Solicitud de Ley Integral contra la Violencia de Género en Cuba

El día de hoy ha sido entregada una Solicitud de Ley Integral contra la Violencia de Género a la Asamblea Nacional del Poder Popular en Cuba.

Las 40 firmantes, ciudadanas cubanas con residencia legal en Cuba, pretendemos que se incluya en el cronograma legislativo (previsto para entregar hasta abril de 2020) un proyecto de Ley Integral Contra la Violencia de Género. La solicitud está suscrita por diversas ciudadanas cubanas, quienes actuamos de acuerdo a nuestro compromiso y sensibilidad con el tema, pero sin nuclearnos en torno a un grupo o proyecto. En concreto, presentamos las siguientes solicitudes:

  1. Incluir en el cronograma legislativo previsto en la disposición décimo tercera de la vigente Constitución de la República, la elaboración de una Ley Integral contra la Violencia de Género.

  2. Constituir un grupo asesor cuya composición sea de conocimiento público, integrado por personas con trabajo en el tema, que acompañe el proceso de redacción del proyecto de Ley. Solicitamos que en el grupo haya representación de distintas regiones del país y sectores sociales.

  3. Recibir y procesar propuestas de la ciudadanía en el proceso de elaboración de la Ley Integral contra la Violencia de Género.

De acuerdo al artículo 43 de la recién aprobada Constitución Cubana, el Estado debe proteger a las mujeres de “la violencia de género en cualquiera de sus manifestaciones y espacios”, y crear “los mecanismos institucionales y legales para ello”. Una Ley Integral contra la Violencia de Género no solo daría cumplimiento a lo pactado en ese artículo, sino que también respondería a los artículos 41, 44 y 86 de la Carta Magna.

El documento enviado a la ANPP explica ampliamente los antecedentes que reconocen la preocupación pública sobre el tema, tanto desde instituciones estatales como desde organizaciones no gubernamentales y de la ciudadanía. Además, incluye referencias internacionales que contextualizan nuestras peticiones en el contexto latinoamericano.

Nuestra solicitud ha sido compartida públicamente a través de varias plataformas personales y grupales en redes sociales.

Todas las personas que deseen podrán suscribirlo simbólicamente enviando su nombre completo al correo electrónico cubaleyviolenciadegenero@gmail.com.

La lista de firmantes será regularmente actualizada desde la plataforma YoSíTeCreo En Cuba: https://www.facebook.com/yositecreoCuba/

Además de adjuntarse a este mensaje, la solicitud puede ser consultada y descargada mediante los siguientes enlaces:

Solicitud en filessharing (pdf)
Solicitud en Google Drive (pdf)
Solicitud en Negracubana (pdf)
Solicitud en Negracubana (docx)

Nueve aclaraciones que te ayudaran a entender las denuncias por violencia machista

  1. No existen mujeres de segunda: No es posible pensar que una esposa tiene más derecho a denunciar, y por tanto mayor credibilidad, que una mujer que tuvo una relación “irregular” con un hombre. Sepa Ud. que todas las mujeres, independientemente del rol que ocupen, son susceptibles de vivir maltrato, acoso, abuso, violencia de género en cualquiera de sus modalidades, pues la misoginia es inherente al patriarcado. La violencia machista no discrimina entre “santas” y “putas”. TODAS ellas, sin excepción alguna, tienen derecho a una vida digna, sin abusos, maltratos, sin violencia, independientemente de qué o quiénes sean. Si consideras que una mujer abusada tiene que tener ciertos comportamientos para que su testimonio  sea creíble, estás anteponiendo tu juicio moral a lo que realmente está en juego aquí: la dignidad humana. Y eso no es justo, ni ético.
  2. Existen países en los cuáles no es la víctima quien tiene que demostrar que ha sido agredida, sino que el victimario tiene que probar que no ha cometido delito alguno. De esa manera, se protege a la mujer del escarnio, de la revictimización, de tener que presentar ella las pruebas. Es un sistema mucho más justo, teniendo en cuenta que los cuerpos policiales, los tribunales y otras instancias están plenas de hombres, lo cual pone en desventaja a las mujeres.
  3. Las mujeres abusadas pueden permanecer la vida entera sin denunciar, sin contar lo vivido ni siquiera a las personas más allegadas. Que lo hagan en algún momento no debería ser leído como una señal de oportunismo, sino como liberación, además de que puede constituir una muestra de apoyo a otras posibles víctimas. Además, es usual que las mujeres nos sintamos, cuando menos, responsables de lo que otras personas van a sentir a partir de nuestro testimonio, como si tuviéramos que cuidar más al resto que a nosotras mismas. Esto también constituye un impedimento a la hora de denunciar.
  4. Aún después de haber denunciado (ya sea en los medios o en una comisaría), la sensación de miedo persiste. Cuando se han vivido años bajo amenaza, se sabe que hablar del tema puede implicar más violencia. Muchas mujeres han sido fuertemente golpeadas o han sido incluso asesinadas luego de que han denunciado y no han recibido la debida atención y protección por parte de las autoridades. Muchas niñas y adolescentes han encontrado nulo apoyo en su familia, cuando han dicho que su papá, su padrastro, su tío o un conocido las violaba. En muchas ocasiones se les ha reprochado por no ha haber guardado silencio. Por otra parte, muchos abusadores preguntan constantemente a las víctimas si han hablado con alguna persona sobre la situación y les obligan a permanecer en silencio. Por tanto, no subestimes el proceso que lleva a una mujer a abrir, finalmente, su boca. Ha sido y será doloroso, aún después de decirle al mundo su verdad.
  5. El abusador, acosador, maltratador, golpeador, victimario puede ser una persona de conducta social intachable, reconocido, famoso, simpático, etc. Hay estudios que muestran que ni la clase social ni la pertenencia racial son variables a tener en cuenta a la hora de establecer un perfil del abusador. Es más, se puede ser poeta como Pablo Neruda o un célebre académico como Jorge Domínguez, y se puede también ser un violador, como el Nobel de Literatura chileno, o un depredador sexual, como el exprofesor de Harvard. Le sugiero, entonces, que deje de romperse las vestiduras defendiendo a un hombre acusado de agresor, mucho más, si Ud. es mujer. Primero piénselo dos veces. Y si no le es suficiente, intente ponerse en el lugar de la víctima. Si tampoco eso le basta, recuerde a aquel novio que, a pesar de Ud. haber dicho que no quería, la forzó a tener relaciones sexuales. Quizás logre, desde su propia herida, llegar a ser empática.
  6. Ninguna mujer aguanta porque “le gusta que le den” o que la maltraten. Las mujeres abusadas no  son “masoquistas” . El masoquismo tiene que ver con el erotismo, como una forma consensuada de obtener placer. Aclarado esto, vale la pena decir que muchas mujeres permanecen en una relación abusiva por múltiples razones: temiendo no encontrar apoyo al denunciar, preocupadas por los juicios de valor que vendrán en su contra, o para proteger a otros familiares y personas allegadas, entre muchas otras. He conocido a madres que por el bienestar de sus hijes han mantenido una relación de años con su maltratador. Y a otras que, para continuar en su puesto de trabajo, han tenido que soportar al jefe que las acosa sexualmente. Cada quién sabe lo suyo y Ud. no es la medida de todas las cosas, por lo tanto, deje de dar consejos, de hacer valoraciones, o de decir a los cuatro vientos lo qué Ud. habría hecho si estuviese en el lugar de la víctima. Es deshonesto e irrespetuoso. 
  7. Vivir en situaciones de violencia machista, ya sea física o simbólica, psicológica, económica, etc, implica la existencia de daños y traumas. Las mujeres intentan seguir sobreviviendo como pueden, con los recursos psicológicos que poseen. A muchas de ellas les cuesta establecer luego relaciones de confianza y entrega. Es difícil construir nuevas relaciones amorosas cuando se ha sido víctima de violencia de género y se ha vivenciado que quien dice amarte también te puede abusar y hasta matar.
  8. Decir “Yo sí te creo“, no viola la presunción de inocencia de ningún posible agresor, porque no es él quien está, en esta ocasión, en el centro de la situación, sino la víctima. En la mayoría de las sociedades, a ella se le presiona para que demuestre que no está mintiendo, cuando podría ofrecérsele, desde el inicio, el beneficio de la duda, como se hace con la persona acusada. Como vivimos en una sociedad misógina, son las mujeres las vilipendiadas, revictimizadas, aleccionadas, nuevamente violentadas.  Recordemos que las leyes y los sistemas jurídicos reproducen el sexismo y la misoginia, dado que han sido construidos respondiendo a una lógica machista y de subordinación de las mujeres, pues han sido los hombres quienes han participado, mayoritariamente, en la creación y establecimiento de estos sistemas. Cuando a la mujer víctima de violencia se le acompaña en el proceso de denuncia, se crean redes de apoyo seguras que velan por su integridad física y emocional, se está ayudando a que muera una mujer menos a consecuencia de la violencia machista. 
  9. La existencia en Cuba de una ley contra la violencia machista permitiría establecer un programa de atención integral a las víctimas, donde desde el portero de la estación de policía hasta los profesionales de diversas ramas sepan cómo conducirse ante un caso puntual, qué apoyo brindar, cómo recoger la denuncia, por qué es importante que sean mujeres quienes atiendan estos casos, etc. Además se establecerían redes formales de apoyo a las víctimas. La misoginia es estructural por tanto, la violencia de género lleva un abordaje a todo nivel, desde las bases de la sociedad, entiéndase desde y en instituciones como la familia, la escuela, etc, hasta los gobiernos, estados, etc. 

Foto: Kat Jayne de Pexels

Michel Mirabal, tus respuestas NO proceden

Por Thais Gaes

El artista visual Michel Mirabal ha llamado “talibanes extremistas escondidos detrás de la fachada de defensores de estos fenómenos y no son más que hipócritas esperando un desliz para regar su veneno y pedir sanciones”, a quienes criticamos el fragmento de un video sin terminar que publicó y posteriormente retiró de Facebook. En esta primera versión del material aparecía el artista tocando las nalgas de varias mujeres como si fueran instrumentos de percusión. Luego subió una versión terminada a la que llamó Las dos orillas de una verdad. En esta última hace el ademán de tocar los glúteos de las mujeres como si fueran tambores, y al final del video esas mismas mujeres llaman a no dejarse utilizar pues “la violencia puede venir disfrazada de arte”. Nunca mejor dicho.

Lo primero que me vino a la mente fue: ¿de qué película o serie de televisión habrá sacado el calificativo de “talibanes extremistas”? Luego encontré un texto publicado en elperiodico.com, donde entrevistan a Jorge Pérez, músico español que realizó los videos Bottom percussion, en el que se inspiró el cubano para hacer este videoclip, donde Pérez utiliza glúteos de hombres y mujeres cual instrumentos de percusión. El español “lamentaba haber sido incomprendido por las feministas menos rigurosas y más talibanes”, cito textualmente. Entonces caí en la cuenta de dónde provino el calificativo.

¿Sabe acaso Michel Mirabal que es un talibán? ¿Será consciente de qué es un extremista? Matar a una mujer, abusar de ella o maltratarla solo por el hecho de ser mujer, eso sí es extremismo, más que extremismo es barbarie. ¿Conoce Mirabal a alguna mujer que haya vivido o esté viviendo un ciclo de violencia? ¿Tendrá idea de cuán difícil es salir de ahí? Lo convido a que le pida a alguna víctima de violencia de género que le dé su testimonio, y luego de escucharla se responda a sí mismo qué es extremismo.

En un cuestionario acerca de este performance publicado en el sitio web de su estudio, Mirabal responde a una de las interrogantes:

“Si tenemos en cuenta que ese tipo de situaciones proliferan en los medios de difusión, en internet y en nuestra vida cotidiana, y transcurren de manera “natural” sin que se desaten las alarmas que debería detonar, la reacción tan virulenta a las imágenes que yo publiqué pareciera desmedida”.

Reacciones virulentas llama él a las réplicas contra un material soez, misógino y humillante. Incluso va más lejos, llega a decir que “detrás de esos grupos extremistas hay oportunistas”. Curiosamente, eso mismo podríamos pensar de él y su video, que detrás de su intención de denunciar la violencia hay otras pretensiones menos nobles.

Justificarse con la frase “usted no sabe nada de arte”, me parece una excusa pueril y soberbia. ¿Desde cuándo el arte es exclusivo para los entendidos en esa materia? ¿En qué momento las personas que no saben de arte perdieron el derecho a opinar, a emitir sus criterios? ¿El arte es solo para los artistas, para los críticos, para los curadores, galeristas, patrocinadores, coleccionistas, compradores, clientes?

Si usted hace música, teatro, danza, cine, instalaciones, performance, películas, videoarte… para que lo entiendan, consuman o adquieran sus obras el resto de sus colegas cineastas, bailarines, músicos, pintores, performers o especialistas, entonces dedíquese a hacer su arte en la sala de su casa, y no se presente al público, ni exponga, ni ofrezca recitales, ni funciones en un teatro ni en una sala de conciertos.

Su arte sin público, qué sentido tiene, para quién usted crea, compone, toca, monta, baila, dibuja o realiza performance; ¿para vender(se) únicamente a un grupo élite que puede comprar su creación, que puede pagar por verla, tenerla o patrocinarla? Ningún artista que se respete, por ética y profesionalidad, ofrece ese argumento como réplica. Esa respuesta no procede.

Aclaro que esto no es una batalla contra Michel Mirabal ni su trabajo. Sus defensores han salido al paso afirmando que es una buena persona, y no lo pongo en duda porque ni siquiera lo conozco. No confundamos las cosas: no estamos juzgando al ser humano que es Michel Mirabal, pongamos que efectivamente lo es, sin embargo, está portando un mensaje discriminatorio: violencia simbólica, algo que la Dra. Isabel Moya pasó años estudiando y he aquí un lamentable ejemplo como los que ella citaba en sus clases.

Aunque la labor social y comunitaria de Mirabal hablen por él, esto no lo hace invulnerable. Sobrados ejemplos tenemos de personas con una labor altruista encomiable y han resultado ser a la postre agresivas y agresoras. Pongamos, repito, que no es el caso, que Michel Mirabal es un gran ser humano, pero cada día en todo el planeta son asesinadas y violentadas de muchas maneras, desde lo simbólico hasta lo físico, miles de mujeres por los mismos mecanismos y pensamiento sexistas que reproduce su video. Oponer la imagen de buen padre, buen esposo y buen amigo como contra réplica, no es más que recurrir a un cliché para tapar otro.

Estoy segura que muchas de las personas que protestaron contra ese video, me incluyo, aunque no puedo hablar por todxs por supuesto, no tenemos absolutamente nada personal contra él, ni pedimos -como dice Michel- “sangre, paredón, empleo de decretos”. Yo, que pregunté en un comentario en Facebook al post que publicó la campaña Evoluciona con el fotograma del video sin editar, si para este caso el Ministerio de Cultura aplicaría el Decreto 349, no lo hice porque quiera que se le aplique a Michel el citado decreto, sino para interpelar al MINCULT sobre la manera de proceder con este; para nada deseo que se le castigue, ni a él ni a ningún artista. Esto no es una cacería de brujas. Aquí la guerra es contra el sistema que sustenta, legitima y reproduce este tipo de materiales: el patriarcado. Esa es nuestra lucha.

Empero me pregunto hasta qué punto estaría Michel Mirabal dispuesto a escuchar, a conversar, a entender, a reflexionar, a rectificar, como él mismo pide cuando dice: “… en vez de tratar de educar, acudir al diálogo, en fin, hacer lo que se espera de ellos”.

No me queda claro “que se espera de ellos” para Michel. A partir de la pregunta que se le formula, doy por sentado que se refiere a las personas e instituciones vinculadas a los temas de género. Por si Michel no lo sabe, esas personas e instituciones dedican, y hasta consagran su existencia, horas, días, semanas, meses, años a dialogar, sensibilizar, educar, aprender y también a desaprender.

Y ya que estamos con las preguntas. La última interrogante de ese cuestionario me dejó perpleja: ¿qué cree del feminismo, de forma general, y del feminismo aterrizado en Cuba? El entrevistador o la entrevistadora -no ponen crédito- se refiere al feminismo como si fuera “una cosa” que cayó en paracaídas en la Isla. “Feminismo aterrizado en Cuba”, esto amerita una discusión aparte.

Afirmar que “todo este abuso también es posible porque algunas mujeres han cedido terreno- aquí tengo que respirar profundo- y se han plegado a determinados patrones sexistas”, es sumamente irresponsable e irrespetuoso. Resulta que ahora nos matan, nos violan, nos maltratan, nos hostigan, nos acosan porque queremos, nos gusta y hemos cedido terreno.

Que le pregunte a los familiares y amigxs de las mujeres asesinadas aquí en Cuba -no hay que ir muy lejos- que todavía lloran sus muertes, a las abusadas, a las que están recibiendo tratamiento médico y ayuda especializada, si tuvieron oportunidad de defenderse, y si la tuvieron, ¿cuál fue el desenlace?

Aunque este material está terminado, le recomiendo a Michel Mirabal y a los artistas que quieran “movilizar la opinión pública”, ”buscar un sacudión a todos esos estereotipos” y provocar; además de buscar asesoría en especialistas en arte, pueden consultar a otros que han dedicado su vida y sus carreras profesionales a los estudios de género, de violencia de género y al activismo. En ese grupo también hay investigadores, profesores titulares, másteres, doctores y gente con vasta y valiosa experiencia. Les sugiero que toquen las puertas de lxs que están vinculadas al artivismo, más cercanos a su perfil.

Me resisto a creer que esta “estrategia artística” como le han llamado al video de marras, nace de una intención malévola. Quiero pensar que la “táctica empleada para provocar” subestimó -por ingenuidad, por desconocimiento, y no me refiero al arte,- al orden patriarcal y terminó haciéndole el juego involuntaria y tristemente, si su intención era denunciar la violencia contra las mujeres.

Ojalá Michel Mirabal, su equipo y los artistas que quieren denunciar la violencia no hagan oídos sordos a todo lo que ha desencadenado su infausto video, por respeto a los propios artistas, por respeto al arte y a las mujeres, si como él afirma, “siente un profundo respeto no solo por las mujeres sino por todo lo humano en sentido general”.

Texto recibido por correo electrónico

Propuesta de una “Ley de Violencia contra la Mujer” para Cuba

Por:

Cuba es parte de la “Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer”, desde 1980; de la “Convención sobre los derechos políticos de la mujer”, desde 1954; de la “Convención sobre la nacionalidad de la mujer casada”, desde 1957; de la “Convención Interamericana sobre el otorgamiento de los derechos políticos a la mujer”, desde 1949; de la “Convención Interamericana sobre el otorgamiento de los derechos civiles a la mujer”, desde 1951; de la “Convención sobre nacionalidad de la mujer”, desde 1943; de la “Convención sobre el consentimiento para el matrimonio, la edad mínima para contraer matrimonio y el registro de los matrimonios”, desde 1965; y de la “Convención sobre los Derechos del Niño”, desde 1991.

La Constitución de la República de Cuba consagra la protección estatal de la familia, la maternidad y el matrimonio, en el Art. 35, y proscribe la discriminación por motivo de sexo en el Art. 42.

El Art. 44 de la Constitución regula que la mujer y el hombre gozan de iguales derechos en lo económico, político, cultural, social y familiar. El segundo párrafo del mismo artículo consagra el deber del Estado de garantizar que se ofrezcan a la mujer las mismas oportunidades y posibilidades que al hombre, para que esta pueda participar en el desarrollo del país.

Para lo anterior, la Constitución prevé la existencia organizada por el Estado de instituciones educativas y de cuidado de los niños y las niñas, que permitan el desarrollo laboral y profesional de la familia, específicamente de las mujeres trabajadoras.

La licencia materna, antes y después del parto, tiene relieve constitucional en este mismo artículo 44, así como la previsión de opciones laborales temporales para las mujeres embarazadas.

En el año 2017 se ampliaron los derechos de las mujeres trabajadoras con hijos y se ampliaron los beneficios de la licencia de maternidad. Cuba cuenta con una regulación sobre la licencia de maternidad y protección de la mujer grávida por el sistema de salud pública, que está a la altura de los países más desarrollados en defensa de derechos de las mujeres.

El Art. 54 de la Constitución regula el derecho de reunión, asociación y manifestación de las mujeres, para lo que disponen de los medios que las asociaciones de masas y sociales consideren (en este caso, la Federación de Mujeres Cubanas).

La Constitución de la República de Cuba no tiene un enfoque de género en su redacción. No existen en Cuba instituciones estatales especializadas en la protección de las mujeres víctimas de violencia de género. Esta labor la realiza el Ministerio de Salud Pública, sobre todo a través del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX) y el tema recibe atención por la Fiscalía General de la República y por los Tribunales Populares, que cuentan con una sala de “Familia” a nivel municipal.

El CENESEX cuenta con un Servicio de Orientación Jurídica, desde el año 2007, que realiza una importante labor de atención, orientación y acompañamiento de personas a las que le han sido vulnerados sus derechos sexuales.

El mencionado Centro ha confeccionado un “Manual de Funcionamiento” para regular este servicio que prevé el registro de su trabajo y el archivo de datos, lo que se acerca al estándar internacional de protección de personas víctimas de violencia de género; pero esto lo hace sin una Ley que les permita avanzar con más seguridad. Según datos oficiales del propio Centro, entre el año 2013 y el año 2016 se atendieron 3,558 casos, entre ellos los de discriminación y violencia de género.

A partir de datos aportados por el propio CENESEX en los primeros nueve meses del año 2015 se atendieron por el Servicio de Orientación Jurídica 34 casos de violencia de género, 24 de estos de violencia hacia mujeres y niñas. Este Servicio del CENESEX atiende especialmente a personas trans vinculados a la Comisión Nacional de Atención Integral a Personas Transexuales.

En Cuba, el Estado no reconoce la violencia contra la mujer como un problema social agudo, aunque las campañas de promoción de valores contra la violencia sobre mujeres y niñas han proliferado, y han encontrado abrigo en diferentes espacios de la radio y la televisión nacional, casi siempre impulsadas por ONGs cubanas, como el Centro Oscar Arnulfo Romero, el Centro Félix Varela, el Centro Martin Luther King, o el Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo, de Cárdenas, por mencionar algunas instituciones de la sociedad civil con muchos años de labor en este tema.

No se manejan ni se publican oficialmente estadísticas sobre violencia contra las mujeres en Cuba, aunque a fines del año 2017 la prensa oficial reconoció, en un pequeño cintillo, que la violencia contra las mujeres era su causa de muerte número 35 en el país. No existe en Cuba una Ley que proteja a las mujeres de la violencia de género, ni se reconoce en el Código Penal el “feminicidio” como un tipo de delito especial distinto al homicidio.

El Derecho cubano es, en general, patriarcal en sus definiciones y enunciados; además de que, en su forma, resulta un lógico representante del machismo socialista de Europa del Este en el Caribe, cocinado en Cuba con los ingredientes propios de nuestro machismo español y africano.

En Cuba solo el CENESEX, como institución adscrita a un órgano estatal, y las mencionadas asociaciones de la sociedad civil, reconocen la violencia contra las mujeres como violación de derechos humanos. Las leyes en Cuba y la Constitución de la República no mencionan a los derechos humanos, ni como enfoque transversal de todas las posibles políticas públicas, ni como objeto de regulación especial, ni como objeto de observatorio de la sociedad civil, ni como deber de protección por el Estado.

Marco jurídico internacional

La “Declaración de Viena” sobre la eliminación de la violencia contra la mujer lleva este asunto a la categoría de violación de derechos humanos. Una “Resolución del Fondo de Población de la ONU” declaró la violencia contra la mujer como una prioridad de salud pública.

La “Convención sobre la eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer” es una declaración de derechos humanos en favor de la mujer, que establece que los Estados partes deben realizar reportes sobre la situación de los derechos de las mujeres cada cuatro años.

En la “Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la mujer”, el concepto de “violencia contra la mujer” se fundamenta en derechos humanos básicos y se responsabiliza al Estado en esta protección. Igualmente, se le da competencia a la Comisión Interamericana para recibir peticiones individuales y denuncias sobre problemas de legislación en los países.

Posibles contenidos de una Ley cubana sobre violencia contra las mujeres.

La Ley deberá regular una amplia definición de “violencia contra la mujer”, que incluya violencia psicológica, doméstica, sexual, laboral, patrimonial, económica, obstétrica, por esterilización forzada, mediática, institucional, simbólica, por tráfico de mujeres, niñas y adolescentes, y por trata de este mismo grupo social.

Si usamos como guía para la ley cubana el “Manual de Legislación sobre la violencia contra la mujer”, realizado por el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales, División para el Adelanto de la Mujer, partimos del criterio de enfoque legislativo amplio, que no solo se limite a la tipificación como delito de todas las formas de violencia contra la mujer, sino que avance a regular el enjuiciamiento y el castigo de los que cometan acciones u omisiones de violencia contra mujeres; además de regular todo lo concerniente a la prevención de violencia, el empoderamiento femenino y el apoyo y protección de sobrevivientes de violencia. La violencia contra la mujer debe ser considerada discriminación por razón de género y violación de derechos humanos de las mujeres.

La Ley debe estar vinculada a un plan nacional estatal y con participación de la sociedad civil, que abarque todos los aspectos posibles de lucha contra la violencia de género. Esta legislación debe prever la existencia de un presupuesto especial para la realización de los contenidos de la norma.

La Ley regularía la aprobación de normas complementarias, así como de reglamentos, protocolos y capacitación de funcionarios que se encargarán de realizar lo regulado por esta legislación.

Esta legislación debe crear instituciones y funcionarios especializados para la aplicación de la norma y para su supervisión. El Manual citado aconseja que se usen relatores nacionales para esta tarea y que se trabaje en una seria recopilación de datos y de estudios estadísticos sobre la violencia contra la mujer.

La Ley debe partir de definiciones amplias en consonancia al Derecho internacional de derechos humanos.

La Ley debe ver a la prevención de la violencia como prioritaria y regularía el fomento de la comunicación y la educación para crear conciencia contra la violencia de género. Esta norma debe regular la forma en que los planes de estudio escolares atenderán el problema de la violencia contra las mujeres.

La legislación consagrará el principio del empoderamiento de las víctimas de violencia contra las mujeres y el acceso de ellas a servicios de apoyo de amplio diapasón.

La ley regularía los deberes específicos de la Policía y la Fiscalía en casos de violencia contra las mujeres.

Esta norma regulará la forma de evitar la victimización secundaria de la víctima y, para eso, deberá considerar la forma en que se practican las pruebas y las investigaciones en procesos judiciales sobre violencia contra mujeres, los derechos de las víctimas y, en general, todo lo relativo a este tipo de proceso.

La ley regularía lo relativo a las órdenes de protección en casos de violencia y eliminará todo vestigio de interpretación patriarcal de los delitos de violencia contra las mujeres, como los todavía al uso en otros países, con sus consabidas reducciones de penas por matrimonio, o por los llamados crímenes de honor.

La legislación podría considerar a las demandantes supervivientes de violencia contra la mujer como un grupo social particular.

Tomado de Cubaposible.

Sobrevivientes, 16 testimonios de cubanas que han salido del ciclo de la violencia machista

He vivido la violencia de género tan cerca que aún no puedo ni contarlo. Compartirles Sobrevivientes, con prólogo de la (mi) querida profesora Clotilde Proveyer, más que una buena oportunidad, es hacerle justicia a todas las mujeres abusadas, violentadas, injuriadas y decirle a las otras que siempre hay una salida posible, una puerta que se abre.

Sobrevivientes, 16 testimonios de cubanas que han salido del ciclo de la violencia machista, es un volumen también que nos habla de la posibilidad de vencer a la violencia machista, aquella que ejercen los hombres contra las mujeres y para la cual no existe razón alguna.

Dice Proveyer en el prólogo: “Este libro estremece, obliga a la reflexión y al compromiso, nos empuja a actuar contra ese flagelo, al demostrar cuán dañino es el silencio que desde el desconocimiento, la indiferencia o el temor nos convierte en cómplices de una de las lacras más antiguas de la humanidad.
Es un libro imprescindible, que debemos tener a mano para no dar tregua al desaliento.”

Además, me ha gustado mucho ver nombres de amigas, colegas, compañeras de lucha en el índice de Sobrevivientes: Lirians Gordillo, Sara Más, Lizette Vila y Dixie Edith. Me siento como en casa.

Descargar 16 testimonios de cubanas que han salido del ciclo de la violencia machista. Aproveche y regálelo.

Cuba, el país donde los feminicidios no existen porque no se nombran

Por Mónica Baró Sánchez

A comienzos de 2017, hubo en Cárdenas una serie de hallazgos que sobrecogió a sus habitantes. En distintos lugares del pueblo, en un estadio, en un monte, aparecieron partes del cuerpo de una mujer. Una mujer joven y de piel negra. Primero, los brazos y las manos. Luego, las piernas, los pies, el torso. Excepto la cabeza. La cabeza no sería encontrada hasta semanas después, en unas ruinas, cuando ya la imaginación de la gente, estimulada por el misterio, había echado a rodar varias hipótesis siniestras acerca de la naturaleza del crimen.

La historia no fue reportada por los medio de prensa, ni estatales, ni independientes, ni opositores. En Cuba,por influencia de las políticas informativas del Estado, suele considerarse sensacionalismo la cobertura de crímenes y, por tanto, se restringe el acceso a las fuentes oficiales con información al respecto. Se reprueba tanto, o más, que la cobertura de farándula.

Solo en casos muy extremos, los medios estatales, que son los más accesibles a la población, pasan por alto sus pudores y publican una o dos notas oficiales, bien escuetas, que informan acerca de detenciones y sentencias. La mayoría queda sin registro periodístico. Nadie que no se encuentre implicado en la historia consigue acceder a la verdad de los hechos. Todo lo que se alcanza a saber se fundamenta en la espontaneidad de los rumores.

En Cárdenas, municipio de la provincia Matanzas, donde residen cerca de 147,000 personas, en pocos días, la historia del descuartizamiento se volvió de dominio público. En ese momento las conversaciones giraban en torno a la decisión del entonces presidente estadounidense Barack Obama de eliminar, en la recta final de su segundo mandato, la política “pies secos-pies mojados”. Pero el horror que provocó el crimen pudo más que la incertidumbre por los emigrantes que se lanzaron al mar antes de conocer la noticia.

Marielys Pérez, camarera en un restaurante privado, ubicado frente al Parque José Antonio Echeverría, cuenta que en esos días la gente sentía miedo a salir de casa “porque no se sabía lo que estaba pasando ni por qué” y, ante la falta de respuestas, las especulaciones proliferaron. Yadián Rodríguez, colega de Marielys, precisa que el miedo era tan fuerte que “había noches en que casi todo el mundo aquí se acostaba temprano y no veías a nadie en la calle”. Hasta que no se supo, otra vez por vías informales, que la policía había capturado al presunto culpable, los residentes en Cárdenas, sobre todo las mujeres, no recuperaron la sensación de seguridad.

Muy extraoficialmente, el relato continuó armándose. Cualquiera podía hacer sus aportes: agregar, suprimir, exagerar o dar conjeturas por hechos. Lo inadmisible no parecía ser la fabulación sino el vacío de explicaciones que ayudaran a comprender lo que había ocurrido. Se construyeron varias versiones en torno a diferentes aspectos, pero todas coincidían en que el detenido por la policía había resultado ser el esposo de la víctima, también padre de su hijo menor. Respecto a los motivos del crimen y las circunstancias sí no hubo muchas coincidencias.

Se dijo que él la mató porque ella le fue infiel con un vecino, porque lo dejó para empezar una relación con ese vecino, porque él no pudo soportar verla junto al vecino. Se dijo que él la ponía a prostituirse y se quedaba con el dinero, que cuando ella no ganaba suficiente la golpeaba, que acabó matándola en una golpiza. Se dijo que él la mató a puñaladas, que la mató a piñazos, que la mató a modo de sacrificio religioso. Se dijo que él ofrendó la cabeza a su santo. Se dijo, como si fuera cierto, todo lo que el ingenio popular fue capaz de generar.

El nombre de la mujer era Taimara Gómez Macías. Taimara era madre de dos niños: Christopher y Christian; hija de Tamara, nieta de Mercedes, hermana de Dagmara. Antes de volverse esa noticia que horrorizó al pueblo donde ella nació y vivió sus 29 años, al igual que tantas otras mujeres, fue víctima de violencia de género por tiempo suficiente y ante suficientes testigos para que se evitara su muerte.

Este asesinato encaja en la definición de feminicidio en los términos en que lo concibe la investigadora mexicana Marcela Lagarde, no solo como el acto de asesinar a una mujer por su condición socio-histórica de mujer sino, especialmente, por la existencia de un contexto de tolerancia a la violencia contra la mujer, pero este delito no está tipificado en Cuba.

La periodista y feminista cubana Sandra Abd’Allah-Alvarez Ramírez, autora del blog Negra cubana tenía que ser, considera que en Cuba es acertado hablar de feminicidio en esos términos, pues las estructuras sociales, políticas, culturales, legales y económicas del país reproducen la violencia contra las mujeres.

La hija de Tamara había sido víctima de malos tratos durante mucho tiemp...
La hija de Tamara había sido víctima de malos tratos durante mucho tiempo antes de ser asesinada por su marido. Mónica Baró

Y señala como evidencias que el hecho de que el Código Penal no tipifique como delito la violencia contra la mujer (constituye apenas un agravante del crimen el ser cónyuge y el parentesco entre agresor y víctima), al igual que la inexistencia de centros de acogida para mujeres violentadas.

En Cárdenas, a casi dos meses del suceso, todavía no existen certezas acerca del crimen de Taimara. Reinier Demarco, maestro de preuniversitario, opina que “ese tipo de noticias debería salir en el televisor. ¿Tú sabes lo que es que descuarticen a una mujer? Esas cosas deben aclararse bien”. No obstante, lo que más preocupa ahora es la sentencia que le impondrán al esposo de la víctima, de ser encontrado culpable en el juicio.

Pese a lo brutal del caso, Alicia Rodríguez, licenciada en Economía, quien trabajó gran parte de su vida como profesora en la Universidad de Matanzas, advierte que esta no es la primera vez que en Cárdenas ocurre algo similar. A sus 57 años, vividos todos en este municipio, guarda en la memoria no pocos episodios de violencia y asesinatos contra mujeres.

Recuerda a la muchacha que trabajaba en la heladería próxima a su casa, hija de una doctora, que casi muere a puñaladas a manos del exnovio, que sobrevivió porque la madre se interpuso y dio su vida para protegerla. Recuerda a la prima hermana de un estudiante suyo, que murió con apenas 18 años porque el marido le reventó el hígado a patadas. Recuerda a un hombre que ella conoció personalmente, que era “de buena conducta”, que incluso había alcanzado cargos intermedios de dirección en algunas empresas, pero un día su compañera le pidió que se apartara un tiempo, porque sus hijos vendrían de Estados Unidos a visitarla y ella no quería que supieran que andaba con un hombre negro, y él no soportó el rechazo y la mató a puñaladas.

Si bien cada crimen cometido contra una mujer generalmente provoca repudio y conmoción en distintas generaciones y grupos sociales, lo cierto es que las manifestaciones cotidianas de violencia contra las mujeres son bastante toleradas por quienes las atestiguan. No es usual que una persona intervenga en situaciones de violencia, ni siquiera de violencia física. En Cuba, hay una ley no escrita con que se justifica el inmovilismo: “Entre marido y mujer, nadie se debe meter”.

La misma Alicia reconoce que ella ha estado en lugares públicos donde de pronto un hombre ha comenzado a golpear a la mujer que le acompaña y nadie ha intervenido. Ha habido gritos de clemencia, que piden al hombre que se detenga, y ha habido avisos a la policía. Cuenta que una vez ella avisó a la policía por teléfono, porque afuera de su casa había un muchacho pegando a una muchacha, pero que quienes le atendieron le dijeron que no tenían combustible para mandar una patrulla.

La gente teme que la víctima, que es algo que ha pasado, salga en defensa del victimario. Parte de la sociedad asume que una mujer que sostiene una relación con un hombre que la golpea, de cierta manera, merece los golpes que recibe, o “se los busca”, porque es su elección permanecer al lado de quien la agrede.

Casi nadie comprende por qué aguanta las golpizas, por qué no consigue romper con su pareja, por qué lo perdona una y otra vez. Ante los ojos de la sociedad, la víctima acaba convertida casi siempre en la principal responsable, culpable, de su situación; por tanto, se espera que sea ella quien actúe y le ponga fin.

La prensa cubana rara vez saca información de crímenes.
La prensa cubana rara vez saca información de crímenes. Yamil Lage / AFP / Getty Images

A pesar de que a partir de 1997 se intensificaron los esfuerzos del gobierno de Cuba para disminuir la violencia de género contra mujeres y niñas, la realidad demuestra que el sistema institucional creado es aún insuficiente para superar la cultura patriarcal predominante.

Hace una década se confirmó un Grupo de Trabajo para la Prevención y Atención de la Violencia Intrafamiliar, que integran distintos ministerios, autoridades y centros investigativos. Actualmente, de acuerdo con el Informe de Cuba sobre el enfrentamiento jurídico-penal a la trata de personas y otros delitos relacionados con la explotación o con el abuso sexual (2015), en el país funcionan 173 Casas de Orientación a la Mujer y la Familia (COMF), que es adonde acude gran parte de las personas violentadas; además de otra serie de espacios comunitarios, entidades educativas y servicios de salud, que contribuyen a afrontar esta problemática.

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Pero, debido a que las regulaciones parten de considerar a todos los ciudadanos cubanos iguales ante la ley, los homicidios son juzgados por igual, independientemente de la relación que exista entre el género y el motivo de quien los cometa.

En ese sentido, la feminista Sandra Abd’Allah-Alvarez Ramírez sostiene que “no basta con ser iguales ante la ley, si la ley no considera que hay situaciones en las cuales las mujeres están en desventaja, como por ejemplo, en situaciones de violencia”. Desde su perspectiva, en el imaginario social cubano abundan creencias e ideas que hacen a las mujeres vulnerables. Por eso, aboga por la tipificación del feminicidio como delito en el Código Penal.

Es la existencia de una cultura de tolerancia a la violencia contra la mujer lo que provoca, en gran medida, cada feminicidio. La hija de la doctora fue acosada sistemáticamente, al punto de tener que abandonar el trabajo, antes de ser agredida. La prima hermana del estudiante de Alicia mostró en varias ocasiones signos de maltrato en su cuerpo, antes de que le reventaran el hígado. Porque la muerte, en la mayoría de los casos, es el desenlace de una larga historia de violencia, en la que el victimario, alentado por la impunidad de sus actos, cada vez transgrede más límites.

Tomado de Univisión Noticias
Foto de portada: Mónica Baró.
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