La pena de muerte y la Constitución cubana

Por Rodolfo Alpízar Castillo

En mi criterio, una constitución  martiana, humanista y moderna, debería prohibir la pena de muerte en cualquier caso. Lo cierto es que muchos ciudadanos consideran que ella debe existir, pero ser aplicable en casos excepcionales. Que se prohíba sería lo correcto y a ello deberíamos encaminarnos; que se permita, pero con múltiples restricciones que casi la anulen, pudiera ser un paso en esa dirección. Sea lo uno, sea lo otro, lo inadmisible es que la constitución sea omisa en relación con un asunto que atañe al primero de todos los derechos humanos.

Es asombroso que el tema no haya estado contenido en la Constitución de 1976. Asombra má todavía que no aparezca en el anteproyecto de nueva constitución. Es una situación absurda que en un Estado moderno, de proclamada vocación martiana, democrática y humanista, la constitución no mencione la pena de muerte, sea para prohibirla, sea para establecer su excepcionalidad y los condicionamientos para ejecutarla.

Cuando Cuba nació como república para el mundo, el 20 de mayo de 1902, en su Constitución se hacía alusión a la pena de muerte, y se prohibía expresamente aplicarla por delitos políticos. La de 1940, ejemplar para su época, como sabemos, en su artículo 25 declaraba:

No podrá imponerse la pena de muerte. Se exceptúan los miembros de las Fuerzas Armadas por delitos de carácter militar y las personas culpables de traición o de espionaje en favor del enemigo en tiempo de guerra con nación extranjera.

A pocos días de su golpe de Estado, el 4 de abril de 1952, Fulgencio Batista imponía los Estatutos Constitucionales, donde se abolía la vigencia de la constitución de 1940 y se instauraba la pena de muerte para los hechos de gansterismo y pistolerismo.

Es decir, la pena de muerte se instauró en la Cuba republicana en 1952, como consecuencia del golpe de Estado en que se erigió Fulgencio Batista como dueño de los destinos de la república. El concepto englobado en la expresión “gansterismo y pistolerismo” era amplio, permitía su interpretación según conveniencias.

La Ley Fundamental de 1959, aunque repetía la prohibición de la pena de muerte de 1940, agregaba una larga lista de excepciones; esto es: de casos en que se podía aplicar:

Artículo 25. No podrá imponerse la pena de muerte. Se exceptúan los casos de los miembros de las Fuerzas Armadas, de los cuerpos represivos de la Tiranía, de los grupos auxiliares organizados por esta, de los grupos armados privadamente organizados para defenderla y de los confidentes, por delitos cometidos en pro de la instauración o defensa de la Tiranía derrocada el 31 de diciembre de 1958. También se exceptúan las personas culpables de traición o de subversión de orden constitucional o de espionaje en favor del enemigo en tiempo de guerra con nación extranjera.

La Constitución de 1976, por su parte, obvió referirse al tema, y en su reforma de 1992 también se pasó por alto. Se creó así un limbo jurídico, pues con la Constitución de 1976 dejaba de tener validez la Ley Fundamental y su mención a la pena de muerte. Con ello se dio lugar a interpretaciones acomodadas a la casuística. Por ejemplo, el Código penal de 1987 interpreta el silencio constitucional de manera afirmativa, y declara válida la pena de muerte, si bien en su artículo 29.1 expresa que “es de carácter excepcional”.

Es decir, a falta de pronunciamiento constitucional, los creadores de la norma se guiaron por sus propias convicciones al respecto.

El proyecto actual de nueva constitución tampoco menciona la pena de muerte. De aprobarse el texto tal como está, la pena de muerte en Cuba no estaría ni permitida ni prohibida. Se mantendría el limbo jurídico. Los legisladores seguirían libres de interpretar el silencio a su manera.

Una constitución que proclama en su capítulo 1 el humanismo y repetidamente recuerda la prédica de Martí no puede obviar una pena que atañe al principal de los derechos humanos, el de la vida, y dejarla a la interpretación que le quieran dar tres personas, falibles por definición (en un tribunal de cinco miembros, basta el voto de tres para que una decisión se tome).

La pena de muerte en ningún caso debería ser aplicada, ni en Cuba ni en ningún lugar del mundo. Quien piense que ella es una especie de “cura en salud”, o vacuna contra delitos horrendos, pasa por alto que, hasta el día de hoy, la existencia de la pena de muerte no ha hecho disminuir los crímenes de sangre en los países que la aplican. Y, por el contrario,  no pocos lugares que la aplican se cuentan entre los de mayor criminalidad.

La pena de muerte es la única que no es reversible. Si un minuto después de aplicada se descubre que hubo un error, es imposible devolverle la vida al inocente “ajusticiado”.

Si por mayoría de la Asamblea Nacional se decide que la Constitución no prohíba la pena de muerte, Cuba perdería una buena oportunidad de andar a la par de la modernidad. Si eso acontece, al menos, se debería garantizar que la excepcionalidad sea total. Por ejemplo, en virtud de la irreversibilidad que caracteriza a esa pena, se debe prohibir expresamente que se pase por alto alguna de las formalidades establecidas para su imposición. No se puede justificar saltar etapas en el proceso so pretexto de “dar escarmiento”, de “sentar un precedente”, o simplemente, “en virtud la gravedad de los hechos”. Es decir, no se puede permitir la aplicación de la pena de muerte como resultado de  juicio sumario o sumarísimo.

Por otra parte, en jurisprudencia está bien establecido que al delito cometido en grado de tentativa no se le aplica nunca la pena máxima establecida en el código penal; sin embargo, la historia está llena de condenas a pena capital en que el crimen no llegó a realizarse y, por tanto, no era punible con la sanción máxima, la muerte.

Por lo tanto, si ha de permanecer en Cuba la pena de muerte, que al menos se haga con el máximo de formalidad, sin prisas y, sobre todo, que nunca se aplique si el delito no llegó a ser consumado.

Foto: Irene Pérez. Tomada de Cubadebate.

Aborto

Sandra

Nunca he abortado. Cuando supe que era demasiado fértil comencé a usar un anticonceptivo. Pero no fue así de sencillo. Al comenzar mi vida sexual, creo que sobre mis 16 años, aparecieron rápidamente las sospechas de embarazo. Tengo que reconocer además que lo de ser muy fértil me viene, si fuera posible, de familia.

Por otra parte, siempre he “sufrido” de desarreglos menstruales. De manera que, cuando me saltaba el bichito de la duda, debido al retraso, me iba sin reparo alguno al médico y me hacía examinar. En una ocasión hasta me tuve que bajar de la camilla, en la cual supuestamente me harían una regulación menstrual, pues el ginecólogo dictaminó que ya comenzaba a tener mi regla.

Me embaracé, con certeza, solo una vez. En aquel entonces yo tenía 18 años y cuando me dijeron que tenía 16 semanas de embarazo intenté hacerme lo que por aquel momento se llamaba “Rivanol”, pero la médica a quien acudí, madre de una amiga del preuniversitario, me dijo rotundamente que no. Yo no cumplía los requisitos clínicos para una intervención de ese tipo. Ahora mi hija tiene 24 años y mi nieto, 3.

Danay

Lo ha dicho por lo claro: ha abortado dos veces y se arrepiente de ello. Intenta subsanar su error pero cae en otro: olvida el contexto. Olvida un Chile que es uno de los pocos países en el continente donde no existe ningún tipo de aborto, no importa si has sido violada, tampoco si puedes morir en el parto. Dos leyes, una sanitaria y otra penal, impiden la práctica.

Aprovecha entonces los cinco minutos de su gloria para llevar un mensaje diferente al que se esperaba. Su canto pasaría de ser contestatario a conservador, lo cual parece una sutileza pero no lo es.

Media Latinoamérica la escucha con estupor, la otra mitad con vítores. Ejerce su libre albedrío y recibe también las consecuencias. Se le impide esclarecer, para la gente de su tierra natal, qué quiso decir con “tiene que ver con muchas cosas, entre ellas… el aborto”. No obstante, el día que quiera abortar otra vez lo podrá hacer sin que nadie se lo impida; en Cuba es un derecho que cada mujer gana en el momento de su nacimiento. Qué suerte la suya.

Verónica

Trabaja como médica aunque desde adentro del sistema lo dinamita todo el tiempo. Asiste, apoya y acompaña a mujeres que quieren abortar en su casa y con las amigas. Porque para eso estudió tantos años, para poner todos sus conocimientos del lado de la desigualdad e intentar, no obstante los obstáculos, que la soga no siempre se rompa por donde están quienes menos tienen.

Todo está rigurosamente calculado: tiempo, procederes, vías de contacto, mimos para quienes han escogido su compañía. Vive en Chile y un error les podría conducir a la cárcel.

Foto de portada: Carolina Tarré

Matrimonio

Nunca quise salir de Cuba. Esa fue por mucho tiempo mi verdad. Cada vez que ponía un pie fuera del archipiélago mi cuerpo se enfermaba, de manera que el regreso, tan solo pensarlo, era parte de la cura.

En febrero de 2013 salí con un billete sin regreso, para casarme por segunda vez en mi vida y, por primera ocasión con una mujer. Dicen que el amor intenta ser la causa de muchos cambios rotundos en nuestra existencia.

En algún momento que mi memoria no recuerda, me percaté que estaríamos quizás entre las primeras mujeres cubanas en unirnos legalmente. Entonces mi viaje dejó de ser un tema privado para convertirse, por mi parte, en un acto político. En él estaban puestas mis ganas de unirme a la persona que amaba, gracias a la  posibilidad aún muy remota en Cuba; y que Alemania, una tierra que por entonces solo me evocaba extrañeza, facilitaba. Significaba abrir un nuevo capítulo en la historia  de la  lucha por el reconocimiento de las relaciones homosexuales en Cuba.

El amor no conoce fronteras ni límites impuestos por la sociedad

Sin embargo, ante mi país yo me sentía fuera de la ley. Mis derechos se resumían a hacer colas desde la madrugada, comprar sellos timbres, cambiar errores en la inscripción de nacimiento, pedir copias de todos los documentos, y pagar lo suficiente para que estuvieran lo más pronto posible. Yo me casaría con una mujer, me lo decía a mí y a nadie más. Presumí los gritos en el cielo, las preguntas incisivas y las miradas ignorantes. A las indagaciones no les temí nunca, sin embargo el hecho de que yo, mujer feminista, no pudiera disfrutar de ese derecho en Cuba me hacía sentir profundamente derrotada.

Por otro lado estaba la Embajada de Alemania, que yo sentía como tierra de justicia. Allí, se me entregaba en cuños la certeza de poder hacer uso de la unión civil que permite que dos personas de un mismo género puedan convivir, pagar impuestos juntas, tener vidas comunes, ser socialmente reconocidas. Casi todo, menos adoptar. De esta manera, ese lugar que me era completamente ajeno y desconocido me consideraba más que mi propia casa.

Me sabía humana y con la libertad de escoger con quién y dónde quería pasar mis días. Me casé alevosamente un 8 de marzo y las banderas cubanas y del arcoiris fueron los únicos trofeos que exhibió la mesa de ceremonias. Cubanas, porque Esme y yo somos dos mujeres negras orgullosas de la naturaleza de nuestro cordón umbilical.No obstante, la sensación de que estoy delinquiendo me vuelve una y otra vez cuando relleno el cuestionario del consulado cubano, para el cual mi matrimonio y mi núcleo familiar en Alemania no existe. Por eso me saben, ahora, muy mal los regresos a Cuba.

Publicado en estoque.com

¿Es constitucional en Cuba el “Derecho de admisión”?

 

Cada día es más frecuente la limitación del acceso a ciertas instalaciones cuando no se cumple alguna de las condiciones subjetivas que la administración decide. En la mayoría de los casos se toman desde los prejuicios: como por ejemplo el color de la piel, el estilo de vestir o la proyección personal. La experiencia de la periodista Helen Hernández Hormilla ilustra el proceder más común: Alguna vez unos amigos me invitaron a visitar uno de esos bares chic de La Habana, un sábado a las 11:30 de la noche. Mientras los esperaba para entrar, durante más de 40 minutos, observé cómo se producía la entrada.

Resulta que los porteros, hábilmente entrenados, tenían afuera esperando a un par de muchachos, no mayores de 23 años, bien vestidos pero modestos, sin aspecto de gastarse más de 5 cuc en una salida. A ellos les decían que no había capacidad en el bar, mientras permitían la entrada a hombres maduros, con ropa y zapatos caros, que llegaban en grandes carros. En fin, aquellos niños nunca entraron al bar mientras otros clientes eran recibidos con amabilidad.

Pero el anterior no es el único caso, recientemente el intelectual cubano Norge Espinosa denunció cómo no pudo, en varias oportunidades, acceder a un bar en el Vedado habanero, al parecer debido a su orientación sexual. En el texto que circuló ampliamente por internet y que condujo a la publicación de otros textos en apoyo a Espinosa, se plantea una situación que va más allá de este incidente y es:

Como se dejó ver en la discusión que ocurrió a la entrada del King Bar, no formamos parte de ese grupo de gays que, al parecer, deben entrar con los diez CUC de consumo mínimo que nos dijeron allí se exige, y por supuesto, nuestras ropas informales no coinciden con el patrón de cliente al que aspiran.

En Cuba no existe una Ley de Protección del Consumidor, que prescriba las condiciones para acceder a los locales privados o estatales, como sí sucede por ejemplo en España con el Reglamento General de Policía de espectáculos y actividades recreativas (RD 2816/1982). Según dicha norma no basta con el cartel que proclama el derecho del recinto sino que además tienen que quedar claramente expuestos los requisitos para acceder al lugar.

Pero en la isla por lo general todo se resume a un cartel a partir del cual Ud. tiene que inferir cuáles son dichos requisitos.

La jurista Ana Laura González Aguililla me comenta que “el Sistema de Protección al consumidor existente en Cuba lo define cada organismo, para las empresas que se le subordinan y que prestan determinados servicios. Por eso es que el Derecho de Admisión es algo, que ahora mismo dispone cada organismo, empresa o establecimiento arbitrariamente y no pasa nada cuando violan un par de principios constitucionales”.

Prohibir el acceso atendiendo a valoraciones a priori violaría además los artículos 41, 42 y 43  de la Constitución cubana, los cuales señalan que “todos los ciudadanos gozan de iguales derechos”; “La discriminación por motivo de raza, color de la piel, sexo, origen nacional, creencias religiosas y cualquier otra lesiva a la dignidad humana, está proscrita y es sancionada por la ley” y “El Estado consagra el derecho conquistado por la Revolución de que los ciudadanos, sin distinción de raza, color de la piel, sexo, creencias religiosas, origen nacional y cualquier otra lesiva a la dignidad humana: – disfrutan de los mismos balnearios, playas, parques, círculos sociales y demás centros de cultura, deportes, recreación y descanso.”

A pesar de ello, los derechos ciudadanos de andar libremente por el país pueden quedar cercenados según los estereotipos, creencias y prejuicios que tenga, por ejemplo, el portero de cualquier lugar. Cito otra vez a la periodista Helen Hernández Hormilla:

Es uno de los riesgos de privatizar los negocios, sobre todo porque existe una alegalidad muy grande con respecto a los actos de discriminación. Los movimientos ciudadanos de muchos países lucharon contra el “derecho de admisión” sobre el que se basó el racismo, el sexismo, la homofobia, la xenofobia. Aquí, sin embargo, se toma como algo normal. Creo que la segregación es terrible, que este tipo de acciones profundizan brechas clasistas.

En el caso Kingbar, un grupo de activistas protagonizaron una besada delante del sitio, como señal de protesta y por internet circula una llamada al boicot del lugar, la cual ha recibido muchas adhesiones.

Pero ¿qué más podría hacerse para restaurar los derechos de la ciudadanía de ser tratada dignamente y no a partir de estereotipos de cualquier índole que le impedirían el disfrute a determinados servicios?

“La movilización ciudadana es importante, para exigir al estado que tome las políticas públicas que ameritan estos casos, que las personas estemos protegidas ante actos discriminatorios de toda índole y que tengamos espacios a los que reclamar e incluso ser indemnizados.

Pero mientras tanto, denunciar, hacer público y dejar en entredicho ante quienes cometen este tipo de actos pudiera ser una opción. Para eso hay que aliarse, y aprender a dar las batallas en colectivo”, declara Hernández Hormilla.

Como en Cuba no existen tribunales constitucionales donde se puede demandar a alguien que viole la ley de leyes, otra posible solución la aporta la abogada Zulendrys Kindelán:

Lo que queda es la queja de la que habla el Artículo 62 de la Constitución de la República de Cuba que expresa que “Ninguna de las libertades reconocidas a los ciudadanos puede ser ejercida contra lo establecido en la Constitución y las leyes, ni contra la existencia y fines del Estado socialista, ni contra la decisión del pueblo cubano de construir el socialismo y el comunismo”. Dicha queja se debe presentar ante la Comisión de atención al consumidor que en algunas entidades estatales existen, entiéndase en las tiendas, no así en el sector de centros nocturnos y los negocios privados. 

Imagen de portada “No pictures please” de wolfgangfoto

Publicado en eltoque.com

Entre lo público y lo privado: Cubanos debaten uso de información publicada en las redes

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La publicación de un artículo en la sección Cuba 2.0 de la agencia de prensa IPS, que utiliza comentarios de personas en Facebook, levantó un debate en las redes sociales acerca de los aspectos legales y éticos relacionados con el uso de la información que se publica en esa plataforma.

La discusión se inició cuando el bloguero Norges Rodríguez, de Salir a la manigua, compartió en las redes sociales el artículo Internet en Cuba… ¿básico, no básico o dirigido? que fue publicado originalmente en Cuba 2.0. Dicho texto de IPS utiliza comentarios de personas en Facebook para resumir la polémica que levantó el postLos desconectados, publicado por Vincenzo Basile en Desde mi ínsula.

Contrario a lo esperado por Rodríguez, pues él lo compartió con el propósito de continuar el debate sobre las condiciones de conectividad en la isla, el tema de la entrada de Basile, se produjo una estela de comentarios sobre las especificaciones de Facebook con relación a los términos de uso.

Monica Imilla escribió el comentario que calentó el debate:

Si bien no es una buena práctica usar los contenidos de FB sin consultar; teniendo en cuenta que son perfiles personales y no páginas institucionales. ¿Hay algo escrito sobre eso?

A partir de esto se sucedieron otros a favor y en contra del uso de que comentarios emitidos desde perfiles privados sean usados en medios de prensa sin pedirle autorización al autor. Sin embargo, se reconoció la legalidad con la cual se había obrado en este caso teniendo en cuenta las reglas de Facebook.

Sergio Acosta, periodista cubano holandés, quien dirige la fundación Aca Media Latam, que cada año organiza cursos de redes sociales y videoperiodismo en Cuba, comentó entonces:

Interesante tema de discusión. Creo hay dos partes, una lo que dice la red social y los derechos que garantiza o da la misma. Eso debemos tenerlo claro cuando somos parte de ella. Es la letra chiquita que nadie lee, y por otro lado las condiciones que alguien si es un personaje público o parte de un grupo quiere poner a sus declaraciones. Supongo que sí alguien hace eso pues contará con asesoría jurídica para poder demandar en caso de violación, o de llamar la atención en casos menos graves. También hay que ver la compatibilidad entre ambos actos, y sí la red social lo permite o no. Creo que sí es ético pedir permisos, autorizaciones o declarar: “lo he tomado”. Hay que tener en cuenta que lo que hoy se publica en las redes sociales es totalmente público y tiene pocos derechos del autor.

Por su parte, la profesora de Community Management, Renata Cabrales Rojas, quien además es editora de redes sociales y participación en El Tiempo, dijo:

Dice Facebook que las páginas son públicas, por tanto la información que compartan con una página será pública. Esto implica, por ejemplo, que si publican un comentario en una página, su propietario podrá utilizar ese comentario fuera de Facebook y todo el mundo podrá verlo.

Con los perfiles personales ocurre casi lo mismo, con la única diferencia de que es el usuario el que decide qué tan público o restringido quiere que sea su perfil y, por ende, su contenido. Al final, todo depende de hasta dónde decides hacer pública tu información.

Twitter, por ejemplo, es más explícito en su guía de ayuda y aclara que si un perfil es público, cualquiera puede tomar su información (incluidos medios de comunicación) y compartirla (a manera de RT por ejemplo), aclarando que quien tome la información no podrá cambiar la esencia del mensaje. Incluso, un usuario podría demandar al medio o a quien tomó el contenido, si cae en este uso inadecuado.

Entiendo y respeto lo que aquí opinan algunos sobre pedir permisos al autor de una publicación (llámese tuit o post) para nuevamente hacerlo público con un objetivo particular. Sin embargo, creo que se vuelve un proceso engorroso para los medios estar pidiendo permiso por cada frase o cita interesante (si no lo fuera, por lo menos yo como periodista, no la tomaría), sobre todo, si hablamos de países donde la generación de contenidos por parte de los ciudadanos es abundante, dado el acceso que tienen.

Hablando como ciudadana -no periodista- me place que alguien me cite en un marco de reflexión y análisis, como ocurrió con el artículo que generó este debate.

Varios días después en el perfil en Facebook de Cuba 2.0 se anunciaba:

Lamentamos las molestias ocasionadas al citar -en nuestros materiales periodísticos- algunos comentarios compartidos públicamente por usuarios en Facebook. Esta red social establece en sus términos de uso que “cuando publicas contenido o información con la configuración “Público”, significa que permites que todos, incluidas las personas que son ajenas a Facebook, accedan y usen dicha información y la asocien a ti (es decir, tu nombre y foto del perfil).

No obstante, el cuestionamiento fundamental, y que aun sigue sin resolverse, se realizó en el ámbito ético y las distinciones entra la privacidad de los comentarios para perfiles de personas naturales y para personas jurídicas, así como la posibilidad de entender la red social como un grupo de amigos que comparten cosas íntimas como si se estuviera en la sala de una casa, o sencillamente atenerse a las consecuencias de emitir comentarios que podrían ser usados según los niveles de privacidad de Facebook.

Tal vez en un futuro, como resultado a polémicas de este tipo,  haya alguna persona que prefiera advertir: “Prohibido publicar mis comentarios en Facebook en medio de prensa alguno”.

Publicado en Global Voice

Observatorio de medios: anuncio racista en boletín Alamesa

exclaEn la sección de Clasificados, del boletín no. 20 del sitio web Alamesa, aparece el siguiente anuncio: Las candidatas al puesto deben cumplir los siguientes requisitos: Mujer entre 20 de edad, de piel blanca, buen cuerpo y figura, buena apariencia y educación. Título de gastronómica de alguna escuela y conocimientos de idioma, no son requisitos obligatorios, pero sí deseables… Sobran las palabras.

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A solicitud de un comentarista de este blog, añado la imagen correspondiente al anuncio que apareció en el boletín Alamesa.

Los hermosos peligros de la libertad

globosEn estos días se discute muchísimo en La Habana acerca de diversos temas. Desde el libre acceso a Internet, el filme Conducta, hasta la nueva Ley de inversión extranjera en Cuba suscitan diferentes opiniones y posiciones encontradas.

En mi opinión, esos son puros pretextos. El punto álgido es un proyecto de nación que incluya la libertad de pensamiento, expresión y de creación.

Hoy me levanté con un texto en mi buzón que mi amigo Victor Fowler me envió con el siguiente epígrafe:

 

Hace unos días publiqué en el suplemento digital de la revista Espacio Laical este artículo ensayístico que ahora comparto por correo electrónico. Comencé intentando hablar acerca de la necesidad de debate social, tema habitual en numerosas intervenciones de todo tipo y procedencia en el país, y terminé escribiendo exactamente sobre lo contrario; es decir, ¿cuáles son las condiciones necesarias para que, en un territorio cualquiera, no exista debate social? El texto contiene un párrafo más que en su edición digital, así un subtítulo que introduce mejor las paradojas de su contenido, pues –a la manera de una especie de borrador permanente- es tema acerca del cual he seguido pensando. Como mismo otras veces, lo mando a ustedes, colegas a los que respeto, cuyo trabajo sigo y a quienes pienso que tal vez les interese.

Es posible que entre las personas que leen esta bitácora surja una interesada. Por eso lo comparto:

Descargar Los hermosos peligrosos de la libertad por Victor Fowler

Imagen tomada de Registro Personal 

 

Lamentable incidente entre activistas por la equidad racial

afroEl 21 de marzo del 2014, Día Mundial contra la Discriminación racial, Heriberto Feraudy, presidente de la Comisión Aponte de la UNEAC, valoró los propósitos de las acciones que desarrollan un segmento del activismo, cuyo mejor exponente es el intelectual Tomás Fernández Robaina.

Según Tomás, Feraudy en su intervención  ”calificó esa voluntad expresada por tantos de nosotros como acciones provocadoras, que la solución esta a través de la acción gubernamental, desde arriba.”

Por la gravedad de estos hechos y los numerosos reclamos y respuestas que ha suscitado la intervención de Feraudy, decido compartir varios documentos que expresan el sentir de quienes nos hacemos eco de la posición de Fernández Robaina, con la finalidad de propiciar el debate.

Lamentablemente no tenemos documento alguno donde Heriberto Feraudy explique en detalles su opinión , esperamos que participe como lo hizo cuando, hace un año, escribió a propósito del texto que publicó el intelectual cubano Roberto Zurbano en el NYT.

Agrupé los documentos en una página titulada Heriberto Feraudy/Tomás Fernández Robaina para que sean de fácil consulta:

“El tren de la libertad”: Por los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres en España

Especial para Global Voices

Tren de la Libertad

Alberto Ruiz-Gallardón, Ministro de Justicia en el gobierno de Mariano Rajoy, lidera un anteproyecto de ley que pretende derogar la norma vigente en el Estado español —Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) y Salud Sexual y Reproductiva (SSR) de 2010—, al promover una reforma que conllevará un retroceso, de más de 30 años, en el ejercicio pleno de los derechos sexuales y reproductivos en ese país.

Una movilización se ha organizado contra dicho proyecto, que no ha sido aprobado, desde el movimiento de mujeres feministas de Asturias, específicamente la Tertulia Feminista les Comadres, que lidera la florista Begoña Piñero Hevia. Titulada por sus creadoras como “El tren de la libertad“, la iniciativa fue lanzado por las redes el 2 de enero pasado:

Sigue leyendo ““El tren de la libertad”: Por los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres en España”

La lucha contra las discriminaciones en Cuba: Un pasito pa´lante y un pasito pa´trás

Transexual Cuba

Leyendo comentarios en blogs, sitios, y cuantos medios digitales atraen mi atención, he podido advertir las diferentes posiciones que desde Cuba, se asumen en temas como la diversidad sexual, la violencia de género y las relaciones raciales.

Por ejemplo, cuando ya pensábamos que teníamos ganado el debate a favor de la diversidad sexual, un medio oficial cubano publicó un artículo de opinión cargado de homofobia y pseudociencia.

Lo que más me ha sorprendido es, en primera instancia, las múltiples conexiones posibles entre las ideas defendidas por quienes usualmente se reconocen a sí mismos como adversarios, de manera que se desdibujan las fronteras si estas alguna vez existieron, entre la derecha y la izquierda.

En Cuba, cuando una piensa que ya no hay una vuelta atrás y presume de cualquier vuelta de tuerca será hacia la izquierda, aparecen posiciones decimonónicas en el abordaje de ciertas temáticas, de manera que ya no sabemos si se trata de una cuestión puramente ideológica o simplemente política.

Una amiga me dijo en una ocasión que habían temas para los cuales esa distinción no era útil, pues la gente se posiciona más bien atendiendo a sus propios intereses, actitudes y según sus prejuicios.

No quisiera ser categórica, pero en la Cuba de ahorita, encontrada en esos comentarios en los espacios digitales, se dibujan posiciones conservadoras, tradicionales, muy alejadas al desarrollo social de nuestro país.

Violencia de género

El primer acontecimiento que llamó mi atención fue cuando un grupo de intelectuales cubanas intentamos visibilizar, a partir de un caso puntual, la violencia de género.

Muchas personas hicieron de esta su causa, sin embargo no dejó de sorprenderme como activistas por la diversidad sexual o los derechos sexuales, prefirieron pasar de largo ante la realidad que constituye la violencia machista contra la mujer.

Más allá de las razones individuales de cada quien, lo importante para mí fue notar cómo los problemas de las mujeres son cuestiones de segundo orden, supeditadas a cualquier otra. Entonces, la violencia contra ellas no es una razón suficiente para movilizarnos. Como consecuencia somos para mucha gente de derecha, de izquierda, de arriba y de abajo, ciudadanas de segunda. Es violencia simbólica, es el patriarcado, es la misoginia…

Diversidad sexual

Fui, hasta hace poco, parte del comité organizador de las jornadas contra la homofobia (donde colaboraban muchas personas e instituciones y no solo el CENESEX) y por tanto testigo de como gente de bien trabaja por mucho tiempo y por puro activismo, con el objetivo de que las personas sexo-diversas logren vivir y disfrutar de sus derechos, atendiendo a que la Constitución de la República declara la igualdad de todos los cubanos y cubanos.

El href=”http://proyectoarcoiris.wordpress.com/” target=”_blank” rel=”noopener”>Proyecto Arcoiris, al cual pertenezco, se ha organizado desde ese mismo activismo pero de manera autónoma. En junio del 2012 realizamos una besada por la diversidad sexual, como manera de transgredir el paradigma heterosexista existente en la sociedad cubana. Asistieron personas de diversas procedencias, todas comprometidas con un futuro de derechos sociales, sexuales y reproductivos no solo para los heterosexuales. Realmente fue un día especial para quienes asistimos. Un logro más.

Pues cuando ya pensamos que tenemos ganado cierta parte del debate, entendiendo por ello que nos acercamos cada vez más a las soluciones dentro de la justicia social y la equidad que presupone un sistema donde el ser humano es lo más importante, un medio de prensa oficial presenta un artículo con referencias a conceptos ya desestimados dentro de las ciencias naturales y sociales.

En el artículo en cuestión, usted puede encontrar tanta pseudociencia y homofobia (incluida la preocupación ante el “estímulo desenfrenado a la homosexualidad”) que duda de su procedencia y puede llegar a considerar la colocación premeditada y alevosa en un medio que pertenece al único Partido que hay en Cuba; el cual, a partir de la discusión con el pueblo, consideró dentro de sus Lineamientos el respeto a la diversidad sexual y la identidad de género en la Isla. Sencillamente inexplicable, otro pasito pa´ atrás, diríamos en buen cubano.

Entre los comentarios a dicho artículo, se encontraron soluciones como realizar un referéndum nacional para establecer (o no) la posibilidad que parejas de un mismo sexo puedan ser reconocidas legalmente, como si los derechos humanos no fueran inherentes a todos los seres humanos y sin considerar que todos tenemos los mismos derechos humanos, sin discriminación alguna (valgan todas las supuestas redundancias).

Me preguntaba entonces si se ha hecho alguna vez en Cuba un plebiscito para aprobar por ejemplo la Ley de Seguridad Vial, la Tributaria o la de Maternidad. ¿Por qué entonces necesitan las personas reconocidas como heterosexuales decidir sobre la vida particular del resto de los cubanos y cubanas? ¿Es miedo? ¿Es enfermedad? ¿Es mala vibra? ¿Es homofobia?

Racismo

Cuando aquel texto de Roberto Zurbano salió en el New York Times (NYT), mucha gente salió a criticarle, y en muy contadas ocasiones se propició el debate, más bien la oleada de intervenciones proponía apalearlo, a la manera más primitiva posible.

En aquel entonces una amiga me preguntó, ¿qué es lo que no le perdonan a Zurbano: decir que hay racismo en Cuba; decirlo en el NYT; desde Cuba; por haberlo planteado siendo el director del Fondo editorial de Casa de las Américas; por ser un negro quien lo dice o por decirlo Zurbano?

En las críticas a Zurbano se vislumbraba el cuestionamiento de la validez del discurso de un negro acerca de su vivencia de discriminación racial.

Estoy segura de que las opciones anteriores no son excluyentes, o sea que en las duras críticas que se le hicieron a Zurbano (que no al texto, ojalá hubiesen trascendido el título para arribar a la discusión sobre la discriminación racial en Cuba) se cruzan más de una de las condiciones incluidas en la pregunta inicial. Sin embargo, la razón más recurrente en los comentarios, a veces explicita otras tácita, fue porque era negro.

El caso de los intelectuales que sobre el incidente y desde la Isla escribieron en contra de Zurbano saltó a la vista que las valoraciones emergieron del hecho de ser un negro dentro de la Revolución y con un cargo que escribe en un periódico del enemigo.

El punto de encuentro entre los comentarios dejados por lectores/as y los textos de esos intelectuales fue el cuestionamiento de la validez del discurso de un negro acerca de su vivencia de discriminación racial. La pertenencia racial de Roberto Zurbano matizó cada una de esas valoraciones de las cuales fue objeto, algo como que es menos legitimo hablar si se es objeto de la discriminación.

Me sigo preguntando que hubiese pasado si hubiese sido una persona blanca quien firmase el texto de marras. No obstante, en el momento en que vislumbré que había un subtexto a la hora de evaluar las palabras del Zurbano, y a propósito de los diversos debates en los que participé en aquellos días y los epítetos que allá se me endilgaron, declaré en mi bitácora:

Si una persona blanca habla de racismo:

1. Es solidaria
2. Es objetiva
3. Es una buena persona
4. Es antirracista

Si yo, mujer negra cubana, hablo de la discriminación racial:
1. Soy una malagradecida
2. Tengo una herida abierta
3. Me subvaloro
4.Soy una racista

Sobran las explicaciones. No obstante escribir esas breves líneas fue para mi un buen ejercicio terapéutico, una vuelta a mí misma, al tiempo que varias persona, de esas que no necesitan ser negras para reconocer al racismo en Cuba, lograron percatarse de cómo se nos cuestiona por el simple hecho de ser negros o negras activistas antirracistas. ¿Es miedo al negro? A ese negro que ya no pueden tildar de ¨atrasado¨, ¨haragán¨ o ¨marginal¨.

Las mujeres negras

Son contados los intelectuales varones, blancos y negros, que respaldan lo que están haciendo las cubanas afrodescendientes por visibilizar sus propias contribuciones a la historia y cultura.

Los mitos de la fragilidad femenina, la hipersexualidad de las mujeres negras o la creencia del ¨negro violador¨ han sobrevivido dentro de un paradigma feminista aún blanco.

El sexismo pulula por las intervenciones y decisiones; además son minoritarios los espacios abiertos para discutir el tema y proponer soluciones. La problemática de las mujeres negras en Cuba continua siendo de tercera, al cual se le antepone hasta el propio tema racial.

Si tenemos en cuenta cómo ha sido planteado dicho tema en la agenda de las diversas comisiones y organizaciones cubanas dedicadas a trabajar por la equidad racial, las mujeres negras han quedado históricamente al margen. Sin embargo, existe una excepción que confirma esa regla, es más, existen dos excepciones en mi opinión: la primera el grupo Afrocubanas, donde se privilegian la horizontalidad y el consenso, y el capítulo cubano de la Articulación Regional Afrodescendientes, donde las negras han sido decisivas. En ambas estructuras a las mujeres les ha tocado parir contenidos y maneras de hacer, por suerte para el resto de integrantes, y lo han sabido aprovechar sobremanera.

Pero también son pocas las feministas cubanas blancas que reconocen el problema racial dentro y fuera del feminismo. Se otorgan premios, se realizan jornadas y las negras quedamos sumidas en el etcétera.

Por otra parte, la historia del feminismo cubano está contado desde la blanquitud, a pesar de que varias intelectuales han revelado acontecimientos importantes en la historia y la cultura nacionales que tuvieron como protagonistas a las mujeres negras.

Pasé una maestría que, a pesar de tener un módulo acerca de las identidades y las subjetividades, aportó muy poco a la consideración de la pertenencia racial a la feminidad-masculinidad. Tampoco escuché hablar, dentro de aquel programa académico, de la existencia del feminismo negro.

He encontrado en contadas ocasiones al racismo como temática fundamental de algún evento organizado por las feministas académicas. Es aún insuficiente la deconstrucción del sistema de valores y creencias asociados a la identidad racial. Los mitos de la fragilidad femenina, la hipersexualidad de las mujeres negras o la creencia del ¨negro violador¨ han sobrevivido a un paradigma feminista aún blanco. ¿Es desidia? ¿Es desconocimiento? ¿Es la necesidad de homogeneizar el(los) feminismo(s)?

Lo peor es que en Cuba, a pesar del paradigma humanista que muchas personas siguen, los activismos no logran conectarse de manera coherente y definitiva: las mujeres andan por un lado, los gays por otro, los negros en sus asuntos. Vaya, que cada vianda del socorrido ajiaco de Fernando Ortiz se ablanda no solo cuando puede, sino también, y sobre todas las cosas, cuando quiere. Ceder una parte del poder que otorgan la masculinidad, la heteronormatividad, la blancura constituye aún un reto en la Cuba del siglo XXI.

Tomado de Pikara Magazine.