El orgasmo revolucionario

Por Victor Fowler Calzada

 Hace pocos días, casi cuando mismo en la capital del país se celebraba una nueva edición de la Jornada contra la Homofobia y la Transfobia, a unos 100 kilómetros de distancia, en la ciudad de Cárdenas, un grupo de homosexuales fue detenido por la policía bajo la acusación de prostitución. La noticia aparece en una breve comunicación titulada “Detienen a gays, lesbianas y travestis en Cárdenas a pocos días de la IX Jornada contra la homofobia y la transfobia en Matanzas”, aparecida el pasado 13 de mayo dentro del blog “Afromodernidades” y con la firma del intelectual cardenense Alberto Abreu Arcia. Acompañando la noticia aparece la borrosa fotografía nocturna de una esquina en la cual se encuentran parados dos jóvenes vestidos y maquillados como mujeres.

Si es cierto o no que han cometido el delito del que se les acusa es algo que debe de ir precedido por una discusión profesional acerca de los límites para la definición de esa práctica que la autoridad tipifica como violación de legalidad establecida; dicho de otro modo, en el contexto de lo sucedido, resolver la contradicción entre la actuación policial y lo que en la nota expresa quien se identifica como Lulú: «…yo estoy en mi mundo. Ellos saben a lo que yo me dedico y lo que yo realizo. No sé por qué ellos caen en lo mismo”. O sea, las particularidades de esos dos “mundos” que funcionan según reglas diferentes, encontradas, opuestas.

Al mismo tiempo, la discusión acerca de los términos y contenidos del supuesto delito interesa menos que la repetición, en los testimonios, de lo que quien se identifica como Yanira describe del siguiente modo: “…cuando llegamos a la unidad, [ocurrió] lo mismo que ellos hacen siempre: reírse de uno, tenernos hasta tarde y querer levantarnos una Carta de Advertencia por prostitución masculina. Las áreas donde nosotros nos paramos las están alumbrando. Nos están como cerrando los pasos, sinceramente”. Es lo mismo a lo que se refieren Lúlú y Yadira quienes, según escribe el articulista: “no entienden esta situación y mucho menos por qué la policía cada vez que l@s detiene, l@s toman como objeto de burlas.” Algo que nuevamente aparece en el siguiente fragmento: “Cuándo le pregunté si tenían el nombre del policía o el número de la patrulla, Lulú respondió: “Ellos no dan ningún nombre”. (…) “fíjate si nos tratan como un cero a la izquierda”, y señala que le preguntó el nombre al oficial, y éste le respondió que no le tenía que dar ningún nombre, “que eso no era problema mío”.

II

Las preguntas de investigación a derivar de lo anterior, de no ser dolorosas, serían fascinantes como ejemplo de aquellos límites en los que el poder devela sus componentes más oscuros, donde comienza a poner en práctica una espeluznante autofagia. Lo primero de ello, la obscenidad de esa risa (completamente despreciable) gracias a la cual el contenido de la ciudadanía queda vaciado durante la situación de conflicto; dicho de otro modo, cuando la autoridad utiliza el poder en ella delegado para reirse de aquel a quien debiera de proteger. Aquí es necesario que quede absolutamente claro que esa autoridad no posee poder divino alguno, sino que en ella está depositado el poder de esa entidad colectiva denominada “pueblo”, dentro de la cual están estos propios sujetos burlados.

Este cambio de función, de la protección a la humillación, es explicable sólo si esos a quienes se considera delictuosos son apreciados como diferentes, “otros”; pero no según lo que “hacen”, sino partiendo de un medidor externo (para ello se suele apelar, como si todos compartiéramos su contenido, a algo a lo que llamamos “lo moral”) que los ridiculiza y priva de derecho ciudadano, que transforma a personas en juguetes o involuntarios payasos. La clave aquí es que esta policía que ríe no lo hace contra todo tipo de detenido, sino contra un particular tipo de detenido y no lo hace una vez, sino que lo hace siempre: «lo mismo que ellos hacen siempre: reírse de uno”. Puesto que es bastante poco imaginable que la policía se burle de los asesinos, ante quienes lo humano es experimentar horror, ladrones, violadores, secuestradores de niños o enemigos políticos, imaginar a quién o quiénes queda reservada, destinada, esa alegría perversa.

La risa es sólo la mitad obscena del abuso porque en su reverso el poder enseña su lado más desnudo y áspero como violencia simple; esto explica que el policía no sólo sea ríe, sino que (violando las propias normas de transparencia que supuestamente presiden el trabajo de la institución en sus relaciones con la población) se niegan a decir sus nombres, números, cualquier cosa que pueda identificarlos (para una futura queja) y tal vez hasta adopten una entonación de rufianes, pues es más que dudoso -hjaciendo otro ejercicio de imaginación- que lo siguiente haya sido dicho con delicadeza y respeto: “le preguntó el nombre al oficial, y éste le respondió que no le tenía que dar ningún nombre, “que eso no era problema mío”.

III

La violencia de lo sucedido ese día es un pequeño punto dentro de la larga historia de obsesión homofóbica por parte de las autoridades cubanas a lo largo de más de medio siglo; una obsesión que fluctúa en sus intensidades, pero que practicamente no ha dejado de existir nunca. En un chiste de mis años de secundaria (nací en 1960), la policía rodea la zona de Coppelia una noche, llena con homosexuales todo un camión con rejas y, antes de abandonar el lugar, comienza el chequeo de identidad de los detenidos. El policía encargado pregunta los nombres y todos van respondiendo con voz afeminada, pero llegan a uno que -de modo áspero y en forma crudamente viril- contesta que su nombre es Ramón Pérez. “¿Y este que está al lado suyo quién es?”, pregunta el policía. “¿Este?, responde el detenido, “¡este es mi marido!”. Lo que intensifica el chiste es que la última parte debe ser pronunciada con voz y gestualidad exageradamente femeninas.

O lo que es lo mismo a decir que nada desaparece, sino que deja residuos -de todo tipo y en todas partes- pues el chiste no flota sobre el aire, sino que corresponde a las penosamente célebres “recogidas” de los años 70 del pasado siglo en esa zona de la capital habanera. La violencia homofóbica quizás necesite de un mapa (que abarque los espacios, pero también las temporalidades) que nos posibilite ver, leer, el paisaje global de la violencia en una larga cadena de actos pequeños que lo mismo abarca iluminar una esquina particular que “higienizar” un sitio de reunión homosexual, reirse de un detenido que hacer chistes homofóbicos en un espectáculo público sin que ello merezca consecuencias.

IV

Esta disposición permanente, esta manía de controlar los cuerpos, en el escalón superior se manifiesta en dimensiones bio-políticas: movilizaciones militares o hacia la agricultura, espacios de supuesta purificación (como fueron las también célebres UMAP), desfiles que duran horas y se extienden a lo largo de kilómetros, jornadas de trabajo voluntario, tablas gimnásticas. La explosividad de cuerpos sanos (o a los que se intenta sanar), pasando de uno a otro sitio, activando, transformando; si pudieran ser calculados bajo la forma de energía generarían tantos millones de joules como el Sol, Cuerpos comunicando el espectáculo y la sensación de su cantidad de fuerza y de su limpieza esencializada.

El pasado 14 de marzo de 2016 apareció en el blog “El Estornudo” un artículo de Carla Gloria Colomé que -dedicado a explorar el mundo de los vendedores de “objetos de placer»- lleva como título “Vibradores vendo yo”. Se trata de un negocio que subsiste por debajo del radar, ya que la importación de dichos objetos” está prohibida en el país pues se le considera material pornográfico. Además de entrevistas a varios personas del negocio la autora busca establecer contraste con la opinión de trabajadores del aeropuerto que ofrecen detalles acerca de las prácticas de Aduana al respecto.

En este punto, si algo llama la atención es la mezcla de tolerancia y obscenidad. Lo primero porque, a pesar de todas las disposiciones (y obsesiones) legales, según informa el texto: «Nunca, al menos Yanara y los aduaneros que con ella trabajan, han decomisado ningún juguete sexual.” Lo segundo porque, según la misma testimoniante, «El trabajo en un aeropuerto es largo, extenso, agotador, (…) Algo hay que hacer para que el tiempo corra.” y es entonces que:

“A veces damos chucho entre nosotros, para variar un poco el día, el pasajero se muere de la vergüenza y me dice no lo saques y yo le digo por qué, a ver, por qué. Y llegan otros aduaneros con caras serias, el pasajero impaciente, hasta que sacamos el instrumento, y todo el mundo alrededor comienza a reír.”

En este fragmento la bondad (la disposición a entender el deseo del otro y aceptarlo como legítimo) pasa por el riesgo (de perder el trabajo si se es descubierto en un transparente ejemplo de “mano blanda”) e incluye la obscenidad (al exponer la más recóndita intimidad de ese mismo otro al que se ofrece una cómplice ayuda). O sea, en un mismo movimiento se hace burla del poder y se le reverencia.

V

En cualquiera de ambas historias, la de policías que se ríen de sus detenidos o aduaneros que ser burlan de la intimidad sexual de viajeros, son elementos comunes el que la posibilidad de actuar de tales modos se fundamenta en la autoridad y el hecho de que un grupo de sujetos ha sido colocado, señalado, ubicado, distinguido, identificado como seres de un límite donde las protecciones terminan.

No pocas de las contracciones futuras de la vida cubana van a pasar por esos límites y, en general, por el concepto mismo de límite y todo lo que implica; por el análisis de los involucrados en esta prácticas des-ciudadanizadoras y sus diversas conductas; por la calidad pública de hechos y personas o la voluntad de acumular silencio sobre ellos. Dicho de otro modo, van a ser debates propios de la tensión entre demandas de carácter civil y Estado, entre condición ciudadana y Estado de Derecho, entre democratización y autoritarismo. Puesto que nunca, bajo ninguna circunstancia, puede la policía burlarse del detenido, por des-ciudadanizar (palabra inventada) debe entenderse cualquier práctica cuyo diseño y efectos conduzca al aligeramiento del contenido de la noción “ciudadano” mediante la sustracción de derechos y la invención, enteramente impune, de atribuciones que no tienen ni el Estado ni sus órganos represivos, de control, administrativos o de reproducción de ideas.

Para terminar, confieso que, contrario a las normativas, me agrada la idea de un socialismo con consoladores: lo mismo importados que fabricados en el país y vendidos. Lo que suceda en el interior de una práctica erótico-sexual -individual, de pareja o múltiple- sólo debe de interesar a los implicados y el Estado sólo debería intervenir cuando haya afectación a terceros, violación del mutuo consenso y hasta ahí. El resto de lo que el Estado hace es vigilar las fronteras; cuidar que la democracia sea efectiva; que haya equidad y justicia social; que el entramado económico funcione y esté orientado al desarrollo; que los ciudadanos experimenten felicidad, pero absolutamente nada que tenga que ver con las vidas privadas de los ciudadanos porque la privacidad es un derecho ciudadano en sí mismo.

Es aquí donde el orgasmo revolucionario (lo cual es casi una construcción poética, lo sé) tiene que proponer(se) un goce sin exclusiones, una especie de utopía del ascenso universal en el cual todos los sujetos son dignificados en su deseo (repito que mientras no haya destrucción o daño de un otro) porque lo que resulta aquí comprendido y aprehendido es la infinita variedad de la experiencia humana. En la fantasía de este escenario, cualquier entrada de la risa que, desde que brota, busca degradar, es manifestación de un componente malsano, que quisiera contaminarnos a todos, que necesita de nuestro silencio o aplauso para conseguir extenderse por la totalidad del cuerpo social.

VI

La extensión del Derecho no trata exactamente del tiempo presente, sino del espacio de posibilidad para que algo tenga lugar; dicho de otro modo, no de la voluntad infantil de romper una norma, sino de batallar y arribar a las normas más justas para que sea mayor la oportunidad de realización en quienes nos suceden. Esto explica que, por encima de las restricciones del presente (que, en ocasiones hacen que terminemos aceptando cosas que internamente rechazamos, en las que tal vez no creemos siquiera o hasta nos disgustan) el Derecho habla de los espacios de libertad y felicidad, amargura, plenitud o miedo que van a tener nuestros hijos y nietos. No van, simplemente a recibirlos, sino que se los vamos a entregar, porque ese futuro es nuestra construcción.

Y ellos merecen mundos mejores.

Tomado de Oppianos.
Foto tomada del perfil de Yasmin Silvia Portales Machado en Twitter.

Por el matrimonio igualitario en Cuba

Traveler Digital Camera
La posibilidad de que dos personas de igual sexo puedan legalizar sus relaciones, del mismo modo que lo hacen personas de sexos diferentes, es aún una utopía en Cuba; sin embargo, cada día se oxigena más el debate y un número creciente de personas participan en la discusión.

En la isla se habla casi indistintamente de “uniones legales” o “uniones consensuales” y “matrimonio igualitario”; haciendo alusión a la legalización de uniones, hogares, parejas del mismo sexo. Tendencia frecuente en la sociedad cubana contemporánea y que, por la importancia que tiene la familia dentro de esta, bien vale una discusión.

Es cierto que el matrimonio como institución social de origen económico está en plena crisis; no obstante, como derecho básico, mientras solo una parte de la población pueda acceder a él se seguirá excluyendo a seres humanos de un ejercicio legítimo y, por tanto, de los beneficios (que los tiene) y tormentos (sin duda alguna) que implica “estar casado”.

Voces encontradas

Si bien los medios oficiales continúan eludiendo el tema, es indudable que, desde la propia sociedad civil, activistas y profesionales han abordado la temática, que ha encontrado espacio en varias agencias como IPS o SEMlac, revistas digitales como Oncuba, Havana Times y Cuba contemporánea y en bitácoras de proyectos como Observatorio Crítico y Arcoíris.

En Oncuba por ejemplo, el periodista Ariel Montenegro compartía un texto intitulado “El puño que disloca las mandíbulas”, donde nos decía: “Estaba agradecido por haber venido al mundo gracias a esa paradoja, pero tanto quería a sus padres, que le dolía en cada recuerdo de familia que no hubieran podido casarse con quienes quisieron, que no pudieron adoptar hijos y tuvieron que hacer algo engañoso con ellos mismos para concebir, como si el amor entre los gays y las lesbianas fuera de segunda categoría…”

Dicho texto provocó una serie de comentarios, la mayoría en la misma cuerda de David Rocha: “Es importante que subrayemos el amor en la comunidad LGTBI, siempre se nos ha visto como máquinas sexuales relacionadas a la promiscuidad. Escritos como este proyectan otra imagen de lo que somos, de cómo vivimos e incluso de nuestros sueños más anhelados”.

Lo anterior me hace pensar que vamos pasando ya del argumento tan socorrido de que “la sociedad cubana no está preparada para ello”.

En ese sentido, Mariela Castro Espín, directora del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), en una entrevista ofrecida al politólogo Salim Lamrani hace poco menos de un año, expresaba casi de manera lapidaria: “La sociedad cubana está lista para aceptar el matrimonio homosexual. Les toca a nuestros políticos ubicarse a la altura del pueblo. En Caibarién, en el centro de la isla, José Agustín Hernández, apodado Adela, es un enfermero transexual de 48 años y fue elegido delegado de la Asamblea Municipal”.

No obstante, hay objeciones claras a la posibilidad de que dos personas del mismo sexo puedan contraer matrimonio en Cuba. Algunas de la razones se justificarían en el tecnicismo que implica cambiar la ley suprema para hacer que esto sea posible. Para lo cual se propone, dentro de las voces que están en contra, realizar una consulta nacional.

Así lo estima la periodista cubano-americana Yadira Escobar, en el post “Constitución. Ley Suprema”: “Es verdad que la constitución puede ser modificada, y quienes lo hagan podrán decir que es un cambio revolucionario. PERO… también es verdad que dicho cambio será político, con consecuencias profundas en la cultura y realmente debería ser llevado a referendo para que pueda ser considerado como un acto legítimo. No se puede imponer, hay que llevarlo a voto”.

El debate fue arduo en el perfil de facebook de la periodista. El intelectual cubano Jorge de Armas decía en aquella discusión: “No estoy de acuerdo. El derecho a la unión civil entre personas tiene que ser considerado un derecho y no sujeto de voto o referéndum. Sigue siendo una reminiscencia de los viejos valores buscar la democratización en asuntos esenciales. En mi opinión, es como pedir un referéndum para ver si la gente está a favor de la libertad de expresión o en contra del nazismo.”

La entrevista a Gloria Careaga, que publicó el diario Granma a sazón de la VI Conferencia Regional del ILGA y que signó Lisandra Fariñas, aunque tocó tangencialmente el tema, suscitó opiniones relacionados con el matrimonio homosexual. En una de ellas, el comentarista Ernesto Martínez Hernández expresaba: “Permitir los matrimonios gays es irrespeto a la sociedad, como permitir contratos jurídicos entre personas y animales, no es normal, no se debe legalizar porque no es natural. Hay parejas que viven toda la vida sin matrimonio, porque luchar por legalizar lo que no es normal por naturaleza, es una igualdad inexistente”.

Una voz autorizada en el tema, la abogada Zulendrys Kindelán Áreas, fundadora de la Consultoría Jurídica del Cenesex y quien participó en la redacción y revisión del proyecto de nuevo Código de Familia, analizaba los efectos legales en Cuba contemporánea: “Pienso que las diferencias entre las uniones legales y matrimonio, a la luz de las nuevas propuestas, serán mayoritariamente nominativas, pues los efectos económicos de ambas instituciones serán los mismos, así como sus causas de disolución y las obligaciones. A mi entender, lo mejor es solucionar el silencio de la ley y la desigualdad que esta no-regulación (por decirlo de alguna manera) ha provocado, por el hecho de que algunas personas sí puedan contraer matrimonio (heterosexuales) y otras no, y las propuestas incluidas en el nuevo Código de Familia otorgan esa posibilidad”.

Historias cotidianas

Pero la gente se casa, aunque no sea en la isla. Varias embajadas, como la de Alemania, ofrecen una posibilidad especial para legalizar la unión en ese país, dado que en Cuba no es posible, aprobando un término de tres meses de visa para llevar a cabo el procedimiento judicial.

Sin poder estimar el número de personas con ciudadanía cubana que han contraído matrimonio fuera de Cuba (o que se han unido legalmente) con sus parejas del mismo sexo, al menos se empieza a hablar del tema.

Tal es el caso de Aldo Pavón, quien reside en La Florida, donde tampoco está reconocido, pero que nos cuenta: “Nuestra relación comenzó en septiembre 1998, luego decidimos emigrar hacia USA en 2000. Acá tuvimos la oportunidad de legalizar nuestro status y no lo dudamos. Un maravilloso fin de semana de mayo de 2012, acompañado por cuatro grandes amigos nos fuimos a New York (uno de los estados que reconocen el derecho al matrimonio del mismo sexo) y el martes 22 de mayo en una simple ceremonia legal nos declararon “esposos”. Definitivamente unos de los días más memorables de nuestras vidas y sobre todo emocionalmente intenso”.

Vladimir García Carvajal tiene 51 años y en 2008 se unió legalmente a su pareja: “En Suiza hay una palabra ‘partenaire’, que corresponde al matrimonio heterosexual, y tenemos los mismos derechos y deberes; solo la adopción y la obtención del pasaporte suizo no es posible… Solo pudimos casarnos en el año 2008 porque Suiza no permitía la unión de personas del mismo sexo, pero el pueblo votó a favor. Desde entonces es permitido esta forma de matrimonio”.

Sobre la utlilidad del debate, expresa García: “la cuestión es informar, hablar del asunto, las personas siempre se protegen y rechazan lo que no conocen, es normal, pero desde el momento en que explicas y se levanta el velo, la gente comprende que no hay ninguna diferencia, porque el matrimonio en general es un hecho totalmente administrativo y jurídico; yo conozco muchas personas heterosexuales que no están casadas y viven desde muchos años juntas”.

Sin embargo, al preguntársele acerca del reconocimiento en el territorio nacional de los matrimonios realizados en el extranjero, Kindelán Áreas precisa: “…ese matrimonio no produce ningún efecto en Cuba porque la legislación nacional no lo reconoce, y eso será así mientras no se aprueben las modificaciones”. Dicho esto, cabe anotar que la aprobación de dicho Código supondría tambien ventajas para dichos casamientos.

Dos caminos para llegar a la justicia

Existen entonces dos caminos prácticos, y no excluyentes, para el reconocimiento legal de las parejas homosexuales: a) se cambia la Ley Suprema y se sustituye “entre una mujer y un hombre” por “entre dos personas”; b) se discute y aprueba el nuevo Código de Familia donde se incluye, como expliqué anteriormente, las uniones legales entre personas del mismo sexo.

Sobre la primera solución comienzan a parecer voces más incisivas como la del activista y transformista Pedro Manuel González, quien recientemente diría: “No se puede hablar de leyes secundarias cuando se está tratando de la ley primaria de la nación, que está detenida en los 70, con algunas modificaciones en 1992. Hay cláusulas que necesitan renovarse si quieren ir a la par con lo que se está haciendo en el país.”

Con anterioridad, el periodista Maykel González Vivero, en entrevista para OnCuba, al exponer sus expectativas ante la realización de la citada Conferencia de ILGA, afirmaba: “Me refiero… a las parejas del mismo sexo que no nos conformamos con la aspiración rezagada de una unión civil cuando podemos aspirar al matrimonio igualitario”.

Del otro lado, tenemos la propuesta de un nuevo Código de Familia que anda de buró en buró, de mano en mano, pero aún no logra colarse en la agenda de discusión del Parlamento cubano. Cada año, cuando se reúne la Asamblea Nacional, se tiene la esperanza de que se debata, pero la realidad es que se discuten y aprueban otras normas, mientras el Código de Familia vigente, anquilosado en la pasada década del setenta, no es revisado, como si 40 años no fueran suficientes para considerarlo como una norma envejecida y poco eficaz a la luz de los cambios que han sucedido en Cuba a partir de las numerosas medidas de corte social implementadas en el país.

La intelectual cubana Yasmín Silvia Portales Machado lo analiza de la siguiente manera: “Al nuevo Código de la Familia se le han dado largas durante al menos cinco años, y solo la presión del movimiento LGBT cubano sacó a la luz el hecho de que estaba estancado entre comisiones parlamentarias. Aunque es apoyado por dos entidades cubanas con iniciativa legislativa: la Unión de Juristas de Cuba y la Federación de Mujeres Cubanas, y trata de actualizar un documento que data de 1975, a este proyecto de Ley se le han puesto más sancadillas que a un jugador negro en las Grandes Ligas antes de 1950”.

Por su parte, la mesa redonda televisiva «La familia diversa», celebrada el 11 de mayo de este año, levantó comentarios en el sitio web del programa donde aflora la siguiente valoración: “… al final Manuel (jefe de los Servicios Jurídicos del Cenesex) no supo dar respuesta en qué momento se encuentra el Código de Familia. Creo que ellos no tienen la respuesta pero si es así, lo mejor es decirlo y no buscar un enredo de palabras que lo que hacen es confundir y desviar la atención”.

Efectivamente, aún no se ofrece una respuesta clara y precisa sobre el estado actual del Código de Familia, como tampoco podemos listar con prolijidad los reales avances en materia legal, que trasciendan a las personas—dirigentes o no— “convencidas”, que se han alcanzado luego de varios años de Jornadas contra la Homofobia, talleres de sensibilización, campañas contra el VIH/sida y demás.

En el anteproyecto de Código de Familia no se propone el matrimonio, sino la “unión legal”, y como razón fundamental se ha reconocido el camino tortuoso de cambiar la Constitución, sobre lo cual Kindelán Areas comenta: “En el caso de las uniones legales, se reconocen los mismos efectos económicos que en el matrimonio tradicional. Así contarán con las mismas vías y procedimientos para reivindicar sus derechos en caso de disolución de las mismas, lo que solucionaría el estado de indefensión de algunas personas ante esa circunstancia, especialmente en materia de derechos sobre bienes, seguridad y asistencia social y transmisión de derechos hereditarios”.

Movilizarnos

Luego de esto, no queda más que preguntarse: ¿por qué entonces no intentar directamente el cambio en la Constitución de la República? De manera que cualquier persona, independientemente de su identidad de género u orientación sexual, pueda hacer ejercicio, si así lo desea, de su derecho a contraer matrimonio.

Lo acontecido recientemente con el nuevo Código del Trabajo, que de manera inexplicable no incluyó la discriminación por identidad de género (a pesar de que fue propuesto y discutido el asunto en el parlamento cubano), nos advierte que, en cuestión de derechos humanos, no podemos ir por las ramas, sino directamente al centro del problema.

Por otra parte, ¿no sería el momento de extender las uniones legales o consensuales también a las parejas heterosexuales?, pues en la actualidad solo es posible ante litigios y con testigos que acrediten que eran una pareja de hecho.

Pasar de las demandas a organizarnos y profundizar en el tema de manera que podamos tener una posición fundamentada y consensuada es mi interés como activista ciberfeminista. En este sentido, he lanzado una especie de convocatoria y una página en Internet, Por el matrimonio igualitario en Cuba, para propiciar el debate.

Dicha convocatoria está dirigida a todas aquellas personas que hemos contraído matrimonio o establecido uniones legales en el extranjero y que deseemos brindar su testimonio. Muchos hemos tenido que enfrentar la burocracia de esos otros países donde, en ocasiones, nos solicitan documentos que en Cuba no se expiden, o vivimos la experiencia de que en la isla se precise presentar documentos que solo son válidos para parejas heterosexuales, como me sucedió a mí con la capacidad legal para el matrimonio.

Busco cubanxs que estén unidxs legalmente (matrimonio o unión consensual) con personas de igual sexo/género, para entrevistas (con la posibilidad de conservar el anonimato). Interesadxs escribir a negronacubaine@gmail.com
Texto de la convocatoria

Por su parte, la página en Internet pretende ser un lugar de encuentro para personas interesadas en la temática, aunque algunas de ellas no tengan aun una posición definitiva sobre el matrimonio igualitario, pero prefieran aprender y acompañar a quienes sí confiamos en la justeza de que cada quien se case cuando lo desee con la persona que ama, no importa su género.

Publicado en Semlac-Cuba

Me dicen Cuba: Espacios LGTB para la diversión… sin lesbianas

Foto cortesía de Logbona Olukonee
Foto cortesía de Logbona Olukonee

Por  Logbona Olukonee

Hace alrededor de 7 años salí del closet, estaba en la universidad estudiando Historia y recuerdo que encontrar un bar gay era toda una vorágine. Mis amigos y yo recorríamos las calles del Vedado y la Habana Vieja en busca de las famosas Fiestas de Lila, que eran ilegales, y otros centros nocturnos para personas gays.

Sin embargo, las cosas han cambiado mucho desde aquella fecha hasta ahora. Existen más espacios gays, muchísimos más y generalmente son más caros que el resto de las clubes y discotecas. Estoy pensando en el Bar Humbolt, en las Vegas, el proyecto el Divino, Le Chansonier, Escaleras al Cielo (la noche gay son los viernes), las noches de los viernes en el Hechevarria, el Colmao. Todos son legales algunos son más caros que otros, pero tienen en común que la mayor parte de población que asiste es el universo gay masculino y mujeres trans.

El CENESEX le ha dedicado una extensa parte de su labor preventiva a la educación sexual entre los hombres gays y trabaja fuertemente con la comunidad trans, principalmente aquellas personas que nacieron con la asignación de género masculino. Como parte de su agenda de trabajo La revista “Sexología” publicada por el CENESEX, posee innumerables artículos y reseñas sobre el mundo gay masculino y la transexualidad, temas sobre el VIH entre otros.

Unos de los mayores logros de este centro y de la fuerza de la sociedad civil cubana ha sido la socialización y la visibilización gay en los espacios públicos, entre los que se destaca la playa “Mi Cayito”, internacionalmente reconocida por la concurrida presencia gay, trans y lésbico. Esta playa que desde los años 90’ del siglo XX ha ido progresivamente convirtiéndose en el espacio de la comunidad LGTB en la zona de playa de la Habana y de Cuba. Tanto así que el CENESEX realiza a menudo campañas de prevención de VIH y recuerdo que la campaña de sensibilización, promoción de salud y visibilización gay en esta playa por el inicio del verano en el 2010.

Finalmente otro gran espacio es el malecón, el cual sin duda el único lugar que no hay que pagar nada para estar ahí.
Los espacios de socialización y recreación para los gays son numerosos, existen bares todas las noches, y fiestas todos los días. Proyectos como el Divino han logrado ocupar clubes y discos estatales de primer nivel como el Café Cantante en el Teatro Nacional y el miércoles en el Centro Vasco. El proyecto Olimpo estuvo un tiempo haciendo noches gays en el club del Hotel Colina y en el Hotel Lincoln. Tampoco los policías echan de la playa Mi Cayito a la gente LGTBQ.

En cierta medida nuestra sociedad y nuestro gobierno están cambiando su mentalidad en relación a la comunidad LGTBQ. Es indudable el papel del CENESEX en la lucha por el disfrute que, como ciudadanos cubanos tenemos a todos los espacios, a la reasignación de sexo y género, al fin de la homofobia y derechos legales.

Y los espacios para lesbianas…

No obstante parece existir una brecha entre el mundo gay y lésbico en Cuba. Las lesbianas, mujeres queer, bisexuales, hombres trans se encuentran en una mayor invisibilización que los hombres no-heteronormativos.

En los últimos 4 años puede verse en las calles de la Habana un incremento de mujeres que están transformando su estética hacia patrones considerados masculinos. He conocido personas que se reconocen con nombres masculinos como Prince Royce; lesbianas que son seguridad en algunos bares gays, que destacan por su presencia masculina. Lo cual es una muestra evidente de una ruptura con los estereotipos tradicionales de lo que es considerado “mujer” y “femenino” en la Habana, principalmente por personas con una asignación de género femenino pero que presentan una identidad masculina, jóvenes y afrodescendientes, a las cuales se les reconoce en el imaginario popular como “lesbianas fuertes”, “bomberitos”, entre otras denominaciones.

A pesar del gran aumento de personas con nuevas identidades sexuales, principalmente en los barrios más pobres y en las comunidades con una mayoría afrodescendiente, los espacios de socialización para las lesbianas, mujeres bisexuales, queer, trans siguen siendo una minoría.

El CENESEX tiene un grupo de mujeres lesbianas y bisexuales activistas llamado OREMI, el cual parece estar reponiéndose de los largos períodos de silencio y discrepancias internas. ¿Más allá de este grupo, donde se reúnen las lesbianas en Cuba?
¿Qué pasó con los espacios de socialización para las lesbianas, mujeres queer y las personas trans que nacieron con una asignación de género femenino?

En el 2012 acudí en varias ocasiones al Club “Sherezada”, el cual tenía una noche sólo para chicas los jueves. Este espacio funcionó algo más de un año y a fines del 2013 cerró. Luego fui una vez a la Casona de 17, donde se había trasladado el proyecto Viceversa, el cual en su mayoría hace las fiestas para lesbianas, pero este también cerró. Finalmente mis amigos y yo fuimos al Club los Violines hace un mes, dirigido igualmente por el Proyecto Viceverse, y este lugar cerró dos semanas atrás.

Recientemente he recibido promociones de otro proyecto Reverse, que está tomando auge entre el mundo queer femenino y lésbico en la Habana y aunque se realiza en diferentes bares y discotecas, todavía funciona cada semana por más de tres meses.

He oído frecuentemente comentarios como: “la fiesta de lesbianas no da dinero porque van muy pocas”, “la mayor parte de las fiestas de lesbianas va gente del bajo mundo y hay tremendo mal ambiente”. Frases como estas reflejan la gran misoginia y lesbofobia que impera en la mentalidad de nuestra sociedad.

Recuerdo que me encantaba el Sherezada porque predominaban mujeres lesbianas, bisexuales, negras y mestizas, las llamadas “fuertes”, “femeninas”. Fue un lugar donde comenzó a gestarse una comunidad que luego ha seguido reuniéndose en otros espacios y crearon un juego de pelota los domingos en el Complejo Deportivo José Martí que se encuentra en Malecón y G, en el Vedado.

Aunque voy poco y no se jugar pelota, me encanta este espacio porque refleja formas muy creativas de organización autónoma de rebeldía lésbica. Con este juego han logrado crear una red de mujeres lesbianas, bisexuales, hombres trans que comparten preocupaciones, experiencias, se divierten, fortalecen sus lazos de amistad y cooperación entre ellas.

Sin embargo para muchos El Sherezada y los Violines eran bares de “tortilleras fulas, problemáticas y marginales”. La mayoría de las mujeres que allí concurrían venían de la Habana Vieja, Marianao, San Miguel del Padrón y otros barrios pobres de la Habana.

Muchas de las mujeres que acudían no son profesionales, ni universitarias, viven del invento, de sus propios negocios, autónomas y sus fuentes de ingreso no dependen de tener un esposo, padre, ni jefe, por lo tanto sus actitudes ante la masculinidad hegemónica no es sumisa ni coqueta. Esto genera rechazo entre muchas personas heteronormativas y homonormativas lo cual aumenta el rechazo hacia las lesbianas y a sus espacios de socialización.

Frases tan racistas, lesbofobicas y trasnfobicas las anteriormente expuestas tienen un sustrato en la estructura ideológica sobre la cual se construido nuestros imaginarios. En nuestro país predomina una mentalidad de clase media blanqueada y muy heteronormada, que influye de manera vertical en la población afrodescendiente y queer que sigue siendo refrendada por los medios de difusión masiva, la televisión, el reguetón, la salsa.(1)

La feminidad ha sido construida a partir de los intereses de los hombres y reforzada por los posturas machistas de algunos discursos de la Revolución. En donde es costumbre que las mujeres sacrifiquemos nuestras vidas en pos de la moral de la familia, de la crianza de nuestros hijos, sobrinos y nietos. Igualmente las feminidades han sido construidas culturalmente para ser las acompañantes de los hombres, las madres, siempre en una posición de dependencia con relación al hombre.
Es cierto, muchas lesbianas no tienen dinero para ir a las fiestas y esa es la justificación más generalizada cuando cierran los pocos espacios lésbicos que existen. ¿Pero alguien se ha preguntado por qué muchas de las lesbianas no tienen el cover (generalmente entre 1 a 3 cuc) de entrada a esos centros nocturnos?

Mi objetivo no es definir este fenómeno sino, abrir los ojos a nuestra comunidad de una realidad que va mucho más allá de la simpleza de esa respuesta.

¿Me pregunto si las instancias institucionales que apoyan estos proyectos han investigado esta problemática? ¿Si nosotras mismas las personas queer hemos pensado sobre esto y compartido nuestras preocupaciones entre nuestras amistades, tanto lesbianas como hombres gays? ¿Alguien habrá hecho algo para resolver esto? ¿Por qué me ha tomado tanto tiempo darme cuenta que ser lesbiana es un acto de resistencia política contra el heteropatriarcado capitalista?

En la comunidad LGTBQI quienes tienen mayores y mejores posibilidades al acceso a las divisas son los hombres gays; principalmente por el progresivo aumento de turistas gays a Cuba y el incremento de la prostitución masculina. Junto a ello, la división sexual de trabajo en el Caribe y en Cuba ubica a los hombres en una posición privilegiada. De esta forma el acceso a los trabajos mejor remunerados, a los medios de producción, a los espacios públicos donde se puede “inventar”, negociar, forma parte de la cultura masculina. (2)

Las lesbianas, hemos sido criadas dentro de una cultura misógina, en la cual se nos instruye a cumplir con las funciones tradicionales de la mujer dentro de la familia, como madre, tía, abuela, hermana, que vela y cuida al hogar y los miembros de este. (3) Esto complica nuestra disponibilidad de gastar nuestras dinero en discotecas que cobran cuc cuando “tenemos deberes familiares que costear”, como el sostenimiento de nuestro hogar, nuestros hijos (a), sobrinos (a), y demás familiares.

El hecho de vivir públicamente como mujer, lesbiana, afro-descendiente, pobre, con una presentación de género no-heteronormativa encarece aún más nuestra posición en el mercado laboral que resume a las posibilidades de empleo de las mujeres a aquellos empleos que pueden verse como una extensión de las tareas del hogar como la educación, la atención a los enfermos y mayores y el trabajo doméstico.

La estructura misógina y lésbofobica de nuestra sociedad dificulta mucho que podamos encontrar trabajos que permitan nuestra autonomía del hombre y del pater de familia, tanto para aquellas que no nos vestimos como mujeres y que tampoco nos reconocemos como tal como las que tienen una presentación de género más femenina.

Una parte importante de la población “femenina” no heterosexual que vive fuera del closet, no tenemos familia en el extranjero que nos mande remesas; ni Cuba es un destino para el turismo lésbico con el cual nos podamos relacionar. Un sinnúmero de nosotres (4) no trabajamos en corporaciones, ni somos abogadas y profesoras universitarias.

Una gran mayoría de mis amigas no pudieron terminar estudios por el repudio homofóbico impera todavía en los centros de enseñanza tanto por parte de los estudiantes, como por parte de los trabajadores y profesores en las escuelas primaria. Otras han sufrido abusos desde niñas, han convivido con la violencia en todas sus facetas, han sido echadas de sus hogares y están trabajando desde que tienen 13 años. Hay otras que no resuelven trabajo en el esfera estatal por su estética masculina, o andrógina.

Es un deber del estado gestionar espacios para todos sus ciudadanos, pero también es un deber de nosotras y nosotres de buscar y crear los nuestros. A fines de febrero luego de la celebración de nuestro Motivito Queer, un grupo de amigos queers fuimos a Viqui’s Bar, que dentro del universo no-heteronormativo y lésbico estuvo siendo socializado como un bar de lesbianas, también porque según me informaron las dueñas son una pareja de mujeres lesbianas.

Este espacio se convirtió por unos meses en el lugar donde muchas lesbianas, mujeres queers íbamos a tomarnos unos tragos, charlar, bailar, relacionarnos, buscar compañeras sin la presencia de la mirada misógina heteropatriarcal. De ahí que le propusimos a la dueña hacer fiestas y conciertos durante la jornada de La Lucha Contra la Homofobia en mayo. ¿Y cuál fue nuestra sorpresa, cuando fuimos al local hablar para hacer otro capítulo del Motivito, esta vez MotivitoLes?

Hablamos con la dueña y los dependientes del bar, quien nos respondieron que ella no quería promocionar el lugar como un bar de lesbianas, solamente los domingos, y que ese era un bar para “gente normal” (cito textualmente). Mis sueños se derrumbaron por un momento, y al siguiente me pregunte ¿si yo era una persona anormal?

En muchos países las lesbianas se reúnen en colectivas, organizaciones, se ayudan mutuamente, generan espacios autónomos y se apoyan de manera económica. La fuerza de los movimientos lésbicos, de las feministas queer y lesbianas es muy grande en el mundo entero y también en América Latina. ¿Dónde están las feministas lesbianas y queer autónomas en Cuba? Como ciudadanos también tenemos que aprender a exigir nuestros derechos como sujetos sexuados y luchar por nuestros espacios.

Es necesario generar pensamientos feministas lésbicos y queer en Cuba, que empodere a las mujeres y las personas trans en relación a crear nuestras comunidades, ayudarnos, apoyarnos y generar culturas de solidaridad y recreación entre nosotres. Si no existen espacios ni destinos turísticos paras las lesbianas en Cuba, ya es tiempo de crearlos.

Notas:

(1) En este sentido simplemente tenemos que prestar atención la música popular. Recuerdo hace dos semanas tuve que hacer un viaje desde la Habana hasta Baracoa, en taxi de 10 pesos. En mi viaje las pocas veces que presté atención a la música que estaba puesta en el taxi, una de ellas se refería a “aquí hay una pila de chicharritas, aquí a una pila d chicharrones, una pila de mariquitas y mari…”. Este es uno de los numerosos ejemplos de las frases homofóbicas con los cuales diariamente convivimos.

(2) Jaffary Allen. 2011. !Venceremos? The erotics of black self-making in Cuba.

(3) Maria Lugones. 1987. Playfulness, “World” Travelling and Loving Perception. En: Hypatia.

(4) La utilización del término nosotres, todes, la oí por primera vez en español en las canciones de Las Krudas y en conversaciones con ellas. Es una variación del lenguaje para reconocer a las personas que no queremos ser reconocidas ni como mujeres ni hombres, que preferimos alejarnos de cualquier construcción genérica tradicionalmente impuesta.

Por un beso revolucionario

cubadiversaEl próximo sábado 28 de junio se cumplirá el aniversario 45 de los Disturbios de Stonewall Inn, acontecidos en la ciudad de Nueva York.

El Proyecto Arcoiris, que trabaja por los derechos de las personas LGTBI, ha convocado a la Segunda Besada por la Diversidad y la Igualdad, en la conocida Plaza Vieja de La Habana, a las 4:00 pm.

En el año 2012, Arcoiris coordinó una actividad similar pero tuvo lugar en las inmediaciones de la Terminal de Ómnibus habanera. Aprovechamos para entrevistar a Yasmín Silvia Portales Machado, gestora y activista del proyecto, acerca de lo que se pretende este año con dicha acción.

¿Qué actividades va a realizar el Proyecto Arcoiris por el 28 de junio?

Elegimos esta acción por su bajo costo y capacidad inclusiva, simplemente invitamos a la comunidad LGBTI y todas las personas heteroaliadas que deseen celebrar el placer y derecho del cariño.

Al mismo tiempo, es una provocación política en toda la regla, pues en Cuba el espacio público sigue siendo altamente heteronormativo. Apoderarse de la calle, normalizar el derecho de todas las personas a actuar sin dobleces a plena luz del día, es un reto político serio en nuestro país.

La convocatoria que hemos circulado aclara el carácter político del acto, y su articulación con los pasos que dan diversos actores sociales hacia la construcción de una cultura nacional que reconozca y celebre la diversidad de su ciudadanía.

En un contexto donde se destaca que el Código del Trabajo no incluyó entre las razones de discriminación la identidad de género, y teniendo como antecedente la realización en Cuba de la VI Conferencia Regional de la Asociación Internacional de Gays, Lesbianas, Bisexuales, Trans e Intersexuales en América Latina y el Caribe (ILGA-LAC), ¿consideras que es momento para pasar de “acciones románticas” al “activismo político”?

Es posible que desde fuera parezca que esto es romántico, pero para la estructura política y legal de Cuba, lo que hacemos es muy serio. No hay nada de romanticismo en retar la política estatal sobre los derechos civiles de la comunidad LGBTI y su autonomía.

El Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX) –la institución del Estado encargada del asunto LGBTI– defiende la tesis del “acompañamiento” a las personas LGBTI. Puede que las intenciones fueran las mejores, pero ello se ha traducido en grupos que separan a las identidades (hombres biológicos, mujeres biológicas, personas transexuales) sin autonomía política ni capacidad de diálogo entre sí o con otros sectores sociales. Proyecto Arcoiris reta esa noción al constituirse sin apoyo institucional y consensuar una agenda solo con la opinión de sus integrantes.

En sus casi tres años de vida -se inició en el 2011- Proyecto Arcoiris no ha hecho otra cosa que defender la idea de que la discriminación a las personas LGBTI es un asunto político: es una carencia de nuestras leyes y nuestra cultura respecto a los derechos ciudadanos en Cuba, se enlaza con la discriminación por género y tiene, en última instancia, expresiones materiales de pobreza, precariedad legal, violencia familiar, pública e institucional.

Es un desafío político realizar un boletín electrónico sin permiso del Registro Nacional de Publicaciones Periódicas, romper con el monopolio informativo de los medios estatales y con la lógica que considera las publicaciones comunitarias una amenaza a la unidad nacional.

Es un desafío político criticar la gestión del CENESEX o el gobierno cubano, exigirles rendición de cuentas públicas por sus decisiones o silencios en política interna –el Censo de Población y Viviendas 2012, demoras en el Código de Familia– o externa –la VI Conferencia de ILGA-LAC.

Ahora mismo se ha criticado desde Arcoiris el secuestro de la voluntad parlamentaria en la Ley 116 del Código de Trabajo, pues la versión final no comprendió la identidad de género y el estatus de VIH como causas punibles de discriminación en el empleo. La denuncia de Paquito el de Cuba –integrante de Arcoiris– fue la primera, la replicamos en redes sociales y por correo electrónico. La declaración posterior de Mariela Castro –un salto tremendo que una Diputada se desmarque de la posición oficial– reconoce esta labor y lo útil de la sociedad civil crítica frente al Estado.

Luego de la Conferencia, ¿han surgido o no articulaciones con los grupos comunitarios del CENESEX u otras organizaciones de la sociedad civil que tocan el tema?

No hay relaciones de trabajo con el CENESEX. Si bien tenemos las relaciones más cordiales con sus activistas y varios funcionarios y funcionarias, incluso con Mariela Castro, eso no ha progresado hacia la colaboración en el activismo.

En 2013 tratamos de establecer un acuerdo con vistas a los Gay Games, pero la lógica burocrática de la institución –es así por naturaleza, no se trató de un ataque ni una trampa hacia Arcoiris– acabó asfixiándonos.

Respecto a los grupos comunitarios del CENESEX, veo difícil la colaboración por su falta de autonomía política y material. Están enfocados en un discurso de conciliación, y sus demandas –conocidas– no reflejen enfoques integrales sobre la estructura social de Cuba como espacio de opresión a la diversidad.

Arcoiris defiende la tesis de que ni la homofobia ni el machismo son solo “cultura” o rezagos del pasado. Para nuestro colectivo las discriminaciones son artefactos ideológicos, partes orgánicas del tejido socio-económico de la sociedad de clases, de ahí la coletilla “anticapitalista e independiente”. Luchar contra la discriminación estructural implica –al cabo– luchar contra la desigualdad y la explotación –porque para hacer efectivos los derechos tienes que cubrir necesidades básicas de subsistencia.

Ya antes de la Conferencia Regional de ILGA-LAC mantuvimos intercambios con el Centro Nacional de Prevención de ITS-VIH-sida sobre elementos en los que pudiéramos colaborar. Ahora estamos estudiando los materiales que nos dieron –la prevención no es especialidad de nadie en Arcoiris– a ver qué se nos ocurre. Pero solo el gesto de abrir un puente de diálogo entre iguales es una muestra de reconocimiento del Centro a nuestra labor. Lo agradecemos.

Derecho de admisión

pussycat

Cuando Logbona Olukonee me compartió la idea de hacer el Motivito LGTBIH me pareció oportuno y mi aprobación la expresé brindándole mi apoyo.

En el documento redactado por ella para promover la acción se hacía mención a los espacios estatales que se existen en La Habana, y que cada día son más populares, donde se considera la entrada del público sexodiverso, y hasta se conciben noches especiales para él, pero que reproducen otras exclusiones como la de clase por ejemplo. Si no tienes plata o no estas «correctamente vestido» no entras. Muy a pesar de Nicolás y aquello de :» tengo el gusto de andar por mi país dueño de cuanto hay en él»

Por supuesto que está bien que existan lugares que incluyan a todo tipo de público, pero ojalá que la razón sea la inclusión y el derecho al disfrute y no el «cuánto puedes pagar» que mueve a muchos administradores de estos locales a considerar tener entre sus ofertas una especial solo para chicas, pensado en las lesbianas, o para «gay» en general, entiéndase homosexuales y heteros «sin complejos».

Eso explica que la música sea siendo heteronormativa, sexista y misógina, en dependencia del voyeurista DJ de turno o que para sentarte en una mesa tengas que pagar 5 cuc, porque de ahí se paga la actuación de las artistas trans, dicen.

Ojala un día, en Cuba no existan espacios algunos que limiten la entrada por ninguna razón, «todo mezclao», diría yo,  y que la administración no se reserve el derecho de admisión en un local estatal que, según nos enseñaron, es del PUEBLO.

Censo homofóbico Cuba 2012: CENESEX declara que no hará declaración

En las acciones previstas por el Proyecto Arcoiris para revelar el carácter homofóbico del CENSO Cuba 2012, estuvo conocer cual sería la participación del Centro Nacional de Educación Sexual en la presente “batalla”.

Con esa intención, la bloguera Yasmín Silvia Portales Machado se comunicó con la mencionada institución.

Cual no sería nuestra sorpresa cuando Yasmín nos expresó que el CENESEX no haría declaración alguna. Según Marta María, periodista encargada de la comunicación institucional, luego de haber consultado a las autoridades indicadas, no había nada nuevo que decir.

Durante la preparación del CENSO, la institución había propuesto su contribución a la formación, en las temáticas pertinentes, de las personas que participaría en la investigación censal. Ahora que la “mesa está servida”, se le da la indicación de no decir ni hacer “ni pío”. Seguir leyendo «Censo homofóbico Cuba 2012: CENESEX declara que no hará declaración»