Historia de gente común: un Castro y un Fidel

No dudo que mi madre hubiese llorado a rajarse mientras un hermano anda seguramente alegrándose de la noticia. Llegan entonces dos testimonios, de gente negra, comprometida, luchadora; quienes han vivido, cada uno por su lado, un Castro y un Fidel completamente diferentes.

Este post va de ellxs, de sus historias y recuerdos…

I

MEMORIA FUERZA DECOLONIAL

Por Raúl Moarquech Ferrera-Balanquet

Podemos agregar a esa lista:

1) único país con retórica discursiva de igualdad, pero sin un afro cubano ni una mujer los primeros 25 años de gobierno;
2) único país que después de liberarse del imperialismo gringo, le dio las nalgas al imperialismo ruso;
3) único país con una historia de campo de concetración para homosexuales y religiosos;
4) único país llamado revolucionario que encarcelaba a jóvenes de 16 y 17 años por ser homosexuales;
5) único país donde graduados universitarios no encuentran trabajo y son obligados a prostituirse;
6) único país que expulsa del trabajo a los afro cubanos si dicen que hay racismo… y puede seguir la lista de legado dictatorial y allá los ingenuous que se engañan con el izquierdismo burges eurocentrico blanco patriarcal…

Oh y el legado más cabrón, es haber usado su educación jesuita para hacerse pasar por El Salvador y robar una revolución donde murieron miles (mujeres, afro, judíos, ricos, pobres, estudiantes, lesbianas, obreros) por una igualdad que gracias a su aparato militar panoptico, nunca tuvimos….

Si te contara los días de cárceles a los 17 años en La Habana. El escuchar que los «indios» todos estaban muertos, el cansancio de tener que estudiar la idelogia izquierdista blanca europea machista siendo un cubano indigena afro kairibe, los sueños de juventud asesinados en la universidad porque al gustarme los hombres, no era el hombre ideal de la revolución. Fidel decía que éramos blanditos!!!. Desde afuera la nostalgia es otra, pero desde adentro duele escuchar la retórica de igualdad en el instante en que los milicas te llevan a la cárcel después que el tribunal revolucionario de Prado y Teniente Rey, a pesar de ser un líder estudiantil, estudiante ejemplar y vanguardia de 17 años, me condena y clasifica como antisocial y anti-revolucionario. Hoy, no tengo sentimentos encontrados. Pienso en el Che y su partida por no querer asociarse a la ideologia rusa y mira como está Putin, otro imperialista banal egocéntrico como Trump.

¿Sabes por qué se fue el Che de Cuba? ¿Sabes que el gobierno de Castro me encarceló a los 17 años por tener el valor de ser gay publicamente? !!!Era un niño!!!

Además, el egocéntrico patriarca que hablaba horas sin escuchar al pueblo, el que se robó la revolución y encarcelaba a los homosexuales en campos de concentración, el racista sexista que no incluyó a ningun afro cubano ni a mujer en su gabinete durante los primeros 25 años de «su revolución»!!! La historia inventada por el colonialismo blanco y la izquierda eurocentrica lo podrá elevar hasta donde quieran. La memoria, el alma del pueblo, nunca olvidara sus injusticias!!!

Fidel murió
Foto: Ingeborg Portales

II

Una fidelista en duelo íntimo

Mis condolencias para toda su familia. Dura noticia,  dolorosa partida, tanto que sin dudas , ¡INCA EL ALMA!

Yo, Norma Rita Guillard Limonta, una Santiaguera reyoya, de ascendencia haitiana. Que ha tenido el privilegio de poder, más de una vez tocarlo, besarlo oír sus consejos y dialogar junto a mis colegas de  estudios estoy herida, sufriendo la pérdida. Fui tocada con su energía vibrante que aun me sostiene.

Soy una integrante de esa generación de inicios de la revolución que tenemos visceralizada el alma con ese gran hombre, una de sus fans, soy ¡FIDELISTA!….cómo no serlo. Me inicié activamente desde la alfabetización con 14 años; soy junto a mi hermana  Daisy una de esas 105000 jóvenes que salió al campo a enseñar e involucrarse con los seres humanos más humildes, los campesinos de esa época. Pensando que iba a dar el pan de la enseñanza y resultó que la que mucho aprendía en ese intercambio era yo, tocando una miseria mayor que la experiencia de pobreza de la que yo procedía. Alfabeticé en la finca  L´Espoix, en Aguacate, Guantánamo. Me incorporé justo después de la invasión a Girón, como joven sin miedo, a pesar de todo lo que había pasado.

Volver a La Habana, a la Plaza de la Revolución a preguntar a gritos a Fidel… ¿¿¿diga qué otra cosa tenemos que hacer??? Al responder estudiar, pasé a la otra etapa, con una beca para ser Profesora de Idioma Ruso y allí, en el Reparto Flores, en una de las preciosas casas de donde se fueron los burgueses viví tres años.

Cada tarde se aparecía nuestro ídolo amado Fidel, con sus tres jeep verdes a saber cómo nos iba la vida lejos de casa. Yo a 900km de mis padres y familia. Quería saber quién de nosotras extrañaba más, como nos iba con los profesores, si era fácil aprender ese idioma, qué tal eran los profesores, siempre con mil preguntas sensibles y humanas. Siempre dándonos aliento e impulso que, incluso, nos hicieron pasar sin traumas una etapa tan difícil como fue la Crisis de Octubre, donde estuvimos 3 meses en la Sierra Maestra recogiendo café, sin saber que pasaba en la ciudad.

Vengo de pisar en lugares donde él pisó y recorrió. Mi casa donde nací y vive aun mi familia hace 70 años, está ubicada en Los Maceo 808, la calle del Titán de Bronce; queda a una cuadra del antiguo hospital Saturnino Lora donde está el Museo Abel Santa María. Cada vez con la posibilidad de ver su silla, donde hizo su alegato de defensa, a dos cuadras del Cuartel Moncada y  del Palacio de Justicia, con toda la vibra de lo que por allí aconteció en el Ataque al Moncada. Hice mi pre nocturno en ese mismo Cuartel, hoy convertido en el Centro Escolar 26 de julio y, como si fuera, poco fui profesora de Ruso en la Escuela de Dolores donde él y su hermano estudiaron.

Hoy soy una Psicóloga Social, afrofeminista y comunicadora. Jubilada, pero luchadora por la defensa de  los derechos humanos. Me crecieron las alas para volar alto como gaviota y ver a cualquier distancia donde están las realidades difíciles y buscar las mil formas de enfrentarla y conocerla; ver cómo ayudar al ser humano más humilde, siempre como maestra alfabetizando en los nuevos temas. Aproveché todas las posibilidades que abrió para los jóvenes y trabajadores, experimentando esa sensación de plena libertad que le sirvió de ejemplo al resto de mis hermanas y hermanos que me imitan.

Fidel y mi padre me hicieron humanista desde mis primeros pasos en la vida. Eso implica que yo llevo ya una parte de él y así le pasaré esa vibra a muchas personas; somos cada una un poco Fidel.

Nuestro sabio Profe de Psicología  Diego González Serra dice … “Ahora comienza la segunda vida de Fidel, porque ha quedado grabado en el corazón y la mente del pueblo cubano y de todos los pueblos del mundo. Y sigue viviendo allí.”

¡¡¡Así también lo siento!!! ¡Seguiré siendo Fiel a ti Fidel! ¡¡¡Una agradecida por siempre!!!

Foto de portada: Fari Rafa

 

 

Sergio Vitier…. De cierta manera

Hace casi un año, el 17 de abril de 2015, fue la última vez que conversé con él frente a frente.  Entrevisté a Sergio a propósito de este trabajo encargado por La Gaceta de Cuba. Hoy lo comparto con ustedes, como tributo al extraordinario músico, a su legado a la música y el cine cubanos, y al amigo. 

 

Vivíamos 1974 y una mujer, cubana, negra, joven, dejaría inconclusa su opera prima como directora y guionista del primer largometraje de ficción realizado  en la Isla por una fémina. Sin que Sara Gómez Yera llegara a saberlo, “De cierta manera” pasaría a la historia de la cinematografía cubana como uno sus grandes clásicos y marcaría un momento singular: el abordaje de situaciones conflictuales que, a nivel humano en las capas más desfavorecidas de la sociedad, traían aparejados los cambios políticos y sociales que se producirían tras el triunfo de enero de 1959.

Ese mismo año, otro joven, compositor y guitarrista, por más señas, realizaría su décimo trabajo para el cine cubano. Antes, la música en ocho documentales y un corto de animación había salido de su creatividad. Se inició en 1970 componiendo la música para el dibujo animado F-1, de Hernán Henríquez y el documental Mantenimiento Técnico Planificado, del director Luis M. López, y ya destacaba entonces por su excelente labor como compositor e instrumentista en  los documentales Girón, de Manuel Herrera, y Nosotros en el Cuyaguateje, de Nicolás Guillén Landrián, ambos de 1972.  En los años por venir asistiríamos a una eclosión de creatividad en su labor para el cine de su país y su nombre, como compositor y músico, quedará asociado a piezas memorables de la cinematografía cubana como El Brigadista (Octavio Cortázar, 1977); Una mujer, un hombre, una ciudad (Manuel Octavio Gómez, 1978), Maluala (Sergio Giral, 1979), Guardafronteras (Octavio Cortázar, 1980); Plácido (Sergio Giral, 1986); Caravana(Rogelio París, 1990); Quiéreme y verás (Daniel Díaz Torres, 1995) y Roble de Olor(Rigoberto López, 2000), entre muchos otros. Pero eso sería después, porque desde la gestación misma de la idea de realizar un filme sobre marginalidad y cambios socio-políticos, Sara Gómez había pedido  a este muchacho  que se ocupara de la música de la película que quería dirigir.  Era natural. Ambos conocían sus respectivos atributos creativos.  Eran amigos, y como diría Sergio, más que eso: hermanos que compartían intereses similares  y vibraban ante los retos de aquel presente.

Sergio-Vitier-4-640x549Sergio Vitier (La Habana, 18.1.1948 – 1.5.2016)

Confieso que me sobrecogía la idea de pedir a Sergio Vitier García-Marruz, cuarenta y un años después, que me hablara de De cierta manera, pero decidí afrontar el reto.  Creía saber quién había sido Sara Gómez Yera para Sergio Vitier y esto facilitó las cosas.  Sabía de dónde había partido Sergio a su encuentro con la creación musical.  Tenía ya recorrido un trecho intenso y rico. Venía de un camino de jazz, iniciado en la década anterior cuando, aún adolescente se presentó en una ocasión en un concierto del Club Cubano de Jazz, junto a otros muy jóvenes, casi niños, que luego serían también destacados músicos, como el saxofonista y clarinetista Paquito D’Rivera y el percusionista Amadito Valdés, entre otros; también hubo un momento fugaz, pero notorio con Los Chicos del Jazz, un septeto de jóvenes casi adolescentes algunos, integrado por el propio Sergio en la guitarra, Nicolás Reinoso en el saxo tenor; Fabián García Caturla en el contrabajo, Rembert Egües en el piano, Paquito D’Rivera como saxo alto; Amadito Valdés, en la batería y Carlos Godínez en la tumbadora.[1] Permaneció casi un año en el grupo de su tío Felipe Dulzaides.  Lo experimental lo unió con su guitarra a Miriam Acevedo allá por 1967 cuando parecía imprescindible verles y escucharles en las noches del  Gato Tuerto. Comenzaba a moverse entonces en un medio vanguardista, de búsqueda y experimentación, influído como estaba por las corrientes de mayor vigencia dentro del jazz, la apropiación de los  componentes afrocubanos a partir de lo ritual  y la oralidad, y también por la tradición académica del clasicismo.   Su paso por la Orquesta Cubana de Música Moderna marcó también un hito en la toma de experiencias.  Se le ve guitarra en ristre en los conciertos de la Canción Protesta en Casa de las Américas y sobreviene su  entrada desde el inicio mismo al Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC (GES), llamado por su director Leo Brouwer, habida cuenta de la sólida formación en la guitarra clásica, la experiencia antecedente en el mundo del jazz  y la vasta cultura que ya entonces distinguía al mayor de los hermanos Vitier.  Junto a esto, Sergio  continúa adentrándose en la investigación y asunción de los elementos raigales de nuestra identidad musical, esencialmente su componente afrocubano, en sus expresiones litúrgicas y rítmicas.  En 1968, un año antes de la creación del GES,  funda el grupo Oru, con fuerte presencia de la ritualidad afrocubana,  que en su primera etapa acusa una corta vida, para renacer en 1992 como una formación musical de instrumentistas virtuosos y la obra singular  y coherente de Vitier como compositor, director y guitarrista.

De-cierta-manera-Sara-Gomez

Sarita Gómez en locación de “De cierta manera”

A Sergio, el conflicto argumental  que Sarita se proponía exponer en De cierta manera, no le era ajeno; por el contrario, formaba parte de lo cotidiano y de las contradicciones que se producían en el orden social en  un país convulsionado por una revolución.

“Fue muy fácil la creación de la música para  De cierta manera– diría Sergio.  Era un mundo para mí muy cercano; me movía en Cayo Hueso y otros barrios similares, y cuando aún no estaba de moda la utilización de los elementos yorubas fusionados con otros géneros, yo ya en 1967 comencé a recrear esa música junto a Rogelio Martínez Furé, y gracias a él, que también era muy amigo de Sara. Eran tiempos en que un grupo de intelectuales negros y mulatos de un gran nivel cultural, como la propia Sara, Inés María Martiatu “Lalita”, Martínez Furé, Silvio Castro, Abraham Rodríguez –que era un poco más joven-, tenían  muchas inquietudes y abogaban por reivindicar las raíces africanas, el legado africano incuestionable de nuestra cultura y por desvelar las consecuencias del atraso y la discriminación a que habían estado sometidas las amplias capas de negros y mulatos en nuestro país . Con De cierta manera, Sarita se insertó en un medio que en aquel momento era herético, pues la línea predominante en el cine cubano era apologética de la nueva sociedad que se construía.  Y Sarita hace una película sobre el marginalismo, pero, por supuesto, sobre los cambios que estaba realizando la Revolución con ese marginalismo, pero hizo un análisis muy profundo, que no era solamente socio-económico, sino que era también sicológico.” [2]

En realidad, si Sergio Vitier García-Marruz no se hubiera adueñado de  los días y las noches que transcurrían en calles extrovertidas, salones luminosos, sitios rebosantes de jazz o tugurios de sordidez ejemplar; si no hubiera alcanzado a exprimir literalmente las sonoridades de un entorno que, en su mixtura y multiplicidad, sabía definitivamente suyo; si hubiese desdeñado la poesía y el lirismo de una familia que se nutrió de ellos como algo vital y consiguió recrearlos; si no hubiese sido quien era ya en aquel año de 1974, probablemente nunca hubiera aflorado la empatía que lo ligó en idénticas inquietudes en pos de las raíces de su cultura, en búsquedas sonoras inauditas y en una amistad que todavía permanece intacta en sus sentidos, con Sara Gómez.  “Nos conocíamos muy bien:  Sara conocía mi música y yo conocía perfectamente el cine que venía haciendo Sarita, muy interesante, porque aparte de sus valores estéticos en sí,  ella elegía temas muy polémicos, relacionados con grupos humanos con problemas: los “vikingos” en Isla de Pinos, niños con problemas, atención prenatal –a partir de su propia experiencia de maternidad cuando parió a su hijo Alfredito[3]   Sara podía ser cáustica; era lapidaria, porque era una persona muy culta y con un sentido muy agudo, muy simpática a la vez y un humor fino. Era muy desenfadada para ser mujer en aquella época, sin ser vulgar. Ella podía enfrentar cualquier tipo de tema de un modo refinado y certero. El tema que aborda De cierta manera no formaba parte, en rigor, de la vida personal de Sarita: ella no tenía nada que ver con el marginalismo, pues procedía de una familia intelectual, de alto nivel profesional y cultural, su padre era médico y su madre y su hermana, dos profesionales valoradas… En política, su procedencia era la Juventud Socialista, pero para nada fue rígida en sus concepciones, por el contrario era muy polemista y muy polémica, pero también muy revolucionaria…fui muy cercano a Sara, al punto de que fui el último amigo que la vio viva.”[4]  Sergio no sólo se afirma en ello, sino que al escucharlo, se percibe desde su humildad, una certeza:  debía ser su música quien acompañara las imágenes del primer y único largometraje que Sarita –su gran amiga- concibió, escribió, dirigió, pero que nunca llegó a ver.

Sobre el proceso creativo y los músicos ejecutantes que grabaron la banda sonora, Vitier rememora:  “Me encargué de toda la  música para el filme,  en la que creí conveniente insertar algunos momentos de lirismo, pero en general estuvo inspirada en la música popular cubana. Fueron músicos de orquesta los que grabaron; José María, mi hermano tuvo a su cargo el piano y yo la guitarra, en todos los temas y hasta en muy diversos estilos, incluídos algunos de la música popular, alejados de la guitarra clásica.  Tata Güines asumió las tumbadoras; recuerdo a Anselmo Febles “Chembo” -un personaje singular, artista plástico y músico ejecutante de varios instrumentos de percusión, algunos inventados por él, aunque también tocaba piano-. La banda sonora requería de los músicos exactos que elegí. Está más referida a la música popular urbana que a la música ritual, aunque, por supuesto, en el filme están presente los ritos abacuá y yoruba, la santería como cultura de resistencia popular”.[5]  José María Vitier recuerda la participación de Orlando “Cachaíto” López en el contrabajo, del trompetista Adolfo Pichardo, y de otros músicos que formaban la orquesta acompañante del entonces Conjunto de Danza Moderna (hoy Danza Contemporánea de Cuba), todos bajo la dirección de Manuel Duchesne Cuzán y del propio Sergio Vitier.[6]

Hoy puede apreciarse que la música de Sergio Vitier se integra con extraordinaria organicidad al discurso y a las imágenes que Sara Gómez nos dejara para siempre en su filme. Así lo constata Leonardo Acosta:  “En mi opinión, uno de los largometrajes cubanos mejor logrados desde el punto de vista de  la integración de la música a los demás componentes de una película es De cierta manera, de Sara Gómez. Y es significativo que sea este un caso excepcional en el que el compositor, Sergio Vitier, participó en los trabajos del colectivo creador desde el principio, estuvo presente durante el período de filmación y discutió con la realizadora hasta los mínimos detalles.  Se trataba, además, de una temática nueva en la cinematografía cubana, que requería un tratamiento distinto de la música y de la banda sonora en general.  Vitier utilizó distintos formatos orquestales, temas, ritmos y estructuras de nuestra música popular y desechó los estilos tradicionales y los formatos sinfónicos.  Los efectos deseados para escenas que expresaban dramatismo, nostalgia o violencia –contenida o desatada- se lograron mediante un inteligente desplazamiento de secuencias rítmicas, un cambio de balance entre distintos timbres, una especie de “desfasaje” que en muchas ocasiones alteraba la tradicional “lectura” de una modalidad popular cubana, posibilitando que la música se abriera a nuevas connotaciones”.[7]

Para Sergio, el trabajo en la banda sonora trascendió los rígidos límites de un encargo para convertirse en parte esencial y lógica del empeño de Sara, y del espíritu del filme que quería crear.  Vitier eligió  un género como el guaguancó para  el tema inicial, del que se apropia para devolvérnoslo casi instrumental, entre cuerdas y metales y un lalaleo excepcional, cercano al scat, en la voz entonces juvenil de otra Sara: la  González.   La posibilidad de emplear recursos expresivos con los que pudiera identificarse el espectador, e incluso verse reflejado en ellos, resultó tentador para ambos creadores y tuvo su expresión sonora en ese tema original compuesto por Sergio Vitier, que engarza a la perfección con otro alto momento de la cinta:  la espontánea y sentida interpretación que hace el trovador y cantante empírico Guillermo Díaz de su bolero Véndele, cuya versión orquestal también estuvo a cargo de Vitier. En buena medida, la historia de Guillermo es el leit-motiv del filme; el personaje interpretado por Mario Balmaseda identifica vivencias personales de Díaz, quien había sido boxeador y campeón en su peso, había vivido en “el ambiente” y había luchado consigo mismo y su circunstancia, para salir de él.  La pretendida identificación –en otros tiempos no muy alejados de 1974-  de los géneros y subgéneros afrocubanos en general con la marginalidad social, entra en franca contradicción con la positiva recepción que tuvo el filme tras su estreno y la aceptación como algo culturalmente propio y raigal.  Sergio Vitier tuvo gran responsabilidad en ello, al dotar a la banda sonora de “De cierta manera” de un empaque y una sonoridad de gran atractivo, pero también de un alto valor estético y musical.

Sarita no pudo ver concluida su obra, aunque en opinión de Sergio, la dejó casi terminada. Titón, su maestro, alguien que la quería entrañablemente, y también Julio García Espinosa, se encargaron de terminarla, con el apoyo de su equipo de realización en el que sobresalieron su amigo y asistente de dirección Rigoberto López, hoy destacado cineasta, y quien fuera su esposo, el sonidista Germinal Hernández.

“He hecho la música  de más de sesenta películas y he tratado muchos temas diferentes, pero De cierta manera es una película sui géneris, a la que tengo un especial amor, por el filme en sí, pero sobre todo por Sara, alguien muy querida, de quien me cuesta mucho hablar. Es mentira ese lugar común que se repite una y otra vez: que a la gente que uno quiere se le recuerda con alegría. Eso es mentira.  El tiempo sólo alivia el dolor, no restaura la alegría. Me provoca mucha tristeza su muerte prematura, su ausencia”-  concluyó Sergio, hablando bajo y despacio, como si acariciara con cada palabra la memoria de Sara Gómez Yera, pero con la firmeza de quien sabe que ha dejado un legado útil y perdurable.

DE CIERTA MANERA – FICHA TECNICA

(tomada de http://www.cubacine.cult.cu)

Largometraje de ficción

Año  1974

79 minutos.

Productora: ICAIC

Guión: Sara María Gómez y Tomás González Pérez

Dirección: Sara Gómez

Producción General: Camilo Vives

Dirección de Fotografía: Luis García Mesa

Montaje o Edición: Iván Arocha

Música Original: Sergio Vitier

Asistente de Dirección: Rigoberto López, Daniel Díaz Torres

Sonido: Germinal Hernández

Intérpretes

Mario Balmaseda

Yolanda Cuellar

Mario Limonta

Isaura Mendoza

Bobby Carcassés

Sarita Reyes

Vecinos del barrio Miraflores.

Sinopsis

El conflicto entre los viejos hábitos que genera el marginalismo y una nueva moral, en el contexto de las transformaciones sociales que tienen lugar en Cuba a partir del triunfo de la Revolución en 1959. La construcción del barrio Miraflores en 1962 por sus propios habitantes: sus conflictos, contradicciones y cambios a nivel individual. El filme se basa en hechos reales y combina el documental con la ficción.

Rosa Marquetti Torres

Notas

[1] Leonardo Acosta:  Un siglo de jazz en Cuba. Ediciones Museo de la Música.  La Habana, 2012. Pag. 178

[2] Entrevista de la autora con Sergio Vitier.  La Habana, marzo 2015.

[3] Se refiere a los documentales “Una isla para Miguel” (1968) y  “Atención Pre-Natal”(1972).

[4] Entrevista de la autora con Sergio Vitier.  Marzo 2015.

[5] Ibidem

[6] Conversación de la autora con José María Vitier.  La Habana. 17 de abril de 2015.

[7] Leonardo Acosta: La música, el cine y la experiencia cubana. Publicado originalmente en Cine Cubano, número especial, XX Aniversario del ICAIC. La Habana, 1979.  Tomado de:  “Del tambor al sintetizador”. Editorial Letras Cubanas, 2014.  Pp.144-145

Bibliografía consultada

  • Claudia González Machado: El riesgo de la herejía.  Cartografía de la crítica y el discurso fílmico en la revista Cine Cubano (1960-2010). Ediciones ICAIC. 2013.
  • Rigoberto López: “Hablar de Sara, De cierta manera”. En revista Cine Cubano. No. 93.
  • Gerardo Chijona: “De cierta manera”. En revista Cine Cubano, No. 93.
  • Radamés Giro: Diccionario Enciclopédico de la Música Cubana. Tomo IV. Editorial Letras Cubanas. 2007.
  • Leonardo Acosta: Un siglo de jazz en Cuba.  Ediciones Museo de la Música. La Habana, 2012.
  • Leonardo Acosta: “Los mil sones del moro Abindarráez”, 62. En Revolución y Cultura.  Noviembre 1979.
  • Leonardo Acosta: “Para una visión de la guitarra en Cuba”.  En Revolución y Cultura, 123.  Noviembre de 1982.
  • Leonardo Acosta: “La música, el cine y la experiencia cubana”.   En Cine Cubano, número especial, XX Aniversario del ICAIC. La Habana, 1979.
  • www.cubacine.cu

Publicado en La  Gaceta de Cuba. No. 3. Mayo-Junio de 2015. Tomado de Desmemoriados de la música cubana.

Fallece Candita Batista, la Vedette Negra de Cuba

Lamento el fallecimiento en el día de ayer, 1 de abril, de la Vedette Negra de Cuba, la reconocida cantante Candita Batista. Como ella nadie ha interpretado en la isla, el tema «Angelitos Negros» del músico venezolano Eloy Blanco.

Con la publicación de su ficha en el Directorio de Afrocubanas rendimos homenaje a esta popularísima cantante camagüeyana, la Vedette Negra de Cuba, quien forma parte indudablemente del patrimonio cultural de la isla.

Ibbae.

No lo mató el VIH

¿De verdad que nos quedan ganas de celebrar? ¿celebrar quuuuuéééééé´?

No solo de consignas y congas se vive. También de derechos y del ejercicio pleno de estos. Y sobre todo se vive con la VIDA, esa que le ha sido quitada a un joven cubano que era gay o travesti o lo que fuera. Sencillamente estaba vivo, a pesar del VIH, y ya no lo está.

De que nos sirve un 17 de mayo, unas bodas simbólicas, una jornada si un cubano pierde la vida por ser diferente, por vestirse como le place, por acostarse con quien desea.

No, no es posible. No hay justificación. Me avergüenzo una y otra vez del bullying en las escuelas, del maltrato del tema en los medios, de la vida cercenada, de la naturalización de la discriminación.

No lo mató el VIH. De ese salió con vida, pudo sortearlo. Nadie nunca le dijo, estoy segura, que moriría a mano de otros cubanos.

Me avergüenzo mi Cuba. Lo siento.

Imagen de portada: ElFabrO

 

#TeamamosMadiba

Al salir de Hannover le había dejado muy mal de salud. No quería ni pensarlo pero presumía que la noticia podría llegar en cualquier momento. Días antes había visto la peli sobre su vida, la que logró revivir mis recuerdos de la lucha por su liberación. La muerte de Madiba me cogió en La Habana, cuando intentaba participar de la vida cultural isleña. Entonces vi este cartel en la taquilla del teatro Mella…

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Imagen de portada tomada de Actualidad para Dummie

 

#formellinmortal

Juan Formell
Juan Formell

Tal Vez
Por Juan Formell

Tal vez,
si te hubiera besado otra vez,
ahora fueran las cosas distintas,
tendría un recuerdo de ti.
Pero tal vez,
si tú hubieras hablado, mi amor,
te tendría aquí a mi lado
y sería feliz.
Tal vez,
si al despedirte de mí,
tus manos tibias hubieran tocado
mis labios diciéndome adiós.

Juan Gelman: Una cadena de poemas para el poeta

Murió Juan Gelman, el gran poeta argentino.

Ante el dolor de su muerte, poemas recorren Facebook, especialmente los perfiles de gente de Cuba.

La iniciativa me llegó de Milena Recio y Elizabeth Perez, se trataba de:

«La idea es llenar Facebook con poesía. Alguien te asigna un poeta, tú pones uno de sus poemas en tu muro y si alguien le da «Me Gusta», entonces le asignas un autor a esa persona.»

Milena Recio me asignó a Ruben Darío y compartí de «Canción del Carnaval«.

Luego, ante varios «Me gusta», sugerí buscar poesía de Gioconda Belli, Rubén Martínez Villena, Rafael Alberti, Dulce María LoynazGeorgina Herrera y Soleida Ríos.

Yisell Rodríguez Milán me dejo elegir libremente. Y compartí entonces «Mi negra» de Eloy Machado, como uno de mis preferidos, dedicado por mi especialmente al poeta recién fallecido.

Así fue mi día poético de ayer.

 

LALITA

Lalita en su cumple 70
Lalita en su cumple 70

Por Georgina Herrera

Para no romper esta cadena afrocubana que, terca, desesperadamente mantendremos hasta la última de nosotras, apenas entro en mi casa, dando traspiés, sin creer del todo que regreso viva, llamo a Daysi para que lo diga. Daysi no está, y Aníbal me dice que a Lalita la van a enterrar cuando llegue el hijo y que…..

Empiezo a llorar. No pensé que su muerte me diera tanto dolor, pero es que no pensé que iba a morir cuando fui a verla casi sin fuerzas yo,ni cuando me debatía rabiosamente, pensando en el Hospital, que la elegida era yo.

No dejo de pensar en eso. No me gustan las palabras fuertes ni feas, pero la muerte es una jodedera personal irremediable. Te obliga a apostar por la vida sin otra opción.
Recuerdo a Lalita hace muchos años, cuando confió en mi, dándome espacio en el suyo, en su tiempo, en su lucha. Tenía vida en los ojos, en la palabra, en los sueños que eran totalmente hacer posible sin tanto tiempo para enfrentar al enemigo que yo no sé bien qué forma tiene pero sí lo que quiere. Ahora todo se reduce a lo que se puede, a desearle que descanse en paz. Yo desconfío de casi todo. Pienso en cimarrona, como mi tíabisabuela Victoria, que cuando querían tenderle una trampa múltiple para meterla en el cepo, caminaba lenta, las piernas semiabiertas, mirando como sin mirar a todos lados para ver a su modo de donde surgía el gesto que se lanzara en su contra.

Digo esto, Lali, porque fuimos amigas, y supiste que para mí, descansar era acostarme en las noches, pensando, descansar de verdad y levantarme lista nuevamente para esta guerra de todos mis días que es mi lujo y mi esperanza. Por ti, por las que quedaron antes y por las que irán quedando , que esto no se haga eterno, Lali. Tu mereces que tenga fin la lucha, pero…ganada, claro.

Georgina Herrera, La Habana, Julio 2013.

Falleció Inés María Martiatu: una afrocubana de convicción

lalita-coloquio-2Por Daysi Rubiera Castillo

Ideas, sueños, necesidad de unir nuestros esfuerzos en el camino emprendido en la lucha por nuestra identidad racial, fue lo que nos unió a Lalita, como todos y todas les decíamos, y a mí, una tarde un poco lejana en Casa de las Américas.

Pensamientos que nos enfrascamos en materializar de alguna manera. Reunir muchas mujeres, de vez en vez varones, para aunarlos a un proyecto que tuviera como finalidad recuperar el lugar que el discurso de las mujeres afrocubanas tiene en la historia de las ideas en Cuba y de la cual fueron excluidas. Así nació el Grupo Afrocubanas, en el cual trabajamos con mucha dedicación, entrega y amor.

Muchos fueron nuestros proyectos, conscientes de la necesidad de insertar la voz de las mujeres negras, no solo en el debate sobre los conflictos raciales que se lleva a cabo en el país, sino que se erigiera como un contradiscurso opuesto al que sobre ellas ha venido circulando históricamente. Afrocubanas: historia, pensamiento y prácticas culturales es un ejemplo de ello.

Así vivió, pensó y soñó Lalita, hasta unos pocos días antes de fallecer cuando al visitarla me hablaba con mucho entusiasmo de nuestro próximo libro, el que estábamos preparando las afrocubanas. Ya ella no está, pero materializar ese, uno de sus últimos sueños, será nuestro merecido homenaje a su memoria.

Daisy Rubiera, La Habana, julio, 2013

Mujeres, raza e identidad caribeña: Conversación con Inés María Martiatu

Hurgo en las cosas que yo y Lalita hicimos juntas… Hace tres días que lo revuelvo todo. No quiero,  pero necesito revolverlo todo. Me urge a encontrar a esa negra que como buena cimarrona determinó abandonarme. Me siento sola, no puedo negarlo.

Acá comparto una entrevista que le hiciera en el año 2009 y que salió en La Gaceta de Cuba no. 1, del 2010.