El libro “Negra cubana tenía que ser” se presentará en San Jordi 2020

El libro Negra cubana tenía que ser, de Ediciones Wanafrica, saldrá a la luz el 21 de abril de 2020 en Barcelona, España, en el marco de la Fiesta de San Jordi.

El volumen es una selección de artículos publicados en esta bitácora y en varios medios de prensa. Además el libro incluye textos inéditos.

Ediciones Wanafrica es una editorial especializada en literatura africana y sobre África, incluyendo su diáspora, en castellano y catalán y es tanto un proyecto cultural como una reivindicación social y política.

Para la presentación de Negra cubana tenía que ser  estaré participando de las diferentes actividades, firmando ejemplares y compartiendo con gente interesada en activismo feminista cubano, antirracismo, derechos de las personas LGTBIQ+, del 20 al 26 de abril del 2020.

¡Apunta la fecha y pasa la voz!

¿Qué le pasa al activismo antirracista cubano que no se moviliza contra la violencia machista?

A los 14 años, mi vecino, 20 años mayor que yo, tocó mis genitales mientras yo lo que esperaba de él era que me ayudara con mi tarea de inglés. Salí corriendo y hasta hace unos pocos años me sentí culpable.

A mis 20, luego de haber parido a mi hija, el padre de esta me obligaba cada noche a tener sexo. En ese entonces no sabía que me violaba.
Una tarde habanera, ya en los 2000 y tanto, mi amiga S. y yo íbamos en un bus. Nos trasladábamos de Barrio obrero al Vedado. Ibamos sentadas una al lado de la otra conversando, cuando un tipo metió la mano por la ventanilla y le tocó una teta. Nos quedamos atónitas. No pude articular palabra  alguna. Me he preguntado desde entonces si pude haber reaccionado de otra manera.
Un día del 2011 me desperté  “cruzá”:  le puse los bultos en la calle al marido de mi hermana C. Nos fajamos a los palos. Me quedé sin trapeador luego de habérselo partido en la cabeza. El tipo la machacaba cada día, ella no atinaba a hacer otra cosa que gritar. Ese día no pude aguantar más.
A otra de mis hermanas, el marido le pegaba cigarrillos encendidos en sus piernas. Cuando fue a la policía le dijeron que tenía que llegar allí con las lesiones sangrantes y al rojo vivo. La situación se extendió por un tiempo hasta que logró que alguien en la estación de Aguilera le prestará atención. El tipo cumplió solo 6 meses de prisión. Ella luego desarrolló un trastorno psiquiátrico grave que descalabró mi familia una vez más. Gracias al Universo ya ha mejorado mucho.
En la editorial donde trabajé por muchos años, uno de mis jefes me envío mensajes que nunca desee haber recibido. Ser abiertamente una mujer lesbiana no me salvó de recibir comunicaciones “subidas de tono”. Al poco tiempo después de haberle pedido parar con el acoso fui sancionada por una situación irrelevante. Gracias al Universo, una vez más, una mujer me ayudó a salir de esa situación. No me atreví a contarle jamás que ese hombre me acosaba. A ella le debo la vida.
En enero de este año el padre de mi nieto violentó físicamente a mi hija. Me sentí impotente. Me pregunté: cómo me podía estar pasando esto a mí. Gracias otra vez al universo, algunas amistades me ayudaron en este episodio, uno de los más difíciles de mi vida, por razones obvias.
El año próximo quiero traer a mi hija y a mi nieto de visita a Alemania. Es muy probable que el niño no pueda viajar porque necesita el permiso de su padre, quien ya ha le ha comunicado a mi hija que “lo va a pensar”, lo cual es una de las evidencias del control o el castigo que quieren ejercer nuestras ex-parejas hombres o padres de nuestres hijes sobre nuestras vidas.
Todo lo anterior se los cuento para confirmarles que ser negra, lesbiana, profesional, etc, no nos exime de vivir violencia machista.
Me pregunto entonces:
¿Qué le pasa al activismo antirracista cubano que no se moviliza contra la violencia contra la mujer?
¿Qué le pasa a las afrocubanas (sean feministas o no) que no creen necesario tener en su agenda la violencia de género? 
¿Por qué los hombres negros (activistas antirracistas o no) no nos respaldan con su firma apoyando la Solicitud de una Ley Integral contra la Violencia de Género.
Sé que cada quien tiene sus razones, no estoy hablando a nivel individual sino como “movimiento” interseccional que reconoce las múltiples discriminaciones. En Cuba llevamos muchos años diciendo que a las mujeres negras se les hace todo más difícil por la doble discriminación. ¿Entonces? ¿Qué hacemos con toda esa retórica que ahora se me hace superflua y paternalista?
Yo no quiero conmiseración ni lástima, quiero que luchemos codo a codo por todo lo que nos duele, inferioriza, violenta, hace nuestras vidas más difíciles como personas negras, como mujeres negras, como personas trans y queer negras.
Tampoco quiero que me uses en tu discursito antirracista e inclusivo, creyendo que así tienes en cuenta a las mujeres negras y así pretendes pagar tu deuda con la equidad de género.
La Revolución tendrá que ser antirracista, feminista, antimisógina, antimisoginoir, antisexista, antitransfóbica, inclusiva, estar contra la violencia de género, o no será.  ¡Recuérdenlo!

Sólo el Racismo les une

No existe tema o suceso alguno que una tanto a los cubanos como el #Racismo. Ningún otro. Ni siquiera el anticastrismo, tampoco un tornado, mucho menos la escasez de alimentos o una intervención militar a la isla. En todos los casos anteriormente nombrados aparecen siempre confrontaciones. Sólo el #Racismo puede unir con efectividad gente de una y otra orilla. Todos en masa, y a conga de insultos, corean que no existe #discriminaciónracial en #Cuba y que el #racismo es un invento de la #gentenegra con complejos que quiere llamar la atención. Eso creen tanto, quienes desde Cuba tildan a unos de “excubanos”, como cuando estos últimos llaman a los primeros “comunistas dictatoriales”. Ambos, además, romantizan la discriminación racial, con lágrimas en los ojos confiesan amar su “negro bembón” amiguito de la infancia y no falta el negro que se sienta tocado por la gracia ante tan bella amistad. Así se resume el drama del racismo antinegro de la gente de mi país.

Hannover, marzo 2019

Por qué voto No a la nueva Constitución de Cuba a pesar del artículo 82

La posibilidad de que todas las personas cubanas, independientemente de su identidad de género y su orientación sexual, pudieran legalizar sus uniones amparadas por la ley suprema se nos escapó recientemente de las manos.

El 18 de diciembre pasado, un tuit de la Asamblea Nacional del Poder Popular nos anunciaba que el artículo 68 que definía el matrimonio como “la unión voluntariamente concertada entre dos personas” ya no quedaría en la letra de la Constitución que será llevada a referéndum el 24 de febrero de 2019.

De esta manera, quedó sellado el debate que por cinco meses tuvo lugar en Cuba a raíz de la modificación del concepto de matrimonio. El cambio de “hombre y mujer” por “dos personas” habría abierto las puertas a la aprobación del matrimonio igualitario en el país.

Antes del 68

Ha sido harto divulgado que la Federación de Mujeres Cubanas, la Unión de Juristas de Cuba y el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) trabajan hace años en un anteproyecto de Código de Familia.

Hasta julio del 2018, cuando se conoció que el Proyecto de Constitución contenía un artículo que abría las puertas al matrimonio igualitario, se pensaba que el nuevo Código de Familia propondría uniones civiles o consensuales como solución para las parejas del mismo género.

La jurista Zulendrys Kindelán Arias, quien laboró en el Cenesex desde  2007 hasta 2012 y participó en el proceso de redacción de dicha propuesta de ley (inédita), aseguró en un artículo publicado en Cuba Posible que “en el caso de las uniones de personas del mismo sexo, en la propuesta de nuevo ʻCódigo de Familiaʼ, se les reconocen los mismos efectos económicos que en el caso del matrimonio tradicional”.

También explicó que, en el caso de aprobarse la ley en cuestión, las parejas no heterosexuales podrían “reivindicar sus derechos” en caso de separación. Además, la norma jurídica resolvería “el estado de indefensión” de los miembros de la pareja “en materia de derechos sobre bienes, seguridad y asistencia social y transmisión de derechos hereditarios”.

Ahora, con la inclusión del artículo 68 en el Proyecto de Constitución en Cuba se abrió una oportunidad sin precedentes para que la institución del matrimonio dejara de ser discriminatoria, y pudiera constituirse como un derecho independientemente de la identidad de género y la orientación sexual de las personas involucradas.

El artículo fue apoyado por diversos sectores de la sociedad cubana, en especial por las personas LGBTIQ+, sus aliados, familiares y círculos de profesionales y artistas. Las casi exclusivas muestras de activismo tuvieron lugar en las redes sociales, donde varias iniciativas apoyaron etiquetas como #68Va y #PorElMatrimonioIgualitario.

 

Una de las imágenes que circuló en las redes sociales. (Tomada de Facebook).

Una declaración en apoyo al artículo 68, suscrita por intelectuales y activistas antirracistas, también circuló por las redes. Por otro lado, una besada organizada por el proyecto Proyecto Abriendo Brechas de Colores (ABC) fue una de las pocas actividades que pretendía tomar la calle.

Sin embargo, la besada solo engrosó la polémica alrededor del artículo 68 y el activismo LGTBIQ+ cubano. El encuentro fue movido de su lugar original ―frente a una de las iglesias que participó ferozmente en la campaña anti 68― y finalmente suspendido.

La página en Facebook de ABC compartió fotos y videos del encuentro supuestamente cancelado. A pesar de la indicación de no ir, un pequeño grupo de personas sí asistieron. Las razones, tanto para el cambio de lugar como para cancelar la convocatoria, así como aquellas que justificaban por qué habían asistido a pesar de la cancelación, nunca fueron adecuadamente comunicadas.

El suceso mostró las vulnerabilidades de nuestra “comunidad” LGTBIQ+ para gestionar y llevar a cabo acciones por sí misma, si la comparamos con las iglesias-contrincantes que realizaron un arsenal de actividades fructíferas.

A nuestro movimiento por los derechos de las personas LGBTIQ+ le falta, además de autonomía, espontaneidad y autogestión, compromiso con sus propias luchas. Del otro lado, lo más notorio fue el rechazo de los derechos de una parte de la población cubana por un sector nada despreciable de las iglesias evangélicas y católicas, las cuales tomaron literalmente las calles, movilizaron sus propios recursos económicos y humanos y se posicionaron de manera insólita en el escenario político del país.

De hecho, tal vez este sea, después de 1959, el mayor impacto de las acciones políticas desarrolladas o lideradas por las iglesias. Los sectores conservadores usaron el concepto de “ideología que género” para atacar, desprestigiar y acallar los avances de las luchas por la igualdad del movimiento feminista y de la diversidad sexual.

Por eso no creo que la movida organizada desde la iglesia sea un hecho aislado, sino más bien un camino trazado para que afloren sus verdaderas (otras) intenciones, las que van dirigidas también a:

  1. cuestionarse el Estado laico y el rol de la iglesia en el país;
  2. contraponer la educación sexual en el seno de la familia a la educación sexual en las escuelas y otras instituciones públicas;
  3. proponer la educación religiosa; y
  4. impugnar el acceso al aborto y la autonomía de las mujeres.

Hoy día, las personas que se organizaron desde las iglesias en contra del artículo 68 se adjudican el triunfo de su “activismo”.

Pollo por pescado: 82 no es 68

A partir del anuncio de Homero Acosta, transmitido por la Asamblea Nacional en forma de tuit, aparece en escena el artículo 82 de la nueva Constitución.

Según Mariela Castro Espín, directora del Cenesex, las particularidades/ventajas principales de este nueva formulación son:

  1. se reconoce el matrimonio como una de las formas de organización de la familia, y no como la única, dado que se introducen las uniones de hecho;
  2. se utiliza el concepto de cónyuges, lo cual no limita la posibilidad de que personas del mismo género puedan acceder al matrimonio;
  3. se limitan el binarismo de género, la heteronormatividad y la heterosexualidad obligatoria, o sea, no se habla en términos de hombres y mujeres; y
  4. no se alude a la reproducción como fin del matrimonio ni de las familias.

Artículo 82 de la Constitución aprobada por la Asamblea Nacional del Poder Popular a finales de diciembre de 2018. (Imagen tomada de Cubahora, fragmento).  

Hasta ese punto, resulta indudable la superioridad del artículo 82 sobre el 68. No obstante, el uso de la palabra cónyuges podría conducir a interpretaciones varias. Estrictamente, los miembros de una pareja no son cónyugeshasta que no se casan.

Es cierto que, ante la imposibilidad de usar personas ―centro del ataque por parte de los fundamentalistas―, nos queda tan solo seres humanos y cónyuges.

Ahora, ¿definir el matrimonio usando la palabra cónyuges conlleva necesariamente a reconocer de facto aquellos que han tenido lugar por parejas del mismo género fuera del territorio nacional? Si la respuesta es afirmativa quedaría asegurado el reconocimiento inmediato de las parejas que contrajeron matrimonio en el extranjero, puesto que son cónyuges.

Por otra lado, la actual polémica alrededor del artículo 82 se centra en la disposición transitoria decimoprimera. Esa cláusula establece que dos años posteriores a la aprobación de la nueva Constitución habrá que repetir una consulta popular y un referéndum para aprobar o no un nuevo Código de Familia, donde necesariamente se decidirá sobre el matrimonio.

Aquí es donde sobrevienen una serie de interrogantes o contradicciones. La primera y más contundente de todas: ¿Cómo se puede plebiscitar un derecho humano? ¿Cómo este referéndum puede tener lugar en Cuba, en una sociedad que busca la equidad y la justicia social?

De hecho, el diputado Luis Ángel Adán Roble, quien es abiertamente gay y activista, cuestionó durante las sesiones de debate el abandono en que se dejaba a la ciudadanía LGTBIQ+: “Estamos poniendo derechos de personas y de grupos más vulnerables en una posición un poco crítica a la hora de llevarlos a un referendo popular”, dijo.

Otras preguntas se abren: ¿Es posible realizar una consulta que incluya los derechos de un grupo de personas sin que dicho proceso tenga un carácter discriminatorio y por tanto anticonstitucional? Dicho de otro modo: ¿Si el artículo 42 de la ley suprema declara la igualdad ante la ley de todas las personas en el archipiélago, ¿cómo es que se pretende preguntar si el matrimonio incluirá o no a todas? ¿Ese referéndum no viola en sí la Carta Magna?

También cabe la pena preguntarse por qué se prevé un referéndum específico para el Código de Familia, cuando las leyes que se han aprobado en Cuba en los últimos años solo han sido votadas por la Asamblea Nacional. Así sucedió con el Código del Trabajo y la Ley de Inversión Extranjera, entre otras.

A esto se añaden ciertas preocupaciones: si diez años de jornadas contra la homofobia, si varios filmes, documentales, obras de teatro, libros, debates, publicaciones, etc., no han sido suficientes para “cambiar la mentalidad”, ¿cómo podemos pensar que en dos años podríamos mover la balanza hacia la aprobación del matrimonio igualitario en un país donde el machismo, la misoginia y la homo-lesbo-transfobia son el orden del día?

¿Cómo dejar en manos de una “mayoría” el destino de la vida de miles de seres humanos quienes también son parte de la ciudadanía?

Como quiera que sea, no hay vuelta al artículo 68. Ahora se impone tomar partido acerca del voto ―positivo o negativo― que daremos a esta ley suprema, la cual contiene un defecto primigenio: hay que votarla en todo su conjunto.

Al mismo tiempo, la nueva Constitución presenta otros artículos especialmente polémicos. Sin embargo, quedaron detrás de la humareda que levantó el debate sobre el matrimonio igualitario.

El monopartidismo, la discriminación por motivos políticos, el tratamiento insuficiente del tema de la discriminación racial, la propiedad privada y la irrevocabilidad del socialismo, no generaron las discusiones necesarias ni fueron tratados por los medios de comunicación oficiales al mismo nivel que el disenso sobre el matrimonio igualitario.

Si fuera posible votar por unos artículos y No por otros, yo aceptaría el 82, siempre que la disposición transitoria decimoprimera dispusiera la votación del Código de Familia en el seno de la Asamblea Nacional, no en referéndum popular.

Lamentablemente, como será un voto único, el artículo 82 no basta para inclinar la balanza. Más bien, al considerarlo, y considerar la disposición decimoprimera, y considerar la crítica a otras cláusulas de esta Carta Magna, queda claro que #YoVotoNo.

Publicado en Tremenda Nota.

Zaida Capote Cruz: Mi contribución al debate constitucional

Por Zaida Capote Cruz

Comparto algunas sugerencias al proyecto constitucional; les ahorro otras, más livianas, de redacción o para añadidos puntuales, como el de agregar “las playas y costas” al artículo 23.

Preámbulo
Párrafos 20 y 21: eliminar
Comentario: Asumir el llamado “concepto de revolución” como dogma es un gesto que niega la historia de la revolución. Esas palabras de Fidel –quien tuvo otras más brillantes e inspiradas, más movilizadoras– son fruto de un momento específico. El uso excesivo que se ha hecho de estas palabras, reproducidas en pancartas y por otros medios, ha contribuido a su pérdida de significado y a su utilización como lema y escudo de la burocracia; no creo que deberíamos, en tanto ciudadanos, “identificarnos” con ese “concepto”, sino con nuestra historia.

Constitución
Artículos 5 y 6 (párrafos 38, 39 y 40): eliminar.
Comentario: La idea de que el PCC es la vanguardia de la nación no debe darse por sentada. El PCC, cuya membresía efectiva es inferior a un 10% de la población cubana, no es “fuerza dirigente” a menos que el pueblo cubano lo decida. Si la soberanía reside en el pueblo, como reza el artículo 10, ¿cómo es posible que a una mínima parte de ese pueblo se le conceda el derecho de gobernarlo sin haber sido electa o comisionada para ello por la mayoría?
Todas las instancias de gobierno, salvo estas organizaciones políticas, rinden cuentas al pueblo. ¿Por qué concederle al PCC y la UJC el derecho de actuar en nombre de todos si sus dirigentes no han sido electos por el pueblo? ¿Por qué librar a estas organizaciones del escrutinio popular en la Asamblea? ¿Por qué concederles derechos sobre el presupuesto nacional sin supervisión de los diputados?
No es un hecho menor, además, que la ejemplaridad de muchos militantes sea cuestionable y que la estructura del PCC funcione de manera más apegada a la disciplina partidista que a la discusión franca y abierta, que es la que debe prevalecer en la sociedad que necesitamos. Lo mismo vale para la UJC, cuya presencia en el artículo 6 solo se justifica como cantera del PCC y cuya ejemplaridad es aún más discutible.
Ambas organizaciones aparecen en el texto como supraconstitucionales y permanentes, aun antes de la definición de la constitución. Deberían incluirse como “organizaciones políticas” en los artículos referidos a las organizaciones de masas y sociales.
Artículo 15: Añadir un nuevo párrafo donde quede constancia de que, puesto que el Estado es laico, ningún representante de gobierno podrá, en actos oficiales, hacer declaración de sus creencias o fe religiosas.

Artículo 21:

Párrafo 92:
d) Eliminar
Comentario: sustituir por otro donde esa propiedad se defina como parte de la “socialista de todo el pueblo”, de manera que tales organizaciones sean usufructuarias y no propietarias de medios y bienes que les hayan sido concedidos por el estado cubano.
Párrafo 95: sustituir “aquellas de carácter más social” por “las cuatro primeras”
Artículo 23:
Párrafo 100: Comentario: Donde dice en qué circunstancias la propiedad socialista puede ser objeto de otros derechos, debería incluirse también cuál sería el procedimiento (por ejemplo: la transferencia de derechos sobre estos bienes precisa la aprobación de la Asamblea Nacional del PP, etc.).
Párrafo 276: g) se favorece la incorporación Comentario: ¿a dónde, a qué? No queda claro.

Artículo 96:
Párrafo 285: b) el pueblo controla… Comentario: ¿por qué exceptuar de ese control a las organizaciones políticas que, según este proyecto, no responden más que a sus propias autoridades?

Artículo 97:
Párrafo 293: Comentario: Si la ANPP representa a todo el pueblo y expresa su voluntad soberana, ¿por qué las candidaturas son designadas, en una amplia proporción,por vía indirecta? Los diputados deberían provenir siempre de las asambleas populares.

Artículo 99:
Párrafo 295: Comentario: Cuando dice “en la proporción y según el procedimiento que determina la ley”, debería regularse lo comentado en el Artículo 97.

Artículo 104:
Párrafo 337: j) designa… etc. Comentario: ¿Por qué el cargo de Gobernador es por designación y no por elección? Debería ser por elección popular, aunque mantenga el requisito de ser ratificado por la Asamblea. De esa manera, quienes aspiren al cargo deben ganarse a sus electores con propuestas específicas, y no por designación de ninguna otra instancia.

Artículo 108:
Párrafo 361: Comentario: La elección de los diputados debería ser territorial de verdad, no adjudicarle al territorio, como se hace con bastante frecuencia, un diputado que vive en otra parte, previamente designado candidato por organizaciones o instituciones, pero no propuesto en asambleas populares de base. Puesto que el sistema de representantes políticos es territorial, la elección debe serlo igualmente.

Artículo 121:
Párrafo 401: Al Presidente de la República lo elige la ANPP (…) y le rinde cuentas a esta… Comentario: ¿cómo se lleva a cabo la elección de candidatos?
Párrafo 405: Eliminar.
Comentario: Cuba es un país con un alto índice de envejecimiento poblacional, sobran hoy en el mundo ejemplos de líderes ya ancianos que concitan la unidad de un pueblo y cuyo gobierno resulta beneficioso para las mayorías. ¿Por qué no ceñir la elección a quien demuestre mayor capacidad? Ser joven no es un mérito o una virtud, ni tampoco garantía de trabajar bien.
Añadir un inciso sobre la posibilidad de revocar el mandato de la persona que ocupe ese cargo y establecer las causas y procedimiento.

Artículo 123:
Párrafo 411:
f) … sustitución en sus funciones de los cargos de Primer Ministro, Presidente…, Fiscal…, Contralor…, Presidente y miembros… y gobernadores… (Comentario: Deben enunciarse los cargos, sin artículos, para no dejar sentado que sean solo hombres quienes los ocupen)

Artículo 139:
Párrafo 487: e) asumir la dirección… Comentario: debe especificarse en cuáles circunstancias)
Comentario: Añadir un inciso sobre la posibilidad de revocar el mandato concedido por la ANPP a la persona que ocupe el cargo de Primer Ministro y establecer las causas y pasos del proceso.

Tomado de Asamblea Feminista.

Foto: Dietmar. Reproducida bajo licencia Attribution-NonCommercial-NoDerivs 2.0 Generic (CC BY-NC-ND 2.0).

La pena de muerte y la Constitución cubana

Por Rodolfo Alpízar Castillo

En mi criterio, una constitución  martiana, humanista y moderna, debería prohibir la pena de muerte en cualquier caso. Lo cierto es que muchos ciudadanos consideran que ella debe existir, pero ser aplicable en casos excepcionales. Que se prohíba sería lo correcto y a ello deberíamos encaminarnos; que se permita, pero con múltiples restricciones que casi la anulen, pudiera ser un paso en esa dirección. Sea lo uno, sea lo otro, lo inadmisible es que la constitución sea omisa en relación con un asunto que atañe al primero de todos los derechos humanos.

Es asombroso que el tema no haya estado contenido en la Constitución de 1976. Asombra má todavía que no aparezca en el anteproyecto de nueva constitución. Es una situación absurda que en un Estado moderno, de proclamada vocación martiana, democrática y humanista, la constitución no mencione la pena de muerte, sea para prohibirla, sea para establecer su excepcionalidad y los condicionamientos para ejecutarla.

Cuando Cuba nació como república para el mundo, el 20 de mayo de 1902, en su Constitución se hacía alusión a la pena de muerte, y se prohibía expresamente aplicarla por delitos políticos. La de 1940, ejemplar para su época, como sabemos, en su artículo 25 declaraba:

No podrá imponerse la pena de muerte. Se exceptúan los miembros de las Fuerzas Armadas por delitos de carácter militar y las personas culpables de traición o de espionaje en favor del enemigo en tiempo de guerra con nación extranjera.

A pocos días de su golpe de Estado, el 4 de abril de 1952, Fulgencio Batista imponía los Estatutos Constitucionales, donde se abolía la vigencia de la constitución de 1940 y se instauraba la pena de muerte para los hechos de gansterismo y pistolerismo.

Es decir, la pena de muerte se instauró en la Cuba republicana en 1952, como consecuencia del golpe de Estado en que se erigió Fulgencio Batista como dueño de los destinos de la república. El concepto englobado en la expresión “gansterismo y pistolerismo” era amplio, permitía su interpretación según conveniencias.

La Ley Fundamental de 1959, aunque repetía la prohibición de la pena de muerte de 1940, agregaba una larga lista de excepciones; esto es: de casos en que se podía aplicar:

Artículo 25. No podrá imponerse la pena de muerte. Se exceptúan los casos de los miembros de las Fuerzas Armadas, de los cuerpos represivos de la Tiranía, de los grupos auxiliares organizados por esta, de los grupos armados privadamente organizados para defenderla y de los confidentes, por delitos cometidos en pro de la instauración o defensa de la Tiranía derrocada el 31 de diciembre de 1958. También se exceptúan las personas culpables de traición o de subversión de orden constitucional o de espionaje en favor del enemigo en tiempo de guerra con nación extranjera.

La Constitución de 1976, por su parte, obvió referirse al tema, y en su reforma de 1992 también se pasó por alto. Se creó así un limbo jurídico, pues con la Constitución de 1976 dejaba de tener validez la Ley Fundamental y su mención a la pena de muerte. Con ello se dio lugar a interpretaciones acomodadas a la casuística. Por ejemplo, el Código penal de 1987 interpreta el silencio constitucional de manera afirmativa, y declara válida la pena de muerte, si bien en su artículo 29.1 expresa que “es de carácter excepcional”.

Es decir, a falta de pronunciamiento constitucional, los creadores de la norma se guiaron por sus propias convicciones al respecto.

El proyecto actual de nueva constitución tampoco menciona la pena de muerte. De aprobarse el texto tal como está, la pena de muerte en Cuba no estaría ni permitida ni prohibida. Se mantendría el limbo jurídico. Los legisladores seguirían libres de interpretar el silencio a su manera.

Una constitución que proclama en su capítulo 1 el humanismo y repetidamente recuerda la prédica de Martí no puede obviar una pena que atañe al principal de los derechos humanos, el de la vida, y dejarla a la interpretación que le quieran dar tres personas, falibles por definición (en un tribunal de cinco miembros, basta el voto de tres para que una decisión se tome).

La pena de muerte en ningún caso debería ser aplicada, ni en Cuba ni en ningún lugar del mundo. Quien piense que ella es una especie de “cura en salud”, o vacuna contra delitos horrendos, pasa por alto que, hasta el día de hoy, la existencia de la pena de muerte no ha hecho disminuir los crímenes de sangre en los países que la aplican. Y, por el contrario,  no pocos lugares que la aplican se cuentan entre los de mayor criminalidad.

La pena de muerte es la única que no es reversible. Si un minuto después de aplicada se descubre que hubo un error, es imposible devolverle la vida al inocente “ajusticiado”.

Si por mayoría de la Asamblea Nacional se decide que la Constitución no prohíba la pena de muerte, Cuba perdería una buena oportunidad de andar a la par de la modernidad. Si eso acontece, al menos, se debería garantizar que la excepcionalidad sea total. Por ejemplo, en virtud de la irreversibilidad que caracteriza a esa pena, se debe prohibir expresamente que se pase por alto alguna de las formalidades establecidas para su imposición. No se puede justificar saltar etapas en el proceso so pretexto de “dar escarmiento”, de “sentar un precedente”, o simplemente, “en virtud la gravedad de los hechos”. Es decir, no se puede permitir la aplicación de la pena de muerte como resultado de  juicio sumario o sumarísimo.

Por otra parte, en jurisprudencia está bien establecido que al delito cometido en grado de tentativa no se le aplica nunca la pena máxima establecida en el código penal; sin embargo, la historia está llena de condenas a pena capital en que el crimen no llegó a realizarse y, por tanto, no era punible con la sanción máxima, la muerte.

Por lo tanto, si ha de permanecer en Cuba la pena de muerte, que al menos se haga con el máximo de formalidad, sin prisas y, sobre todo, que nunca se aplique si el delito no llegó a ser consumado.

Foto: Irene Pérez. Tomada de Cubadebate.

¿Está mal escrito el proyecto de la nueva Constitución de Cuba?

El colega Rodolfo Alpízar Castillo, que tuve a bien conocer cuando trabajaba como periodista en el Instituto Cubano del Libro, ha analizado, en días recientes, el proyecto de Constitución desde la redacción del mismo, lo cual es sin duda una de las contribuciones más reveladora que he visto circular en las redes sociales.

SI bien a vuelo de pájaro es posible notar ciertos errores en el proyecto, lo que Alpízar refiere es más que un hecho aislado. Se trata de que la nueva Carta Magna de la República de Cuba contiene numerosos errores gramaticales, ortográficos, omisiones, reiteraciones innecesarias, deformaciones, contradicciones, que no solo ponen en jaque su inteligibilidad sino también su alcance en materia de derechos, deberes y funciones.

Es por ello que le he pedido permiso para subir a esta bitácora sus aportes al respecto. A partir de los cincos mensajes hasta ahora enviados por él, he confeccionado el PDF que les comparto a continuación.

Sólo les pido que lo hagan circular, el asunto es mucho más grave que una cuestión de estilo.

Descargar Rodolfo Alpízar Castillo: Comentarios sobre el proyecto de Constitución.

Imagen tomada de Radio Ciudad de La Habana

 

 

Te creo hermana. Cuenta conmigo

Por Sandra Milena Arizabaleta

Creo que pocas mujeres han tenido una relación de amistad con un hombre, tan bella como la que viví hace años.

Tenía un amigo, que era como un hermano. Estaba a mi lado, me apoyaba, protegía y me recordaba siempre lo inteligente, valiosa, importante y bella que era.

Cuando salíamos de fiesta, me divertía aconsejándome no recibir licor a cualquiera, le advertía a los que se me acercaban que yo era especial y que él estaba cuidándome.

Recuerdo que una ocasión vio que estaba un poco alicorada y que un tipo estaba muy canson, entonces; llegó como mi héroe y mi salvo del patán. Dijo que los hombres que no saben respetar son unos animales.

Cuando le conté que me sentía atraída por mujeres, me apoyó. O sea, fue la primera persona que me dijo: eres lo mejor del mundo y la mujer que ames, será privilegiada. Literalmente no caminaba gracias a él. Yo sólo levitaba.

Por eso, cuando la novia dé años que él “tenía” me dijo: Gustavo me maltrata. No creí. Era imposible. Ella estaría herida, celosa o loca! Nada tenía sentido. YO NO LE CREÍ!!!

Apoyé a mi amigo, al hombre maravilloso que varías noches me cuido la borrachera, el que se agarró a golpes para defender “mi honra” el que me aceptaba y quería. El que proclamaba que las mujeres de su vida eran increíbles.

Y es que ¿cómo podría alguien tan maravilloso hacer algo tan horrible, cómo quien defendió a sus amigas de parejas maltratadoras, podría ser un maltratador?

Aún recuerdo con dolor él momento en que lo vi golpearla. Mi cuerpo se congeló, mi cerebro no lograba aceptarlo. Y no fue un acto de “locura” ese ser era Gustavo.

Gustavo, mi Gustavo maravilloso estaba ahí; golpeando a una mujer, a una hermana, a una persona a quien yo no le creí.

Su “explicación”, ella era bruta, fea, loca … él la padecía. Si tan solo no fuera tan básica, si fuera un poquitín más como sus amigas, más como yo me dijo.

Días después, cuando ella aceptó verme, yo no sabía que decir, estaba aterrada viendo los moretones y recordando la horrible escena. Ella sí hablo, me dijo que los golpes dolían, pero dolía aún más el silencio cómplice de otras mujeres, dolía que su palabra no se creyera, dolía ser mujer víctima también de otras mujeres.

Entonces, llorando pedí perdón, no cambiaría su dolor, pero asumia mi culpa y egoístamente liberaba un poco mi conciencia.

Gustavo… me explicó, me lloró, me pidió ayuda y esta vez supe a quien DEBÍA apoyar!

No volvimos ha hablar, fui actriz principal en la visibilización de sus faltas y exigí públicamente las sanciones legales y morales que él merecía.

De vez en cuando lo veo, sigue repitiendo por ahí que soy maravillosa y hasta me perdona por ser dura con él.

Ella, continúa rehaciéndose, empoderandose y creo que ya no reprocha mi triste actuación en todo esto. Una vez me dijo medio embroma medioserio; “la próxima vez que una mujer te pida ayuda, no té hagas la marica. Escúchala con el corazón y el cerebro”.

Hoy, cada vez que escucho del maltrato a una mujer, sufro. Recuerdo ese instante horrible cuando mi maravilloso Gustavo, mostró su verdadera cara.

Que el pacto tácito de silencio termine también entre nosotras. Ese hombre “maravilloso” que conocemos como familiar, amigo, compañero de trabajo y luchas, puede ser la pesadilla de otras mujeres, y nuestro DEBER no puedo ser pospuesto mientras seguimos soñando que a nuestro lado está un hombre diferente.

Ahora no me empiecen con el “no son todos” y que generalizar está fuera de lugar. Aquí escribo sobre una verdad que no pertenece de manera exclusiva, retrato una realidad de muchas…

#TeCreoHermana
#CuentaConmigo

Foto: Dani Vázquez

El Movimiento Afrodescendiente Cubano: la reunión de Harvard

Un grupo de activistas del movimiento afrodescendiente cubano se reunió en la Universidad de Harvard el 14 y 15 de abril del 2017 para hacer un balance de la evolución del movimiento antirracista cubano, sus logros, limitaciones y desafíos de cara al futuro. El movimiento afrodescendiente cubano se ha ampliado desde su surgimiento en la década del noventa e incluye activistas que desarrollan su trabajo en diversas esferas. Entre las mismas se encuentran iniciativas comunitarias; proyectos culturales y artísticos; redes de colaboración con la participación de intelectuales y académicos; organizaciones que articulan demandas desde el lenguaje de los derechos ciudadanos y jurídicos; plataformas de diseminación de información sobre la lucha antirracista; así como representantes de organizaciones oficiales vinculadas a estos temas. La reunión acogió, además, a un grupo de empresarios afrocubanos que han logrado promover empresas en el sector privado emergente. Ello da cuenta no solo de la diversidad socioestructural de los/as participantes de este encuentro, sino además de la complejidad temática que pone en tensión cualquier capacidad de convocatoria.

La presencia de los activistas en una casa de altos estudios como la Universidad de Harvard obedece a una lógica muy simple: los movimientos sociales y culturales son productores de conocimientos que deben ser incluidos en los planes de enseñanza y los espacios académicos. Los activistas fueron a Harvard a compartir sus saberes y experiencias. El Instituto de Investigaciones Afrolatinoamericanas de la Universidad de Harvard, que organizó la reunión, ha realizado encuentros similares con otros sectores del movimiento afrodescendiente en América Latina, con idénticos propósitos. Estos encuentros forman parte de una agenda más general para implementar el primer objetivo del Decenio Internacional para los Afrodescendientes (2015- 2024) decretado por la Organización de Naciones Unidas: el reconocimiento. El re-conocimiento está indisolublemente ligado a una agenda educativa que propicia la articulación entre activismo afrodescendiente y las academias.

Los participantes tuvieron la oportunidad de visitar el Archivo y Centro de Investigaciones del Hip Hop y la Galería Cooper de Arte Africano y Afroamericano, donde pudieron ver la exposición Diago: los pasados de este presente afrocubano, del destacado artista cubano Juan Roberto Diago. El evento fue clausurado con un concierto de tambores batá en conmemoración por los ochenta años del memorable concierto de música sacra afrocubana organizado por

Fernando Ortiz en 1937. El concierto de clausura se hizo bajo la dirección musical de Yosvany Terry, director del grupo de jazz de la Universidad de Harvard.

La reunión. La agenda de trabajo de la reunión y su estructura temática fueron consensuadas en un largo proceso de consultas entre académicos y diversos actores del movimiento y estuvo precedida por varios encuentros y discusiones en Cuba. La misma estuvo inspirada en la creencia de que, durante los últimos veinte y cinco años, la sociedad cubana ha experimentado cambios importantes, los cuales tienen una incidencia directa en las luchas por la igualdad y la justicia raciales. Durante este periodo, las autoridades cubanas reconocieron que el racismo constituye un problema social importante y han dado pasos para propiciar su visibilidad y análisis. Los retos que el movimiento, la academia y las instituciones estatales enfrentan de cara a este tema son diferentes hoy a los de hace dos décadas. Por otra parte, la reunión no se propuso articular un plan de acción, una plataforma única, o nuevas estructuras organizativas. Respetamos y celebramos la diversidad de puntos de vista, acciones y contribuciones que enriquecen y definen al movimiento afrodescendiente cubano.

Temas. Sin pretender resumir aquí dos días de intensos intercambios y debates, destacamos algunos de los temas y preocupaciones centrales mencionados durante el encuentro, sin que ello implique unanimidad de criterios sobre los mismos.

Primero, la justicia racial no es una agenda de “negros” o “blancos,” sino una preocupación de todas y todos los cubanos. Muchas/os de los participantes enfatizaron este punto, defendieron el criterio de que Cuba ha de ser una nación racialmente igualitaria e incluyente, y convocaron a todas/os las/os cubanas/os a luchar activamente contra el racismo y contra cualquier forma de discriminación racial o de otro tipo.

Segundo, los participantes tomaron nota de los éxitos y avances logrados en la lucha contra el racismo y la discriminación. Para empezar, lo que en sus inicios fue un reclamo de un reducido grupo de intelectuales, artistas, religiosos y académicos se ha convertido en un movimiento social creciente y diverso, que está además atento a temas de interseccionalidad (género, orientación sexual, creencias religiosas, discapacidades, generación y territorio, entre otras). Los participantes destacaron la contribución fundamental y pionera de la cultura Hip hop en la lucha antirracista y su incidencia en diversos espacios como la academia, el trabajo comunitario, la formación de líderes y lideresas y el activismo cultural. La cuestión racial ya no es un tabú y ha sido discutida por la prensa, la televisión, en eventos nacionales como los congresos de la UNEAC y el Partido Comunista de Cuba y en instituciones estatales como la Asamblea Nacional del Poder Popular. Sin embargo, los participantes también destacaron que no existen espacios públicos, estables y de visibilidad nacional, desde los cuales es posible desarrollar una campaña sistemática contra la discriminación y socializar lecciones importantes sobre este tema, tal y como está ocurriendo con otras discriminaciones. Varios de los participantes también explicaron que la televisión contribuye a reproducir y diseminar estereotipos e imágenes racistas y plantearon la necesidad de realizar un evento centrado en este tema, con la participación de personal técnico y directivo de la televisión.

Tercero, es necesario modificar los planes de estudio e incluir la historia africana, afrocubana y afrolatinoamericana como materias obligatorias no solo en la enseñanza superior, sino también

en la elemental, secundaria y especial. En este sentido, la experiencia brasileña es una referencia importante. La ley 10639/2003 de Brasil institucionalizó la inclusión de elementos de la historia africana y afro-brasileña en el currículo de la educación primaria y secundaria, pero ha encontrado obstáculos en su implementación debido a la falta de preparación de maestras/os.

Esto es algo que Cuba puede resolver. Los participantes destacaron la necesidad de trabajar con los Ministerios de Educación y de Educación Superior para el desarrollo de nuevos planes de estudio donde África y la historia y cultura afrocubanas estén debidamente representados y acogieron con entusiasmo la reciente creación de una Cátedra de Estudios Afrodescendientes afiliada a CLACSO (Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales) en la Habana. Destacaron, además, que el sistema de pruebas de ingreso crea barreras importantes para los estudiantes afrodescendientes y de familias pobres en general, dado que las mismas no pueden pagar los servicios de tutores privados, conocidos popularmente como “repasadores.”

Cuarto, es necesario desarrollar mecanismos de regulación de los espacios privados, que cada vez ganan mayor protagonismo en la economía y sociedad cubanas. Esto implica garantizar que en los mismos no haya discriminación racial en las prácticas laborales y que la composición de la fuerza de trabajo de cualquier unidad o empresa con cierto número de trabajadores refleje la composición racial y de género de la población cubana. Pero se refiere también al hecho de que las entidades privadas de servicios no puedan implementar políticas de admisión basadas en criterios discriminatorios, de matiz racial o de cualquier otra naturaleza. Los espacios privados no pueden ser, como en el pasado republicano, baluartes de racismo y exclusión. Los nuevos negocios privados deben operar desde una ética de responsabilidad social.

Quinto, los vínculos entre las academias y el activismo afrodescendiente, demandan un replanteo en materia de contenido y formas sobe la base de los cambios operados en la sociedad cubana.

Ambos actores sociales, tienen hoy mayores posibilidades de trabajar en común para construir saberes integrados generados desde los barrios con capacidad de impacto en las relaciones raciales.

La canalización e implementación de muchas de estas preocupaciones implica una interlocución activa con una variedad de actores estatales y de entidades gubernamentales. Los participantes destacaron que uno de los obstáculos fundamentales en la lucha antirracista es la ausencia de una institución u oficina gubernamental o de la sociedad civil dedicada expresamente al tema de la justicia racial, similar a las que existen en muchos otros países de la región. Aunque se anunció hace unos años que un vicepresidente del gobierno daría atención prioritaria al racismo y la discriminación, el anuncio no ha sido complementado con pasos institucionales concretos.

El encuentro en Harvard no constituye una excepcionalidad y en modo alguno pretende ser referente, fue solo un intercambio productivo y necesario. Los participantes reflejan una variedad de formas de activismos, saberes y experiencias. No son las únicas figuras comprometidas con la lucha antirracista, sino una importante representación del movimiento. Los participantes actuaron con toda responsabilidad, conciencia y compromiso con el tema, a pesar de algunas resistencias.

Los participantes confirman su entusiasmo y compromiso para seguir definiendo nuevos espacios de diálogo, legalidad, conciencia y compromiso con la lucha antirracista, en Cuba y en otros espacios regionales e internacionales.

Foto tomada de Afrocubaweb.

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Universidades blancas

Por: Dainerys Mesa Padrón y Mayra García Cardentey.
Con colaboración de Evelyn Corbillón, Adriel Bosch Cascaret y Roxana Romero Rodríguez, estudiante de Periodismo. 

La Educación Superior cubana vive, desde hace años, la preminencia de un estudiantado de piel blanca. Cada vez menos negros o mestizos ingresan o permanecen en las casas de altos estudios. ¿Cuánto intervienen los procesos económico-sociales y contextos familiares en el proyecto educativo de estos sujetos? ¿Serán necesarias acciones o estrategias específicas, más allá de la gratuidad, para responder al fenómeno?

Cristian Herrera Torres no es una estadística, o sí. Depende. Si quisiéramos puede ser uno de los más de 1 410 000 graduados de las universidades cubanas desde 1959 hasta el 2015; o integrar ese 55,1 por ciento de egresados que en todo ese tiempo prefirieron las Ciencias Pedagógicas o Médicas para formarse en su educación terciaria.

Pero Cristian se resiste a ser una estadística. Si las probabilidades no fueran solo eso, probabilidades, cuentas matemáticas con un margen de error, ni siquiera hubiera formado parte de estos primeros datos.

Porque Cristian tenía —tiene— todo lo necesario para no ser un Licenciado en Pedagogía, para no haber egresado en el 2012 y hoy estar cerca de una Maestría y ya pensando un Doctorado. Porque Ortega y Gasset lo dijo: «yo soy yo y mis circunstancias». Y aún con una educación gratuita garantizada para todos y todas en el país, sin distinción por color de piel, credo o género, existen factores que inciden, más o menos, en el ingreso y permanencia en las casas de altos estudios de ciertos grupos sociales.

Las investigaciones así lo muestran. Los especialistas lo explican. Cristian también lo cree. Él lo vivió. Él lo pudo sobrevivir. Tenía suficientes impedimentos para no optar por la universidad: es negro, de bajos ingresos, sin padre y con madre ama de casa, sin recursos económicos, sin incentivo profesional… y vive cerca, muy cerca, de la «candonga» del barrio habanero de San Miguel del Padrón.

Pero Cristian se burló de Ortega y Gasset. Se hizo maestro. Cristian, a estas alturas, es más que un número.

Poner color a las estadísticas

Cristian, al final de su vida estudiantil, se sintió «extraño». A medida que avanzaba en los niveles de estudio, veía cómo predominaban estudiantes blancos en las aulas. «En el preuniversitario, éramos pocos negros, pero ya en la universidad solo fuimos dos en mi clase. Aunque no exista discriminación en la institución, te sientes descontextualizado, como pez fuera del agua».

Herrera Torres lo cuenta a su manera. Los estudiosos le agregan cientificidad: la Educación Superior cubana vive desde hace años la preminencia de un estudiantado de piel blanca. Los patrones nacionales exhiben, como tendencia, que son las mujeres blancas las que más ingresan a las casas de altos estudios. Dicho de otra forma: cada vez menos hombres negros o mestizos obtienen o culminan una carrera universitaria.

Los datos así lo afirman. Según el Prontuario 2015-2016, que reúne las estadísticas de la Educación Superior en Cuba, hoy estudian, en las más de cien carreras, 109 749 blancos (66,1%), 34 320 mestizos (20,7%) y 21 857 negros (13,2%).(1) Estas dos últimas cifras han disminuido con el tiempo, como mostraron recientes pesquisas del Centro de Estudios Demográficos (Cedem). Los números convocan a interpretaciones, si se tiene en cuenta que, según el Censo de Población de 2012, existe en Cuba un creciente proceso de mestizaje.

Y hay más. De acuerdo con investigaciones son mayoría porcentual los negros y mestizos que completan sus diez peticiones y no acceden a la universidad. Hay territorios más vulnerables que otros; en San Miguel del Padrón, en La Habana, por ejemplo, más del 45% de los estudiantes negros de nivel medio que llenan boletas no ingresan a la Educación Superior. En el caso de los mestizos, alrededor del 30 %. El número crece con los años. Y todas las provincias tienen su San Miguel.

El dilema tiene raíces históricas. Los 57 años de Revolución en Cuba parecen nada, ante los siglos de esclavitud, segregación, discriminación y marginación a los que fueron sometidas estas porciones de la población, todavía vulnerables.

Si bien el racismo fue arrancado de raíz de manera institucional a partir de 1959, existen brechas en la sociedad que continúan marcando la diferenciación por el color de la piel.

Heriberto Feraudy, presidente de la Comisión José Antonio Aponte, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) advierte sobre algunas de estas expresiones. «Por las desproporciones desde el punto de vista económico el ingreso a esta enseñanza, que antes fuera casi masivo, comenzó a disminuir. Amén de ser la educación gratuita, algunos miembros de las familias cubanas optaron por no acceder a ella. Resulta que algunos de los núcleos no podían —ni pueden—, sufragar otros gastos añadidos a dicho nivel, como los repasadores, el vestir, la alimentación, demandas tecnológicas…

«Tales condiciones han limitado el ingreso de cierta parte del estudiantado no blanco a las casas de altos estudios de todo el país —dijo Feraudy en entrevista previa a este reportaje—. Por otra parte, los medios de comunicación han legitimado estos constructos, debido a que ­determinados decisores se niegan a reconocer el problema y a discutir sobre él. En estos momentos el mayor prejuicio racial resulta la resistencia a combatirlo».

Aunque estas diferenciaciones han llamado la atención de algunos investigadores, como bien afirma Feraudy, siguen bajo la mirada discreta de los estudios y las prioridades educativas. Para asombro de muchos, se trata, como explica el etnólogo Tato Quiñones, de una situación que data de los ochenta, a pesar de acrecentarse con el Periodo Especial.

Vengo de «buena» familia… ¿y hacia la universidad voy?

Cristian no tuvo orientación familiar, ni un adecuado apoyo económico. Tampoco un profesor particular o una preparación extracurricular que, en muchos casos, permite emular con mayor posibilidad por otras especialidades. Huérfano de padre, vivía solo con su madre, ama de casa, sin conocimientos que le facilitaran orientar a un adolescente a tomar la decisión de su vida.

«Me ayudó a decidir un pastor de la Iglesia Bautista a la que asisto. A todos los jóvenes nos inculcaron seguir estudios. Nos asesoraron y enseñaron la importancia de un título universitario». Ya en el pre de Güira de Melena, Cristian había meditado sobre esa posibilidad. Se decidió por la Licenciatura en Español-Literatura.

Pero… ¿Hasta qué punto interviene la familia? ¿Cuánto influyen las condiciones sociales? ¿Qué significación tienen los procesos económicos en el proyecto educativo de las personas negras y mestizas?

Los especialistas apuntan: en el caso de la educación, las diferencias que se producen en los hogares repercuten en el momento de las y los jóvenes plantearse, no solo su posibilidad de ingreso a las aulas sino hacia qué tipo de estudios van a dirigir esfuerzos.

Según María Elena Benítez, investigadora del Centro de Estudios Demográficos (Cedem) de la Universidad de La Habana, a nivel de la dinámica demográfica de una sociedad, las principales decisiones se gestan en el seno familiar; aunque tales eventos no ocurren de manera aislada.

«Las alternativas y opciones están condicionadas, también, por una estructura económica y social específica —aclara Benítez—. Por lo tanto, la familia influye y a su vez es influida por el entorno económico, social, cultural…, donde se desenvuelve su actividad».

Cuánto incide esto entonces si determinadas pesquisas, —como el estudio «Color de la piel según el Censo de Población y Viviendas del 2012»— muestran que las familias no blancas son, con mayor frecuencia, las de menores recursos y niveles de escolaridad.

Por tanto, con asiduidad, estudiantes mestizos y negros llegan con desigualdades de conocimientos, ya que a lo largo de su recorrido estudiantil han aprovechado el currículo de manera desemejante. Y aún peor: como advierte Niuva Ávila, profesora de la Facultad de Sociología en la UH, «mientras más elite tenga la carrera y mayor promedio demande, mayor estudiantado blanco encontramos en sus aulas».

A estas alturas del debate, definimos algunas de las condicionantes (personales y familiares) alrededor de las aspiraciones de muchachos y muchachas en cuanto a los niveles superiores. Mas, junto a los saberes inculcados, aprendidos y aprehendidos por los individuos en cuestión, corren otros elementos.

Los repasos con profesores particulares (existentes ya en todos los niveles de enseñanza, incluidas las pruebas de aptitud), los costos del transporte, alimentación, vestuario y hasta determinada bibliografía, explicitan un hueco en la economía familiar que no todos los hogares pueden asumir durante cinco años. Mientras, tropezamos con la tradición formativa, los hábitos de lectura, la ambición profesional…

Para brindar una mayor idea, resulta necesario un rápido análisis económico: si las pesquisas demuestran que existe una correspondencia entre el ingreso a la Educación Superior con resultados exitosos y los gastos de la familia en el pago de profesores particulares, y si a la vez, otros estudios ­explican que son los educandos blancos los que más acceden a esta superación extracurricular, ¿qué posibilidades-probabilidades quedan para negros y mestizos cuyos padres no pueden sufragar estos gastos?

Por tales trasfondos, los estudios han estimado una familia tipo detrás de la elevada representación estudiantil blanca en los predios de las casas de altos estudios. Incluso cuando estas clasificaciones varían (sutilmente) en los diferentes territorios, algunas de sus particularidades permanecen incólumes.

«Estimamos —expresa Ávila—  una familia blanca, de padres profesionales, con ingresos o dirigentes; profundos niveles culturales-educativos y con residencia en determinadas zonas favorecidas del país».

Jesús Guanche, destacado antropólogo y Doctor en Ciencias Históricas, indica que existen también otras cartas en el asunto. «Más allá del nivel de escolaridad y del poder adquisitivo, influyen el sentido de pertenencia de la familia a una comunidad determinada, a un barrio, a un espacio donde transcurre la vida en sociedad y la voluntad de continuidad cultural de una generación a otra. No olvidemos que existen personas que tienen una perspectiva de futuro a largo plazo y personas que viven apenas el día a día».

¿Dime con quién andas y te diré si estudias…?

Para Cristian no ha sido fácil. Nada fácil. Ninguno de sus amigos estudió en la universidad. Mientras él comprometía el sueño para lograr buenas notas o alternaba superación con un trabajo a tiempo parcial en una carnicería para poder mantenerse en esos años, sus «socios» ganaban dinero rápido, de mano en mano, en la «candonga» de San Miguel: «La cuevita», como muchos le dicen.

«El medio influye, determina. Aun cuando sea gratuita, para alguien que no tiene recursos, especialmente si vives en San Miguel, es casi un lujo estudiar en la universidad. Es una inversión que pocos pueden hacer», apunta Cristian.

Su experiencia como profesor en dos preuniversitarios de ese municipio le permite fundamentar su idea. «Los estudiantes no piensan otra cosa: terminar el pre y ponerse a trabajar. Casi todos tienen a padres, amigos y conocidos insertados en ese entramado de negocios que hay en el territorio. Ven eso en sus vidas y quieren hacerlo también».

Aquí convergen construcciones derivadas de las circunstancias económicas y sociales de Cuba en las últimas décadas.

Aparece entonces la percepción que tienen las personas de la universidad (tanto los alumnos como los adultos con poder de intervención en sus decisiones), la pertinencia de poseer un título universitario en determinados estratos y ambientes sociales, y no por último menos importante, la necesidad urgente de aportar al hogar.

Jesús Guanche, quien es además Premio Nacional de Ciencias Sociales, incita a pensar el tema de la desigualdad social y su reflejo en la educación desde dos factores: el aprovechamiento adecuado de las oportunidades y la motivación de si vale o no el esfuerzo hacerse graduado universitario.

Para el reconocido académico «si hace varias décadas tener un título era una forma de prestigio social y una digna manera de vivir, actualmente puede ser más reconocido un gerente o hasta el portero de un hotel. Se piensa en términos monetarios y no en el desarrollo de capacidades mediante el conocimiento. Es el peligro ético del paradigma: “tener para ser” y no al contrario. Por ello muchos jóvenes no tienen a la universidad como una aspiración, sino acceder a otra vía rápida para tratar de sobrevivir».

Y los jóvenes negros y mestizos aplican con asiduidad porcentual este pensamiento. Una decisión influenciada por factores familiares, desigualdades económicas-sociales y hasta estereotipos de género. Los datos ahí están.

Educación superior: calidad y equidad

Cristian así lo piensa: «La obtención de un título todavía es un mérito». A pesar de las transformaciones ocurridas en la estructura social cubana a partir de los años noventa, donde los ingresos no necesariamente se asocian a un mayor grado de escolaridad, ser universitario cuenta con cierto reconocimiento social.

«Existe sí, esa representación del universitario. “Él estudió en la universidad”, “está escapa´o”, “cómo sabe”», explica.

Pero no todos piensan en ese crecimiento profesional, y apuestan por una obtención rápida de ingresos, que por consiguiente no implica cinco años en las aulas.

El escenario es complejo. Por una parte, el carácter universal e igualitario de las estrategias comprendidas desde los sectores educativos en Cuba, bien merecen aplausos. Por otra, ante situaciones de desigualdad, —como lo es el caso de la desproporcionada entrada, permanencia y graduación de personas en la universidad por el color de la piel— las estrategias deben profundizar en especificidades que, al menos, equiparen los desniveles.

El temor a reconocer que sí existen inequidades, los prejuicios arraigados en algunos decisores y la ineficacia de determinadas prácticas, provocan silencio y ambigüedad respecto a un tema tan trascendental como este.

Es por ello que investigadores y especialistas insisten en que además de la gratuidad de la educación en sí, resultan necesarias políticas públicas más focalizadas que permitan potenciar mejores condiciones sociales y económicas para negros y mestizos, que se traduzcan, a la postre, en catalizadores para el cambio de composición del estudiantado cubano.

«Aunque es un punto de inicio importante, no es suficiente que las políticas digan: “todos pueden”—insiste Ávila. Porque no todos pueden. No todos parten de las mismas condiciones. No todos han podido desarrollar, de la misma manera, capacidades y habilidades que, en el momento de ingreso a la  Educación Superior, hay que poner a funcionar.

«Si no se tiene un hábito de lectura, de estudio, si no se tienen herramientas, personas que te orienten hacia dónde buscar la información, que te enseñen a estudiar… no se puede.

«A las políticas, en tanto, les falta entender y tratar de apoyar ante las diferencias que se traen de la base, para que en el momento de optar por una carrera realmente se pongan a competir las habilidades que cada persona ha adquirido, y no las habilidades o las condiciones que tienen las familias», culmina la académica.

El etnólogo Jesús Guanche provee analítica mirada: «si la equidad se descuida y no se implementan acciones de motivación, de captación, sin bajar el nivel de la enseñanza, se puede regresar al punto de partida, que estuvo bastante superado hacia mediados de los años ochenta del siglo pasado, en relación con el acceso a las universidades».

En este sentido, el Ministerio de Educación Superior (MES) no asume ninguna estrategia en lo particular que permita una mayor accesibilidad a negros y/o mestizos. La institución se centra en potenciar el derecho constitucional a una educación gratuita, independientemente del sexo, credo o color de la piel.

Bajo dicha mira, el sistema de ingreso, tal cual está estipulado, posibilita cursar estudios según aptitudes de cada educando, por tanto no tienen mecanismos para regular o modificar la entrada por color de la piel. El MES se limita a cumplir las leyes. No más.

Pero, hallar un punto de encuentro entre lo general y lo particular de estos manejos institucionales deviene principal reto, como explica Yulexis Almeida, socióloga que realiza su doctorado sobre el tema.

«Muchas veces tanto egresadas y egresados universitarios, como personas que juegan un rol en el MES y están implicadas en las políticas, consideran que en un contexto como el nuestro no sería atinado pensar, por ejemplo, en cuotas, pues eso en sí mismo encierra una forma de discriminación.

«Tenemos una mirada muy reduccionista de lo que acciones específicas en este campo se refiere. ¿Por qué? Pues lo que tradicionalmente hemos hecho es aplicar el tema de las cuotas; pero de la manera incorrecta.

«Primero, porque la cuota es una medida afirmativa, que sí se considera una discriminación, aunque en este sentido positiva, para lograr compensar una desigualdad. Por tanto, a lo que se aspira en una cuota es: uno, que hay que tener en cuenta las posibilidades que voy a establecer, que tienen que estar en relación con la desventaja que existe. Por ejemplo, no puedo aplicar cuotas fijas, cuotas igualitarias, que es lo que generalmente se hace. Debemos reflejar una asignación que responda a una equidad.

«El otro elemento importante radica en que tales cupos no pueden ser permanentes, o durar veinte o treinta años», concluye Almeida.

Aunque, cualquier decisión, tomada o no, trasciende al MES. Es entonces que el Estado debe concentrarse en la disyuntiva entre calidad y equidad. «Por una parte al existir un número limitado de plazas en las universidades, no puede excluir el mecanismo de los méritos académicos a través de los exámenes de ingreso para lograr una selección basada en los resultados del esfuerzo de los propios estudiantes. Y por otra, debe controlar las desigualdades que esto trae consigo e impiden la movilidad social ascendente de algunos grupos», enfatiza Ávila Vargas.

Guanche recalca la idea: «No es posible ceder en la adecuada calidad de la enseñanza, pero eso no puede ser un “sálvese quien pueda” en el orden social».

No hay respuestas simples, si bien las barajas rondan por medidas centradas en corregir, —desde la base y escalonadamente en los diferentes niveles y estratos sociales— las disparidades que aún no se han eliminado y aquellas que han surgido con la crisis iniciada en los años noventa.

«Con una política de becas (recursos financieros administrables por el becario) a las personas económicamente vulnerables —como ya se hace en muchos países— sus familias tienen un alivio en los múltiples gastos que genera, independientemente la “gratuidad”, cualquier estudiante universitario», propone Guanche.

El también Premio Nacional de Investigación Cultural 2013, apuesta por el subsidio de las personas: «la inteligencia se apoya y facilita; es necesario subsidiar estudiantes menos favorecidos desde el nivel de ingresos familiar para evitar las bajas hacia otras actividades. Esta medida para nada puede interpretarse como paternalista, sino como reparación de una deuda histórica para superar las inequidades sociales».

Porque el igualitarismo no necesariamente es igualdad. Ha costado—cuesta— reconocerlo.

Ya lo decíamos al principio. Cristian no es un número. Resistió esa probabilidad de negro, hijo de padres no profesionales, de bajos recursos y localidad socialmente compleja. Cristian se hizo maestro, aunque hoy alterne, por cuestiones de lógica económica, con otra labor mejor remunerada.

Pero no todos son Cristian. No todos superan las «malditas circunstancias». Muchos sí entran en esas probabilidades, altas, discriminatorias, que respiran todavía décadas de exclusión que no se solucionan solo con políticas generales y gratuidades.

No se llaman Cristian, mucho menos son maestros. Son ese por ciento sin rostro. Negros y mestizos, que cada año en ciertos municipios del país llenan una boleta de ingreso y no entran a la universidad. Esos mismos que quizás no leerán este trabajo, esos mismos que piensan que su única opción es vender mercancías en la «candonga» de San Miguel.

En los extremos… Pinar del Río y Guantánamo

Un estudio en dos provincias arrojó como resultado la gran influencia no solo de la familia sino del contexto social. En Guantánamo el problema es inexistente, mientras en Pinar del Río las cifras preocupan.

Tal afirmación la corrobora el hecho de que en la Universidad de Guantánamo (UG) 1 685 alumnos (61,9%), de los 2 720 que estudian dentro de las modalidades de Curso Regular Diurno y por Encuentros, son mestizos o mulatos; mientras tan solo 520 son blancos (19,1%) y 541 negros (19,8%).

El color de la piel mayoritario de los estudiantes de la UG está en correspondencia con la composición poblacional de la provincia más oriental cubana.

No obstante, el gran mestizaje en el Alto Oriente también tiene varias interpretaciones dentro de la Educación Superior. Por ejemplo, los territorios Guantánamo, Manuel Tames y el Salvador, manifiestan mayor tendencia a tener lugareños negros, a diferencia de San Antonio, Imías y Maisí, donde la población blanca es un poco más abundante.

Estas propensiones se expresan en la composición de los universitarios de estos municipios dentro de la UG. Dos ejemplos para comparar —tomando como base del Curso Regular Diurno las carreras con mayor matrícula (Cultura Física, Derecho, Agronomía, Contabilidad y Finanzas y Educación para Lenguas Extranjeras en Inglés)—: de los 39 educandos de Manuel Tames solo dos son blancos; mientras de Imías de 37, nada más tres son negros.

En este sentido, todavía existe una propensión a que algunas carreras sean más «claras» que otras, pese a que los mestizos son predominantes en todas.

Pero en general, la balanza por color de piel de la principal universidad guantanamera no es tema que preocupe pues es un reflejo de la composición, en ese sentido, del extremo oriente cubano.

En Pinar del Río, la situación sí responde a un incremento del estudiantado blanco. La matrícula general del principal centro estudiantil es de 6 304 alumnos, de ellos, 4 975 blancos (78,9%), 797 negros (12,6%) y 532 mestizos (8%). La cifra llama la atención, pues no tiene correspondencia proporcional, como el caso de Guantánamo, con la población de la provincia. Independientemente de que Vueltabajo es un territorio eminentemente blanco, es a la vez uno de los que mayor por ciento de población negra posee, no tanto mestiza.

Varios grupos de discusión resumieron que existen municipios y zonas residenciales con mayor presencia de estas inequidades en cuanto al acceso a la Educación Superior.

Este bosquejo muestra que cualquier medida o acción a tomar, debe responder a las características propias de los territorios. Si bien el decreciente ingreso y permanencia de negros y mestizos en las universidades es un dilema de país, cada localidad vivencia el tema de variadas maneras.

(1) En estos datos no se incluyen las instituciones educativas vinculadas a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) o al Ministerio del Interior (Minint).

Foto: Alba León Infante. Cortesía de Lilibeth Alfonso

Tomado de Alma Mater