Ni frustada ni extremista. !Feminista y bien!

Por: Claudia Lazcano

En los últimos días, algunos hechos de los que he sido partícipe, relativos a la denuncia de las formas en que opera la cultura patriarcal, me han convocado a reflexionar sobre varios puntos que expongo a continuación:

1. Algunos de los mecanismos a través de los que opera, en la práctica cotidiana, la violencia machista y la misoginia. Creo que llamarlos por su nombre, listarlos y explicarlos, podría ser didáctico en aras de su comprensión, para el autoanálisis y su no reproducción. Gustaría que se leyera en este intento un recurso más para su eliminación.

2. La relevancia del debate, en Cuba, sobre la creación de un marco legal y no solo moral, que ampare la denuncia de actos de este tipo y los sancione, de modo que quien los denuncie no acabe envueltx en un círculo vicioso y siendo revictimizadx por el patriarcado y la negligencia estructural a que él conduce; para que las personas que tienen el valor de la denuncia, no acaben a merced de los «oídos género sensibles», «las buenas intenciones» y el «favor» de las personas/instancias a las que es posible y necesario acudir.

3. Sobre la inminente necesidad de incluir en la formación de pre y post grado de nuestros profesionales, el debate de género y feminismos, con una mirada interseccional, donde lecturas de género, raza, clase, orientación sexual y muchos otros organizadores sociales sean posibles, creando así condiciones para un ejercicio profesional comprometido, sensible y respetuoso del ser humano, que les habilite para el reconocimiento y la lucha contra la discriminación en cualquiera de sus formas.

Imagen misógina y sexista que fue publicada por el periodista santiaguino Cuscó Tarradell en su perfil de FB. La misma suscitó un interesante debate en las redes sociales, más allá de su propio perfil, ya que este bloqueó y borró aquellos comentaristas y comentarios que criticaron la imagen.

Declaradas estas intenciones y porque «la que calla otorga»… vamos allá…

¿Ya intentó usted alguna vez mostrarle a alguna persona que algo que decía o hacía era misógino/racista/homotransfóbico y/o muchos otros etcéteras? ¿Ya intentó usted alguna vez debatir sobre género y feminismos con alguien con poca o ninguna incursión en el tema? (ojo, que no veo en ese desconocimiento algo malo o un problema, y sí en algunas de las formas de respuesta adoptadas a partir de ese desconocimiento).

Pues bien, yo, ya lo hice, muuuuuchas veces. Al estar ya hace algunos años vinculada a esta área de estudios y prácticas, he acabado por participar, directa o indirectamente de situaciones de este tipo… ¿y saben qué?, que asisto a la repetición increíble e incluso literal, de argumentos, modos de acción y reacción, los que he decidido leer como estrategias o mecanismos del patriarcado, los que son reproducidos consciente e inconscientemente y dan un portazo en la cara al debate, al aprendizaje género-sensible y a la legitimidad del feminismo, obstaculizando la apertura e incorporación del tema a los más disímiles espacios y dificultando su remoción del lugar de tema-problema.

Insisto, recurrir a uno de estos mecanismos/estrategias ante un debate de género y feminista, es reproducir el machismo, la misoginia, el racismo, incluso el poder colonial y hacerle el juego, queriéndolo o no, consciente o inconscientemente, a la violencia y la discriminación. El orden de aparición puede variar, algunas etapas saltarse, pero el producto continúa siendo el mismo.

  • Tomar la crítica hecha a lo que sería un acto de reproducción del machismo/misoginia (bien pudiera ser racismo o cualquier otra forma de discriminación), como algo personal, aparecen los pensamientos del tipo: «esto es contra mí… un ataque a mi persona… están intentando desacreditarme».

  • Ofender. Lo que implica responder con ataques personales a quien colocó la lectura de género en el debate. Obviamente al entender y ubicar las críticas en la dimensión íntimo personal y asumirlas como un «ataque», las respuestas son localizadas también en ese nivel, aquí se sobrevienen los calificativos de: «frustrada», «extremista», «absolutista», “loca”, si eres negra con seguridad también va a aparecer el significante de «resentida», “acomplejada” … y por ahí muchos más… en casos extremos de desconocimiento, pueden estas personas usar el término “feminista” como ofensa.

  • Desacreditar. Después de acusar a la persona de todo lo anterior, muchas veces se recurre a los argumentos que implican además su descrédito: “usted no tiene argumentos… no sabe de lo que habla… hay muchas cosas serias en que ocupar el tiempo como perderlo con usted, como para dejarse llevar por esto… ¿adónde quiere llegar?” claro, a partir de las fases anteriores, aquí intentan hacerte parecer una «una loca delirando» (estereotipos aparte sobre la locura, que se vienen en olas de varios metros).

  • Si a esa altura la situación se ha propagado y hay más personas participando, aparece entonces el significante del «brete», «esto ya es brete», y claro, hasta llega a serlo, porque como no hay un marco legal que sancione estas cuestiones, pues fácilmente cae en ese nivel… y en el del «dime que te diré»…

  • Darle una connotación macro y colocar la feminista en una posición ideológicamente cuestionable. Muchas veces es un recurso para la búsqueda de alianzas y porque los intentos anteriores han sido fallidos. En este punto pueden acusarte de asumir una postura que “no es de revolucionarixs…”, otrxs dirán “esto es un ataque al periodismo cubano” (bien pudiera ser a cualquier otra profesión, dependiendo del caso) o a la institución/organización/sector a la cual pertenece la persona a la que se le ha “cuestionado”.

  • El silenciamiento y el autoritarismo. Esta es la fase en que te mandan a callar y te dicen lo que tienes que hacer: “vete a tu muro/espacio a debatir… acabé con usted… yo sí trabajo, no tengo tiempo para esto…” («esto» es usted y el feminismo).

Obviamente, reconozco la legitimidad que cada persona tiene de creer en lo que le parezca, de publicar en su muro lo que considere y de bloquear a quien le moleste, lo que sí cuestiono es la incapacidad, vía estos mecanismos, de incorporar nuevos saberes, de violentar, de ridiculizar/deslegitimar personas y saberes.

Ninguna ciencia, mucho menos las sociales y humanas, podría llamárseles neutrales. Todas son instrumentos al servicio de las ideologías, lo que creo que nos coloca ante una responsabilidad de dimensiones incalculables. La omisión o trivialización de un debate sobre bases científicas feministas, es un acto de violencia epistémica, no hay que olvidar que la racionalidad científica “moderna y occidental” promueve la omisión y deslegitimación del conocimiento científico como un saber producido por mujeres, como también las ha sustraído como objeto de la reflexión sobre bases científicas. Estos argumentos me impiden mostrarme “ingenua” ante el poder de un “chiste” en manos de un profesional de las Ciencias Sociales y Humanas.

Para quienes se interesen en el tema, no creo que estaría de más volver también a las reflexiones sobre “el chiste y su relación con el inconsciente” que ya mostrara Freud hace mucho.

Y bueno, en medio de todo este debate, llegas al punto de reconocer que infelizmente no existe un marco legal que ampare tu demanda, tu denuncia, en el mejor de los casos, sólo oídos receptivos, género-sensibles, que casi “de favor” hacen algo. En fin, que la negligencia estructural te ata de pies y manos.

Es por eso que coloco en este punto una alarma, ojalá este escrito, casi una catarsis, encuentre el camino del debate y la acción desde la teoría de género y feminista, penetrando la sociedad cubana en general y nuestras universidades vía curricular.

Finalmente, y aunque parezca obvio, me tomo la licencia de agregar algo más: no se es feminista porque se gusta de las mujeres, porque se les regala flores, se les hace un homenaje el 8 de marzo, se les habla con cariño, se cree que hay que «protegerlas», o se escribe “con lenguaje no sexista” sobre «yeguas y caballos».

En fin… ahí vamos…

Foto de portada: gaelx

Cuando el tema de la violencia de género pasa a formar parte de la moda

A mi no me crean, pero siento en ocasiones cierto tufillo a oportunismo cuando de ciertos temas se trata, o simplemente es moda y como tal hay que montarse en el carro. Por ejemplo, algunas de las campañas que desarrollan, patrocinan y pagan los organismos internacionales y agencias para el desarrollo sobre la violencia contra las mujeres.

De primera (y pata) noto cierto tratamiento estéril del tema, y eso incluye que artistas que nunca se han preocupado públicamente por la temática de pronto se conviertan en una especie de embajadores, cuando artivistas llevan años poniéndole la piel al asunto. En Cuba se me ocurren al menos dos ejemplos: Supercrónica Obsesión y Krudas Cubensi, ambas agrupaciones con más de 10 años de lucha intensa contra todo tipo de violencia y discriminación y que desarrollan proyectos comunitarios auto-gestionados (o sea con dinerito de sus bolsillos). Pero las agencias parece que no lo saben o nadie se ha ocupado de informales.

También incluye a la gente que pone sus naranjitas el 25 de cada mes en sus perfiles en Facebook, pero en lo cotidiano pasa del tema y siempre le parece que ese un problema del otro. Y otros que hasta llegan a escribir sobre el tema y es donde se equivocan al igualar al victimario con la víctima (de buenas ignorancias están plagados los caminos a la sabiduría).

¿Qué pasaría si el dinero dedicado a las oleadas naranjas, donde a veces me pierdo buscando a las víctimas de la violencia machista, se dedicaran a crear y mantener hogares para las mujeres cubanas golpeadas?

Sobre los carteles y sus consignas, ¿cuándo pasaremos de las serpientes que nos muerden la cola como «el valiente no es violento»?. Como si no supiéramos que esa valentía ha sido también una camisa de fuerza para los propios hombres. Pero ese es sólo un punto. El análisis certero lo hicieron las colegas de Asamblea Feminista cuando analizaron el spot de la Campaña Unete de Naciones Unidas visitando en el marco del pasado Festival de Cine de La Habana.

De manera que, y ahi pido que me crean, las cubanas seguimos siendo violentadas en la prensa, en la publicidad, en las estadísticas (continúo sin saber cuantas cubanas murieron en los últimos 5 años a mano de sus parejas, novios o ex), en nuestras propias vidas…

Hago entonces un llamado para que usemos la plata en las propias cubanas de a pie, en esa que tiene que llevar a su hijo cada día a la escuela, luego de haber pasado una noche con el tipo que, aún siendo su pareja, la viola. Créanle a Yadiana S. Guibert cuando al releer el cuento «Madrugada» de Aida Bahr, muestra audiovisualmente la violencia sexual en el matrimonio.

Yo no quiero criticar el trabajo de alguna persona en particular, bien se que «se hace lo que se puede», más en Cuba donde no tenemos aún una ley contra la violencia machista. Tampoco quiero decir qué es lo prioritario. Yo seguiré dando Me gusta a los artículos sobre dichas campañas. Sin embargo, tengo una hermana sobreviviente a la cual esos mensajes, talleres y slogan no llegan, como si Lawton estuviera en Madagascar. Lo de ella es la vida dura y cruda de la cotidianidad cubana. Ahí es donde Lucía necesitó sobreponerse para que yo les pueda mencionar hoy su historia.

Testimonio: «Soy lesbiana y conquistar una chica hetero era toda una aventura»

Por Graciela Villareal

Yo soy lesbiana. La cultura machista machaca a la mujer lesbiana y es vista socialmente menos atractiva, pero en realidad es un mecanismo del hombre para alejarnos de sus mujeres. Imagínense para un cubano macho que su mujer lo deja por una lesbiana, diosito… Los hombres saben que el día que sus chicas prueben e lesbianismo una vez, no salen más de él y ese es su temor.

A los hombres gays la sociedad lo acepta más porque precisamente no son un peligro para los hombres, pues no les van a quitar sus mujeres. Al contrario, es una fuente de satisfacción sexual más para ellos. Por eso son más aceptados en la sociedad machista cubana.

Los hombres hetero cuando ven una lesbiana «bonita» se erizan. Tienen mucho temor  porque la mujer cubana es coqueta por naturaleza. No nos permitían, a nosotras las lesbianas, saludar a las chicas hetero. Por eso muchísimas mujeres le pegan los tarros a sus maridos y al final terminan amando a las chicas lesbianas.

Yo tenía más suerte con las chicas hetero que con las lesbianas. Para mi conquistar una chica hetero era toda una aventura, la adrenalina a full. Muchas veces han elegido quedarse conmigo y dejar a los maridos por mí. Ese es el acto de amor más grande. Me gustan las emociones fuertes y los grandes retos.

DISIDENCIAS: “Machismo y feminismo son la misma cosa, pero al revés”

Quizás haya alguien que no lo pueda creer, pero hace muy poco me dijeron exactamente esa frase. Es más, la persona en cuestión me aclaró que ha estudiado acerca de cómo surgió el feminismo, cuales son tesis fundamentales, pero aún sigue pensando que son la misma cosa.

Yo hice toda una diatriba desde todo punto de vista y eso que no me puse demasiado radical. Sin embargo, olvidé preguntarle: ¿cómo y cuando surgió el machismo?

Seguramente mi pregunta la hubiese hecho pensar más que la casi-ponencia que le envié por correo.
Mala mía, lo reconozco.

Para la próxima, en vez de querer formarla, o sea ofrecerle información, prevalecerá mi intención de hacerle reflexionar a partir de sus propias palabras.

De todo, y de todas las personas, se aprende en la vida