Carlota y Fermina

Carlota y Fermina, ¿una historia de amor en tiempos de esclavitud?

Una tradición oral atribuye a una historia de amor entre mujeres la famosa sublevación del ingenio Triunvirato.

El 5 de noviembre de 1843 comenzó una de rebelión de africanos esclavizados que figura entre las más grandes de la historia de Cuba.

La yoruba Carlota estuvo a la cabeza de la sublevación.

Poco se sabe de la biografía de esta mujer, originaria al parecer de África Occidental y obligada a trabajar en la plantación azucarera del ingenio Triunvirato, una localidad del actual municipio de Limonar, en la provincia de Matanzas.

Félix Bonne Carcassés, profesor universitario y nieto de un general mambí de las tres guerras por la independencia, reveló hace pocos años una tradición oral que atribuye la sublevación a un amor entre mujeres.

Bonne recuerda en su relato a Evarista, una anciana que hace varias décadas citaba las narraciones de su abuelo, un peón de la dotación del ingenio Triunvirato, el cual estaba locamente enamorado de Carlota. Sin embargo, ella solo tenía ojos para Fermina, otra africana esclavizada en el vecino ingenio Ácana.

Asegura la tradición transmitida por Evarista que Carlota conoció a Fermina en una visita a Ácana y entre ambas se estableció una relación que motivaría a una de las mayores sublevaciones de esclavos en la historia cubana.

El levantamiento empezó con toques de tambor que llevaban un mensaje cifrado.

Al parecer, Fermina llevaba semanas sometida a tortura y por eso Carlota, acompañada por decenas de personas, la liberó el 3 de noviembre en una expedición organizada desde Triunvirato.

Dos días después, comenzó el levantamiento en mbas plantaciones. Es tradición que las acciones fueron dirigidas personalmente por Carlota.

Las primeras victorias permitieron que la rebelión se extendiese hacia los ingenios vecinos de Concepción, San Lorenzo y San Miguel, y a numerosos cafetales y fincas ganaderas.

Sin embargo, a los pocos meses del levantamiento y por la persecución desatada por las tropas españolas, Carlota y Fermina fueron apresadas y ejecutadas. Carlota, descuartizada por caballos. Fermina, fusilada. De esta manera cruenta terminó una de las historias de amor más olvidadas de Cuba, según la tradición oral recogida por Bonne.

El historiador cubano Abel Sierra Madero ha dejado claro que «las fuentes documentales cubanas de la primera mitad de siglo, muestran las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo como casos de sodomía o pederastia, pero no de individuos con identidad homosexual o que exclusivamente practican actividad sexual con otro individuo del mismo sexo».

El vínculo afectivo de ambas mujeres es imposible de verificar en fuentes documentales. No obstante, es significativo que se haya salvado en la tradición oral.

Actualmente Triunvirato es Monumento Nacional y el nombre de Carlota fue usado, como homenaje a ella, para denominar a una gran operación del ejército cubano en África hace varias décadas.

Tomado de Tremenda Nota.

Agenda por los derechos de lesbianas, gays, bisexuales, trans, intersexuales y queers en Cuba

Basados en los principios de Yogyakarta sobre la aplicación de la legislación internacional de derechos humanos en relación con la orientación sexual y la identidad de género, en la Declaración de derechos sexuales de la Asociación Mundial para la Salud Sexual (WAS) y en virtud de las próximas reformas constitucionales y jurídicas en Cuba, integrantes de la comunidad LGBTIQ cubana nos hemos reunido para promover esta agenda.

Con la certeza de que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos, que estos derechos son universales, inalienables, complementarios, indivisibles e interdependientes, iguales y no discriminatorios; que la orientación sexual y la identidad de género son consustanciales a la dignidad humana y, por consiguiente, la discriminación y el abuso laceran los derechos de lesbianas, gays, bisexuales, trans, intersexuales, queer y otras personas con sexualidades y géneros no heteronormativos (LGBTIQ).

Teniendo en cuenta que la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia, generalmente, acompañan la discriminación por orientación sexual e identidad de género, incrementando la exclusión social de personas, grupos y comunidades.

Proponemos:

a) Exponer esta agenda de derechos humanos en relación con la orientación sexual e identidad de género a la opinión pública.
b) Solicitar a la Asamblea Nacional del Poder Popular, al Consejo de Ministros y a los decisores de políticas, planes y estrategias que se consideren estas demandas referidas a:

 

MEDIDAS LEGISLATIVAS

En la Constitución Cubana:
1. Incluir la orientación sexual y la identidad de género como causales de discriminación en los artículos 42 y 43, relacionados con el derecho a la igualdad.
2. Modificar el enfoque heterosexista de los artículos relativos a la formación de la familia, Capítulo IV de la Constitución.
3. Modificar la definición de matrimonio en el Artículo 36. Se propone como alternativa de redacción: “El matrimonio es la unión voluntariamente concertada entre personas…”
4. Disponer que los efectos de esta modificación deban reflejarse en el Código de Familia, el Código Penal, la Ley del Registro Civil y en cuanta norma jurídica lo amerite.
5. Incluir un artículo en el Capítulo I, relativo a los fundamentos políticos, sociales y económicos, donde se refleje que: “El Estado reconoce, garantiza, y respeta la libre expresión de la orientación sexual e identidad de género de las personas.”

Código de Familia
6. Regular la institución del matrimonio como “la unión voluntariamente concertada entre personas…”
7. Garantizar la igualdad de condiciones legales, administrativas y de cualquier índole entre personas que no estén casadas, independientemente de su orientación sexual e identidad de género.
8. Incluir en el Título II, Capítulo VI, que la familia es responsable de garantizar el apoyo y protección a las personas independientemente de su orientación sexual e identidad de género.
9. Incluir los artículos que se consideren necesarios, a fin de reconocer la diversidad de familias que existen en Cuba, la manera en que estas pueden organizarse, y los derechos y deberes que les asisten.

Código Penal:
10. Derogar todas las disposiciones relativas al estado peligroso, las sanciones predelictuales y las de advertencia.
11. Incluir en el Título VIII, Capítulo III sobre asesinato y el Capítulo VII sobre lesiones, las circunstancias bajo las cuales se configura el crimen de odio como delito consumado.
12. Incluir en el Artículo 295.1 del Título IX, Capítulo VIII sobre delitos contra el derecho de igualdad, la orientación sexual, el género y la identidad de género como causales de discriminación. Comprender en este, tantas agravantes como en el resto de los artículos.
13. Incluir en el Artículo 295.2 la incitación al odio, la religión, la opinión política o de otra índole, el origen nacional, la posición económica, la región de origen, la discapacidad, la edad, el estado civil y la situación familiar, el estado de salud, el lugar de residencia, la posición socio-económica.
14. Retirar el artículo 299.1 relativo a la pederastia con violencia. Incorporarlo en el 298.1 como violación, sin hacer referencia al género de la víctima o el victimario.
15. Eliminar de los artículos 310.1 y 314 la referencia explícita “actos heterosexuales u homosexuales, u otras de las conductas deshonestas de las previstas en este Código”
16. Modificar el Título XI: Delitos contra el normal desarrollo de las Relaciones Sexuales y contra la Familia, la Infancia y la Juventud. Ej. Delitos contra la Sexualidad, la Familia, la Infancia y la Juventud. Definir la sexualidad humana como el bien jurídico a proteger.

Código de Trabajo:
17. Incluir la prohibición de discriminar por razones de identidad de género y estado serológico respecto al virus de inmunodeficiencia humana (VIH) y el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida) en el Artículo 2, inciso b. Estos motivos de discriminación estuvieron comprendidos en el anteproyecto de Código de Trabajo discutido en la Asamblea y fueron retirados.
18. Implementar artículos específicos que garanticen la protección y reconocimiento de los derechos laborales de las personas LGBTIQ. Las relaciones jurídicas laborales deberán ser explícitas en cuanto a proteger a las personas con VIH/sida y personas trans de la violencia laboral y el acoso sexual, así como no proscribir las relaciones amorosas entre las personas siempre que no tipifiquen como nepotismo.

Código de la Niñez y la Juventud:
19. Incorporar el principio de no discriminación por orientación sexual e identidad de género en todos los contextos familiares, institucionales y en la comunidad donde crece y se desarrolla la persona menor de edad.
20. Reconocimiento de la persona menor de edad como sujeto de derecho en toda su dimensión, con mención explícita a que las personas intersex no sufran modificaciones médicas correctoras de los genitales hasta que tengan capacidad para consentir sobre dichas prácticas de forma libre e informada. En estos casos como en cualquier otro concerniente a los niños y niñas se deberá tener en cuenta su interés superior.
21. Regular que la familia tiene el deber de apoyar y proteger a sus sucesores, independientemente de su orientación sexual e identidad de género.

POLÍTICAS, PLANES Y ESTRATEGIAS

Acceso a la información:
22. Implementar herramientas para acceder a la información estadística sobre criminalidad y violencia que se encuentran en manos de instituciones públicas.
23. Incorporar la variable orientación sexual e identidad de género de las víctimas en las informaciones anteriormente mencionadas.
24. Incorporación activa y sistemática al dominio público de información, que permita educar a la población en el disfrute de una sexualidad plena, basada en la igualdad y la no discriminación.
25. Crear un Centro de Información y Documentación frente a las discriminaciones, que lleve un registro de hechos de este tipo, a partir de investigaciones y/o denuncias realizadas por la población, organizaciones de la sociedad civil, instituciones estatales y otros actores sociales.
26. Estimular la generación de investigaciones públicas y accesibles que describan la realidad que viven las personas LGBTIQ.

Capacitación y sensibilización
27. Profundizar en la capacitación a los miembros de la Policía Nacional Revolucionaria y a los profesionales del derecho, acerca de derechos humanos y diversidad sexual para prevenir la discriminación y estigmatización de las personas LGBTIQ.
28. Implicar como capacitadores a activistas de derechos sexuales, sin que se constriña la participación solo a los grupos reconocidos por el Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX).
29. Adoptar e implementar políticas públicas educativas, culturales, entre otras, que generen conciencia ciudadana sobre la necesidad de reconocer los derechos de las personas LGBTIQ. Entre ellas, campañas que sensibilicen a la sociedad cubana para prevenir los crímenes de odio.
30. Socializar e implementar el Programa Nacional de Educación Sexual a todos los niveles de enseñanza, con énfasis en los principios de igualdad y no discriminación.
31. Capacitar al personal de Salud Pública a fin de implementar políticas acordes a las necesidades de las personas LGBTIQ.
32. Identificar el estigma y la discriminación como factores de riesgo y de vulnerabilidad para la transmisión del VIH, durante las campañas y capacitaciones que se realicen.
33. Desarrollar talleres de capacitación y sensibilización con las organizaciones de mujeres para que se canalicen las necesidades y reivindicaciones de mujeres lesbianas y trans a través de la Federación de Mujeres Cubanas.
34. Capacitar al personal de las instituciones del sistema educativo a fin de que se reconozcan, respeten y protejan los derechos sexuales y humanos de las personas LGBTIQ, como garantía para su acceso a la educación y permanencia.

Acceso a la justicia:
35. Crear normas y protocolos dirigidas a las instituciones del Estado, con especial énfasis a las autoridades policiales, que garanticen la plena expresión y protección de las personas LGBTIQ en los espacios institucionales y públicos.
36. Exigir al Departamento de Protección a los Derechos Ciudadanos de la Fiscalía General de la República que atienda sistemáticamente, desde todos sus niveles, los casos de detenciones arbitrarias, crímenes por prejuicios y otras violaciones motivadas por orientación sexual e identidad de género.
37. Instar a la Oficina de Mediación de Conflictos de Violencia, Sección Género y Derecho de la Unión Nacional de Juristas de Cuba, su intervención en el acompañamiento a las personas LGBTIQ, cuyos derechos hayan sido violados por motivos de orientación sexual e identidad de género.
38. Establecer procedimientos jurídicos e investigativos para asegurar que las víctimas de violaciones a los derechos humanos por motivos de orientación sexual e identidad de género tengan acceso a la reparación, indemnización, rehabilitación, satisfacción y garantía de no repetición. Artículo 26 de la Constitución.
39. Ampliar la capacidad de actuación de los abogados para que, en el ejercicio de representación durante la gestión de la demanda de derecho, se agilicen las respuestas efectivas ante las violaciones de derechos humanos.
40. Regular la aplicación del derecho de admisión por parte de las instituciones estatales y privadas sobre la base de trato igual y no discriminatorio. Exigir que todo recinto que lo proclame exponga claramente cuáles son los requisitos para acceder al lugar.
Protección a los defensores de derechos de las personas LGBTIQ:
41. Incorporar una política de protección contra actos violentos e intimidaciones cometidas por parte del sector privado y autoridades públicas de manera que los defensores de derechos de las personas LGBTIQ puedan ejercer sus derechos a la libertad de expresión, asociación y reunión.
42. Modificar la Ley de Asociaciones, de manera que sea viable el registro legal de los colectivos y organizaciones que abogan por el reconocimiento y protección de los derechos sexuales y humanos de las personas LGBTIQ.

Programas:
43. Implementar un programa de reproducción asistida para mujeres y para hombres, sin necesidad de especificar su orientación sexual, identidad de género o estado civil.
44. Redefinir el trabajo de las “Casas de Orientación a la Mujer y la Familia” para su reactivación y lograr nuevamente el papel social que le corresponde, sobre todo en el abordaje de violencia de género.
45. Implementar políticas públicas para el mejoramiento de las condiciones socieconómicas de las personas que practican el trabajo sexual como forma de subsistencia, sin privación de su libre movimiento ni violación de otros derechos inalienables.
46. Impulsar desde el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social programas que contemplen la elaboración de una guía de buenas prácticas empresariales y de relaciones laborales, que busquen la creación de espacios libres de homofobia y transfobia.
47. Promover la ejecución de programas conjuntos entre el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, la Central de Trabajadores de Cuba y los sindicatos con el objetivo de abrir espacios de discusión y debate para la erradicación del acoso, la violencia y las prácticas discriminatorias en el ámbito laboral.
48. Promover la igualdad de oportunidades en el acceso al trabajo para las personas trans y de las personas con VIH/sida, respetando su grado de formación profesional y su profesión u oficio, en especial en dependencias del Estado.
49. Solicitar a la Federación de Estudiantes Universitarios que se reconozca como un principio de la FEU la no discriminación por orientación sexual e identidad de género, reflejándolo en el ABC y ratificándolo en las Disposiciones generales de sus Estatutos.
50. Solicitar al Ministerio de Educación Superior incorporar los conceptos de orientación sexual, género e identidad de género en los planes de estudio de todos los niveles de enseñanza. Que rediseñe el contenido de las asignaturas y la malla curricular conforme al PRONESS, eliminando cualquier vestigio de sexismo, estigma, discriminación o información no basada en el conocimiento científico.
51. Institucionalizar la perspectiva de género y enfoque de diversidad sexual como política de Estado a fin de que esta no dependa de personas sensibilizadas.

Participación en la vida pública:
52. Exigir a los cuerpos armados la plena protección de personas no heterosexuales y transgéneros contra actos de discriminación por motivos de orientación sexual e identidad de género.
53. Participación pública y activa de las personas que inciden en la toma de decisiones en la defensa y promoción de los derechos de las sexualidades y géneros no heteronormativos.
54. Libre acceso a los medios de prensa para expresar las posturas y visiones de las personas LGBTIQ.
55. Recomendar a las instituciones estatales ampliar las categorías sobre la sexualidad y el género presentes en sus planillas de trámites. Ej: femenino, masculino y otros.
56. Desestimar en los reglamentos de los cuerpos armados las bajas por conveniencia que estén motivadas por la orientación sexual e identidad de género.

Reconocimiento de la personalidad jurídica:
57. Aprobar una Ley de Identidad de género, con pleno reconocimiento de la identidad de género con la que la persona se identifica, independientemente a la realización de la cirugía de adecuación genital, en el cual su proceso de cambio de identidad se garantice mediante proceso administrativo. Deberá estar acompañada de normas jurídicas y procedimientos efectivos para que las certificaciones de nacimiento, los pasaportes, los registros electorales, y otros, muestren la identidad de género autodefinida.
Tratamiento de la sexualidad en los establecimientos penitenciarios:
58. Reformular las políticas hacia la población penal LGBTIQ así como a las personas seropositivas al VIH. Se deberá tener en cuenta cualquier necesidad derivada de su orientación sexual e identidad de género, incluyendo el respeto de sus derechos reproductivos y el acceso a la adecuación sexual si lo desea.
59. Exigir al Ministerio del Interior la creación de pabellones para las personas LGBTIQ recluidas.
60. Capacitar al personal penitenciario sobre los principios de igualdad y no discriminación respecto a la orientación sexual e identidad de género de la persona en estado de reclusión.
Prostitución, proxenetismo y trata de personas:
61. Eliminar las manifestaciones de acoso y de «saneamiento social» parcializadas a la práctica de la prostitución, y penalizar al cliente y al proxeneta, cuando se demuestre coerción, violencia, intimidación o delito consumado de trata o tráfico humanos.

Acceso de las personas trans a servicios de salud especializados:
62. Descentralizar, tanto como sea posible, las cirugías de adecuación genital, la asesoría, la evaluación por equipo de salud mental si se requiere, los tratamientos hormonales, la terapia de voz, la depilación láser, las cirugías “feminizantes” o “masculinizantes”, y otros tratamientos para las personas trans que lo requieran.
63. Garantizar el acceso de las personas trans a tratamientos de salud, sin que sea requisito obligatorio la valoración sicológica, someterse a la castración hormonal o a la cirugía de adecuación genital.

La Habana, mayo de 2018

Firman este documento:

Lidia M. Romero Moreno
Isbel Díaz Torres
Yadiel Cepero Madruga
Marta María Ramírez
Juana Mora Cedeño
Jimmy Roque Martínez
Yurena M. Manfugás Terry
Deyni Terry Abreu
Roberto Ramos Mori
Alberto Roque Guerra
Yaíma Pardo la Red
Julio Antonio Fernández Estrada
Jorge Luis Casas Batista
Sandra Abd´Allah-Álvarez Ramírez
Carlos Alejandro Rodríguez Martínez
Maikel González Vivero
Yasmín Silvia Portales Machado
Pedro Manuel González Reinoso

DESCARGAR Agenda por los derechos de lesbianas gays bisexuales trans intersexuales y queers en Cuba

Cuba: Queremos tener un bebé

Por Lirians Gordillo Piña

Mónica Collazo Cano y Elizabeth Cabrera Espinosa recorrieron varias consultas en La Habana, exploraron y analizaron todas las posibilidades para cumplir un sueño y uno de sus proyectos como pareja: tener un bebé.

«Hemos ido a hospitales, consultorios, policlínicos y hemos hablado con amistades. Hemos averiguado todo. Como no se puede acceder al servicio si no es como pareja heterosexual, hasta llegamos a inventar un supuesto marido para saber cuál es el procedimiento», reconoce Mónica.

Desde 2011, estas mujeres, conocidas por ser las primeras lesbianas en celebrar una boda simbólica con el amparo del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), planean tener descendencia.

«Yo tengo 38 años y como una pareja que somos, buscamos el momento ideal y las condiciones. Habíamos comenzado nuestro negocio y queríamos sentar las bases para tener nuestra familia. Hasta que dijimos es ahora o ahora», afirma Elizabeth.

Mónica y Elizabeth han creado juntas una cafetería dulcería en la capital cubana, al amparo de las medidas que promovieron en el país el fomento del sector privado en la economía, desde 2010.

Con el mismo propósito de ellas, han llegado algunas parejas al gabinete de planificación familiar que atiende la doctora Aissa Naranjo Dojer, en el policlínico Rampa, en La Habana.

«Quienes más vienen son las parejas heterosexuales, pero me han tocado a la puerta tres parejas de mujeres lesbianas porque el mundo está cambiando y ellas también se preguntan: ¿por qué no?», declara Naranjo Dojer a SEMlac.

Ningún padecimiento físico o limitación reproductiva aquejaba a las mujeres lesbianas que visitaron a la especialista.

«No son pacientes portadoras de una enfermedad crónica trasmisible, tampoco tienen orgánicamente una infertilidad, pero la única vía posible para que tengan descendencia es mediante la reproducción asistida, porque biológicamente no puede suceder», afirma Naranjo Dojer.

Pero los protocolos de actuación del Programa Nacional de Atención a la Pareja Infértil (PNAPI), que se ofrece de forma gratuita, no incluyen a parejas homosexuales ni mujeres solteras en los servicios, cuyas únicas beneficiarias son las parejas heterosexuales infértiles.

Desde 2006 se desarrolla este programa, que hoy cuenta con 168 servicios municipales, 15 centros provinciales y cuatro centros territoriales de alta tecnología (RAAT) para la reproducción asistida.
Autoridades públicas han presentado esta política gubernamental como parte de las iniciativas que buscan hacer frente al envejecimiento poblacional y la baja fecundidad en la nación caribeña.

En 2016 los Centro Provinciales de reproducción asistida en Cuba reportaron 1.462 embarazos, ninguno de ellos fue de una pareja de mujeres lesbianas. Ellas, al igual que las mujeres solteras y hombres gays, ven limitados sus derechos y deseos de tener descendencia.

La voluntad, sensibilidad y reconocimiento de este derecho en especialistas de la salud no es suficiente para encaminar a parejas homosexuales en el programa, que es selectivo y complejo.

Para la doctora Naranjo Dojer, es difícil dar respuesta a las parejas homosexuales al no poder «encaminarlas» en el sistema.

«Es difícil el manejo porque no está protocolizado. En la bibliografía aparece el concepto epidemiológico y clínico de una infertilidad, pero para las parejas heterosexuales. Las parejas homosexuales que no tienen nada que ver con ese concepto no están contempladas», explica la especialista.

El primer paso sería incluirlas como usuarias de estos servicios pues, a criterio de la doctora Naranjo Dojer, estas parejas y realidades «si no están comprendidas, si no están protocolizadas, de ninguna manera van a poder acceder».

Otra de las dificultadles que reconocieron las entrevistadas por SEMlac son las exigencias tecnológicas de la reproducción asistida y la necesidad de recursos y tecnología de punta. De acuerdo con declaraciones oficiales, el país invierte más de cuatro millones de dólares solo en programas de atención a la pareja infértil.

Desde 2014 en el país se aplica la ovodonación como técnica, pero aún no se cuenta con un banco de semen que incluya donantes anónimos, aunque se ha declarado como un paso necesario para el desarrollo de la reproducción asistida en la isla.

Para Mónica y Elizabeth, acceder a un donante de semen anónimo sería una condición fundamental que las protegería legalmente a ellas y al futuro bebé.

«Mediante un banco de esperma tendríamos un respaldo, porque esos donantes no tendrían ningún vínculo legal o potestad sobre el niño y eso sería una garantía para el bebé y para nosotras», afirma Elizabeth.

Tic, tac, …cuestión de derechos

El reconocimiento de las familias no heteronormativas, el derecho a la reproducción asistida y la adopción son algunas de las demandas de activistas LGBT (lesbianas, gays, bisexuales, trans), organizaciones e instituciones que luchan contra la homofobia en la isla.

La ausencia de respaldo legal complejiza aún más el acceso a la reproducción. Pero el tiempo pasa y ante la realidad actual, mujeres lesbianas -solteras o en pareja- han buscado mecanismos alternativos para ejercer su derecho a la maternidad.

Mónica y Elizabeth, el día de su boda simbólica, la cual se realizo en el CENESEX (dic. 2007)

«Conocemos una muchacha que se hizo una inseminación artificial gracias a la participación de un amigo; ella y su pareja hoy tienen un niño precioso», comenta Mónica.

Las protagonistas de esta historia apuestan por un donante anónimo. Ante la imposibilidad de acceder a los servicios nacionales han cruzado la frontera en busca de oportunidades.

«Fuimos a Chile gracias a la ayuda de nuestra familia. Mi suegro vive allá y como en ese país está aprobado el matrimonio igualitario dijimos en la solicitud de visa que queríamos, como pareja, acceder a la reproducción asistida», dice Elizabeth.

La pareja utilizó todos sus ahorros en dos intentos de inseminación artificial que no dieron resultado.
«Queremos hacer todo de manera responsable, no quiero mentirle nunca a mi hijo o hija. No quiero esconderle cómo vino al mundo, por eso queremos hacerlo bien», afirma Mónica.

El reloj biológico de ambas no espera y manifiestan que, a pesar de todas las dificultades, quieren vivir la maternidad. Construir juntas una familia, ver en su bebé rasgos y comportamientos de ambas, es una aspiración que las impulsa.

Con más de 20 años en la salud pública en Cuba, la doctora Naranjo Dojer reconoce que el país está cambiando y la lucha contra la homofobia ha tenido un impacto social importante.

«Es muy complejo, pero hay que visibilizarlo y actuar. Esto pasa por la salud mental de esas mujeres, de esas personas y parejas, por su integridad como ser humano», reflexiona la experta.

Tomado de SEMlac.

Foto de portada: María Escolá

¡Qué desperdicio!

Hace unos días mi amigo Siro Cuartel, uno de los más divertidos y más consciente que tengo, me comentó que  una actriz, al postear una foto con su pareja, otra mujer como ella, había recibido como comentario el tan socorrido «Qué desperdicio», que se acostumbran a decir a las personas homosexuales.

Quiero indicar, para que no me acusen falsamente, que esta es una frase que no distingue sexo/género. La misma puede ser articulada por cualquier persona para referirse especialmente a las lesbianas «femme» o cis, si bien es cierto que alguno que otro hombre gay la ha escuchado a lo largo de su vida.

Sin duda alguna, «Qué desperdicio» revela las expectativas que se tienen sobre una persona, relativas a su esperada heterosexualidad. También existen expresiones más sutiles; no obstante, todas evidencian cuán presente está homofobia en la sociedad patriarcal.

En cualquiera de los casos, se apela a la creencia lesbofóbica de que mujeres «bellas» – desde lo que comúnmente se considera como bello- y «femeninas» no pueden/deben ser lesbianas; y lo que se pierden los hombres, y ellas también, al no poder conquistarlas.

Además, es muy usual que cuando dos lesbianas están mostrando su relación en público, por muy tímida que dicha expresión sea, reciban comentarios como: «con tantos hombres que hay por ahí sin mujer», «ahí lo que falta es un buen macho».

Lo anterior reconoce al pene como el correctivo de las lesbianas y cómo este (o su portador) tiene la capacidad per se para hacernos «arrepentir» de nuestra decisión de vivir la lesbiandad. Por demás, algunos hombres fantasean con tener relaciones sexo-eróticas con nosotras. La disponibilidad de las mujeres es una de las metas del patriarcado.

Lo más peculiar de todo este asunto es creer que la lesbiandad existe y se define a partir de la inexistencia de hombres; entiéndase, un pene que te eduque, que te enseñe a ser heterosexual.

Tanto las lesbianas frecuentemente llamadas «femeninas» como aquellas que somos más andróginas, no ejercemos-vivimos-gozamos nuestra orientación sexual desde el pene que nos “falta” (ya sea el del otro o el propio) sino porque sencillamente deseamos a otras mujeres de manera consciente, y hacia ellas orientamos nuestro erotismo-afecto.

Parecería muy básico aclararlo, pero no está demás decir que no es cierto que en cada lesbiana haya una mujer que no ha sido satisfecha por los hombres, o sea, por un pene y cuya solución sería probar hasta que encuentre uno; o que no les quede más remedio que estar con sus congéneres porque no encuentran “un tipo que las haga feliz”. En su lugar, conozco a decenas de ellas que sencillamente un hombre no les va, no les interesa, ni con pene ni sin él, y otras que han elegido políticamente su lesbiandad.

En otras palabras, no se es lesbiana ante la falta de oferta de un pene que nos haga gozar, se es precisamente porque no nos gustan los hombres, ni sus penes y preferimos disfrutar con/de vulvas, clítoris, vaginas, y hasta de un pene que se guarda en la gaveta.

Foto de portada: Hernán Piñera

Diez años después, Cuba en su batalla rosa

Por Norge Espinosa Mendoza.

El 17 de mayo de 2008 parte de la calle más céntrica de La Habana se llenó de personas que celebraban algo inédito en ese entorno. Por vez primera salían a ese espacio tan público gays, lesbianas, transexuales, para proclamar en Cuba los festejos por el Día Mundial de Lucha contra la Homofobia. Vale la pena repasar lo que algunos medios de prensa difundieron acerca de ese improntu, para calibrar lo que, a diez años de tal acontecimiento, se ha conseguido o no. Y sobre todo, repensar lo que las fuerzas que salieron del closet en aquella fecha han promovido como avances auténticos y aquello en lo que han retrocedido o se han estancado. O sea, no activar una memoria que se quede en el bullicio tropical, en el colorido de segunda mano, en la ruidosa manera en la cual convertimos en comparsa un gesto que contiene interrogantes mayores y que, en no pocas ocasiones, parecieran adormecerse una vez que termina el día de fiesta, a la espera de otra vuelta del calendario. Promovida por el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), entidad del Ministerio de Salud Pública, esa jornada cubre ya un programa de encuentros con especialistas, una gala de transformismo en un teatro importante, y la réplica de algunas de esas proyecciones en una ciudad de provincias. En los tiempos de la colonia, se celebraba el Día de Reyes. De algún modo, esta fecha ha devenido una suerte de Día de Reinas, un cubano Queen´sDay, en el que los miembros de esa hipotética comunidad LGTBIQ de la Isla aprovechan las horas de ese día para mostrar sin recato aquello que son. Pero es una batalla que dura más que eso, que se muestra en cierta forma como una lidia fragmentada, demasiado intermitente, y en la que algunas de las demandas esenciales que se movilizan en ese día continúan a la espera en ciertas agendas que se resisten a responderlas.

Estos diez años de batalla han sido el escenario de varios golpes de efecto. Desde la posibilidad misma de tomar por asalto el Pabellón Cuba, con el pretexto de una fecha que tiene ese valor en el calendario internacional, y su choque inmediato con el registro de celebraciones oficiales que el gobierno aprobó hace mucho tiempo, según el cual el 17 de mayo es el Día del Campesino, una coincidencia que hizo poca gracia a personas y funcionarios, y que opera como pretexto sutil para que este suceso, en nuestro país, se haya ido desplazando a días posteriores o previos al 17. De hecho, creo que solo en una ocasión, la primera, el acto central ocurrió en esa fecha. Ello es un síntoma de la verdadera batalla que sucede más allá de la conga (versión criolla del Gay PrideParade que cubre aquí unas pocas cuadras), y que tiene que ver con algo mucho más profundo: abrir en la historia del país, y de su Revolución, un espacio para el homosexual, la lesbiana, el transx, el paciente de sida, etc., que no “moleste” ni obligue a ese aparato que ha generado su propia visión de la Historia a rehacer su propia noción de tiempo ni de representaciones. Los miembros de esa comunidad fueron durante años anulados, invisibilizados, estigmatizados como lacra y aun peligros políticos, según declaran los editoriales de la prensa en 1965. Pretender ocultar con la lentejuela y la bandera del arcoíris los ecos de esos traumas y algunos peores, todavía verdaderos tabúes, como la UMAP o la parametración, no ayuda en ese supuesto progreso, porque la falta de memoria, la conciencia activa de una memoria que genere una tradición precisa de lucha, de nombres, de otras guerras anteriores, es cosa sin la cual no existe comunidad alguna. Liderados por esa primera fila en la que salen a la conga los líderes del Cenesex y las personas transx en las que esa institución ha encontrado a sus representantes privilegiadas, los demás integrantes de ese ejército saben poco de tal cosa, y desconocen tal vez lo que ocurre a sus hermanos de lucha en sitios como Chechenia, aunque griten aquí consignas políticas que reclamen el fin del bloqueo, como si formaran parte de una manifestación, cualquier otra, una más, de las que suelen verse en Cuba, sin hacer hincapié desde ahí en las demandas que podrían caracterizarlos. Para ganar ese espacio en el calendario, se ha producido esa rara mezcla en la que plumas y trajes de satín cubren cuerpos que claman por lo mismo que guerrilleros y soldados enfundados en severos uniformes. Controlar el desborde, hacer creer que el desborde no se sobrepasa a sí mismo en esa delgada línea donde la libertad deviene libertinaje, ha sido ungesto común en estas celebraciones, a lo largo de diez años en los que la Constitución sigue dejando de lado el reconocer sus derechos, o se les anula como pareja, a quienes viven en ese estado, en las encuestas del más reciente Censo de Población.

Como eje de todo, es al Cenesex a quien podría exigírsele por todo esto. No reconocer que ha abierto en el espacio de representación social de Cuba un sitio para las personas de esa comunidad LGTBIQ que sigo pensando que aún no es tal, sería un error. No reconocer que sus representantes han alzado la voz aquí y en la escena internacional para nombrar algunos problemas, y resolver otros, como el de los que aspiran a una cirugía de reasignación de sexo, también sería fallido. Pero justo por eso, siguen vigentes otras demandas y preguntas. Cuba es un país que ha optado por crear instituciones que atiendan ciertas problemáticas, y a ratos hemos creado problemáticas para, asimismo, crear alguna institución. Si el propio Cenesex indica que los homosexuales ya no son enfermos, según el registro de patologías de la Organización Mundial de la Salud, resulta una inconsistencia que sea una entidad de este tipo la que los represente, amén del hecho de que su directora no conforme, en tanto biografía, parte de la comunidad por la cual habla en tantos cardinales. El matiz político de su linaje, ligado en varios momentos a la mirada homofóbica que descalificó a gays y lesbianas como ciudadanos en nuestra nación, no puede ser desestimado, y hace que muchos crean que detrás de todo esto hay en verdad una maniobra de postulación, de lavado discreto de ciertas culpas, que se reargumenta en el vaciado de memoria y de conflicto que esa institución sigue proclamando. Aunque para los extranjeros que llegan a Cuba, de la mano del Cenesex y sus amigos, a ver cuán armónica es esa vida rosa que proclaman sus embajadores, nada de eso sea preocupante ni demasiado visible. No son muy distintos, en muchos casos, de los turistas que llegan al archipiélago a creerse el cuento de la burbuja promisoria que encuentran en playas y cubanos de sonrisa complaciente.

A diez años de ese primer gesto, el Cenesex ha acuñado, en la sede de la Uneac, una estampilla que celebra esa década de supuesta lucha. Cuando supe de la noticia, creí ingenuamente que el sello representaría a algunas de las personas que se suman a la conga Rampa arriba. O que la directora del Centro ocuparía el centro de esa imagen, como lo hace en el hagiográfico documental que le dedicara HBO. Error mío: se trata de un sello que data de 2008, y quien aparece en la estampa no es ella, sino su madre, quien fuera presidenta de la Federación de Mujeres Cubanas. Entre una de las maniobras más persistentes del Cenesex se encuentra la idea más o menos delirante de convertirla en una activista de la lucha por los derechos de gays, lesbianas, transx, etcétera. Hasta donde recuerdo, son escasas sus declaraciones al respecto. En su libro de 1994 Sexual Politics in Cuba, Marvin Leiner recuerda que alguna vez ella interpeló a un joven sicólogo que se expresó con frases homofóbicas en un Congreso de la UJC. Pero esa misma anécdota viene rememorada como una nota al pie, y tal vez las referencias que puedan encontrarse aquí y allá para argumentar esa ficción no pasen de lo mismo. Lo cierto es que no deja de ser elocuente que el Cenesex proponga dos cosas más o menos graves: celebrar el presente desde un hecho pasado que no tiene ligazón directa con lo que pretende ahora festejar, y desplazar en ese acontecimiento de la imagen central a quienes dice que representa. La directora del Cenesex ha dicho que probablemente en poco tiempo el apellido de su familia no ocupe más el centro de poder que hasta ahora ha poseído. Tal vez sea cierto, pero es evidente que sí se está operando, de esta manera y de otras, para que esa genealogía no desaparezca de la Historia, incluso manipulando símbolos y nombres para cubrir causas y demandas que poco tienen que ver con lo que en vida hicieron algunos de sus más visibles representantes. Ya en las galas del Karl Marx, antes de ver el desfile de transformistas, el Cenesex proyectaba en sus minutos iniciales un video con imágenes de la presidenta de la FMC que celebraban su vida en tonos épicos, mientras el público se desesperaba por ver a las divas de la noche. Esos espectadores pueden saber poco de Emilio Ballagas o Virgilio Piñera, de los que fueron obligados a irse por el Mariel al ser denunciados como maricones, o sobre el travesti que murió apedreado en Pinar del Río. No verán esos rostros en esa estampilla, a la que se le impone un gomígrafo en su hoja de primer día que hace referencia a la Jornada Cubana de Lucha contra la Homofobia y la Transfobia. Los aplausos de la gala, los gritos de “perra” y “dura” serán más fuertes que los de los activistas, del Cenesex o no, que reclamen el matrimonio igualitario, el reconocimiento de otras legalidades, por no hablar de la posibilidad de adopción entre parejas del mismo sexo.

Me consta que se trata de una batalla difícil, que no puede contarse únicamente en una gama de rosa y colores pastel. Me consta que la propia directora del Cenesex ha tenido reveses en sus diálogos con algunos de los máximos funcionarios del aparato político. Pero todo ello tiene que ser parte de una lucha en la que aspiro a que un día sea un homosexual o una lesbiana quien se levante ante el micrófono para hablar por su propia voluntad y su hoja de vida por aquello que reclama. Y me gustaría que a la vuelta de estos años nos ahorrásemos ciertas inconsecuencias, como la de oír a la figura central del Cenesex descalificar las marchas del orgullo gay y considerarlas inadecuadas, por frívolas y carnavalescas, en nuestro contexto, cuando ella misma ha aceptado aparecer en algunas, como parte de sus coloridos desfiles. O cuando un especialista de cine gasta tinta en un periódico de circulación nacional describiendo a sus lectores la trama de una serie como Queer as folk, no solo apelando a la peor traducción hispana de su título, sino a la narración de su argumento, único modo en el que muchos espectadores cubanos sabrán de esa serie que nuestra pacata televisión nacional no se atrevería a exhibir, aunque date de la década del 90. Todo ello ayuda a la proliferación de los estereotipos y de los prejuicios. Una entrevista publicada en Granma en estos días mostraba en la página web de dicho diario los comentarios retrógrados que numerosos lectores no dudaban en regalar a las palabras de la directora del Cenesex. Esa es la señal de alerta, la que nos dice que la batalla es aún cosa que sucede, y que no debe adormecerse en los spots didácticos, en la comparsa que dura unas horas, ni en puntos privilegiados de nuestro país, o en un evento en las arenas caras de Varadero. No solo estamos discutiendo cómo cambia el país, sino que deberíamos discutir para quién cambia el país y a quiénes deberían favorecer en realidad esos cambios. Y eso incluye al sexo de la Nación misma, a las variables de lo que ofrece como operación de cambio, a la manera real, y no solo en las fórmulas de campaña, en que abrimos espacios para una diversidad que ya suena a reclamo formal o vacío, apoyado por figuras públicas que a pesar de ciertos secretos a voces, se niegan a asumir su bisexualidad u homosexualidad ante las cámaras. Hay mucho de performance aún en todo esto, de fiesta que, en su vibración, oculta y enmascara algo que debería quedar más al descubierto. Y es en ese empeño que, por ejemplo, parecen encaminadas las entrevistas que Yaima Pardo ha subido recientemente a YouTube, bajo el título de Causas y Azares, dialogando con activistas del in and out, del Cenesex y otros que, en un afán civil mayor, no tienen que constreñirse al amparo y la sobreprotección oficial para aclarar sus exigencias y desasosiegos, no solo en La Habana. Me he ahorrado hasta aquí anécdotas personales: cuento ahora una que me sirvió para distanciarme de gran parte de esto, y a la que debo una visión más exigente de lo que hay y de lo mucho que nos falta. En una reunión preparatoria de una de estas jornadas, una persona transx se negó a compartir el mismo espacio con pacientes de sida. Y lo declaró de un modo brutal. Ello me dejó sentir cuán hondo es aún el desprecio que la propia comunidad LGTBIQ puede manifestar hacia algunos de sus propios integrantes. Y si ello ocurre en el seno de ese núcleo, qué dejar para quienes nos miran como fenómenos.

A mi manera he sido parte de esta lucha, mucho antes de que el Pabellón Cuba se abriera a la multitud que lo abarrotó aquel 17 de mayo de una década atrás. Tengo mis imágenes de esos acontecimientos. Hombres jóvenes y maduros, muchachas y mujeres cogidas de las manos. Familias y personas que, a su manera, con sus recursos humildes, quieren anunciar desde sus ropajes que respiran una diferencia a golpe de color y desafío. Yo creo en el desafío. Y son muchos los que aún están por pronunciarse. No solo a favor de una Cuba rosa, en la que también puedo desconfiar. Todo esto también tiene el nombre de Cuba. Su nombre, su rostro y su sexo. Tanto como su historia. Y ello viene desde mucho tiempo atrás, no solo de una década y todo lo que sus riesgos y tropiezos nos recuerdan. Es también lo que está por llegar. En esa página en blanco, los que vendrán a escribir sus nombres heredarán muchas de estas preguntas.

Foto de portada: Tomada del muro de FB de Norge Espinosa.

Cruzando países y fronteras por Amor

Cuando Lily y Kathy se conocieron en una fiesta, en un día caluroso de verano, una de ellas ya tenía el plan de emigrar. Sin embargo, eso no fue impedimento para el florecimiento y continuación de la relación.

Llegó el momento esperado y, tras haber pasado 385 días juntas, Lily se sube al avión un 1ro de julio. A partir de ese momento, 90 millas la separarían de su mejor amiga y amada. Un vuelo de tan solo 45 minutos era la distancia que Kathy, por su condición económica y legal, no podría realizar.A pesar de la tristeza, y de sentir como si le hubieran arrancado el alma, Kathy, no desistió y, con su relación a distancia, empezó a acariciar la idea de irse por otras vías detrás de su amada; sencillamente no podía con esas noches en soledad.

El camino no fue el más fácil. Debido a cuestiones legales y de visados en su país, ella no podía ir directamente hacia Estados Unidos, donde se encontraba Lily.

Finalmente decidió salir hacia Ecuador, tomando diversos medios de transportes, rumbo al norte. A pesar de los riesgos que implica cruzar toda Centroamérica sola, la ilusión de reencontrarse con su novia mantenía su motivación en alto. De hecho, me dijo, que para ella hubiera estado bien cruzar el mismísimo infierno con tal de estar cerca de su pareja. Cualquier lugar donde Lily hubiera decidido vivir, sería el paraíso para Kathy.

Luego de varios meses se encontraron. “Este amor es tan grande”, dice Kathy, “que me fortalece, me da coraje y me engrandece”. Hasta el día de hoy, en los momentos más duros siempre piensa cuánto la ama y todo pasa. Se siente entonces maravillosamente indestructible.

Kathy y Lily se casarán el año próximo en Estados Unidos y luego viajarán a Cuba para celebrar una ceremonia privada con la familia. Lo ideal hubiese sido casarse en la isla pero allá aún no existe el matrimonio igualitario.

Mientras tanto, siguen viviendo su sueño, del cual la tranquilidad, la comunicación  y la armonía son partes importantes. El resto sería viajar juntas y seguir compartiendo el bienestar de tenerse y de amarse. Esta es la historia del amor de Lily y Kathy.

Publicado en Hablemosdesexo.com

Tengo dos mamás y qué

A pesar de sus 12 años, Roly se siente cómodo hablando del tema de la homosexualidad de su mamá. Para él es tan simple como que cada quien tiene el derecho a hacer lo que quiera.

Entre sonrisas describe la primera vez que se percató de que no siempre una familia está formada por mamá, papá y nene como la suya. Tenía entonces entre 9 o 10 años y su mamá había alquilado una casa para estar los 4 juntos: ella, él, la novia de ella y el bebé que está última acababa de tener. Confiesa que en ese momento fue que se dio cuenta de que ellas dos tenían una relación y de que los cuatro conformaban una familia.

Un tiempo antes Roly se había enterado de que su mamá tenía relaciones amorosas con otra mujer, de la manera más tranquila posible. Un día al despertarse se dio cuenta de que le escondían algo aunque no podía decir con certeza qué. Eso sí, le daba curiosidad notar que Reyna, se quedaba a dormir frecuentemente en el apartamento y para él esa era la primera vez que XIomara, su mamá, pasaba tanto tiempo con una mujer en la casa. Lo usual era que amigas los visitaran y luego se marchaban o se quedaban a dormir pero no tan asiduamente como lo hacía Reyna.

No hizo falta una explicación muy extensa para que Roly confirmara lo que estaba pasando en su casa. Él sabía que le escondían algo, y entre risas se lo hizo saber a su madre. Ella le preguntó si entendía lo que estaba pasando, que si me molestaba.

SU RESPUESTA FUE: “ELLA TAMBIÉN PUEDE QUE HACER LO QUE QUIERA”. A PARTIR DE ESE MOMENTO COMENZÓ A LLAMAR «MA» A REYNA.

No obstante, cuando su papá le preguntó sobre este asunto, en un inicio él no le quiso decir, porque creía que iba a pensar algo malo, aunque siempre consideró que también tenía que saber. Al final se lo dijo y para su sorpresa su papá tiene la misma opinión que él.

Actualmente, 3 años después, Roly no tiene preguntas especiales que hacerle a su madre. Él entiende la situación y considera que también puede estar con un hombre. “Estoy con mujeres porque a mi me gustan las mujeres”.

A Roly tampoco le preocupa presentar su mamá y a la pareja de ella en público. Me dice entonces que diría sus nombre y luego que son pareja, “Lo que hay que decir”.

Por último, este adolescente de 12 años confiesa no saber si la homosexualidad de su mamá puede influir en que él tenga relaciones con hombres. “No porque mi mamá esté con mujeres yo voy a estar con hombres», me aclara.

«Puede que también esté con mujeres. En realidad no sé efectivamente por qué a mi mamá le gustan las mujeres, pero probablemente sea por las situaciones que ha pasado con los hombres. No sé. Puede ser que me pase lo mismo a mí también o puede que me gusten los hombres y ya”.

 

Publicado en Hablemos de sexo y amor

Foto de portada: Mirelys Águila

De la no maternidad a la familia numerosa

Se dice que la inserción de las mujeres en la vida pública ha derivado en que disminuya la tasa de natalidad. Así se intenta explicar por qué las sociedades llamadas desarrolladas exhiben hoy cifras de hijos por mujer menores que cuando estas se dedicaban meramente a estar en casa, incluida Cuba que, más allá del PIB, en dichas cuestiones muestra comportamientos similares.

Sin embargo, quizás sea lo anterior no solo un resultado de la incorporación de las mujeres al trabajo remunerado, sino también una cuestión de elección propia. Si miro alrededor, mis amigas cubanas que no gozan de un empleo remunerado –poquísimas, por cierto- no han tenido tampoco un mayor número de hijos.

Lo cierto es que hay tantas razones, privadas, económicas, de salud, políticas, etc., para tener descendientes como para no tenerlos, y me quiero referir específicamente, a partir de una discusión que sostuve hace poco en las redes sociales, a la valoración de no-maternidad, conscientemente elegida, como un acto per se progresista, subversivo o al menos liberador.

De manera general existen dos tendencias: quienes creen que el ejercicio de la maternidad reproduce el patriarcado en todas sus dimensiones, pues crea mano de obra para reproducir el capital, y quienes opinan que puede ser muy subversivo.

Personalmente, como mujer afrodescendiente, me sitúo -de ser necesario- en la segunda de las perspectivas. En las sociedades altamente industrializadas, que no por gusto coinciden con el norte del planeta, un bebé afrodescendiente como el que yo podría tener es todo un acto transgresor. Y si son cinco, pues aún más.

En Cuba, país donde la medicina -en mi opinión- se entromete demasiado en la vida de las personas y tenemos una tendencia a sacar cuentas rápidamente, no faltarán médicos, vecinas y amigos que consideren una soberana locura tener más de dos hijas, aun cuando nuestra tasa de natalidad esté chillando desde hace muchos años. Pero tampoco considero correcto lo contrario, forzar a las mujeres a parir porque la tasa de natalidad y la de reemplazo (cantidad de hijas por mujer) decrezcan.

En opinión de muchas personas, la baja de natalidad en Cuba está muy vinculada con las cuestiones económicas, las que hacen palidecer la decisión de parir. Lo entiendo y apoyo, y siempre he defendido el derecho de cada mujer a decidir cuándo y en qué condiciones quiere tener descendientes, como también he criticado en reiteradas ocasiones que se les culpabilice a ellas de dicho fenómeno cuando hay muchos otros procesos económicos, demográficos y sociales que inciden en este asunto.

Pero, retornando al ejercicio de la no-maternidad como acto liberador, en mi caso de mujer negra, con antepasados que fueron esclavizados, podría considerarse muy transgresora la decisión de tener una familia, cuando se sabe que mis bisabuelas no tuvieron la oportunidad de amamantar a sus bebés, pues la leche de sus tetas estaba destinada a alimentar a los hijos e hijas de sus amas, y que en muchas ocasiones sus descendientes les fueron arrebatados y vendidos como puras mercancías.

Considero, entonces, que traer seis hijos negros al mundo puede ser más progresista que no tener ninguno cuando el imaginario social aprueba -si acaso- tener uno solo. El paradigma de éxito consiste en una familia nuclear -mamá-papá-nené-, y para muchas personas una familia numerosa es símbolo de atraso.

Importante además tomar como referencia cultural que en muchas familias de origen africano los niños y niñas son muy bien recibidos, no hay que planificarlos y, por tanto, todos son deseados. Por otra parte, esos bebés crecen en compañía no solo de la madre y el padre, sino también de abuelas, abuelos, tías, primos, etc. En ese sentido, me parece muy liberador el ejercicio de la maternidad. Todo esto lo tenemos en nuestras raíces cubanas y así se expresa en el establecimiento de redes sociales fuertes para el cuidado y educación colectiva de los niños y niñas.

Por otro lado están las lesbianas, para quienes, a pesar de que el derecho a la salud es universal en la isla, las técnicas de reproducción asistida no están disponibles, pues la homofobia estructural prescribe que este constituye un servicio para parejas heterosexuales. Esa maternidad lésbica es también disidente y progresista por el solo hecho de ser dos personas del mismo género criando un ser. Como también lo sería si existiera en Cuba la maternidad subrogada, que permitiría a parejas de hombres tener a sus bebés.

Sin embargo, en el contexto actual de la isla no hay sistema de apoyo alguno que le permita a una joven decidir con facilidad el acto de parir, a pesar de que varios estudios han revelado que las cubanas paren menos de lo que desean, así como las causas por las cuales deciden no tener descendientes o tener muy pocos.

Tampoco existe el apoyo material, ya que no se han desarrollado políticas públicas orientadas en ese sentido, más allá de lo progresista que es nuestra ley de maternidad.

Como cualquier otro tema social, la no-maternidad también tiene sus matices, todo depende desde dónde se mire el asunto y, sobre todo, por quién.

Foto de portada: Montecruz Foto

embarazo

¿Cómo ser te ocurre ser lesbiana y madre a la vez?

Cristina siempre supo que era lesbiana. Desde muy pequeña las niñas llamaron su atención. También las muñecas, pues su juego predilecto era jugar a ser mamá o papá, en dependencia de lo que pareciera en ese momento. Actualmente, para ella la vida no es un juego, sino que cada día.

Este podría ser uno de los tantos casos que parejas homosexuales que se enfrentan a la realidad de no poder satisfacer la necesidad de convertirse en padres y madres; lo cual constituye una evidencia rotunda de la homofobia estructural en la Cuba actual.

El ejercicio de la maternidad y la paternidad van más allá de la fertilidad en sí y la posibilidad o no de procrear; por tanto cualquier persona podría, si así lo decide, tener descendientes. Sin embargo la sociedad prescribe o legitima ciertas vías para convertirse en padre o madre.

En Cuba, una sociedad muy avanzada en algunos temas relacionados con la salud sexual y reproductiva, la familia nuclear, formada por papá, mamá y nene, sigue siendo el ideal, de manera que otras constelaciones, como podría ser las familias homoparentales o las producciones independientes, no son favorecidas por el imaginario social y tampoco por las leyes.

La Constitución de la República de Cuba reconoce la igualdad de todos los cubanos y cubanas. Nuestro sistema de salud es gratuito y universal, por tanto todos los ciudadanos deberíamos ser beneficiarios de sus bondades en la misma medida, pero la realidad es otra: para las parejas no heterosexuales está prescribe la aplicación de técnicas de reproducción asistida.

Si Cristina y su pareja acudieran a un centro de alta tecnología para la salud reproductiva es prácticamente imposible que ningún médico autorice la inseminación artificial de alguna de las dos. En mi opinión, se trata de una manifestación inequívoca de homofobia estructural que legitima directamente la creencia de que las personas homosexuales no quieren, no necesitan o no están aptos tener hijos o hijas.

La idea de que los gay y las lesbianas no quieren tener descendencia está frecuentemente conectada con la creencia de que la homosexualidad va en contra de la reproducción de la especie y que al tiempo que “escogiste” ser homosexual también te decidiste por la no-maternidad/paternidad.

En el imaginario social persiste la idea de que los homosexuales son, de serlo, padres o madres “defectuosos”, incapacitados educar a sus hijos e hijas en la heterosexualidad que tanto necesitamos para la estabilidad de la familia, y además que sus descendientes no van a tener los dos referentes, femenino y masculino, tan necesarios para el funcionamiento de una familia.

Toda esa carga de prejuicios al final lo que establece es un círculo vicioso entre las creencias del imaginario social y los servicios y programas del sistema de salud, en el cual queda atrapado un por ciento (aún sin determinar) de cubanas y cubanos, a quienes no les importaría contribuir a la tasa de natalidad del país.

Para Cristina, Yamira y para mí, sería ideal que el proyecto de Código de Familia, que permanece todavía sin presentarse a la Asamblea, incluyera el derecho a la parternidad/maternidad de las personas homosexuales cubanas. Es un acto de la más elemental justicia.

Publicado en El Toque bajo en título Ser gay no impide ser madre o padre.

Foto de portada: Raúl Hernández González

Casarme con un hombre no cambió mi condición de lesbiana

Cuando Laura tuvo su primera relación sexual era una adolescente de 17 años. Digamos que fue una relación como cualquier otra, nada en especial. A los 20 parió a su hija Briana y la relación con el padre duró lo que ella pudo soportar.

Aunque nunca antes se había planteado la posibilidad de tener una relación con una mujer, a los 26 años conoció a quien luego sería la primera mujer en su vida, la maestra de su hija. No obstante, Laura siempre tuvo sentimientos diferentes hacia las mujeres.

La vida le daría un vuelco cuando conoció a Raúl, con el que decidió mantener una relación a pesar de que ya llevaba aproximadamente 4 años con mujeres y por lo tanto ya no se consideraba heterosexual.

En aquel momento Laura estaba viviendo una etapa importante de independencia en su vida que no quería estropear. No obstante, comenzó a creer que podría vivir con Raúl siempre que él le permitiera tener otros espacios en su vida. Decidió hacer ese intento matrimonial, aunque sabía que ya no le interesaba la vida con un hombre. En ese momento consideró la posibilidad de vivir como buenos amigos, aunque ella sabía que habría sido difícil mantener un vínculo de ese tipo. Quiso ser independiente en esa relación pero tampoco lo logró.

Dos años más tarde, la relación está abortada y Laura reconoce que ha sido ha sido muy difícil, incluso la separación.

Casarse con un hombre no cambió su condición de lesbiana, “no me casé por amor”, según sus propias palabras.

En algún momento adoró la idea de contarle a Raúl sobre su preferencia sexual pero no fue posible, con el tiempo comprendió que no lo aceptaría. Entonces, decidió tener lo que algunas personas llamarían “una segunda vida”, sin embargo para Laura, la relación con una mujer es prioritaria.

Luego de casi tres años de haber intentado tener una relación nuevamente con un hombre, Laura está convencida de que su futuro será con una mujer. Según sus propias palabras, solo estuvo casada con una idea que no logró alcanzar, pero un hombre, hace muchos años que no satisface sus deseos ni sus necesidades de vida.

Foto de portada: Francisca Ulloa