Declaración del Colectivo Cuba Liberación Negra

Somos personas Negras cuir cubanas que, desde una perspectiva abolicionista y antiimperialista, militamos dentro y fuera de Cuba, algunas afiliadas a grupos de liberación Negra y al movimiento Black Lives Matter en las ciudades y países donde residen. Con el presente comunicado pretendemos denunciar la invisibilización de las realidades de las personas Negras cubanas, especialmente en el contexto de crisis económica que se vive en Cuba, agravado por la pandemia de COVID-19, y tras las manifestaciones sociales que han tenido lugar desde el 11 de mayo del 2019 hasta las más recientes del 11 de julio de 2021.

Cualquier valoración que se realice sobre la situación de derechos humanos de la población afrocubana debe partir del reconocimiento del racismo estructural y la discriminación racial en todos los ámbitos de la sociedad cubana. Frases como “la revolución hizo a los Negros personas”, por ejemplo, refuerzan el mito de que el proceso revolucionario acabó con la desigualdad y la discriminación raciales y pretenden colocar a las personas Negras en un lugar de subordinación e indefensión y eterno y acrítico agradecimiento. Además, desconoce los logros y luchas de las poblaciones Negras en Cuba anteriores a 1959 y les deshumaniza. Antes de 1959 ya eran personas. Tanto las personas esclavizadas en Cuba como sus descendientes participaron de manera destacada de las gestas libertarias y en el desarrollo económico, cultural, político, científico y social de la nación. Fueron protagonistas de la historia y no simples espectadoras que esperaron a que los poderes blancos reivindicaran sus derechos. La revolución no fue solo ni fundamentalmente blanca.

El uso de expresiones peyorativas como “coleras”, “revolucionarios confundidos”, “vándalos”, “mercenarios”, “delincuentes”, “malandrines”, para intentar estigmatizar a quienes disienten del gobierno, protestan o intentan sobrevivir en un contexto adverso, revela una visión despectiva del propio pueblo cubano y, en particular, de su lado afrodescendiente. Encierran en sí mismas tanto el racismo como el clasismo que refuerzan el gobierno, las instituciones y los medios de comunicación oficiales, al tiempo que sirven para criminalizar a quienes sufren pobreza y desigualdad. No podemos pasar por alto que muchas de las personas en las que recaen esas etiquetas son afrodescendientes de comunidades cada vez más marginalizadas por las últimas reformas económicas y vulnerables a los abusos de poder.

Y esa marginalización tiene que ver con cómo la hegemonía blanca ha delimitado los espacios de relaciones (sociales, económicos, culturales) y los territorios. Fenómenos como la gentrificación en Cuba toman características particulares cuando el Estado desplaza a residentes de barrios neurálgicos -como La Habana Vieja- hacia viviendas en la periferia de la ciudad, con el fin de construir hoteles. Del mismo modo, decenas de miles de personas Negras viven hoy en asentamientos donde no se les satisfacen las necesidades básicas y en condiciones de “ilegalidad”.

Durante y después de los sucesos del 11 de julio hemos visto innumerables fotos y videos en los que personas Negras, especialmente jóvenes, son víctimas de la brutalidad policial, de las fuerzas militares y paramilitares. A pesar de que la policía cubana está formada en un número considerable por personas Negras, que en muchas ocasiones provienen de zonas orientales afectadas por pobreza extrema, en busca de salarios medianamente altos, la hegemonía blanca instrumentaliza las necesidades y aspiraciones de las personas Negras y enfrenta unas contra otras. Este es quizás el ejemplo más rotundo de cómo funciona el racismo estructural en Cuba.

Pero la brutalidad policial no implica únicamente la violencia física sino también otras formas de violencia mucho más solapadas, pero igual de condenables, que se ejercen a través de la vigilancia, el acoso, amenazas, citaciones extrajudiciales, interrogatorios, prohibiciones de salir del país, cercos policiales afuera de las viviendas o en calles aledañas, etcétera. Es importante mencionar que personas activistas antirracistas han sido reprimidas por su lucha contra la discriminación racial. Y sus parejas, familiares y amistades también han vivido situaciones de violencia.

Además, queremos recordar que la policía cubana suele operar con un perfil racial. Muchas veces los jóvenes negros son considerados y tratados como delincuentes en potencia solo por el color de su piel. Y esto nos lleva a preguntarnos sobre la composición racial que predomina en las cárceles cubanas. Una información que probablemente el gobierno posea, pero que hasta ahora no es de acceso público. De hecho, muchos de los datos recogidos en censos y encuestas no son procesados, presentados o publicados teniendo en cuenta el color de la piel.

La existencia de la figura legal conocida como “estado de peligrosidad”, que tiene el fin de contribuir al control social y ha llevado a prisiones a personas consideradas por las autoridades “proclives a cometer delitos” -entre ellas trabajadores sexuales y consumidores de drogas-, nos obliga también a preguntarnos si el color de la piel no estará siendo un elemento que se use, de manera más o menos consciente, para determinar quiénes son “proclives a cometer delitos” y deben sufrir sanción penal. Lamentablemente, nos faltan las estadísticas actualizadas para confirmar que la población negra es mayoría en el sistema judicial-carcelario cubano.

Sin embargo, sí sabemos, por testimonios de personas que han estado encarceladas y sus familiares, que en las prisiones cubanas hay graves problemas de hacinamiento, precariedad alimentaria, falta de condiciones higiénicas adecuadas, restricción de visitas familiares, entre otros. Si la situación de la generalidad de la población y en especial de quienes se encuentran en los centros de aislamiento como parte de los protocolos para enfrentar la COVID-19, es ya extremadamente difícil, podemos suponer que en las cárceles debe serlo aún más.

En el caso de las personas Negras cuirs, no binarias, agénero, trans, etcétera, la criminalización se relaciona con el control y el policiamiento de sus cuerpas, la forma de vestir, las expresiones de género y de la sexualidad. Estas personas son arrestadas y encarceladas con más frecuencia que otros grupos de la sociedad y sufren el binarismo y la violencia de género que el sistema penitenciario refuerza. El hecho de no respetar el nombre según la identidad de género, tan común en las detenciones por parte de la policía, representa una conducta represiva que responde al “cis-tema” sexo-género por el cual vela la hegemonía blanca.

El debate internacional sobre el punitivismo, la criminalidad, la función de las cárceles y la inoperancia del poder judicial aún no llega a Cuba con toda la fuerza que ha llegado a otros países; en gran medida, gracias a movimientos feministas y antirracistas. Dicho debate se centra en el cuestionamiento de la efectividad del castigo, la pertinencia del sistema judicial, la invisibilización de las personas Negras cuirs, no binarias, agénero, trans, etcétera, y la violencia en las prisiones.

Nuestra propuesta es pensar y desarrollar alternativas y estrategias contra los sistemas que nos oprimen y nos impiden tener una vida digna y emancipada. Esto implicaría garantizar los derechos humanos de las personas presas al tiempo que trabajamos para eliminar el uso de la prisión como método de control social.

Considerando todo lo anterior, exigimos a las autoridades cubanas:

  1. Reducir drásticamente la población carcelaria y poner fin al uso de la prisión como método predeterminado de abordar las problemáticas sociales.
  2. Disminuir la inversión en los cuerpos policiales, sectores represivos, armamento, patrullas, indumentaria antimotines, etcétera.
  3. Impulsar políticas y campañas educativas contra el racismo y la discriminación racial.
  4. Detener la criminalización del ejercicio de libertades civiles y políticas.
  5. Garantizar la participación de la ciudadanía en la vida política del país con autonomía del Estado y sus instituciones.
  6. Detener la criminalización de la población afrodescendiente y de las personas en condiciones de vulnerabilidad social o económica.
  7. Eliminar la figura del “estado de peligrosidad” del código penal cubano.
  8. Garantizar el acceso público a información actualizada y verificable sobre la realidad de las cárceles cubanas: número de cárceles, cantidad de personas que cumplen una sanción penal y su distribución por edad, género, lugar de origen, color de la piel, delito que se le imputa, etc. Publicación de dicha información en sitios y medios de prensa
    oficiales.
  9. Adoptar medidas urgentes que permitan responder de manera oportuna a las problemáticas de los sistemas penitenciarios que estarían siendo exacerbadas en el contexto de la pandemia.
  10. Velar por el cumplimiento de las garantías procesales en todos los juicios.
  11. Propiciar el debate sobre punitivismo y sistema carcelario en Cuba a través de los medios de comunicación y el sistema educativo, que incluya abordar la problemática del uso del castigo para resolver problemas sociales.
  12. Garantizar el acceso pleno y sin condiciones de las personas privadas de libertad a servicios de salud, higiene, visitas de sus familiares y amigues, alimentación adecuada, actividades recreativas, etcétera. Dichas medidas no deben tener como fin la creación de un sistema penal más fuerte, sino su abolición.
  13. Invertir en recursos sociales que contribuyan a una verdadera seguridad pública basada en la justicia social y la equidad.
  14. Liberar a las personas encarceladas por motivos políticos en Cuba.

Cuba Liberación Negra

Texto escrito por: Odaymar Cuesta, Sandra Alvarez y Marlihan Lopez

30 de julio del 2021

“El libro de mi vida”: Negra cubana tenía que ser

Por Alina Herrera Fuentes

Hace pocos días salió a la luz el tan esperado libro Negra cubana tenía que ser, de Sandra Abd´Allah-Álvarez Ramírez, la primera ciberfeminista negra de Cuba. Con trece años en el activismo feminista y antirracista en redes, pero una historia de vida que contar, la autora es también investigadora, periodista y ensayista. Sus textos han sido publicados en revistas académicas como Cuban Studies, medios de prensa como El Toque y OnCuba, y revistas digitales como Píkara Magazine y Afroféminas. Homónimo de su blog, el libro arranca desbordándonos lo más íntimo de Sandra: su madre, sus padres, Gema (a quien está dedicado el libro), sus abuelas. 

En “Yo, negra cubana”, trenza con su historia de vida las narrativas sociales de la Cuba de la década de los setenta y ochenta, momento de un socialismo lozano, aun con las precariedades y las no zanjadas brechas de género y raciales. En esta primera parte se nos presenta una Sandra, además de radical, cimarrona e irreverente, con una capacidad infinita de amar. Un amor que profesa hacia quienes conoce y quienes no: Celia Cruz, Isabel Moya, Georgina Herrera, Inés María Martiatu. Pocas veces se le señala esa imbricación de sensibilidad y determinación. Siempre moldeada por el impacto de sus letras contestatarias, incómodas y cuestionadoras, nos olvidamos de señalar que Sandra también desborda un amor rotundo hacia el mundo humano y no humano, ese compromiso que se instala por la búsqueda de la justicia social, y este libro así lo demuestra.

La lectura va desdoblando su creencia Yoruba, no solo como marca espiritual sino como predestinación de sus relaciones sexo-eróticas-afectivas desde el lesbianismo; su vínculo con otras mujeres afrocubanas desde el activismo entre La Habana y Hannover; y su condición de migrante, hondamente atravesada por la nostalgia y el descubrimiento. La migración se presenta como análisis de su propia existencia y la de todo un país, no solo por los que se van de Cuba, también por los que regresan. 

Sandra, además, nos describe el país que sueña, su “Otra Cuba posible” que sería la de todes, con todes, para todes. Con pluma afilada disecciona su pensamiento crítico en torno a las mujeres en Cuba, a los derroteros de la única organización política que las agrupa (la FMC) imbuida en feroces dinámicas patriarcales, al persistente racismo, al colonialismo que aún hoy edifica al socialismo cubano del siglo XXI.

Narrativas relacionadas con el hip-hop, el reguetón, la prostitución, el punitivismo carcelario, nos siguen develando una visión desde los oprimidos, esos que habitan las sombras y las esquinas, los ausentes en los discursos triunfalistas, los que viven en el límite, en los bordes de un país. Estas son páginas escritas con el doloroso desenfado de la inconformidad, con el aliento vehemente de no claudicar jamás en la lucha social.

En la tercera parte, titulada “Elles”, nos llena de fascinación mediante entrevistas que ha hecho a diferentes personas con relevancia mundial, nacional, afrodiaspórica y también personal. Así nos encontramos con la(s) visita(s) de Audre Lorde a La Habana y sus impresiones sobre Cuba, con la afrofeminista queer Logbona Olukonee (actualmente Tito Mitjans), con la feminista marxista Yasmín Silvia Portales, con el chef y promotor comunitario Fernando Calderón, con la profesora Carolina de la Torre y las profundas heridas sociales de la Revolución en sus primeras décadas (aún sin la debida reparación), con la reconocida periodista Lucía Mbomío y muchas más. Es un capítulo del libro que deja reflexiones irresolubles y determinaciones irreversibles. Además, es una vitrina del potente ejercicio del periodismo de Sandra, ese que busca el pedazo de la foto en la que el ojo blanco, macho, colonial y hegemónico no ha reparado ni la acción de una sociedad heteropatriarcal se ha molestado en reivindicar.

“Negritudes” cierra el viaje de la Negra cubana. En esta última sección el racismo y la discriminación racial ocupa el vértice rector. ¿Qué es ser hombre negro en Cuba? ¿Qué es ser mujer negra en Cuba? ¿Cuáles son los retos del movimiento antirracista cubano? ¿Existe el neorracismo? Son algunas de las preguntas que nos develan estos textos finales, imprescindibles.

Sin embargo, en uno de sus textos ella misma se hace una pregunta que resuena como faro de lucidez: “¿qué es lo que queremos quienes soñamos con la equidad racial, quienes trabajamos para que las poblaciones negras disfruten de sus derechos humanos?”. Y se responde en otra especie de pregunta retórica: “¿Acceder al pedazo que nos corresponde en esta gran torta que es el patriarcado sexista-misógino-racista-xenofóbico y neoliberal, o virar patas arriba este mundo comprendiendo que su mejoramiento es posible?”.

Apartándome de los “tecnicismos” de una reseña, confieso que me leí el libro en una tarde, de un tirón (a pesar de las pausas emocionales necesarias). Las tonalidades y musicalidad de su escritura ayudaron. Lloré más de una vez. Me arrancó suspiros, rumié enojos, me regaló asombros, me maravilló las pupilas y, sobre todo, me iluminó el corazón. 

Negra cubana tenía que ser no es solo la vida de Sandra. Es la vida de un país y su diáspora. Es la historia de la Cuba periférica, la de las fronteras. La historia de aquelles que, como ella, no vencidos, aún están por vencer.

Tomado de Afroféminas.

Las cubanas somos herederas de siglos de lucha feminista

La presente entrevista fue ofrecida a la corresponsalía en La Habana de la agencia IPS. Aquí se incluyen las respuestas originales a las preguntas.

¿Se puede hablar de la existencia de un feminismo en Cuba? ¿Cuáles han sido algunos de sus principales hitos y tropiezos? 

En mi opinión, se puede hablar de muchos feminismos en Cuba, desde los más radicales hasta los más light; desde los más inclusivos hasta los hegemónicos; desde los más naifs hasta los más estudiados. Hay de todo, gracias al Universo. Yo estoy construyendo en estos momentos una especie de sistematización o hitos del feminismo y de la lucha de las mujeres por sus derechos en Cuba. 

Las cubanas somos herederas de siglos de lucha feminista y, si bien el feminismo como corriente de pensamiento fue vilipendiado en algún momento posterior a 1959, pues se le identificaba con corrientes burguesas, lo cierto es que cada vez hay más personas interesadas por el mismo, especialmente gente muy joven, no conforme con el mundo que hemos construído para elles. Al mismo tiempo, es probable que desde fuera de Cuba se note que en el archipiélago prevalecen algunos acercamientos al feminismo que siguen disponiendo de las mujeres para lo que el patriarcado decida ​—​recordaremos que hasta hace relativamente poco el logotipo de la Federación de Mujeres Cubanas contenía un bebé en brazos de una mujer sin rostro que en el hombro llevaba (y aún porta) un fusil​—, guardándolas para algunos espacios de “empoderamiento” pero no para todos, manteniéndolas además en relaciones amorosas monogámicas, tóxicas, pensándolas heterosexuales, prescribiéndoles la maternidad. 

Tomado de Granma

En otras palabras, noto muy pocos debates acerca de temas que hoy constituyen prioridades en las agendas de cualquier tendencia feminista, como son la interseccionalidad, la decolonialidad, el antirracismo, el capacitismo, el antiespecismo, el cambio climático, la economía solidaria, el veganismo, etc. Es como que en el archipiélago andamos aún, como para otros tantos temas, treinta años atrás. Un ejemplo sencillo: ya muy poca gente se cuestiona la radicalidad del feminismo, dado que ciertamente querer subvertir las relaciones entre los géneros, entre niñes y adultes, entre las identidades raciales, entre las especies animales, etc, es algo que solo haciéndose de raíz es que podría lograrse. En Cuba, ahora, “feminista radical” ha pasado a ser insulto, cuando hace ya muchos años que las propias activistas de otros países han revindicado el término. 

Otro ejemplo: el ciberfeminismo existe desde finales del siglo pasado. La publicación de Cyborg Manifesto (1985), de la docente universitaria Donna Haraway (Denver, Colorado, 1944), ha sido considerada trascendental en su origen. Personalmente me reconocí ciberfeminista desde el primer día de salida de mi blog ​Negra cubana tenía que ser, en el ya lejano junio de 2006. En ese entonces, ya participaba en colectivos ciberfeministas internacionales, fundamentalmente europeos. En las redes sociales cubanas se ha intentado criminalizar esta vertiente del feminismo, lo cual evidencia el desconocimiento de los movimientos de mujeres/feministas y los usos que ellas han hecho de las tecnologías, que ya dejaron de ser nuevas, para la consecución de su derechos, para su bienestar, para su desarrollo profesional, etc. 

Existe un viejo debate sobre la presencia en Cuba de un movimiento feminista, ¿cuál es su criterio? 

No estoy muy clara acerca de lo que se necesita para que una tendencia, preocupación o modo de sentipensar y actuar se convierta en un movimiento. Claro que se precisa de un grupo de personas más o menos numeroso. Sin embargo, quizás lo trascendental no está en el número sino en los intereses, metas, propósitos comunes, los vasos comunicantes entre unas y otras tendencias o ramas que permiten trabajar con una misma finalidad o al menos establecer puntos de encuentro y trabajo. A partir de ahí, no creo que en Cuba exista, en la actualidad, un movimiento feminista pues, entre otras cuestiones, el activismo, tal cual se le conoce en el siglo XXI, es relativamente nuevo en el país. Razones para ello son, por solo citar algunas: cómo se organiza nuestra sociedad y la centralidad del poder en ella, la estructura vertical que prevalece, una frágil sociedad civil, así como el paternalismo con el que somos vistas las mujeres y el rol salvador que aún se le adjudica a los hombres. Por demás, un “movimiento” no es ni un grupo, ni varios proyectos, ni una comunidad, sino que constituye un “algo” mucho más no solo términos cuantitativos, sino sobre todo en los contenidos, las estructuras, las sinergias entre sus diferentes componentes, las alianzas, las metas, etc. Personalmente, lo que noto, luego de tantos años de activismo y ejercicio intelectual son feministas (no todas son activistas) que trabajan de manera individual, que eventualmente se reúnen para llevar a cabo una iniciativa, un proyecto, un “algo” y entrecomillo porque no se pueden fundar organizaciones de ningún tipo en el país; eso ya lo sabemos. 

Otro asunto es que parte de las inquietudes feministas en Cuba han sido “implantadas” por la cooperación internacional y ya sabemos que donde llega la cooperación llegan las agendas que se entrometen en procesos que deberían ser espontáneos y deciden a cuál de ellos apoyar, qué duración han de tener, etc. Como también conocemos que los circuitos en los que se mueven la información y los recursos económicos constituyen también círculos de poder. Me pregunto entonces: ¿de qué movimiento podríamos hablar en un país donde les activistas no pueden crear asociaciones, tener personalidad jurídica, autogestionarse, unirse a redes internacionales, realizar demostraciones, etc., sin ser vistas como contrarias a lo que el gobierno hace o prefiere? Es un contexto muy complejo donde no se propicia el debate, la argumentación y mucho menos el establecimiento de alianzas. El descrédito y la sospecha imperan. Lamentablemente, en Cuba unas feministas legitiman el patriarcado, como en todos los países, y otras lo quieren deconstruir, derribar. Las primeras son llamadas “revolucionarias”, “verde olivo”, las otras son vendepatrias, mercenarias, radicales, etc. Al final, el debate entre nosotras no tiene lugar porque el patriarcado (que aquí estaría representado por el gobierno) determina cuál feminismo le sirve y cuál no. Es más, se atreve a decir qué es feminismo y qué no lo es, dado que las mujeres en Cuba le servimos, en primer lugar, a la Revolución, no a nosotras mismas ni a nuestra especie, sino a un proyecto masculino y hegemónico. 

Si me permitieran construir una pequeña (reduccionista) clasificación del feminismo cubano, esta sería: “feministas verde olivo” (las que hablan de Fidel como el fundador del feminismo cubano y a Vilma como su seguidora); “feministas de a pulmón” (las negras, las trans, las pobres, las artivistas, que están en los barrios haciendo lo que se puede, sobreviviendo a todo tipo de problemática); “feministas onegistas y académicas” (cuyos proyectos existen porque existen oenegés, las universidades y los fondos de la cooperación), “feministas garrapatillas” (las que se sitúan desde la oposición frontal al gobierno) y las “jíbaras o cimarronas” (quienes trabajan de manera independiente, crean, gestionan sus propios emprendimientos, etc). 

Otra cuestión es que no todo el feminismo cubano se hace en el archipiélago. Por razones harto conocidas, la migración ha supuesto también la residencia fuera del país de activistas, pensadoras y artivistas feministas, lo cual no es una novedad; por ejemplo, Inocencia Valdés, líder de las despalilladoras y quien participara en el Segundo Congreso de Mujeres (La Habana, 1929), realizó una buena parte de su activismo desde Cayo Hueso, Florida, Estados Unidos, en el marco de los clubs de mujeres que se fundaron en el exilio. La artista de la plástica Ana Mendietta (​La Habana​, ​18 de noviembre de ​1948 – ​Nueva York​, ​8 de septiembre de ​1985​), una de las voces más irreverentes de las artes cubano-estadounidenses, vivió la mayor parte de su corta vida en Estados Unidos. Por otra parte, Cuba también se ha enriquecido con mujeres extranjeras, como la dominicana Camila Henriquez Ureña (Santo Domingo, 9 de abril de 1894-La Habana, 12 de septiembre de 1973). 

Cuba vive momentos de cambios económicos y sociales que repercuten de diversas formas sobre la ciudadanía, ¿cuáles serían los impactos que el contexto actual dejaría para el feminismo? 

Ya no estamos en la Cuba (casi) uniforme de los 70 y 80. Ahora existe un país más segmentado que enfrenta problemáticas como la gentrificación, la extrema pobreza, la violencia machista, las clases sociales, la feminización del empleo precario, el establecimiento de una élite del emprendimiento y el negocio privado. En ese contexto, a los feminismos les toca ajustarse a lo que se vive, al menos a aquel que se hace en los barrios o con su gente, y también para quienes toman decisiones. 

El feminismo es una filosofía que reivindica los derechos de las mujeres para insertarse y participar en la vida política, social, económica y laboral. En el caso cubano, ¿considera que esos derechos ya obtenidos se han visto lesionados en los últimos años? ¿Por qué? 

Para mí el feminismo no es una filosofía aunque sí existe filosofía feminista. El feminismo en el cual milito no quiere más derechos: quieren que no nos maten, porque aún teniendo derechos nos matan, y quiere que el patriarcado racista binario misógino capacitista y homotransfóbico no exista. O más bien, quiere el derecho a una vida digna, a la educación, al bienestar. Efectivamente, en el feminismo la reivindicación de los derechos de las mujeres constituyó la principal de las preocupaciones. Con los años se ha complicado, de manera que ya hay muchas otras problemáticas en dependencia del lugar donde se viva, en algunos sitios todavía se pelea el derecho a recibir instrucción, en otros por abortar y en algunos por un parto humanizado. Es conocido que la crisis económica de los 90 hizo retornar a muchas cubanas al hogar, mujeres que luego se reincorporaron o que jamás volvieron al trabajo remunerado. A mí me preocupa el tema del acceso al aborto, porque he sabido de primera mano casos de pacientes a las cuales se les ha intentado convencer de no abortar. Eso es muy peligroso en un país donde no existe una norma jurídica que legalice el aborto, sino que solo describe cómo es que tiene que acontecer. 

Tanto para mujeres como para hombres y personas con otras identidades, declararse feminista ha sido un conflicto. ¿A su juicio, cuáles siguen siendo los estigmas que sufren esas personas y cómo podrían ser cambiados? 

El “objeto de estudio” de los feminismos son las relaciones que establecemos entre nosotres los seres humanos, sin distinción de ningún tipo y también con los otros seres, la naturaleza, las cosas, etc. Si partimos de que declararse vegana o antiespecista también es un conflicto, podremos entender por qué asumir el feminismo como posición política y actitud ante la vida despierta por lo general suspicacias y críticas. Además, el feminismo es tan variado, tan diverso que en muchas ocasiones en su interior se generan contradicciones. Tanto las abolicionistas como las reformistas, como quienes creen que los hombres pueden ser feministas, como quienes creen que pueden ser profeministas, incluso quienes consideran que ellos deben renunciar primero a ser hombres para poder, como quienes creen en la igualdad y quienes no. Todes encuentran su espacio en el feminismo. Poner el “feministómetro”, algo que todes hemos hecho alguna vez, no sirve para nada. No existe una manera de ser feminista. Esa es una realidad. 

Ser feminista en mi opinión es estar en contra de la opresión de todos los seres que han estado subordinados al homo sapiens (fijate que ya homo es masculino), por eso ser feminista también incluye no participar en circuitos de opresión de los animales, por ejemplo, o de les niñes. Rechazar el capacitismo también podría ser un ejemplo de lo anterior. 

Sobre los estigmas, las mujeres feministas son “frígidas”, “están mal folladas”, no han encontrado un tipo que le “dé bien”, son lesbianas. Si un hombre se declara “feminista” es cool, ​progresista, buena gente, en fin, un amor. O sea, hasta en eso las mujeres llevamos las de perder. Por otra parte, los hombres que he conocido en mi vida cerca del activismo, que ya están comprometidos con el feminismo hasta la médula, quienes no luchan al lado de las mujeres, sino detrás, a veces desde el anonimato, ninguno ha declarado ser “feminista”. Precisamente de ellos aprendí aquello de ser “profeminista”, en absoluto respeto con lo que las mujeres hacen cada día, especialmente cómo son tratadas por ello y también porque saben que su rol en la lucha por los derechos y el bienestar de las mujeres no puede ser el tradicional. Una manera fácil de entenderlo es considerarse “pronaturaleza” (como es mi caso) sin ser ecologista. 

Foto: Kristen Reynolds

Artículo tomado de afrocubanas.com

Reflexiones a partir del post de Danay Suárez: Aspectos jurídicos, religiosidad y homosexualidad

Por Yarlenis Mestre Malfrán* y Deyni Terry Abreu**

El 13 de Junio de 2020, Danay Suárez, compartía en su muro de Facebook un texto de Dayis Arizmendi, suscribiendo así  las ideas defendidas en el mismo. En el post, titulado “A mi generación”, se arguye:

“Pero Dayanna, estás loca, ¿cómo te atreves a comparar estas dos cosas? La homosexualidad no hace daño a nadie, la pedofilia sí”. ¡Suena muy bonito tu argumento! Pero te pregunto, ¿entonces, —por poner un ejemplo— deberíamos permitirle a un pedófilo tocar a un menor mientras éste no esté consciente, y por tanto, no perciba ningún daño físico o emocional? ¡Creo que coincidiremos en que esta acción resultaría aberrante! Es absurdo afirmar que algo debería considerarse “bueno” y “aceptable” sólo porque “no daña a nadie”. Necesitamos una clara base moral objetiva.

Es indispensable considerar que no se trata apenas de “un argumento bonito” o una defensa deliberada de la homosexualidad. El respeto a las sexualidades divergentes de la hetero-cis-norma, no se sustenta en que “son buenas, no hacen daño”. Se sustenta en la necesidad de impugnar las normas de género que constriñen la vida de muchas personas.

Son las normas de género, impuestas por la cultura occidental como referente de lo bueno y superior, las que hacen daño, son estas normas las que constituyen una marca de opresión para muchas existencias. No es apelando a una base moral y sí a una base ética que todas las expresiones de género y sexualidad deben ser igualmente respetadas, porque se inscriben en el espacio de la autodeterminación.

Las categorías de “bueno” y/o “malo” son propias de las lógicas maniqueístas occidentales que, en base a una supuesta moral (una moral que en verdad es hetero-cis-normativa y por ende contempla sólo a un segmento de la humanidad) demoniza otras existencias. No necesitamos una “moral objetiva”. La lógica maniqueísta a la que se apela en este post, en mucho recuerda a otras jerarquías dicotómicas propias de la matriz de pensamiento colonial, eurocéntrica y cristiana: “lo sagrado (Dios) y lo profano (El humano, o más bien, algunos humanos); cuerpo y alma, la razón y la emoción”. El post recurre a todas estas dicotomías para tornar equiparables cosas que no lo son. Necesitamos una base ética que garantice que la pluralidad de expresiones de género y sexualidades que son propias de la condición humana, sean respetadas.

El término personalísimo se abre a partir de una declaración acerca de la dignidad Y decimos una base ética, porque la legislativa existe hace varios años y se ignora por desconocimiento.

Este tipo de pronunciamientos, como el mostrado en el post que lo originara, no solo coquetea con elementos inherentes a la sexualidad de las personas, sino transgrede los derechos personalísimos de una parte importante de la población; derechos estos que, aunque subjetivos son esenciales para los seres humanos, por la sola condición de que cada uno sea una persona.

Cuando la artista replicó semejante despropósito, desconocía que hay una relación íntima, casi orgánica e integral de las personas, denominada “derechos subjetivos privados”, que se viola ipso facto; derechos vitalicios de cada quien. Por ello, la mera manifestación agrede los derechos humanos. La cuestión en este caso es que estos derechos a los que nos referimos, se reconocen desde el momento en que se adquiere la vida, están referidos a la propia libertad, al honor y cuestionarlos o ponerlos en tela de juicio, ante terceros es ilegítimo.

Estos derechos personalísimos o de la personalidad, se concentran en normas internacionales como la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) y el Pacto de San José de Costa Rica (1969) que se traducen en pactos y tratados que no permiten estigmas, ni discriminaciones que afecten a las personas.

Al mismo tiempo, se transita por un terreno movedizo, incitando a relaciones incestuosas, al estupro, abusos lascivos y otros actos contrarios al normal desarrollo de los menores. O sea, este post no es neutro y se reconoce directamente cuando desde respecto a determinadas transgresiones de marcos jurídicos que desde la violación de derechos civiles, pudiera implicarse una responsabilidad penal.

Es cuando menos, extremadamente peligrosa la postura que se defiende en este post, pues el mismo busca patologizar y demonizar una pluralidad de existencias humanas. Sabemos que la construcción ficcional de un enemigo es el punto de partida para autorizar los discursos de odio y otras formas de violencia. Siendo vistos como enemigos y amenazas a la “buena moral”, se incita al exterminio simbólico y material de estas existencias. Con ello se equiparan las existencias género divergentes a la pedofilia, se patologiza a estas existencias, cuestión que ya viene siendo denunciada por los activismos LGBTQIA+. La despatologización de la homosexualidad y de la transexualidad ya ha encontrado respaldo científico en varios de los instrumentos internacionales como el DSM de la APA y el CID de la OMS, pero el discurso homo/transfóbico de este post insiste en situar estas existencias en categorías nosográficas, luego las reinscribe en el terreno de lo enfermo.

Otras partes del post aluden: “A ti, que te escandalizas por el nuevo género “MAP” (personas que se sienten atraídas sexualmente por niños), pero apoyas la ideología LGTBI, el feminismo y el aborto, ¿ya te diste cuenta de la incongruencia de tus ideas?”

Es urgente decir que es totalmente insustentable que este fenómeno “MAP” pueda ser considerado una identidad de género. El género, en resumida síntesis, tiene que ver con reconocimiento y performance, es decir, género alude a la manera en que nos presentamos ante el mundo (y de ahí la alusión a performance) y queremos ser reconocidos a través de diferentes marcas de género: un nombre, determinados códigos estéticos que la sociedad entiende como masculinos, femeninos (ropas, maquillaje, etc). Para tal reconocimiento (re)producimos un conjunto de rituales que nos sitúan en diferentes lugares dentro de ese universo. Es insustentable que la atracción sexual por menores de edad pueda ser considerada una identidad de género. Esta es una tentativa más a la que recurre este escrito para patologizar las expresiones de género que escapan a la hetero-cis-normatividad.

De igual manera se plantea: “Tú criticas a tus padres y abuelos, y a quienes estamos en contra de todo lo que se opone al diseño perfecto de Dios para la familia, la única base firme que es capaz de dar soporte sólido a la sociedad”

Al respecto de esto último cabe decir que “el diseño perfecto de Dios para la familia” es una invención colonial, burguesa y eurocéntrica. Estudios antropológicos documentan que otras formas de familia, parentesco y relaciones humanas existían antes de que Occidente impusiera a la familia conyugal, heterosexual, monogámica y reproductora como “el diseño perfecto”. Vale añadir que este “diseño de familia perfecto” responde a una determinada clase (burguesa) y a una determinada raza (blanca). Tal modelo fue diseminado para servir a intereses capitalistas.

Como feministas e investigadoras comprometidas política y éticamente con la lucha contra cualquier tentativa de patologización, demonización y discursos de odio contra las expresiones e identidades de género que divergen de la norma cis y hetero, hacemos público nuestro repudio al posicionamiento de este post de Facebook.

Dadas a las condicionantes legislativas referidas a la territorialidad, a la artista no le son aplicables las disposiciones vigentes en Cuba, tales como el Decreto Ley 370 sobre la Informatización de la Sociedad en Cuba, suscrita por el Consejo de Estado y Ministros de La República; sin embargo, no niega la gravedad de su posicionamiento al replicar un post en el que tergiversa temas tan sensibles como resultan ser la orientación sexual y la niñez.

 

* Yarlenis Mestre Malfrán, feminista, psicóloga e investigadora de temas de género y sexualidad. Actualmente estudiante del Doctorado Interdisciplinar en Ciencias Humanas, Universidad Federal de Santa Catarina, Florianópolis, Brasil

** MsC. Deyni Terry Abreu, Abogada, Criminóloga, Feminista, Presidenta de Alianza Unidad Racial, miembro de la Red Defensora de los asuntos de la Mujer, antropóloga, activista social e investigadora.

Solidaridad con las comunidades afrodescendientes y/o negras en Estados Unidos, Cuba y el resto de América Latina y el Caribe

Con mezcla de profundo dolor e impotencia hemos sido testigos en los últimos días del asesinato del estadounidense George Floyd a manos de un miembro del cuerpo policial del estado de Minnesota y también de las subsiguientes manifestaciones de descontento y desobediencia civil protagonizadas por manifestantes en todo el país. Vaya nuestra mayor muestra de condolencia y amor para los familiares y amigos de Floyd y en general para aquell@s miembr@s de las comunidades afrodescendientes y/o negras que han perdido sus vidas en condiciones de abuso policial semejantes, perpetradas esas en diferentes países de las Américas.
Una vez expresados nuestro dolor y empatía, queremos hacer un llamado a tod@s l@s cuban@s que, tanto en Cuba como en la diáspora, nos identificamos como antirracistas para que mostremos nuestro apoyo incondicional a quienes por su visible herencia africana han estado y siguen estando sometidos a crímenes y demonizaciones simbólicas y deshumanizantes.Desmarcados de toda narrativa que intente relativizar la incontestable injusticia que el asesinato de Floyd supone, deseamos mostrar aquí nuestra voluntad para trabajar con l@s herman@s negr@s en la isla y más allá de sus fronteras para aprender con ell@s, de ell@s, cuáles serían las más efectivas vías para eliminar prejuicios, prácticas y estructuras que nos ayuden a conseguir espacios de convivencia definitivamente armónicos y equitativos.

Atendiendo con humildad y ojo avizor a lo que sucede en los Estados Unidos hoy, nos ponemos a total disposición de activistas y procuradores de afroconciencias que existen ahora mismo tanto en Cuba como en sus espacios transnacionales. Pensar al país en términos democráticos y diversos contiene la demanda inmediata de iniciar estas difíciles conversaciones con las comunidades negras, tan largamente marginadas y hasta hoy abusadas policial e institucionalmente.

Serán conversaciones difíciles porque les adeudamos empoderamientos factuales y la instauración definitiva de un imaginario que no l@s mire y represente desde cotos de jerarquía colonial. Difíciles también porque habría que asumir que nuestra labor sería la del escucha y nunca la del dictaminador. Usar nuestros privilegios en función de una reestructuración profunda de la sociedad es trabajo de tod@s. Para Cuba y sus actores en la sociedad civil esta no es tarea de futuro sino del presente.

Lejos estamos, tal y como ha quedado establecido en el debate público de estos días, de entender la complejidad de la herida que los procesos de colonización y esclavitud han dejado tras de sí en las Américas. Lejos de empatizar sin poner condicionantes previas y hacer denuncias frívolas, acaso falsas, sobre lo que sucede hoy en Estados Unidos. Hay un histórico y conveniente malentendido en el que asumimos que las narrativas de gloria de l@s afrodescendientes en las Américas solo pertenecen al ámbito de la cultura o los deportes y que corresponde al resto de sus conciudadanos consumirlas acríticamente; mientras que a la par sus actos de desobediencia pasan de inmediato al mundo de lo criminalizado y por ende punible.

La imagen de un grupo de mujeres caucásico-descendientes haciendo de sus cuerpos una barrera para que la policía en Louisville no pudiera reprimir a los manifestantes el pasado jueves 28 de mayo es lección aprendida en Selma cuando el nunca olvidado Martin Luther King Jr. en 1965, mientras marchaba a Montgomery, se dejó acompañar por activistas y periodistas blancos para que los primeros golpes que asestara la policía local cayeran sobre sus cuerpos.

Como Estados Unidos, Cuba es un país multiétnico y, de un modo u otro, nos reconocemos como hij@s del cañaveral, de una economía y un orden social que nos puso a algunos a cortar las cañas y a otros a dar los latigazos para que esas cañas fueran cortadas. Pero somos también hij@s de la mezcla entre ambos. Corre por nuestra sangre la del esclavo y la del mayoral. Toca entonces y ahora mismo definir, a cuál de nuestros ancestros queremos socorrer. Acaso a ambos; solo que a uno debemos pararle la mano para que no golpee más mientras que al otro urge, sin preguntas o condiciones, dejarle respirar.

Racismo en Cuba: La culpa es de las totí

Aracely Rodríguez Malagón

¡¡¡Las colas están llenas de NEGRAS!!!. Así contestó mi vecino a grito y a viva voz a ante la pregunta de otro de cómo estaba el ambiente. Creo que no hace falta describir a mis vecinos pero lo haré: uno es blanco, de clase media, profesional, cuenta propista. El otro blanco también, profesional, militante y militar. Quedé estupefacta no a lo que escuche eso lo sé y lo veo a diario, sino el tono despectivo y lacerante con el cual acentuó y vociferó “NEGRAS”, encerrando en sus palabras todo el desprecio visceral acumulado resultado de un colonialismo transformado y un racismo latente vivo, trasmutado, nunca acabado. Mientras el otro contestó con una sonrisa de satisfacción afirmativa.

Y es que desde sus puntos de vista las negras somos las culpables de la escasez que hay en el país y, por la entonación, yo diría que hasta del Corona-Virus. Lo peor es, que aquel grito en plena calle y a la luz del día sonó como un eco a pesar del nasobuco. Nadie salió (excepto yo) a rebatirlo o al menos a decirle “fulano no es de esa manera”. Fue como si toda mi cuadra estuviese reafirmando su ofensivo insulto ante el silencio otorgado. Me levanté como un resorte y antes que pasara por el frente de mi casa me vino una ráfaga retrospectiva en mi memoria de opresiones, esclavización, resistencia, cimarronajes y luchas…… y hubiese querido vociferar de la misma manera (lo cual no me cuesta mucho trabajo), pero esperé que se acercara y muy calmadamente en un tono casi silente, le expliqué las múltiples razones por las cuales las colas también tienen raza, sexo, territorio y clase; y que además son una medida de las desigualdades. En ellas es donde nos mezclamos y concentramos toda/os, sólo que las negras somos el último eslabón de la cadena alimenticia y el eslabón más gordo de esa cadena y por tanto las más visibles, es cierto que la escasez es general, pero no a todas/os nos llega con la misma intensidad. Adquirir alimentos es una necesidad existencial y va más allá del ¨QUEDATE EN CASA¨ que es atravesado por el privilegio y como resultado tiene dos bandos: los favorecido/as, que pagan por que les traigan los productos y los necesitado/as, que hacen colas para poder adquirirlos e incluso como un modo de sustento llegando a convertirse en un trabajo informal.

Las colas integran la vida cotidiana de las cubanas/os como resultado del bloqueo al cual ha estado sometido la isla por décadas, y que trae como consecuencia la escasez sobre todo en los productos de primera necesidad. Así hacer colas o las ¨colera/os¨ (como trabajo informal) es una práctica ejercida fundamentalmente por mujeres, generalmente negras o mestizas, de barrios marginalizados y/o de la zona oriental de país.

Estos actos son de conocimiento público, han estado presente en todo momento, pero en épocas de crisis se agudizan y se acentúa el color de las mismas coincidiendo con la visión de mi vecino, pero también con las estadísticas de los informes de desarrollo humano. Aunque para el caso de Cuba se hace complicado la veracidad de los índices de desigualdad, no obstante, se plantea que las mujeres en Cuba más pobres son precisamente las de este grupo distinguiéndose en época de Pandemia

Discriminar a las personas verbalmente es un acto que ocurre a diario como ejercicio permanente de la “colonialidad”. El lenguaje es una herramienta de poder que en este caso mi vecino la utilizó como expresión despectiva “LAS NEGRAS”, que enfatiza e indica de manera punitiva quienes son las responsables de las colas.

Es imposible deconstruir un racismo visceral, genético sino vamos al fondo del asunto y sólo lo dejamos en el plano cultural cuando en realidad es una problemática que pasa por lo histórico, económico, político, social, etcétera. Mientras se hace uso del derecho de gritar improperios como este, sin ningún tipo de impunidad.

Y no me puedo ofender según mi vecino: “no soy ese tipo de negras” (o sea tengo que sentirme halagada), peor, “no lo dice por mí “, (no sé a qué clase yo pertenezco), evidentemente tiene daltonismo racial. Su incapacidad no le da para comprender que mi condición de mujer y NEGRA no me separa de aquellas a las cuales él desprecia, lo que me reafirma una vez más el desconocimiento en nuestra sociedad del significado de ser NEGRA. No entienden que entre esas NEGRAS de las colas y yo existe una conexión histórica que no lo borra un espacio físico, ni las condiciones de vida, nos une un pasado, que a la vez es un presente y que tenemos que luchar para que en un futuro, no se nos siga discriminando.

Lo mejor de esta conversa sosegada es que la cosmovisión socio-racial de las colas de mis vecinos, no procede desde sus experiencias ya que ninguno de los dos hace cola, ni de la bodega. Es sólo una visión subjetiva de LAS NEGRAS y de las colas en tiempos de Coronavirus desde los carros con aires acondicionados…

Náutico 2020

Totí o Zanate: especie de ave de color negro endémica de la isla de Cuba. Conocida por un refrán para indicar cuando se le echa las culpas de una acción sólo a las personas negras ¨Todos los pájaros comen del nido y el totí carga las culpas¨

Cambiar un grillete por otro: validación de estereotipos dentro de la comunidad afrodescendiente cubana

Por Milagros Álvarez Leliebre

Recuerdo cuando leí la autobiografía de Malcolm X. Fue una de esas experiencias que después de vividas, ya no hay vuelta atrás. Te cambia para siempre. Nada para mí fue igual después de leer a Malcolm.

Lo que más me despertó fue su análisis de la reproducción del racismo desde lo cotidiano, desde la base, desde nosotros mismos. Malcolm rompió en ese momento con mi silencio con algo que había asumido como que nunca haría: criticarnos a nosotros mismos. Un número importante de páginas de su autobiografía se dedica a decirle a su gente y a sí mismo: ¿qué estamos haciendo?

Entonces recordé una frase que mi mamá siempre me decía cada vez que me molestaba con ella por algún señalamiento: si no te lo digo yo, ¿quién te lo va a decir? Los demás sólo lo harán para reírse de ti, yo lo hago porque te quiero.

A partir de ahí entendí que era un tema de conciencia racial. Esa que me lleva a medir lo que digo en función de dónde y con quién cuando se trata de esta lucha. De no humillar o restar valor al esfuerzo de personas de nuestra comunidad. A apoyar. A no hacerle el juego al racismo, a los racistas y a su sistema. Pero decir las cosas como son y cómo las creo, a mi gente, directo y sin filtros, porque si no nos las decimos nosotros, ¿quién?

Así que aquí va. Podría detenerme a decir junto con lo negativo, lo positivo, pero no. Esta vez no. No voy a adornar palabras para que suenen más suaves:

-Antes que todo: El conocimiento es poder. La instrucción no nos quita lo racista pero te ayuda en el proceso. Para ser conscientes del racismo que practicamos y que otros practican hay que estudiar. Hay que leer mucho y conversar entre nosotros. Apoyémonos en esto. Construyamos redes de divulgación de conocimientos e ideas, sobre nuestra historia, sobre los mecanismos de funcionamiento del racismo, de sus complejidades. Apoyemos las que ya están. El racismo no se quita con educación, pero es una de las armas en su contra.

-Segundo. ¿Sabemos qué son los estereotipos? ¿Los prejuicios? ¿Cómo se reproducen? ¿Cómo los reproducimos? ¿Sabemos que es el orgullo de “raza”? Pues les comentaré algo que no es: la validación de los estereotipos racistas utilizados por la hegemonía blanca para homogeneizarnos, reducirnos y quitarnos nuestra humanidad.

-De lo anterior se desprende otra cuestión: No todas las personas negras son iguales. Por tanto, no hay cosas que te hacen más o menos negro o negra.

No somos negros. Somos personas, maestra, cantante, …negro o negra. No negra a secas. No contribuyas a la objetivación de nuestra gente.

-La “raza” está atravesada entre otras cosas, por el género y la clase. Tú y yo somos dos personas negras. Si usted es hombre, tiene privilegios con respecto a mí, que soy mujer. Porque vivimos en una sociedad racista y también machista. No todas las personas negras tenemos el mismo acceso a los recursos, la misma entrada de dinero, ni vivimos en los mismos lugares. Recordemos que existe la marginalización, la pobreza, la gentrificación, entre otras formas que crean desigualdad social. Si usted es clase media o alta o tiene buena entrada de dinero, felicidades, es un logro para todos, pero no crea que su situación es la de todas las personas negras.

-El pelo. Ya esto lo he planteado varias veces y lo seguiré haciendo pues a diario lo constato. La nueva obsesión de las personas negras es definirse el pelo. En mi opinión eso es cambiar un grillete por otro. Haga lo que desee con su pelo, pero sea conciente. Como proyectos sociales, colectivos o activistas, tenemos que darles espacio a las diferentes formas del cabello afro natural. Sobre todo, el que no está definido, porque ese es el que más discriminación sufre, el considerado menos bello y profesional, el que menos se visibiliza, Al fin y al cabo, es ese el que, cuando se van todos los productos, queda.

-Recordemos que una imagen vale más que mil palabras. No pongamos en contradicción nuestros objetivos con las imágenes que posteamos de ellos.

-Admiremos nuestra belleza. Por siglos ha sido negada. Pero libre de estereotipos y constante sexualización. Los cuerpos de las personas negras son constantemente sexualizados, pareciera que no tienen más objetivo en este mundo que dar placer. No contribuyamos a eso.

-No comparta videos, memes, fotos, sexistas y racistas. A no ser que sea para poner en debate. No seamos cómplices del racismo de las redes.

-Entre tantas cosas que afectan la lucha contra la discriminación racial está la censura y la clausura del debate. Lo que no se debate no se visibiliza, no se resuelve, no se piensa a nivel de grupo. La lucha contra la discriminación racial es más vieja que nosotros. No nació ahora. No somos los únicos. La división y los egos no llevan a ningún lado más que al mismo lugar de siempre, a nada.

Descréditos, falsos elogios, revictimización y punición son alimento para la estructura racista

Por Yarlenis Mestre Malfran

Años´90, Escuela Vocacional de Santiago de Cuba (más conocida por IPVCE “Antonio Maceo”). En plena adolescencia me veo en la zona de la escuela donde la gente “apretaba” (lo que consigo recordar porque mi sabio inconsciente no me permite recuperar estas memorias en su totalidad). No sé cómo llegué allí, la cosa es que llegué. Era de noche. El muchacho blanco de la escuela que más se reía de todos, y de mí, estaba allí. Curiosamente en ese momento no me llamó de fea como acostumbraba a hacerlo a la luz pública en los pasillos de la escuela. Allí, me convidó sin ninguna amabilidad a estar con él. Claro, hoy, después de muchas lecturas feministas antirracistas y decoloniales, solo hoy puedo entender que en su cabeza de hombre y blanco yo, un cuerpo desvalorizado, debía sentirme “elogiada” con su invitación. Miren lo perverso que es el racismo, que se reviste de elogio en la cabeza del racista. Una fetichización supuestamente positiva que es en verdad una expresión de la persistencia de lógicas coloniales. En la cabeza de los colonizadores “civilizar a los pueblos salvajes” era algo que lxs colonizadxs debían agradecer, una ofrenda que ellos “seres superiores” estarían dando. En la cabeza de los racistas, la apropiación de nuestros cuerpos sería un favor que tendríamos que agradecer. Las lógicas coloniales tienen como sello distintivo el posicionarse y pensarse como autorreferencia del mundo mundial. Inmunda colonización. Este cuerpo negro que era/soy yo, podía hasta ser deseado en la oscuridad de aquel lugar recóndito de la escuela, pero ese deseo no podía ser admitido a la luz pública. El tipo me dio una cañona. Años después, en sesión de psicoanálisis conseguí llamar las cosas por su nombre. No fue cañona, fue violación. Peor que eso (si es que puede haber algo peor que semejante vejación). Recuerdo que tuve el coraje de contarle a la psicopedagoga de la escuela lo que había sucedido. La psicopedagoga convocó a mi mejor amiga a una sesión, y entre otras cosas le preguntó: ¿cómo era yo? No basta no ser racista, es preciso ser antirracista, antisexista, practicar la sororidad y no sé cuántas cosas más. O sea, al parecer, desde su entendimiento, habría alguna “característica de mi personalidad” que precisaba ser verificada a través de terceras personas, para darle legitimidad o no, a mi relato. Hasta hoy estoy aguardando un retorno de la psicopedagoga. Al parecer concluyó, por alguna razón que (des)conozco, que lo que me pasó estaba justificado o yo lo merecía. No me llamó más a consulta. El racismo se alimenta del descrédito. Y el descrédito desgasta. Todas las veces que intenté apuntar a otrxs actitudes racistas, se instauró la duda, el descrédito, la revictimización (¡¡¡¡tú también discriminas!!!! una tentativa de simetría de opresiones que es ilógica y perversa) y hasta la punición. Y no es que yo haya lidiado siempre tranquilamente con el racismo. No es que yo no haya querido imponer “mi verdad”, de tan obvia que es para mí. Si la trato de imponer es porque ella es continuamente sometida a descrédito, sospecha y a la contra-argumentación de “voces autorizadas”: ya sabemos, voces blancas y hasta feministas. Y no es que yo misma no haya desvalorizado ciertos cuerpos, pero de ahí a tener poder estructural para revertir posiciones de privilegio hay un abismo. Tampoco me sustraigo del ejercicio crítico y honesto de repensarme, pedir disculpas cuando sea necesario y avanzar. Ninguna de mis agresiones y discriminaciones (sí, yo también he discriminado, a veces para sentirme menos mal con quien me dejó en la mierda, a veces no) cambia situaciones estructurales de privilegios blancos y de clase, por citar apenas algunos de ellos. Piensen si por yo decirle a alguien que tiene menos culo que yo, (si esa alguien es blanca) eso la coloca en una situación estructural desventajosa. Qué hombre me va a preferir a mi antes que, a ella, inclusive ella sin culo y/o con celulitis. Eso tampoco hace menos peores a mis discriminaciones, así que me toca reverlas. Al final, la maldita comparación es un vicio colonial también. Comparar para imponer a unos sobre un montón de otres.

No dejen de leer, si pueden, un texto de Djamila Ribeiro, filósofa y feminista brasileña, en el que ella aborda el asunto. El título del texto es: Hablar de racismo reverso es como creer en unicornios y aparece en su libro Quem tem medo do Feminismo Negro? Eso me lo enseñan a diario las feministas negras, tan lúcidas ellas. Hoy admito que el camino del debate en las redes o a nivel individual es muchas veces desgastante psíquicamente. Lo que menos hay es debate. Nadie gana absolutamente nada. No pretendo una tentativa hipócrita de justificación, pues como dijo Fanon en Piel negra, máscaras blancas, la descolonización es un proceso violento. No tiene como ocurrir en el confort. ¿No es confortable para lxs que son apuntadxs como racistas? Entonces imagine por un solo instante para quienes tenemos que lidiar con el racismo que nos estructuró, que se actualiza en forma de fetichización “positiva” y con los egos lastimados de quien no se quiere ver en ese lugar. El colonizador que habita en muchxs no quiere (re)conocerse. Reconocer su racismo es demasiado pedir para sus egos coloniales, para sus múltiples posiciones de privilegio. Es mejor, mucho mejor proyectar la culpa en (nos)otras y punir, siempre punir. Construir a la feminista negra como conflictiva es fácil, muy fácil. Esta es una manera óptima de seguir alimentando esa estructura racista, sexista, machista. Y todavía hay quien duda de la necesidad de una Ley contra la Violencia de Género en Cuba. Yo no deposito todas mis esperanzas en una Ley, porque creo que, junto con ella, cada unx de nosotres tiene que tener el coraje suficiente de hacer el ejercicio de (re)conocerse: yo misma, el tipo que me violó, la psicopedagoga, las mujeres blancas que se colocan como voces autorizadas de lo que ellas mismas no han vivido y no consiguen ni de lejos imaginar, los machos punitivistas, las feministas que antes de practicar la sororidad, optan por los pactos narcisistas con los machos y otras privilegiadas. Nada de eso lo va a cubrir una Ley. Cada unx tiene que hacer su trabajo.

Foto: Daria Shevtsova

 

Pensando un Feminismo negro en diálogo con el Estado cubano

Por Lic. Alina Herrera Fuentes (Licenciatura en Derecho, Universidad de La Habana)

Introducción

Para imaginar un diálogo entre un feminismo negro propio y el estado cubano, habría que preguntarse qué tiene para decirle nuestro afrofeminismo a un estado que ha determinado la erradicación del racismo, de la discriminación racial y de la discriminación por género, qué tiene para decirle a un estado que sostiene que las mujeres cubanas no viven la violencia de género como otras mujeres en el mundo, no sufren el machismo y el patriarcado como otras mujeres en el mundo.

Y además del diálogo, qué tendría para proponerle, qué caminos viene diseñando, creando.

A su vez, para hablar de un feminismo negro cubano, se hace necesario abordarlo desde la interseccionalidad de categorías como género, raza e historia, atravesado por el enofque de la epistemología afrofeminista: ¿qué entiendo por feminismo negro en Cuba? ¿desde cuándo podemos hablar del mismo? ¿cómo fueron sus orígenes y cuáles las barreras que enfrentó? Lo anterior con el propósito de entender dónde estamos paradas hoy.

Y además cabe preguntarse cuál es la salud de los programas y políticas públicas vigentes, cuestionarse la suficiencia del respaldo legal, para estos ejes de investigación. En buena medida las respuestas nos darán indicios de cuánto puede proporcionarle al Estado cubano, y a la sociedad misma, una agenda afrofeminista.


Mujeres fundacionales del feminismo negro en Cuba


Minerva

Desde el siglo XIX tuvo lugar un incipiente feminismo negro ilustrado, previo al movimiento de sufragistas cubanas, en tanto las propias mujeres racializadas se colocaron en el centro de sus reflexiones y debates como sujetos de conocimiento. Para entonces, ya estas mujeres negras y mestizas habían identificado que su condición racial, de clase y su condición sexo-genérica las posicionaba jerárquicamente en lo más bajo de la escala económico-social, y a su vez, identificaron la inequidad que sufrían como sujetas de derechos no reconocidas, en comparación tanto con mujeres no racializadas aunque fueran pobres, como con hombres aunque fueran negros y mestizos.

Es decir, nombraron aquello que las oprimía y a partir de ahí lo politizaron mediante “Minerva, Revista quincenal para mujeres de color”, fundada en 1888 y primera evidencia escrita que demuestra la capacidad de agruparse de estas mujeres negras y mestizas, a partir de las identidades y memorias que compartían, y de establecer determinadas demandas en contra del orden racista y patriarcal establecido, a pesar de las desventajas en cuanto a acceso a la educación que sufrían.

Debido a lo descrito anteriormente, y como resultado de mi investigación, Minerva será el hecho fundacional del feminismo negro cubano, entendiendo por este la capacidad de reconocer, nombrar y politizar aquellas opresiones que sufren las mujeres negras y mestizas, dadas por la propia condición interseccional de raza, clase y sexo-genérica, convirtiendo estas acciones en demandas colectivas antecedidas y nucleadas por la identidad y la memoria, con el propósito de su propia reivindicación y la de sus derechos. Este feminismo negro, además de dar cuenta de la opresión diferenciada, enfrenta el patriarcado, el racismo y el clasismo mediante su cuestionamiento y su análisis, pero también mediante la organización de diferentes frentes de lucha por la transformación de ese orden de cosas, como una forma de estar, como una forma de vida.

Este singular cuerpo literario marca un antes y un después en la historia y en la literatura cubanas, pues por primera vez se crea un proyecto donde mujeres negras y mestizas son protagonistas, redactoras y ejecutoras del mismo, superando la doble barrera de discriminación por sexo y raza. Además, sus contenidos iban dirigidos también a mujeres no blancas, lo que implicaba la incipiente generación de una conciencia colectiva de género y racialidad, asimismo de un reforzamiento en la identidad racial. (Barcia 2011, 1725)

Lo confirma claramente la poeta África de Céspedes en las siguientes líneas de su texto Reflexiones en la propia revista:

La mujer negra, sañudamente tratada por sus viles explotadores viene hoy a ser el blanco más saliente a donde dirigen sus saetas envenenadas aquellos mismos que traficaron con su noble sangre en los luctuosos días de la esclavitud. (…) y tal haremos hasta que se nos considere tal como somos y no tal como cada artista pirata le ha parecido o convenido a sus medrosos fines (…) nos invitan a luchar, pues luchemos. (Céspedes 1889, 2-5)

La revista se componía de diferentes secciones: noticias, críticas, poesía y crónicas, ya fueran sociales, artísticas o deportivas. Sin embargo, las demandas sobre la emancipación jurídica y social de las exesclavas y de las mujeres racializadas, el derecho a la educación y a la instrucción cobraron especial atención y reiteración en sus números.

América Font, Lucrecia González Consuegra y Natividad González fueron voces que también se alzaron en pos del derecho a la educación y a la enseñanza. La primera de ellas advirtió que “la instrucción debe ser para la mujer lo que es la sabia para el árbol (…) pues donde no hay instrucción no hay libertad”, y además con temprana lucidez expresó “que las tareas domésticas habían sido encomendadas a la mujer por una costumbre que se había hecho ley” (Font, 1888, 2-3)

Aunque Minerva como revista, y sus redactoras como grupo, no lograron el activismo organizado más allá de la redacción, o simplemente no generaron un movimiento cívico por sus derechos, sí tuvieron el ímpetu y convocatoria de establecer sus luchas en contra del orden y de las instituciones establecidas, ese reconocimiento del color y género de sus demandas, y la desafiante transgresión de una sociedad que no las consideraba personas, ni pensantes. Al decir Lucrecia González Consuegra, otra de sus redactoras, “No podemos vivir en la inacción. Seamos las heroínas de nuestro sexo, libertándole del férreo yugo de la ignorancia y nuestro esfuerzo nos cubrirá de verdadera gloria.”(Colón 2016, 183) podemos asegurar que se germinaba la concepción de un temprano feminismo negro en Cuba

La “suerte” de las sufragistas negras

Relevante importancia, como organizaciones políticas, tomaron los “Clubes femeninos” fundados entorno al Partido Revolucionario Cubano (PRC), órgano político encargado de la preparación de la Guerra de 1895, y donde además se forjó un espontáneo e incipiente movimiento feminista que reclamaba la igualdad de derechos frente al sufragio.

De estos clubes hubo tres en los cuales las juntas directivas las conformaban mayoritariamente mujeres negras y mestizas: Club Céspedes y Martí (Nueva York), Club José Maceo (Nueva York) y Club Mariana Grajales de Maceo (Cayo Hueso). Esta relación sugiere que también las mujeres negras formaron parte del movimiento sufragista inicial por la igualdad de derechos de las mujeres cubanas desde la emigración. (Rubiera 2011, 179)

El advenimiento de la República en 1902 trajo consigo el sufragio universal masculino bajo el principio de la igualdad racial, que más que un postulado, quedó meramente instaurado como enunciado y mito. Frente a este derecho reconocido para los hombres, el movimiento sufragista de mujeres cubanas, con alguna presencia negra entre sus voces, creció en número y ganó en organización, sin embargo, y a pesar de los precedentes descritos, desplazó el conjunto de demandas de las mujeres racializadas dentro de su programa, y levantó una barrera más para las mismas relegando la posibilidad de diálogo.

“El prototipo de mujer cubana feminista o sufragista procedía de la burguesía cubana, había aprobado estudios medios o superiores y era de la “raza” blanca” (Colón 2016, 182) Esto dio al traste con que el movimiento no reclamara por el antirracismo con el mismo fervor que por los derechos ciudadanos.
Mientras el movimiento feminista cubano, dentro del cual se destacó el Partido Nacional Sufragista al cual se afiliaron también las mujeres negras, engrosaba su lista de incuestionables conquistas como la Ley de Patria Potestad de 1917 y la Ley del Divorcio en 1918, también se organizaron y celebraron los llamados Congresos Nacionales de Mujeres en los años 1923, 1925 y 1939. La relación entre estos Congresos y, no solo la presencia de la mujer negra, sino la inclusión en sus debates sobre las problemáticas de las mujeres racializadas, puede resumirse en que tuvieron un reconocimiento paulatino aunque partiendo de una categórica exclusión. (Rubiera 2011, 180)

Para el primero de los Congresos no hubo presencia de ninguna mujer negra. En el segundo se tiene registro de la participación como delegada de una mujer negra: Inocencia Valdés, referente de la lucha feminista y sindical, Secretaria General del Gremio de las Despalilladoras de La Habana, organización de obreros y obreras del sector tabacalero, por lo que se puede afirmar que algunas de las preocupaciones más importantes para las mujeres negras y obreras pudieron, al menos, ser presentadas.

El tercer Congreso Nacional de Mujeres celebrado en 1939, cinco años después de haberse logrado el sufragio universal femenino asumió otros compromisos. Se abrió una mesa de discusión llamada “La mujer y los prejuicios raciales”, por lo que el tratamiento al tema fue más riguroso y profundo. Allí mismo abordaron la desigualdad entre mujeres racializadas y mujeres blancas en la sociedad cubana en general, y en el mercado laboral en específico.

La historia de la llamada interseccionalidad del feminismo negro también se cuenta a través de la génesis de Minerva y de la genealogía del feminismo cubano. La raza y el género como ejes de opresión y la intersección de los movimientos abolicionistas y sufragistas desplazaron a las mujeres negras y mestizas cubanas a pesar de su presencia indiscutible, cuya brecha tuvieron que remontar, como verdadero movimiento contrahegemónico. Estas mujeres fundacionales del feminismo negro en cubano no son ajenas al afrofeminismo antológico, a ese feminismo negro de Soujourner Truth de 1852 en “¿Acaso no soy una mujer?”.

Los claroscuros del proceso revolucionario, Estado cubano vs. Organizaciones civiles

La Revolución cubana de 1959 sin duda alguna determinó un viraje estructural en el sistema de cosas establecido, rompiendo de manera drástica y determinada con el pasado de la sociedad y economía cubanas. Significó para los sectores más vulnerables una vindicación de sus derechos y al mismo tiempo un movimiento de esperanza.

La discriminación por sexo y la racial fueron embestidas constitucionalmente al prescribirse la igualdad de todos frente a la ley sin distinción de raza y sexo, y se eliminaron todas las políticas institucionales de carácter segregacionista. Sin embargo, la idealización positivista de la ley como único recurso para el enfrentamiento del racismo y de la discriminación en el país, provocó el desplazamiento de los debates y del activismo para combatir esta problemática social ante la inminencia de una intervención militar extranjera y la apremiante necesidad de la unidad nacional. (Morales 2017, 123)

En aquellos momentos de ebullición se crea el Movimiento de Orientación e Integración Nacional (MOIN), que en su Declaración de principios exponía como objetivo fundamental “constituir el núcleo central de un nuevo movimiento popular por la derrota de las discriminaciones, por la eliminación de la desigualdad opresiva que padece la población negra en nuestro país” (Romay 2014, 96). Tuvo núcleos de acción en centros de trabajo y docentes, en diferentes provincias y municipios del país.

Además, en su reglamento señalaba los fines como movimiento cívico, por ejemplo, trabajar en todas las etapas necesarias para la puesta en práctica del principio de igualdad frente a la ley, hasta crear un organismo paraestatal que garantizara la aplicación de las disposiciones del artículo 74 de la Ley Fundamental—sobre la prohibición de prácticas discriminatorias en el ámbito laboral—y que el mismo estuviera representado desde el Estado hasta los municipios, fuera en centros de trabajo públicos o privados, y en cualquier frente que se hiciera necesario, también movilizar hasta lograr la verdadera integración nacional.

Apenas un año después, causas y condiciones totalmente diferentes a las que prevalecieron en los primeros meses del triunfo revolucionario, acallaron la prédica antirracista de la dirigencia revolucionaria, y la labor de masas contra el racismo y la discriminación racial comenzó a languidecer. (Romay 2014, 98)

Tan pronto como en 1962 “la partida quedó sellada (…) y el asunto quedó resuelto” (Morales 2017, 121). A fuerza de un idealismo y voluntarismo desmedido se declararon la discriminación racial y el racismo como problemas superados en la nueva sociedad, lo que provocó un fenómeno de doble dimensión: que se convirtieran en un tema tabú y que la idea de que “aquí no hay racismo”, diera lugar al mito de la igualdad.

Para mediados de los años sesenta el rechazo a un activismo antirracial, tanto en el ámbito cultural como político y social se hizo agudo. Mientras que en la década del setenta y principios de los ochenta el puritanismo ideológico consecuente con la manera intolerante y acrítica de interpretar las contradicciones que tenían lugar entre la sociedad y el discurso oficial, configuró la penalización de aquellas manifestaciones que reprodujeran el conflicto social, o sencillamente que mostrara aquellas zonas de la vida social que no alimentaban la consigna de lo logrado por los proyectos revolucionarios, sino que marcaban los sitios donde aún había mucho por hacer. (Romay 2014, 106)

Entrando los años noventa, luego de que el país y su dirección tuvieron como prioridad política lo que se conoció como “proceso de subsanación de errores y tendencias negativas”, se constató cierta apertura a la crítica y reflexión en torno a temas desoídos como la racialidad y la orientación sexual, y sobre sectores marginados como las mujeres.

Sin embargo, el estado cubano se mantiene reticente a reconocer organizaciones o entes afines con la defensa de los derechos de personas negras y mestizas—Cofradía de la Negritud es un ejemplo de ello. Y además, su carácter centralizado y vertical legitiman la apropiación de proyectos germinados por iniciativas ajenas al gobierno y su administración—Proyecto Color Cubano, liderado por Gisela Arandia, es muestra de ello.

Por su parte, aunque fue más notorio que las mujeres encontraran representación mediante la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) como parte del proceso revolucionario, se hace obligatorio analizar la esencia y génesis de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), fundada en agosto de 1960.

Lamentablemente y a partir de entonces, comenzó a abrirse una brecha, cada vez más distante, entre los términos revolución y feminismo. A este último se le impregnó de una significación sine qua non burguesa, es decir, que el feminismo tenía solo razón de ser en sociedades burguesas de bases capitalistas; y es con este presupuesto que nace la FMC como única organización legitimada por el Estado para agrupar a todas las mujeres de manera universal, bajo la sombra de un “feminismo revolucionario” en función de la dirección de la Revolución. Así es que las mujeres encontraron los beneficios paternalistas del estado socialista, y a su vez este, la incondicionalidad de las mujeres cubanas. (Díaz 2016, 422)

Tal es así que en 1993, en medio del llamado “período especial”, nace la Asociación de Mujeres Comunicadoras “Magín”, a raíz del Primer Encuentro Latinoamericano de Mujeres Comunicadoras que tuvo lugar en La Habana en el mismo año, y donde las mujeres cubanas participantes evidenciaron un distanciamiento de su discurso con el feminismo, y con otros retos que sobre género presentaron las representantes de otras naciones.

“Magín” la componían principalmente mujeres profesionales de los medios de comunicación, pero también artistas, escritoras, profesionales de la salud, delegadas y diputadas del Poder Popular, que se avocaron en la profundización, trabajo y difusión de temas de géneros. Crearon aproximadamente 50 talleres de temas como violencia sobre las mujeres, salud, sexismo en el lenguaje, género y derecho entre otros, que sobrepasaron las fronteras habaneras y se llevaron a cabo también en provincias como Santiago de Cuba, Isla de la Juventud y Santi Spíritus.

 

Sin embargo, “de 1993 a 1996 pudo funcionar, este último año fue desactivada la organización, porque según cuentan algunas de sus participantes, la Federación (FMC) envió una orden “aquí solo puede existir una organización de mujeres” (Díaz 2016, 437)

Quedaron sin concretarse varios proyectos como revistas, colecciones, multimedias, investigaciones, entre las que se encontraba estudiar la ruta de la esclava.

Además de ponerse de manifiesto la subordinación de la FMC al gobierno, prácticamente como una extensión del Partido Comunista, también clarifica los procedimientos de control estatales, la necesaria patentización del estado sobre cualquier iniciativa proveniente de la sociedad civil. Lo que delimita de manera muy definida los espacios entre las mujeres y la organización que las representan, la mayoría de las veces como cuerpos separados, ya que la FMC es más un brazo del estado, que la propia garganta de las mujeres cubanas.

El mito de la igualdad (racial y de género) en combinación con el racismo como tema tabú, ambos fenómenos favorecidos por el discurso revolucionario estatal y patriarcal, derivó en un retroceso para el movimiento feminista cubano en general, y en particular para la consolidación de un feminismo negro propio.

Diseñar caminos: Breve agenda afrofeminista.

La nueva Constitución cubana abrió el abanico de derechos reconocidos para todas las personas y fortaleció el principio de igualdad ante la ley, en comparación con la derogada Constitución de 1976. Se ampliaron las modalidades que por actos de discriminación serán castigadas por ley—aunque es más evidente el desarrollo del articulado en cuanto a la discriminación por género que por la racial—, y el Estado se regula como sujeto obligado a implementar políticas públicas y leyes que garanticen el cumplimiento del derecho a la igualdad. Esta remisión a leyes y políticas públicas que aún no están redactadas ni implementadas es un terreno fértil para sembrar demandas provenientes de una agenda afrofeminista.

Actualmente, el único cuerpo legal que sanciona actos por discriminación es el Código Penal en su artículo 295.1 bajo el título de “Delitos contra el derecho de igualdad”. Es decir, la única vía de ejecución pública contra actos por discriminación es la penal, cuando esta rama del derecho se basa en el principio de ultima ratio. En este sentido, la ausencia de disposiciones complementarias para enfrentar la discriminación en general, y el rezago en cuanto a políticas estatales que desfavorezcan la desigualdad racial, son notorios. (Katerí 2016, 297-298)

Los programas sociales y económicos que se han puesto en práctica en los últimos quince años no tienen como centro, ni como arista, de las problemáticas la brecha de género y la discriminación racial, todo lo contrario, en buena medida han incrementado estas diferencias, o al menos las han acentuado.

Simplificando, y solo con propósitos ilustrativos, podría afirmarse que las políticas sociales, equitativa y sistemáticamente aplicadas por el gobierno cubano, han logrado fijar las líneas de color, en los campos educacional y cultural, a distancias desiguales pero socialmente manejables para blancos, negros y mestizos. Pero en el terreno de la economía la distancia real no solo sigue siendo apreciable, sino que se ha ampliado, a la par que diferencias expresadas en la sobrerrepresentación de negros y mestizos en determinados segmentos del espectro sociolaboral evidencian inequidades cuyas consecuencias más importantes afectan la economía familiar y personal, generando una especie de círculo vicioso. (Romay 2016, 272)

Es por ello que el feminismo negro cubano, tiene un gran reto y una oportunidad histórica única dentro del proceso revolucionario iniciado en 1959: visibilizar la feminización de la pobreza en Cuba y que esta, además, presenta color; demostrar la persistencia del racismo, de la discriminación racial y de género y la violencia de género; organizarse como movimiento e interponerle al estado y sus instituciones una agenda con demandas y propuestas atravesadas por la mirada afrofeminista.

Si bien no podemos referir la existencia de un movimiento feminista negro en Cuba, sí encontramos organizaciones, proyectos, pensadoras y literatura que evocan y hacen presente un afrofeminismo propio.

Uno de los proyectos más relevantes es Grupo Afrocubanas—de muy reciente conclusión—, fundado por Daysi Rubiera Castillo e Inés María Martiatu Terry*, cuyo propósito fundamental, al decir de sus propias fundadoras, fue visibilizar los aportes de las mujeres negras y mestizas a la historia y cultura nacionales, abordar la discriminación racial y de género, grupo que también funciona al estilo de círculo político.

Afrocubanas
Afrocubanas en la presentación del libro Afrocubanas.

La afrofeminista cubana Sandra Abd´Allah-Álvarez Ramírez es la creadora de su propio blog “Negra cubana tenía que ser”, de imprescindible visita y lectura, además investigadora y activista incansable por los derechos de las mujeres negras y mestizas. Una de sus obras más loables ha sido el Directorio de Afrocubanas, herramienta digital que recopila fichas de mujeres cubanas afrodescendientes, quienes han contribuido de manera significativa a la cultura e historia nacionales.

A su vez encontramos la Alianza Unidad Racial, creada y dirigida por Deyni Terry Abreu, un proyecto socio-jurídico que desde 2011 defiende a víctimas de discriminación en general, y con más especificidad orienta a las víctimas por discriminación racial, con el propósito de proponer modelos legales que permitan informar y defender personas afrodescendientes portadoras de alguna queja o preocupación.

El Club del Espendrú, fundado por Magia López y Alexei Rodríguez, integrantes del grupo de hip-hop Obsesión, es un proyecto que busca la vindicación social de las personas afrodescendientes mediante eventos, como “Trenzando Identidades” y los Festivales de la Muñeca Negra, espacios para la reflexión y el fortalecimiento de nuestra identidad negra.

Investigadoras que han recuperado la memoria de las mujeres negras y mestizas de nuestra historia, y que también reflexionan, visibilizan e interpelan las problemáticas raciales son muchísimas y solo mencionaré algunas: Leyda Oquendo Barrios, Norma Guillard Limonta, Digna Castañeda Fuentes, Tito Mitjans Alayón, Maydi Bayona, Yulexis Almeida Junco, Oilda Hevia Lanier, Yanelys Abreu Babi, Zuleica Romay Guerra, y las ya mencionadas Daysi Rubiera Castillo, Inés María Martiatu y Sandra Abd´Allah-Álvarez Ramírez.

En la esfera de las artes y la cultura es imprescindible nombrar a la poeta Georgina Herrera, a la dramaturga y directora de teatro Fátima Patterson, a la artista plástica Belkis Ayón, en el cine a Gloria Rolando y la obra de Sara Gómez que a pesar de no ser reciente su contenido es tremendamente actual.

Diseñando caminos, escribiendo una agenda

La pretensión de este epígrafe consiste en hacer el ejercicio de proponer, más que cambios, posibles caminos para lograrlos, no pretendo encapsular una lista de soluciones propias, sino que esta breve agenda responde al estudio colectivo de varias agrupaciones, aunque agrego consideraciones personales.

Entre las primeras propuestas que me figuran, precisamente porque fueron un obstáculo para la presente investigación, se encuentran exigir una adecuada redacción de los patrones de medición en los formularios de censos poblaciones, que los datos demográficos y las estadísticas estén desagregados por raza y género, y que los datos oficiales que arrojen respondan a una ley de transparencia de manera tal que todas las personas podamos acceder a los mismos. Por supuesto, que se tomen en cuenta para dimensionar estas diferencias sociales y, en su base, trazar estrategias, crear programas y articular leyes que respondan agudamente a las mismas.

Consideré la necesidad de una política de cuotas de manera reglada y sistemática, no como acciones afirmativas para determinados espacios de la vida pública y política del país, sino insertada desde el acceso a los estudios superiores hasta en porcentajes de empleados para el sector estatal del turismo y el nuevo sector privado de la economía. Las primeras garantías para los derechos de mujeres negras y mestizas solo podrán verse realizados tras estos primeros pasos.

Por supuesto, la corrección de la injusticia histórica no puede lograrse con la inversión de la pirámide, resultado históricamente imposible, sino “infiltrando” paulatina pero incesantemente, sus secciones media y superior con colores que atenúen los contrastes (Romay 2016, 254)

Asimismo se hace imprescindible la emisión de una Ley contra la Discriminación, a propósito de la nueva Constitución y de la obligatoriedad competente al estado de garantizar el principio de igualdad. Esta Ley deberá obligar a cada Organismo de la Administración Central del Estado, a cada Organismo Superior de Dirección Empresarial, y sus respectivas dependencias, a crear sus propias regulaciones y reglamentos contra la discriminación, incluida la racial y la sexo-genérica. Así como obligarlos a la creación de órganos, ya estos a niveles superiores, donde se puedan denunciar hechos por discriminación. Vinculado indisolublemente a la capacitación y preparación de sus miembros.

Lo anterior no significa el deslinde de la necesaria posibilidad de demandas en los procedimientos judiciales contencioso-administrativos, que al día de hoy no se amparan, y que también de manera puntual agrego a las propuestas.

De esta forma la emisión de normas reguladoras y sancionadoras por actos de discriminación abarcaría varias instancias y desconcentrarían la insuficiente vía penal. Garantizando la protección de estos derechos, no importa el carácter estatal o privado del lugar o la instancia donde se cometan.
Sin embargo ninguna política sancionadora es eficiente por sí sola. No dejo de perder de vista que tendrán que ser leyes aplicables, que contemplen la viabilidad de la denuncia o de la queja, que se tase objetivamente la carga de la prueba pero teniendo en cuenta el impulso subjetivo de cualquier acto de discriminación.

Crear, dentro de la organización de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), una comisión de trabajo permanente contra el racismo y la discriminación racial hacia las mujeres negras y mestizas, que la misma sea receptora de quejas y preocupaciones, que tenga líneas de investigación y encuestas, que proponga y desarrolle programas para el enfrentamiento de estas problemáticas, desde su dirección hasta la base. También que se permita el diálogo con otras organizaciones y proyectos de la sociedad civil afines con estos objetivos.

Considero de suma importancia recuperar la pluralidad y la perspectiva feminista que caracterizaron los Congresos Nacionales de Mujeres de inicios del siglo pasado, que los Congresos de la FMC dejen de serlo exclusivamente para esta institución, y puedan ser partícipes otras organizaciones y entes feministas, o que tengan como líneas de trabajo o investigación a las mujeres cubanas y la violencia de género. A su vez abrir una mesa de debate permanente en estos Congresos sobre antirracismo, mujeres negras y mestizas, prácticas discriminatorias, con el enfoque afrofeminista que requiere.

Rescatar la iniciativa del Movimiento de Orientación e Integración Nacional (MOIN) sobre crear un organismo paraestatal que garantice la aplicación del principio de igualdad y de la proscripción de los actos por discriminación de la nueva Constitución. Este ente político puede coordinar y dialogar entre las distintas organizaciones y proyectos que luchan en contra de la discriminación racial o de género, con el Estado, y que supervise y fiscalice las acciones a acometer por el mismo para la erradicación de estas problemáticas, asimismo que rinda cuentas a las diferentes organizaciones.

El estado debe legitimar el reconocimiento de asociaciones, proyectos u organizaciones que defiendan los derechos de las personas negras y mestizas y de las mujeres, bajo presupuestos que garanticen la integración nacional.

La urgencia de nueva literatura histórica, decolonizada, que rescate la visión nuestra-americana de la historia, alejada del eurocentrismo que caracteriza los libros de textos en las escuelas y los programas de estudios, tiene que incorporar y visibilizar la participación de las personas negras en la conformación de nuestra nación e identidad, y en especial, el indispensable aporte de las mujeres negras y mestizas a lo largo de la historia y hasta la actualidad.

Diseñar y difundir campañas mediante los medios de comunicación que rescaten nuestra memoria, que aborden la discriminación, la violencia de género, y que manifiesten las prácticas más comunes de racismo y sexismo que aún persiste en nuestra sociedad con el propósito de educar y hacer una conciencia respecto a estos fenómenos.

Introducir el enfoque de género y antirracista como práctica, además de la literatura escolar, en todos los niveles de enseñanza.

Que las recientes investigaciones sobre raza, género, feminismo, racialidad, discriminación racial, mujeres negras y mestizas, afrodescendientes en Cuba, que se han editado no se queden en la impresión de unos pocos números dispuestos a la venta en selectas bibliotecas especializadas en el país, de forma tal que salga a la luz en otros espacios y puedan llegar a las manos de cualquier persona.

La investigadora Sandra Abd´Allah-Álvarez Ramírez ha escrito también sobre la creación de Observatorios contra la discriminación, como un sistema que permita el enfrentamiento a prácticas discriminatorias de cualquier índole, que incluya tanto acciones educativas como la canalización de críticas, preocupaciones y demandas.

Tampoco puede lograrse una transformación cualitativa en nuestra cultura y nuestras leyes, sin un cambio cualitativo y cuantitativo de la economía.

Crear programas de fomento para las economías locales, especialmente en aquellos territorios urbanos, suburbanos y rurales discriminados geográficamente frente a las nuevas políticas para el cuentapropismo y las pequeñas empresas, donde existe una sobrerrepresentación de personas negras, y en la misma medida, de mujeres negras y mestizas en total desventaja ante estas nuevas oportunidades. Permitir y estimular la creación de cooperativas en estos espacios, y que a su vez, puedan ser sujetas crediticias por los Bancos nacionales para el comienzo de sus emprendimientos, no sería una idea desbocada. Con ventajas también impositivas y fiscales.

Reestructurar la política de cuidados que ofrece el estado cubano mediante los círculos infantiles se hace urgente. Rediseñar las estrategias de prioridad para la matrícula en las guarderías, y que incluyan también a aquellas madres que han perdido el empleo o que anhelan acceder al mercado laboral. Incentivar las cooperativas de cuidados, donde el estado pueda figurar como aliado, y a su vez establecerles una cuota mínima para madres en desventaja social, según sus ingresos, pudiera ser una propuesta fértil.

Bibliografía:
Barcia, María del C. “Mujeres entorno a Minerva”, en Afrocubanas: historia, pensamiento y prácticas culturales. La Habana: Ciencias Sociales, 2011. En: https://leer.amazon.com.mx/?asin=B07G5KTTVW [11.09.2018].
Céspedes, África de. “Reflexiones”. Minerva, num. 10 (Febrero 1889): 2-5.
Colón, Michel. “Racismo y feminismo en Cuba: ¿Dos mitades y una misma naranja? Claves históricas para su estudio. Boletín Americanista, num. 72 (2016): 179-198. En: https://dialnet.unirioja.es/ejemplar/433999 [20.10.2018].
Constitución de la República de Cuba, Gaceta Oficial de la República, La Habana, 24 de febrero de 1976
Constitución de la República de Cuba, Gaceta Oficial de la República, La Habana, 11 de abril de 2019.
Díaz, Teresa. “Palabras que definen: Cuba y el feminismo nuestroamericano”. Movimientos de mujeres y lucha feminista en América Latina y el Caribe. Buenos Aires: CLACSO, 2016.
Font, América. “Mis opiniones”. Minerva, num. 3 (Noviembre 1888): 2-3.
Hill, Patricia. “Rasgos distintivos del pensamiento feminista negro”, en: Feminismos Negros. Una antología. Madrid: Traficantes de sueños, 2012.
Katerí, Tanya. La subordinación racial en Latinoamérica. El papel del Estado, el derecho consuetudinario y la nueva respuesta de los derechos civiles. La Habana: Fondo Editorial Casa de las Américas, 2016.
Ley Fundamental. Gaceta Oficial de la República, La Habana, 7 de febrero de 1959
Ley 62 “Código Penal Cubano”. Gaceta Oficial de la República, La Habana, 30 de abril de 1988.
Morales, Esteban. “Desafíos de la problemática racial en Cuba”, en Raza y Racismo. La Habana: Editorial Caminos, 2017.
Romay, Zuleica. Elogio de la altea o las paradojas de la racialidad. La Habana: Fondo Editorial Casa de las Américas, 2014.
Rubiera, Daysi. “Apuntes sobre la mujer negra cubana”, Cuban Studies, num. 42 (2011): 176-185. En: https://www.jstor.org/stable/24487509?read-now=1&seq=1#page_scan_tab_contents [10.11.2018]
Truth, Soujourner. “Sufragio femenino”, en: Feminismos Negros. Una antología. Madrid: Traficantes de sueños, 2012.

Publicado en la revista De este lado, edición Número 4, Enero-Junio de 2019.

*El grupo Afrocubanas fue fundado por Paulina Márquez, Carmen González, Sandra Abd´Allah-Alvarez Ramírez, Inés María Martiatu y Daysi Rubiera.

Foto de portada: Sandra Abd´Allah-Alvarez Ramírez

Convocatoria: I Taller Internacional “Diversidad afroamericana: estrategias educativas, culturales y comunicacionales para la lucha anticolonial”

La más trascendente batalla anticolonial de los pueblos de Afroamérica tiene lugar en el terreno de la cultura, porque el sistema de dominación capitalista ha operado durante 500 años para que codifiquemos, de mil maneras, nuestra condición subalterna.

Comprometida con la emancipación definitiva de nuestros pueblos, la Casa de las Américas convoca al I Taller Internacional “Diversidad afroamericana: estrategias educativas, culturales y comunicacionales para la lucha anticolonial”, cuyas sesiones tendrán lugar desde el 16 hasta el 19 de junio de 2020.
Esta actividad participativa convoca a docentes, promotores culturales, líderes barriales, comunicadores sociales y académicos para desarrollar talleres interculturales, muestras y presentaciones de libros, proyección de audiovisuales, exhibición de posters y encuentros profesionales.

El Primer Taller aspira a socializar experiencias prácticas, desarrolladas en diferentes territorios de Afroamérica para combatir los racismos epistémicos y las discriminaciones de todo tipo. En cumplimiento de este objetivo, se examinarán métodos, vías y formas de lucha contra herencias coloniales asociadas a: colores de la piel, géneros, filiaciones culturales, lenguas y origen territorial, entre otros ejes de enfrentamiento al capitalismo y sus estrategias de dominación.
Las actividades formativas de este Taller tendrán en cuenta los siguientes temas:

  • Reescrituras y relecturas de las historias “universal” y afroamericana.
  • La lengua y el lenguaje como territorios de dominio y reproducción de la cultura colonial.
  • La inferiorización e invisibilización de lo negro en los textos escolares y la literatura de ficción en Afroamérica.
  • Literatura y arte frente a los racismos y las discriminaciones.
  • Se prefieren claras… las pieles. Desafiar al endorracismo y el colorismo.
  • ¿Liso, rizado, afro? Conciencia racial y contradicciones de la estética afro.
  • Mujeres a mitad de camino. Conquistas, avances y retos del afrofeminismo americano.
  • El imaginario moderno colonial en la industria del cine.
  • Las y los afrodescendientes en la arquitectura y el arte monumentario de Nuestra América.
  • Activismo, autocuidado y sostenibilidad.
  • Iniciativas ciudadanas y emprendimientos comunitarios.
  • Medios y estrategias para asegurar la sostenibilidad de los discursos contra hegemónicos en el siglo XXI.
  • En la alianza está la fuerza. Buenas prácticas para el establecimiento de redes en la lucha antirracista.

El plazo de inscripción se extenderá hasta el 10 de marzo del propio año. La cuota establecida es de 50.00 CUP (pesos cubanos) para los nacionales y 50.00 USD (dólares) para los extranjeros.

Zuleica Romay Guerra
Directora del Programa de Estudios sobre Afroamérica
Casa de las Américas

3ª y G, El Vedado, La Habana, Cuba. CP. 10 400. Telfs.: (53) 78382699 y (53) 7838-2706/09, extensión 129. Fax: (53) 7834-4554
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