Roberto Zurbano

Roberto Zurbano: Desde mi balcón. Siete párrafos de memoria contra la pandemia del olvido (Segundo round)

Por Roberto Zurbano

Un blackface cubano celebrando el día de África en redes sociales, el incendio provocado en un terreiro de San Salvador de Bahía, el asesinato poco difundido de un joven líder comunitario garífuna en Honduras y otro asesinato racial en Estados Unidos, en la misma semana, confirman que el racismo opera en un amplio espectro de negaciones y violencias presentes indistintamente en cada país. Las gradaciones del racismo comenzaron con la esclavización y crecen en visiones culturales excluyentes, ausencia de historias negras en aulas, difícil acceso a estudios universitarios y puestos laborales y se regodean recortando presupuestos escolares en barrios negros y en la brutalidad policiaca, con sus altas cuotas de impunidad, hasta ofrecer una saga interminable de asesinatos, segregación racial y económica, cárceles y nuevos apartheid. Son muchas las expresiones visibles e invisibles del racismo: culturales, institucionales, públicas, privadas, en países pobres y ricos, en gobiernos demócratas o autoritarios, capitalistas o socialistas…El racismo, como el dinosaurio de Monterroso, siempre ha estado ahí. Pero casi nunca lo vemos hasta que un hecho mediático dispara las alarmas en busca, más que de justicia, de compasión. Así falseamos las agendas antirracistas, corriendo detrás de la crónica roja del mundo negro y no enfrentando las causas del fenómeno, ni a las razones que evaden el compromiso cotidiano en una lucha tan agotadora, como sofisticada y brutal. De estas visiones mediáticas erradas se alimenta el racismo, tranquilizando a quienes se creen afortunados, pues el último crimen ocurrió a mil kilómetros de casa y creen imposible que este dolor les alcance. El racismo es un hecho local que es también global y nos exige asumir la responsabilidad que toca ante lo pequeños racismos que toleramos a diario.

Hace diez años durante el congreso Cultura y Desarrollo, celebrado en La Habana, varios participantes nos trasladábamos en un microbús y algunos académicos e intelectuales blancos, comentando un panel del día anterior dedicado al racismo en Cuba; afirmaban que era un exceso de los panelistas y argumentaron que era resultado de las visitas que estos hacían a Estados Unidos. Una cineasta afrocubana sentada a mi lado me impidió responder y escuchamos en silencio todos los argumentos.

Llegamos al Palacio de Convenciones y todavía discurrían sobre el asunto. Sé que muchos investigadores de la cuestión racial fuimos a Estados Unidos años después de publicar tales textos y otros, aun no han visitado ese país. Recordé el primer viaje de raperos cubanos a Estados Unidos, en 2001; se presentaron en el mítico teatro Apolo, en Harlem y allí confirmaron lo que tan bien hacían antes en el Anfiteatro de Alamar, no fue al revés. Mi compañera de congreso y yo, esa mañana tuvimos una larga conversa para sacarnos tanta idea tóxica, injusta e ignorante. Sin embargo, aquellos argumentos aun me sirven de termómetro para medir la labor antirracista en Cuba, pues comparto una de sus alarmas: No aplicar métodos y soluciones fuera de contexto. Todo lo demás es clásico del proceso de negación del racismo cubano y, curiosamente, quienes hacían una lectura norteamericana de nuestra situación racial eran ellos, esperando encontrar aquí sucesos que no corresponden a esta realidad e invisibilizando eventos discriminatorios que tienen lugar ante sus propias narices, esos que, a veces, ellos mismos protagonizan consciente o inconscientemente, da igual. No dijeron Brasil o Alemania, porque cuando se trata de Estados Unidos el análisis tiende al desborde comparativo, no a la historicidad ni al campo de relaciones que ocultan políticas raciales, muchas veces también ocultas en leyes, estructuras socio-económicas, pactos religiosos, mass media y programas políticos.

Comparar problemáticas raciales entre Cuba y Estados Unidos, no es asumir sólo historia reciente, obviando el tejido de sucesos, figuras e ideas que marcan siglos de interacción, aun subalternizados por una escritura donde nunca aparecen negros de aquí ni de allá. Son los sesenta, cuando suceden hechos claves para los afrodescendientes de ambos países: Los afrocubanos tuvimos la Revolución de 1959 y los negros de Estados Unidos el Civil Right Movement. Ambos sucesos marcan puntos de partida diferentes en nuestras respectivas historias sociales y políticas. ¿Cómo ambas poblaciones llegan a este momento? Los afroamericanos venían de una sociedad legalmente segregada, donde trataron construir un espacio propio, lejos del mundo blanco, para vivir con dignidad. Sus luchas raciales tenían lugar en una sociedad multirracial y multicultural donde distintas razas, etnias y culturas no se mezclaron como en Cuba y configuran un gran mosaico fragmentado por historias e identidades particulares. El Civil Right Movement fue resultado de la lucha de los negros en específico, sus liderazgos, grupos, ideologías y demandas. Con ayuda de algunos aliados, pero fue resultado de una lucha política altamente racializada que, finalmente, les convierte en verdaderos ciudadanos.

El significado político que tuvieron las iglesias negras en Estados Unidos, es similar al de los sindicatos en Cuba. Curiosamente las religiones afrocubanas han sido subestimadas en el trabajo político, a pesar de su nivel de convocatoria, cohesión, horizontalidad y solidaridad, activas desde la colonia hasta nuestros días. Las iglesias negras en USA y los sindicatos en Cuba fueron espacio de aprendizaje más allá de los clubes y sociedades de color, cuyo ejercicio político fue más cercano a la negociación de intereses económicos, aunque desarrollan valiosos proyectos cívicos en la educación, la salud y las artes, apoyados por las fuerzas dominantes de ambos países. Dichos clubes asumieron vías políticamente correctas en busca de una armonía racial, aunque sin mucho éxito en sus respectivos empeños. Para los negros cubanos la Revolución es un innegable acto emancipatorio, resultado de luchas sociales, no raciales. Un hecho que les abre el acceso a todos los derechos ciudadanos. Crea las condiciones objetivas para la dignificación de una población negra inferiorizada y explotada durante siglos que, junto a otros preteridos, disfrutan derechos antes negados. (Aunque no sucedió en igualdad de condiciones, detalle entonces pasado por alto, que convierte igualdad de oportunidades en un ejercicio desigual). No se olvide que la población negra venía de una sociedad que no legalizó la segregación, pero la sufría en algunas ciudades y que la Constitución de 1940 coloca, por primera vez, el racismo como un delito.

Por su parte, el Civil Right Movement emancipó a los afroamericanos, tras manifestaciones y asesinatos. Lograron grandes victorias políticas y fuerte movilidad social apoyada en la Affirmative Action. Ganan el derecho al voto, mejoran las condiciones de trabajo de la clase obrera negra; aumentan las escuelas públicas y cede la resistencia a las escuelas racialmente integradas. Nacen programas educativos que favorecen a millones de niños y adolescentes. Se fortalece el modelo universitario negro, fundado en el siglo XIX, más allá de los Black Historical Colleges. Hay un crecimiento inusitado de clase media, empresariado y elite negras que comienzan a ocupar altos puestos en el stablishment. Fue el resultado más visible de aquel triunfo de los derechos civiles, pero no los únicos. Al mismo tiempo, surgen nuevas organizaciones como el Partido Panteras Negras y su filosofía Black Power, entre otras que estimularon movimientos de artistas, estudiantes, sindicatos y mujeres, a quienes le resulta insuficiente lo logrado y proponen, desde otras visiones críticas, continuar la lucha, intuyendo que las ganancias del Civil Right Movement no llegaron para quedarse, en los años ochenta, tras la ola conservadora que inicia Reagan y continua Bush padre, sobreviven pocas de sus ganancias jurídicas, afirmativas y laborales.

La conciencia racial en la historia afroamericana es un importante factor de cohesión para la lucha y movilidad socio-política. El ejercicio crítico y público de dicha conciencia guió comunidades, instituciones y clases sociales; generó la creación de organizativas propias (religiosas, sociales, políticas, económicas, etc.), desde aspiraciones comunitarias hasta las que incorporan otros intereses (clase, género, ideología, profesión).En Cuba, es baja la estima y conciencia racial entre la población negra, heredera de cimarrones, pero lenta en denunciar y desmontar agresiones racistas. Demasiada resignación en las personas negras que defienden sus derechos y valores en un contexto discriminatorio creciente. Acudir a las leyes, los medios y autoridades ha de ser común; amén de ese activismo antirracista cuyo esfuerzo retórico es mayor que su diálogo en las comunidades y la urgencia crítica de su misión social.

Sí, las respectivas historias de nuestros pueblos negros difieren en cuanto a integración social y racial: en Estados Unidos ha sido una imposibilidad histórica frente a la supremacía blanca, por eso también pensaron en la emigración (África) y en negociar con la hegemonía blanca, a través de las leyes y la democracia, otras sociedad y ciudadanía. Dicha estrategia aun no ha triunfado. En Cuba la integración de negros y blancos es una aspiración martiana que llena páginas enteras del ideario de Antonio Maceo y Juan Gualberto Gómez, aunque también hubo familias negras que regresaron a África. La idea de integración racial alcanza un fuerte consenso social, que se renueva con la Revolución. La aspiración social de cubanos negros no está separada de las demandas de cubanos blancos ni de los presupuestos libertarios del grupo vencedor; (aunque el Movimiento 26 de Julio era un espacio con poca conciencia crítica sobre la cuestión racial, ver la ausencia del tema en La historia me absolverá).

Las demandas de instituciones y líderes cubanos negros siempre desbordaron las exigencias raciales en busca de una ciudadanía plena y ellos aportan esa visión integradora a la lucha sindical, partidista y cultural donde nunca faltó el tema racial, como uno más entre las necesidades de la nación. Así, las luchas antirracistas cubanas no tuvieron una visión tan radical ni solitaria como en Estados Unidos. En la historia del antirracismo cubano concurren personas blancas con una visión antidiscriminatoria más allá del paternalismo y politiquería al uso; y se suman otras implicaciones clasistas y religiosas de peso en la integración de los grupos étnicos y raciales que arman la nación cubana. Eso explica una dinámica diferente a la norteña en nuestra experiencia social y tradición antirracista.

Es difícil constatar el conocimiento de la tradición antirracista cubana entre ciertos académicos y activistas entusiastas, pero desnudos de herramientas histórico-conceptuales para su trabajo de denuncia y propuestas que podrían verificar en el registro de una tradición que les sirva, sobre todo, para no repetir errores ni retrasar su necesaria labor. En esta tradición lo mismo cuenta un ensayo, un patakin o un poema. Cuando la televisión mostraba cómo asesinaron a George Floyd, recordé muchas otras víctimas, en especial a Emmett Till, de catorce años, mutilado y tirado al rio por sus asesinos blancos en 1955. Al recuperar el cuerpo, su madre dispuso que durante el funeral el ataúd quedara abierto, exponiendo el tamaño del ultraje. La imagen impactó al mundo y la tradición antirracista cubana lo fijó en Elegia a Emmett Till de Nicolás Guillen, donde el poeta llora “este mínimo muerto sin venganza”.

¿Eso también será el menos joven George Floyd? ¿Tenemos una conciencia mínima para la solidaridad racial? ¿Miramos atentamente nuestro entorno, donde no vemos crímenes así, pero sufrimos chistes, discriminación y pequeños maltratos que alguien calla, se traga y no sabe qué hacer con tanta humillación? No respondas hoy. ¡Sólo intenta hacer la tarea!”

En Centro Habana, a viernes 29 demayo.

Nancy Cepero: Sobre racismo estructural y la gente negra que le hace coro a la opresión

Constituye una reacción común responder a críticas sobre comportamientos y comentarios racistas aludiendo el “racismo inverso”. De esta manera, no se quiere entender la realidad porque no conviene.
El racismo es estructural, vertical y apuñaleante para la gente que va quedando más abajo en la lista: lxs más oscurxs, lxs más oscurxs y mujerxs, lxs más oscurxs y gordxs, lxs más oscurxs y disidentes sexuales, lxs más oscurxs con diferentes capacidades.

Estas personas no tiene el poder estructural, la economía, poder de decisión, ni el interés para ejercer racismo y aplastar a otros grupos sociales. Por eso no existe racismo inverso, es una falacia, una balsa pal desespero; aunque a una persona negra no le guste la gente blanca y lo exprese, no tiene poder para invisibilizar, desacreditar, negar empleo, despedir o limitar el acceso por su aspecto.

Obviamente, tampoco nos interesa apropiarnos de su cultura, ya que nosotrxs y lxs nuestrxs hemos creado cultura con talento y alegría ilimitada a pesar del cepo al sol, la castración del lenguaje, de la religión, a pesar de la privación de libertad, se creó y se crea.

Por otra parte, la sociedad está establecido, estructurado de manera que en todos los contextos, negrxs tengan menos oportunidades y, además, miles de dificultades para acceder a esa mínima oportunidad, no hablo de individuos sino de grupo social.

“Todos somos iguales” es un planteamiento sin fundamento, facilista y racista que pasa por encima de la vivencia de un montón de cuerpas que llegaron al punto de partida con desventajas tangibles, reales. La apropiación cultural es racismo. No hay más vueltas. A estas alturas, con todo mezclado en el mundo, muchas cosas se pasan por alto, muchas menos la desfachatez del no reconocimiento, de la invisibilización y la burla.

Las negras somos humilladas y limitadas profesionalmente por nuestra complexión física, por nuestro color de piel. Luego las blancas y blanco-mestizas se doran al sol con artificios, se ponen culos, labios gruesos y son cool. A nosotras nos hacen problemas en las escuelas por llevar el pelo natural o dread locks, incluso las trenzas son mal vistas y automáticamente te ubican en contextos marginalizados en el imaginario social. Sin embargo, cuando la gente blanca utiliza estos “estilos”, es leída como artistas, transgresores, creativxs, innovadores. Hay que ir a YouTube a ver tutoriales de chicas blancas enseñándole al mundo a ponerse turbantes.

Es necesario que se entienda cómo cada apropiación, sin al menos reconocimiento a la fuente matriz, invisibiliza la vida, los cuerpos y la historia de mucha gente que ya de por sí está bien jodida solo por ser, por existir. Esta negación contribuye al racismo, a fomentarlo, a naturalizarlo, a normalizarlo a tal punto que incluso gente negra reproduce estas conductas, le hacen coro a la opresión y son incapaces de ver la tierra que se echan ellxs encima y a toda la comunidad consigo.

Pasajeras negras: las mujeres discriminadas de La Habana

Por Darcy Borrero Batista

“¡Cállate, mona!”, así injurió a una pasajera el chofer de un ómnibus urbano en diciembre de 2018. No es la primera vez en La Habana que un conductor ofende o discrimina a una mujer negra.

A las seis de la tarde del miércoles 19 de diciembre de 2018, Gelaisy Cantero de los Santos esperaba el ómnibus P5 en una parada del municipio Playa. Cuando apareció la guagua, una señora subió junto a la muchacha y extendió un billete de 50 pesos al chofer. Gela intervino y ofreció pagar el pasaje de ambas con un peso.

Los cincuenta pesos con que pretendía pagar la mujer representan el 12 500 % del pasaje de un ómnibus urbano, fijado en 40 centavos.

El copiloto de la guagua obvió el gesto de Gela, tomó el billete de 50 pesos y lo pasó al chofer. Entonces la muchacha repitió que tenía un peso y que quería pagar el pasaje de la señora.

El chófer arqueó las cejas y, de sopetón, le gritó, una, dos veces: ¡Cállate, mona!

Gela siguió adelante, no desvió el orden de sus prioridades, hizo la visita que debía hacer y, al día siguiente, presentó la denuncia en la Fiscalía Provincial de La Habana, basada en la vulneración del principio de igualdad que refrenda la Constitución vigente.

El artículo 42 de la actual Carta Magna asegura que “la discriminación por motivo de raza, color de la piel, sexo, origen nacional, creencias religiosas y cualquiera otra lesiva a la dignidad humana está proscrita y es sancionada por la ley”.

Gela acudió al Paradero para denunciar al hombre que la llamó “mona” con la misma tranquilidad de quien dice “mujer” o “persona”.

“En este caso yo hice énfasis en la discriminación racial, pero realmente también hubo discriminación por género”, cuenta la joven a Tremenda Nota. Ella cree que una mujer “sola” o “indefensa” era más vulnerable a la discriminación racista.

“Siempre he visto estas escenas en la sociedad cubana, en la vía pública. Como carecemos de información, no las denunciamos. No sabemos de qué forma hacerlo”, dice.

Dardos racistas contra Gela

“¡Qué clase de rubia se perdió ahí!”, con esa frase han apuntado a Gela durante toda su vida. Ese “piropo” también llegó con el racismo silencioso, que muchas veces no se atreve a articular palabras, sino a entornar los ojos o gesticular.

En su natal Fomento, provincia de Sancti Spíritus, Gela estudió deportes, fue atleta de alto rendimiento, hizo parte en el equipo provincial juvenil de voleibol hasta que, finalmente, se licenció en Cultura Física. “Muchas personas negras nos refugiamos en el deporte, y en ese círculo nos apoyamos”, opina.

Sin embargo, el “problema” siguió creciendo a la par de Gela. Cuando tenía 19 años era novia de un joven alemán y, según las autoridades ―detalla la muchacha― su relación prácticamente se consideraba “asedio al turismo”, una figura predelictiva que la policía cubana asocia a la prostitución o el proxenetismo.

La activista Sandra Abd´Allah-Alvarez Ramírez llama “neorracismo cubano” a este argumento. En su blog cuenta la experiencia de un joven profesional negro, arrestado por estar acompañado de extranjeras, y llevado a una celda donde el 95% de las personas eran negras.

Gelaisy Cantero de los Santos trabaja como profesora de Educación Física en la escuela de oficios Antonio Maceo, en La Habana. (Foto: Tomada del perfil de Facebook de Gela)

Más tarde, Gela perdonó gestos racistas semejantes.

“A los 21 fui a un hotel en Varadero y no me dejaron entrar aunque teníamos reservaciones. La causa: una cubana no podía hospedarse allí con extranjeros”. Pero la joven cree que ser negra tuvo peso en la decisión. “Andaba con unos amigos españoles y eso provocó que ellos también se retiraran del hotel”.

En esa época ella aún no era consciente, de manera plena, de la vulneración de sus derechos. “No sabía que existiera ninguna organización que me amparara y, además, la reacción de mis compañeros hizo que me sintiera bien. Como vi que se retiraron conmigo, no le di importancia al caso”, explica.

En cambio, cuando el chofer gritó “¡Cállate, mona!” Gela ya pertenecía a Alianza Afro-Cubana, una organización independiente fundada hace un año en La Habana  para visibilizar los derechos de las personas afrodescendientes y LGBTI+.

“Fui muy ofendida a nivel público y las personas a mi alrededor guardaron silencio; nadie salió al paso ante la agresión, solo una persona me dijo: no te busques problemas que estamos en fin de año”, cuenta. “Entonces me dirigí a instancias superiores”.

En el paradero de San Agustín, Gela encontró al chofer que le lanzó el dardo racista. El hombre, en medio de un careo, se disculpó.

—¿Las disculpas alcanzan? —le preguntamos.

Ella solo dice que compartir su historia y reclamar justicia, al menos, “da la posibilidad de que se hagan respetar los derechos”.

Antes de bajarse del P5 Gela (derecha) fotografió al chofer que la injurió. (Imagen: Tomada de la página de Facebook Alianza Afro-Cubana)

Ante la amplificación del debate a través de las redes sociales, Raúl Soublett López, coordinador general de Alianza Afro-Cubana, valora que, si bien les “duele mucho” que sucedan estos casos, querían que se “visibilizara la situación y que las personas supieran a dónde dirigirse” en caso de ser discriminadas.

Para Raúl, maestro de primaria, 26 años, lo primero es reconocer que “hay racismo, no como en Estados Unidos, por ejemplo, donde matan por estas razones, pero sí existe un racismo solapado en la familia, en la escuela, en el trabajo”.

Ante casos de discriminación ―considera Raúl― el Estado debería brindarles confianza a las personas, “que tienen mucho miedo a la hora de denunciar violencia verbal o sicológica. La gente, por tal de no buscarse más problemas —suficiente tienen con que no haya comida, ropa…—, tratan de no sumar otro a su enorme lista; callan, prefieren mirar hacia otro lado”.

No es la primera vez en Cuba

En julio de 2017, La Habana conoció una escena similar. Esa vez, el conductor de un almendrón (taxi particular) fue detenido tras la denuncia de una pasajera.

Yanay Aguirre Calderín, una joven negra, estudiante de Derecho en la Universidad de La Habana, denunció la “forma descompuesta” y “muy violenta” del chofer del almendrón en la sección Buzón Abierto del semanario Trabajadores.

Captura de pantalla del periódico Trabajadores

El chofer le había dicho: “Cada vez que se monta un negro en mi carro es lo mismo y por eso no los soporto”.

Yanay contrapunteó que era una falta de respeto, una ofensa discriminatoria.

Pero el “botero” repitió su discurso racista, frenó el auto, le ordenó a la joven que bajara y dejó claro que no quería negros en su carro.

La denuncia obligó a pronunciarse a la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) y la Fiscalía General de la República. El jefe de la dirección de Atención a la Ciudadanía de la Fiscalía, Rafael Soler López, aseguró que se estaba investigando el caso mientras el acusado permanecía detenido.

Precisó que en Cuba tanto la Constitución como el Código Penal proscriben la discriminación por raza, sexo y género, y refrendan el derecho de todos los ciudadanos a la igualdad.

Por su parte, la Policía indicó que “a partir de los cargos que se le imputan (al chofer), se formuló la denuncia por el Delito contra el Derecho de Igualdad, establecido en el artículo 295 del Código Penal, en función de adoptar las medidas jurídico-penales correspondientes”.

Finalmente, las autoridades aplicaron una multa de 500 pesos al infractor, por vulnerar el derecho a la igualdad.

Una de las diferencias más obvias entre los dos casos de racismo (Yanay 2017, Gela 2018) estriba en la naturaleza del espacio donde ocurrió cada uno: el primero en un automóvil de propiedad privada; el segundo, en un ómnibus de propiedad “socialista de todo el pueblo”. Los hechos demuestran que el racismo no solo ataca en espacios del sector cuentapropista (privado), sino también en todos los espacios públicos.

Por su parte, la saeta de las semejanzas entre ambos casos apunta a la discriminación por razones de género. ¿Los hechos habrían tenido el mismo desenlace si Gela o Yanay hubieran sido hombres?

La jurista Deyni Terry Abreu considera que el racismo, la cultura patriarcal y la forma en que estos hombres están tratando a las mujeres en la sociedad cubana y, en particular en el transporte público, resultan preocupantes.

Si el caso de Gela llega a los tribunales, Deyni cree que sería tipificado como injuria. “Ahora, si el chofer no le hubiera brindado el servicio y la hubiera mandado a bajar de la guagua, ahí sí se tipificaría como discriminación”, determina la jurista.

Según el artículo 320 del Código Penal cubano, una persona que ofenda a otra “en su honor, incurre en sanción de libertad de tres meses a un año o multa de 100 a 300 cuotas”.

Mientras Gelaisy Cantero de los Santos espera que la PNR y la Fiscalía Provincial de La Habana se pronuncien sobre su caso, la pregunta pende encima de todos: ¿Será la última vez que injurien o discriminen a una mujer negra en Cuba? El racismo salió disparado contra Gela en diciembre de 2018, pero de algún modo los hechos ya habían sucedido, una vez, otra vez, desde que el miedo al negro llegó a Cuba.

Tomado de:

Tremenda-Nota-TN-2018

Declaración de activistas, intelectuales y proyectos antirracistas en solidaridad con las personas LGBTIQ* y en respaldo al artículo 68

En el actual escenario de debate sobre el Anteproyecto de Constitución de la República de Cuba, hemos estado asistiendo al resurgimiento de discursos fundamentalistas que -proveniente de sectores conservadores de las iglesias evangélicas y de un segmento de la iglesia católica en Cuba-, tienen como centro de sus ataques a las identidades de género y sexuales no heteronormativas, gender fluid o gender non-conforming, así como a la homosexualidad, la lesbiandad y al activismo trans, queer y feminista.

En este sentido, han sido compartidas declaraciones con marcado tono apocalíptico, haciendo uso de argumentos pseudocientíficos, las cuales promueven intencionalmente el miedo y la desinformación. Dichas posiciones fundamentalistas han sido difundidas en las redes sociales y en el espacio público, especialmente en los cultos y ceremonias religiosas de determinadas congregaciones.

Nos oponemos al empleo de estrategias que, en lugar de promover el intercambio de argumentos, utilizan ideas desactualizadas, acuñan terminologías -como “ideología de género”- , para confundir y fomentar el discurso del odio.

Entendemos que la libre elección del matrimonio entre seres humanos, sin distinción de identidad sexual, identidad de género, género y orientación sexual, y guiados sus miembros por el amor, el compromiso y el respeto, es parte ineludible de los derechos humanos.

Reconocemos además las consecuencias del racismo y conocemos el dolor y el sufrimiento que la discriminación racial provoca en la vida de las personas y en las comunidades. En este sentido, hemos recibido, a lo largo de nuestras vidas -privadas, profesionales, nuestro activismo, etc.-, apoyo solidario de muchas personas, el cual nos ha ayudado a resistir y continuar generando conjuntamente pensamientos, actitudes, acciones y proyectos antirracistas.

Es por ello que:

1.- Respaldamos el artículo 68 porque, además de sus connotaciones jurídicas, constituye el reconocimiento a la diversidad de los seres humanos, la inclusión y la lucha contra la discriminación.

2.- Condenamos las acciones públicas de las iglesias evangélicas porque conducen a la estigmatización, a la subordinación, a la exclusión y a la negación de un derecho humano básico, que el artículo 68 intenta restituir.

3.- Alertamos que la no aprobación del artículo 68 entraría en contradicción con el artículo 40 del nuevo proyecto de Carta Magna de la República de Cuba, el cual reconoce la igualdad de las ciudadanas cubanas y de los ciudadanos cubanos ante la ley.

4.- Nos solidarizamos, respaldamos y participamos activamente de las acciones que en la esfera pública están realizando diferentes grupos y proyectos, como el “68Va”, “Por el Matrimonio Igualitario en Cuba”, “Cuba Posible”, “Construyendo una agenda de la diversidad sexual en Cuba”, “Abriendo Brechas de Colores”, Iglesia de la Comunidad Metropolitana en Cuba (ICM), OAR, Centro de Reflexión y Diálogo de Cárdenas, las Redes Sociales Comunitarias del Cenesex, Acepto, El Mejunje y otras instituciones, medios de prensa e iniciativas.

Por último, hacemos un llamado a:

Crear más diálogos y buscar puntos de encuentros.

Apoyar la protección e igualdad ante la ley de las ciudadanas cubanas y de los ciudadanos cubanos.

Multiplicar la solidaridad y desechar la discriminación.


Noviembre, 2018


Si deseas adicionar tu nombre, puedes enviarlo a negronacubaine@gmail.com o a abreuarcia@gmail.com. También puedes adicionarlo en los comentarios.

Gracias por tu apoyo


FIRMANTES

Alberto Abreu
Sandra Abd´Allah-Álvarez Ramírez, negracubanateniaqueser.com
Daysi Rubiera
Grupo Afrocubanas
Víctor Fowler
Roberto Ramos Morí
Lisandra Carbó
Cuba Es Afro
Dulce Reyes
Directorio de Afrocubanas
Odette Casamayor
Robson Pacheco Coccaro
Alexander Maren
Agustín Lao Montes
Luis Alberto García
Deymi D’Atri
Ernesto Wong García
Ricardo Sarmiento Ramírez
Brisbany Recio Pérez
Caridad Adriana Zayas Velázquez
Maura Fernandez Salas
Nelson Simón
Helen Hernandez Hormilla
Reinier Pérez
Siro Cuartel
Ariadna Ruiz Almanza
Jeidy Perez
Manuel Lescay Cespedes
Juan Carlos Reyes Plaza
Jordano Casanova Maren
Arian Jesús Alfaro Girň
Daniel Marzabal Mas
Cesar Mazorra Bello
Kenys Linsay Reyes
Shirley Hechavarria Lescay Mujer Trans
Ercilia Tave Ruiz
Luis Angel Reyez Vaillant
Yoan Avila Guerrero
Yunier Rodriguez Diaz
Gerardo(Alondra)Chiong Tousoujague Mujer Trans
Andy Lozano Gomez
Cristian Alejandro Revilla
Belis Miriel del Valle Mujer Trans
Ariel Ortega Gonzalez
Diana Carmenate Castellanos
Ernesto Pérez Zambrano
Arturo Arango
Jesús Yunier Sánchez Marrero
Yasmín S. Portales Machado
Roberto Carlos Fournier Kindelán
Liliana Ariosa
Martín Moya
Maria Nela Lebeque Hay
Danae Diéguez
Jovann Silva
Damián Saínz
Magalis Felipe
Adonis Sánchez Cervera
Tito Mitjans Alayón
Ernesto Carrodeguas de Arce
Olenka Bordo Benavides
Leidys Avila
Ariel Reyes
Gustavo Ramos Ortiz
Nora Isabel Etcheperestou
Ariel Avilés Marrín
Marilyn Solaya
Roluis Camargo Lugo
Aniley Herrera Alfonso
Jorge Luis Pérez Labrada
Rogelio José Collado Sosa
Lisa Soto
Juan Antonio Ortiz Maestre
Jim Alex González Consuegra
Yadianys Suárez Ramírez
Jorge González
Yalina Gómez
Anabel Hernández Lara
Manuel Antonio Zayas Lara
María Carla Rodríguez
Gretchin Brito
Gleicys Moreno Rodríguez
Annarella Grimal
José Raúl Gallego Ramos
Claudia Otazua Polo
Julio V Ruiz
Andy Rumbaut Finalé
Yoandry Viera
Susana Ortega Iglesias
Rosa Muñoz Kiel
Alba Rosa Rodriguez
Liliana Alonso Rodríguez
Leinier González
Karo Moret Miranda
Pedro Manuel González Reinoso & Roxana Petrovna Krashnoi y Vladivostova
David Bacallao Cuello
Yohan González Espinosa
Lester Hamlet Veira Rodríguez
Daniella Fernandez Realin
Ailynn Torres Santana
Angel Souto
Tomas Lay Herrera
Norge Espinosa Mendoza
Yanelys Abreu
Niuska Miniet Díaz
Anamary Maqueira Linares
Tamara Segura Gonzalez
Emanuel David Clazado Mercantete
Karla Moreno
Journey Cabrera Díaz
Liudmila Morales Alfonso
Osmel Martinez Sierra
Orosmani Gonzalez Romero
Lino Martinez
Julio César Guanche
Raúl Soublett López
Alianza Afro-Cubana
Juana Mora Cedeño
Yesenia Fernandez Selier
Enrique Guzman Karell
Odaymar Pasa Kruda
Ariamnes Matos Lorenzo
Rita Martin
Yarman Elaine Jimenez
Niurka Pérez Rojas
Aries Morales
Ada Azor
Maikel Colón Pichardo
Graciela Natansohn
Elena R Freyre
Yomani Hernández Alcántara
Marta del Fueyo
Mónica Rodríguez Preciado
Angel Alberto Padrón Hernández
Yasmin González
Abelardo G Mena Chicuri
Maria Rachid
Federación Argentina LGBT
Mesa Nacional por la Igualdad en Argentina
La Fulana, Argentina
Gisela Arandia
Acepto claro!
AceptoCuba, campaña a favor del matrimonio igualitario.
Gisela Arandia
Amalia Pérez Martín
Lorenzo Cañizares
Pedro Juan Abreu
Yuliesky Amador Echevarria
José Ernesto Mariño Torrez
Félix Armenteros
Claudia Otazua Polo
Liudmila Morales Alfonso
Enrique Guzman Karell
Adiel Gonzàlez Maimó
Delvys Ángel Consuegra Rojas
Diurys Matheu Delgado
Natasha Vázquez
Isel Calzadilla
Las Isabelas (Grupo de activismo de Santiago de Cuba)
Deyni Terry Abreu
Yadiel Cepero
Carlos Lechuga
Milena Recio
Mónica Rivero
Ulises Padrón Suárez
Reinaldo Martínez Hernández
Alexis Esquivel
Jose M Mantilla
Carlos Alzugaray
Claudia Viñalet Hernandez
Tamara Pero
Yarbredy Vázquez López
Ernesto Estevez Rams
Camila Sotomayor
Iremy Padrón
Yelanys Hernández Fusté
Jorge Gómez de Mello
Claudia Hasanbegovic
Paquita Armas Fonseca
Michel G. Nuñez
Virgen Gutiérrez
Laura de la Uz
Germán Piniella Sardiñas
Mariana Martínez González
Enrique Colina Alvarez
Abelardo Mena
Hamlet Fernández Díaz
Ileana Alvarez
Lázara Menéndez Vázquez
Miguel Alejandro Hayes
José Gabriel Barrenechea Chávez
Francisco P. Blanco Hernández
Maria Isabel Moinelo Hernández
Esmeralda Guerra Collantes
Dachelys Valdés Moreno
Guamara Vidal
Helmo Hernandez
Wilfredo Benitez
Richard Abella
Ailed Duarte
Yohan Aguiar
Pepe Menéndez
Pablo Marcelo Aimi
Yaíma Pardo La Red
Damián Calderón
Vidal Aguirre
Rita Aguila
Juan Carlos Cremata Malberti
Maikel Valdés
Pedro Juan Abreu
Mariana Martínez González
Kaloian Santos Cabrera
María del Carmen Barcia
Sara Más
Thais Gaes
Sandra Cordero
Antonio D Estefano
Pedro de Jesús
Ivette Sóñora Soto
Gerardo Fulleda León
Olivix Kruda Prendes
Francisnet Díaz Rondón
Ida Garberi
Yanelys Nuñez Leyva
Paula Haydee Guillaron Carrillo
Jarvis Ochoa
Thais Puentes de Armas
Alina Herrera Fuentes
Thalía Díaz Vieta
Dania Beatriz Jiménez Suárez
Dailyn Llerena Llerena
Victor Barrios Crespo
Jimmy Roque Martínez
Zaida Capote
Paula Morales
Gabriel Cascante
Vivi Zurita
Leslie Salgado
Sandra Chagas
Yilian Marie
Bolivia Tamara Cruz Martínez
María Romero Aragón
Daylet Acevedo Pérez
Noel Garcia Guimeras
Amanda Comgar
Mayté Madruga Hernández
Ramón Torres
Lily Suárez Rodés
Ana Villavicencio
Diana Chericián González
Manuel de Jesús Riquenes Núñez
Gustavo Arcos
Rebeca Vieiro Murzuli
Rigoberto Jiménez Hernández
Yilian Montesino Carmona
Alejandro Zamora Montes
Nancy Cepero
Raúl Moarquech Ferrera-Balanquet
Gerardo Contino
Leo Canosa
Maikel Santos
Natalie Aguilera Sánchez
Carolina de la Torre Molina
Alejandra Egido
Grettel Reinoso Valdés
Yanier Madroñal Alfonso
Luz de Cuba
María Antonia Borroto
Wendy Iriepa Diaz
Ignacio Estrada Ceperin
Yailín Zaragoza Caudales
Jean Paul Saumon, desde Colombia
Gloria Careaga, desde México
Liber Diaz Basaco
Regino Naranjo
David Tenorio
Diarenis Calderon Tartabull
Edward Yriarte
Laritza Perez Rodriguez
Franklyn Varela Delgado
Osiris Pimentel Cobas
Mirardo Martín García
Floppi Lunt, Argentina
Camila Cabrera Rodríguez
Rebeca Gonzalez Lopez
Rosa Marquetti
Irene Esther Ruiz Narvaez
Midielkys García Valdés
Jorge García-Bango
Geraldine Orta
Reynaldo González (Escrito, Premio Nacional de Literatura)
Alberto Curbelo (Teatro Cimarrón)
Amado Jova
Lisney Romero Cespedes
Yuliegni González López
Orlando Cruz Torres
Gustavo Pérez Silverio
Aday Martinez Jimenez
Michael Petrelis, San Francisco CA USA
Mariana Gil Jiménez
Felix Enrique Valle García
Sahily Borrero, 
Festival “NATUR-ARTE”
Nosotrxs, proyecto afrofeminista queer.
Sayne Martinez Calderón
Caridad Massón Sena, miembro de la UNEAC de ARTEMISA
Rita María García
Lazaro Peláez Escalante
Jorge Ángel Pérez
Claudia Otazua Polo
Lourdes Elena García Bereau
Reymel Delgado Rodriguez
Nubia Cherician González
Alfredo García González
Marla Guinto López
Yorgenis Duanis Pombert
Mario Ríos
Sofía Machín Rodríguez
Leinier Salazar Varona
Oscar Enrique Mendia Veliz
Beatriz Perez Vera
Teresita Lazo Zurita
José Luis Aguilar
Marion Leiva
Niurka Díaz Santos
Lupe Pérez
Alienys Alfonso Ramírez
Yomani Hernandez Alcantara
Marleen Rojas
Mayrel Suárez Ulloa
Ingrid Glenda Espada Pis
Dayami Ramírez Fee
Yosbel Sarduy
Alejandro Legrá de la Fuente
Yenice Vázquez
Elizabeth Hernández
Kirenia Criado Pérez
Gretty Rivera Reoyo
Rachel Guerra
Daniela Ubieta Fernández
Annery Rivera Velasco
Orestes Gonzalez Rodriguez
Brisbany Recio Perez
Aniucha Gonzalez Roman
Jimmy Aguilera Guetton
Javier Perdomo
Orlando Ubieta Gómez
Fernando Guerra Fábregas
Jorge Luis Gonzalez Hernandez
She del Rosario
Enier Alarcón Barbán
Jomo Kenyata More Chang
Letty Carmona
Laura Liz Gil Echenique
Anabel Fernández Blanco
Yadira Hernández Del Amo
Wendy Paz
Leymit Sanabria
Haziel Scull
Rogelio Manuel Diaz Moreno
Mirelys Aguila
Carlos Raul Perez Diaz
Daynet Castañeda Rodríguez
Orestes Gonzalez Rodríguez
Alessandra Santiesteban
Manuel de Jesús Riquenes Núñez
Xenia Reloba de la Cruz
Alejandro Palmarola
Claudia Otazua Polo
Daniela Moisés Gutiérrez
Wilfredo Arias
Jorge Luis
Lázaro Javier Chirino Díaz
Gretther Yedra Rodriguez
Marta María Ramírez
Maielis González
Claudia Mena Fernández
Paula Guillaron
Ana Ruiz
Yennys Hernández Molina
Adriana Ortega Normand
Eduardo Sánchez González
Alejandra Pino Diaz
Ener Santana
Maite Silveira Fonseca
Ricardo Cardona Garcia
Alexis D. Rodríguez
Raul Regueiro Segura
Gaby Carmona Pacheco
Luis Rondón Paz
Diana Rosa Suárez Camallea
Pavel Giroud
Claudia González Marrero
Pedro Enrique Moya
Alfredo Blanco Gómez
Reynaldo Tejadilla González
Israel Figueroa García
Orestes Gonzalez Rodríguez
Ahmed Correa Alvarez
Michel Fernández Pérez
Jennifer García Capote
Ernesto Pérez Infante
Daniela Moisés Gutiérrez
Grettel Morales Quevedo
Angel Mario Lezcano Santos
Isabel Pacheco
Violeta Cardoso
Alberto Junior Hernández Morales
Manolo Garriga
Lázaro M Benitez Díaz
klaudia insua collejo
Frank Garces Terrero
Liset Arce Basnuevo
Aaren Figueredo
Daniel Medina Morales
Ricardo Sarmiento Ramírez
María Gabriela Sánchez Álvarez
Claudia Otazua Polo
Mandy García Torres
Ana María González
Lianed Marcoleta Pifferrer
Alicia Arteaga Ramírez
Gabriel Estrada Reyes

 Foto de portada: Darsi Fernández

La pena de muerte y la Constitución cubana

Por Rodolfo Alpízar Castillo

En mi criterio, una constitución  martiana, humanista y moderna, debería prohibir la pena de muerte en cualquier caso. Lo cierto es que muchos ciudadanos consideran que ella debe existir, pero ser aplicable en casos excepcionales. Que se prohíba sería lo correcto y a ello deberíamos encaminarnos; que se permita, pero con múltiples restricciones que casi la anulen, pudiera ser un paso en esa dirección. Sea lo uno, sea lo otro, lo inadmisible es que la constitución sea omisa en relación con un asunto que atañe al primero de todos los derechos humanos.

Es asombroso que el tema no haya estado contenido en la Constitución de 1976. Asombra má todavía que no aparezca en el anteproyecto de nueva constitución. Es una situación absurda que en un Estado moderno, de proclamada vocación martiana, democrática y humanista, la constitución no mencione la pena de muerte, sea para prohibirla, sea para establecer su excepcionalidad y los condicionamientos para ejecutarla.

Cuando Cuba nació como república para el mundo, el 20 de mayo de 1902, en su Constitución se hacía alusión a la pena de muerte, y se prohibía expresamente aplicarla por delitos políticos. La de 1940, ejemplar para su época, como sabemos, en su artículo 25 declaraba:

No podrá imponerse la pena de muerte. Se exceptúan los miembros de las Fuerzas Armadas por delitos de carácter militar y las personas culpables de traición o de espionaje en favor del enemigo en tiempo de guerra con nación extranjera.

A pocos días de su golpe de Estado, el 4 de abril de 1952, Fulgencio Batista imponía los Estatutos Constitucionales, donde se abolía la vigencia de la constitución de 1940 y se instauraba la pena de muerte para los hechos de gansterismo y pistolerismo.

Es decir, la pena de muerte se instauró en la Cuba republicana en 1952, como consecuencia del golpe de Estado en que se erigió Fulgencio Batista como dueño de los destinos de la república. El concepto englobado en la expresión “gansterismo y pistolerismo” era amplio, permitía su interpretación según conveniencias.

La Ley Fundamental de 1959, aunque repetía la prohibición de la pena de muerte de 1940, agregaba una larga lista de excepciones; esto es: de casos en que se podía aplicar:

Artículo 25. No podrá imponerse la pena de muerte. Se exceptúan los casos de los miembros de las Fuerzas Armadas, de los cuerpos represivos de la Tiranía, de los grupos auxiliares organizados por esta, de los grupos armados privadamente organizados para defenderla y de los confidentes, por delitos cometidos en pro de la instauración o defensa de la Tiranía derrocada el 31 de diciembre de 1958. También se exceptúan las personas culpables de traición o de subversión de orden constitucional o de espionaje en favor del enemigo en tiempo de guerra con nación extranjera.

La Constitución de 1976, por su parte, obvió referirse al tema, y en su reforma de 1992 también se pasó por alto. Se creó así un limbo jurídico, pues con la Constitución de 1976 dejaba de tener validez la Ley Fundamental y su mención a la pena de muerte. Con ello se dio lugar a interpretaciones acomodadas a la casuística. Por ejemplo, el Código penal de 1987 interpreta el silencio constitucional de manera afirmativa, y declara válida la pena de muerte, si bien en su artículo 29.1 expresa que “es de carácter excepcional”.

Es decir, a falta de pronunciamiento constitucional, los creadores de la norma se guiaron por sus propias convicciones al respecto.

El proyecto actual de nueva constitución tampoco menciona la pena de muerte. De aprobarse el texto tal como está, la pena de muerte en Cuba no estaría ni permitida ni prohibida. Se mantendría el limbo jurídico. Los legisladores seguirían libres de interpretar el silencio a su manera.

Una constitución que proclama en su capítulo 1 el humanismo y repetidamente recuerda la prédica de Martí no puede obviar una pena que atañe al principal de los derechos humanos, el de la vida, y dejarla a la interpretación que le quieran dar tres personas, falibles por definición (en un tribunal de cinco miembros, basta el voto de tres para que una decisión se tome).

La pena de muerte en ningún caso debería ser aplicada, ni en Cuba ni en ningún lugar del mundo. Quien piense que ella es una especie de “cura en salud”, o vacuna contra delitos horrendos, pasa por alto que, hasta el día de hoy, la existencia de la pena de muerte no ha hecho disminuir los crímenes de sangre en los países que la aplican. Y, por el contrario,  no pocos lugares que la aplican se cuentan entre los de mayor criminalidad.

La pena de muerte es la única que no es reversible. Si un minuto después de aplicada se descubre que hubo un error, es imposible devolverle la vida al inocente “ajusticiado”.

Si por mayoría de la Asamblea Nacional se decide que la Constitución no prohíba la pena de muerte, Cuba perdería una buena oportunidad de andar a la par de la modernidad. Si eso acontece, al menos, se debería garantizar que la excepcionalidad sea total. Por ejemplo, en virtud de la irreversibilidad que caracteriza a esa pena, se debe prohibir expresamente que se pase por alto alguna de las formalidades establecidas para su imposición. No se puede justificar saltar etapas en el proceso so pretexto de “dar escarmiento”, de “sentar un precedente”, o simplemente, “en virtud la gravedad de los hechos”. Es decir, no se puede permitir la aplicación de la pena de muerte como resultado de  juicio sumario o sumarísimo.

Por otra parte, en jurisprudencia está bien establecido que al delito cometido en grado de tentativa no se le aplica nunca la pena máxima establecida en el código penal; sin embargo, la historia está llena de condenas a pena capital en que el crimen no llegó a realizarse y, por tanto, no era punible con la sanción máxima, la muerte.

Por lo tanto, si ha de permanecer en Cuba la pena de muerte, que al menos se haga con el máximo de formalidad, sin prisas y, sobre todo, que nunca se aplique si el delito no llegó a ser consumado.

Foto: Irene Pérez. Tomada de Cubadebate.

El Movimiento Afrocubano: Activismo e Investigación, logros y desafíos

Por primera vez desde su surgimiento en la década de los noventa, los activistas del movimiento afrocubano se reúnen para hacer un balance de la evolución del movimiento antirracista cubano, sus logros, limitaciones y desafíos de cara al futuro.

Nuestra concepción sobre el movimiento afrocubano es amplia e incluye activistas que desarrollan su trabajo en diversas esferas, incluyendo iniciativas comunitarias, proyectos culturales, redes de colaboración con la participación de intelectuales y académicos, así como representantes de organizaciones oficiales. La reunión acoge, además, a un grupo de empresarios afrocubanos que han logrado promover empresas en el sector privado emergente.

El evento tendrá lugar del 14 al 15 de abril en el Afro-Latin American Research Institute, Harvard University.

PROGRAMA

Viernes, 14 de abril

9:00-9:30am
Inauguración. Profesor Henry Louis Gates y profesor Alejandro De la Fuente

9:30-11:00am PANEL 1
El movimiento afrocubano: historia, evolución, logros

Tomas Fernández Robaina, Articulación Regional Afrodescendiente (ARAC)
Norberto Mesa, Cofradía de la Negritud
Daysi RubieraGrupo Afrocubanas
Gisela Arandia, Color Cubano y Articulación Regional Afrodescendiente (ARAC)

Modera: Odette Cisneros Casamayor, University of Connecticut
11:00- 12:30 pm
PANEL 2
El movimiento afrocubano: Iniciativas recientes
Deyni Terry Abreu, Alianza Unidad Racial
Maritza López McBean, Red Barrial Afrodescendiente
Gisela MoralesARAC
Raúl Domínguez Valdés (“Kimbo”), Proyecto Identidad y Barrio La Marina, Matanzas

Modera: Rosa Campoalegre, Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas
12:30-3:15 pm
Visita al Hip Hop Archive & Cooper Gallery (Exposición Diago: Los pasados de este presente afrocubano)
3:30-5:30 pm
PANEL 3
Activismo y producción cultural: El movimiento Hip-Hop

Soandres del Rio, Hermanos de Causa
Magia López y Alexey Rodríguez, Dúo Obsesión
Roberto Zurbano, Exdirector, Revista Movimiento
Alejandro Zamora, Biblioteca Nacional, Historiador del Hip Hop
Gloria Rolando, Imágenes del Caribe
Mirna Dickson, Proyecto mirArte diaDía

Modera: Sandra Abd´Allah Álvarez-Ramírez

 

 

Sábado, 15 de abril

 

9:30-11:00am
PANEL 4
Producción de información: diseminación, redes y plataformas virtuales
Negra cubana tenía que ser : Sandra Abd´Allah Álvarez-Ramírez
AfrocubawebAndy Petit
Desde la CeibaTato Quiñones
AfromodernidadesAlberto Abreu

Modera: Gisela Arandia, Color Cubano y Articulación Regional Afrodescendiente (ARAC)

11:00-12:30pm
PANEL 5
Desde la academia: agendas, estado actual de la investigación y retos:

Rosa Campoalegre, Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas
Katrin Hansing, CUNY
Maya Berry, Yale University
Odette Casamayor, University of Connecticut

Modera: Daysi Rubiera, Grupo Afrocubanas
1:30-3:00 
Desde la economía emergente: empresarios afrodescendientes:

Carlos Cristóbal Márquez Valdés, Paladar San Cristobal
Alberto Gonzalez Ceballos, Panadería Salchipizza
Maria de los Angeles Ferrer Alvarez, Modista
Mady Letamendi Zulueta, Zulu-Bolsos de Piel
Alberto Jones, Caribbean American Children’s Foundation, ex-propietario, Ortho Medical Waste Inc. Fl.

Modera: Magia LópezDúo Obsesión

3:00-5:00 pm
Hacia el futuro: una agenda consensuada

Discusión abierta: participación colectiva

Moderan: Alejandro de la FuenteRoberto Zurbano y Katrin Hansing
6:00-7:45pm
Concierto: Tradiciones Culturales Afrocubanas: Concierto Lukumí Bata

Maestros Roman DiazSandy Perez, Mauricio Herrera (tambores bàtá); Michele Rosewoman (piano);
Vanessa Lindberg (voz); Yunior Terry (bajo); Yosvany Terry, Director de la Banda de Jazz de Harvard.

Coauspician: Cuba Studies Program, David Rockefeller Center for Latin American
Studies; Center for African Studies; Observatorio Cervantes; Instituto Cervantes.
Coorganizado por Ivor Miller, Visiting Fellow, Afro-Latin American Research Institute.

Tomado de Afrocubaweb.com

Foto de portada: Abelo

La diversidad sexual no vale de mucho si…

A Medusczka la conocí mientras debatíamos acerca del matrimonio igualitario. Ella es una persona trans no binaria y, si creo haberle entendido bien, las razones por las cuales se declara abiertamente en contra de esta forma de unión, como de cualquier otra entre dos personas, es por la legitimación del patriarcado que implica y también por la loa que se le hace al capitalismo neoliberal, orden social para el cual el matrimonio como institución le viene al dedillo.

¿Matrimonio iguali… qué?

Como decía recientemente en su muro: “Matrimonio igualitario o de cómo asegurar la continuidad de la heterosexualidad como ideología”. Y me quedé pensando.

En aquel entonces yo intentaba expresar que el matrimonio igualitario, o la unión civil entre personas del mismo sexo, también podría implicar la subversión desde adentro de esa institución. Tal sería el caso de personas que, huyendo de la homofobia de Estado en sus países de origen –como en Rusia o países islámicos–, no logran obtener asilo en otros y el matrimonio sería una vía para legalizar su situación migratoria.

Recuerdo, además, que le puse como ejemplo un caso del que tuve conocimiento en Cuba, donde una niña tuvo que irse a vivir con la abuela, quien rechazó siempre el lesbianismo de su madre; pero esta murió en un accidente. La otra madre no pudo acceder a cuidar de la pequeña, pues en Cuba no hay ley que reconozca su maternidad compartida.

Lo LGTB también es patriarcal y heteronormativo

Entonces llevo unos meses siguiendo este perfil, que ha sido una especie de jolgorio para mi intelecto, aun cuando –como en el caso anterior– no coincidimos totalmente. Básicamente Meduzczka lanza preocupaciones como dardos en su muro facebuquiano. Otro ejemplo:

¿Cómo que nueva heterosexualidad, si estamos hablando de personas que se vinculan amorosa-eróticamente con otras identidades sexuales, genéricas y orientaciones diferentes de la heterosexual?

Mi reflexión sobre el asunto no ha recorrido un camino lineal, sino más bien ha tenido sus saltos, retrocesos y vacíos. En un momento me opuse, digamos que no con insistencia, a la inclusión de otra H (de heterosexual) en las siglas LGTBI que alguien propuso en el contexto de las jornadas cubanas contra la homofobia. También creo que en otro momento pasé de largo de esa discusión que ahora considero medular.

Para mí está claro que la hterosexualidad en sí misma es la manera legitimada por el patriarcado de vinculación sexo-erótica; e incluirla acríticamente en el espectro de “otras sexualidades” supone ser cómplice de la opresión, como la persona esclavizada que, cuando la liberan, se pone el apellido de los amos (salvando las distancias).

En este sentido, tendríamos que denunciar que la heteronormatividad se reproduce aún dentro la homo-bisexualidad -el matrimonio igualitario es el mejor ejemplo-, y que lo LGTBI replica lógicas esencialmente patriarcales y coloniales, y la familia biparental es una de ellas, no importa el género de los adultos que la integran; como también lo es la supuesta binariedad de lo transgénero o transexual.

La diversidad sexual no vale de mucho si…

Hasta hace poco yo usaba el concepto de “diversidad sexual” de manera frecuente y acríticamente, y en ocasiones múltiple, como sinónimo de LGTBI.

También lo usaba por comodidad porque es un término se recogía, supuestamente, todo un espectro de identidades sexuales, de género y orientaciones sexuales. Una especie de saco, diríamos en cubano. Ahora me percato de que es un concepto tan amplio como vago e impreciso y, lo más peligroso, configurado desde la lógica patriarcal en la cual unas personas son minoría y el resto, la apabullante mayoría heterosexual, mutila y prescribe lo que debe ser y lo que no.

Y otra vez Medusczka ha puesto el dedo sobre la llaga cuando acota:

A mí no me interesan realmente los movimientos de la llamada “diversidad sexual”, me interesa el trans-feminismo como una propuesta política que va tras un cambio más profundo. Y no, no son la misma cosa. No tenemos los mismos fines.
Tal vez, en algún momento, podemos acompañarnos en la denuncia de alguna de las muchas violencias del régimen heterosexual, ese que la llamada “diversidad sexual” no reconoce, ni alcanza a ver, porque considera la heterosexualidad como parte de la “diversidad” y la vuelve en su eje normativo y aspiracional. No la cuestiona como un sistema ideológico que genera opresiones que se intersectan. Ahí la diferencia.

En mis propias palabras, de qué nos sirve la “diversidad sexual” si vamos a reproducir la heteronormatividad y, además, igualar las diferentes opresiones, como si ser una mujer negra trans y lesbiana no tuviera más “costos” para la persona en cuestión que ser una mujer cis lesbiana.

Por otra parte, en Cuba tenemos una tendencia hacia lo ecuménico, razón por la cual creo que “diversidad sexual” ha prendido en el vocabulario, en especial de activistas. De hecho, aún cuesta mucho hablar en otros términos que no sean “mujer” y “hombre”, cuanto más se habla en plural y se piensa que así se soluciona el problema.

Por si fuera poco, en la isla no se digiere con facilidad una iniciativa que proponga separar peras de manzanas. Vale la pena recordar que el Censo 2012 abortó la posibilidad de contabilizar los hogares homoparentales, perdiendo la oportunidad de acceder a información muy valiosa y de inscribirse como uno de los levantamientos más inclusivos de la historia.

Por allá tampoco tenemos mucha aceptación de safe space donde se privilegie la participación de las personas que se han encontrado históricamente en una situación de exclusión. Yo, como mujer lesbiana, quizás necesite contextos en los cuales solo estén presentes personas con mi misma orientación sexual e identidad género.

La “diversidad sexual”, entonces, no sirve de mucho si no decidimos ser radicales y analizar el asunto hasta las máximas consecuencias. Yo al menos no quiero ya un pedazo del pastel que es el patriarcado, sino que quiero otra torta, con otros ingredientes. Y tampoco quiero que me la den, quiero participar del proceso de elaboración.

Publicado en Semlac

II Coloquio-Taller “La nación que estamos imaginando: Nuevas geografías de la racialidad negra en Cuba

Todos somos responsables de la nación, su presente y futuro, de construir un país para el bien de todos, con énfasis en la máxima maceísta de “Nada pedir como negros, todo como cubanos”. Desde tal concepto cívico, convocamos al II Coloquio-Taller “La nación que estamos imaginando: Nuevas geografías de la racialidad negra en Cuba”, a celebrarse del 3 al 5 de noviembre, auspiciado por el Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo/ CCDR-Cuba, para  debatir propuestas de grupos y organizaciones en lucha por la igualdad racial, contra viejas y nuevas formas discriminatorias en el siglo XXI que se disfrazan, multiplican y actualizan, a pesar de los esfuerzos y ganancias  de la Revolución.

Llamamos a profundizar sobre el peligro de la discriminación racial para toda nuestra población. El actual contexto genera desigualdades: el racismo, entre otras,  desgarra el tejido social. Por ello, asumimos nuestro derecho ciudadano y la tradición antirracista nacida del cimarronaje y las tropas mambisas, arraigada en el mejor pensamiento republicano y reafirmada en el internacionalismo. Tradición aun subestimada, que hoy recupera su espacio local en tiempos globales. Abrazamos un antirracismo como ejercicio democrático, revolucionario, crítico y autocrítico que construye  nuevos caminos de participación, equidad y justicia social.

Proponemos la construcción de una plataforma común que genere diálogos, alianzas y soluciones a conflictos no siempre vistos como raciales, a pesar del dolor físico y moral que producen en personas y comunidades, así como en los grupos y organizaciones que le acompañan. Unir voces críticas y propositivas dispuestas a encontrar razones y soluciones más allá del discurso,  nos impulsa acompañar el activismo más responsable y reclamar políticas públicas. Convocamos el Coloquio en el Decenio Internacional Afrodescendiente de la ONU, seguros de que el  pensamiento antidiscriminatorio cubano y sus prácticas emancipatorias e inclusivas enriquecerán la nación más allá de sus fronteras.

Comisión Organizadora.

Foto de portada:  Yordanka Almaguer

Negrón de discoteca: ¿nuevas formas de racismo en Cuba?

 El siguiente artículo me parece un acercamiento superinteresante al tema de la presencia de personas negras en los negocios privados. Reconozco además como certera la intención del autor de abordar el asunto desde todas las aristas posibles, como también sirve como anticipación a las nuevas manifestaciones de racismo, que se manifestarán en Cuba a raíz de la privatización de ciertos sectores.

“Para que aguanten la puñalá”, resuelve de un tirón uno de los encuestados. Luego ríe. Es un chiste a la mitad. “Fifty en broma, fifty en serio”, equilibra y pide no poner su nombre en el reportaje.

Salpicada de cinismo, la respuesta alude a una eventual carne de cañón, pero evade la causa que investiga la propia pregunta. De cualquier modo, no debería arruinar la pertinencia de una indagación: ¿Se expande un patrón racial en la división del trabajo en la ciudad? Y ese patrón, que se aprovecha de las simbologías raciales, ¿es dominante en la ideología que atraviesa al sector privado?

Algunos activistas lo ven así y lo interpretan como una segregación que se enquista en una economía arrogante. “Al ser negocios privados se reservan el derecho de contratación y, mientras más nivel alcanzan, más se blanquean sus empleados”, estimó hace año y medio Daysi Rubiera, historiadora y fundadora del grupo feminista Afrocubanas, durante una entrevista con la agencia IPS.

De acuerdo con esta investigadora, “las personas de piel oscura quedan para aquellos espacios donde no se atiende al público y en los cuales se paga menos”.

Otro académico, Esteban Morales, valida tal opinión. “A lo mejor, ves en la recepción algunas muchachas negras, pero los negros están en la cocina. No son jefes de departamento, no son directores de hoteles, no son presidentes de corporaciones”, manifiesta en una exclusiva con OnCuba. “Eso tiene que ver con las desigualdades, que han crecido en nuestro país”.

Pese a ello, Morales se muestra cauto. “No diría que hay un problema negro en Cuba”, dice y desdramatiza el conflicto mediante lo que describe como “un racismo light”.

Esteban Morales. Foto: Angel Marqués Dolz
Esteban Morales. Foto: Angel Marqués Dolz

El ensayista cubano, Fernando Martínez Heredia, aplica un zoom más potente para escrutar la situación en el mediano plazo. Entrevistado por la revista digital La Jiribilla, Martínez Heredia entiende que las manifestaciones actuales de racismo “son un territorio del crecimiento de la cristalización de desigualdades sociales, un paso muy necesario para los que aspiran al retorno al capitalismo”.

Hace seis años, una carta llegó al buzón de la Central de Trabajadores de Cuba. Contenía una denuncia. El firmante era el ingeniero Norberto Mesa Carbonell, fundador y presidente de la Cofradía de la Negritud, un proyecto ciudadano independiente y antirracista que fue horneado en la caldera de presión de los años noventa.

En su misiva afirmaba que “durante los dos últimos decenios, las manifestaciones de discriminación racial han tenido clara presencia en el campo laboral”.

Hacia 2010, el gobierno preparaba al sector estatal para restar un millón de puestos de trabajo, alrededor de la cuarta parte de la población económicamente activa. Se trataba de la mayor poda de empleos en todo el período socialista y aunque escalonada, los cofrades temían un masivo desempleo de trabajadores negros y mestizos que obviamente no serían rescatados por el mercado privado, entonces larvario y con los resquemores sociorraciales de rigor.

Para Alejandro de la Fuente, uno de los intelectuales cubanos más acreditados de la diáspora, “el decreciente control estatal sobre la contratación y promoción del personal en el sector privado crea oportunidades adicionales para que las prácticas discriminatorias operen libremente”.

En su libro Una nación para todos, editado por la casa de altos estudios Fernando Ortiz, este profesor titular de historia latinoamericana en la Universidad de Harvard, insiste en que los criterios precondicionantes de selectividad, entre ellos la llamada buena presencia y el nivel cultural, han vetado oportunidades de empleo a los negros en la Isla, sobre todo en sectores codiciados como el turismo. “Como ocurre con frecuencia, la intensidad de los prejuicios raciales se relaciona directamente con cuán deseable es el trabajo”, suscribe de La Fuente.

El asunto parece más complicado y se enreda en los sesgos que trae consigo toda generalización. Algunas de las presuntas víctimas del blanqueo en el mercado laboral niegan que tal cosa ocurra y exhiben un vigoroso sentido de autoafirmación.

Piel negra: ¿un valor agregado?

En una de las esquinas de la Plaza Vieja, donde desemboca la calle Muralla, un animado restaurante cafetería, con decorado vintage y mistificación de los años cincuenta (Fidel, Hemingway, Coca Cola…) se desmarca de la exclusión descrita por académicos y activistas.

Bien. Cabe la posibilidad de que La Vitrola, un botón de muestra de la triunfante economía no estatal, se comporte como una isla en medio de un mar de prejuicios étnicos y culturales. Su empleomanía es multirracial, también equilibrada en género y en edades, aunque prima la juventud de los mozos.

José Angel es uno de ellos. Es negro. A los dieciocho años se estrenó en el puerto, atendiendo cruceros y yates como empleado de Inmigración y Extranjería. Ahora tiene veintinueve, domina el inglés y trabaja turnos de ocho horas en días alternos. “Aquí no exigen requisitos físicos. Ni por el color, ni por ser bonito o feo”, pero advierte, sin citarlos: “Hay lugares en que debes ser blanco”.

En La Vitrola, donde esta semana la reina del pop, Madonna, celebró su cumpleaños, los empleados tienen que exhibir rostros rasurados y pulcros. Ni tan siquiera un bigotillo es permitido, y el uniforme –pantalón negro y camisa blanca cruzada con tirantes rojos y rematada con pajarita de igual color– exhibirá una limpieza de monaguillo. “Tienes que tener una imagen de higiene, prestancia. Es un lugar que siempre está lleno. La mayoría son europeos”, dice José Angel y haciendo gala de sus buenas maneras, termina cortésmente la charla para atender a unas turistas recién llegadas de Canadá.

Desde su discreto puesto de observador, la escena ha sido monitoreada por alguien que dice llamarse Eloy, a secas. Alto, macizo, negro al igual que el mesero, es uno de los hombres de la seguridad de La Vitrola y responde al estereotipo de “negrón de discoteca”, esos que al levantarse dejan combado el sofá y cuyas manazas podrían darle trabajo de sobra a los cirujanos reconstructivos. Con los brazos cruzados, Eloy dialoga con OnCuba sin perder contacto visual con su perímetro de vigilancia.

“Mi función aquí es controlar el área. Que no existan problemas ni asedios a los clientes. No he tenido problemas serios. A las personas las trato con respeto y ellas son recíprocas”. Eloy tiene un pasado de custodio. No entra en tratos, ni en diálogo con los extranjeros. “Lo mío es la seguridad. Cuando piden direcciones, los remito al portero del lugar”, dice, en tono afable, pese a lo tronante de su voz.

¿El hecho de que seas negro, es un elemento a favor…? “No hombre, no. No creo. Eso va en la persona. No va en el tema racial, de si es blanco o negro, cualquiera puede ocupar esta posición”, responde convencido y por si las moscas, reconfirma su parecer: “Cualquier tipo de persona impone respeto y según su forma y su carácter, así lo valorarán y lo respetarán. Eso no va en la raza”.

¿Y este trabajo es todo el tiempo de pie? “Todo el tiempo. No me canso. Tengo 39 años y estoy de pie desde que tenía 18.”

Custodios de todos los colores

Foto: Angel Marqués Dolz
Foto: Angel Marqués Dolz

La guayabera de René Lázaro Gómez Sánchez es blanca y está impoluta. Le concede una dignidad emanante. Fornido y palabrero, tiene cuarenta y siete años y de acuerdo con la escala vernácula de la epidermis, es un “negro claro”. Hace catorce años es guardia de la Sociedad Gallega Rosalía de Castro, ubicada en un hollinado e imponente edificio de la calle Egido, a unas cuadras del Capitolio Nacional.

René ostenta un expediente deportivo. Practicó judo y boxeo. Pese a la conflictividad social de la zona, su trabajo transcurre sin muchos sobresaltos. Debe velar por que los clientes no entren “en short y camiseta, porque hay una escuela de baile de niñas”, o que porten o introduzcan, de contrabando, bebidas alcohólicas.

“Hasta ahora no he tenido que enfrentar actos de violencia”, reconoce y está en desacuerdo en que su condición racial ayude en la proyección del respeto. “Hay custodios de todos los colores. Los hay blanquitos y chiquiticos. Son luchadores, boxeadores, karatecas. Hay quien busca gente que sea grande, superior, corpulenta, para poder meter una llave. Pero eso no determina. Determina la bomba (corazón) de la persona y su inteligencia”.

Y remata: “Se busca otro tipo de dialéctica que traiga poder de convencimiento. No siempre la violencia. La violencia requiere violencia”, dice mostrando unos incisivos encasquillados en oro.

Falsos positivos

¿Puedo hacer algunas preguntas…?

¿Si no vamos a salir por algún canal de televisión subversivo?

A muchos les gusta el ardid retórico de responder con una pregunta. Ganan segundos para ponerse en guardia. Tal es el caso de Ernesto, custodio del restorán El Criollito, un negro atlético con gafas de lágrimas, mentón firme y guayabera planchada. Junto a él, dos custodios más. Frank, un mestizo de ojos claros y desafiantes, y René, un capirro o mulato blanconazo, si aplicamos la alucinante tipificación racial de los cubanos.

A diario los tres enfrentan un catálogo situacional diverso en este negocio de La Habana profunda. Unas veces es divertido, otras peligroso. Lidian, sobre todo, con timadores de turistas. Les hacen creer que El criollito es un restaurante de alta gama, cuando en realidad es un local con un bufet sin muchas pretensiones.

“Vienen personas con diferentes características: el que está en la calle sin trabajar, el que está jineteando, el delincuente, el que es un guía que tiene educación”, enumera Ernesto y afirma que “si pudiera trabajar en una oficina con aire acondicionado y con un lápiz pusiera números y ganara miles”, no estuviera “aquí parado doce horas”.

Igualmente da cuenta de conductas exasperantes. “Aquí vienen colombianos, mexicanos, rusos, que son pesadísimos cuando beben y gritan y hay que persuadirlos sin llegar a la violencia.”

La obligación más ingrata del personal de seguridad es impedir el robo de alimentos por los cocineros u otros empleados, a quienes deben revisar cuando entran y cuando salen. “Estamos aquí para cuidar los intereses de alguien, que paga para eso. Esa es la filosofía de esta vida”, resume René.

Los custodios deben ser altos, fuertes y negros para que sean más respetados. ¿No es así?

A coro, los tres desmienten la hipótesis, presentada con una dosis afirmativa para insuflarle un poco de mérito.

“El respeto no es por el tamaño, ni por el color de la piel, sino por la presencia. Si el custodio tiene mala apariencia, lo respetarán menos”, entiende Frank, el menos parlanchín del trío.

Según René, la psicología aplicada a situaciones de riesgo da buen resultado. “Aquí han venido negros altos, fuertes y feos y al final han tenido que coger su camino y portarse bien, porque uno le explica las cosas”.

“Cuando tu respetas a una persona, aunque te vea chiquitico, la persona te atiende y te escucha”, argumenta Ernesto. “Hay personas que son grandes, fuertes y no inspiran respeto”. Y procura una sentencia para sellar la plática. “En esta profesión lo que no se puede ser es cobarde”.

Casting racial

Pedro es dueño de una cafetería en el oeste de la ciudad y quiere negociar. “No pongas mi nombre y seré todo lo sincero que quieras”, propone a OnCuba, mientras exhala el humo de un Montecristo número cuatro e invita a un café.

Aceptado el trato tiene un par de cosas que decir: “Por su tradición pendenciera, por siglos de desventaja –recuerda la esclavitud– los negros están más aptos para enfrentar hechos de violencia o potenciales amenazas. Son tipos de la calle, toda la vida han tenido que sobrevivir en la calle y son unos malditos, en el mejor sentido de la palabra. ¿Y lo segundo?: “Que los blancos no están pa’ eso. Los blancos no se fajan”.

Propongo a este emprendedor, antiguo becario en Moscú como estudiante de ingeniería, la siguiente dinámica de opción. Dos hombres igualmente de fornidos, resueltos, íntegros y leales, con edades similares y experiencia en artes de defensa personal. Uno es negro, el otro es blanco. ¿Cuál es el favorito para cuidar tu negocio?

Frotando su antebrazo izquierdo con el índice de su mano derecha, Pedro responde sin titubear. “El color decide”.

Foto: Angel Marqués Dolz
La población negra está en mayor desventaja social. Foto: Angel Marqués Dolz

En el censo de 2012, el último de los efectuados, de un total de unos 11,2 millones de habitantes, 9,3 por ciento eran de piel negra y 26,6 por ciento mestiza. El resto era blanca y los menos de todos, asiáticos.

Como la clasificación racial se dejó a la autoevaluación de los encuestados y no estuvo sujeta a criterios científicos, un investigador como Esteban Morales disiente de las estadísticas. Según este doctor en economía, más del 60 por ciento de la población cubana es no blanca.

Más allá de tales referencias, el color de las personas no aparece en ningún otro indicador del censo, lo cual es un disparate a los ojos de muchos investigadores y activistas raciales.

“Si le interesa conocer la tasa de fecundidad de las mujeres negras, cuáles son las profesiones en las que negras y negros están sobrerrepresentados o la cantidad de personas negras en puestos de dirección, sus preguntas nunca serán respondidas por un Censo realizado en la Cuba post-revolucionaria”, se lee en el blog Negra cubana tenía que ser.

“Nuestras estadísticas no pueden ser incoloras”, exige Esteban Morales. “Si tenemos un tres por ciento de desempleo, tenemos que saber qué color tiene ese desempleo. No es lo mismo ser blanco y estar desempleado, que ser negro y estar desempleado”, explica y revela que actualmente, contrario de los años ochenta, la mayoría de la población carcelaria es blanca, “porque son los blancos los que más están en el poder y tienen la posibilidad de corromperse en esas empresas de capital”.

Graduado de Economía Política en la universidad Lomonosov, de Moscú, y profesor por décadas de la Universidad de La Habana, además de fundador del Centro de Estudios sobre Estados Unidos, Morales es autor, entre tantos, del libro Desafíos de la problemática racial en Cuba, Editorial Fernando Ortiz, 2007, una deriva de su tesis para un segundo doctorado, esta vez en Ciencias Económicas.

Su trabajo de tesis enfrentó no pocas reticencias en el aparato académico, pues desde 1962 el pensamiento oficial considera el racismo institucional una práctica desterrada por la Revolución, respondiendo con ojeriza a su debate público. “El prejuicio y la negación de que el problema existe está en todas partes. El problema más grave que tenemos es que hay gente que niega el problema”, advierte el investigador.

Esteban Morales. Foto: Angel Marqués Dolz
Esteban Morales. Foto: Angel Marqués Dolz

Interesado en ilustrar a la burocracia en la necesidad de unas estadísticas con cromatismo racial, el doctor Morales se ocupa de tal asunto en la comisión José Antonio Aponte. Esa iniciativa de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) encara, desde la perspectiva cultural, los conflictos raciales en el país.

Nombrándose Aponte, la Comisión echó mano a la historia para blindarse de legitimidad ante cualquier impugnación. En 1811, setenta y cinco años antes de que se decretara la abolición de la esclavitud en la isla, un negro liberto, carpintero y tallador, José Antonio Aponte, encabezó un conato de insurrección inspirado en la república haitiana.

El movimiento aspiraba a la supresión del sistema esclavista y de la trata de africanos que para entonces había forzado a cerca de un millón de ellos a trabajar como bestias en la colonia cubana. Aponte fracasó. Fue ahorcado en 1812 y su cabeza mostrada en una jaula de hierro en La Habana como escarmiento público. En el imaginario de los blancos quedó por muchos años una frase, ya en desuso, para describir la vileza de alguien. “Es más malo que Aponte”.

Tomado de Oncuba.

Me incluyo: Por espacios laborales sin homofobia y transfobia

Me consta que inscribir en Cuba el 17 de mayo como el Día contra la Homofobia ha sido una tarea titánica. Varias décadas dedicándole la jornada al campesinado cubano supuso resignificar la fecha y lo principal lograr que la gente joven se implicase en esta nueva festividad que llegaba al país en una fecha tan señalada.

Las jornadas contra la homofobia se vienen celebrando en el país desde el año 2007. En cada una de ellas participan activistas, promotores, en la mayoría jóvenes comprometidos con los derechos de las personas LGTBI y con el enfrentamiento al VIH-sida.

A la cabeza de la organización de la presente Jornada está como es habitual el Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX), al cual se une la Central de Trabajadores de Cuba (CTC). Las actividades tendrán lugar del 4 al 23 de mayo.

“Por espacios laborales sin homofobia y transfobia” es el lema escogido para lo ocasión; el que  nos hace recordar que el vigente Código del Trabajo, aprobado en el 2014, no incluye la identidad de género como motivo de discriminación en el ambiente laboral; lo cual  llevó a votar en contra de la mencionada norma jurídica a la diputada Mariela Castro, directora del CENESEX.

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Pareciera una contradicción que la CTC se sume a la celebración pues quizás debió jugar un papel más activo cuando se votó el Código del Trabajo, sin embargo es posible percatarse de que cada año las Jornada contra la Homofobia que se celebran en el país “aterrizan” en las particularidades de la sociedad cubana. En cada emisión se intenta responder a las propias necesidades que se derivan de la promoción de los derechos sexuales y reproductivos a lo largo del país, de las problemáticas legales que se presentan.

Varias han sido las instituciones y organizaciones que, de la mano de personas comprometidas con la temática, han participado a lo largo de estos 8 años. Ese es el caso del intelectual Norge Espinosa, quien ha organizado por varios años un interesante grupo de actividades en la sede nacional de la UNEAC. Dicho espacio ha logrado sacar el debate de ambientes puramente médicos, por llamarles de algún modo, para situarlos en el marco de las artes y la literatura, hecho loable teniendo en cuenta que las manifestaciones artísticas han ido a la vanguardia en el tratamiento del tema.

De manera similar la posibilidad de llevar la Jornada cada año a una provincia del país, en la presente emisión Las Tunas, significa sensibilizar y comprometer a los territorios y decisores regionales en la lucha contra la homofobia y la transfobia.

Hecha por jóvenes para jóvenes, la Jornada Cubana contra la Homofobia llegó para quedarse y ayudar a visibilizar todo lo que queda por hacer en el terreno de los derechos sexuales y reproductivos de las personas LGTBI, lo cual sin dudas impacta positivamente en toda la población.

Descargar rograma VIII Jornada contra la Homofobia

Publicado en El Toque

Imagen de portada: Carlos Abad