Por cuenta propia

La creatividad en Cuba responde a lo difícil que puede hacerse la vida en la isla. Por esa razón los cubanos y cubanas subsisten por propia cuenta.

La escasez y la no existencia son las madres de la capacidad de invención que tienen los cubanos. Confirmando que si, que la necesidad hace parir… Por otra parte, la falta de determinados servicios a pesar de la irrupción de los negocios privados en esta esfera, presenta un terreno fácil para que aparezcan nuevas oportunidades de empleo.

A dichas maneras de emplearse, todas autogestionadas, les he llamado: “por propia cuenta”. No solo porque algunos de estas ocupaciones permanecen al margen de las normas jurídicas del país, y por tanto no son reconocidas legalmente como empleos, sino también porque resultan soluciones geniales a problemas cotidianos, esos que nos hacen palidecer cada día en la isla.

El primero de estos trabajos lo descubrí en una parada de guagua, en mi segundo día durante la visita más reciente a Cuba. Justo cuando pedí el último en la cola de la ruta 69. Una señora de unos sesenta y algo se me acerca entonces para ofrecerme “cambio 80 por un peso”. Con mi aletargado pensamiento, amaestrado por un año en Alemania, me costó entender que se trataba de una especie de banco, donde su ganancia era de 20 centavos, pero la mía de cuarenta. Sí, porque mucha gente da un peso como pago del transporte público cuando deberían ser 40 centavos. Los 60 restantes se queda quién-nadie-sabe con ellos. Noté entonces la rapidez, con la cual esta mujer sacaba de su jabita de nylon la torre de cuatro pesetas previamente organizada. Eso se llama eficiencia.

Otra cubana, ex-maestra de la escuela primaria que queda al lado de su casa, se gana la vida calentando almuerzos en un microwave casero. Negocio rotundo y sin precedentes. Cada día las madres, cuando llevan a sus hijos e hijas al colegio, le entregan los pozuelos con el almuerzo. El mes cuesta dos cucs o su equivalente en moneda nacional. “A mí me resuelve tremendo problema»; pues le puedo poner a la niña una mayor variedad de alimentos, no es lo mismo comerse unos frijoles tiesos que calientes. Además la comida es guardada en el refrigerador, sé que estará intacta cuando Reina se la coma. Así logro también que mi hija almuerce, lo cual para mí es lo más importante”, opina una de las mamás que, sin pensárselo, ahorra ese dinero como puede. Sin comentarios.

Lo último y no menos impresionante son los baños públicos, aunque privados, que ya existen en la ciudad. Se trata de locales arrendados al estado, en los cuales sí hay agua, sí hay papel sanitario, sí están limpios, sí te tratan bien, y hasta tienen un precio “justo” depende la urgencia que se tenga. La imagen habla por sí sola.

Servicios creativos que cubren necesidades actuales de la sociedad cubana, eso es lo que necesitamos. Gente que se quiere ganar la vida haciéndonos la nuestra más ligera. ¡Bienvenidas sean están ocupaciones!

Publicado en eltoque.com

Capitolio de La Habana: Diez Fotos y una emoción

A la gente de La Habana le importa un comino tomarse una foto en El Capitolio, total si el edificio «siempre» ha estado ahí y no se va a mover. Sin embargo, a la hora de encontrarse con gente media despistada o que no conoce al dedillo «la capital más de América Latina», este es sin duda un lugar de referencia.

El Capitolio con sus recuerdos de las millones de cámaras para las cuales ha posado y para las infinitas pisadas que han subido y bajado cada peldaño. Este es el Capitolio de toda de Cuba, ahora en diez imágenes.

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Foto: Martin Abegglen
Foto: Gabriel Rodríguez
Foto: Gabriel Rodríguez
Foto: Eoin McNamee
Foto: Eoin McNamee
Foto: Aranha
Foto: Aranha
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Foto: Aranha
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Foto: Jaume Escofet
Filipe Castilhos
Foto: Filipe Castilhos
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Foto: jipe7
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Foto: neiljs
Foto: Emmanuel Huybrechts
Foto: Emmanuel Huybrechts

Foto de portada: neiljs

Catorce evidencias que dicen que tu madre es cubana

1- Estás convencido de que la comida no se bota pues lo aprendiste desde muy chiquito. De manera que siendo una persona adulta te cuesta desechar alimentos en buen estado.

2- Aprendiste a descifrar con exactitud el momento en el cual tu madre se está disponiendo para bajarte un “soplamocos”.

3- Te aprendiste una frase que amenazaba y cuando tuviste hijos se la dijiste a ellos. En mi caso fue “tranca viene de trancazo” o “te voy a dar un viaje”.

4- Sientes cierto recelo al preguntar el precio de las cosas a otras personas, pues de pequeño aprendiste que esa es una conducta de mal gusto.

5- Tienes una familia extendida donde también se incluyen los hijos e hijas de las amigas de tu mamá, a quienes ella considera sus hermanas.

6- Según tú mamá, ella va a ser siempre la persona más importante en tu vida, a pesar de que tengas hijxs y nietxs, o sea, ella pretenderás que hagas lo que desea aunque seas una mujer o un hombre adulto.

7- Entiendes cabalmente las frases: “el horno no está pa pastelitos” y “dile que te dé tenteallá”.

8- “Porque sí” es la respuesta que le dará a todos tus por qué.

9- Te reservará el último pedacito, aunque ella también tenga el mismo gusto.

10- No habrá quien te toque ni diga algo en tu contra sin que ella salga a defenderte.

11- Podrá comer tus sobras toda la vida.

12- Te amenazará con el coco en la infancia, en la adolescencia con no dejarte salir y en la adultez con dejarte de querer. En todos los casos sabrás que es mentira.

13- Te verás obligada a llamarla todos los findes y darle un informe de cómo te ha ido la semana. ¡Ay de ti si no lo haces!

14- Confiarás tus hijos a ella con los ojos cerrados.

Foto de portada: Elena Martínez ©

Tomado de Cibercuba

Diez razones por las cuales no deberías visitar Santiago de Cuba

1. Las calles de Santiago son demasiado coloridas para tu gusto. ¡Que se te van a saltar los ojos con semejante explosión visual!

2. ¡Y la calle está llena de gente! Demasiada para tu gusto. Además, es gente que sonríe todo el tiempo y eso te incomoda. También habla alto y, en ocasiones, ¡grita! Y hay actividad en la calle a toda hora. Demasiada acción para ti, mejor quedarte en casa a mirar tu programa de tv favorito.

3. Y te acabas de enterar de que el transporte básico de la ciudad es la motocicleta, producto del extinto campo socialista que existió en Santiago. Demasiado sencillito para ti, que prefieres la comodidad de un carro. Y con aire acondicionado, mejor.

4. ¿Y pasear por esas callecitas sinuosas, elevadas, llenas de peldaños y atiborradas de color? ¡A quién se le ocurre semejante despropósito! Mejor tomas una clase de step en el gimnasio de tu barrio.

5. La música en vivo no te dejará dormir. Y eso no se vale. Además, nobleza obliga, tendrás que dejarles propina a todos esos músicos. No no, mejor vete a escuchar esos enlatados de “música cubana” que tienes en tu MP3 y ahorrarte tus centavos.

6. La gente se acerca demasiado…Tanto que creerás que no estas de vacaciones en una ciudad extraña sino en tu propia casa, rodeado de familia y amigos. Y tú no quieres eso ¡Si has pagado un dineral para disfrutar del placer de ser turista!

7. Hay tantos tipos de mangos, que tendrás problemas para decidir cuál escoger uno: bizcochuelo, manga blanca, de Toledo, de mamey… Entonces pasa del asunto, tú no tienes tiempo que perder. ¿Y todo para comer esa fruta que te resulta tan empalagosa? No gracias, si en tu país tienes todo tipo de frutas congeladas.

8. ¿Arrollar con la conga? Eso no es para ti ¿¡Qué es eso de perder la compostura porque suenen unos tambores y una corneta china?!

9. ¿Y los pregones? Realmente no entiendes eso de que los vendedores vayan por la calle anunciando rítmicamente lo venden. ¿Que acaso no han escuchado hablar de la contaminación sonora? Mejor cómprate unos audífonos…

10 ¿Y este paisaje? No, si a ti te conmueven otras cosas…

Publicado en Matador

Once supersticiones que sobreviven en el imaginario cubano

Un sillón no puede balancearse solo…
¡Para el sillón por favor! Cuentan los que saben que si un sillón se mece sin que ninguna persona esté sentada en él, la personas más joven de la casa morirá…

Chiflar dentro de la casa
No vaya a ser que espantes a los Eleguas y te caiga la mala suerte…

Jamás señalarse el cuerpo propio cuando se habla de enfermedades
¡O vas a contagiarte seguro esa enfermedad!

Si cometiste el error de señalar tu cuerpo… ¡sopla la parte en cuestión inmediatamente!
Y varias veces, de ser necesario, para que así se vaya la energía negativa.

No nombrar ciertos animales que se arrastran
A mi madre, una cubana rellolla, jamás le escuché nombrar al 21.

No pasar por debajo de una valla o señal de tráfico
Esto hay que evitarlo a toda costa. ¿Por qué? Ni idea, Pero todos los cubanos salteamos el obstáculo.

Tocar madera cuando se habla de algo negativo
Esta es la forma más efectiva de quitarse la sal de encima. Aunque en momentos de demasiada popularidad del plástico tengamos que buscar durante diez minutos para encontrar algo de madera donde tocar con los nudillos luego de mencionar algo malo… ¡No vaya a ser que lo estemos atrayendo!

Y si cayó sal en el piso…
Coge un poquito de ella misma y tírala hacia atrás. Si no lo haces… ¡No te quejes luego de tu mala suerte!

No decir jamás las fechas de los viajes
En Cuba todo el mundo quiere viajar, esa es una verdad como un templo, pero siempre hay que hacerlo en silencio “porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas”. De pronto preguntas por Raquel y alguien te dice: ¡Se fue pal’ yuma! Y tú más atrás que los cordales…

Meter un cuchillo en la candela
“¡Niña, saca el cuchillo de ahí!”, me gritaba mi madre cuando, mientras cocinaba, usaba un cuchillo para revolver en la cazuela. En ese entonces yo le decía que no fuera supersticiosa, pero ahora, muchos años después, jamás meto un cuchillo en la candela ni permito que nadie lo haga delante mío. Por si las moscas…

No abrir un paraguas dentro de la casa
Jamás. ¡O va a caer sobre ti una lluvia de mala suerte!

Imagen de portada: 0000007

Publicado en Matador

Mini guía para entender el raro idioma de los cubanos

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«The Clown» de Fabio Di Lupo


1. Un cubano no está perdido en una conversación.

Lo dejan botá o, simplemente, está en la luna de Valencia.

2. A un cubano no le caes mal.

No te rueda, le caes gordo, no te baja y no te traga.

3. Para el cubano no hace mucho tiempo.

Hace un perro.

4. Un cubano no te dice “adiós”.

Te dice que “va bajando” o te saluda con un ciao pescao a la vuelta picadillo.

5. Para el cubano no hace frío.

Sopla el mono.

6. Un cubano no te pide que cambies el tema de conversación.

Te dice Gira que te veo fijo, Sacame el pie o A otra cosa mariposa.

7. Un cubano no tiene una discusión con otra persona.

Le pone el bafle a alguien y le dice lo poco y lo mucho.

8. Un cubano no te dice que tu conversa es aburrida.

Te ordena que cierres el pico o que dejes la muela..

9. Un cubano no te dice que no es buen momento para hacer algo.

Te advierte que el horno no está para pastelitos.

 10. Un cubano no dice que algo es evidente.

Sino que es más claro ni el agua o que se ve desde China y con neblina.

11. Un cubano no disiente de lo que tú dices.

Te dice qué tú sabes del amor si nunca le has un beso a un caballo.

12. Un cubano no te pide discreción.

Te recuerda que en boca cerra’ no entran moscas.

13. Un cubano no se va de fiesta.

Se suelta el pelo y coge la carretera.

14. Un cubano no te dice que te quiere o te ama.

Te dice “tú eres el míooooooo”.

15. Un cubano no se siente relajadito y sin ningún tipo presión.

Anda “A la mailov”.

16. Un cubano no desea tener buena suerte con algo.

Pide ¡Dios mío, quítame la sal de encima!

17. El cubano no hace algo extraordinario.

Él mete pescao.

18. Un cubano no se arriesga.

Se tira p’arriba del lío

Foto de portada: «The Clown» de Fabio Di Lupo
Publicado en Matador

Cómo enojar a un cubano

Cómete nuestra comida.
Los cubanos somos gente generosa, solidaria y que regala lo que no tiene. Sin embargo, tenemos un tema con la comida, seguramente debido a su escasez. Si un cubano ha dejado algo en el refrigerador para comérselo luego, ¡que ni se te ocurra llevártelo a la boca!. Mejor pregúntanos primero y seguramente te daremos la mitad y tal vez un poco más. Sin embargo, el último trozo, ese que siempre dejamos porque es el que anticipamos delicioso, ese de ninguna manera lo pidas y mucho menos lo mires con ansias, porque si se nos cae ¡vas a tener un problema bien gordo!.

Anúncianos que se acabaron las papas.
Estamos esperando en una cola, soñando con comernos un puré de papas o unas papas fritas, quizás las únicas que nos tocan durante todo el año, teniendo en cuenta lo difícil que es producirlas en el país…Cuando de pronto escuchamos el “¡Se acabaron las papas!”. Y es que nos pasamos doce meses esperando a la temporada del más famoso de los tubérculos para deleitarnos con esos platos que ya casi se han convertido en especies en extinción. Y si el aviso era una broma, prepárate para que alguien te diga: “¡Compadre, con eso no se juega!”.

Opina sobre lo que pasa en Cuba, no importa si pa’ bien o pa’ mal.
El cubano es quien sabe mas de Cuba, no hay otro ser en la tierra que pueda tener una opinión más acertada de la isla, aunque muy frecuente ni nosotros mismos podamos explicar qué pasa en Cuba. Pero si eres extranjero y se te ocurre decir: “yo creo que el problema principal de Cuba es…”. Seguro te va a salir alguien a responderte, como en la canción: “tienes que haber nacido en Cuba, tienes que haber vivido en Cuba”. Porque nadie sabe más que nosotros de nuestra isla, aunque no la podamos explicar en palabras nuestras contradicciones, sobre todo cuando intentan juzgarnos.

Mentános a la madre.
Mujer u hombre cubano al que le recuerdes su progenitora, saltará en un santiamén y te bajará, cuando menos, un piñazo, un cocotazo o como se llame en tu país. Así que mejor dale siete vueltas a tu lengua cuando discutas con uno de nosotros y limítate a que expresiones como “jueputa”, “la madre que te parió” o “me cago en tu madre” se queden solo en tu pensamiento. De lo contrario, se armará la gorda y solo la intervención de la policía podrá devolver la paz.

Díle a un hombre “mala hoja”.
En nuestra isla, cuando se duda del buen desempeño sexual de una persona, y sobre todo de un hombre, enseguida viene la frase “Es mala hoja”. Pero decirlo puede ser explosivo. Tal vez porque los hombres se esfuerzan en demostrar que como cubanos y caribeños, naturalmente son “buenas hojas”, pues eso les viene en los genes. Mentira, los cubanos son eróticamente como cualquier otro varón, pero se creen que son superiores. Entonces te alerto, si eres mujer y quieres dejar a un cubano choqueado, dile “m-a-l-a-h-o-j-a”.

Trátanos de mentirosos.
Bueno, esta es una ofensa bastante universal, pero decirle mentiroso a un cubano, aunque sea cierto, es un acto sumamente arriesgado. Como mínimo buscara mil ejemplos que legitimen sus aseveraciones y de ser posible jurará “por su madre” que lo que él dice no es cuento. Buscará el apoyo de otras personas que estén cerca o pasando por el lugar de la conversación, porque su honra no puede quedar manchada. Te cansaras de escucharle, así lo mejor será pedirle disculpas, aunque sean de mentira…

Discute con nosotros de política.
Siempre que converses con una gente procedente de la Isla, intenta pasarle por el lado al tema político o, de lo contrario, la conversa puede derivar en un enojo. Por eso es oportuno saber que aunque mucha gente de Cuba no tiene acceso a versiones contrastadas de lo que pasa en el allende los mares, “todo lo sabemos”, “todo lo presumimos” y además lo defendemos con vehemencia. Hay quienes creen que Cuba es un país politizado, hay quienes no, de cualquier manera es saber que el tema político puede “encender” a un cubano. Y cuidado si vive fuera de la Isla. Ese sí que tiene “la verdad en la mano”. ¡Cuidado!

Celebra una victoria del mejor equipo de béisbol en Cuba: Industriales.
En Cuba, el deporte nacional es el béisbol, lo que se explica a partir de nuestros vínculos históricos con los Estados Unidos. La llamada pasión de Cuba puede enemistar, familias, vecinos, colegas y hasta provincias enteras. Mucho más si eres seguidor del equipo Industriales, que pertenece y representa a La Habana.

De hecho existen personas de otras provincias que cuando Industriales juega le van siempre al otro equipo, con tal de no tener que aceptar que el equipo de la capital es el mejor (claro, yo soy industrialista).

También existen muchos anti-industralistas en la propia Habana y eso se explica porque en dicha ciudad, como es usual para todas las capitales, viven muchas personas de otras regiones del país.

Pero la cosa se pone aun más fea con la gente de Santiago de Cuba. Es un odio visceral entre unos y otros fanáticos. Así que si te toca presenciar un juego de béisbol y te gusta aunque sea el color azul del equipo capitalino y estás en Santiago de Cuba, mejor: “en boca cerrada no entran moscas”. Te lo recomiendo de todo corazón.

Publicado en Matador

Pequeños detalles que me recuerdan que vivo en Alemania y no en Cuba

En Alemania los niños no lloran

Y no puede ser genético, pues vivo en una ciudad donde hay muchas personas procedentes de otros países, como Turquía, España o China y todos, absolutamente todos los niños con los que me he cruzado en la calle, no lloran ni lagrimean. Para mí eso es asombroso, pues en Cuba no solo lloran, sino que también se tiran por piso y les dan tremendas perretas.

No se si tenga que ver con la satisfacción de los niños por estos lares, pero solo he visto, en estos 17 meses que llevo acá, a dos mujeres amamantando en la calle. O sea, que tampoco lloran por hambre.

Tampoco sé si está relacionado con el nivel de los ruidos de Alemania, francamente bajos, pues en esta nación el claxon de una bicicleta es percibido como una sirena de un carro de bomberos. Me imagino que el llanto de un bebe sería equiparable a la explosión de un petardo.

Que no se me ocurra tocar a alguien y mucho menos ponerle el rostro para besarlo

Nada de eso en esta tierra en la que la gente se saluda con un apretón de manos, a veces tan fuerte que puede dejarte adolorida.

En una oportunidad en la que viajaba en el metro un hombre aseado, educado y simpático, osó pasarle su mano a un nene por la cabeza, como forma de despedirse, luego de estar cruzando miradas, gestos y rostros con el infante durante todo el viaje. Pues el padre de la criatura fue contundente: batió su cabeza de derecha a izquierda y pronunció la sentencia: “Nicht anfassen”. El hombre, como era de esperar quedó en una pieza. Y yo en otra.

En Cuba no solo te plantan un beso en la mejilla, con la mayor sonoridad del universo, también te amasan y te abrazan. No es acoso, creo que tiene que ver con lo apretado que viajamos en los transportes públicos y la costumbre de mostrar nuestra alegría y hospitalidad con todo el cuerpo.

Los perros en Alemania no ladran ni muerden

Dicen que los perros se parecen a sus dueños. El perro cubano es juguetón y se te acerca para olerte como si tu fueras su plato de comida. Son alegres y también mal portados, lo mismo se hacen pipí en tus zapatos, juegan con tus calcetines, que te quitan de la mano un pedazo de pan.

Un perro alemán, en cambio, es prudente, parece bien educado y aunque sea más grande que tú no te va a atacar. Es más, una le pasa por el lado y ellos hacen como que miran para otro lugar. Hasta diría que te minimizan, te ningunean.

Tampoco ladran y mucho menos se enredan a tus pies como para tumbarte. Decididamente tienen la formalidad y la compostura que a los cubanos nos falta.

Tengo que contenerme para no bailar con los MP3 que llevo en mi móvil.

Normalmente comienzo moviendo la cabeza, hasta que mis caderas y mis pies responden. Eso sucede cuando estoy en Cuba. En Alemania eso es cívicamente incorrecto. Entonces mi danza se restringe a mover afirmativamente la cabeza y aun así la gente me mira como si estuviera en el medio de un ataque de epilepsia.

En Cuba desayunamos, almorzamos, comemos, amamos, estudiamos y disfrutamos con música. La gente baila en la calle, mientras espera el transporte público y para demostrar nuestras aptitudes lo mismo escogemos una samba que un bolero… también una marcha nupcial.

Alemania es el país de la “Ruhe”, de la tranquilidad. De manera que no encuentras música ni en un bar, ni en un restaurante, ni en una plaza pública, a no ser que haya un evento dedicado especialmente a dicha manifestación artística.

Yo siempre he querido saber qué tipo de música se escucha en Alemania, pero me es imposible porque todos llevan audífonos puestos y a nadie se le ocurre poner los altavoces de sus celulares. Tampoco digo que tengan que hacerlo, pues ciertamente a veces en Cuba escuchas tanta música que no ha sido escogida por ti ¡que es un tormento!

Tengo que explicar a cada paso que Cuba no está en Sudamérica.

Los alemanes están convencidos de que Cuba está en Sudamérica. Es más, aseguran además que nuestro extenso continente americano se divide en lo que ellos llaman “América”, en clara referencia a los Estados Unidos de América, y Sudamérica.El Caribe entonces, según los alemanes, pertenece al planeta Marte.

Hay mucha confusión. En una oportunidad, una señora alemana me pregunto mientras viajábamos en un tren, que por qué yo hablaba castellano si en España no habían negros. Huelgan los comentarios.

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Diez películas que deberías ver antes de viajar a Cuba

Cecilia (1981)

Humberto Solás 

Una historia de amor y tragedia entre Cecilia, una ambiciosa mujer mestiza y Leonardo, un joven aristócrata blanco. La sociedad esclavista decimonónica cubana es el contexto de esta película, que nos ayudara a conocer las particularidades del ese momento Cuba. Es una versión libre de la novela Cecilia Valdés o La loma del Ángeldel escritor cubano Cirilo Villaverde.

 

Conducta (2013)

Ernesto Daranas

Chala es un niño habanero de 11 años. Vive en hogar humilde, en un barrio pobre y su madre es alcohólica. Chala trabaja entrenando y peleando perros para llevar la comida a su casa. Carmela es su maestra y es a la única persona a la que el chico obedece y con quien tiene una relación de respeto y amor. La situación se tensa cuando, ante la enfermedad de ella, el muchacho queda a la merced de las incompresiones de una nueva maestra. La película habla del sistema educacional rígido y deshumanizado de Cuba.

 

De cierta manera (1974)

Sara Gómez

En la Habana postrevolucionaria, Mario, hombre negro de extracción obrera, mantiene una relación con Yolanda, una maestra de origen pequeño-burgués. Los conflictos que afloran entre ellos son los que propone el nuevo escenario social y las viejas formas de pensar los roles de los hombres y las mujeres en la sociedad. La construcción del barrio Miraflores por parte de sus propios vecinos, en 1962, es el contexto de esta obra, en la que se mezclan historias reales con historias de ficción. De cierta manera fue el primer largometraje realizado en Cuba por una mujer luego del triunfo revolucionario. Sara Gomez falleció de un ataque de asma mientras editaba la película.

 

El brigadista (1987)

Octavio Cortázar

En el año 1961, se realizó en Cuba la Campaña de Alfabetización, con la cual se llegó a los rincones mas recónditos del país para enseñar a leer y escribir a la población. En dicha tarea participaron miles de jóvenes y adolescentes que se alistaron voluntariamente. El filme cuenta la historia de uno de estos jóvenes, quien llega a un pequeño pueblo donde tiene que luchar contra los prejuicios de algunos de sus pobladores, dada su juventud, y adaptarse a vivir en el medio rural, que hasta ese momento desconocía.

 

Fresa y Chocolate (1993)

Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío

David es un joven conservador comunista que estudia Ciencias Sociales en la Universidad de La Habana y Diego es un artista, religioso, homosexual, erudito, amante de la cultura universal y la historia no oficial de Cuba. Ambos construirán una relación de tropiezos, aciertos y verdades exponiendo y confrontando sus experiencias vitales. El filme está basado en el cuento El Lobo, el bosque y el hombre nuevo del escritor cubano Senel Paz, autor también del guión cinematográfico.

 

La bella del Alhambra (1989)

Enrique Pinena Barnet

Rachel es una corista que ambiciona llegar a vedette del famoso Teatro Alhambra, en el cual logra triunfar. En el camino pierde al amor de su vida y conoce una pasión que casi destruye su carrera artística.La película está basada en la novela Canción de Racheldel escritor cubano Miguel Barnet y reconstruye la atmósfera y la vida artística de La Habana, en el período de 1920 a 1935. El filme obtuvo el Premio Goya en su cuarta edición en la categoría de “Mejor Película Extranjera de Habla Hispana”.

 

Lucía (1968)

Humberto Solás

Tres filmes en uno, que cuenta la historia de igual número de cubanas en diferentes momentos históricos de la nación: la Guerra de Independencia (1895), la lucha contra el dictador Gerardo Machado (1933), y los primeros tiempos de la Revolución. “Lucía” ha sido considerada por la crítica mundial como una de las diez películas más importantes de la historia del cine iberoamericano.

 

Memorias del Subdesarrollo (1968)

Tomás Gutiérrez Alea

Sergio es un hombre burgués que vive la Cuba de 1962, en la cual decide permanecer a pesar de que su familia se marcha a los Estados Unidos. Se convierte entonces en un simple espectador de los cambios que se producen en la sociedad cubana postrevolucionaria, a la cual no logra incorporarse. Basada en la novela homónima del escritor cubano Edmundo Desnoes, en 2011 fue incluida en la segunda edición de la Guía de The New York Times sobre las 1.000 mejores películas de todos los tiempos.

 

Plaff o Demasiado miedo a la vida (1998)

Juan Carlos Tabío

Comedia que aborda la vida de Concha, una mujer de mediana edad, quien odia a la esposa de su hijo y por tanto quiere terminar con la relación entre los dos jóvenes. Pero Concha le tiene demasiado miedo a la vida y le cuesta aceptar el amor que le propone el padre de la nuera. Misteriosamente, comienzan a lanzar huevos a las paredes de su casa y cada “plaff” significa para ella la evocación de uno de sus temores o prejuicios. El filme tiene como banda sonara un tema del grupo Los Van Van, reconocido por la trascendencia de su música a nivel internacional.

 

Suite Habana (2003)

Fernando Pérez

Panorámica de una ciudad a partir de la gente que la vive y la sufre. Diversidad de vivencias, rostros y lugares evocados en primera persona, por personajes anónimos, seres sumamente peculiares que representan una gama diversa de los grupos sociales que viven y sobreviven en La Habana contemporánea. Es, sencillamente, un ensayo audiovisual de lo que significa vivir en la capital de Cuba.

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Foto de portada: Fotograma de De cierta manera, Sara Gómez (1974)

Viajera: La maleta en el alma

maleta-755x490Esta no es la columna de Amado del Pino, aunque tenga un nombre muy cercano. Es una maleta el tema que nos convoca, la maleta que nos acompaña en los viajes de regreso a La Habana, portadora de regalos y esperanzas para quienes esperan en la Isla.

Es una maleta sufrida y cuestionada. Nunca hubo artefacto alguno, en la historia cotidiana de Cuba, que despertara tantos sentimientos encontrados. No importa su color, su estilo, la prestancia con que es conducida. Importan su peso, sus cantidades.

A mi amigo Roly lo traumatiza el proceso de empacar, tanto que ha inventado el “Síndrome de Estrés post-maleta-pa’-Cuba” o su designación alternativa “Estrés post-aduana”. Dos días antes de su partida comenta en su perfil de Facebook: “Manual de cómo preparar la Maleta que llevas a Cuba. ¿Alguna literatura al respecto? ¿Algún tratamiento psiquiátrico para cuando ya crees que la has llenado? ¿Algún seguimiento después de pasar la Aduana?”

Ha preparado, confiesa, más de 20 maletas, que coinciden con su número de viajes a la Isla, pues de manera general las aerolíneas solo permiten una única pieza de 23 kilos cuando viajas en “Economy Class”. Siempre sale dolido, avasallado, porque tiene que pesar el equipaje una y otra vez, y tiene que manejar las cantidades. Cuenta que en una de esas oportunidades le pesaron hasta el pasaporte.

Ya sabemos que en la maleta de muchos no van cosas demasiado costosas ni tampoco cantidades exuberantes -qué son diez maquinitas de afeitar cuando hay 3 hombres en una familia. Pero nadie duda que en las maletas viajan soluciones temporales, alivios para una parte de la población.

Cada maleta tiene también su cuota de misterio y suerte. Puede hacerte sentir victorioso o frustrarte. En el primer caso pasas por la puerta, la cinta y la cola, sin tener que abrirla, pagar, ni pesar. En el segundo, te costará días de mal sueño y explicaciones a los familiares: “me lo quitaron en la Aduana”, quizás te costará también un par de viajes al aeropuerto para recuperar lo tuyo, si es que te quedan ganas de insistir.

Darío, otro amigo de las redes sociales, ofrece una metodología cubana para empacar: “Hay que hacer la maleta varias veces y empezar unos meses antes. Una semana antes del viaje la vuelves a hacer y un día antes, lo mismo. Luego la cierras y que sea lo que Dios quiera.”

Amén.

Publiado en OnCuba Magazine