano.

La Alianza Unidad Racial (AUR), fundada el pasado año en La Habana por Deyni Abreu Terry, se enmarca en ese esfuerzo por salvaguardar los derechos de las personas sistemáticamente discriminadas por su identidad racial/color de la piel. Ella es una mujer, negra, cubana, de procedencia humilde y posee la experiencia de haber sido víctima de maltratos por temas raciales, de los se pudo defender precisamente por su condición de abogada. Con anterioridad, Abreu dirigió ‘Moros y Cristianos’, un proyecto sociocultural que propiciaba la inclusión social, de ahí su nombre, y cuyo objetivo fue la protección de niñas, niños, adolescentes y adultos mayores en desventaja social, punto de partida para generar acciones socio-comunitarias. AUR nace para dar cauce a problemáticas que quedaron por intervenir durante el desarrollo de ‘Moros y Cristianos’; y en ella participan como gestores, entre otros, abogados, fiscales, notarios, promotores culturales y activistas por la equidad racial.

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La lucha contra las discriminaciones en Cuba: Un pasito pa´lante y un pasito pa´trás

Transexual Cuba

Leyendo comentarios en blogs, sitios, y cuantos medios digitales atraen mi atención, he podido advertir las diferentes posiciones que desde Cuba, se asumen en temas como la diversidad sexual, la violencia de género y las relaciones raciales.

Por ejemplo, cuando ya pensábamos que teníamos ganado el debate a favor de la diversidad sexual, un medio oficial cubano publicó un artículo de opinión cargado de homofobia y pseudociencia.

Lo que más me ha sorprendido es, en primera instancia, las múltiples conexiones posibles entre las ideas defendidas por quienes usualmente se reconocen a sí mismos como adversarios, de manera que se desdibujan las fronteras si estas alguna vez existieron, entre la derecha y la izquierda.

En Cuba, cuando una piensa que ya no hay una vuelta atrás y presume de cualquier vuelta de tuerca será hacia la izquierda, aparecen posiciones decimonónicas en el abordaje de ciertas temáticas, de manera que ya no sabemos si se trata de una cuestión puramente ideológica o simplemente política.

Una amiga me dijo en una ocasión que habían temas para los cuales esa distinción no era útil, pues la gente se posiciona más bien atendiendo a sus propios intereses, actitudes y según sus prejuicios.

No quisiera ser categórica, pero en la Cuba de ahorita, encontrada en esos comentarios en los espacios digitales, se dibujan posiciones conservadoras, tradicionales, muy alejadas al desarrollo social de nuestro país.

Violencia de género

El primer acontecimiento que llamó mi atención fue cuando un grupo de intelectuales cubanas intentamos visibilizar, a partir de un caso puntual, la violencia de género.

Muchas personas hicieron de esta su causa, sin embargo no dejó de sorprenderme como activistas por la diversidad sexual o los derechos sexuales, prefirieron pasar de largo ante la realidad que constituye la violencia machista contra la mujer.

Más allá de las razones individuales de cada quien, lo importante para mí fue notar cómo los problemas de las mujeres son cuestiones de segundo orden, supeditadas a cualquier otra. Entonces, la violencia contra ellas no es una razón suficiente para movilizarnos. Como consecuencia somos para mucha gente de derecha, de izquierda, de arriba y de abajo, ciudadanas de segunda. Es violencia simbólica, es el patriarcado, es la misoginia…

Diversidad sexual

Fui, hasta hace poco, parte del comité organizador de las jornadas contra la homofobia (donde colaboraban muchas personas e instituciones y no solo el CENESEX) y por tanto testigo de como gente de bien trabaja por mucho tiempo y por puro activismo, con el objetivo de que las personas sexo-diversas logren vivir y disfrutar de sus derechos, atendiendo a que la Constitución de la República declara la igualdad de todos los cubanos y cubanos.

El href=”http://proyectoarcoiris.wordpress.com/” target=”_blank” rel=”noopener”>Proyecto Arcoiris, al cual pertenezco, se ha organizado desde ese mismo activismo pero de manera autónoma. En junio del 2012 realizamos una besada por la diversidad sexual, como manera de transgredir el paradigma heterosexista existente en la sociedad cubana. Asistieron personas de diversas procedencias, todas comprometidas con un futuro de derechos sociales, sexuales y reproductivos no solo para los heterosexuales. Realmente fue un día especial para quienes asistimos. Un logro más.

Pues cuando ya pensamos que tenemos ganado cierta parte del debate, entendiendo por ello que nos acercamos cada vez más a las soluciones dentro de la justicia social y la equidad que presupone un sistema donde el ser humano es lo más importante, un medio de prensa oficial presenta un artículo con referencias a conceptos ya desestimados dentro de las ciencias naturales y sociales.

En el artículo en cuestión, usted puede encontrar tanta pseudociencia y homofobia (incluida la preocupación ante el “estímulo desenfrenado a la homosexualidad”) que duda de su procedencia y puede llegar a considerar la colocación premeditada y alevosa en un medio que pertenece al único Partido que hay en Cuba; el cual, a partir de la discusión con el pueblo, consideró dentro de sus Lineamientos el respeto a la diversidad sexual y la identidad de género en la Isla. Sencillamente inexplicable, otro pasito pa´ atrás, diríamos en buen cubano.

Entre los comentarios a dicho artículo, se encontraron soluciones como realizar un referéndum nacional para establecer (o no) la posibilidad que parejas de un mismo sexo puedan ser reconocidas legalmente, como si los derechos humanos no fueran inherentes a todos los seres humanos y sin considerar que todos tenemos los mismos derechos humanos, sin discriminación alguna (valgan todas las supuestas redundancias).

Me preguntaba entonces si se ha hecho alguna vez en Cuba un plebiscito para aprobar por ejemplo la Ley de Seguridad Vial, la Tributaria o la de Maternidad. ¿Por qué entonces necesitan las personas reconocidas como heterosexuales decidir sobre la vida particular del resto de los cubanos y cubanas? ¿Es miedo? ¿Es enfermedad? ¿Es mala vibra? ¿Es homofobia?

Racismo

Cuando aquel texto de Roberto Zurbano salió en el New York Times (NYT), mucha gente salió a criticarle, y en muy contadas ocasiones se propició el debate, más bien la oleada de intervenciones proponía apalearlo, a la manera más primitiva posible.

En aquel entonces una amiga me preguntó, ¿qué es lo que no le perdonan a Zurbano: decir que hay racismo en Cuba; decirlo en el NYT; desde Cuba; por haberlo planteado siendo el director del Fondo editorial de Casa de las Américas; por ser un negro quien lo dice o por decirlo Zurbano?

En las críticas a Zurbano se vislumbraba el cuestionamiento de la validez del discurso de un negro acerca de su vivencia de discriminación racial.

Estoy segura de que las opciones anteriores no son excluyentes, o sea que en las duras críticas que se le hicieron a Zurbano (que no al texto, ojalá hubiesen trascendido el título para arribar a la discusión sobre la discriminación racial en Cuba) se cruzan más de una de las condiciones incluidas en la pregunta inicial. Sin embargo, la razón más recurrente en los comentarios, a veces explicita otras tácita, fue porque era negro.

El caso de los intelectuales que sobre el incidente y desde la Isla escribieron en contra de Zurbano saltó a la vista que las valoraciones emergieron del hecho de ser un negro dentro de la Revolución y con un cargo que escribe en un periódico del enemigo.

El punto de encuentro entre los comentarios dejados por lectores/as y los textos de esos intelectuales fue el cuestionamiento de la validez del discurso de un negro acerca de su vivencia de discriminación racial. La pertenencia racial de Roberto Zurbano matizó cada una de esas valoraciones de las cuales fue objeto, algo como que es menos legitimo hablar si se es objeto de la discriminación.

Me sigo preguntando que hubiese pasado si hubiese sido una persona blanca quien firmase el texto de marras. No obstante, en el momento en que vislumbré que había un subtexto a la hora de evaluar las palabras del Zurbano, y a propósito de los diversos debates en los que participé en aquellos días y los epítetos que allá se me endilgaron, declaré en mi bitácora:

Si una persona blanca habla de racismo:

1. Es solidaria
2. Es objetiva
3. Es una buena persona
4. Es antirracista

Si yo, mujer negra cubana, hablo de la discriminación racial:
1. Soy una malagradecida
2. Tengo una herida abierta
3. Me subvaloro
4.Soy una racista

Sobran las explicaciones. No obstante escribir esas breves líneas fue para mi un buen ejercicio terapéutico, una vuelta a mí misma, al tiempo que varias persona, de esas que no necesitan ser negras para reconocer al racismo en Cuba, lograron percatarse de cómo se nos cuestiona por el simple hecho de ser negros o negras activistas antirracistas. ¿Es miedo al negro? A ese negro que ya no pueden tildar de ¨atrasado¨, ¨haragán¨ o ¨marginal¨.

Las mujeres negras

Son contados los intelectuales varones, blancos y negros, que respaldan lo que están haciendo las cubanas afrodescendientes por visibilizar sus propias contribuciones a la historia y cultura.

Los mitos de la fragilidad femenina, la hipersexualidad de las mujeres negras o la creencia del ¨negro violador¨ han sobrevivido dentro de un paradigma feminista aún blanco.

El sexismo pulula por las intervenciones y decisiones; además son minoritarios los espacios abiertos para discutir el tema y proponer soluciones. La problemática de las mujeres negras en Cuba continua siendo de tercera, al cual se le antepone hasta el propio tema racial.

Si tenemos en cuenta cómo ha sido planteado dicho tema en la agenda de las diversas comisiones y organizaciones cubanas dedicadas a trabajar por la equidad racial, las mujeres negras han quedado históricamente al margen. Sin embargo, existe una excepción que confirma esa regla, es más, existen dos excepciones en mi opinión: la primera el grupo Afrocubanas, donde se privilegian la horizontalidad y el consenso, y el capítulo cubano de la Articulación Regional Afrodescendientes, donde las negras han sido decisivas. En ambas estructuras a las mujeres les ha tocado parir contenidos y maneras de hacer, por suerte para el resto de integrantes, y lo han sabido aprovechar sobremanera.

Pero también son pocas las feministas cubanas blancas que reconocen el problema racial dentro y fuera del feminismo. Se otorgan premios, se realizan jornadas y las negras quedamos sumidas en el etcétera.

Por otra parte, la historia del feminismo cubano está contado desde la blanquitud, a pesar de que varias intelectuales han revelado acontecimientos importantes en la historia y la cultura nacionales que tuvieron como protagonistas a las mujeres negras.

Pasé una maestría que, a pesar de tener un módulo acerca de las identidades y las subjetividades, aportó muy poco a la consideración de la pertenencia racial a la feminidad-masculinidad. Tampoco escuché hablar, dentro de aquel programa académico, de la existencia del feminismo negro.

He encontrado en contadas ocasiones al racismo como temática fundamental de algún evento organizado por las feministas académicas. Es aún insuficiente la deconstrucción del sistema de valores y creencias asociados a la identidad racial. Los mitos de la fragilidad femenina, la hipersexualidad de las mujeres negras o la creencia del ¨negro violador¨ han sobrevivido a un paradigma feminista aún blanco. ¿Es desidia? ¿Es desconocimiento? ¿Es la necesidad de homogeneizar el(los) feminismo(s)?

Lo peor es que en Cuba, a pesar del paradigma humanista que muchas personas siguen, los activismos no logran conectarse de manera coherente y definitiva: las mujeres andan por un lado, los gays por otro, los negros en sus asuntos. Vaya, que cada vianda del socorrido ajiaco de Fernando Ortiz se ablanda no solo cuando puede, sino también, y sobre todas las cosas, cuando quiere. Ceder una parte del poder que otorgan la masculinidad, la heteronormatividad, la blancura constituye aún un reto en la Cuba del siglo XXI.

Tomado de Pikara Magazine.

LALITA

Lalita en su cumple 70
Lalita en su cumple 70

Por Georgina Herrera

Para no romper esta cadena afrocubana que, terca, desesperadamente mantendremos hasta la última de nosotras, apenas entro en mi casa, dando traspiés, sin creer del todo que regreso viva, llamo a Daysi para que lo diga. Daysi no está, y Aníbal me dice que a Lalita la van a enterrar cuando llegue el hijo y que…..

Empiezo a llorar. No pensé que su muerte me diera tanto dolor, pero es que no pensé que iba a morir cuando fui a verla casi sin fuerzas yo,ni cuando me debatía rabiosamente, pensando en el Hospital, que la elegida era yo.

No dejo de pensar en eso. No me gustan las palabras fuertes ni feas, pero la muerte es una jodedera personal irremediable. Te obliga a apostar por la vida sin otra opción.
Recuerdo a Lalita hace muchos años, cuando confió en mi, dándome espacio en el suyo, en su tiempo, en su lucha. Tenía vida en los ojos, en la palabra, en los sueños que eran totalmente hacer posible sin tanto tiempo para enfrentar al enemigo que yo no sé bien qué forma tiene pero sí lo que quiere. Ahora todo se reduce a lo que se puede, a desearle que descanse en paz. Yo desconfío de casi todo. Pienso en cimarrona, como mi tíabisabuela Victoria, que cuando querían tenderle una trampa múltiple para meterla en el cepo, caminaba lenta, las piernas semiabiertas, mirando como sin mirar a todos lados para ver a su modo de donde surgía el gesto que se lanzara en su contra.

Digo esto, Lali, porque fuimos amigas, y supiste que para mí, descansar era acostarme en las noches, pensando, descansar de verdad y levantarme lista nuevamente para esta guerra de todos mis días que es mi lujo y mi esperanza. Por ti, por las que quedaron antes y por las que irán quedando , que esto no se haga eterno, Lali. Tu mereces que tenga fin la lucha, pero…ganada, claro.

Georgina Herrera, La Habana, Julio 2013.