Nancy Cepero: Sobre racismo estructural y la gente negra que le hace coro a la opresión

Constituye una reacción común responder a críticas sobre comportamientos y comentarios racistas aludiendo el “racismo inverso”. De esta manera, no se quiere entender la realidad porque no conviene.
El racismo es estructural, vertical y apuñaleante para la gente que va quedando más abajo en la lista: lxs más oscurxs, lxs más oscurxs y mujerxs, lxs más oscurxs y gordxs, lxs más oscurxs y disidentes sexuales, lxs más oscurxs con diferentes capacidades.

Estas personas no tiene el poder estructural, la economía, poder de decisión, ni el interés para ejercer racismo y aplastar a otros grupos sociales. Por eso no existe racismo inverso, es una falacia, una balsa pal desespero; aunque a una persona negra no le guste la gente blanca y lo exprese, no tiene poder para invisibilizar, desacreditar, negar empleo, despedir o limitar el acceso por su aspecto.

Obviamente, tampoco nos interesa apropiarnos de su cultura, ya que nosotrxs y lxs nuestrxs hemos creado cultura con talento y alegría ilimitada a pesar del cepo al sol, la castración del lenguaje, de la religión, a pesar de la privación de libertad, se creó y se crea.

Por otra parte, la sociedad está establecido, estructurado de manera que en todos los contextos, negrxs tengan menos oportunidades y, además, miles de dificultades para acceder a esa mínima oportunidad, no hablo de individuos sino de grupo social.

“Todos somos iguales” es un planteamiento sin fundamento, facilista y racista que pasa por encima de la vivencia de un montón de cuerpas que llegaron al punto de partida con desventajas tangibles, reales. La apropiación cultural es racismo. No hay más vueltas. A estas alturas, con todo mezclado en el mundo, muchas cosas se pasan por alto, muchas menos la desfachatez del no reconocimiento, de la invisibilización y la burla.

Las negras somos humilladas y limitadas profesionalmente por nuestra complexión física, por nuestro color de piel. Luego las blancas y blanco-mestizas se doran al sol con artificios, se ponen culos, labios gruesos y son cool. A nosotras nos hacen problemas en las escuelas por llevar el pelo natural o dread locks, incluso las trenzas son mal vistas y automáticamente te ubican en contextos marginalizados en el imaginario social. Sin embargo, cuando la gente blanca utiliza estos “estilos”, es leída como artistas, transgresores, creativxs, innovadores. Hay que ir a YouTube a ver tutoriales de chicas blancas enseñándole al mundo a ponerse turbantes.

Es necesario que se entienda cómo cada apropiación, sin al menos reconocimiento a la fuente matriz, invisibiliza la vida, los cuerpos y la historia de mucha gente que ya de por sí está bien jodida solo por ser, por existir. Esta negación contribuye al racismo, a fomentarlo, a naturalizarlo, a normalizarlo a tal punto que incluso gente negra reproduce estas conductas, le hacen coro a la opresión y son incapaces de ver la tierra que se echan ellxs encima y a toda la comunidad consigo.

¿Es sexista la imagen publicada por Vistar Magazine?

La semana anterior se prendieron las redes sociales con una foto que compartió la revista cubana Vistar Magazine en su perfil de Instagram y que llegó a mí desde el muro de un amigo de un amigo, como suele suceder en Facebook.

Se trata de una foto, diríamos, común; de esas que pululan en la publicidad, pues explota el cuerpos de las mujeres, los convierte en productos, propone su consumo. Dos mujeres blancas en la playa, pieles bronceadas, de espalda a la cámara, brazo a brazo, con hilos dentales y con el rótulo de Cuba en sus nalgas, una letra en cada glúteo.

Foto publicda por Vistar Magazine en su cuenta de Instagram

Gracias al intelectual cubano Juan Carlos Cuba Marchán, supe que la foto no es originalmente de la mencionada revista, sino que su autor es el fotógrafo ruso Stanislav Simonov, aparentemente radicado en Varadero, quien asegura en su sitio web que radica en Cuba y garantiza que en las fotos de la boda queden plasmadas todas la simbología con la cual se vende a Cuba, entiéndase autos de época, tabaco, mar, arena blanca, etc.

Simonov tiene un negocio de fotos de boda en Cuba (simovistas.ru).

Al mismo tiempo, Cuba Marchán nos alertó de que el comentario que presenta la imagen es racista, lo cual confirmó el antropólogo Dimitri Samsonov: 

… lo que leo es la mierda racista clásica de un turista “creativo” urbano y burguesón consumidor objetualizador de estereotipos.

Personalmente, la foto no me alarma pues he visto ciento de ellas, en diferentes versiones, desde las criollitas de Wilson, hasta la siguiente que me pasó la investigadora y antropóloga Ariana Reguant:

Pantallazo de una imagen compartida por Nostalgia Cubana. Cortesía de Ariana Reguant.

Lo que mucha gente se cuestiona es, en la Cuba del siglo XXI, seguir presentado imágenes que implican la cosificación de la mujer, lo cual además de constituir una falta de creatividad, significa una falta de compromiso con ese mundo mejor que queremos, dónde no quepan las discriminaciones, ni el sexismo, ni la misoginia.

Si buscamos el concepto más sencillo de sexismo, veremos que corresponde exactamente a lo que esas imágenes presentan. Según Lina Gálvez:

el sexismo es la idea de que los hombres son superiores a las mujeres tanto física, como moral como intelectualmente, y que las mujeres están en el mundo para contentar, cuidar y gustar a los hombres”.

Ahora en mis palabras. La imagen es sexista y misógina porque:

  1. Usa cuerpos de mujeres: Alguien se ha preguntado por qué no es usual encontrar hombres en este tipo de imágenes. El Ron Mulata, la mayonesa Doña Delicia, entre otros, forman la larga lista de productos que se basan en la “feminidad”. La razón es que para el patriarcado, el tráfico y la explotación de los cuerpos de las mujeres es una de sus piedras angulares, ya sea en la publicidad, como trabajadoras precarizadas, dentro de la familia como cuidadoras, etc.
  2. Los cuerpos de las mujeres están a disposición y bajo el control de los hombres: Ellos nos cosifican, nos compran, nos venden, nos tocan, nos abusan, nos violan… El propio hecho de que los usen en la publicidad es muestra de ello.
  3. Responde al deseo masculino heterosexual: Una de las fantasías más recurrentes de los hombres heterosexuales es poder tener sexo con varias mujeres a la vez. El fetiche central incluye también sexo entre ellas.
  4. La palabra CUBA en las nalgas de ellas: Sabemos el rol que dentro del imaginario popular se le otorga a las nalgas o culo de las mujeres. Sin duda alguna, no tienen el mismo significado si el rótulo aparece en un hombro que en el trasero. Esto último sugiere inmediatamente erotismo y sexo.
  5. Además Cuba, junto a otros “paraísos tropicales”, como pueden ser Tailandia y República Dominicana, es frecuentemente asociada al turismo sexual. Mucha gente viaja a la isla buscando sexo y además aluden que las cubanas son bien baratas.

El debate ha sido muy interesante; y he reconocido a muchas personas quienes han catalogado la imagen, sin titubear, de sexista. También he leído comentarios que exponen el carácter neocolonialista de la misma, lo cual he agradecido pues me ayudado a enfocar aun más mi mirada.

Seguimos en la lucha, ¡Otro mundo mundo sin misoginia y sexismo es posible!

La pena de muerte y la Constitución cubana

Por Rodolfo Alpízar Castillo

En mi criterio, una constitución  martiana, humanista y moderna, debería prohibir la pena de muerte en cualquier caso. Lo cierto es que muchos ciudadanos consideran que ella debe existir, pero ser aplicable en casos excepcionales. Que se prohíba sería lo correcto y a ello deberíamos encaminarnos; que se permita, pero con múltiples restricciones que casi la anulen, pudiera ser un paso en esa dirección. Sea lo uno, sea lo otro, lo inadmisible es que la constitución sea omisa en relación con un asunto que atañe al primero de todos los derechos humanos.

Es asombroso que el tema no haya estado contenido en la Constitución de 1976. Asombra má todavía que no aparezca en el anteproyecto de nueva constitución. Es una situación absurda que en un Estado moderno, de proclamada vocación martiana, democrática y humanista, la constitución no mencione la pena de muerte, sea para prohibirla, sea para establecer su excepcionalidad y los condicionamientos para ejecutarla.

Cuando Cuba nació como república para el mundo, el 20 de mayo de 1902, en su Constitución se hacía alusión a la pena de muerte, y se prohibía expresamente aplicarla por delitos políticos. La de 1940, ejemplar para su época, como sabemos, en su artículo 25 declaraba:

No podrá imponerse la pena de muerte. Se exceptúan los miembros de las Fuerzas Armadas por delitos de carácter militar y las personas culpables de traición o de espionaje en favor del enemigo en tiempo de guerra con nación extranjera.

A pocos días de su golpe de Estado, el 4 de abril de 1952, Fulgencio Batista imponía los Estatutos Constitucionales, donde se abolía la vigencia de la constitución de 1940 y se instauraba la pena de muerte para los hechos de gansterismo y pistolerismo.

Es decir, la pena de muerte se instauró en la Cuba republicana en 1952, como consecuencia del golpe de Estado en que se erigió Fulgencio Batista como dueño de los destinos de la república. El concepto englobado en la expresión “gansterismo y pistolerismo” era amplio, permitía su interpretación según conveniencias.

La Ley Fundamental de 1959, aunque repetía la prohibición de la pena de muerte de 1940, agregaba una larga lista de excepciones; esto es: de casos en que se podía aplicar:

Artículo 25. No podrá imponerse la pena de muerte. Se exceptúan los casos de los miembros de las Fuerzas Armadas, de los cuerpos represivos de la Tiranía, de los grupos auxiliares organizados por esta, de los grupos armados privadamente organizados para defenderla y de los confidentes, por delitos cometidos en pro de la instauración o defensa de la Tiranía derrocada el 31 de diciembre de 1958. También se exceptúan las personas culpables de traición o de subversión de orden constitucional o de espionaje en favor del enemigo en tiempo de guerra con nación extranjera.

La Constitución de 1976, por su parte, obvió referirse al tema, y en su reforma de 1992 también se pasó por alto. Se creó así un limbo jurídico, pues con la Constitución de 1976 dejaba de tener validez la Ley Fundamental y su mención a la pena de muerte. Con ello se dio lugar a interpretaciones acomodadas a la casuística. Por ejemplo, el Código penal de 1987 interpreta el silencio constitucional de manera afirmativa, y declara válida la pena de muerte, si bien en su artículo 29.1 expresa que “es de carácter excepcional”.

Es decir, a falta de pronunciamiento constitucional, los creadores de la norma se guiaron por sus propias convicciones al respecto.

El proyecto actual de nueva constitución tampoco menciona la pena de muerte. De aprobarse el texto tal como está, la pena de muerte en Cuba no estaría ni permitida ni prohibida. Se mantendría el limbo jurídico. Los legisladores seguirían libres de interpretar el silencio a su manera.

Una constitución que proclama en su capítulo 1 el humanismo y repetidamente recuerda la prédica de Martí no puede obviar una pena que atañe al principal de los derechos humanos, el de la vida, y dejarla a la interpretación que le quieran dar tres personas, falibles por definición (en un tribunal de cinco miembros, basta el voto de tres para que una decisión se tome).

La pena de muerte en ningún caso debería ser aplicada, ni en Cuba ni en ningún lugar del mundo. Quien piense que ella es una especie de “cura en salud”, o vacuna contra delitos horrendos, pasa por alto que, hasta el día de hoy, la existencia de la pena de muerte no ha hecho disminuir los crímenes de sangre en los países que la aplican. Y, por el contrario,  no pocos lugares que la aplican se cuentan entre los de mayor criminalidad.

La pena de muerte es la única que no es reversible. Si un minuto después de aplicada se descubre que hubo un error, es imposible devolverle la vida al inocente “ajusticiado”.

Si por mayoría de la Asamblea Nacional se decide que la Constitución no prohíba la pena de muerte, Cuba perdería una buena oportunidad de andar a la par de la modernidad. Si eso acontece, al menos, se debería garantizar que la excepcionalidad sea total. Por ejemplo, en virtud de la irreversibilidad que caracteriza a esa pena, se debe prohibir expresamente que se pase por alto alguna de las formalidades establecidas para su imposición. No se puede justificar saltar etapas en el proceso so pretexto de “dar escarmiento”, de “sentar un precedente”, o simplemente, “en virtud la gravedad de los hechos”. Es decir, no se puede permitir la aplicación de la pena de muerte como resultado de  juicio sumario o sumarísimo.

Por otra parte, en jurisprudencia está bien establecido que al delito cometido en grado de tentativa no se le aplica nunca la pena máxima establecida en el código penal; sin embargo, la historia está llena de condenas a pena capital en que el crimen no llegó a realizarse y, por tanto, no era punible con la sanción máxima, la muerte.

Por lo tanto, si ha de permanecer en Cuba la pena de muerte, que al menos se haga con el máximo de formalidad, sin prisas y, sobre todo, que nunca se aplique si el delito no llegó a ser consumado.

Foto: Irene Pérez. Tomada de Cubadebate.

Cuando ser negro es un delito

I- Quizás pueda Alex inscribir en los Récord Guinness una marca: la policía cubana ha llegado a pararlo en la calle 5 veces en un mes. De manera que ha pasado repetidamente largas jornadas en estaciones habaneras de policía. Ya conoce todo el procedimiento, paso a paso, lo que va a suceder. Solo el humor que Alex le pone a la vida le ha permitido contar sus “historias policiales”. Su único delito es ser negro.

Yo sé muy bien lo que es un ca-la-la-la-la-bozo
Por de-de-de-dentro, mi amor.
Por pu-pu-pu-pu-pu-pura ca-ca-ca-casualidad
Me confundieron pero
No fui yo, no fui yo.
Y una vez más quien me culpó se equivocó.
Porque no fui yo.

II- Adonis fue a Lawton a visitar a su madrina. Él está haciendo una maestría en México, de manera que cuando regresa a la Isla intenta ver a las personas queridas. Le tomó un poco tarde pues a la madrina no se le hace visitas de médico. Mientras esperaba la guagua que le devolviera a su casa una patrulla de la policía lo paró y le registraron el bolso pequeño que llevaba consigo. Para su sorpresa, el oficial no sabía lo que era un palo de selfie. “Se portó bien feo. Al final no pudo cogerme porque llevaba mis documentos”. Al llegar a su casa hizo la denuncia por maltrato policial. Su único delito: ser negro.

III- Con la impotencia que causa la injusticia, Marta María desde una conexión trasnochada en un hotel de la vieja Habana, nos cuenta en su muro de FB que su amigo, Angelo Del Castillo, estaba detenido en la estación de Cuba y Chacón. Angelo es negro, nos advierte. Por eso lo pararon y le pidieron sus documentos, justo cuando salían de un concierto. Ella y quienes le acompañaban no pudieron hacer mucho: “Angelo terminó en la estación y nosotros afuera como protesta”. Su único delito: ser negro.

La verdad, estoy exagerando
pero es que mi herma’ hasta cuándo
seguiremos siendo las víctimas
del mal procedimiento.
Y hasta de su aburrimiento,
también por supuesto
de nuestro
propio desconocimiento ¿Miento?
Hace poco dejé a uno boquiabierto cuando le dije, lo siento, eso
no está en la Constitución. ¡Pon!

IV- Iba con apuro para Radio Progreso donde tendría una entrevista en vivo a la que nunca pudo llegar. Muy cerca de la emisora, lo abdujo un carro de la policía para luego dejarlo en el puente de la calle 23, a pesar de sus ruegos de que iba a una gestión de trabajo, es músico, y tenía poco tiempo. No importó que llevase consigo la guitarra. Su único delito: ser negro.

V- En unas de sus visitas a La Habana, Armando me confesó que su angustia se dispara cuando visita “la capital de todos los cubanos”, ante la posibilidad de que le pidan el carnet y le maltraten. Él ejerce una especie de preparación para tan no deseado pero inminente encuentro. Ensaya entonces mentalmente que va a responderle a policías, mayoritariamente orientales, que le preguntan con una curiosidad incisiva: qué tú haces en La Habana con una dirección de Santiago de Cuba. Su único delito: ser negro (y oriental).

Fíjate bien en su cara
Y en el número placa
Mira bien el carro
Cógele la chapa y toma nota.

Epílogo: Habrá quien me diga que en Estados Unidos les matan. Es cierto. Pero en la Isla del color cubano, que la policía pare a los jóvenes negros atendiendo a perfiles raciales, es una copia genuina de sociedades donde efectivamente te matan por tu color de piel o tu nacionalidad. En la Isla todo transcurre, hasta el momento, entre maltratos, amenazas, extorsiones, arrestos indebidos, abusos, golpes… ¿Les parece poco?

(Con fragmentos de Víctimas de Alexey Rodríguez Mola aka…el tipo este..)

Foto de portada: Yordanka Almaguer 

La rumba es atraso (+audio)

Esta mañana compartí en mi perfil en Facebook un fragmento del tema “Tú con tu ballet” de El Disco Negro de Obsesión. Estoy segura que más de una persona debe hacer pensando: “La negra se volvió loca”, porque precisamente compartí la estrofa más racista que tiene el tema:

Yo la verdad no estoy pa esa negrá

Y na’ porque yo no soy racista es ma’ mi mejor amiga es negra.
Esa cosa de esquina no es de gente fina
¿Te imaginas yo ahí metida?
Tantos negros bailando, sudando, cantando cosas que no entiendo yo ando…
Yo ando en otro en otro ambiente, otro mundo, diferente…
No hay tambores ni bulla, es decente, de Europa, Occidente, adelanto.
¿Comprendes?

¡A la rumba yo no voy ma’!
Y te digo, yo, yo no tengo nada en contra de eso
Pero no voy a esconder lo que pienso, la rumba es atraso.
Ve tú, yo paso.

Eso fue tan solo un adelanto, una especie de provocación, como para ir calentando los motores. El tema que salió del ingenio de Magia López Cabrera y Alexey Rodríguez Mola (..el tipo este..) lo comparto acá para que lo disfruten.

Un nuevo libro para desterrar la “historia negra” de El Puente

Alberto Abreu
Alberto Abreu Arcia

La editorial Aduana Vieja, de Valencia, España, acaba de sacar a la luz el volumen La cuentística de El puente y los silencios del canon narrativo cubano, del intelectual cubano Alberto Abreu Arcia, quien por segunda vez se acerca a ese fenómeno cultural. A propósito de este nuevo acercamiento a las obras de este grupo de creación, dialogamos con el autor del volumen.

¿Por qué regresar una y otra vez a El Puente?

Creo que habrá que seguir haciéndolo por muchas razones. Es un objeto de estudio que no se agota, por el contrario, cada intento por aprehenderlo, agotarlo, te plantea nuevas interrogantes. A lo anterior súmale otros motivos que van desde el acto de justicia literaria, el compromiso con la memoria cultural de la nación, hasta la necesidad de hurgar en aquellos libros, autores, gestos y prácticas intelectuales que la historia oficial tachó, excomulgó, por sectarismo político o ideológico.

Claro que en el caso de El Puente la cuestión resulta más dramática, porque viene a demostrar cómo las instituciones y determinadas figuras del campo intelectual cubano se pusieron al servicio de las prácticas más perversas e irracionales con tal de poner fin a aquellas posturas intelectuales y estéticas que consideraban como “disidentes”, que contravenían el modelo de “hombre nuevo”, de  aquel sujeto revolucionario que después cristaliza en el arquetipo de héroe que propone la literatura de la violencia. Es decir, los intentos por construir este “hombre nuevo” conllevaron un proceso de disciplinamiento y coerción no solo en lo estético y lo literario, sino también sobre lo corporal y el deseo otro. Esto ocurrió mucho antes de lo que después se llamó el quinquenio o decenio gris.

Los miembros del grupo literario El Puente, y de los autores nucleados en torno a esta editorial, en aquel entonces eran prácticamente adolescentes o acababan de salir de esa etapa, y este es un dato que no se puede pasar por alto. Siguiendo la teoría de Bourdieu, este hecho los coloca en un espacio de menos autoridad y por lo tanto de mayor desamparo dentro del campo intelectual cubano de aquellos años, por lo que las furias irracionales obraron sobre ellos de manera más despiadada.

En el caso del sujeto puentero, el desplazamiento por la ciudad, los viajes a la playa, las reuniones en el malecón, los cabarets, las playas, la bohemia, eran esenciales. Es algo que lo diferencia de la figura del letrado tradicional circunscrito a los salones literarios. Así lo demuestran las innumerables fotos que he visto del grupo. Es su forma de experimentar la modernidad. Esto le permite al investigador acceder de primera mano a una serie de tramas, discursos y rumores circulantes en el espacio público de aquellos años, que la prensa no refleja, o lo hace parcialmente o politizándolos. Como las injustificadas detenciones policiales por determinadas formas de vestir, ser gay, lesbiana, o lo relacionado con las depuraciones universitarias, o el mismo fenómeno de la UMAP.

Por otro lado, cuando lees sus obras te percatas de que ya en ellos/as estaban presentes mucho de los tópicos que décadas más tarde –al calor de la posmodernidad– deslumbraron a la crítica y los estudios literarios cubanos como si se tratara de un fenómeno fundacional. Me refiero a la textualidad feminista, los temas del lesbianismo, la impugnación o desmontaje del concepto de género, lo fantástico, el absurdo, el existencialismo, los tópicos e imaginarios de lo urbano, la racialidad negra, la cultura popular, el latinoamericanismo, etc.

Creo que la historia literaria e intelectual latinoamericana y los numerosos estudiosos y estudios que tiene la década del 60, quizás por desconocimiento, por la imposibilidad de acceder a muchos de estos testimonios y documentos que no han visto la luz pública, o por el hecho de que El Puente fue tempranamente excomulgado, han insistido en fenómenos como Lunes de Revolución, P.M., Palabras a los Intelectuales, Pensamiento Crítico, el caso Padilla, la labor de Casa de las Américas, etc. Claro, que es más seductor hablar de las polémicas y rupturas de Vargas Llosa, Carlos Fuentes y otros escritores del boom.

Pero si recordamos que en ese período de los 60 es cuando la juventud y los estudiantes emergen a la escena política e intelectual latinoamericana, que son los años de la contracultura, la lucha de los gay, lesbianas y minorías étnicas por sus derechos civiles, si lees los textos literarios o documentos de El Puente, como “Manifiesto”, “Avancismo”, de José Mario, o las palabras escritas al primer recital de feeling y poesía en El Gato Tuerto organizado por el grupo, te darás cuenta que todos esos ademanes que, pocos años después, caracterizaron a la juventud de izquierda a nivel mundial, ya estaban en los jóvenes de El Puente, pero fueron dramáticamente segados por un proceso social y político que paradójicamente estaba llamado a propiciar y respaldar estos gestos.

Ambrosio Fornet, en su reseña sobre el libro de Mariano Herrera: La mutación, fue el primero en llamar la atención sobre la trascendencia que tenía el proyecto El Puente para la juventud intelectual de América Latina en aquellos primeros años de la década del 60.

Cuando uno lee los documentos relacionados con El Puente, o ve Conducta Impropia y escucha los testimonios de Ana María, José Mario y otros, se pregunta: ¿qué bomba pusieron estos niños?, ¿qué atentado político o terrorista cometieron? Ninguno, cuando no fuera el de gestionar un espacio de autonomía literaria y en proponer un proyecto de modernidad diferente, diverso e inclusivo desde el punto de vista social, de raza, género y sexualidad. La anterior pregunta nos lleva obligatoriamente a otra: ¿a quiénes conviene que todavía persista en Cuba la “leyenda negra” sobre este grupo literario, que no se sepa toda la verdad y por qué? A pesar de los esfuerzos de algunos intelectuales por reposicionar a El Puente en el lugar que se merece dentro de la historia cultural de la nación.

Para quienes no conocen la cuentística de El Puente, ¿cuáles son las figuras que publicaron en dicho sello y que analizas en tu libro?

Durante sus cinco años de existencia Ediciones El Puente publicó ocho libros de cuentos: Ni un sí ni un no (1962), de Guillermo Cuevas Carrión; Las fábulas (1962), de Ana María Simo; La mutación (1962), de Mariano Rodríguez Herrera; Soroche y otros cuentos (1963), de Jesús Abascal; Cuentos para abuelas enfermas (1964), de Évora Tamayo; Mateo y las sirenas (1964), de Ada Abdo; La nueva noche (1964), de Ángel Luis Fernández, y Noneto (1964), de Antonio Álvarez.

A esta nómina habría que añadir otros dos libros. El primero de ellos se titula Con temor, y fue escrito por Manuel Ballagas cuando apenas tenía diecisiete años. El mismo se encontraba entre las pruebas de galeras que fueron confiscadas en 1965 al cierre de la editorial. El segundo se titula Osain de un pie (1964), de Ana Garbinsky, que, atendiendo a las convenciones de tipo genérico vigentes en aquellos años, aparece registrado como un libro de poesía, pero desde el punto de vista narratológico cumple con todas las exigencias de un volumen de relatos.

Para los autores antes mencionados estos libros constituyen su primer intento editorial, por lo que, independientemente de sus hallazgos, interrogantes y propuestas tanto ideoestéticas como estructurales, no pueden escapar a la falta de pericia propia de todo autor novel.

Más allá de que es un libro dedicado solo a la narrativa, ¿qué podemos encontrar de novedoso con relación a otras obras ya publicadas y que igualmente abordan el fenómeno cultural que significó El Puente?

Mira, no solo me interesan los libros de cuentos, sino que los voy cruzando con la lectura de varios documentos, polémicas, testimonios recogidos a partir de las entrevistas realizadas a algunos de los miembros de El Puente y las críticas que recibieron estos libros de importantes intelectuales cubanos como Ambrosio Fornet, Virgilio Piñera, Calvert Casey, Mercedes Antón, Reynaldo González, Oscar Hurtado, Salvador Bueno, Armando Álvarez Bravo, y que se incluyen en los anexos. Lo que demuestra que se trata de libros y autores con gran visibilidad dentro de la cuentística emergente en aquellos primeros años de la década de los 60.

También aparecen en el anexo otros documentos inéditos como el Manifiesto, y una cronología de El Puente y su época. Por otra parte, me interesa discutir el criterio de periodización, los conceptos de vanguardia y posvanguardia literaria que los estudios literarios, dentro y fuera de Cuba, han empleado partiendo de la exclusión de estos textos y autores, así como las nociones de minimalismo y minicuento, que el discurso crítico sobre la narrativa cubana descubrió a finales de los 80 como si fuera algo nuevo, además de la cuentística escrita por las mujeres de El Puente, y las interrogantes e indagaciones en torno a la identidad sexo-genérica que sus escrituras vehiculan.

¿Es posible trazar una línea entre tu anterior libro y este nuevo?

Desde luego, Los juegos de la Escritura o la (re) escritura de la Historia tiene entre sus intenciones examinar cómo se han movido los discursos normativos sobre el arte y la literatura posrevolucionaria. Incluso hay un capítulo dedicado a Ediciones El Puente, donde intento colocar a este grupo literario en el cauce de la historia literaria e intelectual de la cual formó parte y fue desterrado.

Es decir, ya venía trabajando en El Puente cuando apareció la antología de Barquet sobre la poesía de este grupo, un proyecto y un esfuerzo intelectual titánico, sin precedentes. Por esa fecha yo había presentado a la Editorial Letras Cubanas un proyecto bastante ambicioso, donde había invitado a colaborar a Barquet, Silvia Miskulin, María Isabel Alfonso, y a otros intelectuales de dentro y fuera de la Isla, ya fueran puenteros o que hubieran escrito sobre El Puente o algunas figuras del grupo.

El proyecto tiene siete secciones, una dedicada a lo memorístico con documentos inéditos sobre el grupo: cartas, palabras al recital de feeling y poesía, una crónica de este recital, el manuscrito original del proyecto de estatuto o reglamento de la constitución de la Brigada Hermanos Saíz (hoy, Asociación) y testimonios de sus miembros sobre aquellos años. Otra sección que reúne las notas de solapas y contracubiertas, reseñas críticas aparecidas en aquellos años sobre los libros publicados por esta editorial, ya fuera por los mismos puenteros o por otras intelectuales; otra con dos obras de teatro con una nota introductoria; la de poesía, con introducción y selección de Barquet; otra para los cuentos. La siguiente sección incluye fragmentos de las numerosas tesis de maestrías y doctorados que han aparecido fuera de Cuba. Finalmente, incluye fotos inéditas del grupo, portadas de todos los libros, la cronología y la ficha actualizada de sus miembros…

En fin, un proyecto muy ambicioso sobre documentos que estimo de un gran valor y que necesitan ser publicados en Cuba para iluminar un período urgido de claridad, y clave para recuperar nuestra totalidad como nación. Y para que el lector o el investigador se acerquen a El Puente a partir de su contacto con los textos originales y no desde referencias de segunda o tercera mano.

Este libro que acaba de ser anunciado por Aduana Vieja comenzó siendo un breve ensayo introductorio a los cuentos publicados por El Puente, que debía o debe aparecer en aquel proyecto inicial, pero me fui extendiendo y devino este libro. Sintomáticamente, no solo con los libros de cuentos, sino con la mayoría de los textos que publicó El Puente, ocurre algo muy revelador: es muy difícil, verdaderamente imposible, localizarlos en las bibliotecas de la Isla. No están, porque tal vez fueron recogidos en su momento. Lo que dificulta la búsqueda, pues tienes que apelar a coleccionistas privados, etc.

Algunos de estos libros pude consultarlos en mi viaje a los Estados Unidos, otros gracias a Barquet. Lo mismo pasó con muchos documentos publicados por José Mario como “La verídica historia de El Puente”, “Allen Ginsberg en La Habana” y “Novísima poesía cubana”, que son claves para entender la poesía y la historia de la lírica cubana de esa generación, los cuales Silvia Miskulin generosamente me hizo llegar desde Brasil con María Isabel Alfonso. A ello súmale lo agónico que resulta acceder a internet desde acá.

El libro fue publicado por Aduana Vieja, en Valencia, España. ¿Tienes previsto que en algún momento se edite en Cuba?

Bueno, yo pensaba que la sensibilidad en Cuba no solo hacia El Puente, sino hacia estas problemáticas de la política cultural, historia intelectual y de las ideas en las décadas de los 60 y 70, había cambiado a partir de los debates generados por la “guerrita de los emails” y otros textos que habían visto la luz recientemente, como el dossier que preparó Roberto Zurbano para La Gaceta de Cuba, la antología de Inés María Martiatu sobre los dramaturgos de El Puente, la aguda reseña que escribió Zaida Capote para la revista Temas y el texto de María Isabel Alfonso también aparecido en esa publicación. Que se entendía la urgencia de la reflexión pública sobre estos temas, sin que mediara un límite entre lo decible y lo no decible, ni la supresión o represión de ciertos recuerdos malditos, ni el juego entre lo que se inscribe y lo que se borra.

Con ese ánimo lo envié a varios concursos literarios, que es la vía para que el libro saliera lo más rápido posible. Pero el intento no resultó. Silencio total. Entonces se lo propuse a varias editoriales fuera de Cuba. Algunas de ellas lamentaban, y creo que lo decían con sinceridad, no poder asumir el proyecto por el tema de la crisis económica. Finalmente, me decidí por Aduana Vieja, que tiene un catálogo y un perfil muy decorosos. Toda esta negociación de la que te hablo transcurrió en menos de dos días, entre el 7 y el 9 de enero del presente año. De todos modos, Letras Cubanas tiene aquel proyecto editorialmente ambicioso del que te hablé, que entregué en 2008 y por el que todavía estoy esperando respuesta sobre su aprobación o no. Pero, con relación a la pregunta que me haces: ¿publicarlo en Cuba? Claro que sí, esa fue no solo mi intención inicial, sino también el deseo de muchos miembros de El Puente. Aquí es donde hace falta, porque la reflexión y los estudios académicos sobre El Puente en España, Estados Unidos y otros países nunca dejaron de acometerse. Lo que pasa es que, ahora, Aduana Vieja tiene los derechos por cinco años sobre este libro.

Publicado en Cuba contemporánea

Sumar y no restar: ARAAC más allá del debate

manoLa Articulación Regional Afrodescendiente desea reconocer la colaboración de las instituciones gubernamentales cubanas que el pasado 21 de marzo se sumaron, por primera vez, a la celebración del Día Internacional contra la Discriminación Racial. Nos parece un gesto importante que debe ir sumando conciencia y acciones emancipatorias a las luchas antidiscriminatorias en general y antirracistas en particular que están teniendo lugar en la esfera publica cubana de los últimos lustros.

El esfuerzo de varias personas, grupos y organizaciones de la sociedad civil comienza a ser acompañado por varias instituciones y organismos que, aunque pocos aun, ayudan a tomar conciencia publica de la fuerza que vienen tomando gestos, actitudes y acciones racistas expresadas por personas e instituciones, así como de otras necesidades que nuestra educación o nuestros medios, para solo hablar de dos sectores, no insertan en sus políticas. ARAAC reitera su disposición de trabajar con todas y cada una de las instituciones y organismos cubanos gubernamentales y no gubernamentales en la promoción de la igualdad racial en Cuba y en la búsqueda de políticas publicas que ayuden a erradicar las causas que reproducen la ideología racista entre nosotros.

El pasado 21 de marzo del 2014 en la actividad que tuvo lugar en la sede de la Asociación Cubana de Naciones Unidas, se cuestiono la intervención de Tomás Fernández Robaina, uno de los más consistentes estudiosos del tema racial en Cuba, quien hablo esa mañana de la necesidad de socializar la conciencia antirracista mas allá de las aulas, salones e instituciones donde se debaten estos temas. La intervención de Tomasito fue calificada de provocación, sumándose otras descalificaciones e intervenciones que niegan el debate revolucionario y afectan los principios de una verdadera batalla contra la discriminación racial en la isla; validando absurdos protagonismos en un tema que solo se resuelve a través de una estrategia colectiva, multisectorial y pegada a los mas afectados por este tipo de opresión.

ARAAC invita a reflexionar sobre la dispersión que caracteriza hoy la lucha antirracista en Cuba, pues constituye un factor que fragmenta y desmoviliza, y lejos de esclarecer, agrega una gran confusión al debate. No apelamos a esa falsa unidad que oculta las diferencias, sino al reconocimiento y al intercambio con esa diversidad y cantidad de modos de entender las problemáticas raciales, la pluralidad de enfoques para explicarlas y las múltiples soluciones a mediano y largo plazo. En tal diversidad hallamos un nuevo campo de discusión y posibilidades antes inédito en Cuba, donde se cruzan las problemáticas de género, clase, religiosidad, orientación sexual, junto a cuestiones ideológicas, generacionales, regionales, locales, institucionales, etc. Pensamos que este campo antirracista heterogéneo debe ser enriquecido con responsabilidad y compromiso con esos grupos y barrios enteros que necesitan nuestra contribución ciudadana.

En medio de un contexto adverso para los millones de afrodescendientes en la región debemos priorizar nuestra inserción en las nuevas proyecciones socioeconómicas y en los debates constitucionales, políticos y comunitarios sobre la distribución de la riqueza y el poder, así como en el reconocimiento social de nuestras poblaciones y sus culturas, procurando un mayor nivel de visibilidad y participación en la vida económica, política y social de nuestros países. Hoy en Cuba tienen lugar debates esenciales para el desarrollo y el futuro de toda la nación, en tales discusiones apenas se escuchan nuestras voces y demandas específicas, silenciadas por una resistente negativa a aceptar las crecientes y sutiles formas de la discriminación racial y tratar de abordarlas con mayor urgencia y responsabilidad públicas.

La falta de consenso, agendas prácticas, diálogo, respeto e intercambio entre las propias organizaciones antirracistas es un factor que desangra el movimiento negro en todo el continente y es un error estratégico que en Cuba debemos evitar
y superar. ARAAC no se detendrá en descalificar a ninguna persona, grupo o acción antirracista sino a colaborar e intensificar nuestra labor vindicativa y propositiva, sin desconocer los beneficios que trajo la Revolución a nuestra
población negra y sin dejar de criticar los errores actuales.

ARAAC intenta aliarse con todas las fuerzas emancipatorias y antidiscriminatorias que luchan en Cuba por erradicar o minimizar cualquier tipo de opresión o humillación. Si nos acercamos a un punto de común acuerdo, este crecerá con el respeto, el intercambio y el trabajo compartido. Por un solo camino nadie podrá avanzar mucho al abordar una problemática que necesita sistematicidad, conocimiento y sensibilidad.

ARAAC convoca a fortalecer el activismo social y político, las agendas ciudadanas, la capacidad de diálogo y el contacto con la realidad y con las personas para quienes trabajamos en esta lucha común, conscientes de las ganancias sociales y de las limitaciones de nuestro Socialismo, pero también de las oportunidades que debemos encontrar juntos en el camino hacia una ciudadanía más plena.

La Habana, Primero de Abril del 2014.
Articulación Regional Afrodescendiente. (Capítulo cubano)

Victor Fowler a propósito de la reciente prohibición gubernamental de las salas 3D

Por Victor Fowler Calzada

A la UNEAC
ICL
MINCULT
ICAIC

He leído con atención la nota oficial publicada en el periódico Granma el día 2 noviembre 2013 y en la cual se avisa de la decisión tomada por el Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros en cuanto a prohibir, con efecto inmediato, toda actividad de las salas de proyección de películas en 3D operadas por propietarios privados, así como de los salones de juegos de computadoras. El presente mensaje breve que les envío tiene que como objeto el expresar –pese a que no tenga importancia alguna para algo que ya se decidió y aplicó- mi desacuedo con la medida, en particular todo lo que en ella propone -a propósito del consumo cultural – una suerte de oposición entre los conceptos calidad y banalidad dado las inquietantes consecuencias que ello tiene a nivel social.
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CONVOCATORIA: Ciclo de conferencias desde el Centro Criterios

blancoEl Centro Teórico Cultural Criterios se complace en anunciar que, gracias a la colaboración de la Embajada del Reino de los Países Bajos en Cuba, el internacionalmente afamado sociólogo de la cultura holandés Jan Nederveen Pieterse -autor, entre otros, del libro Blanco sobre negro. Las imágenes de África y de los negros en la cultura popular occidental, recientemente publicado por Criterios-, dictará en nuestra sede, del lunes 4 al viernes 8 de noviembre, un ciclo de cinco conferencias sobre los siguientes temas de actualidad:

La globalización del siglo XXI
Los medios y el populismo hegemónico
Raza/etnicidad
Hibridez e hibridización
¿Qué son los Estudios Globales?

Como de costumbre, la entrada a las conferencias, que comenzarán a las 10 a.m., será libre.
A solicitud de los numerosos lectores interesados, al final de la conferencia inicial se podrán adquirir ejemplares del libro de Nederveen Pieterse.

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La lucha contra las discriminaciones en Cuba: Un pasito pa´lante y un pasito pa´trás

Transexual Cuba

Leyendo comentarios en blogs, sitios, y cuantos medios digitales atraen mi atención, he podido advertir las diferentes posiciones que desde Cuba, se asumen en temas como la diversidad sexual, la violencia de género y las relaciones raciales.

Por ejemplo, cuando ya pensábamos que teníamos ganado el debate a favor de la diversidad sexual, un medio oficial cubano publicó un artículo de opinión cargado de homofobia y pseudociencia.

Lo que más me ha sorprendido es, en primera instancia, las múltiples conexiones posibles entre las ideas defendidas por quienes usualmente se reconocen a sí mismos como adversarios, de manera que se desdibujan las fronteras si estas alguna vez existieron, entre la derecha y la izquierda.

En Cuba, cuando una piensa que ya no hay una vuelta atrás y presume de cualquier vuelta de tuerca será hacia la izquierda, aparecen posiciones decimonónicas en el abordaje de ciertas temáticas, de manera que ya no sabemos si se trata de una cuestión puramente ideológica o simplemente política.

Una amiga me dijo en una ocasión que habían temas para los cuales esa distinción no era útil, pues la gente se posiciona más bien atendiendo a sus propios intereses, actitudes y según sus prejuicios.

No quisiera ser categórica, pero en la Cuba de ahorita, encontrada en esos comentarios en los espacios digitales, se dibujan posiciones conservadoras, tradicionales, muy alejadas al desarrollo social de nuestro país.

Violencia de género

El primer acontecimiento que llamó mi atención fue cuando un grupo de intelectuales cubanas intentamos visibilizar, a partir de un caso puntual, la violencia de género.

Muchas personas hicieron de esta su causa, sin embargo no dejó de sorprenderme como activistas por la diversidad sexual o los derechos sexuales, prefirieron pasar de largo ante la realidad que constituye la violencia machista contra la mujer.

Más allá de las razones individuales de cada quien, lo importante para mí fue notar cómo los problemas de las mujeres son cuestiones de segundo orden, supeditadas a cualquier otra. Entonces, la violencia contra ellas no es una razón suficiente para movilizarnos. Como consecuencia somos para mucha gente de derecha, de izquierda, de arriba y de abajo, ciudadanas de segunda. Es violencia simbólica, es el patriarcado, es la misoginia…

Diversidad sexual

Fui, hasta hace poco, parte del comité organizador de las jornadas contra la homofobia (donde colaboraban muchas personas e instituciones y no solo el CENESEX) y por tanto testigo de como gente de bien trabaja por mucho tiempo y por puro activismo, con el objetivo de que las personas sexo-diversas logren vivir y disfrutar de sus derechos, atendiendo a que la Constitución de la República declara la igualdad de todos los cubanos y cubanos.

El href=”http://proyectoarcoiris.wordpress.com/” target=”_blank” rel=”noopener”>Proyecto Arcoiris, al cual pertenezco, se ha organizado desde ese mismo activismo pero de manera autónoma. En junio del 2012 realizamos una besada por la diversidad sexual, como manera de transgredir el paradigma heterosexista existente en la sociedad cubana. Asistieron personas de diversas procedencias, todas comprometidas con un futuro de derechos sociales, sexuales y reproductivos no solo para los heterosexuales. Realmente fue un día especial para quienes asistimos. Un logro más.

Pues cuando ya pensamos que tenemos ganado cierta parte del debate, entendiendo por ello que nos acercamos cada vez más a las soluciones dentro de la justicia social y la equidad que presupone un sistema donde el ser humano es lo más importante, un medio de prensa oficial presenta un artículo con referencias a conceptos ya desestimados dentro de las ciencias naturales y sociales.

En el artículo en cuestión, usted puede encontrar tanta pseudociencia y homofobia (incluida la preocupación ante el “estímulo desenfrenado a la homosexualidad”) que duda de su procedencia y puede llegar a considerar la colocación premeditada y alevosa en un medio que pertenece al único Partido que hay en Cuba; el cual, a partir de la discusión con el pueblo, consideró dentro de sus Lineamientos el respeto a la diversidad sexual y la identidad de género en la Isla. Sencillamente inexplicable, otro pasito pa´ atrás, diríamos en buen cubano.

Entre los comentarios a dicho artículo, se encontraron soluciones como realizar un referéndum nacional para establecer (o no) la posibilidad que parejas de un mismo sexo puedan ser reconocidas legalmente, como si los derechos humanos no fueran inherentes a todos los seres humanos y sin considerar que todos tenemos los mismos derechos humanos, sin discriminación alguna (valgan todas las supuestas redundancias).

Me preguntaba entonces si se ha hecho alguna vez en Cuba un plebiscito para aprobar por ejemplo la Ley de Seguridad Vial, la Tributaria o la de Maternidad. ¿Por qué entonces necesitan las personas reconocidas como heterosexuales decidir sobre la vida particular del resto de los cubanos y cubanas? ¿Es miedo? ¿Es enfermedad? ¿Es mala vibra? ¿Es homofobia?

Racismo

Cuando aquel texto de Roberto Zurbano salió en el New York Times (NYT), mucha gente salió a criticarle, y en muy contadas ocasiones se propició el debate, más bien la oleada de intervenciones proponía apalearlo, a la manera más primitiva posible.

En aquel entonces una amiga me preguntó, ¿qué es lo que no le perdonan a Zurbano: decir que hay racismo en Cuba; decirlo en el NYT; desde Cuba; por haberlo planteado siendo el director del Fondo editorial de Casa de las Américas; por ser un negro quien lo dice o por decirlo Zurbano?

En las críticas a Zurbano se vislumbraba el cuestionamiento de la validez del discurso de un negro acerca de su vivencia de discriminación racial.

Estoy segura de que las opciones anteriores no son excluyentes, o sea que en las duras críticas que se le hicieron a Zurbano (que no al texto, ojalá hubiesen trascendido el título para arribar a la discusión sobre la discriminación racial en Cuba) se cruzan más de una de las condiciones incluidas en la pregunta inicial. Sin embargo, la razón más recurrente en los comentarios, a veces explicita otras tácita, fue porque era negro.

El caso de los intelectuales que sobre el incidente y desde la Isla escribieron en contra de Zurbano saltó a la vista que las valoraciones emergieron del hecho de ser un negro dentro de la Revolución y con un cargo que escribe en un periódico del enemigo.

El punto de encuentro entre los comentarios dejados por lectores/as y los textos de esos intelectuales fue el cuestionamiento de la validez del discurso de un negro acerca de su vivencia de discriminación racial. La pertenencia racial de Roberto Zurbano matizó cada una de esas valoraciones de las cuales fue objeto, algo como que es menos legitimo hablar si se es objeto de la discriminación.

Me sigo preguntando que hubiese pasado si hubiese sido una persona blanca quien firmase el texto de marras. No obstante, en el momento en que vislumbré que había un subtexto a la hora de evaluar las palabras del Zurbano, y a propósito de los diversos debates en los que participé en aquellos días y los epítetos que allá se me endilgaron, declaré en mi bitácora:

Si una persona blanca habla de racismo:

1. Es solidaria
2. Es objetiva
3. Es una buena persona
4. Es antirracista

Si yo, mujer negra cubana, hablo de la discriminación racial:
1. Soy una malagradecida
2. Tengo una herida abierta
3. Me subvaloro
4.Soy una racista

Sobran las explicaciones. No obstante escribir esas breves líneas fue para mi un buen ejercicio terapéutico, una vuelta a mí misma, al tiempo que varias persona, de esas que no necesitan ser negras para reconocer al racismo en Cuba, lograron percatarse de cómo se nos cuestiona por el simple hecho de ser negros o negras activistas antirracistas. ¿Es miedo al negro? A ese negro que ya no pueden tildar de ¨atrasado¨, ¨haragán¨ o ¨marginal¨.

Las mujeres negras

Son contados los intelectuales varones, blancos y negros, que respaldan lo que están haciendo las cubanas afrodescendientes por visibilizar sus propias contribuciones a la historia y cultura.

Los mitos de la fragilidad femenina, la hipersexualidad de las mujeres negras o la creencia del ¨negro violador¨ han sobrevivido dentro de un paradigma feminista aún blanco.

El sexismo pulula por las intervenciones y decisiones; además son minoritarios los espacios abiertos para discutir el tema y proponer soluciones. La problemática de las mujeres negras en Cuba continua siendo de tercera, al cual se le antepone hasta el propio tema racial.

Si tenemos en cuenta cómo ha sido planteado dicho tema en la agenda de las diversas comisiones y organizaciones cubanas dedicadas a trabajar por la equidad racial, las mujeres negras han quedado históricamente al margen. Sin embargo, existe una excepción que confirma esa regla, es más, existen dos excepciones en mi opinión: la primera el grupo Afrocubanas, donde se privilegian la horizontalidad y el consenso, y el capítulo cubano de la Articulación Regional Afrodescendientes, donde las negras han sido decisivas. En ambas estructuras a las mujeres les ha tocado parir contenidos y maneras de hacer, por suerte para el resto de integrantes, y lo han sabido aprovechar sobremanera.

Pero también son pocas las feministas cubanas blancas que reconocen el problema racial dentro y fuera del feminismo. Se otorgan premios, se realizan jornadas y las negras quedamos sumidas en el etcétera.

Por otra parte, la historia del feminismo cubano está contado desde la blanquitud, a pesar de que varias intelectuales han revelado acontecimientos importantes en la historia y la cultura nacionales que tuvieron como protagonistas a las mujeres negras.

Pasé una maestría que, a pesar de tener un módulo acerca de las identidades y las subjetividades, aportó muy poco a la consideración de la pertenencia racial a la feminidad-masculinidad. Tampoco escuché hablar, dentro de aquel programa académico, de la existencia del feminismo negro.

He encontrado en contadas ocasiones al racismo como temática fundamental de algún evento organizado por las feministas académicas. Es aún insuficiente la deconstrucción del sistema de valores y creencias asociados a la identidad racial. Los mitos de la fragilidad femenina, la hipersexualidad de las mujeres negras o la creencia del ¨negro violador¨ han sobrevivido a un paradigma feminista aún blanco. ¿Es desidia? ¿Es desconocimiento? ¿Es la necesidad de homogeneizar el(los) feminismo(s)?

Lo peor es que en Cuba, a pesar del paradigma humanista que muchas personas siguen, los activismos no logran conectarse de manera coherente y definitiva: las mujeres andan por un lado, los gays por otro, los negros en sus asuntos. Vaya, que cada vianda del socorrido ajiaco de Fernando Ortiz se ablanda no solo cuando puede, sino también, y sobre todas las cosas, cuando quiere. Ceder una parte del poder que otorgan la masculinidad, la heteronormatividad, la blancura constituye aún un reto en la Cuba del siglo XXI.

Tomado de Pikara Magazine.