Reflexiones a partir del post de Danay Suárez: Aspectos jurídicos, religiosidad y homosexualidad

Por Yarlenis Mestre Malfrán* y Deyni Terry Abreu**

El 13 de Junio de 2020, Danay Suárez, compartía en su muro de Facebook un texto de Dayis Arizmendi, suscribiendo así  las ideas defendidas en el mismo. En el post, titulado “A mi generación”, se arguye:

“Pero Dayanna, estás loca, ¿cómo te atreves a comparar estas dos cosas? La homosexualidad no hace daño a nadie, la pedofilia sí”. ¡Suena muy bonito tu argumento! Pero te pregunto, ¿entonces, —por poner un ejemplo— deberíamos permitirle a un pedófilo tocar a un menor mientras éste no esté consciente, y por tanto, no perciba ningún daño físico o emocional? ¡Creo que coincidiremos en que esta acción resultaría aberrante! Es absurdo afirmar que algo debería considerarse “bueno” y “aceptable” sólo porque “no daña a nadie”. Necesitamos una clara base moral objetiva.

Es indispensable considerar que no se trata apenas de “un argumento bonito” o una defensa deliberada de la homosexualidad. El respeto a las sexualidades divergentes de la hetero-cis-norma, no se sustenta en que “son buenas, no hacen daño”. Se sustenta en la necesidad de impugnar las normas de género que constriñen la vida de muchas personas.

Son las normas de género, impuestas por la cultura occidental como referente de lo bueno y superior, las que hacen daño, son estas normas las que constituyen una marca de opresión para muchas existencias. No es apelando a una base moral y sí a una base ética que todas las expresiones de género y sexualidad deben ser igualmente respetadas, porque se inscriben en el espacio de la autodeterminación.

Las categorías de “bueno” y/o “malo” son propias de las lógicas maniqueístas occidentales que, en base a una supuesta moral (una moral que en verdad es hetero-cis-normativa y por ende contempla sólo a un segmento de la humanidad) demoniza otras existencias. No necesitamos una “moral objetiva”. La lógica maniqueísta a la que se apela en este post, en mucho recuerda a otras jerarquías dicotómicas propias de la matriz de pensamiento colonial, eurocéntrica y cristiana: “lo sagrado (Dios) y lo profano (El humano, o más bien, algunos humanos); cuerpo y alma, la razón y la emoción”. El post recurre a todas estas dicotomías para tornar equiparables cosas que no lo son. Necesitamos una base ética que garantice que la pluralidad de expresiones de género y sexualidades que son propias de la condición humana, sean respetadas.

El término personalísimo se abre a partir de una declaración acerca de la dignidad Y decimos una base ética, porque la legislativa existe hace varios años y se ignora por desconocimiento.

Este tipo de pronunciamientos, como el mostrado en el post que lo originara, no solo coquetea con elementos inherentes a la sexualidad de las personas, sino transgrede los derechos personalísimos de una parte importante de la población; derechos estos que, aunque subjetivos son esenciales para los seres humanos, por la sola condición de que cada uno sea una persona.

Cuando la artista replicó semejante despropósito, desconocía que hay una relación íntima, casi orgánica e integral de las personas, denominada “derechos subjetivos privados”, que se viola ipso facto; derechos vitalicios de cada quien. Por ello, la mera manifestación agrede los derechos humanos. La cuestión en este caso es que estos derechos a los que nos referimos, se reconocen desde el momento en que se adquiere la vida, están referidos a la propia libertad, al honor y cuestionarlos o ponerlos en tela de juicio, ante terceros es ilegítimo.

Estos derechos personalísimos o de la personalidad, se concentran en normas internacionales como la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) y el Pacto de San José de Costa Rica (1969) que se traducen en pactos y tratados que no permiten estigmas, ni discriminaciones que afecten a las personas.

Al mismo tiempo, se transita por un terreno movedizo, incitando a relaciones incestuosas, al estupro, abusos lascivos y otros actos contrarios al normal desarrollo de los menores. O sea, este post no es neutro y se reconoce directamente cuando desde respecto a determinadas transgresiones de marcos jurídicos que desde la violación de derechos civiles, pudiera implicarse una responsabilidad penal.

Es cuando menos, extremadamente peligrosa la postura que se defiende en este post, pues el mismo busca patologizar y demonizar una pluralidad de existencias humanas. Sabemos que la construcción ficcional de un enemigo es el punto de partida para autorizar los discursos de odio y otras formas de violencia. Siendo vistos como enemigos y amenazas a la “buena moral”, se incita al exterminio simbólico y material de estas existencias. Con ello se equiparan las existencias género divergentes a la pedofilia, se patologiza a estas existencias, cuestión que ya viene siendo denunciada por los activismos LGBTQIA+. La despatologización de la homosexualidad y de la transexualidad ya ha encontrado respaldo científico en varios de los instrumentos internacionales como el DSM de la APA y el CID de la OMS, pero el discurso homo/transfóbico de este post insiste en situar estas existencias en categorías nosográficas, luego las reinscribe en el terreno de lo enfermo.

Otras partes del post aluden: “A ti, que te escandalizas por el nuevo género “MAP” (personas que se sienten atraídas sexualmente por niños), pero apoyas la ideología LGTBI, el feminismo y el aborto, ¿ya te diste cuenta de la incongruencia de tus ideas?”

Es urgente decir que es totalmente insustentable que este fenómeno “MAP” pueda ser considerado una identidad de género. El género, en resumida síntesis, tiene que ver con reconocimiento y performance, es decir, género alude a la manera en que nos presentamos ante el mundo (y de ahí la alusión a performance) y queremos ser reconocidos a través de diferentes marcas de género: un nombre, determinados códigos estéticos que la sociedad entiende como masculinos, femeninos (ropas, maquillaje, etc). Para tal reconocimiento (re)producimos un conjunto de rituales que nos sitúan en diferentes lugares dentro de ese universo. Es insustentable que la atracción sexual por menores de edad pueda ser considerada una identidad de género. Esta es una tentativa más a la que recurre este escrito para patologizar las expresiones de género que escapan a la hetero-cis-normatividad.

De igual manera se plantea: “Tú criticas a tus padres y abuelos, y a quienes estamos en contra de todo lo que se opone al diseño perfecto de Dios para la familia, la única base firme que es capaz de dar soporte sólido a la sociedad”

Al respecto de esto último cabe decir que “el diseño perfecto de Dios para la familia” es una invención colonial, burguesa y eurocéntrica. Estudios antropológicos documentan que otras formas de familia, parentesco y relaciones humanas existían antes de que Occidente impusiera a la familia conyugal, heterosexual, monogámica y reproductora como “el diseño perfecto”. Vale añadir que este “diseño de familia perfecto” responde a una determinada clase (burguesa) y a una determinada raza (blanca). Tal modelo fue diseminado para servir a intereses capitalistas.

Como feministas e investigadoras comprometidas política y éticamente con la lucha contra cualquier tentativa de patologización, demonización y discursos de odio contra las expresiones e identidades de género que divergen de la norma cis y hetero, hacemos público nuestro repudio al posicionamiento de este post de Facebook.

Dadas a las condicionantes legislativas referidas a la territorialidad, a la artista no le son aplicables las disposiciones vigentes en Cuba, tales como el Decreto Ley 370 sobre la Informatización de la Sociedad en Cuba, suscrita por el Consejo de Estado y Ministros de La República; sin embargo, no niega la gravedad de su posicionamiento al replicar un post en el que tergiversa temas tan sensibles como resultan ser la orientación sexual y la niñez.

 

* Yarlenis Mestre Malfrán, feminista, psicóloga e investigadora de temas de género y sexualidad. Actualmente estudiante del Doctorado Interdisciplinar en Ciencias Humanas, Universidad Federal de Santa Catarina, Florianópolis, Brasil

** MsC. Deyni Terry Abreu, Abogada, Criminóloga, Feminista, Presidenta de Alianza Unidad Racial, miembro de la Red Defensora de los asuntos de la Mujer, antropóloga, activista social e investigadora.

Addodis y Alakuatas en la Santería: aproximación a la homosexualidad desde la Regla de Osha-Ifá

Por Tato Quiñones

Charla ofrecida el 19 de septiembre de 2019 en el Centro Cultural CubaPoesía, en el municipio de Centro Habana, organizada por el proyecto Club del Espendrú.

Queridos hermanos y hermanas,

La inclusión en el texto de la Ley Fundamental que aprobamos los cubanos hace unos meses, de un artículo que dejaba entrever la posibilidad de que dos personas de un mismo sexo pudieran contraer matrimonio legalmente, dio lugar a una peliaguda polémica –que no a un debate— por todos conocida, en la que tomaron parte, de un lado, organizaciones defensoras de los derechos civiles de las personas LGBTI, y de otro, algunas denominaciones cristianas protestantes. La alta jerarquía de la Iglesia Católica también se pronunció al respecto. Ignoro si otras confesiones religiosas como cristianos ortodoxos, judíos o musulmanes emitieron públicamente sus puntos de vista sobre el asunto.

A raíz de aquel Tíyatíya –palabra esta de origen lucumí que define la disputa malhumorada y turbulenta— algunas personas me preguntaron, dada mi condición de babalawo, no cuál es mi opinión personal sobre este asunto, sino cómo lo aprecia la religión Ifá-Oricha. Confieso que, de primera y pata, no supe a derechas qué responder. Hasta donde yo sé, son varias las historias, refranes y sentencias incluidos en el Cuerpo Literario y Filosófico del Ifá que profesamos en Cuba que se refieren, de una u otra manera, a la homosexualidad, aunque ninguna alude explícitamente a la unión matrimonial entre personas de un mismo sexo, como no sea el Itàn o patatakí “Donde nace no hacerle Ifá a los adodi”, contenido en el odù Odítrùpon, al que habré de referirme más adelante.

Me pareció, entonces, que bien podría resultar útil emprender un estudio, lo más serio y riguroso a mi alcance sobre esta cuestión, y que acaso resultaría provechoso comenzar la pesquisa revisitando las pocas historias y poemas del Cuerpo Literario y Filosófico del Ifá Yorùbà que obran en mi archivo (y digo pocas porque suman solo unos cientos de las decenas de miles que la componen) y no encontré al menos una, no ya referida a la unión matrimonial entre persona de un mismo sexo, ni siquiera a la homosexualidad. (He leído –aunque advierto que el dato puede resultar apócrifo– que el idioma yorùbà, llamémosle “culto”, no tiene una palabra para definir esta figura de la condición humana).

¿Significa esto que en Nigeria no exista la homosexualidad? En modo alguno. Existe, pero es ilegal, y su práctica está severísimamente penada por las leyes hasta con 14 años de privación de libertad, incluso con la pena de muerte en algunas regiones del país.

Descargar la charla íntegra.

Víctor Fowler: “el matrimonio igualitario no es únicamente un acto de expansión de derechos”

Por Víctor Fowler

Aunque sólo lo he visto en la iglesia de K y 25, en el Vedado, he escuchado que en otras de la ciudad (e imagino que ocurra lo mismo en el resto del país) cuelga un cartel con las frases siguientes:

“Estoy a favor del diseño original.
La familia como Dios la creó.
Matrimonio Hombre Mujer
#Salvemos a la familia
#Unidos por Cuba”

Son tantas las emociones encontradas que experimenté al leerlas que preferiría no haberme enterado.

La angustia de un intérprete ortodoxo de las escrituras bíblicas al enfrentar el llamado “matrimonio igualitario”, refrendado en el artículo 68 del actual Anteproyecto de Constitución, merece ser leída en unión con otros importantes desafíos que, en el mundo de hoy, experimentan las iglesias cristianas: los debates sobre el derecho al aborto, la posibilidad de ordenar mujeres y su función dirigente, el cese de la obligación de celibato para los curas (propia de la iglesia católica).

Me hizo sentir incómodo el toque mesiánico, y habilmente calculado, de un cartel que mediante la frase “#Unidos por Cuba” (impresa en letra mucho más pequeña que el resto de los textos mencionados y en el ángulo inferior derecho), otorga a la institución la misión de ser salvadores de Cuba. Atendiendo a la lógica del texto, en caso de ser rechazado por mayoría el artículo 68 del actual Anteproyecto de Constitución, la iglesia protestante resultaría la entidad no sólo líder en tal resultado (pues es la única que, de manera pública, está haciendo campaña en contra), sino que quedaría identificada como salvadora de la familia cubana y entidad movilizadora nacional en situación de caos (pues no otra cosa que la amenaza de un desastre justifica el llamado y articulación de una campaña nacional).

Hasta donde consigo sentir, la respuesta mayoritaria al desafío han sido la indiferencia y la mudez. Si uno piensa en prácticas, identidades y conductas sexuales dentro del país, entonces resultará claro que no hay, en nuestro perímetro, comunidad homosexual alguna capaz de responder y presentar opinión que permita establecer contrastes con la campaña de la que hablamos; la pertenencia a una comunidad es un acto de conciencia política, la fabricación por parte de un grupo de personas de un sujeto colectivo que los estructura en un corpus legible y coherente durante sus luchas por afirmación de la especificidad y para la obtención de derechos.

Como es típico de toda campaña fundamentada en el miedo, se toman ejemplos aislados y se les transforma en una suerte de peligro universal e indetenible que funciona –siempre es igual- igual que progresan las peores epidemias. Es difícil entender de qué modo el matrimonio de una (o varios miles) pareja homosexual afectaría a “la familia” como institución social. De una parte, la subjetividad homosexual no es resultado de la decisión divertida de alguien que elige ser homosexual, sino que simplemente lo es; de la otra, la subjetividad heterosexual tampoco es elección ni alegría, sino hecho de naturaleza. Junto con esto, la sensación de amenaza es todavía más inexplicable cuando, más allá de las respuestas contaminadas de ideología, se piensa en el por qué exacto del temor; dicho de otro modo, sin apelar a frases como “porque está mal”, “no debe ser”, “están enfermos” o “Dios dijo que no”, ¿por qué hay que impedir y dónde está el peligro espantoso del matrimonio igualitario?

Junto a lo anterior, si bien es lamentable la no-respuesta articulada, resulta terrible la forma en la que hoy la Historia regresa a ese nudo gordiano que el socialismo cubano nunca logró cortar. Terrible porque el matrimonio igualitario no es únicamente un acto de expansión de derechos, a través del cual son propuestos nuevos modelos de igualdad, sino que es resultado de inmensas luchas sociales por la dignidad y plenitud humanas de generaciones de hombres y mujeres, en las más diversas geografías y culturas. Después de ese momento cumbre, único, doloroso y diferenciador, esa marcación negativa que fueron las UMAP, nunca más ha podido entender el socialismo cubano, en su real amplitud, profundidad y extensión; en las escenas públicas de la discursividad política, las instituciones de enseñanza y los medios masivos de comunicación, las conexiones entre las luchas por los derechos relacionados con la identidad y las opciones de sexualidad con la intensificación de las posibilidades de la democracia.

Extraer de cualquier posible discusión los sentidos y alcance de la democracia impide comprender que, para que sea posible arribar a la idea de matrimonio igualitario, millones de homosexuales han debido vivir execrados, perseguidos, negados, en condiciones de ocultación y terror; o han sido usados como chivos expiatorios durante momentos de crisis; o se les ha demonizado, negado accesos a estudio, trabajo o vías de ascenso social; se les ha torturado, golpeado, asesinado, acosado, por grupos o ciudadanos contaminados de odio y a veces por agentes de la autoridad; o se les ha internado, ante cualquier supuesto signo de debilidad, en programas que prometen la regeneración y la reorientación del deseo mediante tratamiento médico o mediante el trabajo. La parte oscura de toda esta montaña, aquella de la que nunca se quiere hablar y que, de manera perversa, se trata como algo “natural”, es la existencia de una enorme empleomanía represiva a la cual se paga para que se ocupe de las tareas de persecución, difamación, descalificación e imaginada reorientación.

En el contexto al que me refiero “entender”, entre nosotros, implica “hablar de”. De ahí la exclusión casi absoluta y en cualquier medio de comunicación de cualquier abordaje crítico, debate, expresión o simple conversación acerca de los problemas de la identidad sexual (aunque también sea algo que pudiera ser extendido a los conflictos de racismo y discriminación o, en su real magnitud, a la condición femenina). Sólo que, como ocurre con los problemas de representación, inscripción, decodificación e interpretación para conseguir hacer evidente una ausencia no queda otro remedio que proceder a tachar, borrar, quitar, arrancar algo que existió y, mientras se desarrolla el proceso, ir entonces dibujando el contorno de aquello que sí se desea conservar, estimular, instalar o instaurar para que sea respetado, querido y, mejor aún, reverenciado y amado. Pero si el homosexual no habla de su homosexualidad, ni el negro del racismo ni la mujer de las violencias en su contra, entonces quien único “muestra” voz es el sujeto masculino, heterosexual y blanco; no porque devele secretos o exponga detalles de su condición genérica, elecciones sexuales o color de la piel, sino exactamente porque es quien no tiene obligación de hablar de ello, ya que es y está en el Poder.

Si lo anterior es cierto, entonces las personas que pudieran componer y ser parte de una comunidad homosexual cubana no han hecho pública su protesta porque o bien carecen de interés y deseos, o porque (pese a interés o deseos) están profundamente desencantados. Cualquiera de ambos caminos admite ser leído en relación a, y como herencia o consecuencia, del desastre de las UMAP y de los proyectos, planes y esfuerzos desde entonces realizados en el país para borrar o ir más allá de esa huella. En el mejor de los casos, estos proyectos y planes se contentan con introducir alguna leve alusión al acontecimiento negativo; en otros, las acciones transcurren en medio de un silencio tan general o de una manera tan aislada y casuística que no puede menos que suponerse que silencio y aislamiento son planificados. Como tantas otras veces, han sido el arte y la literatura los que siguen insistiendo en mostrar la realidad humana y los conflictos derivados de los problemas de identidad sexual y sus opciones.

¿Qué otra cosa podía pasar?

Yo también quiero a la familia como Dios la creó: con deseos de que esta fuera feliz; solicitando de los padres amor, responsabilidad y entrega para con los hijos; con el mandato de ser solidarios y ejemplos de humanismo para con la comunidad. ¿De qué otro modo los hijos iban a seguir el ejemplo de vida de los padres? Me hubiera gustado presenciar, en el espacio público, alternativas a lo que el cartel citado nos propone; alternativas profundas, informadas, que abran nuevos caminos para la razón, la comunidad y la sociedad futura. Me hubiera gustado que el Estado hubiese tenido una presencia más activa, inteligente, audaz y con mayor visión para –durante todos estos últimos años- estimular intervenciones públicas a propósito de muchos grandes temas del debate político, social y cultural contemporáneo de los cuales Cuba parece estar distanciada: las discriminaciones, el racismo, los problemas de género, las sexualidades, los modelos de familia, la pobreza, el acceso a los medios, la democracia, los modelos económicos, etc.

Lástima que no sucedió, entre otras cosas para que el artículo 68 –acompañado de otras mil preocupaciones- resultase menos central que lo que parece hoy. Dicho de otro modo, cuando lo único que puede decirme de la Constitución una de mis vecinas –que vive en las condiciones de la pobreza promedio cubana- es que “¡mira tú qué cosa… los m… van a casarse!” eso es una derrota significativa para el Estado y para el socialismo cubano. Tal y como enseña el psicoanálisis, lo reprimido retorna y todo lo que se calló durante años (UMAP, parametración, normativas de “escándalo público” y otras prácticas con visos de homofobia) ahora regresa en el razonamiento de esta persona que subordina el resto del debate sobre la Constitución a lo propuesto en el artículo 68. En este esquema, los derechos generales o los ordenamientos económicos, las estructuras del Estado o cualquiera otra posibilidad apenas importan, pues el único punto sobresaliente es aquello que siempre se prefirió no discutir.

También hubiera deseado captar la cantidad de energías que emanan del mencionado cartel para que esa misma institución repudiara, también de forma pública, los casos de pedofilia en el interior de entidades eclesiásticas a lo largo del mundo (creo que todavía no hemos sabido si en Cuba ha habido casos semejantes, pues el secreto al respecto es tan total que bien puede imaginarse que entre nosotros ni hay ni hubo nunca casos semejantes), la violencia contra la mujer, las diversas formas de abusos doméstico e infantil, los rastros de racismo o clasismo entre los fieles, entre otros muchos males que igualmente afectan y erosionan la familia.

Finalmente, el cartel me desgarró porque recordé que hubo una vez cuando ambos, homosexuales y líderes religiosos, compartieron aislamiento, literas y trabajos en aquellas UMAP de penosa memoria. Una sola vez, una sola, en la que un cristiano heterosexual haya recibido apoyo, solidaridad y consuelo de un homosexual, es suficiente para justificar el tipo de preguntas que obliga a repensar los límites. Por eso, quiero familias en las que prime el amor y nunca, en ninguna circunstancia, la formalidad, las mentiras, la traición y la hipocresía; donde, siempre que haya hijos o sin haberlos, se formen los propios -o se contribuya con los ajenos- para que actúen como ciudadanos trabajadores, responsables, universalmente solidarios, empeñados en fomentar el bien común, el diálogo y la comprensión entre las personas. Que reciban amor y que lo devuelvan, lo pidan y respeten cuando lo encuentren. A esa Cuba me uno y la quiero salvar y que me salve.

Y, una vez más, si me equivoco con cariño ha sido.

Yadiel Cepero: En defensa de los amores legítimos en Cuba

“Si de algo estoy plenamente convencido, es de que el amor que nos profesamos las personas del mismo sexo es tan legítimo como el que se profesan las personas heterosexuales.” Yadiel Cepero. Fotografía cortesía del entrevistado y usada con permiso.

Yadiel Cepero es un joven activista, ingeniero en Ciencias Informáticas y fundador de una plataforma de discusión en Facebook titulada Construyendo una agenda de la diversidad sexual en Cuba en la cual participan casi 150 personas.

Cepero llegó al activismo luego de haberse formado como promotor de salud y derechos sexuales en la Red de Jóvenes del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX). Durante dos años coordinó en la Universidad de las Ciencias Informáticas, el proyecto Amor a Segunda Vista. En 2014 fue delegado a la VI Conferencia Regional de la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex para América Latina y el Caribe. Actualmente es miembro de la Articulación Juvenil del Centro Oscar Arnulfo Romero.

El marco de esta entrevista tiene lugar dentro de los debates sobre el matrimonio igualitario en Cuba, cuya legalidad no se contemplan aún en la constitución de la Isla. La conversación nos llevó a distintos aspectos de interés en el debate, desde el lugar que ocupa el matrimonio igualitario dentro de las prioridades de las distintas comunidades LGBTQI a los escollos de los textos legales que regulan la vida privada de los ciudadanos de un país.

¿Cuáles son las razones, según tu opinión, para que que exista una manera de que las personas del mismo sexo puedan legalizar su relación en Cuba?

Considero que debe existir una figura legal concebida para tales fines. En particular porque muchos trámites legales, incluidos los que involucran a los bienes adquiridos en común, dependen de que la relación esté formalizada y reconocida ante la Ley. Que esta figura sea el matrimonio igualitario, la unión consensual u otra, dependerá de cuán revolucionarios nos propongamos ser y de lo hábiles que seamos para sortear los obstáculos que ya están en el camino. A nivel internacional son varios los países que han incluido algunas de estas figuras en el ordenamiento jurídico. En Cuba, apenas estamos dando los primeros pasos.

Personalmente, no considero que un contrato legal garantice la estabilidad emocional de una relación, pero puede contribuir a preservar el patrimonio, viabilizar trámites y evitar lamentables injusticias. Dependiendo del alcance de la figura legal [se verá si esto incluirá o no] el derecho de las personas del mismo sexo a adoptar, tema del que poco o nada se habla en Cuba. Es complejo y no está exento de cuestionamientos éticos.

¿Crees que habría que hacer una consulta nacional para decidir si en Cuba exista o no la unión legal entre personas del mismo sexo/género?

En lo personal, considero que los derechos, en tanto constituyen derechos, no deben ser sometidos al juicio inquisitorio de nadie, ni siquiera de las mayorías. Sin embargo, hay mecanismos legales que no pueden obviarse. Por ejemplo, el matrimonio está definido en el artículo 36 de la Constitución de la República de Cuba como “la unión voluntariamente concertada de un hombre y una mujer con aptitud legal para ello, a fin de hacer vida en común…”

En el Código de Familia se habla del matrimonio no formalizado. Ahí pudieran introducirse modificaciones importantes respecto al reconocimiento de las uniones legales que no alcancen estatus de matrimonio sin que se requiera para ello una consulta nacional.

Esta segunda opción parece ser la más viable, pero su alcance es limitado. De aprobarse, el matrimonio continuaría siendo un derecho/privilegio reservado constitucionalmente para las parejas de sexo diferente mientras que las parejas del mismo sexo tendrían que conformarse con el matrimonio no formalizado o la unión consensual, algo que acentuaría más aún la discriminación.

Debo aclarar, no obstante, que la unión legal entre personas del mismo sexo es tan solo un elemento dentro de la agenda de la diversidad sexual. Por tanto, considero que el punto de partida de cualquier iniciativa legal debe ser discutir y consensuar la agenda a partir de las propuestas provenientes de los colectivos y activistas.

Y con respecto al matrimonio igualitario…

Me parece que está sobrevalorado. Históricamente, el matrimonio ha sido un instrumento que ha servido para preservar el patriarcado, la monogamia y la doble moral judío cristiana. Respecto a quienes apuestan por él, pero creo que el debate no ha alcanzado toda la profundidad que amerita. Es por ello que me gustaría lanzar algunas interrogantes para un debate futuro.

¿Por qué acapara tantos titulares el matrimonio igualitario? ¿Qué lugar debiera ocupar en la agenda de la diversidad sexual?

¿Tiene sentido reclamar el derecho al matrimonio solo porque los heterosexuales lo tienen? ¿Cuál es el alcance real de esta figura legal?

¿Cuando hablamos de reconocer las relaciones entre personas del mismo sexo, hablamos solo de relaciones entre dos personas? ¿Qué pasa con los colectivos que actualmente defienden el poliamor? ¿Deben quedar fuera sus propuestas?

¿Estar unidas en matrimonio hace alguna diferencia para las personas trans que consideran como prioridad el acceso a medicamentos y cirugías de adecuación genital?

¿Estar unidas en matrimonio hace alguna diferencia para las mujeres lesbianas que desean acceder a la fertilización asistida en Cuba? Dado que el protocolo del Ministerio de Salud Pública está concebido para las parejas infértiles, no bastaría con estar unidas en matrimonio, pues se requiere que una de las dos sea infértil.

¿Conoces algún caso en Cuba o anécdota donde se hayan cometido injusticias contra personas no unidas legalmente?

Conozco varios casos. Entre ellos un amigo, que luego de que su pareja falleciera, se vio imposibilitado de adjudicarse los bienes que habían adquirido en común. Una historia lamentable, años antes el padre del fallecido lo había obligado a irse de la casa y luego de su muerte adquirió la propiedad de casi todos los bienes del hijo. Al no estar reconocida la unión legalmente, muy poco se pudo hacer por la vía judicial.

Además, no son pocos los centros estatales (restaurantes, hostales y otros) que tienen ofertas para parejas, pero les niegan el acceso a las parejas del mismo sexo.

El comentarista Ernesto Martínez Hernández expresó en un artículo publicado en Granma, uno de los diarios estatales de más circulación en Cuba: “Permitir los matrimonios gays es [un] irrespeto a la sociedad, como permitir contratos jurídicos entre personas y animales. [No] es normal, no se debe legalizar porque no es natural. Hay parejas que viven toda la vida sin matrimonio, [por qué] luchar por legalizar lo que no es normal por naturaleza?”. ¿Qué le responderías a este comentarista?

En primer lugar, me gustaría dejar claro que el comentario al que te refieres fue motivado por un artículo publicado en la edición digital del diario Granma, el 6 de mayo del 2014. Artículo en el que la periodista Lisandra Fariñas, entrevistó a Gloria Careaga, por entonces Cosecretaria de la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex, (ILGA por sus siglas en inglés). El comentario de Ernesto refleja la opinión personal de alguien que se opone abiertamente al matrimonio entre personas del mismo sexo. Es su opinión y la respeto, pero está claro que refleja un alto grado de ignorancia respecto al tema. La condición de “normalidad” o “naturalidad” es tan relativa como la humanidad misma. Lo que es normal o natural para una persona puede no serlo para otra y viceversa. Históricamente ha sido así. En la esclavitud se consideraba “normal” o “natural” la compra y venta de seres humanos, algo repudiable y castigado en la actualidad. Si de algo estoy plenamente convencido, es de que el amor que nos profesamos las personas del mismo sexo es tan legítimo como el que se profesan las personas heterosexuales.

Publicado en Global Voice.

Cuando salí de La Habana

Estoy sentada en un tren de Hannover a Bonn. Voy con la intención de presentar toda la documentación que se exige para obtener un nuevo pasaporte cubano. Ayer en la noche he llenado la “planilla” correspondiente, revisado por última vez la carpeta de documentos y me he preparado para la pregunta que siempre aparece cuando realizo trámites oficiales en instituciones cubanas: ¿estado civil?

No tengo idea de cuánta gente cubana ha salido de Isla con la única de intención de reunirse con su pareja. Tampoco sé cuántas de esas personas viven una relación queer, lésbica o gay. Sin embargo, cada día conozco más personas decididas a establecer relaciones sexo-eróticas-amorosas con persona de su mismo sexo o género.

Yo, personalmente, soy una de las migradas cuya única razón para ir más allá de El Morro, de manera definitiva, fue el amor. Mis viajes anteriores me hicieron pensar que yo sería la última que apagaría el faro símbolo. No fue así. El 15 febrero de 2013 salí de la Isla legalmente para irme a residir a un lugar completamente desconocido e insospechado. No tenía fecha de vuelta, aunque en algún momento tuve que indicar que solo pasaría 30 días en mi destino.

Una mujer me esperaba del otro lado, una cubana “de afuera” (desde 1957) y a quien la migración siempre le ha dolido demasiado, al punto de querer y lograr regresar, 60 años después, a su San Miguel de Padrón natal.

El llenado de planillas y formularios —donde se decreta de la peor manera posible que ha sido de la vida sentimental de una—, y los trámites requeridos en aquel 2013 para salir del país por “razones personales”, implicó sortear determinados, e impredecibles, obstáculos, algunos muy relacionados con el hecho de que ser mujer quiere unirse a otra.

Recorrí el tortuoso camino de la institucionalidad cubana, gente con cuño y estampando firmas, a la usanza de la más anticuada cadena de producción; mientras intentaba eludir decir “me voy a ir a casar con una mujer” para que no funcionara como un cierre de puertas. Filas desde la madrugada para los 20 turnos del día, sellos timbres comprados en las ineficientes oficinas bancarias; la Z en el nombre de mi madre a subsanar, la inscripción de nacimiento, la certificación de divorcio, pedir copias de todos los documentos, y también pagar lo suficiente para que estuvieran lo más pronto posible.

La experiencia en la embajada de Alemania fue bien otra, aunque también con contratiempos. Por aquel entonces, en el medianamente lejano 2012, una persona con estudios universitarios no tenía que demostrar dominio de idioma alemán; sin embargo, al parecer los funcionarios no lo sabían. Gracias a mi compañera, quien escudriña de oficio cuanto papel le ponen delante, descubrimos aquella ventaja que yo poseía. Además de dar gracias a mi madre, artífice exclusiva de mi paso por las escalinatas habaneras, nos dispusimos a hacer uso de aquella prebenda. Luego de consultas, telefonemas, “ires y venires”, me concedieron la excepción de la regla.

Pero ese no fue el único incidente interesante en aquella oficina. Sucedió que la persona que en Hannover se ocupaba de tramitar nuestra unión civil, se le ocurrió que debía presentar un documento donde se confirmara que yo tenía capacidad para volver a casarme.

¿Cómo era posible que me pidieran un documento emitido por un Estado que no reconoce como derecho la unión legal de dos personas independientemente de su sexo/género?

A la hora de legalizar cada certificación en el consulado, presenté aquel papelito con cuños y traducido. A pesar de que la funcionaria de turno me dijera, en varias ocasiones, que aquello era más que un disparate, que no me podían pedir algo así ya que en Cuba no existía el derecho a unirse a una persona del mismo sexo, pagué la suma que implicaba su legalización.

Entonces salí de Cuba, habiendo previamente enviado un documento que me confería la capacidad legal para el matrimonio con otra mujer, en un país donde la homofobia estructural ha impedido logros sustanciales en los derechos de las personas LGTBIQ.

Ese documento me prometí guardarlo hasta poder contar esta historia; tal vez sea el único antecedente donde una institución como el registro civil en Cuba, reconoce mi derecho a escoger con quien casarme más allá de mis propios genitales. Nuestra unión tuvo profundo sentido político, quizás estemos entre las primeras mujeres afrocubanas en unirnos legalmente y lo realizamos un 8 de marzo.

Tuvimos entonces una vida tan natural y ordinaria como la de cualquier pareja hetero. Se trataba de convivir, pagar impuestos, divertirnos, hacer activismo, ser respetadas como pareja, ocuparnos de la familia, viajar, tomar decisiones conjuntamente, tener nuestras propias vidas privadas, etc. En esa Alemania del 2013, donde aún no existía el matrimonio igualitario, podíamos hacer casi todo, menos adoptar; tampoco era de nuestro interés. Cinco años después, en Alemania se disfruta del matrimonio igualitario para todas las personas, independientemente de su orientación sexual, su identidad de género.

En Cuba, uno de los países con leyes más progresistas del mundo (como la de Maternidad, por ejemplo), luego de 10 “Jornadas contra la Homofobia”, continúa sin presentarse el anteproyecto del nuevo “Código de Familia” para que sea discutido en el Parlamento cubano.

Se dice fácil, pero no lo es: a una parte de la población cubana, me niego a llamarle “minoría”, se les está impidiendo el ejercicio de sus derechos sexuales y reproductivos, y no solo estos, también patrimoniales, familiares, etc. Tal es el caso cuando se limita el acceso a la reproducción asistida solo a parejas heterosexuales, en el contexto de un país donde la salud es garantizada por el Estado de manera gratuita y universal, y donde la Constitución prohíbe la discriminación de cualquier índole, en su artículo 42.

Mientras tanto, hay quienes dicen que aún no se puede hablar de matrimonio, que es más conveniente hablar de unión civil o consensual. Yo, como la radical que soy, pienso que tenemos que ir “a por todas”, para luego de conquistado ese derecho, comencemos a tramar cómo deshacernos de una institución que nació para oprimir.

Publicado en Cubaposible.

¡Qué desperdicio!

Hace unos días mi amigo Siro Cuartel, uno de los más divertidos y más consciente que tengo, me comentó que  una actriz, al postear una foto con su pareja, otra mujer como ella, había recibido como comentario el tan socorrido “Qué desperdicio”, que se acostumbran a decir a las personas homosexuales.

Quiero indicar, para que no me acusen falsamente, que esta es una frase que no distingue sexo/género. La misma puede ser articulada por cualquier persona para referirse especialmente a las lesbianas “femme” o cis, si bien es cierto que alguno que otro hombre gay la ha escuchado a lo largo de su vida.

Sin duda alguna, “Qué desperdicio” revela las expectativas que se tienen sobre una persona, relativas a su esperada heterosexualidad. También existen expresiones más sutiles; no obstante, todas evidencian cuán presente está homofobia en la sociedad patriarcal.

En cualquiera de los casos, se apela a la creencia lesbofóbica de que mujeres “bellas” – desde lo que comúnmente se considera como bello- y “femeninas” no pueden/deben ser lesbianas; y lo que se pierden los hombres, y ellas también, al no poder conquistarlas.

Además, es muy usual que cuando dos lesbianas están mostrando su relación en público, por muy tímida que dicha expresión sea, reciban comentarios como: “con tantos hombres que hay por ahí sin mujer”, “ahí lo que falta es un buen macho”.

Lo anterior reconoce al pene como el correctivo de las lesbianas y cómo este (o su portador) tiene la capacidad per se para hacernos “arrepentir” de nuestra decisión de vivir la lesbiandad. Por demás, algunos hombres fantasean con tener relaciones sexo-eróticas con nosotras. La disponibilidad de las mujeres es una de las metas del patriarcado.

Lo más peculiar de todo este asunto es creer que la lesbiandad existe y se define a partir de la inexistencia de hombres; entiéndase, un pene que te eduque, que te enseñe a ser heterosexual.

Tanto las lesbianas frecuentemente llamadas “femeninas” como aquellas que somos más andróginas, no ejercemos-vivimos-gozamos nuestra orientación sexual desde el pene que nos “falta” (ya sea el del otro o el propio) sino porque sencillamente deseamos a otras mujeres de manera consciente, y hacia ellas orientamos nuestro erotismo-afecto.

Parecería muy básico aclararlo, pero no está demás decir que no es cierto que en cada lesbiana haya una mujer que no ha sido satisfecha por los hombres, o sea, por un pene y cuya solución sería probar hasta que encuentre uno; o que no les quede más remedio que estar con sus congéneres porque no encuentran “un tipo que las haga feliz”. En su lugar, conozco a decenas de ellas que sencillamente un hombre no les va, no les interesa, ni con pene ni sin él, y otras que han elegido políticamente su lesbiandad.

En otras palabras, no se es lesbiana ante la falta de oferta de un pene que nos haga gozar, se es precisamente porque no nos gustan los hombres, ni sus penes y preferimos disfrutar con/de vulvas, clítoris, vaginas, y hasta de un pene que se guarda en la gaveta.

Foto de portada: Hernán Piñera

Cruzando países y fronteras por Amor

Cuando Lily y Kathy se conocieron en una fiesta, en un día caluroso de verano, una de ellas ya tenía el plan de emigrar. Sin embargo, eso no fue impedimento para el florecimiento y continuación de la relación.

Llegó el momento esperado y, tras haber pasado 385 días juntas, Lily se sube al avión un 1ro de julio. A partir de ese momento, 90 millas la separarían de su mejor amiga y amada. Un vuelo de tan solo 45 minutos era la distancia que Kathy, por su condición económica y legal, no podría realizar.A pesar de la tristeza, y de sentir como si le hubieran arrancado el alma, Kathy, no desistió y, con su relación a distancia, empezó a acariciar la idea de irse por otras vías detrás de su amada; sencillamente no podía con esas noches en soledad.

El camino no fue el más fácil. Debido a cuestiones legales y de visados en su país, ella no podía ir directamente hacia Estados Unidos, donde se encontraba Lily.

Finalmente decidió salir hacia Ecuador, tomando diversos medios de transportes, rumbo al norte. A pesar de los riesgos que implica cruzar toda Centroamérica sola, la ilusión de reencontrarse con su novia mantenía su motivación en alto. De hecho, me dijo, que para ella hubiera estado bien cruzar el mismísimo infierno con tal de estar cerca de su pareja. Cualquier lugar donde Lily hubiera decidido vivir, sería el paraíso para Kathy.

Luego de varios meses se encontraron. “Este amor es tan grande”, dice Kathy, “que me fortalece, me da coraje y me engrandece”. Hasta el día de hoy, en los momentos más duros siempre piensa cuánto la ama y todo pasa. Se siente entonces maravillosamente indestructible.

Kathy y Lily se casarán el año próximo en Estados Unidos y luego viajarán a Cuba para celebrar una ceremonia privada con la familia. Lo ideal hubiese sido casarse en la isla pero allá aún no existe el matrimonio igualitario.

Mientras tanto, siguen viviendo su sueño, del cual la tranquilidad, la comunicación  y la armonía son partes importantes. El resto sería viajar juntas y seguir compartiendo el bienestar de tenerse y de amarse. Esta es la historia del amor de Lily y Kathy.

Publicado en Hablemosdesexo.com

El closet es para la ropa

Así repiten varios muros en Facebook cuando la gente se harta de que orientaciones sexuales diferente de la heterosexual no puedan expresarse como tal. Y yo me hago eco.

Les cuento más, personalmente no tuve closet. Llegué a la homosexualidad cuando quise y con quien quise, y nunca antes de ese momento me había sentido atraída por una mujer. Hasta ese día.

Cuando así lo sentí, me dispuse a vivirlo, por supuesto que llegaron preguntas, sentimientos, miedos, pero ninguno de ellos me hizo posponer el momento. Me entregué y recibí tal como lo deseaba. Por eso siempre digo que yo jamás tuve closet. Mi historia en este sentido es simple y bien diferente a la de mucha gente.

Entiendo por ello las razones por las que muchas personas con identidades de género y orientaciones sexuales diferentes a la heterosexual escogen “esconderse” tras el silencio, o el secreto a cuatro voces.

La homofobia, en sus más diversas expresiones, es la causa fundamental de que las personas sexodiversas se protejan. Homosexuales, bisexuales, transexuales reciben de manera generalizada el rechazo en muchos ámbitos de relaciones, desde la familia, la escuela, el círculo de amigos y amigas, colegas, de manera que enclaustrarse en su verdad es una de las conductas más socorridas.

No obstante, tal silencio no los exime de vivir episodios cotidianos y muy sofisticados de rechazo, como cuando a un adolescente se le pregunta, con insistencia, cuándo va a traer la novia a la casa. Es además extremadamente violento. A veces son burlas, en otras es ignorancia. Sin embargo, en las mayoría de los casos se parte de la suposición de que el sujeto del deseo tiene que ser una persona del otro sexo.

Además, quienes tenemos hijos o hijas, y en especial las mujeres, pensamos en cómo nuestros descendientes van a ser rechazados por sus amistades, en la escuela, etc. Y esa preocupación yo sí la tuve.

Mi miedo no se lo dije a mi hija. Ni siquiera sé si ha vivido algún episodio de homofobia relacionado con mi lesbianismo. No obstante, conozco las respuestas que ella puede ofrecer ante la homofobia, como cuando le dijo a su novio que en mi casa estaban prohibidas las burlas hacia las personas homosexuales. Recordar aquella conducta tajante, muy anterior a mi vida homosexual, me ha dejado por años tranquila. Sé que ella sabe, valga la redundancia.

Yo también tuve suerte en la familia, el trabajo y en mi círculo de amistades, Que yo me haya percatado ninguna de las personas importantes de mi vida me han rechazado por lesbiana, lo cual significa tener cierto apoyo.

¿Qué decir sobre la familia? En el seno de ella tienen lugar las primeras evidencias de homofobia contra sus miembros, tal vez las más desgarradoras por inexplicables. Y lo lamento. Ahí mismo, dentro de la institución social que debe proteger, no queda más remedio entonces que guardarse, preservarse, esconderse.

Tal vez si con la observación de los genitales no se construyera un futuro para ese ser, donde la orientación sexual es definitoria, la gente viviría más plenamente su sexualidad, donde incluyo por supuesto la mayor variedad posible. Me gustaría entonces que la genitalidad no definiera por se nuestro closet, porque este es, repito, para la ropa.

Foto de portada: Hernán Piñera

Publicado en eltoque.com

Un libro para Benjamín. Testimonio de Carolina de la Torre

Ella tiene un nombre rimbombante sin embargo muchas personas la conocen como “la profe Carola”, porque ha sido formadora de más de 5 generaciones de profesionales de la psicología en Cuba.

Carolina de la Torre se estrenará próximamente como autora de uno de los libros que, sin duda alguna, marcarán un hito en la cultura cubana, se trata de una historia familiar, la de su hermano Benjamín quien se suicidó luego de haber pasado por las Unidades Militares de Apoyo a la Producción (UMAP), aquellas especies de cárceles donde fueron a parar miles de jóvenes cubanos (clasificados como lacras sociales), con la intención, se cree, de que salieran reformados. Luego de tres años de existencia, las UMAP dejaron de existir, sin embargo sus consecuencias aún son palpables:

Querida Carola, te toca presentar a Benjamín, de él solo sabemos que era tu hermano mayor y que se suicidó después de haber pasado por la UMAP… cuéntanos un poco más.

Hace casi medio siglo que mi hermano Benjamín se suicidó. Lo encontró muerto mi madre en el amanecer del 11 de octubre de 1968, y, desde ese momento, todos nos acostumbramos a recordar ese día como el aniversario de su fatal desaparición. Él era una persona brillante y todo lo importante que él hacía tenía algún fundamento conceptual. Yo creo que en su caso hubo un mensaje y una decisión: morir la misma noche en que se conmemoraba el centenario de aquel 10 de octubre de 1868 en que Carlos Manuel de Céspedes proclamó en el ingenio la Demajagua la libertad de sus esclavos y el comienzo de la guerra de liberación contra el dominio español. Pienso que para Benjamín morir el 10 de octubre era un acto congruente con su idea de la muerte como liberación. Y empiezo por contarte esto porque mi libro comienza por ese negro amanecer que cambiaría la vida de mi familia y, por supuesto, la mía también: “Blanca Molina encontró a su hijo muerto…”, es la primera línea que vas a leer. Mi libro comienza cuando nuestra familia se enfrenta a esa tragedia y termina casi donde mismo comenzó.

Y sí, Benjamín se quitó la vida después de haber estado en la UMAP (en singular como se les llamó siempre por la gente común) y lo dije en mi documental “El Accidente” donde por primera vez hablo públicamente de mi hermano. Èl salió de la UMAP en 1967, la sobrevivió, trató de resistir, y resistió el año y medio en que estuvo allí. Después luchó y sufrió más de un año por tratar de encontrar su lugar, esta vez con el agravante de ser un homosexual (tímido para el sexo y con culpabilidad) puesto al descubierto y con un certificado del Servicio Militar cumplido en las Unidades Militares de Ayuda a la Producción. Verse cerrado y sin oportunidades, el estigma, la homofobia y la intolerancia, además de su trauma personal con su homosexualidad, el desequilibrio psicológico y la impotencia que su falta de opciones le causó, creo que fueron las causas que lo hicieron tomar su decisión. Pero no puedo decir que el libro trate solamente sobre la UMAP; debo decir que trata de Benjamín y su vida junto a las personas cercanas que compartimos con él. No es porque evite criticar a la UMAP; por el contrario, creo que reducir el análisis a ese negro episodio, sería olvidar el daño causado por la intolerancia y el machismo que hicieron de la homosexualidad –durante muchísimos años, antes y después de la UMAP- un asunto político que supuestamente conspiraba contra el futuro de este país. Sería olvidar el daño que han causado la intolerancia y la discriminación -tanto en Cuba como en otros lugares- a todos los que han sido diferentes por cualquier razón de raza, sexo, pensamiento, apariencia, gustos, religión etc.; pero, en este caso, sobre todo por las ideas y por la preferencia sexual. Sería olvidar la tragedia personal de los que sufrieron la intransigencia que nos condujo poco después al tan mencionado quinquenio gris; tal vez más negro y de más duración.

Si bien la Revolución hizo grandes esfuerzos para reducir la discriminación racial, la desigualdad de clases y la desigualdad de la mujer, eso no ocurrió con respecto a la diversidad de opiniones políticas y de pensamiento, ni con la diversidad sexual. Y Benjamín era precisamente un intelectual y artista con mucho talento y, además, homosexual. Ojalá en sus tiempos hubiera existido un CENESEX, o al menos mayor comprensión sobre la diversidad.

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Benjamín de la Torre

¿Pudieras adelantar algo de la estructura del libro y de lo que cuentas o incluyes en él? Se trata de una historia novelada y testimonial, aunque no es, ni pretende ser, una copia exacta de las personas que aparecen ni de la realidad que me tocó vivir y que he querido contar.

Siempre supe por dónde debía empezar y de hecho el primer capítulo lo escribí hace ya como cinco años y muy poco lo cambié. Igual supe siempre – porque es lo que deseaba hacer- que el centro de mi libro sería la historia y la obra de mi hermano Benjamín, poeta, pintor y estudiante de música, con un enorme potencial intelectual. El libro recoge la vida de mi hermano así como sus relaciones con mi madre, el resto de mi familia y con sus talentosos amigos, que en aquellos años empezaban a manifestarse en las letras y artes hasta convertirse, casi todos, en importantes figuras de la cultura cubana en Cuba o en el exterior. Muchos de sus amigos, los que resistieron, aquí o afuera, la presión de ser diferentes por su orientación sexual, por su raza, por sus orígenes o por cualquier otra razón, llegaron a ser lo que seguramente hubiera llegado a ser mi hermano Benjamín.

El relato en sí, tiene 9 partes que cubren la vida de mi hermano, de mi familia en los años sesenta y de un grupo de amigos en esa época que he tratado de dibujar. En uno de esos capítulos “Carolina soy yo”, expreso resumidamente mis motivaciones, sentimientos y reflexiones sobre lo que he tratado de relatar, aparecen anexos con poemas de mi madre y mi hermano, cartas, testimonios y otros materiales que completan la visión de Benjamín y de las circunstancias en que le tocó vivir y morir.

No estoy segura de cómo quedará por fin el título, pero me gustaría que fuera así: “Benjamín: cuando morir es más sensato que esperar”. Contiene palabras de él.

¿Por qué has decidido poner en blanco negro esta historia tan personal? ¿Desde cuándo estás en ello?

Hace muchos años que yo empecé a pensar en escribir de mi familia y de Benjamín. Primero era un deseo, no un proyecto concreto ni una investigación. Treinta y cinco años después de muerto él, recién jubilada y terminado mi último libro como profesional, tuve el tiempo y la necesidad de empezar a procesar información, y me dispuse a enfrentar este pasado que ha sido tan fuerte para mí.

Después de muertos mis padres yo pude acceder a sus papeles y fotocopiar la obra escrita de mi hermano y de mi mamá, y me senté, en el año 2003, con una grabadora frente a mi hermano Salvador. “¡Cuéntame tu versión de los últimos años de Benjamín y de su muerte; cuéntamelo todo tal y como lo recuerdas tú” fue lo único que le pedí antes de llenar dos o tres cintas con informaciones que nunca antes nos habíamos contado ninguno de los dos. Supe de su última conversación con Benjamín y le conté la que él había tenido conmigo sin confesarme –como tampoco le confesó a Salvador- que se despedía de nosotros y que no lo íbamos a ver vivo nunca más. Después, con recesos y angustias, seguí investigando hasta que encontré la forma y comencé a escribir. El deseo se hizo proyecto después del 2010. Una de las razones por las que me demoré era cierto pudor de convertirme en “escritora” a costa de tanto dolor familiar. Pero a la vez sentía que esa era y había sido la voluntad de mi mamá, que siempre anheló dar a conocer la vida y obra de mi hermano Benjamín. Ella nunca hubiera deseado dejarlo morir en la memoria, que es más muerte que la muerte material.

¿Cuáles son las fuentes y personas que has consultado para poder hilvanar la historia?

Yo he estudiado -no solo leído- poco a poco lo que he ido encontrando de lo mucho que escribieron mi madre y mi hermano. Al morir su hijo mayor mi mamá encontró un motivo para vivir en la meta de publicar lo que ella llamó “la obra de Benjamín”. Ella estuvo dos años en Colombia después de 1972 en que logró viajar; y su principal objetivo, además de cuidar a mi hermanita Liz (que tenía 7 años cuando Benjamín murió) fue siempre lograr esa publicación y hacer la historia de ese hijo que perdió. Aquí no lo podía hacer, ni lo pudo lograr al regresar en 1974, tampoco después. Allá no pudo porque le pedían ciertos enfoques que ella no estaba dispuesta a adoptar, mucho menos teniéndonos a nosotros aquí. Siempre se quejó de manipulación. Entonces la obra quedó sin realizar. Sus diversos escritos han sido una de mis fuentes, además de los diarios que ella dejó, sobre todo el que comenzó el día 13 de octubre de 1968, al otro día de haber enterrado a Benjamín.

Lo demás ha sido la búsqueda de amigos, familiares y conocidos que me pudieran hablar de la vida de mi hermano. Pude entrevistar, hasta más de una vez, a los que yo misma conocía o encontré después, muchos de ellos devenidos importantes figuras de la cultura nacional, entre ellos Manuel Mendive, Silvia Bacallao, Huberto Llamas, Tomás Piard, Justo Pérez, Tulio Peramo, StinmiaSasturaín,WernerLúhrsen, Iván Arocha, quienes me ofrecieron valiosos testimonios.

También entrevisté a otras personas que los primeros entrevistados me ayudaron a encontrar. A algunas personas las busqué (cuando he viajado y usado internet con facilidad) en listas de teléfonos o en Google y Facebook, incluso por buscadores especializados. En fin, en estos años, he podido conocer de anécdotas, opiniones y vivencias de más de treinta personas, que de una forma u otra tuvieron cercanía con Benjamín o con los lugares donde vivió y se desarrolló, desde su barrio, sus centros de estudio o la propia UMAP, incluyendo reclutas, jefes y, por supuesto, las colegas psicólogas que fueron allí a investigar.

También fue amplia la búsqueda bibliográfica que tuve que hacer sobre los años sesenta, la historia de Cuba y la cultura cubana, en su sentido más amplio y más estrecho también. De todos modos ha sido largo y difícil. Afortunadamente yo entré en la Escuela de Psicología cuando el primer grupo de investigadores que había ido a la UMAP estaba cerrando sus primeros informes de investigación. Desde ese momento he ido tratando de completar lo que necesitaba saber acerca de la estancia de mi hermano allá. Hoy, por supuesto, estoy mucho más cerca de la verdad que cuando murió Benjamín. Mi hermano Salvador ha sido mi memoria para la historia familiar; yo no recuerdo mucho, pero trato de escribir, él dice que no escribe, pero recuerda todo lo que no recuerdo yo.

En cuanto a los amigos, todos me han sido de mucha utilidad, pero StinmiaSasturaín, a quien le escribí recomendada por el cineasta Tomás Piard -que fue también amigo de mi hermano- me ha aportado hermosos y bien escritos relatos que yo creo que algún día ella misma debería publicar.

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Carolina de la Torre.

¿Qué supones que traiga consigo la publicación de este texto sobre la valoración que hoy en día se hace de la UMAP y los acontecimientos que su existencia desencadenaron.

Yo creo que, con excepción de los testimonios de quienes vivieron la cruel experiencia de la UMAP y cuentan lo que les sucedió, hay muchos que publican del tema, no sin investigar, pero sí con poca información. La UMAP y sus consecuencias fueron una marca en el destino de mi hermano y el de mi familia, por no hablar de todo este país. Y, por supuesto que mi libro, aunque el énfasis está en la época entera y en las experiencias que nos tocó vivir (la homofobia y el empeño por moldear al “hombre nuevo” de acuerdo a un esquema machista y muy estrecho de lo que debe ser o “es correcto”) no le pasa por encima a la UMAP. Le dedico un espacio especial, además de que, de una u otra forma, está presente desde el inicio hasta el final. Tuve la desgracia de que mi hermano fuera a la UMAP, pero luego tuve la oportunidad de conocer de fuentes directas lo que allí se vivió y lo que se investigó e informó del lugar, además de lo que me pudo contar el propio Benjamín. Creo que todos los que tengan información o vivencias sobre ese triste episodio pueden aportar algo a la valoración de aquellos años y de la UMAP en especial. Es un deber. Entonces sí, creo que de alguna manera este libro tendrá sus consecuencias para la valoración de dichos acontecimientos.

¿Cuáles han sido los principales retos y obstáculos que has encontrado para escribir este libro que resume parte de tu historia familiar?

Han sido muchos los retos y te los contaré. En cuanto a los obstáculos, si aparecen, estoy segura que llegarán a partir de aquí. Por el momento parece que me encamino a una solución editorial. Este asunto es work in progress y no pudiera decir más. Bueno, está el obstáculo enorme que representa la búsqueda de información sin acceso fácil a internet, aunque la parte de la prensa de la época la pude resolver bien en las bibliotecas del país. De todos modos hubo búsquedas más difíciles. En cuanto a los retos, el mayor era el de enfrentarme a recuerdos y descubrimientos que me hacían sufrir o llorar. También el de escribir en una forma literaria, que es más difícil que la que he utilizado siempre en mi carrera profesional. Aunque la profesión no ha sido un obstáculo en general, sino una fortaleza, porque creo que, además de mi mirada de madre y de mujer, me ha ayudado mi gusto y mi experiencia con la investigación no tradicional. El otro reto es el que tiene que ver con la dificultad para averiguar y escribir de este tema en mi propio país. En mi libro se hace la historia de una familia durante los primeros diez años de la Revolución; se habla de Benjamín en la alfabetización, de Girón y de la Crisis de Octubre, pero se habla también de suicidio y de la UMAP y claro está que no existe un lugar adonde uno vaya y pregunte “¿qué información tienen aquí que me puedan ofrecer sobre la UMAP?”

Hace pocos días escuché decir al destacado historiador Pedro Pablo Rodríguez que existen tres versiones de los años sesenta en Cuba (y lo cito de memoria, no textual): la romántica, la contrarrevolucionaria y la verdadera. Es cierto, pero además, para hacerlo más difícil, cualquier versión que uno sienta verdadera es solo verdadera para sí; verdadera en la medida de la parcialidad que cada cual puede tener al relatar; no importa lo mucho que se estudie o se busque documentación; no se puede escapar de la parcialidad, de los falsos recuerdos ni del olvido. Yo, como muchos, trato de exponer mi verdad. Y creo que ese reto es grande también; sería muy fácil escribir un libro que se ajuste cien porciento a la visión de un segmento de potenciales lectores o de un grupo editorial. Eso sería más fácil, pero no ha sido lo que he querido hacer. Mi documental “El Accidente” no salió nunca en horario estelar de la televisión. La razón es lo que dije de mi hermano Benjamín; de su suicidio después de la UMAP. Pero a otros no les gustó porque había escenas y buenos recuerdos, por ejemplo, de la alfabetización. Es así la realidad… y ese será mi obstáculo mayor, creo yo.

Ahora que casi termino me doy cuenta de mi desgaste emocional. Lo que hoy siento me recuerda algo que parece no tener nada que ver. Estaba recorriendo el monte durante un trabajo voluntario en la misma zona cafetalera donde casualmente había alfabetizado antes Benjamín, cuando me vi enfrentada a un enorme buey en uno de esos caminos de montaña que tienen barrancos hacia arriba y hacia abajo, sin un lugar seguro para poder huir. Aterrada por la situación decidí dejarme caer resbalando hasta el lejano río, agarrada de los arbustos y bejucos que me iba encontrando al pasar. Al fin, adolorida por los golpes y por el roce de las piedras divisé el río que me permitiría salir de la situación. Tiré mi mochila que se fue con la corriente y me lancé a una poceta para poder cruzar. Todo lo hice perfecto y saqué fuerzas de donde no las creía tener, pero al llegar al bohío de una campesina me puse a llorar como una niña (es lo que era con 15 años) que llega asustada al regazo de su mamá. Eso siento desde que terminé de escribir; con la diferencia de que me falta un buen tramo para llegar al final y no sé si lo he hecho todo tan perfecto como cuando me lancé al río aquel.

Tengo dos mamás y qué

A pesar de sus 12 años, Roly se siente cómodo hablando del tema de la homosexualidad de su mamá. Para él es tan simple como que cada quien tiene el derecho a hacer lo que quiera.

Entre sonrisas describe la primera vez que se percató de que no siempre una familia está formada por mamá, papá y nene como la suya. Tenía entonces entre 9 o 10 años y su mamá había alquilado una casa para estar los 4 juntos: ella, él, la novia de ella y el bebé que está última acababa de tener. Confiesa que en ese momento fue que se dio cuenta de que ellas dos tenían una relación y de que los cuatro conformaban una familia.

Un tiempo antes Roly se había enterado de que su mamá tenía relaciones amorosas con otra mujer, de la manera más tranquila posible. Un día al despertarse se dio cuenta de que le escondían algo aunque no podía decir con certeza qué. Eso sí, le daba curiosidad notar que Reyna, se quedaba a dormir frecuentemente en el apartamento y para él esa era la primera vez que XIomara, su mamá, pasaba tanto tiempo con una mujer en la casa. Lo usual era que amigas los visitaran y luego se marchaban o se quedaban a dormir pero no tan asiduamente como lo hacía Reyna.

No hizo falta una explicación muy extensa para que Roly confirmara lo que estaba pasando en su casa. Él sabía que le escondían algo, y entre risas se lo hizo saber a su madre. Ella le preguntó si entendía lo que estaba pasando, que si me molestaba.

SU RESPUESTA FUE: “ELLA TAMBIÉN PUEDE QUE HACER LO QUE QUIERA”. A PARTIR DE ESE MOMENTO COMENZÓ A LLAMAR “MA” A REYNA.

No obstante, cuando su papá le preguntó sobre este asunto, en un inicio él no le quiso decir, porque creía que iba a pensar algo malo, aunque siempre consideró que también tenía que saber. Al final se lo dijo y para su sorpresa su papá tiene la misma opinión que él.

Actualmente, 3 años después, Roly no tiene preguntas especiales que hacerle a su madre. Él entiende la situación y considera que también puede estar con un hombre. “Estoy con mujeres porque a mi me gustan las mujeres”.

A Roly tampoco le preocupa presentar su mamá y a la pareja de ella en público. Me dice entonces que diría sus nombre y luego que son pareja, “Lo que hay que decir”.

Por último, este adolescente de 12 años confiesa no saber si la homosexualidad de su mamá puede influir en que él tenga relaciones con hombres. “No porque mi mamá esté con mujeres yo voy a estar con hombres”, me aclara.

“Puede que también esté con mujeres. En realidad no sé efectivamente por qué a mi mamá le gustan las mujeres, pero probablemente sea por las situaciones que ha pasado con los hombres. No sé. Puede ser que me pase lo mismo a mí también o puede que me gusten los hombres y ya”.

 

Publicado en Hablemos de sexo y amor

Foto de portada: Mirelys Águila