Sobrevivientes, 16 testimonios de cubanas que han salido del ciclo de la violencia machista

He vivido la violencia de género tan cerca que aún no puedo ni contarlo. Compartirles Sobrevivientes, con prólogo de la (mi) querida profesora Clotilde Proveyer, más que una buena oportunidad, es hacerle justicia a todas las mujeres abusadas, violentadas, injuriadas y decirle a las otras que siempre hay una salida posible, una puerta que se abre.

Sobrevivientes, 16 testimonios de cubanas que han salido del ciclo de la violencia machista, es un volumen también que nos habla de la posibilidad de vencer a la violencia machista, aquella que ejercen los hombres contra las mujeres y para la cual no existe razón alguna.

Dice Proveyer en el prólogo: “Este libro estremece, obliga a la reflexión y al compromiso, nos empuja a actuar contra ese flagelo, al demostrar cuán dañino es el silencio que desde el desconocimiento, la indiferencia o el temor nos convierte en cómplices de una de las lacras más antiguas de la humanidad.
Es un libro imprescindible, que debemos tener a mano para no dar tregua al desaliento.”

Además, me ha gustado mucho ver nombres de amigas, colegas, compañeras de lucha en el índice de Sobrevivientes: Lirians Gordillo, Sara Más, Lizette Vila y Dixie Edith. Me siento como en casa.

Descargar 16 testimonios de cubanas que han salido del ciclo de la violencia machista. Aproveche y regálelo.

Georgina Herrera: Hija de Oshún hablándole a su madre

Por Georgina Herrera (Yoya)

(Me dijeron

que te llamaron lujuriosa)

¿Fué cara a cara?

¿Viste su pelo, su color?

Dime un nombre. Uno solo

de alguien que te haya dicho lujuriosa.

¿Tu me entiendes?.Yo sangro

cuando a ti te hieren.

¿Te das cuenta? Este dolor se quita cuando

cuando yo sepa y lo enfrente.

No te calles,

no me protejas de quien puede como antes

o cree poder.

¿Quién se atrevió, acaso

alguna triste frígida, violada

para que fuera su pesar más grande,

o…un pobre varón, mirando

como su flor marchita palidece

más de lo que marcó su nacimiento.

¿Eso….un desencantado de sí mismo?

Que no te roce nadie….

Que no te toquen.

No calles, madrecita. Este

es el momento de saber.

Ahora…o nunca.

La Habana, 29/10/17

Foto: Dominique Diaz
Tomada de The Orion

 

A propósito de la novela NEGRA de Wendy Guerra

Por Samantha Silva Makel

La novela Negra, de la escritora cubana Wendy Guerra, intenta presentar desde una mirada femenina las agruras de las raícess históricas del racismo, teniendo como plano de fondo la ciudad de La Habana, Cuba.

El preciosismo retórico con el cual la autora desarrolla la narrativa de su protagonista y heroína, Nirvana del Risco, aquí llamada siempre por “negra”, “negrita”, “azúcar negra” o “azuquita”, no construye per se un discurso anti-racista. Por el contrario, se constata aquí una representación peyorativa de la mujer negra. Ese es un tema que no se limita sólo a Cuba sino que a todos los países, donde la mano de obra esclava negra fue la base de su economía, evidenciando, por un lado, el predominio blanco e imperialista en una sociedad patriarcal, y por otro, la condena de las poblaciones africanas e indigenas a la miseria, el ostracismo sociocultural y el racismo.

Quisiera añadir que en Brasil existe, al contrario de la novela de Wendy Guerra, la tendencia a la deconstrucción de la exotización del cuerpo negro, principalmente la imagen de la “mulata exportación” -figura vinculada a las mulatas do samba y hipersexualizadas –, con el objetivo de restituir la humanidad de la mujer negra. Por eso, Lelia Gonzáles, sociologa y escritora afrobrasileña, dijo que la mujer negra se presenta con “nombre y apellido”.

Entre muchas escritoras, académicas, militantes negras y brasileñas como Conceição Evaristo, Ana Maria Gonçalves, Djamila Ribeiro, existe el compromiso de tematizar la falta de representatividad y la soledad de la mujer negra, es decir, aquellas que son preteridas a la hora de ser presentadas como novia o esposa a los padres o a los amigos de sus novios. Aquí podemos destacar, entre otros trabajos de investigación sobre la situación de la mujer afrobrasileña y muchas veces también periférica, el artículo “Branca para casar, mulata para foder, negra para trabalhar”: Relações afetivo-amorosas de mulheres negras no rap e no romance brasileiro contemporáneo”(1) de Andressa Marques Silva.

La propuesta de Wendy Guerra se queda por el camino, para no darle la humanidad necesaria a su “co-protagonista y narradora” negra (su amiga y novia Lu, la china medio-china, medio-francesa-rubia es quién nos cuenta su história), una abogada de formación que se gana la vida como modelo y no se siente preparada para lidiar con las dificultades impuestas a una mujer negra y cubana: sufre discriminación racial en la relación abusiva con Jorge, el cubano blanco y rubio que no quiere tener un hijo con una negra.

“Negra” también es la manera como él se refiere a Nirvana durante las relaciones sexuales. Después de un aborto provocado por su novio, ella decide aventurarse en Francia con su amiga-amante Lu, quien obtiene una beca universitaria para una investigación sobre el racismo en Marsella.

Entre una y otra experiencia sexual Nirvana vuelve a La Habana e intenta adquirir su autonomía a través de un negocio (“Noir”) de productos naturales y belleza, que no existe a causa de la burocracia cubana. Nirvana lo intenta sin un hilo conductor de pensamiento, porque eso no es rol en la trama. Pensar y solucionar sus própios problemas con madurez no es para ella, y por eso se siente tan segura en la compañía de su amiga-novia Lu.

La hipersexualización de Nirvana viene explícita en todo el romance, sea en los cuentos eróticos (a lo estilo Carne Trémula de Pedro Almodóvar) o en los estereotipos de la mujer africana y “negra-caliente” con “cocomordan” (“vagina que muerde”) (2) siempre dispuesta al acto sexual:

“Como en trance lo derribé de golpe, y me encajé moviendo mi sintura en aquella espiral desenfreada. No pude escuchar lo que le dije mi lado tribal gritaba, una negra conga se apuderó de mí y, entumecida en el deseo, vencí reventándonos al mismo tiempo, llenando de leche sus delicados muslos y mis fuertes pierna temblorosas de placer.” (Guerra:247).

Existe una preocupación de la autora por delimitar la sexualidad de la protagonista a lo exótico, y claro, a su ancestralidad africana. La santería, la musicalidad, la revolución y el socialismo también aparecen una que otra vez para legitimar a esa mujer negra, bisexual y cubana que “cavolga como una egua desgubernada” buscando por libertad sin saber al cierto cómo y qué hacer para lograrla. El espíritu de su madre, mujer negra bisexual conocida en la escena artística cubana por su trabajo en el cine, junto a su amante francesa, intenta ayudarle sin suceso.

En su novela Wendy Guerra subraya la mayoría de las cuestiones enfrentadas por mujeres negras latinoamericanas: violencia de genéro, falta de representividad en los medios de comunicación (televisión y cine), imposición del padrón de belleza blanca (vs. pelo malo), la bi- y homosexualidad como una forma de estigmatización social y la soledad enfrentada por mujeres negras.

La impresión general es que a la autora no se le ha olvidado ningún ingrediente a la hora de hablar sobre la mujer negra, y es precisamente aquí que sus pretenciones llegan a ningún lugar: falta la impresión subjetiva de la “negra” en el yo-lírico contruido supuestamente por Lu, amiga-novia medio-china y medio-francesa de Nirvana (lo que descubrimos en las dos últimas paginas del romance), porque el “ser negra” no le quita la humanidad a ninguna mujer en el planeta tierra.

Al fin y al cabo, Guerra no ha logrado crear una “heroína negra” y tampoco desconstruir el discurso racista en Cuba o en Francia cuestionado en su obra. Lu, mujer mestiza, historiadora, cientista social ( investiga las raíces del racismo en Cuba), tiene una relación sentimental con una mujer negra, y no es capaz de cuestionar su propio racismo.

(1) Trad.: „Blanca para casar, mulata para follar, negra para trabajar“: Relaciones afetivo-sentimentales de mujeres negras en el rap y en el romance brasileño contemporáneo. Disponible en portugués en: https://www.yumpu.com/pt/document/view/25012568/branca-para-casar-mulata-para-foder-negra-para-trabalhar.

(2) Guerra: 295. Según la autora cocomordan es una palabra del patois o criolla que significa “vagina que muerde”. Eso le explica el diplomata norte-americano y “mulato”(el obamita), Tom, a Nirvana, cuando él subtiende que ella así como su ex-amante haitiana posee ésta habilidad sexual.

Foto de portada: Kaloian

 

Georgina Herrera cumple 80 años

… y lo vamos a festejar porque todos los días no tenemos la oportunidad de celebrar junto a una de las voces más importante de la poesía cubana contemporánea. Yoya, como le conocemos quienes hemos estado cerca de ella, es además guionista de radio y televisión y tiene una de las obras más fecundas e incisivas que sobre la negritud de la mujer se haya escrito en la isla.

Yo no podré estar en la fiesta y homenaje que han preparado para ella, pero les convido a que pasen el próximo 23 de abril por la sede de la Revista Mujeres, sita en Calle Galeano y esq. a Neptuno, sobre las 2:00 de la tarde, y le digan que le envío todas mis mejores vibras y todos los besos del mundo. La música la podrán las chicas de la orquesta Las Canelas.

Consultar ficha de Georgina Herrera en Directorio de Afrocubanas.

Foto: Norma Guillard

Programa de la Feria del Libro Cuba 2015

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No lo busques más. Acá está el programa de la Feria del Libro Cuba 2015 que comienza la próxima semana, el día 12 y que finalizará el 22 de febrero. Además adjunto el de actividades colaterales y el artístico. Por supuesto que algunas actividades podrían cambiar de lugar y hora…

Puedes seguir la Feria del Libro, en sitio oficial del evento y en Literatura cubana.

Descargar

Programa Feria Internacional del Libro Cuba 2015

Programas actividades colaterales de la Feria Internacional del Libro Cuba 2015

Programa artístico cultural de la FIL Cuba 2015

Norge Espinosa: El bibliotecario de Sodoma

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Norge Espinosa y Victor Fowler

Por Norge Espinosa

1. El poema.

La imagen brotó de la línea de Federico García Lorca y entró a mi página. En una noche de Santa Clara, en 1987, solo tenía conmigo la visión que Lorca me ofrecía, en uno de los pasajes de ese poema tan intenso y controvertido que es su Oda a Walth Whitman. Por años, el libro había estado al alcance de la mano, y solo mediante el impulso que la lectura de otros poetas cubanos y extranjeros empezaba yo a sentir en mi ciudad natal, alcancé la revelación que ese texto me ofrecía. Quedaban a un lado los lugares comunes que persiguen a Lorca hasta el día de hoy con tanto ensañamiento como el que le reservaban sus asesinos: gitanos, lunas, panderos, cuchillos, lunas de plata amenazante, etc. Tal vez el Lorca que me sigue acompañando hasta hoy es el de ese poema que nos lo describe en pleno conflicto: como un homosexual que quiere un espejo puro en el que hallar su rostro, y no en el gesto flébil de las mariquitas y los jotos y los pájaros a quienes condena. Pero también esas mariquitas, esos desbordes de la sociedad, esos excesos que a ratos algún credo y algún gobierno ha preferido sacar de la vista, tienen a Lorca como mártir, lo reconocen entre los libros del estante que tal vez no miran con igual interés. Lorca, Wilde, Genet, Proust, Cernuda, Salvador Novo, Miguel Ramos Otero, Virginia Woolf, Djuna Barnes, Isherwood, Auden, Gingsberg. Lentamente se va creado una genealogía, una tradición, una arqueología en la que poco a poco el discurso se convierte en fuerza que mueve a la batalla, y que va dejando atrás las máscaras del amor que no puede decir su nombre, o mejor, que no se atrevería a decir su nombre. En Cuba, donde Lorca juró perderse, leerlo tiene una connotación que invita al desborde, a la indisciplina de sus aventuras habaneras y en otras provincias. La Universidad de Miami acaba de digitalizar los fondos de su enorme archivo cubano que se ocupan de la presencia de Lorca entre nosotros, y ha reaparecido el rostro del granadino, en la playa de Marianao, junto a muchachos de sonrisa fácil, a los que ha de haber seducido con la gracia que es el reverso de esos terribles versos de la Oda a Walth Withman. Dejó entre nosotros una vibración que también es erótica, polémica, sexual, política. En una noche de Santa Clara, ciudad que no visitó, ese fantasma se manifiesta e impulsa la mano de un joven poeta. Quiere un espejo, insiste, donde encontrar su rostro de modo más puro. Pero cómo mirarlo. Con qué espejos. Con qué ojos.

VESTIDO DE NOVIA

Por eso no levanto mi voz, viejo Walth Whitman,
Contra el niño que escribe
Nombre de niña en su almohada,
Ni contra el muchacho que se viste de novia
En la oscuridad del ropero.

Federico García Lorca.

Con qué espejos
con qué ojos
va a mirarse este muchacho de manos azules
con qué sombrilla va a atreverse a cruzar el aguacero
y la senda del barco hacia la luna
Cómo va a poder
cómo va a poder así vestido de novia
si vacío de senos está su corazón
si no tiene las uñas pintadas si tiene sólo un abanico de libélulas
cómo va a poder abrir la puerta sin afectación
para saludar a la amiga que le esperó bajo el almendro
sin saber que el almendro raptó a su amiga le dejó solo
ay adónde podrá ir así tan rubio y azul tan pálido
a contar los pájaros a pedir citas en teléfonos descompuestos

si tiene sólo una mitad de sí la otra mitad pertenece a la madre
de quién a quién habrá robado ese gesto esa veleidad
esos párpados amarillos esa voz que alguna vez fue de las sirenas
Quién
le va a apagar la luz bajo la cama y le pintará los senos con que sueña
quién le compondrá las alas a este mal ángel hecho para las burlas
si a sus alas las condenó el viento y gimen
quiénquién le va a desvestir sobre qué hierba o pañuelo
para abofetearle el vientre para escupirle las piernas
a este muchacho de cabello crecido así vestido de novia

Con qué espejos
con qué ojos
va a retocarse las pupilas este muchacho que alguna vez quiso llamarse Alicia
que se justifica y echa la culpa a las estrellas
con qué estrellas con qué astros podrá mañana adornarse los muslos
con qué alfileres se los va a sostener
con qué pluma va a escribir su confesión ay este muchacho
vestido de novia en la oscuridad es amargo y no quiere salir no se atreve
no sabe a cuál de sus musgos escapó la confianza
no sabe quién le acariciará desde algún otro parque
quién le va a dar un nombre
con el que pueda venir y acallar a las palomas
matarlas así que paguen sus insultos
con qué espejos ay con qué ojos
va a poder asustarse de sí mismo este muchacho
que no ha querido aprender ni un solo silbido para las estudiantes
las estudiantes que ríen él no puede matarlas
así vestido de novia amordazado por los grillos
siempre del otro lado del puente siempre del otro lado del aguacero
Siempre en un teléfono equivocado no sabe el número
tampoco él se sabe
Está perdido en un encaje y no tiene tijeras
así vestido de novia como en un pacto hacia el amanecer

Con qué espejos
Con qué ojos.
2. Un bibliotecario de Sodoma.

Repentinamente dueño de un poema que, para decirlo con Sigfredo Ariel, desató algo parecido a un escándalo en la literatura cubana de ese momento tan intenso que fueron los años de cierre de la década del 80, comprendí que un texto de esa naturaleza exigía cierta noción de compromiso. En la literatura nacional, hacía mucho que lo homoerótico no se expresaba abiertamente, y el silencio impuesto sobre los autores que en alguna ocasión se interesaron en ello pesaba como una doble lápida de ignorancia y tabú. Habría que esperar a la década del 90 para que investigadores como Víctor Fowler desenterraran El ángel de Sodoma, la novela que en 1928 editó en España Alfonso Hernández Catá para que se abriera un curso nuevo en nuestra tradición letrada. Lo mismo sucedería con otra novela aparecida un año después, La vida manda, que publicó en México Ofelia Rodríguez Acosta. La lectura, en los años 30, de Lorca y Cernuda, despertó en Emilio Ballagas la necesidad de una confesión que, en su caso, terminaría siendo un drama. Pero de esa angustia nació un poemario como Sabor eterno, de 1939, en el que los homosexuales cubanos encontraron algunos de sus primeros cantos. Bajo ese influjo empieza a escribir Virgilio Piñera, quien firma su Oda a la vida viril, inédita hasta mucho después de su muerte, también en 1939. Ya para ese entonces, en México también, había aparecido Hombres sin mujer, la novela moderna que, para Cuba, en realidad, hace cambiarlo casi todo.

El impacto del gallego Carlos Montenegro, radicado en Cuba y conocedor aquí de los horrores de la cárcel que luego expondría en ese libro capital, llega hasta hoy como una sacudida que la crítica cubana no ha sabido aprehender del todo. Hemos tenido que esperar a este mismo 2014 para que al fin una nueva edición, precedida de un excelente estudio de Jorge Domingo, nos invite a releerla más allá de la rareza. Con la novela de Carlos Montenegro se entrecruzan, desde el concepto más hiriente de la violencia, autores tan diversos como Reinaldo Arenas, Norberto Fuentes, Guillermo Vidal, Angel Santiesteban y muchos otros que ahora escriben sus textos. Traspasar la piel y la urgencia que enlaza el cuerpo de dos seres de sexo semejante es una actitud que requiere el coraje de un escritor bien entrenado, de ahí la altura del reto, y la estatura no superada de Hombres sin mujer.

En la poesía del mundo de Orígenes, que presidía esa gran loca patricia que es José Lezama Lima, lo homoerótico también tenía su conflicto. La máscara y el músculo de lo católico imponían una capa verbal que necesitaba ser arañada, para que nos revelara sus neurosis más interesantes. Mientras se acumulaba un número tras otro, Lezama, agazapado, “preparaba su sorpresa”. Ningún origenista, ni siquiera los que combatían a Lezama, como Piñera o Lorenzo García Vega, estaban preparados para lo que significó Paradiso. Los ángeles de Lezama tenían sexo, un sexo dispuesto a gozar priápicamente, y no como se les entreveía en las castas viñetas de Mariano o Portocarrero. Ciclón, la revista que Piñera inventó como petardo ante la puerta de Trocadero 162 junto a Rodríguez Feo, gastó sus salvas en juegos de escándalo, que la novela de Lezama iba luego a disolver. Pero algunos de esos juegos son también insólitos y extremadamente útiles, como el ensayo “Ballagas en persona”, que Virgilio concibió como una batalla que aún perdura entre nosotros.

Como un bibliotecario de Sodoma, a lo largo de los años que corren desde aquella noche de 1987, he ido acumulando textos, rostros y nombres. Documentos que pudieran perderse, y sobre todos anécdotas que me permiten reconocer una tradición para mí, y para los lectores de Vestido de novia. Con humildad e irreverencia, organizo el archivo donde esos maestros encaminan la lectura hacia mi página, y de ahí hacia otras, que siguen haciendo crecer la biblioteca nocturna que puede ser también La Habana. Severo Sarduy, Calvert Casey, Antón Arrufat, Delfín Prats, Magali Alabau, José Mario, Reinaldo Arenas, José Milián, Abelardo Estorino, Ana María Simo, María Irene Fornés. En las paredes de esa biblioteca están otros rostros, artistas que desde otros ámbitos también hacen una tradición interesada y entendida: Ernesto Lecuona, Juan Bruno Tarraza, Bola de Nieve, Humberto Solás, Miguel de Gonzalo, María Teresa Vera, Amelia Peláez, Servando Cabrera Moreno, Raúl Martínez, Pepe Carril y Pepe Camejo, Vicente Revuelta, Francisco Morín, Adolfo de Luis. Tantos otros. Pasan sobre ellos los éxitos y los fracasos, errores políticos como la UMAP o la parametración. También el silencio es una tradición que puede resultar tan atroz como útil. Hurgar en ese agujero negro, hoy nos obliga a extender la biblioteca de una Sodoma tropical.

La explosión desencadena en Cuba y acerca de Cuba durante la década de los 90 hizo crecer este edificio hacia latitudes casi imposibles. El exilio de los 80 generó fenómenos como la revista Mariel, y la irrupción del sida convirtió en cuerpos martirizados a Sarduy y a Reinaldo Arenas, canonizados ahora según la voluntad de sus propios manifiestos. Y en Cuba, durante esa década, empiezan a dejarse ver textos de Pedro de Jesús López, Ena Lucía Portela, Nelson Simón, Jorge Angel Pérez, Ana Lydia Vega Serova, Arlén Regueiro, Alberto Acosta Pérez, Rubén Rodríguez, René Coyra, Mae Roque, Mabel Cuesta, José Rolando Rivero, Luis Yussef, Abel González Melo y tantos más. Los latin queer studies imponen la ruptura de algunas fronteras, y para ser consecuente con ello, y como un bibliotecario riguroso, hay que hacer espacio a libros también escritos en inglés. Achy Obejas, Rafael Campo, Elías Miguel Muñoz, José Esteban Muñoz, José Quiroga, Jorge Ignacio Cortiñas, Nilo Cruz, Alina Troyano, se unen a lo que siguen diciendo en español nuevos nombres que llegan al exilio, dígase en España, México, Estados Unidos, Suecia: Miguel Angel Fraga, Alberto Lauro, Odette Alonso, Félix Lizárraga, José Félix León, Juan Carlos Valls, Roberto Urías, Abilio Estévez, Raúl Alfonso, Chely Lima, Antonio Orlando Rodríguez… La onda expansiva de El lobo, el bosque, el hombre nuevo, con el que Senel Paz gana el Premio Juan Rulfo en 1990, tiene ecos en el mismo concurso que poco después obtienen Joel Cano, con Fallen Angels, Ena Lucía Portela con El viejo, el asesino y yo; y Miguel Barnet con Fátima o el Parque de la Fraternidad. Numerosos son los autores que se acercan de distinto modo a lo homoerótico. No todos desde un eje de compromiso que les deje ir más allá del carnaval y el estereotipo, esos dos grandes peligros cubanos. Dónde poner, en esa biblioteca de una Sodoma caribeña, tantos ejemplares. Cómo evitar que se confundan los unos y los otros. En la noche de la biblioteca, llegan títulos, revistas, otras páginas. En los anaqueles antes casi vacíos, se agolpan esos volúmenes. Falta haría el concurso de otros bibliotecarios que organicen y cataloguen tantas cosas. Para eso también se hace un Curso en La Habana. Para que si se produce un incendio o una catástrofe mayor, ellos, desde la memoria de lo que han leído, puedan volver a escribir todo lo que se perdió. Esos textos y otros. Los que escriben ahora mismo otros autores. Yunier Riquenes, Rogelio Orizondo, Fabián Suárez, Legna Rodríguez, Larry Javier González. Una biblioteca frente al mar.

3. Queer Nation: otro mapa de Cuba.

En Queer Nation, su excelente ensayo, el estudioso y profesor puertorriqueño Rubén Ríos Avila desmonta otro sueño posible acerca del mito de su país. Describir la patria como una nación maricona, como una noción pájara de la Historia que se vive a puertas cerradas o en consonancia con un secreto que, pese a la visibilidad más o menos reciente sigue activando claves de lectura erótica, moral, política y subversiva; es gesto que nos falta. Acostumbrados a pedir permiso, a esperar que alguna entidad se imponga como defensora de una causa que tal vez deba estar en manos de un compromiso más orgánico y natural sobre ese asunto, hemos confiado en que alguien, desde esas cúpulas, volverá a leer la Historia para nosotros, y nos hará en ella, como quien dispensa un favor, un sitio en sus márgenes. La literatura cubana, las artes de este país, tienen una tradición homoerótica de fuerza no calibrada. Nos falta leerla desde los cardinales que han propuesto al mundo Judith Butler, Eve Kosovsky, José Esteban Muñoz, Alberto Mira, José Quiroga o Daniel Balderston, y discutirlos desde un mapa propio. A los artistas ya mencionados, habría que añadir otros desde el audiovisual, el teatro, la música y por supuesto, las artes plásticas, amén del respeto necesario hacia las obras que, en ese ámbito, nos ofrecen Rocío García, Eduardo Hernández Santos, o René Peña y Alejandro González, entre muchos otros. O, que en el campo del audiovisual, tienen sus ejemplos, desde que en 1988 se produjera en la Escuela Internacional de Cine el documental No porque lo diga Fidel Castro, hasta los materiales que en la Muestra de Cine Joven dan fe de ciertas persistencias: Camionero, de Sebastián Miló, Ella trabaja, de Jesús Miguel Hernández, y que se combinan con otras piezas: Seres extravagantes, de Manuel Zayas, o los documentales de Lizette Vila y Belkys Vega. Mientras, en el teatro, Carlos Díaz y Nelda Castillo, se hacen imprescindibles. Las políticas del desacato, entre nosotros, las políticas del desborde y el desenfreno, aún no están articuladas desde su mayor fuerza eruptiva. La celebración en Cuba del Día Mundial de Lucha contra La Homofobia, o una campaña contra el VIH Sida, pueden y deben ser una fecha en el mapa, no el mapa único y formal desde el cual lanzamos otras consideraciones acerca de derechos y deberes que siguen siendo postergados. El diálogo, para saberse en verdad diverso, tiene que asimilar esas y otras demandas mayores, que provienen de cardinales distintos, de modos de discursar y vivir que tienen que ser distintos. Fuera de ese marco aparentemente político, la Isla se rompe en otras connotaciones. En sus playas y en sus noches, en la insolencia con la cual, un cuerpo, ansioso de otras posibilidades, se ofrece sin piedad tan cerca de las costas.

Organizando el Curso Literatura Cubana LGBT junto a Víctor Fowler, encarando al puñado de alumnos a los que, durante más de doce semanas hemos ido ofreciendo datos, títulos, nombres, referencias, todo eso se estrella contra esa noción posible-imposible de una verdadera nación queer. “¿Tú has visto país más maricón que este?”, me preguntó alguna vez un célebre dramaturgo y narrador, radicado hoy en Barcelona, poco antes de haber afirmado que La Habana, el verdadero tesoro y gozo de La Habana, son sus cuerpos. En el paisaje de esta capital hierven sus fantasmas, como el de Reinaldo Arenas entre los muros del Hotel Monserrate. La tradición exige rigor, compromiso y militancia. Escribir tan bien como ellos lo hicieron, ser respetuosos con la vibración que en Cuba pudo dejar Lorca o Cernuda, que llegó a creer que el cielo de la Isla sería tan puro como el de Italia, a la que no visitó. Frente a esta bahía se conocieron Teresa de la Parra y Lydia Cabrera, y aún no sabemos del todo qué secretos cruzaron esas dos grandes mujeres. Esos alumnos del curso serán los próximos bibliotecarios. Lo son ya, acaso sin que ellos lo sepan. Como tal vez tampoco lo sepan los autores que, imponiéndose contra la noche, ante la página de un escritor al que ven con otros ojos en plena madrugada, tienen que levantarse para ir al papel. Y escribir, sobre las palabras de esos autores muertos, la letra viva de una Nación que tienen más cuerpos, deseos, y urgencias de las que caben en una bandera o entre los símbolos de cualquier escudo.

Texto leído durante la tertulia del 10 de julio pasado, que se le dedicó al taller Literatura Cubana LGBT, en la Embajada de España.

Literatura LGTBI: leer en silencio, entre líneas

Norge Espinosa
Norge Espinosa

Desde el mes de marzo, los intelectuales Víctor Fowler y Norge Espinosa están realizando en La Habana un curso sobre la literatura cubana LGBTI. Ambos especialistas, con reconocida trayectoria dentro de los estudios culturales, se han interesado en visibilizar aquellas obras que presentan personajes con diferentes identidades de género y orientación sexual. Sobre esta idea, convertida en realidad gracias a la entereza y voluntad de ellos, hablo con Norge Espinosa.

¿Por qué un curso sobre literatura LGBTI? ¿Conoces experiencias anteriores en Cuba con las mismas intenciones?

El curso nace a partir de la necesidad de cubrir un vacío, no del mero gusto de dos escritores que sientan alguna inclinación especial hacia ese segmento de nuestra cultura que, vale la pena decirlo, sigue siendo ignorado por nuestras casas de altos estudios, generalmente muy reacias a la apertura de los estudios queer o de sus desprendimientos, bajo recelos de muy distinta naturaleza.

No es que no existan en Cuba tesis, trabajos de diplomas e incluso defensa de doctorados a partir de libros y autores y autoras que hayan entrado a este canon cubano LGBTI, sino que la articulación orgánica entre esas presencias y el concepto que se imparte en dichos espacios no funciona más allá de la voluntad particular de uno que otro interesado. Nos falta mucho por aprender y aprehender de esos tipos de análisis.

En Cuba, nombres esenciales como David William Foster, Eve Kosovsky o Judith Butler siguen siendo mera nota al pie de alguna bibliografía muy reducida, y es ridículo negar los postulados de ese autores, discutirlos, sin siquiera haberlos leído. Hay también un elemento puntual, y es que la tan temida teoría queer se ha ido convirtiendo en un cuerpo de estudios muy amplio, cada vez más multidisciplinario, y que en América Latina ha encontrado un eco poderoso desde ese margen, desde esa periferia, que la discute al tiempo que se sirve de ella para abordar a figuras tan diversas como Lemebel, Puig, Sarduy, Arenas, Perlongher, Lydia Cabrera, Pizarnik, Novo y tantas más. La teoría es un instrumento, no una sentencia a la que seguir mecánica ni mansamente. Pero eso no parece encontrar el impacto suficiente en la comodidad con la cual, desde la enseñanza o la crítica, nos dirigimos hacia la posibilidad de mejores y mayores lecturas.

El curso nace para organizar una cronología, un mapa marginal si se quiere, que dé nociones de una tradición, de una serie de presencias conectadas a pesar del fragmento, del silencio y el tiempo, a fin de hacernos entender que este asunto, en las letras y la cultura nacional, ha ido aportando nociones que merecen ser tenidas en cuenta, como clave e influencia en otros asuntos generalmente mal interpretados. Saber que se tiene una tradición puede hacernos más fuertes, menos solitarios. Una manera más de luchar contra ese estereotipo del homosexual, la lesbiana, el trans, como perfiles desamparados.

No, lamentablemente no recuerdo otras iniciativas de este carácter. Se habla del tema en eventos, en foros, hay libros mejores y peores sobre el tema, pero un curso concretamente dedicado al tema, no. Y es una pena. Recuerdo que en 2001 llegaron a Cuba dos de las figuras más notables de estos estudios: Daniel Balderston y José Quiroga, y a solicitud de una profesora de la Facultad de Artes y Letras dieron una charla básica sobre la teoría queer y sus ramificaciones hacia los estudios literarios del continente, tras la cual sufrieron la andanada del entonces decano de dicha facultad, quien afirmaba que esa era una teoría que segregaba a heterosexuales de homosexuales, que solo ofrecía estancos separados. Y así es que estamos ahora, a casi 15 años de aquello, haciendo este curso contra esa y otras formas del silencio.

El programa, accesible en la página de Facebook del curso, adelantó todos los temas, entre los que se encontraban, por ejemplo, algo tan interesante como “Colonia. Discurso nacional y normatividades sexo-eróticas en la formación de la nación”. También se propuso hablar del “Modernismo, decadentismo y sexualidad: Casal y Martí”. Te pregunto: ¿encontraron muchas o pocas referencias para el abordaje de esos períodos tan lejanos en el tiempo. ¿Podrías decir quiénes han sido los investigadores que se han dedicado a estudiar estas épocas?

Hay una serie importante de búsquedas en ese momento histórico que vienen a ser la arqueología o la prehistoria de esto que abordamos. Un ámbito poco visitado, y en el que se encuentran los puntos de partida de recelos, prejuicios y estereotipos que seguimos repitiendo, incluso de manera inconsciente.

Los años iniciales de la Colonia carecen de estudios suficientemente completos, no pocos de los archivos que tienen que ver con sus pasajes están fuera del país y llegar a ellos, para los historiadores interesados, puede ser muy complejo. Así que es un período en el que aún andamos a ciegas. Pero hay piezas ya a la vista, como la carta contra el “hombre-mujer” que aparece en el Papel Periódico de La Habana en 1791, firmada por José Agustín Caballero. Hay que leer entre líneas a veces para encontrar referencia a la condena que la Inquisición desató en Cuba contra los amujerados de Cayo Puto, que está en un libro de Fernando Ortiz, un argumento que luego, por ejemplo, reaparece en Contrabando de sombras, la novela de Antonio José Ponte.

Hilvanar esos fragmentos es un proyecto aún en camino, donde sobresalen figuras míticas como Enriqueta Faber, también protagonista de novelas muy diversas. Adentrarse en ese ámbito tiene el reto de los laberintos. Y sí, hay estudiosos que nos ayudan ya en ese propósito. Emilio Bejel ha emprendido esa senda, y con él están las aportaciones esenciales de Oscar Montero y Francisco Morán Lull acerca de Julián del Casal y sus desvíos, amén de lo que Víctor Fowler y Abel Sierra Madero van iluminando. Hay que ser capaz de leer, como te digo, en el silencio, entre líneas. Y hacer lecturas interesadas o “entendidas” para comprender que, por ejemplo, la mirada de José Martí hacia Oscar Wilde es más de lo que dice su célebre crónica. También en esa línea está la intención del curso, en ayudar a los alumnos a sobrepasar lo evidente.

Revisando esa misma lista de temas me salta a la vista que los nombres mencionados allí, y que de alguna manera pueden ser considerados hitos, son mayoritariamente masculinos. ¿Se pudiera trazar o no una historia de la literatura LGTB solo mencionando las contribuciones de las escritoras? ¿Quiénes serían esas a citar?

Es difícil. El rol de la mujer es uno de los más invisibilizados a lo largo de este proceso. Imaginar que un hombre abordara estos casos patológicos, engendros de la naturaleza, desvíos innecesarios del deseo, podía pasar como ficha curiosa. Que una mujer se expresara en tal sentido era una transgresión demasiado peligrosa. Te confieso que no me gusta la idea de ir desarbolando el proyecto en esa dirección, tal vez sea mi error, pero por ahora no me interesa ir desarticulando el cuerpo de estudios hasta llegar a esos límites que nos impiden apreciar la riqueza de intercambios, influencias, contradicciones y conflictos. No me interesa el análisis, al menos por ahora, que se limite a una literatura únicamente escrita por mujeres, o por autores travestis, o por enfermos de VIH Sida: esos compartimentos aún no tienen sentido, si es que los tienen, en las letras cubanas.

Hay que sobrepasar primero esta línea de sombra en la que aún nos movemos, aprender a leer esos autores como una tradición, antes de empezar a quebrantarla desde una perspectiva que los aísle de otros elementos que, desde mi manera de ver, también se interconectan con ellos, los movilizan, los hacen reaccionar. Amén de que para ello tendríamos que tener ante nuestros ojos obras ya desarrolladas y maduras, no solo fragmentos o asomos casuales a un tema, que es por desgracia lo que abunda. Ofelia Rodríguez Acosta, Graziela Garbalosa, algunas autoras relacionadas con la lucha feminista de inicios del siglo XX, son nombres que se repiten una y otra vez. Pero se olvida la manera en que Lydia Cabrera, por ejemplo, deja pistas sobre el homosexualismo en varios de sus textos sobre los cultos negros en Cuba (El monte y La sociedad secreta abakuá, para mencionar dos ejemplos) o se deslíe en el secreto dimediado y aún poco penetrable de su relación con Teresa de la Parra. O las anécdotas de la Loynaz sobre Gabriela Mistral cuando la hospedó en su casa de 19 y E.

Si esta historia está hecha de silencios, la que pueden contar las mujeres que aparecen en ella mediante cartas, diarios, documentos poco accesibles, todavía demorará mucho en dejarse ver como quisiéramos. Y eso pasa, incluso, con nombres muy recientes.

Leyendo los resúmenes me he percatado de que no solo se ha tocado la literatura cubana sino que también el curso ha estado marcado por un análisis exhaustivo del contexto y por la exhibición de ejemplos de otras manifestaciones artísticas, entre ellas el cine y el teatro. ¿Por qué la necesidad de hablar de otras manifestaciones? 

Una de las grandes carencias de nuestro mundo cultural es su inhabilidad para leer desde perspectivas muy variadas lo que sus principales acontecimientos provocan en otros espacios. Es como si Emilio Ballagas o Lezama Lima nunca hubieran influido en otras nociones de lo cultural entre nosotros. Crear una comunidad, hablar a nombre de ella, tiene que ser un reto mayor que se construye a partir de una lectura sediciosa y gozosa de muchos otros elementos. El teatro, el cine, las artes visuales, la presencia de artistas LGTBI en hechos sociales de cierta naturaleza a lo largo de todo este devenir, activa resortes que pueden desatar un cambio en la percepción de esas voluntades que tienen un punto de partida en lo erótico y sus posibilidades diversas, incluso como actos disidentes que tendríamos que leer en secuencia.

Ya está bastante fragmentada la percepción que tenemos sobre este asunto en la literatura. Imagínate si en lugar de llenar esos vacíos nos dedicáramos a solazarnos en ello. Ya hay bastante ignorancia disfrazada de pereza entre nosotros como para que no intentemos luchar contra ella desde esa línea, si se quiere, de combate. Integrar los nombres fundamentales que desde la sexología europea o norteamericana se fueron incorporando como conceptos básicos de discusión y reivindicación alrededor del homosexual a nuestros contextos, tiene que servir para saltar desde esas comodidades y desconocimientos, a fin de impulsar a los interesados en el curso a hacer preguntas mayores y más complejas.

¿Con qué tres libros o autores tendría que contarse necesariamente la historia de la “temática gay” dentro de la literatura cubana?

Es una pregunta de doble y triple filo. Podría decir: Hombres sin mujer, de Carlos Montenegro; Paradiso, de Lezama Lima, y El color del verano, de Reinaldo Arenas. Y me ganaré tu responso porque ya ves, no hay ninguna mujer en esa relación. Obras como las de Ena Lucía Portela o Ana Lydia Vega Serova, que tanto me interesan, son aún blancos en movimiento. De ellas espero que, también en el futuro, esas tres piezas que menciono puedan ser o no desplazadas. Hay que ser paciente, aún en plena batalla.

¿Podría concluirse que la literatura escrita desde la diáspora ha contribuido igualmente al tratamiento del tema?

Por supuesto. La salida de Cuba hacia los Estados Unidos, España y otros destinos de autores que desde los 60 han ido incorporando a sus imaginarios la vivencia de la homosexualidad tiene un campo de análisis más amplio del que imaginamos desde aquí. La lista es larga y muy variada en tonos, retos y calidades. Una antología sobre el tema tendría que incorporar varias de esas presencias si se quisiera tener por seria. Las oleadas sucesivas del exilio han llevado a puntos muy diversos del planeta a esos autores. Desde esa distancia, como hicieron en su día los miembros de Mariel, plantaron discusiones abiertas sobre el tratamiento del homosexualismo en Cuba que no deben seguir siendo ignoradas. Es una historia llena de dolor, nostalgia, resentimiento a veces, traumas y voluntades de cercanía a la Isla madre y a su historia, lo cual implica una voluntad crítica que sepa reconocer la calidad literaria más allá del golpe de la memoria y el olvido en esos textos. Pero la comunidad cubana LGBTI, a la hora de hacer su historia letrada, no puede prescindir de ellos.

Sobre lo logístico, que a veces nos puede poner al punto de abortar un proyecto. En el texto de convocatoria al curso declaras que el mismo se realizará todos los miércoles de cada mes, en el Centro Dulce María Loynaz, pero he sabido que eventualmente han existido obstáculos. ¿Mala suerte u homofobia?

Un poco de todo. El Centro Loynaz acogió la idea desde que la comunicamos a su director, Jesús David Curbelo. Luego, sobrevino una serie de infortunios que terminó haciendo evidente la escasa promoción que de tal curso se dio en la prensa y en los medios a los que el propio Centro tiene acceso. En la televisión hay spots sobre sus tertulias habituales, y no he dejado de recibir, a lo largo de estos meses, mensajes electrónicos que provienen de sus promotores difundiendo esos otros encuentros. Ninguno sobre el Curso Literatura Cubana LGBTI. Para colmo, luego, durante varias semanas, coincidían nuestras citas con apagones provocados por el cambio de postes eléctricos en esa área del Vedado. Pero no es solo lo que pasa allí. Me desesperé enviando mensajes sobre la convocatoria del Curso a universidades, personalidades, especialistas literarios, revistas, medios de prensa e instituciones como el Cenesex o el Centro Nacional de Prevención. La respuesta fue casi nula, y en verdad es decepcionante corroborar el rechazo hacia el conocimiento y el trabajo intelectual que implica ir más allá de la superficie que hemos recibido como respuesta. Se trata de un curso en el que hay que leer, discutir, no solo acudir a oír una charla. Y donde, al mencionarse la teoría queer, ya hay gente que reacciona desde ese rechazo institucionalizado al tema que he visto expresarse en otros espacios.

Es lamentable vivir en una nación donde la presunta comunidad LGBTI prefiera desgastarse en la única fiesta oficial del año, o en las noches de supuesta glamorous gaylife accesible solo a quienes dispongan de moneda dura. Un homosexual sin argumentos acerca de quién es y quiénes lo respaldan como ejemplo, modelo, tradición y conflictos, es una persona aún más desarmada de la que sus enemigos se imaginan. Y nos falta por aprender mucho, por saber mucho más allá de la lentejuela de una noche en el Karl Marx viendo a las divas del transformismo, o marcando la presencia oficial en un acto de lucha contra el VIH Sida. Creo que falta organización y conocimiento que no dependa solo de lo institucional, y eso sirve para todo el concepto de una Cuba que tiene que despertar de ese sueño paternal y congelado en el que se ha convertido en víctima de sí misma. Hay ideas y luchas que no son exclusivas de nadie, mucho menos de una institución, y si no encarnan de veras en quienes son parte de ella, si nos limitamos a creer que hay que esperar al permiso de quienes aparentemente controlan esos discursos y anhelos entre nosotros, poco avanzaremos. Poco seremos. Al final, estamos cerrando el curso, con un puñado de alumnos fieles, en la Librería Alma Mater. Ya se ve que no basta con las buenas intenciones. Romperse la cabeza contra el muro es un gesto que muchos evitan, y que en la comunidad LGBTI cubana parece no abundar. Porque, entre otras cosas, se trata de una lucha que no puede terminar en la Rampa o en las arenas tórridas de Mi Cayito, sino que tiene que incluir el cruce de diálogos y conocimientos. Mientras eso falte, el curso mismo, nuestra tarea, no está sino empezando una y otra vez.

¿Has pensado en hacer una multimedia con todo el material que se ha usado para el curso, donde se incluyan los resúmenes de cada encuentro, los fragmentos o las obras literarias en sí mismas, los audiovisuales? Me parece que quedaría un producto de excepcional valía.

Todo eso es posible. La página de Facebook no se cerrará cuando el curso termine: seguirá siendo un almacén de datos, libros, fotos, fragmentos, que espera acumular referencias que están muy dispersas. Es el mismo gesto que activé entre 1998 y el 2000 cuando hice las tres jornadas de arte homoerótico: conectar nombres, actos, testimonios y debates sobre algo que es cultura y mucho más. Se van acumulando títulos, experiencias y la idea es no clausurar esos espacios, de los cuales estamos tan necesitados. Siempre pienso en que podemos llegar más allá, no solo al gay, el travesti, la lesbiana, el paciente de VIH Sida, que está a unos pasos del Vedado. Pienso en el que vive en un ámbito no urbano, en el que no se siente tan aparentemente protegido por una red de gestos, transacciones, conductas, propias o impropias, que pueden escudarlo.

Creo en el saber, ya te digo, como un instrumento esencial. En principio, ya hablamos de este curso durante las acciones por el Día Mundial de lucha contra la Homofobia. Y preparamos un dossier para el segundo número del año de la revista Extramuros que abrirá otras coordenadas a partir de esta primera experiencia. Una multimedia implicaría, según los métodos de tal cosa en Cuba, el respaldo de instituciones que, como he dicho aquí, no se han mostrado particularmente interesadas en apoyarnos, aunque tal cosa dijera algo mucho más positivo sobre sus empeños y alcances.

Hurgar en temas complejos como las UMAP, la parametración, las políticas y verdades sobre el primer momento del VIH entre nosotros, es algo que no pocos prefieren evitar. Hay mucha gente interesada en el Curso fuera de Cuba. No soy ingenuo y sé que muchos de los más de 300 nombres que se acercan a nuestra página en Facebook radican fuera de la Isla. Ojalá pudieran ser más, y estar en diálogo vivo con nosotros, no solo porque salte alguna coyuntura y se “imponga” hablar del asunto, sino como una actitud orgánica, vital y necesaria, mucho más interactiva como idea de lo que discutimos, tenemos y aún nos falta por organizar y mejorar en el Curso. Esa es la expectativa. Para ello, en efecto, hay que sobrepasar muchas actitudes de simple cortesía, de tolerancia que disimula otros disgustos, de gestos que no van más allá del fashion y de lo moderno que parece ser estar al lado de gays, lesbianas, etc. Como dijo Víctor en la UNEAC, se trata de militancia y compromiso. Y eso abarca muchas maneras de pensar y leer la vida. Para eso, en realidad, hacemos el Curso. Como un gesto visible entre lo que se ha alcanzado en pos de una dignidad para esa comunidad LGBTI cubana. Pero también para despertarla, para ayudarla a hacerse ver en un espejo mucho más infinito.

Una versión de esta entrevista fue publicada en Cuba contemporánea

 

Helen Hernández Hormilla: “La literatura no tiene sexo, no es hembra o macho”

Helen Hernández Hormilla
Helen Hernández Hormilla

Especial para Cuba Contemporánea

Palabras sin velo es el segundo libro de la periodista Helen Hernández Hormilla, quien hace aproximadamente cinco años viene insistiendo en el análisis de la obra de escritoras cubanas.

La siguiente entrevista, realizada en el contexto de la salida de este volumen y conociendo la labor de Hernández Hormilla dentro del activismo y el pensamiento feminista cubano, revela las tensiones que supone hablar en términos de “literatura de mujeres”, “literatura femenina” o “feminista”, al tiempo que esclarece las particularidad de las escritura de mujeres en Cuba.

¿Por qué un libro dedicado solo a hembras? ¿Es el sexo una condición suficiente como motivo de narración?

No creo que sean solo hembras: son mujeres, y esa condición construida desde la interpretación que la sociedad patriarcal ha estructurado sobre las hembras de la especie humana, nos define. Se convierte en una experiencia común, pese a las peculiaridades de cada una, porque todas pertenecemos a un grupo simbólicamente excluido y sujeto a relaciones desiguales de poder.

Una no nace mujer, como nos enseñó Simone de Beauvoir, llega a serlo mezclando la influencia social, familiar, personal y subjetiva que recibe en el tránsito de la vida. Y también por decisión propia, porque una es, ha sido y puede ser muchas mujeres a la vez. Puesto que el género es performance, tenemos la capacidad de transformarnos, crecer, acatar y/o transgredir.

Ser mujer implica una identidad de género, y eso, como cualquier otra marca definitoria, se devela en el discurso. Construimos nuestra subjetividad desde el lugar donde nacemos, nuestro espacio económico, nuestra herencia familiar, nuestra clase, color de piel, condición física, deseo erótico. La literatura porta esas historias, aunque quisiera aclarar que no como esencia, sino como relato de un contexto en el cual habita su autor o autora. La crítica feminista ha entendido la obra de arte también como un resultado de esos significados compartidos sobre lo femenino, masculino, trans…, según la época y el contexto en que se ubique.

La literatura no tiene sexo, no es hembra o macho. Pero sí tienen género quienes la cultivan. Y ese género implica, al menos, un punto de partida, una historia diferente. Bien es conocido que a las mujeres nos ha costado más alcanzar posiciones de poder, y el de la enunciación literaria ha sido uno de ellos. Esa es la realidad que me interesa develar cuando distingo la escritura femenina: ¿Sobre qué escriben las mujeres? ¿Por qué? ¿Cómo lo hacen? ¿Qué juicios las valoran? ¿Pudieron acceder en igualdad a la edición y promoción de sus obras?

Es desde ese posicionamiento que se pensó este libro, para distinguir dentro del corpus narrativo al que pertenecen como cubanas de un determinado tiempo, a mujeres que escriben historias sobre las realidades de otras desde la Cuba más reciente, la que nos duele y también, a su modo, nos define. Escriben sobre muchos otros temas, pero mi interés aquí fue decir, desde sus voces, lo que pasó a las cubanas con la llegada de la crisis de los 90.

Cuando se construye el canon de la literatura nacional, se dejan detrás mujeres que han marcado pautas, que aportaron verdaderas riquezas temáticas, estéticas y discursivas. También se obvian otras que ni siquiera pudieron llegar a publicar y cuyas páginas o ideas quedaron en el olvido insondable, del que no las podremos rescatar porque una sociedad machista les impidió escalar a terreno “de hombres”, o acaso contar con papel y tinta para expresar públicamente lo que el cerebro no dejaba de imaginar.

Por ellas pensé un libro de mujeres narradoras. Porque siento que no están suficientemente integradas al canon contemporáneo donde, sin embargo, la cantidad de autoras y su calidad constituye una marca de cambio imprescindible.

Me reconocí en estas obras como no sucedió con otras de la época, porque las anécdotas que ellas narraban eran también las de mi madre y sus amigas, mi abuela, mi tía, mi hermana, mi vecina. Ellas escribieron, obviamente sin premeditarlo, sobre un universo de género en transición. Para hacerlo, no creo que las motivara su sexo, sino una visión del mundo, un deseo de dejar constancia de sus preocupaciones. Escriben por inspiración y necesidad.

¿Cómo escogiste a estas autoras?

-Las entrevistas del libro fueron realizadas en su mayoría para mi tesis de licenciatura en periodismo en 2008, sobre la representación social de las mujeres en la narrativa femenina de los 90. Estas se acompañaron de un ensayo publicado como libro en 2011 (Mujeres en crisis. Aproximaciones a lo femenino en las narradoras cubanas de los noventa. Ediciones Acuario, La Habana) para el cual revisé todos los libros de cuento y novela escritos por mujeres cubanas con temática realista y publicados por editoriales nacionales entre 1990 y 2005. De ahí quedaron 48 textos para el análisis y la selección de diez autoras que a mi juicio destacan entre lo más representativo de la narrativa de mujeres en esta etapa, por la calidad de sus obras y por el tratamiento novedoso de temáticas antes poco exploradas por la prosa de ficción femenina en la Isla. De ellas solo no pude llegar a Ena Lucía Portela, con quien intenté varias veces comunicarme a través de amistades comunes. Ausencia triste, pues se trata de una de las grandes escritoras cubanas de todos los tiempos.

Cuando la editorial Caminos aceptó mi proyecto, decidí incluir además a Esther Díaz Llanillo, quien por desarrollarse sobre todo en el género fantástico no formó parte de la investigación anterior, pero la considero entre las más talentosas y además es víctima de la intolerancia hacia lo diferente que tanto ha primado en distintos momentos de la historia literaria nacional. Además, ella volvió a escribir justamente en la década de los 90, luego de que Mirta Yáñez y Marilyn Bobes la rescatasen como autora en la antología Estatuas de Sal (1996).

Los cuentos compilados son bien conocidos, porque mi interés era distinguir la coherencia en el abordaje de la realidad femenina en la narrativa escrita por mujeres durante esta etapa. Todos tienen en común la existencia de una mujer como protagonista y el tratamiento de asuntos que denuncian, cuestionan o transgreden el orden jerárquico tradicional del género.

portada del libroSon solo diez autoras en 250 páginas, en las que hubiéramos querido seguir incluyendo otras. Hay excelentes escritoras que no pudieron publicar en sellos nacionales; excelentes narradoras de literatura fantástica, testimonial e infantil, nombres descollantes desde la diáspora. Como toda selección, se basa en elegir, desde la subjetividad de quien asume ese rol. En mi caso, decidí acercarme a autoras de trayectoria probada en las letras cubanas, publicadas entre los años 90 y 2000, cuyas representaciones de lo femenino anunciaran resquebrajamientos de paradigmas machistas y, por qué no, que me conmovieran.

¿Este es un libro de temática femenina o feminista? ¿Hablar de temática femenina no sería reduccionista? ¿Hablar de temática feminista no sería emancipador?

Puede que algo ya lo respondiese, pero enfatizo.

Es un libro feminista porque yo lo soy, y se me nota en todo lo que hago porque creo firmemente que esta ideología supone un orden social más justo y libre para todos los seres humanos. Y lucho, desde mi pequeño pedacito, por hacerlo posible. Creo que es feminista la mirada que distingue la producción de las mujeres no como esencia o mero grito, sino como expresión de un orden desigual sobre el que ellas se crecen y pugnan por un derecho.

Las entrevistas indagan en la realidad de estas autoras intentando denunciar esas zonas de posible discriminación, las contradicciones que implica asumirse mujer en esta isla; preguntan sobre violencia y costos emocionales de elegir un camino fuera de los marcos del género. Mi intención al realizarlas fue ir más allá de mis entrevistadas y sus vidas para reflexionar sobre realidades comunes a muchas de nosotras, condiciones de esencia opresiva. Quise polemizar con el supuesto posicionamiento desde la mujer al escribir, e indagar sobre la posible conciencia de género al realizar este oficio. Algunas de mis entrevistadas se dicen feministas, otras lo niegan de manera rotunda aunque sus afirmaciones anteriores se avengan a este pensamiento. Para algunas este no es ni siquiera un problema de base. A todas las respeto y admiro por eso.

Por otra parte, la elección de los cuentos, que tuvo en primer término el deseo de que fuesen narraciones de calidad, partió de una intencionalidad feminista. Esos cuentos hablan de la soledad y los estereotipos, de la ética, de los conflictos de la vida cotidiana y la doble jornada, de la violencia machista, los costos de la intolerancia y la lesbofobia, la discriminación y el estigma hacia mujeres transgresoras, la competencia entre mujeres… En fin, creo que los temas que abordan y la manera en que lo hacen dicen mucho de la agenda feminista cubana, y pueden comunicar a personas no tan conectadas con el activismo, la esencia y las razones de estas demandas.

Para mí lo femenino no es una temática sino una condición. No me parece que uno u otro tema sea femenino, o de mujer, porque hable de lo íntimo, de lo cotidiano, de la discriminación, el dolor o la subjetividad individual. Creo que las mujeres frecuentan estos temas por la realidad histórica en la que se ha construido su género. Pero los temas femeninos son todos.

El feminismo, en este caso, vendría a ser un enfoque, porque implica la necesidad de una acción política. Este es un libro que parte de la condición femenina para hablar de realidades de las mujeres cubanas en la época más reciente desde una perspectiva o intención feminista. Así me lo pienso, pero la diversidad impone que otras personas puedan interpretarlo distinto.

¿Qué crees del concepto de literatura de mujeres?

La literatura de mujeres existe (le robo la frase a mi maestra y amiga Zaida Capote) porque existen las mujeres. Creo que ser mujer es una identidad que se muestra en la literatura tanto como la nacionalidad, la orientación sexual, el color de la piel… Desde el feminismo nos hemos preocupado en visibilizar la literatura de mujeres o literatura femenina porque tradicionalmente ha sido soslayada de los espacios de poder editorial y la legitimación crítica. Hoy nadie se cuestiona por qué hablamos de literatura sueca, literatura gay, literatura negra. Son elementos que sirven a la crítica para visualizar el sentir literario de determinados grupos. Por eso estudiar la literatura de las mujeres no excluye, sino que distingue, enaltece, defiende.

Otra cuestión es hablar de una literatura feminista, porque esto implica una toma de partido, y no todas las autoras tienen por qué estar precisadas a asumirlo. A algunas no les interesa, otras aún son presas de estereotipos y temen a la discriminación. Ahora bien, quienes se asumen como feministas comparten mi causa, y las admiro. Según lo veo, adquieren una herramienta más completa para dilucidar las complejidades humanas.

¿Cómo explicas que haya autoras que aun cuando escriben sobre temáticas desde posturas que podrían ser consideradas feministas no se reconozcan dentro de esa escuela de pensamiento?

En Cuba el feminismo ha sido sumamente demonizado, como en otros contextos, asociado a posturas radicales y excluyentes. Es una estrategia del patriarcado para deslegitimar un pensamiento de esencia política profunda, que aspira a desmontar un sistema de poder estructurado sobre la supremacía de un grupo sobre otro. El feminismo habla de horizontalidad, de pluralidad, de respeto, de diversidad. Busca romper el binarismo y las normas morales opresivas, defiende condiciones de equidad para mujeres y hombres y el derecho de cada ser humano a elegir su identidad, apariencia, deseos eróticos…

Pero no se entiende así la mayor parte de las veces porque ha sido asociado con ideologías burguesas y divisionistas, considerado innecesario para una nación donde supuestamente existen garantías legales plenas para las mujeres y vinculado a estereotipos lesbofóbicos o de intransigencia ciega.

Muchas escritoras desconocen sobre feminismo, porque es un tema velado consecuentemente y que se ha empezado a rescatar hace muy poco. ¿Apostarían por este pensamiento de tener todos los elementos? No lo sé. Lo cierto es que, aunque no se reconozcan feministas, varias escritoras cubanas defienden modelos de mujer no tradicionales, y cuestionan en sus obras y sus propias vidas las bases ideológicas del género, tal vez porque este tipo de sufrimiento les es cercano.

Otras escritoras, simplemente, son machistas, porque este es un comportamiento hegemónico y se reproduce también gracias a la anuencia y asimilación de las mujeres.

Repito que no es obligación de toda intelectual ser feminista. Solo pienso que debieran existir las condiciones para que ellas pudieran conocer de qué se habla cuando mencionamos esta palabra, que la historia de la escritura femenina cubana ha estado ligada a este movimiento y reivindicar la posibilidad de asumir una lucha que beneficia a la sociedad toda. Eso tal vez nos toque a las feministas de hoy: articularnos, amplificar nuestros discursos, construir una agenda y dejar de camuflagear la acción política feminista bajo la perspectiva de género.

¿Cuáles temas de la vida cotidiana están incluidos en los cuentos de Palabras sin velo, cuáles no? Deudas.

La soledad, la doble moral, la violencia de género, la sobre-exigencia femenina, la intolerancia, la lesbofobia, la maternidad sacrificada, la competencia entre las mujeres, las diferencias generacionales, la necesidad de expresión femenina, la incidencia de la crisis económica en la realidad familiar, la desigualdad, las discriminaciones, la emigración, son, entre otros, los temas que se advierten en estos cuentos. Faltan muchos más, porque la realidad cubana es rica en conflictos, y porque estas narradoras hablan de ellos en otros cuentos o novelas. La idea era mostrar un trozo de la representación de las mujeres en esta literatura, no abarcarlo todo. Las deudas, como siempre, son infinitas. Creo que la mayor es el racismo acentuado hacia las mujeres, que no se hace explícito en ninguno de los cuentos.

Tu libro podría arrojar luces acerca de la literatura escrita por mujeres en Cuba. Pero todas estas mujeres son citadinas, blancas, clase media… ¿Por qué no hay esas otras mujeres (negras, rurales, etc.) incluidas en el volumen? ¿Valoraste su inclusión?

Tiene que ver con el criterio de selección que seguí en el libro, que se concentra en autoras publicadas en editoriales nacionales y con cierto reconocimiento de la crítica, premios, etc. Porque el objetivo no era “descubrir” sino mostrarlas como un grupo de fuerza dentro de la literatura cubana contemporánea, que según pienso ya no es solo contada desde miradas androcéntricas. Algunas son mestizas, otras viven en la periferia de sus ciudades o fuera de la capital, una de ellas es emigrada y la condición económica no resulta feliz para todas.

No obstante, entiendo lo que planteas y es cierto que se reproducen exclusiones, sobre todo en el caso de las narradoras negras de ficción. Es el resultado de un sistema editorial que en el momento en que se concentra esta selección ofrecía más acceso a personas de la capital o conectadas al mundo literario. Muchas de esas escritoras que no son citadinas y escribían narrativa de ficción en el período que trabajé para este libro, no llegaron a publicar con editoriales nacionales o lo han hecho en fecha muy reciente.

En cuanto a las escritoras negras, sinceramente, sí las busqué, y recuerdo que fuiste tú misma la primera que notaste esta ausencia en mi investigación y me hiciste llegar a Lalita (Inés María Martiatu) y a un plaquete suyo publicado en 1993, luego de recibir un premio en el encuentro entre escritoras cubanas y mexicanas celebrado en Casa de las Américas en 1990. Pero estos cuentos se enmarcan en otra época histórica y yo buscaba aquellas narraciones vinculadas directamente al contexto de los años 90 y que representaran la realidad de las mujeres. Existen excelentes narradoras negras como Daisy Rubiera, desde el testimonio, o Teresa Cárdenas, dedicada a la literatura infantil, cuya obra no responde a los criterios temáticos que me tracé con el libro.

La propia Lalita ilustró las causas de la invisibilidad de narradoras negras por el canon cubano en un artículo publicado por La Jiribilla y en un encuentro sobre narradoras negras en Cuba que organizamos en 2012 en el espacio de debate Mirar desde la sospecha, coordinado por la UNEAC*. La raíz de todo es la discriminación múltiple que deben enfrentar estas autoras: por género, raza, condición económica y/o orientación sexual.

Existen, pero no están integradas al campo cultural. Según la periodización de Lalita, quien antes de morir preparaba una antología de narradoras negras, muchas de ellas intentan recuperar la memoria histórica de sus antepasadas. En la primera década de los 2000 es que comienzan a aparecer narradoras de ficción para adultos que trabajan asuntos vinculados al racismo, entre las que Lalita cita a Yohamna Despestre con D-14, Isnalbys Crespo con Paisajes en el borde y Elvira Mora con Agua de lavanda.

Muchas de las narradoras rastreadas por ella para su antología están vinculadas con la cultura Hip Hop, cuya fuerza en la representación de un discurso alternativo desde la raza y el género es significativa. Desde el feminismo negro, se preocupan por visibilizar cuestiones relativas a las implicaciones de ser mujer y negra en Cuba, especialmente desde la crítica a prácticas culturales racistas que inciden en la autoestima, la apreciación de la belleza, el tema de la transformación del pelo como ejercicio de poder así como la denuncia de otras condiciones de la sociedad patriarcal como la violencia, la prostitución y el mercantilismo.

Cito a Lalita en el artículo que te mencioné cuando afirmaba: “los puntos de partida de cada una y el entorno ideotemático en que se mueven, es variado aunque existen algunas confluencias entre ellas. La mayoría parte de experiencias personales muy sensibles, heridas recibidas en la infancia y en la adolescencia, una mirada valiente e incisiva a la problemática social contemporánea y la conciencia de la posición subalterna en que se encuentra la mujer negra, herencia colonial que se expresa en todos los ámbitos de la vida social, escuela, familia, relaciones sexuales, medios de comunicación”.

Sé que entrevistaste a Inés María Martiatu, ¿por qué no la incluiste en ese volumen?

Era mi intención, pero el resultado de la entrevista presencial no nos dejó satisfechas y decidimos trabajarla más por correo electrónico. Ella presentaba problemas de salud en la visión, por lo que la revisión se extendió más allá del plazo de la editorial para entregar el texto a imprenta y estábamos presionadas. Por otra parte, tampoco llegaba la autorización del editor que publicó su libro con condiciones exclusivas en Estados Unidos y no sabíamos si se podría utilizar el cuento que habíamos seleccionado y tuvimos que cerrar el libro para trabajar diseño, etc. Infelizmente un mes después Lalita falleció. Yo publiqué fragmentos de la entrevista en SEMlac una semana después.

Creo que Lalita es una de las más importantes feministas cubanas contemporáneas, que es una ensayista fabulosa y una mujer admirable por su voluntad para superar cualquier barrera que la vida impusiera. Aspiro a que alguna vez alguien recopile sus textos sobre feminismo negro y edite el ensayo sobre el tema que ganó mención en el Premio Casa de las Américas. Ojalá se concrete también esa antología que dejó inconclusa, y se publique en Cuba su libro de cuentos, que aunque no figure entre lo mejor de su producción literaria, según pienso, expresa la energía de esa mujer inmensa que fue Lalita por conquistar todo posible terreno intelectual y creativo.

Según una nota publicada en IPS: “ninguna de ellas se considera discriminada en su rol de escritora”. ¿Por qué crees que ellas piensan eso? ¿Será que la discriminación dentro de la literatura se siente diferente si además de ser mujer eres negra, procedes de un hogar humilde…?

De memoria recuerdo que al menos Mirta Yáñez, Laidi Fernández y Marilyn Bobes describen anécdotas concretas de discriminación por motivos de género en el ambiente literario. A eso se suma la otra discriminación que excluye no porque señale con el dedo: “eres mujer”, sino porque subvalore los temas, conflictos y estéticas elegidos por las mujeres creadoras o asume que ellas no llegan a superar a sus colegas varones. Otras abiertamente, como Aida Bahr, dicen que nunca se han sentido discriminadas, y Anna Lidia Vega ni siquiera ha pensado en ello.

Se trata de una percepción personal, de la experiencia determinada de cada persona, de oportunidades tenidas por unas y no por otras. Uno no debe señalar a nadie porque manifieste que se ha sentido plenamente aceptado en un contexto de manifiesta discriminación, ¿no?

Ahora bien, estoy convencida de que la construcción del canon literario cubano se ha comportado de manera machista y ha dejado de mencionar a muchas escritoras a quienes se les publica y reedita menos, se les reseña menos, se les invita menos a festivales y ferias del libro internacionales, se les reconoce en menor medida, ganan menos premios y son casi ausentes de jurados en certámenes nacionales, entre otros procesos sintomáticos. Dirán los jueces machistas que es cuestión de calidades, y para darles respuesta, entre otras cosas, publiqué Palabras sin velo.

Cuando además de ser mujer eres negra, provienes de un hogar humilde o reúnes ambas condiciones y otras como amar a alguien de tu mismo sexo, la discriminación se acrecienta. Las difíciles condiciones económicas en Cuba complejizan el acceso a los medios necesarios para educarse con tranquilidad, para escribir, para imprimir lo que escribes, para conseguir libros que debes leer, para llegar hasta un mundo editorial bastante institucionalizado. Sí, es más complejo para aquellas mujeres cuyo punto de partida se sostiene en condiciones de vulnerabilidad.

Cuando se hace una antología de cuentos de manera general se incluyen mayoritariamente hombres, y las mujeres que son tenidas en cuenta son precisamente estas que tú has escogido; y si se hace un libro específicamente entre mujeres, aunque el tuyo no es una antología, entonces tampoco están las “otras”. ¿Qué crees que haga falta para que estas otras mujeres aparezcan en el centro de la cuentística nacional?

No sé específicamente cuáles son las otras, ni creo que estas mujeres estén en todas las antologías donde hay hombres o en el centro de la cuentística nacional. Sistemáticamente, asistimos a actos donde se les excluye.

Sin embargo, creo que se deberían democratizar las vías de acceso a la publicación y promoción literaria para que comiencen a aparecer voces más plurales. Debería existir una crítica feminista preocupada por captar los discursos femeninos desde el margen, deberían divulgarse más entre estos grupos las posibilidades de certámenes nacionales e internacionales y diversificar las estéticas premiadas por los jurados, debería comprenderse la lucha contra las discriminaciones como una sola, y abogar lo mismo por los derechos plenos de las mujeres como por la equidad por color de la piel y la libre orientación sexual e identidad de género. También podrían buscarse acciones afirmativas como la propia antología de narradoras negras que preparaba Lalita, lecturas y encuentros de esas autoras, investigarles con mayor asiduidad. Sobre todo, debe seguirse luchando desde todos los frentes por superar la ideología discriminatoria del patriarcado, médula de todas las exclusiones.

*El encuentro tuvo como tema el género y la raza en la narrativa femenina contemporánea, y contó con la participación de las escritoras Inés María Martiatu, Carmen González y Yohamna Depestre.

Convocatoria: Taller Literatura Cubana LGTB

cubadiversidad-1El Centro Cultural Dulce María Loynaz, y los escritores Víctor Fowler y Norge Espinosa convocan a los interesados en participar en el Taller Literatura Cubana LGTB, el cual, con una programación de diez encuentros, comenzará sus lecciones en el propio Centro a partir del venidero 12 de marzo.

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Programa de la Feria Internacional del Libro Cuba 2014

ecuadorPara aquella gente que visita cada año la Feria del Libro: Acá le tengo el ansiadísimo programa literario, ese mamotreto que luego de marcarlo con pluma, se convierte en el testimonio de todo lo que hicimos por La Cabaña.

Además, les comento que ya está en línea el sitio web oficial  de la Feria, la que, como sabemos, comienza 13  y termina el 23 de febrero en La Habana y el 9 de marzo.

En el sitio web Ud.  también esta el programa de la Feria, pero separado por cada día, por lo que tiene que dar mas de un click. Pero cuando el sitio “se  pone bueno”, es cuando ya comenzado el evento coloca en sus paginas las notas acerca del acontecer diario del mismo.

Llamo la atención sobre las actividades de carácter ” digital” se van a realizar en las Feria. Usualmente hay una sala que se llama Lecturas en la Red, donde se presentan productos como multimedias, e-books, sitios web, etc. Este año no será diferente. Ahí estará el equipo de Cubaliteraria administrando el lugar.

Descargar programa de la FIL Cuba 2014
Descargar programa de Lecturas en la Red