Yadiel Cepero: En defensa de los amores legítimos en Cuba

“Si de algo estoy plenamente convencido, es de que el amor que nos profesamos las personas del mismo sexo es tan legítimo como el que se profesan las personas heterosexuales.” Yadiel Cepero. Fotografía cortesía del entrevistado y usada con permiso.

Yadiel Cepero es un joven activista, ingeniero en Ciencias Informáticas y fundador de una plataforma de discusión en Facebook titulada Construyendo una agenda de la diversidad sexual en Cuba en la cual participan casi 150 personas.

Cepero llegó al activismo luego de haberse formado como promotor de salud y derechos sexuales en la Red de Jóvenes del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX). Durante dos años coordinó en la Universidad de las Ciencias Informáticas, el proyecto Amor a Segunda Vista. En 2014 fue delegado a la VI Conferencia Regional de la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex para América Latina y el Caribe. Actualmente es miembro de la Articulación Juvenil del Centro Oscar Arnulfo Romero.

El marco de esta entrevista tiene lugar dentro de los debates sobre el matrimonio igualitario en Cuba, cuya legalidad no se contemplan aún en la constitución de la Isla. La conversación nos llevó a distintos aspectos de interés en el debate, desde el lugar que ocupa el matrimonio igualitario dentro de las prioridades de las distintas comunidades LGBTQI a los escollos de los textos legales que regulan la vida privada de los ciudadanos de un país.

¿Cuáles son las razones, según tu opinión, para que que exista una manera de que las personas del mismo sexo puedan legalizar su relación en Cuba?

Considero que debe existir una figura legal concebida para tales fines. En particular porque muchos trámites legales, incluidos los que involucran a los bienes adquiridos en común, dependen de que la relación esté formalizada y reconocida ante la Ley. Que esta figura sea el matrimonio igualitario, la unión consensual u otra, dependerá de cuán revolucionarios nos propongamos ser y de lo hábiles que seamos para sortear los obstáculos que ya están en el camino. A nivel internacional son varios los países que han incluido algunas de estas figuras en el ordenamiento jurídico. En Cuba, apenas estamos dando los primeros pasos.

Personalmente, no considero que un contrato legal garantice la estabilidad emocional de una relación, pero puede contribuir a preservar el patrimonio, viabilizar trámites y evitar lamentables injusticias. Dependiendo del alcance de la figura legal [se verá si esto incluirá o no] el derecho de las personas del mismo sexo a adoptar, tema del que poco o nada se habla en Cuba. Es complejo y no está exento de cuestionamientos éticos.

¿Crees que habría que hacer una consulta nacional para decidir si en Cuba exista o no la unión legal entre personas del mismo sexo/género?

En lo personal, considero que los derechos, en tanto constituyen derechos, no deben ser sometidos al juicio inquisitorio de nadie, ni siquiera de las mayorías. Sin embargo, hay mecanismos legales que no pueden obviarse. Por ejemplo, el matrimonio está definido en el artículo 36 de la Constitución de la República de Cuba como “la unión voluntariamente concertada de un hombre y una mujer con aptitud legal para ello, a fin de hacer vida en común…”

En el Código de Familia se habla del matrimonio no formalizado. Ahí pudieran introducirse modificaciones importantes respecto al reconocimiento de las uniones legales que no alcancen estatus de matrimonio sin que se requiera para ello una consulta nacional.

Esta segunda opción parece ser la más viable, pero su alcance es limitado. De aprobarse, el matrimonio continuaría siendo un derecho/privilegio reservado constitucionalmente para las parejas de sexo diferente mientras que las parejas del mismo sexo tendrían que conformarse con el matrimonio no formalizado o la unión consensual, algo que acentuaría más aún la discriminación.

Debo aclarar, no obstante, que la unión legal entre personas del mismo sexo es tan solo un elemento dentro de la agenda de la diversidad sexual. Por tanto, considero que el punto de partida de cualquier iniciativa legal debe ser discutir y consensuar la agenda a partir de las propuestas provenientes de los colectivos y activistas.

Y con respecto al matrimonio igualitario…

Me parece que está sobrevalorado. Históricamente, el matrimonio ha sido un instrumento que ha servido para preservar el patriarcado, la monogamia y la doble moral judío cristiana. Respecto a quienes apuestan por él, pero creo que el debate no ha alcanzado toda la profundidad que amerita. Es por ello que me gustaría lanzar algunas interrogantes para un debate futuro.

¿Por qué acapara tantos titulares el matrimonio igualitario? ¿Qué lugar debiera ocupar en la agenda de la diversidad sexual?

¿Tiene sentido reclamar el derecho al matrimonio solo porque los heterosexuales lo tienen? ¿Cuál es el alcance real de esta figura legal?

¿Cuando hablamos de reconocer las relaciones entre personas del mismo sexo, hablamos solo de relaciones entre dos personas? ¿Qué pasa con los colectivos que actualmente defienden el poliamor? ¿Deben quedar fuera sus propuestas?

¿Estar unidas en matrimonio hace alguna diferencia para las personas trans que consideran como prioridad el acceso a medicamentos y cirugías de adecuación genital?

¿Estar unidas en matrimonio hace alguna diferencia para las mujeres lesbianas que desean acceder a la fertilización asistida en Cuba? Dado que el protocolo del Ministerio de Salud Pública está concebido para las parejas infértiles, no bastaría con estar unidas en matrimonio, pues se requiere que una de las dos sea infértil.

¿Conoces algún caso en Cuba o anécdota donde se hayan cometido injusticias contra personas no unidas legalmente?

Conozco varios casos. Entre ellos un amigo, que luego de que su pareja falleciera, se vio imposibilitado de adjudicarse los bienes que habían adquirido en común. Una historia lamentable, años antes el padre del fallecido lo había obligado a irse de la casa y luego de su muerte adquirió la propiedad de casi todos los bienes del hijo. Al no estar reconocida la unión legalmente, muy poco se pudo hacer por la vía judicial.

Además, no son pocos los centros estatales (restaurantes, hostales y otros) que tienen ofertas para parejas, pero les niegan el acceso a las parejas del mismo sexo.

El comentarista Ernesto Martínez Hernández expresó en un artículo publicado en Granma, uno de los diarios estatales de más circulación en Cuba: “Permitir los matrimonios gays es [un] irrespeto a la sociedad, como permitir contratos jurídicos entre personas y animales. [No] es normal, no se debe legalizar porque no es natural. Hay parejas que viven toda la vida sin matrimonio, [por qué] luchar por legalizar lo que no es normal por naturaleza?”. ¿Qué le responderías a este comentarista?

En primer lugar, me gustaría dejar claro que el comentario al que te refieres fue motivado por un artículo publicado en la edición digital del diario Granma, el 6 de mayo del 2014. Artículo en el que la periodista Lisandra Fariñas, entrevistó a Gloria Careaga, por entonces Cosecretaria de la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex, (ILGA por sus siglas en inglés). El comentario de Ernesto refleja la opinión personal de alguien que se opone abiertamente al matrimonio entre personas del mismo sexo. Es su opinión y la respeto, pero está claro que refleja un alto grado de ignorancia respecto al tema. La condición de “normalidad” o “naturalidad” es tan relativa como la humanidad misma. Lo que es normal o natural para una persona puede no serlo para otra y viceversa. Históricamente ha sido así. En la esclavitud se consideraba “normal” o “natural” la compra y venta de seres humanos, algo repudiable y castigado en la actualidad. Si de algo estoy plenamente convencido, es de que el amor que nos profesamos las personas del mismo sexo es tan legítimo como el que se profesan las personas heterosexuales.

Publicado en Global Voice.

Agenda por los derechos de lesbianas, gays, bisexuales, trans, intersexuales y queers en Cuba

Basados en los principios de Yogyakarta sobre la aplicación de la legislación internacional de derechos humanos en relación con la orientación sexual y la identidad de género, en la Declaración de derechos sexuales de la Asociación Mundial para la Salud Sexual (WAS) y en virtud de las próximas reformas constitucionales y jurídicas en Cuba, integrantes de la comunidad LGBTIQ cubana nos hemos reunido para promover esta agenda.

Con la certeza de que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos, que estos derechos son universales, inalienables, complementarios, indivisibles e interdependientes, iguales y no discriminatorios; que la orientación sexual y la identidad de género son consustanciales a la dignidad humana y, por consiguiente, la discriminación y el abuso laceran los derechos de lesbianas, gays, bisexuales, trans, intersexuales, queer y otras personas con sexualidades y géneros no heteronormativos (LGBTIQ).

Teniendo en cuenta que la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia, generalmente, acompañan la discriminación por orientación sexual e identidad de género, incrementando la exclusión social de personas, grupos y comunidades.

Proponemos:

a) Exponer esta agenda de derechos humanos en relación con la orientación sexual e identidad de género a la opinión pública.
b) Solicitar a la Asamblea Nacional del Poder Popular, al Consejo de Ministros y a los decisores de políticas, planes y estrategias que se consideren estas demandas referidas a:

 

MEDIDAS LEGISLATIVAS

En la Constitución Cubana:
1. Incluir la orientación sexual y la identidad de género como causales de discriminación en los artículos 42 y 43, relacionados con el derecho a la igualdad.
2. Modificar el enfoque heterosexista de los artículos relativos a la formación de la familia, Capítulo IV de la Constitución.
3. Modificar la definición de matrimonio en el Artículo 36. Se propone como alternativa de redacción: “El matrimonio es la unión voluntariamente concertada entre personas…”
4. Disponer que los efectos de esta modificación deban reflejarse en el Código de Familia, el Código Penal, la Ley del Registro Civil y en cuanta norma jurídica lo amerite.
5. Incluir un artículo en el Capítulo I, relativo a los fundamentos políticos, sociales y económicos, donde se refleje que: “El Estado reconoce, garantiza, y respeta la libre expresión de la orientación sexual e identidad de género de las personas.”

Código de Familia
6. Regular la institución del matrimonio como “la unión voluntariamente concertada entre personas…”
7. Garantizar la igualdad de condiciones legales, administrativas y de cualquier índole entre personas que no estén casadas, independientemente de su orientación sexual e identidad de género.
8. Incluir en el Título II, Capítulo VI, que la familia es responsable de garantizar el apoyo y protección a las personas independientemente de su orientación sexual e identidad de género.
9. Incluir los artículos que se consideren necesarios, a fin de reconocer la diversidad de familias que existen en Cuba, la manera en que estas pueden organizarse, y los derechos y deberes que les asisten.

Código Penal:
10. Derogar todas las disposiciones relativas al estado peligroso, las sanciones predelictuales y las de advertencia.
11. Incluir en el Título VIII, Capítulo III sobre asesinato y el Capítulo VII sobre lesiones, las circunstancias bajo las cuales se configura el crimen de odio como delito consumado.
12. Incluir en el Artículo 295.1 del Título IX, Capítulo VIII sobre delitos contra el derecho de igualdad, la orientación sexual, el género y la identidad de género como causales de discriminación. Comprender en este, tantas agravantes como en el resto de los artículos.
13. Incluir en el Artículo 295.2 la incitación al odio, la religión, la opinión política o de otra índole, el origen nacional, la posición económica, la región de origen, la discapacidad, la edad, el estado civil y la situación familiar, el estado de salud, el lugar de residencia, la posición socio-económica.
14. Retirar el artículo 299.1 relativo a la pederastia con violencia. Incorporarlo en el 298.1 como violación, sin hacer referencia al género de la víctima o el victimario.
15. Eliminar de los artículos 310.1 y 314 la referencia explícita “actos heterosexuales u homosexuales, u otras de las conductas deshonestas de las previstas en este Código”
16. Modificar el Título XI: Delitos contra el normal desarrollo de las Relaciones Sexuales y contra la Familia, la Infancia y la Juventud. Ej. Delitos contra la Sexualidad, la Familia, la Infancia y la Juventud. Definir la sexualidad humana como el bien jurídico a proteger.

Código de Trabajo:
17. Incluir la prohibición de discriminar por razones de identidad de género y estado serológico respecto al virus de inmunodeficiencia humana (VIH) y el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida) en el Artículo 2, inciso b. Estos motivos de discriminación estuvieron comprendidos en el anteproyecto de Código de Trabajo discutido en la Asamblea y fueron retirados.
18. Implementar artículos específicos que garanticen la protección y reconocimiento de los derechos laborales de las personas LGBTIQ. Las relaciones jurídicas laborales deberán ser explícitas en cuanto a proteger a las personas con VIH/sida y personas trans de la violencia laboral y el acoso sexual, así como no proscribir las relaciones amorosas entre las personas siempre que no tipifiquen como nepotismo.

Código de la Niñez y la Juventud:
19. Incorporar el principio de no discriminación por orientación sexual e identidad de género en todos los contextos familiares, institucionales y en la comunidad donde crece y se desarrolla la persona menor de edad.
20. Reconocimiento de la persona menor de edad como sujeto de derecho en toda su dimensión, con mención explícita a que las personas intersex no sufran modificaciones médicas correctoras de los genitales hasta que tengan capacidad para consentir sobre dichas prácticas de forma libre e informada. En estos casos como en cualquier otro concerniente a los niños y niñas se deberá tener en cuenta su interés superior.
21. Regular que la familia tiene el deber de apoyar y proteger a sus sucesores, independientemente de su orientación sexual e identidad de género.

POLÍTICAS, PLANES Y ESTRATEGIAS

Acceso a la información:
22. Implementar herramientas para acceder a la información estadística sobre criminalidad y violencia que se encuentran en manos de instituciones públicas.
23. Incorporar la variable orientación sexual e identidad de género de las víctimas en las informaciones anteriormente mencionadas.
24. Incorporación activa y sistemática al dominio público de información, que permita educar a la población en el disfrute de una sexualidad plena, basada en la igualdad y la no discriminación.
25. Crear un Centro de Información y Documentación frente a las discriminaciones, que lleve un registro de hechos de este tipo, a partir de investigaciones y/o denuncias realizadas por la población, organizaciones de la sociedad civil, instituciones estatales y otros actores sociales.
26. Estimular la generación de investigaciones públicas y accesibles que describan la realidad que viven las personas LGBTIQ.

Capacitación y sensibilización
27. Profundizar en la capacitación a los miembros de la Policía Nacional Revolucionaria y a los profesionales del derecho, acerca de derechos humanos y diversidad sexual para prevenir la discriminación y estigmatización de las personas LGBTIQ.
28. Implicar como capacitadores a activistas de derechos sexuales, sin que se constriña la participación solo a los grupos reconocidos por el Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX).
29. Adoptar e implementar políticas públicas educativas, culturales, entre otras, que generen conciencia ciudadana sobre la necesidad de reconocer los derechos de las personas LGBTIQ. Entre ellas, campañas que sensibilicen a la sociedad cubana para prevenir los crímenes de odio.
30. Socializar e implementar el Programa Nacional de Educación Sexual a todos los niveles de enseñanza, con énfasis en los principios de igualdad y no discriminación.
31. Capacitar al personal de Salud Pública a fin de implementar políticas acordes a las necesidades de las personas LGBTIQ.
32. Identificar el estigma y la discriminación como factores de riesgo y de vulnerabilidad para la transmisión del VIH, durante las campañas y capacitaciones que se realicen.
33. Desarrollar talleres de capacitación y sensibilización con las organizaciones de mujeres para que se canalicen las necesidades y reivindicaciones de mujeres lesbianas y trans a través de la Federación de Mujeres Cubanas.
34. Capacitar al personal de las instituciones del sistema educativo a fin de que se reconozcan, respeten y protejan los derechos sexuales y humanos de las personas LGBTIQ, como garantía para su acceso a la educación y permanencia.

Acceso a la justicia:
35. Crear normas y protocolos dirigidas a las instituciones del Estado, con especial énfasis a las autoridades policiales, que garanticen la plena expresión y protección de las personas LGBTIQ en los espacios institucionales y públicos.
36. Exigir al Departamento de Protección a los Derechos Ciudadanos de la Fiscalía General de la República que atienda sistemáticamente, desde todos sus niveles, los casos de detenciones arbitrarias, crímenes por prejuicios y otras violaciones motivadas por orientación sexual e identidad de género.
37. Instar a la Oficina de Mediación de Conflictos de Violencia, Sección Género y Derecho de la Unión Nacional de Juristas de Cuba, su intervención en el acompañamiento a las personas LGBTIQ, cuyos derechos hayan sido violados por motivos de orientación sexual e identidad de género.
38. Establecer procedimientos jurídicos e investigativos para asegurar que las víctimas de violaciones a los derechos humanos por motivos de orientación sexual e identidad de género tengan acceso a la reparación, indemnización, rehabilitación, satisfacción y garantía de no repetición. Artículo 26 de la Constitución.
39. Ampliar la capacidad de actuación de los abogados para que, en el ejercicio de representación durante la gestión de la demanda de derecho, se agilicen las respuestas efectivas ante las violaciones de derechos humanos.
40. Regular la aplicación del derecho de admisión por parte de las instituciones estatales y privadas sobre la base de trato igual y no discriminatorio. Exigir que todo recinto que lo proclame exponga claramente cuáles son los requisitos para acceder al lugar.
Protección a los defensores de derechos de las personas LGBTIQ:
41. Incorporar una política de protección contra actos violentos e intimidaciones cometidas por parte del sector privado y autoridades públicas de manera que los defensores de derechos de las personas LGBTIQ puedan ejercer sus derechos a la libertad de expresión, asociación y reunión.
42. Modificar la Ley de Asociaciones, de manera que sea viable el registro legal de los colectivos y organizaciones que abogan por el reconocimiento y protección de los derechos sexuales y humanos de las personas LGBTIQ.

Programas:
43. Implementar un programa de reproducción asistida para mujeres y para hombres, sin necesidad de especificar su orientación sexual, identidad de género o estado civil.
44. Redefinir el trabajo de las “Casas de Orientación a la Mujer y la Familia” para su reactivación y lograr nuevamente el papel social que le corresponde, sobre todo en el abordaje de violencia de género.
45. Implementar políticas públicas para el mejoramiento de las condiciones socieconómicas de las personas que practican el trabajo sexual como forma de subsistencia, sin privación de su libre movimiento ni violación de otros derechos inalienables.
46. Impulsar desde el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social programas que contemplen la elaboración de una guía de buenas prácticas empresariales y de relaciones laborales, que busquen la creación de espacios libres de homofobia y transfobia.
47. Promover la ejecución de programas conjuntos entre el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, la Central de Trabajadores de Cuba y los sindicatos con el objetivo de abrir espacios de discusión y debate para la erradicación del acoso, la violencia y las prácticas discriminatorias en el ámbito laboral.
48. Promover la igualdad de oportunidades en el acceso al trabajo para las personas trans y de las personas con VIH/sida, respetando su grado de formación profesional y su profesión u oficio, en especial en dependencias del Estado.
49. Solicitar a la Federación de Estudiantes Universitarios que se reconozca como un principio de la FEU la no discriminación por orientación sexual e identidad de género, reflejándolo en el ABC y ratificándolo en las Disposiciones generales de sus Estatutos.
50. Solicitar al Ministerio de Educación Superior incorporar los conceptos de orientación sexual, género e identidad de género en los planes de estudio de todos los niveles de enseñanza. Que rediseñe el contenido de las asignaturas y la malla curricular conforme al PRONESS, eliminando cualquier vestigio de sexismo, estigma, discriminación o información no basada en el conocimiento científico.
51. Institucionalizar la perspectiva de género y enfoque de diversidad sexual como política de Estado a fin de que esta no dependa de personas sensibilizadas.

Participación en la vida pública:
52. Exigir a los cuerpos armados la plena protección de personas no heterosexuales y transgéneros contra actos de discriminación por motivos de orientación sexual e identidad de género.
53. Participación pública y activa de las personas que inciden en la toma de decisiones en la defensa y promoción de los derechos de las sexualidades y géneros no heteronormativos.
54. Libre acceso a los medios de prensa para expresar las posturas y visiones de las personas LGBTIQ.
55. Recomendar a las instituciones estatales ampliar las categorías sobre la sexualidad y el género presentes en sus planillas de trámites. Ej: femenino, masculino y otros.
56. Desestimar en los reglamentos de los cuerpos armados las bajas por conveniencia que estén motivadas por la orientación sexual e identidad de género.

Reconocimiento de la personalidad jurídica:
57. Aprobar una Ley de Identidad de género, con pleno reconocimiento de la identidad de género con la que la persona se identifica, independientemente a la realización de la cirugía de adecuación genital, en el cual su proceso de cambio de identidad se garantice mediante proceso administrativo. Deberá estar acompañada de normas jurídicas y procedimientos efectivos para que las certificaciones de nacimiento, los pasaportes, los registros electorales, y otros, muestren la identidad de género autodefinida.
Tratamiento de la sexualidad en los establecimientos penitenciarios:
58. Reformular las políticas hacia la población penal LGBTIQ así como a las personas seropositivas al VIH. Se deberá tener en cuenta cualquier necesidad derivada de su orientación sexual e identidad de género, incluyendo el respeto de sus derechos reproductivos y el acceso a la adecuación sexual si lo desea.
59. Exigir al Ministerio del Interior la creación de pabellones para las personas LGBTIQ recluidas.
60. Capacitar al personal penitenciario sobre los principios de igualdad y no discriminación respecto a la orientación sexual e identidad de género de la persona en estado de reclusión.
Prostitución, proxenetismo y trata de personas:
61. Eliminar las manifestaciones de acoso y de «saneamiento social» parcializadas a la práctica de la prostitución, y penalizar al cliente y al proxeneta, cuando se demuestre coerción, violencia, intimidación o delito consumado de trata o tráfico humanos.

Acceso de las personas trans a servicios de salud especializados:
62. Descentralizar, tanto como sea posible, las cirugías de adecuación genital, la asesoría, la evaluación por equipo de salud mental si se requiere, los tratamientos hormonales, la terapia de voz, la depilación láser, las cirugías “feminizantes” o “masculinizantes”, y otros tratamientos para las personas trans que lo requieran.
63. Garantizar el acceso de las personas trans a tratamientos de salud, sin que sea requisito obligatorio la valoración sicológica, someterse a la castración hormonal o a la cirugía de adecuación genital.

La Habana, mayo de 2018

Firman este documento:

Lidia M. Romero Moreno
Isbel Díaz Torres
Yadiel Cepero Madruga
Marta María Ramírez
Juana Mora Cedeño
Jimmy Roque Martínez
Yurena M. Manfugás Terry
Deyni Terry Abreu
Roberto Ramos Mori
Alberto Roque Guerra
Yaíma Pardo la Red
Julio Antonio Fernández Estrada
Jorge Luis Casas Batista
Sandra Abd´Allah-Álvarez Ramírez
Carlos Alejandro Rodríguez Martínez
Maikel González Vivero
Yasmín Silvia Portales Machado
Pedro Manuel González Reinoso

DESCARGAR Agenda por los derechos de lesbianas gays bisexuales trans intersexuales y queers en Cuba

Diez años después, Cuba en su batalla rosa

Por Norge Espinosa Mendoza.

El 17 de mayo de 2008 parte de la calle más céntrica de La Habana se llenó de personas que celebraban algo inédito en ese entorno. Por vez primera salían a ese espacio tan público gays, lesbianas, transexuales, para proclamar en Cuba los festejos por el Día Mundial de Lucha contra la Homofobia. Vale la pena repasar lo que algunos medios de prensa difundieron acerca de ese improntu, para calibrar lo que, a diez años de tal acontecimiento, se ha conseguido o no. Y sobre todo, repensar lo que las fuerzas que salieron del closet en aquella fecha han promovido como avances auténticos y aquello en lo que han retrocedido o se han estancado. O sea, no activar una memoria que se quede en el bullicio tropical, en el colorido de segunda mano, en la ruidosa manera en la cual convertimos en comparsa un gesto que contiene interrogantes mayores y que, en no pocas ocasiones, parecieran adormecerse una vez que termina el día de fiesta, a la espera de otra vuelta del calendario. Promovida por el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), entidad del Ministerio de Salud Pública, esa jornada cubre ya un programa de encuentros con especialistas, una gala de transformismo en un teatro importante, y la réplica de algunas de esas proyecciones en una ciudad de provincias. En los tiempos de la colonia, se celebraba el Día de Reyes. De algún modo, esta fecha ha devenido una suerte de Día de Reinas, un cubano Queen´sDay, en el que los miembros de esa hipotética comunidad LGTBIQ de la Isla aprovechan las horas de ese día para mostrar sin recato aquello que son. Pero es una batalla que dura más que eso, que se muestra en cierta forma como una lidia fragmentada, demasiado intermitente, y en la que algunas de las demandas esenciales que se movilizan en ese día continúan a la espera en ciertas agendas que se resisten a responderlas.

Estos diez años de batalla han sido el escenario de varios golpes de efecto. Desde la posibilidad misma de tomar por asalto el Pabellón Cuba, con el pretexto de una fecha que tiene ese valor en el calendario internacional, y su choque inmediato con el registro de celebraciones oficiales que el gobierno aprobó hace mucho tiempo, según el cual el 17 de mayo es el Día del Campesino, una coincidencia que hizo poca gracia a personas y funcionarios, y que opera como pretexto sutil para que este suceso, en nuestro país, se haya ido desplazando a días posteriores o previos al 17. De hecho, creo que solo en una ocasión, la primera, el acto central ocurrió en esa fecha. Ello es un síntoma de la verdadera batalla que sucede más allá de la conga (versión criolla del Gay PrideParade que cubre aquí unas pocas cuadras), y que tiene que ver con algo mucho más profundo: abrir en la historia del país, y de su Revolución, un espacio para el homosexual, la lesbiana, el transx, el paciente de sida, etc., que no “moleste” ni obligue a ese aparato que ha generado su propia visión de la Historia a rehacer su propia noción de tiempo ni de representaciones. Los miembros de esa comunidad fueron durante años anulados, invisibilizados, estigmatizados como lacra y aun peligros políticos, según declaran los editoriales de la prensa en 1965. Pretender ocultar con la lentejuela y la bandera del arcoíris los ecos de esos traumas y algunos peores, todavía verdaderos tabúes, como la UMAP o la parametración, no ayuda en ese supuesto progreso, porque la falta de memoria, la conciencia activa de una memoria que genere una tradición precisa de lucha, de nombres, de otras guerras anteriores, es cosa sin la cual no existe comunidad alguna. Liderados por esa primera fila en la que salen a la conga los líderes del Cenesex y las personas transx en las que esa institución ha encontrado a sus representantes privilegiadas, los demás integrantes de ese ejército saben poco de tal cosa, y desconocen tal vez lo que ocurre a sus hermanos de lucha en sitios como Chechenia, aunque griten aquí consignas políticas que reclamen el fin del bloqueo, como si formaran parte de una manifestación, cualquier otra, una más, de las que suelen verse en Cuba, sin hacer hincapié desde ahí en las demandas que podrían caracterizarlos. Para ganar ese espacio en el calendario, se ha producido esa rara mezcla en la que plumas y trajes de satín cubren cuerpos que claman por lo mismo que guerrilleros y soldados enfundados en severos uniformes. Controlar el desborde, hacer creer que el desborde no se sobrepasa a sí mismo en esa delgada línea donde la libertad deviene libertinaje, ha sido ungesto común en estas celebraciones, a lo largo de diez años en los que la Constitución sigue dejando de lado el reconocer sus derechos, o se les anula como pareja, a quienes viven en ese estado, en las encuestas del más reciente Censo de Población.

Como eje de todo, es al Cenesex a quien podría exigírsele por todo esto. No reconocer que ha abierto en el espacio de representación social de Cuba un sitio para las personas de esa comunidad LGTBIQ que sigo pensando que aún no es tal, sería un error. No reconocer que sus representantes han alzado la voz aquí y en la escena internacional para nombrar algunos problemas, y resolver otros, como el de los que aspiran a una cirugía de reasignación de sexo, también sería fallido. Pero justo por eso, siguen vigentes otras demandas y preguntas. Cuba es un país que ha optado por crear instituciones que atiendan ciertas problemáticas, y a ratos hemos creado problemáticas para, asimismo, crear alguna institución. Si el propio Cenesex indica que los homosexuales ya no son enfermos, según el registro de patologías de la Organización Mundial de la Salud, resulta una inconsistencia que sea una entidad de este tipo la que los represente, amén del hecho de que su directora no conforme, en tanto biografía, parte de la comunidad por la cual habla en tantos cardinales. El matiz político de su linaje, ligado en varios momentos a la mirada homofóbica que descalificó a gays y lesbianas como ciudadanos en nuestra nación, no puede ser desestimado, y hace que muchos crean que detrás de todo esto hay en verdad una maniobra de postulación, de lavado discreto de ciertas culpas, que se reargumenta en el vaciado de memoria y de conflicto que esa institución sigue proclamando. Aunque para los extranjeros que llegan a Cuba, de la mano del Cenesex y sus amigos, a ver cuán armónica es esa vida rosa que proclaman sus embajadores, nada de eso sea preocupante ni demasiado visible. No son muy distintos, en muchos casos, de los turistas que llegan al archipiélago a creerse el cuento de la burbuja promisoria que encuentran en playas y cubanos de sonrisa complaciente.

A diez años de ese primer gesto, el Cenesex ha acuñado, en la sede de la Uneac, una estampilla que celebra esa década de supuesta lucha. Cuando supe de la noticia, creí ingenuamente que el sello representaría a algunas de las personas que se suman a la conga Rampa arriba. O que la directora del Centro ocuparía el centro de esa imagen, como lo hace en el hagiográfico documental que le dedicara HBO. Error mío: se trata de un sello que data de 2008, y quien aparece en la estampa no es ella, sino su madre, quien fuera presidenta de la Federación de Mujeres Cubanas. Entre una de las maniobras más persistentes del Cenesex se encuentra la idea más o menos delirante de convertirla en una activista de la lucha por los derechos de gays, lesbianas, transx, etcétera. Hasta donde recuerdo, son escasas sus declaraciones al respecto. En su libro de 1994 Sexual Politics in Cuba, Marvin Leiner recuerda que alguna vez ella interpeló a un joven sicólogo que se expresó con frases homofóbicas en un Congreso de la UJC. Pero esa misma anécdota viene rememorada como una nota al pie, y tal vez las referencias que puedan encontrarse aquí y allá para argumentar esa ficción no pasen de lo mismo. Lo cierto es que no deja de ser elocuente que el Cenesex proponga dos cosas más o menos graves: celebrar el presente desde un hecho pasado que no tiene ligazón directa con lo que pretende ahora festejar, y desplazar en ese acontecimiento de la imagen central a quienes dice que representa. La directora del Cenesex ha dicho que probablemente en poco tiempo el apellido de su familia no ocupe más el centro de poder que hasta ahora ha poseído. Tal vez sea cierto, pero es evidente que sí se está operando, de esta manera y de otras, para que esa genealogía no desaparezca de la Historia, incluso manipulando símbolos y nombres para cubrir causas y demandas que poco tienen que ver con lo que en vida hicieron algunos de sus más visibles representantes. Ya en las galas del Karl Marx, antes de ver el desfile de transformistas, el Cenesex proyectaba en sus minutos iniciales un video con imágenes de la presidenta de la FMC que celebraban su vida en tonos épicos, mientras el público se desesperaba por ver a las divas de la noche. Esos espectadores pueden saber poco de Emilio Ballagas o Virgilio Piñera, de los que fueron obligados a irse por el Mariel al ser denunciados como maricones, o sobre el travesti que murió apedreado en Pinar del Río. No verán esos rostros en esa estampilla, a la que se le impone un gomígrafo en su hoja de primer día que hace referencia a la Jornada Cubana de Lucha contra la Homofobia y la Transfobia. Los aplausos de la gala, los gritos de “perra” y “dura” serán más fuertes que los de los activistas, del Cenesex o no, que reclamen el matrimonio igualitario, el reconocimiento de otras legalidades, por no hablar de la posibilidad de adopción entre parejas del mismo sexo.

Me consta que se trata de una batalla difícil, que no puede contarse únicamente en una gama de rosa y colores pastel. Me consta que la propia directora del Cenesex ha tenido reveses en sus diálogos con algunos de los máximos funcionarios del aparato político. Pero todo ello tiene que ser parte de una lucha en la que aspiro a que un día sea un homosexual o una lesbiana quien se levante ante el micrófono para hablar por su propia voluntad y su hoja de vida por aquello que reclama. Y me gustaría que a la vuelta de estos años nos ahorrásemos ciertas inconsecuencias, como la de oír a la figura central del Cenesex descalificar las marchas del orgullo gay y considerarlas inadecuadas, por frívolas y carnavalescas, en nuestro contexto, cuando ella misma ha aceptado aparecer en algunas, como parte de sus coloridos desfiles. O cuando un especialista de cine gasta tinta en un periódico de circulación nacional describiendo a sus lectores la trama de una serie como Queer as folk, no solo apelando a la peor traducción hispana de su título, sino a la narración de su argumento, único modo en el que muchos espectadores cubanos sabrán de esa serie que nuestra pacata televisión nacional no se atrevería a exhibir, aunque date de la década del 90. Todo ello ayuda a la proliferación de los estereotipos y de los prejuicios. Una entrevista publicada en Granma en estos días mostraba en la página web de dicho diario los comentarios retrógrados que numerosos lectores no dudaban en regalar a las palabras de la directora del Cenesex. Esa es la señal de alerta, la que nos dice que la batalla es aún cosa que sucede, y que no debe adormecerse en los spots didácticos, en la comparsa que dura unas horas, ni en puntos privilegiados de nuestro país, o en un evento en las arenas caras de Varadero. No solo estamos discutiendo cómo cambia el país, sino que deberíamos discutir para quién cambia el país y a quiénes deberían favorecer en realidad esos cambios. Y eso incluye al sexo de la Nación misma, a las variables de lo que ofrece como operación de cambio, a la manera real, y no solo en las fórmulas de campaña, en que abrimos espacios para una diversidad que ya suena a reclamo formal o vacío, apoyado por figuras públicas que a pesar de ciertos secretos a voces, se niegan a asumir su bisexualidad u homosexualidad ante las cámaras. Hay mucho de performance aún en todo esto, de fiesta que, en su vibración, oculta y enmascara algo que debería quedar más al descubierto. Y es en ese empeño que, por ejemplo, parecen encaminadas las entrevistas que Yaima Pardo ha subido recientemente a YouTube, bajo el título de Causas y Azares, dialogando con activistas del in and out, del Cenesex y otros que, en un afán civil mayor, no tienen que constreñirse al amparo y la sobreprotección oficial para aclarar sus exigencias y desasosiegos, no solo en La Habana. Me he ahorrado hasta aquí anécdotas personales: cuento ahora una que me sirvió para distanciarme de gran parte de esto, y a la que debo una visión más exigente de lo que hay y de lo mucho que nos falta. En una reunión preparatoria de una de estas jornadas, una persona transx se negó a compartir el mismo espacio con pacientes de sida. Y lo declaró de un modo brutal. Ello me dejó sentir cuán hondo es aún el desprecio que la propia comunidad LGTBIQ puede manifestar hacia algunos de sus propios integrantes. Y si ello ocurre en el seno de ese núcleo, qué dejar para quienes nos miran como fenómenos.

A mi manera he sido parte de esta lucha, mucho antes de que el Pabellón Cuba se abriera a la multitud que lo abarrotó aquel 17 de mayo de una década atrás. Tengo mis imágenes de esos acontecimientos. Hombres jóvenes y maduros, muchachas y mujeres cogidas de las manos. Familias y personas que, a su manera, con sus recursos humildes, quieren anunciar desde sus ropajes que respiran una diferencia a golpe de color y desafío. Yo creo en el desafío. Y son muchos los que aún están por pronunciarse. No solo a favor de una Cuba rosa, en la que también puedo desconfiar. Todo esto también tiene el nombre de Cuba. Su nombre, su rostro y su sexo. Tanto como su historia. Y ello viene desde mucho tiempo atrás, no solo de una década y todo lo que sus riesgos y tropiezos nos recuerdan. Es también lo que está por llegar. En esa página en blanco, los que vendrán a escribir sus nombres heredarán muchas de estas preguntas.

Foto de portada: Tomada del muro de FB de Norge Espinosa.

El orgasmo revolucionario

Por Victor Fowler Calzada

 Hace pocos días, casi cuando mismo en la capital del país se celebraba una nueva edición de la Jornada contra la Homofobia y la Transfobia, a unos 100 kilómetros de distancia, en la ciudad de Cárdenas, un grupo de homosexuales fue detenido por la policía bajo la acusación de prostitución. La noticia aparece en una breve comunicación titulada “Detienen a gays, lesbianas y travestis en Cárdenas a pocos días de la IX Jornada contra la homofobia y la transfobia en Matanzas”, aparecida el pasado 13 de mayo dentro del blog “Afromodernidades” y con la firma del intelectual cardenense Alberto Abreu Arcia. Acompañando la noticia aparece la borrosa fotografía nocturna de una esquina en la cual se encuentran parados dos jóvenes vestidos y maquillados como mujeres.

Si es cierto o no que han cometido el delito del que se les acusa es algo que debe de ir precedido por una discusión profesional acerca de los límites para la definición de esa práctica que la autoridad tipifica como violación de legalidad establecida; dicho de otro modo, en el contexto de lo sucedido, resolver la contradicción entre la actuación policial y lo que en la nota expresa quien se identifica como Lulú: “…yo estoy en mi mundo. Ellos saben a lo que yo me dedico y lo que yo realizo. No sé por qué ellos caen en lo mismo”. O sea, las particularidades de esos dos “mundos” que funcionan según reglas diferentes, encontradas, opuestas.

Al mismo tiempo, la discusión acerca de los términos y contenidos del supuesto delito interesa menos que la repetición, en los testimonios, de lo que quien se identifica como Yanira describe del siguiente modo: “…cuando llegamos a la unidad, [ocurrió] lo mismo que ellos hacen siempre: reírse de uno, tenernos hasta tarde y querer levantarnos una Carta de Advertencia por prostitución masculina. Las áreas donde nosotros nos paramos las están alumbrando. Nos están como cerrando los pasos, sinceramente”. Es lo mismo a lo que se refieren Lúlú y Yadira quienes, según escribe el articulista: “no entienden esta situación y mucho menos por qué la policía cada vez que l@s detiene, l@s toman como objeto de burlas.” Algo que nuevamente aparece en el siguiente fragmento: “Cuándo le pregunté si tenían el nombre del policía o el número de la patrulla, Lulú respondió: “Ellos no dan ningún nombre”. (…) “fíjate si nos tratan como un cero a la izquierda”, y señala que le preguntó el nombre al oficial, y éste le respondió que no le tenía que dar ningún nombre, “que eso no era problema mío”.

II

Las preguntas de investigación a derivar de lo anterior, de no ser dolorosas, serían fascinantes como ejemplo de aquellos límites en los que el poder devela sus componentes más oscuros, donde comienza a poner en práctica una espeluznante autofagia. Lo primero de ello, la obscenidad de esa risa (completamente despreciable) gracias a la cual el contenido de la ciudadanía queda vaciado durante la situación de conflicto; dicho de otro modo, cuando la autoridad utiliza el poder en ella delegado para reirse de aquel a quien debiera de proteger. Aquí es necesario que quede absolutamente claro que esa autoridad no posee poder divino alguno, sino que en ella está depositado el poder de esa entidad colectiva denominada “pueblo”, dentro de la cual están estos propios sujetos burlados.

Este cambio de función, de la protección a la humillación, es explicable sólo si esos a quienes se considera delictuosos son apreciados como diferentes, “otros”; pero no según lo que “hacen”, sino partiendo de un medidor externo (para ello se suele apelar, como si todos compartiéramos su contenido, a algo a lo que llamamos “lo moral”) que los ridiculiza y priva de derecho ciudadano, que transforma a personas en juguetes o involuntarios payasos. La clave aquí es que esta policía que ríe no lo hace contra todo tipo de detenido, sino contra un particular tipo de detenido y no lo hace una vez, sino que lo hace siempre: “lo mismo que ellos hacen siempre: reírse de uno”. Puesto que es bastante poco imaginable que la policía se burle de los asesinos, ante quienes lo humano es experimentar horror, ladrones, violadores, secuestradores de niños o enemigos políticos, imaginar a quién o quiénes queda reservada, destinada, esa alegría perversa.

La risa es sólo la mitad obscena del abuso porque en su reverso el poder enseña su lado más desnudo y áspero como violencia simple; esto explica que el policía no sólo sea ríe, sino que (violando las propias normas de transparencia que supuestamente presiden el trabajo de la institución en sus relaciones con la población) se niegan a decir sus nombres, números, cualquier cosa que pueda identificarlos (para una futura queja) y tal vez hasta adopten una entonación de rufianes, pues es más que dudoso -hjaciendo otro ejercicio de imaginación- que lo siguiente haya sido dicho con delicadeza y respeto: “le preguntó el nombre al oficial, y éste le respondió que no le tenía que dar ningún nombre, “que eso no era problema mío”.

III

La violencia de lo sucedido ese día es un pequeño punto dentro de la larga historia de obsesión homofóbica por parte de las autoridades cubanas a lo largo de más de medio siglo; una obsesión que fluctúa en sus intensidades, pero que practicamente no ha dejado de existir nunca. En un chiste de mis años de secundaria (nací en 1960), la policía rodea la zona de Coppelia una noche, llena con homosexuales todo un camión con rejas y, antes de abandonar el lugar, comienza el chequeo de identidad de los detenidos. El policía encargado pregunta los nombres y todos van respondiendo con voz afeminada, pero llegan a uno que -de modo áspero y en forma crudamente viril- contesta que su nombre es Ramón Pérez. “¿Y este que está al lado suyo quién es?”, pregunta el policía. “¿Este?, responde el detenido, “¡este es mi marido!”. Lo que intensifica el chiste es que la última parte debe ser pronunciada con voz y gestualidad exageradamente femeninas.

O lo que es lo mismo a decir que nada desaparece, sino que deja residuos -de todo tipo y en todas partes- pues el chiste no flota sobre el aire, sino que corresponde a las penosamente célebres “recogidas” de los años 70 del pasado siglo en esa zona de la capital habanera. La violencia homofóbica quizás necesite de un mapa (que abarque los espacios, pero también las temporalidades) que nos posibilite ver, leer, el paisaje global de la violencia en una larga cadena de actos pequeños que lo mismo abarca iluminar una esquina particular que “higienizar” un sitio de reunión homosexual, reirse de un detenido que hacer chistes homofóbicos en un espectáculo público sin que ello merezca consecuencias.

IV

Esta disposición permanente, esta manía de controlar los cuerpos, en el escalón superior se manifiesta en dimensiones bio-políticas: movilizaciones militares o hacia la agricultura, espacios de supuesta purificación (como fueron las también célebres UMAP), desfiles que duran horas y se extienden a lo largo de kilómetros, jornadas de trabajo voluntario, tablas gimnásticas. La explosividad de cuerpos sanos (o a los que se intenta sanar), pasando de uno a otro sitio, activando, transformando; si pudieran ser calculados bajo la forma de energía generarían tantos millones de joules como el Sol, Cuerpos comunicando el espectáculo y la sensación de su cantidad de fuerza y de su limpieza esencializada.

El pasado 14 de marzo de 2016 apareció en el blog “El Estornudo” un artículo de Carla Gloria Colomé que -dedicado a explorar el mundo de los vendedores de “objetos de placer”- lleva como título “Vibradores vendo yo”. Se trata de un negocio que subsiste por debajo del radar, ya que la importación de dichos objetos” está prohibida en el país pues se le considera material pornográfico. Además de entrevistas a varios personas del negocio la autora busca establecer contraste con la opinión de trabajadores del aeropuerto que ofrecen detalles acerca de las prácticas de Aduana al respecto.

En este punto, si algo llama la atención es la mezcla de tolerancia y obscenidad. Lo primero porque, a pesar de todas las disposiciones (y obsesiones) legales, según informa el texto: “Nunca, al menos Yanara y los aduaneros que con ella trabajan, han decomisado ningún juguete sexual.” Lo segundo porque, según la misma testimoniante, “El trabajo en un aeropuerto es largo, extenso, agotador, (…) Algo hay que hacer para que el tiempo corra.” y es entonces que:

“A veces damos chucho entre nosotros, para variar un poco el día, el pasajero se muere de la vergüenza y me dice no lo saques y yo le digo por qué, a ver, por qué. Y llegan otros aduaneros con caras serias, el pasajero impaciente, hasta que sacamos el instrumento, y todo el mundo alrededor comienza a reír.”

En este fragmento la bondad (la disposición a entender el deseo del otro y aceptarlo como legítimo) pasa por el riesgo (de perder el trabajo si se es descubierto en un transparente ejemplo de “mano blanda”) e incluye la obscenidad (al exponer la más recóndita intimidad de ese mismo otro al que se ofrece una cómplice ayuda). O sea, en un mismo movimiento se hace burla del poder y se le reverencia.

V

En cualquiera de ambas historias, la de policías que se ríen de sus detenidos o aduaneros que ser burlan de la intimidad sexual de viajeros, son elementos comunes el que la posibilidad de actuar de tales modos se fundamenta en la autoridad y el hecho de que un grupo de sujetos ha sido colocado, señalado, ubicado, distinguido, identificado como seres de un límite donde las protecciones terminan.

No pocas de las contracciones futuras de la vida cubana van a pasar por esos límites y, en general, por el concepto mismo de límite y todo lo que implica; por el análisis de los involucrados en esta prácticas des-ciudadanizadoras y sus diversas conductas; por la calidad pública de hechos y personas o la voluntad de acumular silencio sobre ellos. Dicho de otro modo, van a ser debates propios de la tensión entre demandas de carácter civil y Estado, entre condición ciudadana y Estado de Derecho, entre democratización y autoritarismo. Puesto que nunca, bajo ninguna circunstancia, puede la policía burlarse del detenido, por des-ciudadanizar (palabra inventada) debe entenderse cualquier práctica cuyo diseño y efectos conduzca al aligeramiento del contenido de la noción “ciudadano” mediante la sustracción de derechos y la invención, enteramente impune, de atribuciones que no tienen ni el Estado ni sus órganos represivos, de control, administrativos o de reproducción de ideas.

Para terminar, confieso que, contrario a las normativas, me agrada la idea de un socialismo con consoladores: lo mismo importados que fabricados en el país y vendidos. Lo que suceda en el interior de una práctica erótico-sexual -individual, de pareja o múltiple- sólo debe de interesar a los implicados y el Estado sólo debería intervenir cuando haya afectación a terceros, violación del mutuo consenso y hasta ahí. El resto de lo que el Estado hace es vigilar las fronteras; cuidar que la democracia sea efectiva; que haya equidad y justicia social; que el entramado económico funcione y esté orientado al desarrollo; que los ciudadanos experimenten felicidad, pero absolutamente nada que tenga que ver con las vidas privadas de los ciudadanos porque la privacidad es un derecho ciudadano en sí mismo.

Es aquí donde el orgasmo revolucionario (lo cual es casi una construcción poética, lo sé) tiene que proponer(se) un goce sin exclusiones, una especie de utopía del ascenso universal en el cual todos los sujetos son dignificados en su deseo (repito que mientras no haya destrucción o daño de un otro) porque lo que resulta aquí comprendido y aprehendido es la infinita variedad de la experiencia humana. En la fantasía de este escenario, cualquier entrada de la risa que, desde que brota, busca degradar, es manifestación de un componente malsano, que quisiera contaminarnos a todos, que necesita de nuestro silencio o aplauso para conseguir extenderse por la totalidad del cuerpo social.

VI

La extensión del Derecho no trata exactamente del tiempo presente, sino del espacio de posibilidad para que algo tenga lugar; dicho de otro modo, no de la voluntad infantil de romper una norma, sino de batallar y arribar a las normas más justas para que sea mayor la oportunidad de realización en quienes nos suceden. Esto explica que, por encima de las restricciones del presente (que, en ocasiones hacen que terminemos aceptando cosas que internamente rechazamos, en las que tal vez no creemos siquiera o hasta nos disgustan) el Derecho habla de los espacios de libertad y felicidad, amargura, plenitud o miedo que van a tener nuestros hijos y nietos. No van, simplemente a recibirlos, sino que se los vamos a entregar, porque ese futuro es nuestra construcción.

Y ellos merecen mundos mejores.

Tomado de Oppianos.
Foto tomada del perfil de Yasmin Silvia Portales Machado en Twitter.

Un boletín para la mujer lesbiana afrocubana

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Acaba de salir en La Habana una nueva publicación gestionada enteramente por activistas cubanas. Se trata del boletín TUTUTUTU, que pretende llenar el vacío que alrededor de la doble condición de ser una mujer negra y lesbiana en Cuba.

Gestionado por Logbona Olukone (historiadora) y Afibola Sinufola (poeta), ambas ligadas al movimiento cubano de hip hop, TUTUTUTU fue presentado el pasado viernes en La Habana y la tirada fue de 200 ejemplares. Los gastos de impresión y distribución han sido asumidos por sus creadoras.

Además de ofertas culturales el boletín incluye interesantes y novedosas secciones para una publicación de este tipo, como “El Ofertón” donde se promueven pequeños negocios que están en manos de mujeres negras y lesbianas de La Habana y “El sitio del mañungo” donde se incluyen  desde recetas vegetarianas hasta sugerencias y recomendaciones específicas relacionadas con la maternidad.

Descargar No. 1 de TUTUTUTU

Imagen: Annie Gonzaga Lorde (artista brasilera)

 

Me dicen Cuba: Espacios LGTB para la diversión… sin lesbianas

Foto cortesía de Logbona Olukonee
Foto cortesía de Logbona Olukonee

Por  Logbona Olukonee

Hace alrededor de 7 años salí del closet, estaba en la universidad estudiando Historia y recuerdo que encontrar un bar gay era toda una vorágine. Mis amigos y yo recorríamos las calles del Vedado y la Habana Vieja en busca de las famosas Fiestas de Lila, que eran ilegales, y otros centros nocturnos para personas gays.

Sin embargo, las cosas han cambiado mucho desde aquella fecha hasta ahora. Existen más espacios gays, muchísimos más y generalmente son más caros que el resto de las clubes y discotecas. Estoy pensando en el Bar Humbolt, en las Vegas, el proyecto el Divino, Le Chansonier, Escaleras al Cielo (la noche gay son los viernes), las noches de los viernes en el Hechevarria, el Colmao. Todos son legales algunos son más caros que otros, pero tienen en común que la mayor parte de población que asiste es el universo gay masculino y mujeres trans.

El CENESEX le ha dedicado una extensa parte de su labor preventiva a la educación sexual entre los hombres gays y trabaja fuertemente con la comunidad trans, principalmente aquellas personas que nacieron con la asignación de género masculino. Como parte de su agenda de trabajo La revista “Sexología” publicada por el CENESEX, posee innumerables artículos y reseñas sobre el mundo gay masculino y la transexualidad, temas sobre el VIH entre otros.

Unos de los mayores logros de este centro y de la fuerza de la sociedad civil cubana ha sido la socialización y la visibilización gay en los espacios públicos, entre los que se destaca la playa “Mi Cayito”, internacionalmente reconocida por la concurrida presencia gay, trans y lésbico. Esta playa que desde los años 90’ del siglo XX ha ido progresivamente convirtiéndose en el espacio de la comunidad LGTB en la zona de playa de la Habana y de Cuba. Tanto así que el CENESEX realiza a menudo campañas de prevención de VIH y recuerdo que la campaña de sensibilización, promoción de salud y visibilización gay en esta playa por el inicio del verano en el 2010.

Finalmente otro gran espacio es el malecón, el cual sin duda el único lugar que no hay que pagar nada para estar ahí.
Los espacios de socialización y recreación para los gays son numerosos, existen bares todas las noches, y fiestas todos los días. Proyectos como el Divino han logrado ocupar clubes y discos estatales de primer nivel como el Café Cantante en el Teatro Nacional y el miércoles en el Centro Vasco. El proyecto Olimpo estuvo un tiempo haciendo noches gays en el club del Hotel Colina y en el Hotel Lincoln. Tampoco los policías echan de la playa Mi Cayito a la gente LGTBQ.

En cierta medida nuestra sociedad y nuestro gobierno están cambiando su mentalidad en relación a la comunidad LGTBQ. Es indudable el papel del CENESEX en la lucha por el disfrute que, como ciudadanos cubanos tenemos a todos los espacios, a la reasignación de sexo y género, al fin de la homofobia y derechos legales.

Y los espacios para lesbianas…

No obstante parece existir una brecha entre el mundo gay y lésbico en Cuba. Las lesbianas, mujeres queer, bisexuales, hombres trans se encuentran en una mayor invisibilización que los hombres no-heteronormativos.

En los últimos 4 años puede verse en las calles de la Habana un incremento de mujeres que están transformando su estética hacia patrones considerados masculinos. He conocido personas que se reconocen con nombres masculinos como Prince Royce; lesbianas que son seguridad en algunos bares gays, que destacan por su presencia masculina. Lo cual es una muestra evidente de una ruptura con los estereotipos tradicionales de lo que es considerado “mujer” y “femenino” en la Habana, principalmente por personas con una asignación de género femenino pero que presentan una identidad masculina, jóvenes y afrodescendientes, a las cuales se les reconoce en el imaginario popular como “lesbianas fuertes”, “bomberitos”, entre otras denominaciones.

A pesar del gran aumento de personas con nuevas identidades sexuales, principalmente en los barrios más pobres y en las comunidades con una mayoría afrodescendiente, los espacios de socialización para las lesbianas, mujeres bisexuales, queer, trans siguen siendo una minoría.

El CENESEX tiene un grupo de mujeres lesbianas y bisexuales activistas llamado OREMI, el cual parece estar reponiéndose de los largos períodos de silencio y discrepancias internas. ¿Más allá de este grupo, donde se reúnen las lesbianas en Cuba?
¿Qué pasó con los espacios de socialización para las lesbianas, mujeres queer y las personas trans que nacieron con una asignación de género femenino?

En el 2012 acudí en varias ocasiones al Club “Sherezada”, el cual tenía una noche sólo para chicas los jueves. Este espacio funcionó algo más de un año y a fines del 2013 cerró. Luego fui una vez a la Casona de 17, donde se había trasladado el proyecto Viceversa, el cual en su mayoría hace las fiestas para lesbianas, pero este también cerró. Finalmente mis amigos y yo fuimos al Club los Violines hace un mes, dirigido igualmente por el Proyecto Viceverse, y este lugar cerró dos semanas atrás.

Recientemente he recibido promociones de otro proyecto Reverse, que está tomando auge entre el mundo queer femenino y lésbico en la Habana y aunque se realiza en diferentes bares y discotecas, todavía funciona cada semana por más de tres meses.

He oído frecuentemente comentarios como: “la fiesta de lesbianas no da dinero porque van muy pocas”, “la mayor parte de las fiestas de lesbianas va gente del bajo mundo y hay tremendo mal ambiente”. Frases como estas reflejan la gran misoginia y lesbofobia que impera en la mentalidad de nuestra sociedad.

Recuerdo que me encantaba el Sherezada porque predominaban mujeres lesbianas, bisexuales, negras y mestizas, las llamadas “fuertes”, “femeninas”. Fue un lugar donde comenzó a gestarse una comunidad que luego ha seguido reuniéndose en otros espacios y crearon un juego de pelota los domingos en el Complejo Deportivo José Martí que se encuentra en Malecón y G, en el Vedado.

Aunque voy poco y no se jugar pelota, me encanta este espacio porque refleja formas muy creativas de organización autónoma de rebeldía lésbica. Con este juego han logrado crear una red de mujeres lesbianas, bisexuales, hombres trans que comparten preocupaciones, experiencias, se divierten, fortalecen sus lazos de amistad y cooperación entre ellas.

Sin embargo para muchos El Sherezada y los Violines eran bares de “tortilleras fulas, problemáticas y marginales”. La mayoría de las mujeres que allí concurrían venían de la Habana Vieja, Marianao, San Miguel del Padrón y otros barrios pobres de la Habana.

Muchas de las mujeres que acudían no son profesionales, ni universitarias, viven del invento, de sus propios negocios, autónomas y sus fuentes de ingreso no dependen de tener un esposo, padre, ni jefe, por lo tanto sus actitudes ante la masculinidad hegemónica no es sumisa ni coqueta. Esto genera rechazo entre muchas personas heteronormativas y homonormativas lo cual aumenta el rechazo hacia las lesbianas y a sus espacios de socialización.

Frases tan racistas, lesbofobicas y trasnfobicas las anteriormente expuestas tienen un sustrato en la estructura ideológica sobre la cual se construido nuestros imaginarios. En nuestro país predomina una mentalidad de clase media blanqueada y muy heteronormada, que influye de manera vertical en la población afrodescendiente y queer que sigue siendo refrendada por los medios de difusión masiva, la televisión, el reguetón, la salsa.(1)

La feminidad ha sido construida a partir de los intereses de los hombres y reforzada por los posturas machistas de algunos discursos de la Revolución. En donde es costumbre que las mujeres sacrifiquemos nuestras vidas en pos de la moral de la familia, de la crianza de nuestros hijos, sobrinos y nietos. Igualmente las feminidades han sido construidas culturalmente para ser las acompañantes de los hombres, las madres, siempre en una posición de dependencia con relación al hombre.
Es cierto, muchas lesbianas no tienen dinero para ir a las fiestas y esa es la justificación más generalizada cuando cierran los pocos espacios lésbicos que existen. ¿Pero alguien se ha preguntado por qué muchas de las lesbianas no tienen el cover (generalmente entre 1 a 3 cuc) de entrada a esos centros nocturnos?

Mi objetivo no es definir este fenómeno sino, abrir los ojos a nuestra comunidad de una realidad que va mucho más allá de la simpleza de esa respuesta.

¿Me pregunto si las instancias institucionales que apoyan estos proyectos han investigado esta problemática? ¿Si nosotras mismas las personas queer hemos pensado sobre esto y compartido nuestras preocupaciones entre nuestras amistades, tanto lesbianas como hombres gays? ¿Alguien habrá hecho algo para resolver esto? ¿Por qué me ha tomado tanto tiempo darme cuenta que ser lesbiana es un acto de resistencia política contra el heteropatriarcado capitalista?

En la comunidad LGTBQI quienes tienen mayores y mejores posibilidades al acceso a las divisas son los hombres gays; principalmente por el progresivo aumento de turistas gays a Cuba y el incremento de la prostitución masculina. Junto a ello, la división sexual de trabajo en el Caribe y en Cuba ubica a los hombres en una posición privilegiada. De esta forma el acceso a los trabajos mejor remunerados, a los medios de producción, a los espacios públicos donde se puede “inventar”, negociar, forma parte de la cultura masculina. (2)

Las lesbianas, hemos sido criadas dentro de una cultura misógina, en la cual se nos instruye a cumplir con las funciones tradicionales de la mujer dentro de la familia, como madre, tía, abuela, hermana, que vela y cuida al hogar y los miembros de este. (3) Esto complica nuestra disponibilidad de gastar nuestras dinero en discotecas que cobran cuc cuando “tenemos deberes familiares que costear”, como el sostenimiento de nuestro hogar, nuestros hijos (a), sobrinos (a), y demás familiares.

El hecho de vivir públicamente como mujer, lesbiana, afro-descendiente, pobre, con una presentación de género no-heteronormativa encarece aún más nuestra posición en el mercado laboral que resume a las posibilidades de empleo de las mujeres a aquellos empleos que pueden verse como una extensión de las tareas del hogar como la educación, la atención a los enfermos y mayores y el trabajo doméstico.

La estructura misógina y lésbofobica de nuestra sociedad dificulta mucho que podamos encontrar trabajos que permitan nuestra autonomía del hombre y del pater de familia, tanto para aquellas que no nos vestimos como mujeres y que tampoco nos reconocemos como tal como las que tienen una presentación de género más femenina.

Una parte importante de la población “femenina” no heterosexual que vive fuera del closet, no tenemos familia en el extranjero que nos mande remesas; ni Cuba es un destino para el turismo lésbico con el cual nos podamos relacionar. Un sinnúmero de nosotres (4) no trabajamos en corporaciones, ni somos abogadas y profesoras universitarias.

Una gran mayoría de mis amigas no pudieron terminar estudios por el repudio homofóbico impera todavía en los centros de enseñanza tanto por parte de los estudiantes, como por parte de los trabajadores y profesores en las escuelas primaria. Otras han sufrido abusos desde niñas, han convivido con la violencia en todas sus facetas, han sido echadas de sus hogares y están trabajando desde que tienen 13 años. Hay otras que no resuelven trabajo en el esfera estatal por su estética masculina, o andrógina.

Es un deber del estado gestionar espacios para todos sus ciudadanos, pero también es un deber de nosotras y nosotres de buscar y crear los nuestros. A fines de febrero luego de la celebración de nuestro Motivito Queer, un grupo de amigos queers fuimos a Viqui’s Bar, que dentro del universo no-heteronormativo y lésbico estuvo siendo socializado como un bar de lesbianas, también porque según me informaron las dueñas son una pareja de mujeres lesbianas.

Este espacio se convirtió por unos meses en el lugar donde muchas lesbianas, mujeres queers íbamos a tomarnos unos tragos, charlar, bailar, relacionarnos, buscar compañeras sin la presencia de la mirada misógina heteropatriarcal. De ahí que le propusimos a la dueña hacer fiestas y conciertos durante la jornada de La Lucha Contra la Homofobia en mayo. ¿Y cuál fue nuestra sorpresa, cuando fuimos al local hablar para hacer otro capítulo del Motivito, esta vez MotivitoLes?

Hablamos con la dueña y los dependientes del bar, quien nos respondieron que ella no quería promocionar el lugar como un bar de lesbianas, solamente los domingos, y que ese era un bar para “gente normal” (cito textualmente). Mis sueños se derrumbaron por un momento, y al siguiente me pregunte ¿si yo era una persona anormal?

En muchos países las lesbianas se reúnen en colectivas, organizaciones, se ayudan mutuamente, generan espacios autónomos y se apoyan de manera económica. La fuerza de los movimientos lésbicos, de las feministas queer y lesbianas es muy grande en el mundo entero y también en América Latina. ¿Dónde están las feministas lesbianas y queer autónomas en Cuba? Como ciudadanos también tenemos que aprender a exigir nuestros derechos como sujetos sexuados y luchar por nuestros espacios.

Es necesario generar pensamientos feministas lésbicos y queer en Cuba, que empodere a las mujeres y las personas trans en relación a crear nuestras comunidades, ayudarnos, apoyarnos y generar culturas de solidaridad y recreación entre nosotres. Si no existen espacios ni destinos turísticos paras las lesbianas en Cuba, ya es tiempo de crearlos.

Notas:

(1) En este sentido simplemente tenemos que prestar atención la música popular. Recuerdo hace dos semanas tuve que hacer un viaje desde la Habana hasta Baracoa, en taxi de 10 pesos. En mi viaje las pocas veces que presté atención a la música que estaba puesta en el taxi, una de ellas se refería a “aquí hay una pila de chicharritas, aquí a una pila d chicharrones, una pila de mariquitas y mari…”. Este es uno de los numerosos ejemplos de las frases homofóbicas con los cuales diariamente convivimos.

(2) Jaffary Allen. 2011. !Venceremos? The erotics of black self-making in Cuba.

(3) Maria Lugones. 1987. Playfulness, “World” Travelling and Loving Perception. En: Hypatia.

(4) La utilización del término nosotres, todes, la oí por primera vez en español en las canciones de Las Krudas y en conversaciones con ellas. Es una variación del lenguaje para reconocer a las personas que no queremos ser reconocidas ni como mujeres ni hombres, que preferimos alejarnos de cualquier construcción genérica tradicionalmente impuesta.

Observatorio de medios: Las mujeres brasileras como regalos del Mundial de Fútbol

En escasas 14 horas acabará el Mundial de Fútbol Brasil 2014; me animo entonces a escribir para saldar una deuda. Se trata de una imagen, de las tantas que se han compartido por estos días,  que prometí deconstruir con la intención de  aguzar nuestra “mirada violeta”.

La imagen en cuestión, fue subida como cabezal en el perfil de FB del CENESEX, y quizás la alegría por la realización de un Mundial en Latinoamérica no les hizo percatarse del (anti)valor de la misma.

Mi interés en este post no especular sobre los motivos por los cuales se subió una imagen de esa naturaleza en dicha página sino, como le dije a la Community Manager de la institución, aportar en el esclarecimiento de por qué no deberíamos hacer uso de ella. Por suerte, en esta oportunidad el cabezal fue retirado ante mi queja, lo cual agradecí pertinentemente pues no siempre he tenido la misma suerte.

Imagen subida el pasado 2 de julio, como cabezal de la pagina de Facebook del CENESEX
Imagen subida el pasado 2 de julio, como cabezal de la página de Facebook del CENESEX.

Vayamos al asunto:

La mujer que aparece en primer plano a la derecha es, sin dudas, un estereotipo de las brasileras. Al verla recordé a las populares Criollitas de Wilson, que eran exhibidas como la mejor representación de las mestizas cubanas. En ambos casos se trata de una mujer a la cual se le resaltan los atributos que los hombres desean, un fetiche, re-creada por la mirada masculina, algo para consumir, para ser vendido.

“Criollita de Wilson”, magnánimo ejemplo de la representación racializada y sexista de la mujer cubana negra y mestiza.

Para colmo, no hay cuerpo masculino alguno mostrado en tal pose. Eso es lo que nos permite concluir que es una imagen sexista que propone una representación del cuerpo femenino como el destino.

El asunto de complica un tanto más si advertimos que se trata de una afrobrasilera, quien además está con los brazos abiertos y en alto, entiéndase como quien se brinda en cuerpo entero y esta a la espera de que la “cojan”. Como decía mi amiga afrobasilera Jacki en  Facebook: “É isso mesmo… mercantilização do corpo das brasileiras, somos brindes da copa…” (“Así es … la mercantilización del cuerpo de la brasileña, somos los regalos de la Copa …”).

Ciertamente Brasil es un país mestizo, como todos en Nuestra América, sin embargo esta representación se regodea en la racialidad/etnicidad para entregarnos una imagen perfectamente racializada que se aprovecha de los prejuicios y pre-juicios que sobre la mujer afro existen en nuestro imaginario social. Como denuncié en Twitter:

Un artículo como este deconstruye imágenes sexistas y racializadas como estas http://t.co/7U96MHez4w vía @Negracubanapic.twitter.com/3FTtzBlOSF

— Negracubana (@Negracubana) julio 3, 2014

Me refería al artículo “Esclavitud y cuerpos al desnudo. La sexualidad y la belleza de la mujer negra“, publicado en el 2009 en Sexología y Sociedad, en el cual intento explicar por qué hacemos uso tan frecuente de imágenes como estas para representar a los cuerpos femeninos negros.

Volviendo a la imagen, no podemos obviar que este Mundial de Fútbol ha concentrado muchas críticas en torno a todos los servicios que alrededor de la prostitución, incluida la infantil, se han creado para el evento.

Por último, vuelvo a recomendar Algunos tips para la representación de la población negra en los medios de comunicación,  especie de manual que confeccioné para ofrecer ciertas pistas sobre el tema. Es un texto perfectible que no cubre todas las aristas del asunto, sin embargo hay a quienes me han dicho que les ha sido útil. En nuestro país es muy fácil caer en representaciones estereotipadas, entre otras razones, porque ni siquiera hay un instrumento legal que lo advierta. Seguimos necesitando, no me cansaré de decirlo, una ley de medios.

Literatura LGTBI: leer en silencio, entre líneas

Norge Espinosa
Norge Espinosa

Desde el mes de marzo, los intelectuales Víctor Fowler y Norge Espinosa están realizando en La Habana un curso sobre la literatura cubana LGBTI. Ambos especialistas, con reconocida trayectoria dentro de los estudios culturales, se han interesado en visibilizar aquellas obras que presentan personajes con diferentes identidades de género y orientación sexual. Sobre esta idea, convertida en realidad gracias a la entereza y voluntad de ellos, hablo con Norge Espinosa.

¿Por qué un curso sobre literatura LGBTI? ¿Conoces experiencias anteriores en Cuba con las mismas intenciones?

El curso nace a partir de la necesidad de cubrir un vacío, no del mero gusto de dos escritores que sientan alguna inclinación especial hacia ese segmento de nuestra cultura que, vale la pena decirlo, sigue siendo ignorado por nuestras casas de altos estudios, generalmente muy reacias a la apertura de los estudios queer o de sus desprendimientos, bajo recelos de muy distinta naturaleza.

No es que no existan en Cuba tesis, trabajos de diplomas e incluso defensa de doctorados a partir de libros y autores y autoras que hayan entrado a este canon cubano LGBTI, sino que la articulación orgánica entre esas presencias y el concepto que se imparte en dichos espacios no funciona más allá de la voluntad particular de uno que otro interesado. Nos falta mucho por aprender y aprehender de esos tipos de análisis.

En Cuba, nombres esenciales como David William Foster, Eve Kosovsky o Judith Butler siguen siendo mera nota al pie de alguna bibliografía muy reducida, y es ridículo negar los postulados de ese autores, discutirlos, sin siquiera haberlos leído. Hay también un elemento puntual, y es que la tan temida teoría queer se ha ido convirtiendo en un cuerpo de estudios muy amplio, cada vez más multidisciplinario, y que en América Latina ha encontrado un eco poderoso desde ese margen, desde esa periferia, que la discute al tiempo que se sirve de ella para abordar a figuras tan diversas como Lemebel, Puig, Sarduy, Arenas, Perlongher, Lydia Cabrera, Pizarnik, Novo y tantas más. La teoría es un instrumento, no una sentencia a la que seguir mecánica ni mansamente. Pero eso no parece encontrar el impacto suficiente en la comodidad con la cual, desde la enseñanza o la crítica, nos dirigimos hacia la posibilidad de mejores y mayores lecturas.

El curso nace para organizar una cronología, un mapa marginal si se quiere, que dé nociones de una tradición, de una serie de presencias conectadas a pesar del fragmento, del silencio y el tiempo, a fin de hacernos entender que este asunto, en las letras y la cultura nacional, ha ido aportando nociones que merecen ser tenidas en cuenta, como clave e influencia en otros asuntos generalmente mal interpretados. Saber que se tiene una tradición puede hacernos más fuertes, menos solitarios. Una manera más de luchar contra ese estereotipo del homosexual, la lesbiana, el trans, como perfiles desamparados.

No, lamentablemente no recuerdo otras iniciativas de este carácter. Se habla del tema en eventos, en foros, hay libros mejores y peores sobre el tema, pero un curso concretamente dedicado al tema, no. Y es una pena. Recuerdo que en 2001 llegaron a Cuba dos de las figuras más notables de estos estudios: Daniel Balderston y José Quiroga, y a solicitud de una profesora de la Facultad de Artes y Letras dieron una charla básica sobre la teoría queer y sus ramificaciones hacia los estudios literarios del continente, tras la cual sufrieron la andanada del entonces decano de dicha facultad, quien afirmaba que esa era una teoría que segregaba a heterosexuales de homosexuales, que solo ofrecía estancos separados. Y así es que estamos ahora, a casi 15 años de aquello, haciendo este curso contra esa y otras formas del silencio.

El programa, accesible en la página de Facebook del curso, adelantó todos los temas, entre los que se encontraban, por ejemplo, algo tan interesante como “Colonia. Discurso nacional y normatividades sexo-eróticas en la formación de la nación”. También se propuso hablar del “Modernismo, decadentismo y sexualidad: Casal y Martí”. Te pregunto: ¿encontraron muchas o pocas referencias para el abordaje de esos períodos tan lejanos en el tiempo. ¿Podrías decir quiénes han sido los investigadores que se han dedicado a estudiar estas épocas?

Hay una serie importante de búsquedas en ese momento histórico que vienen a ser la arqueología o la prehistoria de esto que abordamos. Un ámbito poco visitado, y en el que se encuentran los puntos de partida de recelos, prejuicios y estereotipos que seguimos repitiendo, incluso de manera inconsciente.

Los años iniciales de la Colonia carecen de estudios suficientemente completos, no pocos de los archivos que tienen que ver con sus pasajes están fuera del país y llegar a ellos, para los historiadores interesados, puede ser muy complejo. Así que es un período en el que aún andamos a ciegas. Pero hay piezas ya a la vista, como la carta contra el “hombre-mujer” que aparece en el Papel Periódico de La Habana en 1791, firmada por José Agustín Caballero. Hay que leer entre líneas a veces para encontrar referencia a la condena que la Inquisición desató en Cuba contra los amujerados de Cayo Puto, que está en un libro de Fernando Ortiz, un argumento que luego, por ejemplo, reaparece en Contrabando de sombras, la novela de Antonio José Ponte.

Hilvanar esos fragmentos es un proyecto aún en camino, donde sobresalen figuras míticas como Enriqueta Faber, también protagonista de novelas muy diversas. Adentrarse en ese ámbito tiene el reto de los laberintos. Y sí, hay estudiosos que nos ayudan ya en ese propósito. Emilio Bejel ha emprendido esa senda, y con él están las aportaciones esenciales de Oscar Montero y Francisco Morán Lull acerca de Julián del Casal y sus desvíos, amén de lo que Víctor Fowler y Abel Sierra Madero van iluminando. Hay que ser capaz de leer, como te digo, en el silencio, entre líneas. Y hacer lecturas interesadas o “entendidas” para comprender que, por ejemplo, la mirada de José Martí hacia Oscar Wilde es más de lo que dice su célebre crónica. También en esa línea está la intención del curso, en ayudar a los alumnos a sobrepasar lo evidente.

Revisando esa misma lista de temas me salta a la vista que los nombres mencionados allí, y que de alguna manera pueden ser considerados hitos, son mayoritariamente masculinos. ¿Se pudiera trazar o no una historia de la literatura LGTB solo mencionando las contribuciones de las escritoras? ¿Quiénes serían esas a citar?

Es difícil. El rol de la mujer es uno de los más invisibilizados a lo largo de este proceso. Imaginar que un hombre abordara estos casos patológicos, engendros de la naturaleza, desvíos innecesarios del deseo, podía pasar como ficha curiosa. Que una mujer se expresara en tal sentido era una transgresión demasiado peligrosa. Te confieso que no me gusta la idea de ir desarbolando el proyecto en esa dirección, tal vez sea mi error, pero por ahora no me interesa ir desarticulando el cuerpo de estudios hasta llegar a esos límites que nos impiden apreciar la riqueza de intercambios, influencias, contradicciones y conflictos. No me interesa el análisis, al menos por ahora, que se limite a una literatura únicamente escrita por mujeres, o por autores travestis, o por enfermos de VIH Sida: esos compartimentos aún no tienen sentido, si es que los tienen, en las letras cubanas.

Hay que sobrepasar primero esta línea de sombra en la que aún nos movemos, aprender a leer esos autores como una tradición, antes de empezar a quebrantarla desde una perspectiva que los aísle de otros elementos que, desde mi manera de ver, también se interconectan con ellos, los movilizan, los hacen reaccionar. Amén de que para ello tendríamos que tener ante nuestros ojos obras ya desarrolladas y maduras, no solo fragmentos o asomos casuales a un tema, que es por desgracia lo que abunda. Ofelia Rodríguez Acosta, Graziela Garbalosa, algunas autoras relacionadas con la lucha feminista de inicios del siglo XX, son nombres que se repiten una y otra vez. Pero se olvida la manera en que Lydia Cabrera, por ejemplo, deja pistas sobre el homosexualismo en varios de sus textos sobre los cultos negros en Cuba (El monte y La sociedad secreta abakuá, para mencionar dos ejemplos) o se deslíe en el secreto dimediado y aún poco penetrable de su relación con Teresa de la Parra. O las anécdotas de la Loynaz sobre Gabriela Mistral cuando la hospedó en su casa de 19 y E.

Si esta historia está hecha de silencios, la que pueden contar las mujeres que aparecen en ella mediante cartas, diarios, documentos poco accesibles, todavía demorará mucho en dejarse ver como quisiéramos. Y eso pasa, incluso, con nombres muy recientes.

Leyendo los resúmenes me he percatado de que no solo se ha tocado la literatura cubana sino que también el curso ha estado marcado por un análisis exhaustivo del contexto y por la exhibición de ejemplos de otras manifestaciones artísticas, entre ellas el cine y el teatro. ¿Por qué la necesidad de hablar de otras manifestaciones? 

Una de las grandes carencias de nuestro mundo cultural es su inhabilidad para leer desde perspectivas muy variadas lo que sus principales acontecimientos provocan en otros espacios. Es como si Emilio Ballagas o Lezama Lima nunca hubieran influido en otras nociones de lo cultural entre nosotros. Crear una comunidad, hablar a nombre de ella, tiene que ser un reto mayor que se construye a partir de una lectura sediciosa y gozosa de muchos otros elementos. El teatro, el cine, las artes visuales, la presencia de artistas LGTBI en hechos sociales de cierta naturaleza a lo largo de todo este devenir, activa resortes que pueden desatar un cambio en la percepción de esas voluntades que tienen un punto de partida en lo erótico y sus posibilidades diversas, incluso como actos disidentes que tendríamos que leer en secuencia.

Ya está bastante fragmentada la percepción que tenemos sobre este asunto en la literatura. Imagínate si en lugar de llenar esos vacíos nos dedicáramos a solazarnos en ello. Ya hay bastante ignorancia disfrazada de pereza entre nosotros como para que no intentemos luchar contra ella desde esa línea, si se quiere, de combate. Integrar los nombres fundamentales que desde la sexología europea o norteamericana se fueron incorporando como conceptos básicos de discusión y reivindicación alrededor del homosexual a nuestros contextos, tiene que servir para saltar desde esas comodidades y desconocimientos, a fin de impulsar a los interesados en el curso a hacer preguntas mayores y más complejas.

¿Con qué tres libros o autores tendría que contarse necesariamente la historia de la “temática gay” dentro de la literatura cubana?

Es una pregunta de doble y triple filo. Podría decir: Hombres sin mujer, de Carlos Montenegro; Paradiso, de Lezama Lima, y El color del verano, de Reinaldo Arenas. Y me ganaré tu responso porque ya ves, no hay ninguna mujer en esa relación. Obras como las de Ena Lucía Portela o Ana Lydia Vega Serova, que tanto me interesan, son aún blancos en movimiento. De ellas espero que, también en el futuro, esas tres piezas que menciono puedan ser o no desplazadas. Hay que ser paciente, aún en plena batalla.

¿Podría concluirse que la literatura escrita desde la diáspora ha contribuido igualmente al tratamiento del tema?

Por supuesto. La salida de Cuba hacia los Estados Unidos, España y otros destinos de autores que desde los 60 han ido incorporando a sus imaginarios la vivencia de la homosexualidad tiene un campo de análisis más amplio del que imaginamos desde aquí. La lista es larga y muy variada en tonos, retos y calidades. Una antología sobre el tema tendría que incorporar varias de esas presencias si se quisiera tener por seria. Las oleadas sucesivas del exilio han llevado a puntos muy diversos del planeta a esos autores. Desde esa distancia, como hicieron en su día los miembros de Mariel, plantaron discusiones abiertas sobre el tratamiento del homosexualismo en Cuba que no deben seguir siendo ignoradas. Es una historia llena de dolor, nostalgia, resentimiento a veces, traumas y voluntades de cercanía a la Isla madre y a su historia, lo cual implica una voluntad crítica que sepa reconocer la calidad literaria más allá del golpe de la memoria y el olvido en esos textos. Pero la comunidad cubana LGBTI, a la hora de hacer su historia letrada, no puede prescindir de ellos.

Sobre lo logístico, que a veces nos puede poner al punto de abortar un proyecto. En el texto de convocatoria al curso declaras que el mismo se realizará todos los miércoles de cada mes, en el Centro Dulce María Loynaz, pero he sabido que eventualmente han existido obstáculos. ¿Mala suerte u homofobia?

Un poco de todo. El Centro Loynaz acogió la idea desde que la comunicamos a su director, Jesús David Curbelo. Luego, sobrevino una serie de infortunios que terminó haciendo evidente la escasa promoción que de tal curso se dio en la prensa y en los medios a los que el propio Centro tiene acceso. En la televisión hay spots sobre sus tertulias habituales, y no he dejado de recibir, a lo largo de estos meses, mensajes electrónicos que provienen de sus promotores difundiendo esos otros encuentros. Ninguno sobre el Curso Literatura Cubana LGBTI. Para colmo, luego, durante varias semanas, coincidían nuestras citas con apagones provocados por el cambio de postes eléctricos en esa área del Vedado. Pero no es solo lo que pasa allí. Me desesperé enviando mensajes sobre la convocatoria del Curso a universidades, personalidades, especialistas literarios, revistas, medios de prensa e instituciones como el Cenesex o el Centro Nacional de Prevención. La respuesta fue casi nula, y en verdad es decepcionante corroborar el rechazo hacia el conocimiento y el trabajo intelectual que implica ir más allá de la superficie que hemos recibido como respuesta. Se trata de un curso en el que hay que leer, discutir, no solo acudir a oír una charla. Y donde, al mencionarse la teoría queer, ya hay gente que reacciona desde ese rechazo institucionalizado al tema que he visto expresarse en otros espacios.

Es lamentable vivir en una nación donde la presunta comunidad LGBTI prefiera desgastarse en la única fiesta oficial del año, o en las noches de supuesta glamorous gaylife accesible solo a quienes dispongan de moneda dura. Un homosexual sin argumentos acerca de quién es y quiénes lo respaldan como ejemplo, modelo, tradición y conflictos, es una persona aún más desarmada de la que sus enemigos se imaginan. Y nos falta por aprender mucho, por saber mucho más allá de la lentejuela de una noche en el Karl Marx viendo a las divas del transformismo, o marcando la presencia oficial en un acto de lucha contra el VIH Sida. Creo que falta organización y conocimiento que no dependa solo de lo institucional, y eso sirve para todo el concepto de una Cuba que tiene que despertar de ese sueño paternal y congelado en el que se ha convertido en víctima de sí misma. Hay ideas y luchas que no son exclusivas de nadie, mucho menos de una institución, y si no encarnan de veras en quienes son parte de ella, si nos limitamos a creer que hay que esperar al permiso de quienes aparentemente controlan esos discursos y anhelos entre nosotros, poco avanzaremos. Poco seremos. Al final, estamos cerrando el curso, con un puñado de alumnos fieles, en la Librería Alma Mater. Ya se ve que no basta con las buenas intenciones. Romperse la cabeza contra el muro es un gesto que muchos evitan, y que en la comunidad LGBTI cubana parece no abundar. Porque, entre otras cosas, se trata de una lucha que no puede terminar en la Rampa o en las arenas tórridas de Mi Cayito, sino que tiene que incluir el cruce de diálogos y conocimientos. Mientras eso falte, el curso mismo, nuestra tarea, no está sino empezando una y otra vez.

¿Has pensado en hacer una multimedia con todo el material que se ha usado para el curso, donde se incluyan los resúmenes de cada encuentro, los fragmentos o las obras literarias en sí mismas, los audiovisuales? Me parece que quedaría un producto de excepcional valía.

Todo eso es posible. La página de Facebook no se cerrará cuando el curso termine: seguirá siendo un almacén de datos, libros, fotos, fragmentos, que espera acumular referencias que están muy dispersas. Es el mismo gesto que activé entre 1998 y el 2000 cuando hice las tres jornadas de arte homoerótico: conectar nombres, actos, testimonios y debates sobre algo que es cultura y mucho más. Se van acumulando títulos, experiencias y la idea es no clausurar esos espacios, de los cuales estamos tan necesitados. Siempre pienso en que podemos llegar más allá, no solo al gay, el travesti, la lesbiana, el paciente de VIH Sida, que está a unos pasos del Vedado. Pienso en el que vive en un ámbito no urbano, en el que no se siente tan aparentemente protegido por una red de gestos, transacciones, conductas, propias o impropias, que pueden escudarlo.

Creo en el saber, ya te digo, como un instrumento esencial. En principio, ya hablamos de este curso durante las acciones por el Día Mundial de lucha contra la Homofobia. Y preparamos un dossier para el segundo número del año de la revista Extramuros que abrirá otras coordenadas a partir de esta primera experiencia. Una multimedia implicaría, según los métodos de tal cosa en Cuba, el respaldo de instituciones que, como he dicho aquí, no se han mostrado particularmente interesadas en apoyarnos, aunque tal cosa dijera algo mucho más positivo sobre sus empeños y alcances.

Hurgar en temas complejos como las UMAP, la parametración, las políticas y verdades sobre el primer momento del VIH entre nosotros, es algo que no pocos prefieren evitar. Hay mucha gente interesada en el Curso fuera de Cuba. No soy ingenuo y sé que muchos de los más de 300 nombres que se acercan a nuestra página en Facebook radican fuera de la Isla. Ojalá pudieran ser más, y estar en diálogo vivo con nosotros, no solo porque salte alguna coyuntura y se “imponga” hablar del asunto, sino como una actitud orgánica, vital y necesaria, mucho más interactiva como idea de lo que discutimos, tenemos y aún nos falta por organizar y mejorar en el Curso. Esa es la expectativa. Para ello, en efecto, hay que sobrepasar muchas actitudes de simple cortesía, de tolerancia que disimula otros disgustos, de gestos que no van más allá del fashion y de lo moderno que parece ser estar al lado de gays, lesbianas, etc. Como dijo Víctor en la UNEAC, se trata de militancia y compromiso. Y eso abarca muchas maneras de pensar y leer la vida. Para eso, en realidad, hacemos el Curso. Como un gesto visible entre lo que se ha alcanzado en pos de una dignidad para esa comunidad LGBTI cubana. Pero también para despertarla, para ayudarla a hacerse ver en un espejo mucho más infinito.

Una versión de esta entrevista fue publicada en Cuba contemporánea

 

28 de junio, pon la Revolución en un Beso

besada
Primera Besada por la Diversidad celebrada el 28 de junio del 2012

Proyecto Arcoíris, colectivo LGBT anticapitalista e independiente de Cuba, celebrará el Día del Orgullo LGBT con la Segunda Besada por la Diversidad y la Igualdad, este sábado 28 de junio, a las 4 p.m., en la Plaza Vieja de La Habana.

Cada 28 de junio, las comunidades LGBTQ y personas heteroaliadas de todo el mundo conmemoran los Disturbios de Stonewall Inn (New York, 1969), cuando una travesti puertorriqueña se rebeló contra la policía y desató le revuelta.

Besarse en el espacio público debería ser derecho de toda persona, pero para muchos ojos constituye escándalo público, si no ocurre entre heterosexuales. Al besarnos todos y todas, por amor o fraternidad, ejercitamos nuestra igualdad ciudadana y ponemos en evidencia los dobles raseros morales que generan la homofobia, el sexismo, las lógicas discriminatorias que marcan las raíces de nuestra cultura y debemos cambiar.

Con esta acción pública queremos hacer visible a la comunidad LGBTQ de Cuba. Besarse en la Plaza Vieja es un acto político. Ven y muestra tu repudio a la homofobia con un beso.

Porque Revolución es cambiar todo lo que deba ser cambiado, y defendemos la idea de una sociedad anticapitalista, revolucionaria y democrática. Ven y celebra que la Ley No.116 Código de Trabajo protege por primera vez a las personas homosexuales. Ven y reclama explicación pública a la eliminación de la identidad de género y el estatus frente al VIH en la misma Ley, aunque la Asamblea Nacional lo aprobó.

En esta cita no importan el color de la piel, el género, la identidad de género, las creencias religiosas o políticas, la orientación sexual, el origen territorial, la discapacidad ni cualquier otra distinción, sino la fe en la igualdad de todas las formas de amar, formar familia, producir, comprometerse… todas las formas de HACER PATRIA.

28 de junio, pon la Revolución en un Beso.

Justicia social. Ley suprema

homofobiaMi amigo Jorge de Armas, ha comentado un enlace que puse en mi perfil de FB, donde compartí y critiqué un post de la periodista cubana, residente en Miami, Yadira Escobar.

Escobar  en el post de marras (que ha borrado luego de varios días publicado) realiza una defensa de lo que ella llama la “familia”, en una especie de discurso de neo-homofóbico torpemente hilvanado, y donde califica de fundamentalistas (entre otros epítetos utilizados) a quienes desde la izquierda defendemos el matrimonio igualitario.

Regresando a Jorge de Armas, le pedí su anuencia para compartir en este espacio su comentario, en mi opinión, por las pistas que ofrece para mostrar la contradicción que se establece entre la Constitución cubana, que dice que el matrimonio es entre el hombre y la mujer, y la posible aceptación del matrimonio igualitario. Jorge dice entonces:

No estoy de acuerdo. El derecho a la unión civil entre personas tiene que ser considerado un derecho y no sujeto de voto o referendum. Sigue siendo una reminiscencia de los viejos valores buscar la democratización en asuntos esenciales.

En mi opinión es como pedir un referendum para ver si la gente está a favor de la libertad de expresión o en contra del nazismo.

La modificación del párrafo que cita Yadira Escobar no precisa más que de la aprobación de dos terceras partes de la Asamblea, y claro, de madurez y voluntad política.

Realmente a veces los gobernantes y legisladores tienen la oportunidad de preparar a los países para desarrollar plenamente la madurez social.

Si pensamos que modificar la Constitución no es prudente, para complacer a los sectores ortodoxas y conservadores, pues se puede eliminar el sexo de los documentos de identidad, leyes de igualdad, tanto propiciadoras como penales, eliminar todo requisito sexual para acceder a puestos de trabajo y profesiones.

Y si nos ponemos quisquillosos, con tanto marxismo y ateísmo científico, matrimonio es un sacramento, así que hasta queda feo en un Constitución “socialista”, modificamos el Código Civil, incluimos dos figuras más, “unión civil” y “pareja de hecho” sería una forma de propiciar la unión libre de los seres humanos y el disfrute de los derechos que otorga el estado benefactor, la seguridad social y la familia.