Letra del Año Cuba 2020

Por Sandra AbdAllah

Como cada fin de año, las predicciones para el siguiente se conocen alrededor del 1 de enero; estas provienen de la interpretación del oráculo de Ifá.

Aquí están las predicciones (resumen) para el año 2020, las cuales fueron reveladas ayer 31 de diciembre del 2019, por de la Asociación Yoruba de Cuba y la Comisión de la Letra del Año “Miguel Febles Padrón”, sita en La Víbora.

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FB_IMG_1577871186015Representación de los mayores exponentes de la religión yoruba en la ceremonia de la Letra del Año 2020. Foto: Asociación Yoruba de Cuba. 

Historia de la Letra del Año

Se cuenta, sin conocerse la fecha exacta, que la interpretación de LA en Cuba se viene obteniendo desde el siglo XIX. Para llegar a ella, la que funciona como una especie de guía de buen comportamiento, se realiza una ceremonia religiosa, el día 31 de diciembre, que incluye el sacrificio de animales. En la misma participan selectos sacerdotes de Ifá (Babalawos), quienes poseen la mayor cantidad de años de iniciación del país y que han participado de manera regular en dicho acontecimiento.

Una de los segmentos más importantes de la LA es aquel donde se especifica cuáles son los Orishas y el signo regente, pues muchos de los y las practicantes de dicha religión se sienten tocados de gracia cuando el Orisha que llevan en su cabeza rige el año. Otro de los elementos más interesantes de la LA son los refranes, los que sintetizan una lección o advertencia.

Hasta el año 2015, se interpretaban en Cuba dos Letras del Año, una por parte de la Asociación Yoruba de Cuba y otra por la Comisión de la Letra del Año “Miguel Febles Padrón”, sita en La Víbora, casa religiosa de mucho prestigio y quizás mayor reconocimiento de la primera.

La existencia de estas dos interpretaciones era sin dudas un hecho polémico. En la tarde del 20 de Junio del 2015, tuvo lugar la unificación de las Letras, en una reunión que tuvo por sede en la Asociación Yoruba de Cuba, en la cual participó la Comisión de la Letra del Año “Miguel Febles Padrón, encabezada por el Awo Lázaro Faustino Cuesta, el Consejo de Sacerdotes Mayores de Ifa de Cuba y la Junta Directiva de la propia Asociación.

El 31 de diciembre del 2015 sale entonces por primera vez una Letra unificada, correspondiente al año 2016, a partir de la ceremonia realizada en la Asociación Cultural Yoruba de Cuba.

En los últimos años se ha venido publicando además un adelanto de la Letra del Año lo cual, en mi opinión funciona como un calmante para quienes con ansiedad esperan dichas indicaciones. Esta es mucho más corta e incluye básicamente el signo regente, las oración profética, cuáles Orishas regirán durante los próximos 365 días.

También vale la pena decir que desde ciudades como Miami o países como España se realizan interpretaciones de la LA, lo que evidencia la sobrevivencia en la diáspora de la Regla de Ocha-Ifá.

¿Mujeres babalawos?

El artículo que aquí les comparto fue publicado en el ya lejano 2005. Sin embargo, dado el asombro con que se ha tomado la existencia de mujeres Iyaonifá en Cuba, considero importante azuzar el debate.

¿Mujeres babalawos?

Por Elsie Carbó

…Él fue avisado que las puertas de la casa de Orúnmila están abiertas para sus hijos e hijas y ninguno esta impedido de cruzar el umbral… (Proverbio de un poema del Odú de Ifá, Otura-Iroso)

Transgresoras, profanadoras o vanguardistas. Desde el 2000, al menos, hay mujeres Iyaonifá en Cuba. Un tema que a puesto en pie de guerra al Templo Ifá Iranlówo, de Los Sitios, y la Sociedad Cultural Yoruba, de La Habana Vieja. La noticia circula de boca en boca en las calles habaneras y en las Casas de Santo. ¿Tendrán los babalawos que buscarse otro trabajo? Algunos prefieren pagar en dólares.

Nidia Aguila de León es una mujer cubana que ha sido consagrada como sacerdotisa de Ifá en la religión Yoruba, o sea, Iyaonifá, que es como homologarlas al mismo rango de aquellos hombres que han recibido la investidura de babalawos o sacerdotes de Ifá, un hecho que ha puesto sobre el tapete la remota polémica sobre si las mujeres pueden o no aspirar a esta condición, sin ser repudiadas y hasta señaladas como profanadoras de los mandamientos de esa religión.

Pero ¿quién puede ser esta mujer que supuestamente ha roto un dogma fundamental de la Regla cubana de Ocha Ifá, sin importarle el correspondiente castigo físico y espiritual que advierte el Consejo de Sacerdotes Mayores de Ifá?, ¿Por qué llegó hasta esta consagración y cómo se desenvuelve en su entorno familiar, social y devoto?. Eso es, en definitiva, por humano y legítimo, lo más importante dentro del conflicto.

Quizás Nidia Aguila de León nunca imaginó la repercusión que su audacia suscitaría en muchas juntas de babalawos, y en líderes religiosos que no solo se circunscriben a Cuba, según dan fe ciertos documentos, tal y como le ocurriría en el pasado, a una Flora Tristán y otras tantas mujeres, que a lo largo de estos siglos se han erigido en luchadoras por la igualdad de la mujer, pero eso no importa tanto, lo fundamental es que Nidia está convencida de que con su acto no ofende a nadie, y continuará fiel a aquellas remotas tradiciones que los seguidores de los lukumises trajeron a esta parte del mundo, a pesar de los inconvenientes y reprobaciones que encarará por ser transgresora en su época.

Sin intención de hablar de las razones que puedan tener las partes en pugna en sus alegatos y demandas, por ser algunas de orden religioso, solo pretendo mostrarlas en su esencia para que el lector tenga referencia del tema que ya ha tomado las calles con algazara de noticia, porque Nidia ha protagonizado un hecho audaz y vanguardista, ante la mirada de los que han visto durante siglos, oficiar como líder solo al hombre.

Ella sabe que está en el centro de un conflicto que ha puesto en pie de guerra a dos ramas de la santería cubana, la Sociedad Cultural Yoruba, en La Habana Vieja y el Templo Ifá Iranlówo, de Los Sitios, adonde pertenece, pero piensa que su espíritu no flaqueará ante lo que le depare el futuro, porque confía en que ambas entidades tienen el derecho a discrepar, a decir lo que piensan y a llegar, por medio de análisis y reflexiones, al camino más sensato en la búsqueda de lo justo y lo más honrado para la religión que profesa desde hace 24 años.
LOS SITIOS
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Nidia vive en la ciudad que Alejo Carpentier llamó de las columnas, pero que también puede ser denominada de las celosías, los portales, el saludo, el desgaste y la reparación, la familiaridad, la tristeza y la sombra, el olor de los solares… En ella están casi todos los grandes monumentos y los vendedores de fritas, los comercios, los conventos y las iglesias, los parques, las sombrillas, las arcadas, esa irrefragable vida humana.

Caminar por Los Sitios es andar por calles estrechas y desembocar en amplias plazas de arquitectura colonial e histórica, que alberga a más de un millar de edificios que se remontan al siglo XVI, pero para llegar al hogar de Nidia hay que olvidarse un poco de estas imágenes de la literatura y adentrarse en un antiguo inmueble, remontar escalones y recovecos hasta dar con la pequeña estancia interior, que muy poco concuerda con la visión romántica del escritor del siglo.

Mujer blanca, hermosa aún en su joven madurez, sin afeites ni lujos, no parece tener arrepentimientos o temores, a pesar de la carga emocional que implica tener a una parte de la comunidad creyente opinando que es una herejía su sacramento, y otra que lo considera como un acto consecuente y merecido.

Lo primero que me llamó la atención en Nidia fue su rostro sereno y paciente. El tono de su voz encuentra el punto exacto para hacerse escuchar, aunque en ella prima mucho más la timidez que alguna huella de protagonismo egocéntrico o provocador. Es de breves respuestas y ademanes finos, no interfiere cuando otros me cuentan acerca de las vicisitudes y gozos enfrentados en la crianza de sus cuatro hijos, sin embargo toma la iniciativa para recordar que a los 18 años comenzó a tener conocimientos sobre la santería, a pesar de que sus padres no profesaban ninguna religión.

_Fue por mi esposo que abracé la fe, él sí venía de una familia creyente. Afirma.

Nidia es habanera, de pura cepa, como se dice popularmente, por eso no me costó mucho esfuerzo encontrar en los alrededores a personas que la conocieran desde su juventud. Amigos y amigas, vecinos cercanos, creyentes y ateos, que ven en ella a una mujer con un gran sentido de la solidaridad, al no negarle un favor a nadie, y mucho menos cuando sabe que alguien está necesitado o enfermo. Nada, que lo resumen todo con esa frase de buena gente, con que diferenciamos en buen cubano a las personas que nos rodean.

Vive en ese mismo edificio de la barriada de Los Sitios desde que se casó hace 24 años con Víctor Betancourt, babalawo, y presidente del templo Ifá Iramlówo, en la misma zona.

_Hace trece años que me hice Yemayá. Dice Nidia, a quien la rodean dos de los cuatro hijos de su matrimonio, y ya de hecho estoy ante una pareja de babalawos que vive bajo un mismo techo, unida no solo por las cosas cotidianas del amor, sino también por el trabajo religioso, situación que implica una modificación del pensamiento, porque lo que se consideraba imposible hasta hace poco, hoy, se ha revelado como un irreversible acontecimiento, aduciendo que este paso sitúa a Víctor en una posición insólita, al trabajar con una Iyaonifá en su propia casa.

¿Estamos tal vez en presencia de una revolución religiosa en el conglomerado de los yorubas? Pregunto, y Víctor afirma que sí, que el hecho es trascendental e histórico, y me explica que con toda confianza delega en su esposa muchas funciones propias de su rango cuando él no puede estar presente. Y aclara además, que Nidia no es la única cubana que ha recibido esta consagración. Añade que también “este año una venezolana fue a Matanzas a hacer Iyaonifa”.

¿Entraña esta derivación de funciones algún inconveniente entre la masa de creyentes?

_Quizás ahí se localicen algunos de los problemas que enfrenta una sacerdotisa de Ifá a la hora de trabajar, según me explica el propio Víctor, quien ejerce desde hace más de 20 años en ese culto, pues no hay una costumbre en la población practicante de ser consultada por una mujer y esto, desde luego, conduce a un distanciamiento, que en muchos casos puede ser temporal, si una vez que sean atendidos por ella salen satisfechos. Afirma.

_Son prejuicios que no vienen en la mayoría de las veces de los hombres, sino de las propias mujeres, que no aceptan ser registradas por otra mujer, porque hay un recelo al no existir antecedentes, refiere Nidia, y relata anécdotas recientes de personas que han llegado hasta ella por curiosidad, y que luego, espontáneamente, han hecho una buena labor de divulgación de su trabajo ante el resto de la población practicante que la mira desconfiada.

Recuerdo que el Consejo de sacerdotes de Ifá de la Sociedad Cultural Yoruba consideró a propósito de la iniciación de Iyaonifá en Matanzas, que las mujeres no deben ser engañadas haciéndoles creer que las han iniciado en los secretos profundos de ifá, porque “el protagonismo en Ifá no está concedido a las mujeres”. Y fustigan a quienes violan estos mandamientos y lo mercantilizan.

Víctor me remite a una respuesta suya, posterior a ese artículo, donde expresa que existen muchos espacios vacíos dentro del sistema ritual en cuanto a conceptos y ceremonias, y postula, en otro párrafo, “que sus tendencias religiosas siguen las tradiciones de las regiones de Lagos, Ilé Ifé de Nigeria, y el sistema de trabajo de los descendientes de los lukumies del siglo pasado”. Agregando que en su templo “no han afectado ni económicamente, ni moralmente a nadie y mucho menos a los detractores, pues no ha existido ingerencia alguna en sus políticas religiosas”.

El factor económico siempre está presente en cada acto o ritual de la santería, aunque nunca se mencione, siendo para no pocos adeptos un incentivo apreciable el iniciarse en su membresía, por eso me es inevitable traerlo a colación ahora, bien porque es motivo de curiosidad en unos y objeto de señalamientos subversivos en otros, ¿Qué precio tiene que pagar una mujer por hacer Iyaonitsa?.

_Unos 7000 dólares pagó la venezolana que te mencioné que fue a Matanzas a recibir su consagración”. Afirma Víctor, pero eso está en dependencia también de otros factores, por ejemplo, hay personas que solo pueden ofrecer una merienda sencilla, porque no tienen más posibilidades, y todo se hace sin ningún problema, aunque sí hay que pagar las cosas que son obligatorias. Tampoco tiene que ser en dólares.

Se refiere a Alba Marina, quien en junio del 2004 vino a Cuba, específicamente al reparto Simpson, en Matanzas, para recibir la envestidura. De esta venezolana se ha divulgado que es la primera mujer consagrada en Ifá en América, sin embargo, hay otras publicaciones que dicen que la primera en el mundo fue una norteamericana en el 2003. A Nidia Aguila de León, solo la precede por unas horas María Cuesta Conde, cubana también y del mismo templo Ifá Iranlówo, pues la ceremonia de ambas se celebró el 19 de mayo del 2000.

Nidia cita el caso de esa norteamericana D´Haifa Yeye Araba Agbaye de Ifé, quien también suscitó en el 2003 enconadas discusiones procedentes de personalidades religiosas internacionales, quienes se pronunciaron por la toma de medidas disciplinarias contra la Iyaonifá, sin que hasta el momento se sepa que hayan llegado a ningún acuerdo definitivo. Ella, de hecho, es también una mujer de la vanguardia.

Recientemente la Asociación Española de Ifá, con sede en la ciudad de Valencia, preocupada tal vez por las batallas verbales e impresas entre Concilios, hizo un pronunciamiento en septiembre de 2004, donde expresa que “son respetuosos del derecho de cada país u organización a tratar a sus ciudadanos y/o miembros de la manera que estime pertinentes, siempre que ello no constituya una violación de los sagrados Derechos Humanos y de las personas en general, entre los cuales se encuentran la discriminación de género (o de sexos), en cuyo caso nos consideramos, (se refiere a la AESI) con el derecho a criticar tales hechos por tratarse de un asunto de interés universal”.

Pero ¿Cuál es el temor a que la mujer sea Iyaonifä? Nidia confía en que se puede luchar contra esas parcelas amuralladas y misteriosas donde se abroquelan clases, sectas o sociedades que esgrimen textos bíblicos, códigos secretos y sentencias orales milenarias, para impedir que la mujer logre una posición a la altura espiritual del hombre.

Ella comparte la opinión de Víctor de que existe un temor “a que haya un cambio socio religioso tradicional y se establezcan las normas docentes sobre un estudio metódico de Ifá, entonces la mayoría de los babalawos tendrían que buscarse su sustento en la agricultura, como sepultureros o cazadores de cocodrilos en la Ciénaga de Zapata”.

¿Se podría afirmar que la mujer es superior al hombre cuando funge como Iyaonifá? Estoy segura que Nidia podría hablar de su confianza en el triunfo sobre las aprensiones de los celosos guardines de dogmas y preceptos, que solo ven a la mujer como esposa, madre y ayudante en las actividades religiosas, y por supuesto, sobre los que duden de que ellas puedan cambiar el mundo, pero ante esa pregunta prefiere el silencio, no obstante, su esposo opina que a ellas les es dado el don de la espiritualidad.

Creo que mi última pregunta a lo mejor no hubiera tenido respuesta de haberla formulado, al menos por ahora, en que los ánimos están caldeados y no se cuela por la rendija ni una luz. Pero me queda la duda ¿Qué ocurriría si se les niega la entrada a las sacerdotisas en determinadas ceremonias y rituales que han sido a través del tiempo solamente prerrogativas del hombre, digamos por ejemplo, en la apertura del año, donde se saca la letra que regirá al mundo creyente durante los doce meses en curso?.

Cuatro años no es mucho tiempo para una mujer que ha sabido esperar. La diferencia radica en eso precisamente, en tener la sabiduría de hacerlo, algo que las mujeres hemos aprendido desde niñas como la tabla de sumar. Nidia sabe que aún como aquellas legendarias capitanas que encabezaron las luchas por los derechos y la igualdad de la mujer, a ella le esperan sorprendentes acontecimientos. Su cruzada contemporánea tal vez le exigirá grandes sacrificios en el futuro, pero puede sentirse satisfecha de que ya se hable con mayor flexibilidad sobre las mujeres sacerdotisas de Ifá en el mundo. Inexorablemente, nadie podrá detener el curso de la historia.

Texto tomado de Grillos Azules

Foto tomada de Yoruba Ifá Ìranlòwò Asociación Civil

Letra del Año 2018 (completa)

PREDICCIONES DE IFA PARA CUBA Y EL MUNDO

A los sacerdotes de Ifá, a los hermanos Oriaté, Babaloshas, Iyaloshas e Iworos.
Pueblo religioso en general y a quien pueda interesar.

El día 31 de Diciembre del 2017 se reúnen en la sede social de la ¨Institución Religiosa¨ Asociación Cultural Yoruba de Cuba (ACYC) los miembros de la Comisión Organizadora de la Letra del Año, para realizar la Ceremonia de Apertura del Año 2018. Presidida por el Sacerdote de Ifá Lucas abellasturis, “Awo Ogbeyono”. y el respaldo de los Sacerdotes de IFA de todas las familias de Cuba y sus descendientes en el Mundo, sacó La Letra el Sacerdote más pequeño.

Signo Regente: OSA SHE
Primer Testigo OGBE SA
Segundo Testigo OTURA TIYU

Oración Profética: iré ariku Yale Tesi timbelaye Lese Orunmila. (Un bien de salud completa, siguiendo los patrones de Orunmila).
Onishe. Aladimu (Rogativa a Orunmila con 16 frutas en una canasta, y sus velas).

Divinidad que Gobierna: YEMAYA

Deidad Acompañante: ELEGUA

Bandera del Año: Mitad Blanca, Mitad Azul, Con Ribetes Negros.

Ebbo: Un Chivo Mamon a Elegua, 7 Machetes, 7 Banderas, Tierra 4 Esquinas, Ropa Sudada, maíz, jutia, pescado ahumado, miel de abejas, cascarilla y demás Ingredientes.

Refranes del Signo:
 Toda persona es digna de respeto.
 Los padres no piden bendición a los hijos.
 Si no sabes con la Ley que se vive en este mundo, tienes que ir a vivir al otro.
 El hijo sigue la tradición del padre.

Atender el mensaje que brinda el caracol de osha. (Respetar los tabúes que han sido prohibidos a través de este oráculo).

Plantas del Signo: Flor de agua, Pico de Pato, Sargazo, y Tibisí.

Foto: Byron Howes

ENFERMEDADES QUE AUMENTAN SU ÍNDICE.

 Enfermedades neurológicas.
 Enfermedades del tractus digestivo-intestinal.
 Impotencia a temprana edad, como consecuencia de la promiscuidad.
 Incremento del índice de enfermedades de trasmisión sexual.

 

Acontecimientos de Interés Social

 Problemas en el sector agrícola fundamentalmente en la producción de viandas, granos y hortalizas, como consecuencia de la poca fertilización de los suelos, y la poca convocatoria de recursos humanos a este sector.
 Movimientos telúricos, que pueden conducir a derrumbes.
 Incremento de violaciones a menores de edad.
 Catástrofes naturales.

Recomendaciones:

 No debemos guardar rencor por cosas pasadas, hay que aprender a perdonar, el perdón no libera a la persona que nos daño de su culpa, pero si a nosotros de un sufrimiento.
 Hay que mantener buena conducta social y moral.
 Controlar el exceso de la ingestión de bebidas alcohólicas.
 No debemos revelar secretos confiados a nosotros
 Cuidar, y proteger el eco sistema y medio ambiente.
 Los padres deben mantener control y vigilancia sobre la conducta de sus hijos.
 Evitar la violencia doméstica en todas sus manifestaciones.
 Hay que ser organizado en las proyecciones tanto sociales, como religiosas.
 Afectación en los miembros inferiores producto de accidentes.
 Los Padres deben ser ejemplo de las buenas costumbres en su actuar en beneficio de sus hijos.
 Recomendamos que las personas acudan a casa de sus padrinos en busca de orientaciones.
 Revisar el sistema educacional.

Agradecemos a los Órganos Masivos de Comunicación que hacen posible que estas Predicciones lleguen a todos los rincones del Mundo.
Feliz y Próspero Año 2018

ESTA HOJA ES GRATUITA.

Foto de portada: Nicole Lasher Sheloya Mystical

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Agba-lagba: un acercamiento a las iniciadoras de la Regla de Ocha

Escribir un texto sobre las sacerdotisas fundadoras de la Regla de Ocha en Cuba, las madres espirituales de la Santería, exige un gran compromiso histórico, religioso y de género ―además de la extensión y necesaria exhaustividad que el tema amerita, para evitar herir susceptibilidades―. La genealogía de la Santería nos devela una práctica liderada por mujeres que ejercieron su poder, durante la primera mitad del siglo XX, como maestras de ceremonia, hasta que fueron iniciando a hombres y con ello arribó el fin de la línea matrilocal santera.

Agba-lagba es un vocablo de raíz yorubá que nombra a los ancianos, dentro del sistema Ocha/Ifá son agba-lagba o alawalawalos que tienen más años de iniciación. Y también se les denomina así a los instauradores y continuadores de los cultos de matriz africana que aquí conmemoraremos.

Intento también un acercamiento básico con una mirada horizontal, que por un lado muestra la diversidad de algunas prácticas focalizadas, legitimadas y orientadas en el núcleo de los linajes o ramas que la estructuran; y por otro lado, el criterio absoluto, hegemónico y convergente en cuanto a las relaciones sexo-genéricas, establecido desde una perspectiva patriarcal y heteronormativa. Para concluir con un pequeño dossier de algunas de las principales sacerdotisas fundadoras, entre ellas Pilar Fresneda, Aurora Lamar, Ña Rosalía Abreu y Fermina Gómez, genuinas emancipadoras que construyeron los cimientos de esa expresión de religiosidad popular. Este apartado fue construido a partir de la historia oral, recopilando textos publicados por practicantes, ahijados directos o pertenecientes a sus linajes religiosos, mediante la etnografía digital.

Género y  Regla de Ocha

La Regla de Ocha (Castellanos & Castellanos, 1992; Febles, 2011; Guillot & Juárez, 2012) es una expresión de religiosidad popular que incluye jerarquías sacerdotales, lugares sagrados, invocaciones privadas, celebraciones públicas, actividades mágicas y ritos de pasaje o transición, fundamentalmente de iniciación y funerarios. Es una “experiencia social interconectada” constituida en un solo “campo de relaciones sociales”, entendido como campo social transnacional donde maniobran redes de parentesco ritual, artístico o mercantil transversales, multidireccionales y policentradas, mediante las cuales circulan valores, creencias, prácticas y productos culturales.

En ese ámbito los individuos son portadores de una identidad en la que la multiplicidad de prácticas religiosas, interrelacionadas en sí mismas, establecen paralelismos (además de la Regla de Ocha y la Regla de Ifá, un mismo individuo practica el espiritismo, palo mayombe[1], sociedad secreta abakuá[2], masonería, Regla Arará), coexisten de forma dialógica, cuasi coherente, y tienen en común la obtención de un propósito deseado, relacionado con la solución de los problemas de la vida cotidiana. La multiplicidad de prácticas abre un mismo canal de comunicación con lo sobrenatural, y con lo divino, resaltando una dimensión espiritual totalmente inclusiva al enriquecer ese tipo de religiosidad con la apropiación de dogmas, liturgias y atributos; lo que le ha posibilitado su adaptación y resistencia cultural, tanto en la sociedad cubana como en su alcance translocal.

Depositaria de una estructura más “individualista” y “horizontal” (Guillot & Juárez, 2012:65), es una práctica portátil y de un mensaje transponible ―lo evidencia su carácter translocal―, con “premisas entendibles y aceptables en entornos lingüísticos y culturales distintos” (Thomas Csordas citado por Capone & Mary, 2012:36), lo que le ha permitido relocalizarse con fuerza en Estados Unidos, Puerto Rico, México, Venezuela y algunos países del Viejo Continente debido a la fomentación del turismo religioso en Cuba a partir de los noventa, y a las migraciones que se sucedieron a partir de los sesenta con el triunfo de la Revolución.

Los conceptos de violencia simbólica (Bourdieu, 2000) y subordinación femenina (Lamas, 2013), considero que rubrican la dinámica de las relaciones sexogenéricas en la Regla de Ocha, basadas como todo discurso de la desigualdad, en relaciones de poder.

La violencia simbólica es consecuencia de la dominación masculina (Bourdieu, 2000); implanta el orden sexual como alternativa normativa a través de estructuras cognitivas y estructuras objetivas, de vías puramente simbólicas de la comunicación y el conocimiento, o más exactamente del desconocimiento, del reconocimiento o del sentimiento. Es una relación social muy común que ofrece entender una lógica de la dominación ejercida en nombre de un principio simbólico conocido y admitido, tanto por el dominador como por el dominado, ya sea un idioma, un estilo de vida o una característica distintiva, emblema o estigma cuya mayor eficacia simbólica es la característica corporal.

Bourdieu (2000) establece como “líneas de demarcación mística” de estas diferencias: la transfiguración mágica y la conversión simbólica que produce la consagración ritual, principio de un nuevo nacimiento como lo es la iniciación en la Santería, un proceso liminal; el principio androcéntrico; el género como hábitos sexuados y el orden masculino ratificado y legitimado por el orden social a través de la división sexual del trabajo.

La relación entre dominantes y dominados se establece mediante las estructuras de dominación, en las que sus víctimas ceden a los pensamientos y percepciones a través de actos de conocimiento, reconocimiento y hasta de sumisión; aunque Bourdieu (2000) reconoce que queda un espacio para una lucha cognitiva. La legitimación del empoderamiento de la dominación masculina a través de los actos anteriormente mencionados, reproducen la violencia simbólica al hacerlas parecer como naturales, en un proceso de autodepreciación o autodenigración. Un factor importante aquí es la cultura: tradiciones, hábitos, costumbres, etc.

Mientras que, la subordinación femenina es la contribución convencida de las mujeres a la dominación masculina. Posee como fundamento la diferencia sexual, la acción simbólica colectiva que define al género a partir de imaginarios que nutren al proceso de reproducción de la vida, como una de las tantas relaciones que sustentan la simbolización de la diferencia sexual traducida en desigualdad de poder y que es aceptada, legitimada y reproducida por el dominado (Lamas, 2013). Lo cual puede llegar a extremos de socavar cualquier posibilidad de protesta de las mujeres contra su posición, poniéndolas en contra entre ellas mismas, asegura la psicoanalista y feminista Juliet Mitchell en una entrevista titulada Mujeres contra mujeres, la trampa del patriarcado. ¡Qué mejor ejemplo que el fenómeno contemporáneo y transnacional de la iniciación de mujeres en Ifá, las iyanifás!

Amén de otras miradas científicas al tema, enunciadas mayormente a través del estudio de la forma en la que ciertos tipos de orden social tienden a producir, mediante la lógica de su funcionamiento, ciertos tipos de percepciones culturales sobre el género y la sexualidad  (Ortner & Whitehead, 2013). Perspectiva de desigualdad y relaciones de poder asimétricas; modos y modelos de pensamiento mediante los cuales los sacerdotes hombres y mujeres dan sentido a sus comportamientos y con ello reproducen las posiciones subalternas (Cedeño, 2014); la influencia que psicológica, sociológica e históricamente ejercieran a través del tiempo, los patrones socioculturales e históricos en la conformación de sus integrantes, las diferencias de sexo y los tabúes transmitidos a través de los mitos, así como las determinantes socioculturales que actúan simbólicamente como normas organizadoras de la vida de los/as creyentes concebidas como naturales (Rubiera & Argüelles, 1994).

También se ha abordado la estructuración de género desde el parentesco ritual; los procesos de subordinación y dominación que tienen lugar en la realización de los ritos, organización de las fiestas o ceremonias de consagración; las implicaciones en la identidad nacional y la vida espiritual de la sociedad; el cuerpo como reflejo de las fuerzas de la naturaleza, demostrándola mediante los rituales; la complementación de lo femenino y lo masculino en la cosmogonía yorubá; las formas de ser y sentir; los creyentes como imagen de sus divinidades (orichas) tutelares; las mujeres como imagen de lo femenino (invisibilizado, expresión de lo desconocido), en una postura pasiva, infantilizada o victimizada, protagonista de lo doméstico, como agentes de contaminación (menstruación); y la maternidad y el cónyuge como rol (Febles, 2011).

La mujer dentro del sistema Ocha-Ifá   

Dentro del sistema Ocha-Ifá, existe una subordinación del género femenino al masculino en casi todos los niveles de la vida ritual y por ende relaciones de poder asimétricas (Martínez, 2005; Fernández, 2005; Saldívar, 2010; Rubiera, 2011; Cedeño, 2014). Aunque, según Rogelio Martínez Furé (2005), se ha convertido en un “refugio espiritual, mítico y místico de mujeres y hombres” y es transversalizada por todos los niveles: políticos, económicos, educacionales y culturales; su estructura de género no permite la igualdad de funciones entre hombres y mujeres,

“consecuencia del resultado de una socialización ideológica asimilada a través de la tradición oral (mitos, leyendas, tabúes, cantos, rezos, etc.), reforzada en la actividad religiosa con numerosas actitudes y prácticas justificantes de la misma. Esto se materializa en limitaciones y prohibiciones que tiene la subordinación como algo innato e ineludible (Rubiera, 2011:113)”.

Restricciones sexuales que se legitiman desde su cosmovisión. Los orichas varones durante la creación del mundo cumplieron roles donde se reflejaban las características tradicionales de la masculinidad: la fortaleza física en el ámbito material y espiritual, el dominio del conocimiento, determinantes en el ejercicio del poder. Mientras, las orichas fueron mensajeras del Dios supremo, artesanas, vendedoras del mercado, comerciantes, esposas, además de coquetas, sexuales y maternales, roles propios de la feminidad. La diversidad de funciones según el sexo, dio lugar a relaciones de poder constituidas como relaciones sociales (Rubiera & Argüelles, 2004).

En la Santería, las identidades sexo/genéricas también son permeadas por ciertos procesos de construcción y apropiación de conductas sobrenaturales ligadas específicamente a los orichas, como productores de performance primigenios que condicionan la realidad socio-religiosa de hombres y mujeres (Saldívar, 2010), mayormente visibles en los arquetipos de conducta de cada oricha y que son, en la mayoría de los casos, reproducidos por sus hijos iniciados o no. A lo que también contribuyó la estereotipación de imaginarios religiosos construidos desde la hegemonía católica.

Aunque existen otros elementos: la música en tanto factor indispensable de comunicación entre orichas y mortales; la realización de rituales como formas de expresión, interacción y reconocimiento con los otros; no existe una justa equidad dentro de sus prácticas y ello lo vemos en las especializaciones demarcadas según el género o la orientación sexual.

En la Santería se redefinen los géneros a partir de su organización cultural, identificada en la estricta diferenciación de los roles de sus sacerdotes hombres y mujeres, babalochas iyalochas respectivamente, “con base en la interacción de creencias, objetos y elementos que aluden a una religiosidad, y por consiguiente, a una construcción social en específico del género” (Saldívar, 2010). Y funcionan como “normativas religiosas tributarias a la organización de la familia religiosa, los hábitos alimenticios, matrimonios, relaciones de género y otras. Es en el tabú donde los estudios antropológicos sobre género y religión enfatizan las desigualdades” (Cedeño, 2014:136).

El hombre iniciado en la Santería “está ligado principalmente a ser un varón, mantener una hegemonía sobre las mujeres y conservar el conocimiento ritual” (Saldívar, 2010). Cumplen las funciones más importantes: son los tamboreros u olú batá u omó Añá[3], percusionistas heterosexuales encargados de percutir esta batería instrumental sagrada mediante la cual se establece un diálogo con los orichas, y propicia su descenso al plano terrenal e interacción con las personas; son los únicos capacitados para realizar sacrificios de cuadrúpedos a los orichas (ashogún); y únicos iniciados en el culto a la divinidad de la farmacopea, Osain, especialización que también le está vedada a las mujeres y los homosexuales. Junto a estos últimos comparten la categoría de santeros o babalochas, padrinos de santo y maestros de ceremonia u obá oriaté.

Erwan Dianteill (citado por Fernández, 2005:34) reflexiona sobre una “feminización de la Santería y el espiritismo cubanos, como resultado de la compleja estructura religiosa afrocubana”, y la gran visualización de homosexuales en ella como espacio de reconocimiento social y personal ―que les proporciona prestigio y respeto― al ocupar puestos notables inimaginados en otros ámbitos sociales; y su exclusión de ámbitos de heterosexualidad exclusiva como la Regla de Ifá y el Palo Monte, ambas ampliamente cuestionables.

La hembra, como género sometido dentro del sistema Ocha-Ifá, deberá asumir posturas feministas. No admitir complaciente la hegemonía basada en una tradición que ella misma se ha encargado de perpetuar ―producto de la subordinación femenina― y que en sus inicios la visualizó como un “ente no confiable” (Alfredo O´Farrill citado por Vila & Pérez, 2009). En el caso de su participación limitada en la Santería y la no equidad de género, Daysi Rubiera (2011) propone, para el estudio de este fenómeno, desenmascarar de esa mitología los papeles de género que sirven de base a la discriminación de las mujeres; una mitología que pertenece a un conjunto de prescripciones ético-morales transmitidas por la oralidad ―sin un Texto Sagrado único en la Regla de Ocha pero en la Regla de Ifá con un corpus religioso literario totalmente masculinizado―, pero que son admitidos como común por la totalidad y da lugar a múltiples interpretaciones:

“cualquier inadecuada interpretación de esos textos perjudicará a las mujeres en sus derechos religiosos; por cuanto el mensaje ideológico que entraña marca muchos aspectos de la actividad de la mujer, haciéndoles aparecer como “naturales” e “inevitables”[4] (2011:108)”.

Dentro del universo de mujeres practicantes de la Regla de Ocha ―las aleyas o no iniciadas, las espiritistas, las iyawós, las iyalochas―, la figura de la iyalocha madrina de santo, iniciadora de fieles en la práctica, está llamada a ser un símbolo de su familia ritual:

“Su autoridad y poder debe estar en función del beneficio de sus ahijados, debido a la responsabilidad contraída con ellos, no solo en el reforzamiento de la fe a través de los valores y paradigmas que debe transmitir, sino también como ser soporte del saber tradicional y custodia principal, en su casa-templo, del legado africano heredado (Rubiera, 2011:121)”.

Además del reto que entraña enfrentar esos prejuicios sexistas y machistas presentes en las mismas creyentes, en relación con su identidad genérica y su autoimagen religiosa, estatus incuestionables ―según las mismas mujeres― apoyadas en criterios conformistas: “es lo predestinado para mi sexo”, “como siempre fue así, pues así debe ser”, “en las religiones de hombres no deben estar las mujeres, deben respetarlas, así como hay religiones de mujeres”, “es el pago de la deuda de lo que sucedió con Eva que se comió la manzana en el paraíso”, sin visos de cambio o cuestionamiento que busca una transformación.

Estas limitaciones inciden en el desempeño de sus funciones dentro de la práctica religiosa, debido a la sugestión y coacción con fines lucrativos; la poca profundidad en su rol como oficiante y en algunos aspectos del ritual debido a los tabúes asumidos como parte de sus conocimientos y de los integrantes de su familia religiosa ―lo que crea contradicciones en su actitud y conducta en el ámbito social― (Rubiera, 2011).

Otro factor determinante es el cuerpo. El cuerpo y la necesidad de controlarlo y disciplinarlo desde la religión por la hegemonía masculina, símbolo de purificación o no de lo sagrado según su estado: saludable o enfermo, por ejemplo, a lo que se disponen restricciones sexuales (Rubiera, 2011; Cedeño, 2014). Y del cuerpo, sus fluidos: el ciclo menstrual la restringe de atender a sus santos, pasar por debajo del fundamento de Osain ―que en una de sus representaciones cuelga de una cuerda amarrada en el techo―, no debe participar en actividades religiosas ligadas al espiritismo (misas, etc.), no debe confeccionar la comida de los tamboreros en un Añá ni acercarse a él[5], no puede sacrificar codornices, entre otras.

Ocurren otras condicionantes de justificación de predominio masculino, relacionadas con la división social del trabajo dentro del ámbito religioso, que acentúan la no equidad de géneros. En la práctica de la Santería la iyalocha es confinada a labores domésticas (Rubiera, 2011) como la preparación del cuarto donde se realizan las actividades rituales, además de mantener su limpieza; la preparación de las aves sacrificadas para su degustación; el servir las vísceras de los cuadrúpedos sacrificados a los orichas; y mantener limpios todos los recipientes utilizados en las ceremonias y servir la comida a los oficiantes mayores. Anteriormente las mujeres podían ejercer como oriateses dentro de la Santería, pero hoy no abundan y ni tan siquiera las que reciben el cuchillo o Pinaldo se les autoriza a sacrificar a los animales de cuatro patas durante las ceremonias de iniciación.

Los iniciadores del sistema Ocha/Ifá. Las primeras oriatés obasas.

La mayoría de los iniciadores de la Regla de Ocha fueron mujeres. Una pléyade de maestras de ceremonia, oriaté u obasasdiseñaron el entramado de la Santería, importaron no solo la liturgia sino también los conflictos intestinos que le precedían de su tierra natal, acrecentados en una lucha de poder, jerárquica, que estalló al interior de las prácticas entroncadas entre La Habana, Matanzas y el oriente cubano.

Alrededor de 1880, luego de la prohibición de creación de nuevos cabildos, los que ya existían pasan a ser casas de fundamento o de santo (ilé ocha), en las que se adoraba a una deidad masculina o femenina en específico, se conservaban estereotipos individuales y colectivos mediante los sistemas de conocimiento pertenecientes a las culturas originarias de sus miembros (Rubiera, 2011). Aunque los rituales hacia una deidad en específico no necesariamente se asemejaban con los practicados en África, se le rendía culto a una deidad vinculada al santo católico que daba nombre al cabildo y a toda la corte que se fue edificando o jerarquizando tras los procesos de intercambio y sincretización entre los mismos africanos procedentes de diversos territorios.

Fueron esos espacios de principios del siglo XIX donde muchas mujeres lideraron ceremoniales de ciertas deidades que hoy son privativas del ejercicio religioso de los babalawos: instauraron varios cultos de orichas importantes como Olokun[6], Ochosi[7], Yewá[8] y Odúa[9] (Rubiera, 2011). De las sacerdotisas que se mantuvieron a inicios del siglo XIX se encuentran Malaké la grande, Malaké la chiquita y Dadá[10].

Entre las pioneras ya de principios del XX, estuvieron las iyalochas Ña Caridad (cuyo nombre religioso o de santo fue Igoro), Ña Rosalía (Efuche), Ña Teresita Ariosa (Ochun Bumy), Ña Merced (Ordoro sumi), Ña Belen (Apoto), Calixta Morales (Odedei), Timotea Albear (Ayaileu Latuán), Ma Monserrate Oviedo (Obatero), Africana (Ogun fumito) y el babalocha Octavio Samá (Obadimelli Obadimeji). Ellos fueron los iniciadores de otros sacerdotes importantes como Ferminita Gómez (Ochabi) y Nicolás Angarica (Oba tolá). Natalia Bolívar (2014) destaca el asentamiento de varios yorubás y descendientes de estos, hacia el año 1880, en una finca ubicada en El Palenque, municipio habanero de Marianao, donde todos eran ahijados de unos santeros jimaguas muy populares que celebraban cada año a los orichas Ogún[11]Oricha Oko[12] y los Ibeyis[13].

Los conflictos entre iyalochas y babalochas de diferente rama o linaje, y los babalawos, tenían un carácter regionalista, como remanentes de la dicotomía entre las etnias Oyó y Egbadó importados a la Isla por los esclavos provenientes de ambos territorios, además de las posiciones antibabalawos de algunos olorichas producto de las disputas por el poder, lo que provocó una desestabilización y falta de unidad:

“(…) fueron los Olorishas consagrados bajo los ritos Oyó, los que discriminaron a otros Olorishas consagrados por los procesos de otras etnias radicadas en la Isla. (…) La historia religiosa de la Isla está llena de estos ejemplos, donde en La Habana (mayoría Oyó) no aceptaban las consagraciones hechas en Matanzas (mayoría Egbadó) y volvían a consagrar a la persona. De hecho, Ma Monserrate González no aceptó la consagración en Ochún de Ferminita Gómez y le viró el Oro a YemayáObadimejino fue aceptado en La Habana y hubo que volver a consagrarlo. Cuca Odúa, no era aceptada en cuarto de Santo en La Habana y hubo que consagrarla nuevamente y así otros tantos que tuvieron que volver a ser consagrados según el ritual Oyó de La Habana o Egbadó de Matanzas. La discriminación venía de los propios Olorichas y no de los Babalawos (Águila de Ifá, Conde & Gámez, s.f.: 22)”.

Al centro de las disputas por el poder y el prestigio estaba la discrepancia entre las santeras y maestras de ceremonia (oriaté) de origen africano: Timotea Albear (Latuán) y Ma Monserrate (Obatero), que llevó a establecer maneras propias de ejercer la Santería bajo la mirada aprobatoria o no de las dos grandes jerarcas. Cualquier contradicción tanto en la praxis como personal, era considerada una amenaza que podía ser enfrentada con la hechicería (ogú) y la calumnia. El fin de la guerra levantó fronteras estáticas entre La Habana y Matanzas, las dos provincias en las que se instalaron por separado las dos olorichas.

A la par, crecía en la capital la presencia de esclavos importados de Oyó, lo que contribuyó a la hegemonía cultural y política en los patrones consagratorios y de adoración de los orichas. Hasta entonces, en los alrededores de la ciudad capital cubana los ritos lucumíes eran de orientación familiar, similares a los practicados en las comunidades rurales africanas, es decir, de base fundamentalmente territorial y adaptados aquí al linaje. Este tipo de adoración en Cuba fue llamado Santo Parado o Santo de Dotación, precursor de otra modalidad denominada Pie y cabeza.

En las zonas urbanas de La Habana primaron los ritos que habían sido utilizados en las cortes y los palacios reales de Oyó, más complejos y de alto nivel debido a su relación con la realeza, y que habían influenciado otras áreas del antiguo Yorubaland. En el centro estaba la adoración al oricha Changó, el cual pasa en la diáspora cubana a ser el rey de la Santería o Regla de Ocha, y la ceremonia iniciática recibía el nombre de kariocha que significa coronación.

Obadimeji, quien fuera iniciado por segunda vez en La Habana por Latuán, en la Regla de Ocha y luego Obá Oriaté, fue el que estandarizó los ceremoniales junto a la iyalocha Ña Rosalía (Efunshe). Único discípulo masculino de Latuán más reconocido:

“(…)  trabajando a su lado y sirviendo como sus brazos y ojos después que ella llegó a ser demasiado anciana para realizar rituales ella misma. Interesante es el hecho que después de la muerte de Latuán, la posición de Obá Oriaté fue dominada por hombres, que desplazaron gradualmente a las mujeres que hasta ese tiempo habían ejercido el cargo. Para el momento de la muerte de Obadimejí en octubre de 1944, la posición de Obá Oriaté fue casi exclusivamente una función masculina. Obadimejíentrenó a dos discípulos conocidos, Tomás Romero (Ewín Letí) y Nicolás Valentín Angarica (Obá Tolá). A pesar de ser enseñado por una de las Iyalorishas más grandes de la religión Lucumí, él nunca entrenó ni enseñó a una mujer (Águila de Ifá, Conde & Gámez, s.f.:28)”.

Con la desaparición de las primeras mujeres oriatés de la Regla de Ocha, murió una tradición que fue siendo usurpada por el poderío masculino. En ninguno de los sistemas oraculares del sistema Ocha/Ifá aparece alguna contravención para el no ejercicio de la mujer como Obá Oriaté, excepto las relacionadas ―en sentido general―, al período menstrual o cuando la iniciada, sacerdotisa o la neófita se encuentra en estado de gravidez.

El 15 de febrero de 2003 se fundó en La Habana el Consejo de Mayores Obateros de la República de Cuba, con personalidad jurídica, como dispositivo de preservación de la tradición y reconocimiento de esta especialización dentro de las prácticas de la Regla de Ocha, además de conmemorar a sus fundadores y seguidores. Varios acuerdos desde entonces fueron divulgados, estableciendo los principios morales y éticos del ejercicio, y la delimitación de roles y no intromisión, además de trabajar con las nuevas generaciones. En ninguno de ellos hace alusión a exhortar y retomar la presencia de la mujer con mayor fuerza, pues aunque algunas realizan la adivinación mediante el dilogun, generalmente son de avanzada edad. La nómina de este consejo está integrada por 20 sacerdotes, solo una es mujer.

Ña Rosalía Abreu, Efuché Warikondó, la gran reformadora de la Santería

Sobre esta princesa egbadó, recoge el oriaté Ronald Mendible, en su texto Diáspora afrocubana o tradicional: dos legados para discernir:

“Rosalía Abreu Efunshe Worikondo omo Oshosi fue proveniente de la ciudad de Egbado como Oba Tero. Se dice que fue princesa de Egbado.Junto a La Tuan, ella como Olorisha y La Tuan como Oriaté, ejercieron un gran poder sobre el Cabildo San José 80, que incluso fue confundido como Cabildo Efunshe por historiadoras como Lydia Cabrera en la década de 1950.Se dice que era transportada por la Habana por sus seguidores en una silla de seda para que quedara claro que era reina. Los hechos que rodean la llegada de Efunshe a La Habana son enigmáticos, ya que muchos afirman que nunca fue esclava. Aunque algunas fuentes indican que fue traída al ingenio Gramosa, de ahí su segundo apellido, aunque no hay expediente de este molino de azúcar.Fue madre de Calixta Morales Ode dei, llamada en Lucumí Atikeké (pequeño regalo) por lo que se supone que tuvo problemas para concebir. Se supone que tuvo relaciones con Kaindé, un babalawo asociado al Cabildo San José 80.Luego de la retirada de Oba TeroLa Tuan y Efunshe unen fuerzas y establecen una sólida reputación en La Habana, La Tuan actuaba como Oba Oriaté para todos los ahijados de Efunshe. Su hija Ode Dei fue ordenada por el primer ahijado de Efunshe en Cuba, Luis Suárez, Oshun Miwa.Efunshe heredó la dirección de San José 80 en (…) 1890 y ordenó a varios Olorishas en La Habana hasta su muerte a finales de 1920. La influencia de Efunshé es tan grande que la mayoría de los Olorishas en La Habana reclaman ser descendientes de allá y no del Cabildo San José 80. Efunshe apoyó a La Tuan en la competencia que existió entre esta y Oba Tero, aunque se mantuvo detrás del escenario.Ella instituyó la ahora práctica común de recepción de más de un Orisha durante la iniciación (Eleguá, Obatalá, Oyá, Oshún, Yemayá, Shangó) así como la práctica de tirar los Dilogún o caracoles, dos veces para conseguir una letra compuesta. Conocida como “la Reformadora de la Religión”, a Efuché también se le acredita el origen del ritual iniciatorio conocido como “el Pinaldo” o cuchillo, que se realizó la primera vez sobre Octavio Samar Rodríguez, como una segunda iniciación para confirmar el primero que se había hecho en Matanzas. Esta “confirmación” ritual fue la fuente de su nombre de OshaObadimeyi, o “el Rey coronó dos veces”.

De las ramas de Osha se puede decir que todas las ramas de la Habana provienen de las ramas de Efunshé y La pimienta”.

Ña Pilar Fresnedaprecursora del asentamiento directo del oricha Babalú Ayé

Odulami, sacerdote consagrado en el oricha Obatalá y oriaté (maestro de ceremonia en la Santería), certifica que Ña Pilar o Pilar Fresneda fue una autoridad en el conocimiento de Babalú Ayé, un oricha que suscita polémica entre las modalidades lucumíes y ararás. Los lucumíes ―de ascendencia yorubá― no podían consagrarlo directamente a las personas que iniciaban en su culto al ser este abandonado en África, y solo a través de los orichas ObataláYemayá y Ochún; los ararás sí atesoraban ritos, ceremonias y cantos de esta divinidad llamada entre ellos fodún, para una consagración directa, lo que legitimó su derecho.

Las prácticas religiosas ararás provienen de los descendientes de esclavos cuyo origen étnico es del antiguo Dahomey (hoy Benín). Aunque muy similares a las de la Regla de Ocha en lo general, los nombres de sus deidades, su lengua, los cantos, instrumentos musicales, etc., poseen características propias. Sus deidades reciben el nombre genérico de vodú o fodún. Actualmente existen grupos arará solamente en La Habana (en forma muy reducida) y Matanzas, con algunas reminiscencias en el municipio de Abreus, en la provincia de Cienfuegos (Ramírez, 2012:303).

Babalú Ayé es una deidad mayor sincretizada con el Lázaro de las muletas de la parábola bíblica, posteriormente canonizado por la religiosidad popular y la influencia del oricha africano. Es un enfermo leproso que sana, compadece y alivia; va acompañado siempre por unos perros lazarinos, sus muletas y el ajá o escobilla para ahuyentar la enfermedad. Lleva cocidos en su lengua 13 caracoles o cauris y sus ofrendas son fundamentalmente a partir de granos; se le sacrifican chivos machos y palomas y su bebida es el vino seco. Viste de tela de saco, indumentaria que también llevan sus devotos en signo de petición o agradecimiento por un milagro concedido, mayormente en cuestiones de salud.

Pilar Fresneda, según cuenta Odulami, fue iniciada directa a este oricha en la provincia de Matanzas, donde tuvo un cabildo arará notable y aprendió de sacerdotisas de renombre de esa modalidad. Fue madrina de Margot Ponce o Margot San Lázaro, de quien se ocupó de realizar la ceremonia de consagración directa luego de que el mencionado oricha a través de la misma Margot, en un proceso de trance, exigiera a su hija y no la oricha Yemayá a la que se estaba realizando las ceremonias consagratorias.

Sobre sus rituales, apunta Odulami:

“Cuando asentaba a Babalú Ayé no hacía itá (lectura del porvenir), si no que ese día bajaba el orisha por alguno de sus caballos y estos hacían los vaticinios. En las ceremonias del igbodú (cuarto de consagración), el oriaté lucumí participaba hasta un punto, luego salía y Ña Pilar y sus ahijados continuaban con las celosamente preservadas ceremonias, hasta hoy.

Años después (…) fue la propia Pilar quien introdujo la presencia de los awoses (sacerdotes de Ifá) en el itá, cuando sus hijos Bartolo primero, Víctor después, se hacen babalawos. Esta modificación quedó establecida hasta hoy.

Los habaneros consagrados en la Regla Arará debían presentarse ante los tambores homónimos que están en Matanzas. Esto se volvió muy complicado por la distancia y Pilar mandó a construir un juego de tambores, los que juramentó en Matanzas y luego los trajo para La Habana.

He visto ese juego de tambores en Pogolotti, en casa de Ofelia Bonilla, oló Oshún, nieta religiosa de Pilar. Ella los custodia con profundo amor y respeto. Los otros dos únicos juegos están: uno en la ciudad de Matanzas y el otro en Perico, que fueron de la africana Florentina Zulueta. (…) Fue muy coherente en la realización del culto a su adorado Orisha. Con sus ahijados recorría hospitales para socorrer a los que necesitaban ayuda.

Los muchos ahijados que consagró como el awó Víctor Gómez, Taurina Montalvo, Severiana Torres Martínez, entre otros, más los descendientes, cuidaron y cuidan con celo su legado”.

Aurora Lamar, Obá Tolá

Conocida como La China de Maximiliano, Aurora Lamar (Matanzas, 13 de febrero de 1900-La Habana, 19 de septiembre de 1965) fue iniciada en el culto al oricha Aggayú[14] por su padrino José “Pata de palo” Urquiola (Eshu Bi) y su oyugbonaPanchita Lamar, “La China” (Oshun Miwa), junto a los que fundó la rama o linaje de La Pimienta. Considerada una de las sacerdotisas de la Santería más prolíferas de la Isla, inició más de 500 personas, fue la que introdujo su práctica en las provincias orientales.

La oralidad popular recoge como memorables sus travesías en tren hacia el oriente del país, junto a los demás santeros, maestros de ceremonia, tamboreros, para realizar los ritos iniciáticos. Los últimos años de su vida trabajó vinculada al prestigioso oriaté Lamberto Samá (Oggun Touyé).

Fermina Gómez, la reina de Olokun

Según el oriaté Ronald Mendible, en su texto Diáspora afrocubana o tradicional: dos legados para discernir, la sacerdotisa Fermina Gómez (Oshabí), fue conocida como la reina de Olokun. Fue una de las ahijadas más notables de Obatero, y se encargó de expandir el conocimiento de orichas de procedencia Egbadó como OlokunYewá, BromúBronsiá y Oduduwa. Iniciada en el culto a Ochun, debido a las discrepancias territoriales, no se le reconocía su sacerdocio, por lo que fue reiniciada (se le viró el oro) en el culto a Yemayá. Junto a su madrina Obatero, desarrollaron la Regla de Ocha en Matanzas, con ceremoniales y especificidades diferentes a las de La Habana, como los cuestionados santos directos.

 

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NOTAS

[1] Según Luis Ramírez (2012:292), una de las reglas de culto de origen africano, con mayor exactitud de origen congo y angolano (etnia bantú). En ella se adora la vegetación y al espíritu o nfumbi de una persona muerta, cuyo poder radica en la ngangaNganga (también gangaprendainkiso). Cazuela de barro o hierro que contiene el fundamento de su actividad mágica (…) donde se guardan las fuerzas sobrenaturales que le sirven al palero o iniciado en la Regla Mayombe (Ramírez, 2012:219).

[2] Existe una tesis, no probada aún, que plantea la influencia de los abakuá en la conformación de la Regla de Ifá cubana en dos aspectos fundamentales: el secretismo y el machismo. Ambas religiones aunque diferentes, fundamentan los requisitos para su sacerdocio (Ifá) o su membresía (Abakuá), en una perspectiva de género heteronormativa y hegemónica, expresión de las relaciones de poder dentro de las expresiones de religiosidad popular de origen africano. No obstante, Ifá ha logrado la supremacía debido a su estructura y a la efectividad de su oráculo; mientras los Abakuá, su mismo aislamiento y prácticas la ha marginado, construyendo un imaginario social reprobatorio que dista entre lo real y lo mágico. La Sociedad Secreta Abakuá es una institución de carácter fraternal, ayuda mutua y socorro, con características organizativas como las de cualquier otra similar europea, aunque marcada por ritos religiosos y mágicos. Sus agrupaciones reciben los nombres de potencia, juego o tierra (Ramírez, 2012:14). La integran solo hombres heterosexuales de probadas condiciones según sus reglas iniciáticas. En el imaginario popular ha sido asociada a la criminalidad. Desde la colonia se les conoce despectivamente como “ñáñigos” (Fernández, 2005).

[3] Según Ramírez (2014:42) es un oricha menor, dios de la música y vive dentro del mayor (Iyá) de los tres tambores batá. Otros plantean su relación con la divinidad Osain. Los batá  “son un conjunto de tres tambores bimembranófonos y ambipercutivos utilizados en los cultos de la Regla de Ocha. El mayor de ellos, que recibe el nombre de Iyá (madre), tiene la facultad de ‘hablar’ y suele establecer conversaciones con el Itótele, que es el mediano, y hasta con el Okónkolo o más pequeño. Se tocan percutiendo con las manos, acostados sobre las rodillas del ejecutante y en algunas ocasiones colgados al cuello. Aunque sus tamaños son distintos, tienen la misma forma. Su caja es clepsídraca, semejante a los antiguos relojes de arena. Sus cueros se mantienen tensados por tiraderas longitudinales hechas de piel de toro. Su nombre sacro es Añá y el profano ilú, pero en general se les denomina batá” (2014:63). La consagración mística de estos instrumentos sagrados lleva todo un proceso muy costoso y a su vez selectivo, de carácter liminal.

Según Natalia Bolívar, “el secreto del tambor lo hacen con la unión de las dos aguas (Ochún y Yemayá). Representa la madre y también tiene la tierra para el africano que es la madre al igual de las aguas, Yemayá es la madre universal. El secreto del tambor mayor lo pone Changó” (Vila & Pérez, 2009).

[4] Según Águila de Ifá (2011), “las Bóvedas Espirituales fueron la alternativa que se encontró para que las mujeres pudieran rendir culto a los ancestros, ya que el culto a Eggun (Ancestros masculinos) como tal, es una práctica exclusivamente de hombres (Motivo por el cual las mujeres deben dar la espalda cuando le tiramos coco)”.

[5] Por ende la mujer no puede ejercer como tamborera y en ocasiones tiene problemas para la ceremonia de presentación a los tambores sagrados, de los ahijados iniciados por ella misma. Solo desde el arte ha sido transgredido el tabú: la agrupación músico-danzaria Obiníbatá es la única compañía conformada exclusivamente por mujeres en asumir el toque de los tambores batá como una institución folclórica. Empeño al que tuvieron que enfrentar varios prejuicios. La compañía se ha presentado con gran aceptación en varios países del orbe, especialmente en el África subsahariana.

[6] Olokun: Oricha mayor dueño del océano, le pertenecen sus riquezas y sus misterios. Es andrógino. Se considera esposo, padre o uno de los caminos de Yemayá y también esposa del oricha agricultor Oricha Oko. Es oricha de comercio, muy entregado por los olocha especialmente por problemas de salud y estabilidad, en una hermosa ceremonia que comienza y culmina en el mar. Tiene mucha relación con los muertos (egun). Algunos patakines cuentan que Obatalá lo tiene encadenado en el fondo del océano, por ser Olokun el (la) causante del diluvio universal. En sus collares predominan las perlas cristalinas, distintos tonos de azul, verde y rojo. No se sincretiza con ningún santo católico ni tiene caminos. Sus hijos tienen las mismas características que los de Yemayá.

[7] Ochosi: Oricha mayor, es la representación del cazador. Divinidad de las cárceles, de la justicia, dueño del arco y la flecha, de las cacerías en el monte. También es mago, adivino y pescador. Sus collares son diversos: pueden ser verde brilloso o verde y blanco; o dos hileras de azul prusia y ámbar con caracoles separados. Nace del cuerpo de Yemayá. Según Natalia Bolívar (2014:89) se le atribuyen los colores morados, lila, púrpura, violeta y verde, al igual que el negro. Se sincretiza con San Norberto. Sus hijos son “vivos, rápidos, siempre alertas, llenos de iniciativas, amantes del cambio y las nuevas empresas, hospitalarios y amantes de la familia, aunque, en ocasiones, esta sufra por su tendencia a un cierto nomadismo interior” (Bolívar, 2014:90).

[8] Yewá: Oricha mayor de la muerte (ikú) y del inframundo. Es la que está en la fosa mortuoria. Es considerada virgen y se representa como una señora muy mayor que prohíbe a sus hijos todo tipo de comercio carnal. “En presencia de Yewá nadie puede desnudarse, tener amores o disputas y ni siquiera hablar en voz alta o comportarse con rudeza” (Bolívar, 2014:305). Sus collares son de cuentas rosadas, azules y rojas. Se sincretiza con Nuestra Señora de los Desamparados, Nuestra Señora de Monserrate, la Virgen de los Dolores y Santa Clara de Asís. Sus hijos son generalmente “mujeres mayores, dominantes, severas y exigentes. Suelen ser desagradablemente moralistas y abominan cualquier relación carnal que, seguramente, está más allá de sus posibilidades prácticas” (Bolívar, 2014:307). Según el babalocha José Taito Reyes ―en un comentario publicado en el grupo de Facebook: Santería 305 Miami―, existió un culto netamente de mujeres a esta divinidad y solo fueron iniciados algunos varones; era parte de una tradición. La hija de Yewá, afirma Taito Reyes, no debe haber tenido marido y mucho menos hijo; y se corona o inicia en Obatalá Ochún y se hace oro a Yewá.

[9] Odua: En algunos textos aparece como un camino de Obatalá, en otros tiene identidad propia. Representa al Ojo de la Divina Providencia, dueño de los secretos y misterios de la muerte. Es un oricha fun fun (blanco), al que le pertenece la soledad. Es andrógino. Representación superior de los antepasados (egun). Odua “da la confianza en el carácter, en la salud, en la adivinación, en el cuidado de la cabeza y en general a la persona. Odua es la inteligencia, la pureza, la verdad y la blancura. (…) El que recibe a Odua[9]no puede adoptar una actitud indecente ni incorrecta delante de sus atributos, no está permitido desnudarse, blasfemar, hablar chismes, tragedias, maldades ni groserías; tampoco debe realizarse el acto carnal ni ningún acto impuro” (Bolívar, 2014:112). Sus collares son confeccionados de cuentas de nácar, coral y dieciséis blancas por cada ocho cuentas rojas. Se sincretiza con el nombre de Jesús y el Santísimo Sacramento. Según Nicolás Angarica (s.f.), sus hijos son personas de voluntad férrea, algo tercas en sus apreciaciones, artistas o dedicados a las letras, de gran capacidad intelectual, son reservados, tranquilos y no se arrepienten de sus decisiones.

[10] Es también el nombre de un oricha. Dadá. (Y) Se identifica con Nuestra Señora del Rosario. Es la protectora de los recién nacidos (sobre todo los que nacen con el pelo rizado) y dueña de los vegetales. Crió a Changó, porque Elegguá se lo entregó después de la traición de Oggún, puesto que su padre lo había mandado a matar. Dadá le tenía mucha lástima a Changó y todo se lo consentía, por eso es muy malcriado. Nunca se casó para poder criarlo. Sus colores son el rojo, el blanco y el azul. Es uno de los avatares de Obatalá. Se le representa con una calabaza adornada con caracoles y sobre ella se coloca una bola de índigo (Ramírez, 2014:92).

[11] Ogun: Oricha mayor. Guerrero. Es el dueño de los metales, la guerra, la fragua, el monte y está representado en la tecnología, la ingeniería metalúrgica. Patrón de los herreros, mecánicos, los ingenieros, los físico-químicos y los soldados. Ogunes un oricha voluntarioso al que se le atribuyen todos los instrumentos de trabajo y armas, aunque siempre porta en sus danzas un machete. Sus collares se confeccionan de cuentas verdes y negras. Se sincretiza en el santoral católico con San Pedro y Santiago Apóstol. Los hijos de Ogun “son personas violentas e impulsivas que no perdonan fácilmente las ofensas, nunca abandonan el combate ni pierden las esperanzas. Son imprevisibles y difíciles de tratar, pero por su franqueza y evidente sinceridad consiguen que, generalmente, se olviden sus defectos” (Bolívar, 2014:84).

[12] Oricha Oko es la divinidad de las lomas y montañas, de la lluvia y la agricultura, de la fecundidad. Es hermafrodita. El mito recoge que durante el día trabaja en los sembrados, y por la noche, convertido en la Muerte (Ikú), devora los cadáveres que le trae Oyá Yansá. Se sincretiza con San Isidro Labrador (Ramírez, 2014).

[13] Ibeyes: Orichas jimaguas. Según la mitología, son hijos de Ochún y Changó, aunque los crió Yemayá. Su símbolo es la inocencia. Son niños que representan la alegría de la vida. Tienen varios caminos en los que cambia indistintamente su sexo. Los más populares son Taewo y Kaindé, quienes derribaron a Ikú (la muerte) con su tambor mágico, según cuenta un patakí. No tienen hijos y se le dedican los collares de todos los orichas. Se sincretizan con San Cosme y San Damián; Santa Serpa y Santa Porfiria; Santa Justa y Santa Rufina y Crispín y Crispiano.

[14] Agayú Solá: Oricha dueño del río y los volcanes. Deidad de la tierra seca. El barquero que domó las aguas del río. Dueño también de los cometas, el arcoíris (Ochumare), las sabanas y los desiertos. Es el padre de Changó. “Las fuerzas terrenales que le pertenecen, son símbolos de sus tremendas energías, como la potencia de los ríos que dividen territorios, la lava que perfora la corteza terrestre, los terremotos que la conmueven y el impulso que la hace girar eternamente” (Bolívar, 2014:251). Es el báculo de Obatalá. Sus collares son variadísimos y su número regente es el nueve. Los hijos de Agayú “son violentos, coléricos y físicamente poderosos. La ternura suele desarmarlos. Son amigos de los niños y de los hombres. Víctimas fáciles de mujeres con apariencia frágil, porque supuestamente necesitan protección” (Bolívar, 2014:254). Se sincretiza con San Cristóbal.

Tomado de Cubaposible.
Foto de portada: Marjon Melissen (CC BY-NC-ND 2.0)

Letra del Año 2017 (COMPLETA)

Pronóstico Ifa Cuba y el Mundo 2017

Signo Regente: BABA EYIOBE.
OGBE ROSO
OTURA AIRA

Profecía: Iré Aye Oyale Tesi Lese Olofi. (Bien de desenvolvimiento,
firme y seguro al pie de Olofin).

Onishe Olofin. Rogarle a Olofin, con varias Frutas y dos velas.

Onishe Ara. Sarayeye al pie de Ogun con dos palomas y tiras de 9 colores.

Gobierna: Oggun
Acompaña: Yemaya.
Bandera: Bandera Verde y Azul.

Ebbo. Un gallo, 7 machete, basura de la orilla del mar, cascarilla,
eku, eya, awado, oti, omi, oñi, todo tipo de miniestras, y demás
Ingredientes.

Descargar la Letra del Año 2017 COMPLETA


Predicciones de Ifá Año 2017 para Estados Unidos

“Oddun Owó, Oddun Omá, Oddun Ariku Babawa´´

A todos los Sacerdotes de Ifá, a los hermanos Oriatés, Babaloshas, Iyaloshas é Iworos,
Pueblo Religioso en General.

El pasado 31 de Diciembre del 2016, se reunió un grupo de prominentes Sacerdotes de Ifá en representación de la mayoría de las familias religiosas de los Estados Unidos, contando además con el respaldo de 97 creyentes de la Fé Yoruba, de los cuales 71 son Babalawos.

Las ceremonias fueron efectuadas en la casa cita 12230 SW 6 ST, Miami, FL 33184, en la que estuvieron presentes xx Awóses de Orúnmila, xx Babaloshas, Iyaloshas, Iworos y Aleyos de reconocido prestigio tanto nacional como internacional, con basta capacidad y conocimientos, de cuyos análisis se resume lo siguiente:

Signo Regente: OSHE SA

Profecía (Significado):
Ire Aye Oyale Lese Yemaya
Onishe Yemaya Otan.
Un bien de prosperidad firme, proveniente por Yemaya

Divinidad Regente: YEMAYA

Es la madre de todos los hijos en la tierra y representa al útero en cualquier especie como fuente de la vida, la fertilidad y la maternidad. En la naturaleza está simbolizada por las olas del mar, por lo que su baile se asemeja el movimiento de las mismas. Representa la intelectualidad, la sapiencia y los caracteres cambiantes como el mar. En el sincretismo se compara con la Virgen de Regla (7 de Septiembre). Su número es el 7 y sus múltiplos. Su color es el azul y sus tonalidades. Se saluda ¡Omío Yemaya Omoloddé! ¡Yemaya Ataramawa!

Divinidad Acompañante: OBATALA

Es el Orisha de la creación, es el dueño de todas las cabezas; su nombre se compone de todas las vocales – OBBA (Rey); TA – (Brillar); NLA – Grande, que significa todo. Obatala – Rey sobre todo. Se dice que fue, el que esculpió la forma del hombre en las vaginas de las mujeres.

Bandera: Mitad Azul y Mitad Blanca

Ebbo:
1 jicotea, 2 gallos para Chango, pescado humado, jutia y maíz tostado.

En este signo nace:
• El Adimú, que se sacrificó por la humanidad.
• No me pongas las manos en el hombro.
• La gran separación de ODUDUWA y OBATALA.
• La maldición de YEMAYA sobre el dinero.
• Atefar con un peso plata. El Awó siempre lo lleva encima.
• Aquí al esclavo lo hacen capataz, pero busca su muerte.
• Ifá venció la prenda de brujo.
• OSANYIN come mono.
• A OSHE SA hay que prepararle EKUBIJEGAN (Antonia Gervasio)
• Se habla de Lesbianismo y Homosexualismo.
• Habla de artritis. Se padece mucho de catarro.
• Los Ancianos de la Noche (Las Brujas) juraron tomar el suelo.
• AZON pasa a ser AZOJUANO.
• OSANYIN comió mono EDUN
• Este Odu habla de reconciliaciones, en vez de confrontación, para conciliar disputa, a menudo con el gobierno.
• Se consagra el dinero Laka (Peso plata)
• La salud de los niños es de cuidado, los niños suelen nacer raquíticos deformes.
• La persona vive bajo un gardeo a presión.
• OLOFIN coronó a OSHUN como OSHUN IYUMU (Sorda)
• Las hierbas son: Varita de San José, Flor de Pascua y Álamo.
Enfermedades que aumentaran su índice:
• Alzheimer
• Mal de Parkinson
• Artritis
• Diabetes
• Cancer de senos

Acontecimientos de interés social:
• Enfrentamientos entre los poderes legislativos y ejecutivos.
• Perdida de la posición de liderazgo de algunas figuras debido a la arrogancia y falta de sabiduría en la dirección.
• Crecimiento de la economía exportadora producto interno, bruto y puestos de trabajo.
• Aumento de los accidentes por la falta de paciencia y atención debido al pensamiento y actividad estresante.
• Aumento de los incendios
• Incremento de asaltos, robos a instituciones e individuos.
• Incremento del descuido y falta de atención a los hijos debido a la sobre preocupación estresante por la adquisición de bienes materiales.
• Incremento de la violencia y asesinatos debido al egoísmo y la imposición de interés individuales.
• Surgimiento de nuevas soluciones científicas y tecnológicas para beneficio de los sectores económicos y culturales.
• Manipulación de la información en busca de beneficios e intereses personales y grupos específicos.
• Medidas de deportación para los ilegales corruptos.

Recomendaciones:
• Se recomienda una nutrición saludable sobre la base de frutas, vegetales, granos, y nueces. Se hace énfasis en el consumo de dos (2) litros de agua diariamente.
• Hacer actividades físicas al aire libre para eliminar el estrés mental y emocional.
• Utilizar métodos de meditación y relajación como formas de terapia que contribuirán a la salud.
• uso delas plantas alamo, varita de San Jose, y Flor de Pascua como formas fito terapéuticas
• Hacer uso de la sabiduría y la paciencia en las soluciones de los conflictos de cualquier índole.
• adquirir el conocimiento necesario para poner en evidencia la información falsa y el espejismo.
• evitar la soberbia y el lenguaje grosero para contribuir el amor y la conciliación entre las personas.
• Tomar medidas extremas contra incendios.
• Cuidado con el uso de aplicaciones y paginas web dudosas. Revisar los grados de calificaciones y autenticidad de las mismas.
• Poner la atención y enfoque necesario en las actividades riesgosas como lo es manejar, uso del fuego y sustancias combustibles y tóxicas.

Trabajos del signo:
• Darle una jicotea y un gallo a Shango en la puerta de la casa.
• Jarabe de Yagruma, esperma de ballena, miel y azúcar prieta, tomar una cucharada 3 veces al dia.
• 18 pelotas de gofio, con agua y miel, e Iyefa. Se le presenta a San Lazaro y después se utiliza como baño para la salud.
• Hojas secas de Alamo. Se prenden en la puerta de la casa y se apaga con agua con quimbombó para evitar el fuego en la casa y los conflictos.

Refranes del signo:
• Una mano lava la otra y las dos lavan la cara.
• El buen hijo tiene la bendición de Dios y de la madre.
• Nadie puede simpatizar como una madre.
• No hay mal que no tenga remedio.
• Su astucia lo salva.
• La persona valiente lucha y esquiva.
• Cuando vemos la jicotea, no se necesita porra.
• El dinero está maldecido, pero para nacer y morir hace falta.
• El coco seco y viejo no nace, y sin agua no lo quieren.
• La destrucción injustificada de las vidas humanas se castiga.
• La conciliación es la orden.
• La sangre pesa más que el agua.
• Más vale maña que fuerza.
• Solo el creador de la vida tiene derecho a quitarla.
• El bolsillo del derrochador casi nunca suena.
• El sabio es prudente, el necio insolente.
• Todo el que realmente se arrepiente, realmente es perdonado.
• El hombre sincero es de fiar, el hipócrita siempre miente.
• El bamboo crece rápido y espeso, la trepadora de la mata de palma lo hace lentamente.
• El Buitre es el que no se da golpes en la cabeza.


Estamos a la espera de la Letra del Año completa que debe llegar de Cuba en las próximas horas, la cual desde hace dos años es emitida de la Asociación Cultural Yoruba de Cuba, luego de la unificación con la Comisión Organizadora de la Letra del Año “MIGUEL FEBLES PADRÓN.

 

Imagen tomada de la Asociación Cultural Yoruba de Cuba.

Con información de Kola Ifa Osha

Consulte Letra del Año 2016.

Letra del año 2016

Adelanto de la Letra del Año 2016

A partir del presente año regirá una sola Letra del Año en Cuba, pues se unificaron, el pasado 20 de Junio del 2015, las dos que antiguamente existían: la Asociación Yoruba de Cuba y la de La Comisión Organizadora ¨Miguel Febles¨ de 10 de Octubre.

Acá comparto el Adelanto de la Letra del Año 2016 que publicó la Asociación Yoruba de Cuba, esperando que la completa salga en las próximas horas y que divulgaré acá en este sitio web.

Ashé

Foto: Jorge Felix Insua Alemán, tomada de Cubatenas